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Re: La resiliencia de la reina Ferrari

Publicado: Mar Abr 28, 2026 7:29 am
por Larabelle Evans

La tentación convertida en protector.

Punto de vista: Leila & Raffaele.

Un despacho confortable. de color Crema Suave
La atmósfera en la villa es de una belleza tensa y decadente, donde el aroma dulce de las buganvillas se mezcla con el salitre del mar y el olor seco del tabaco rubio que flota en el aire. La luz del crepúsculo tiñe el cielo de un naranja violento, proyectando sombras alargadas sobre el suelo de terracota que parecen cobrar vida propia. El espacio es una fortaleza sitiada; la calma de Leila es un cristal fino a punto de estallar bajo la presión de la noticia: Santoro no está enviando mensajes desde lejos, está cazando en su propio patio trasero. Dalila camina hacia ella con una rigidez militar, sintiendo el peso del sobre de Santoro como una quemadura, mientras tras ella, una presencia nueva y magnética altera el campo gravitatorio de la villa.
Un par de golpes suenan en la puerta.
Dalila no espera a que la regina responda, ella entra seguida de Raffaele.
Leila mira a su jefa de seguridad y compañía con seriedad.
Leila se vé vastante tensa,en alerta.
Dices con acento Siciliano: "Dalila..."
Dalila dice con acento milanés: "Regina, he pedido hablar contigo por algo que tengo que informarte, se trata de tu amica, Zoe."
Leila levanta una ceja.
Dices con acento Siciliano: "¿qué pasó?"
Dalila traga saliva antes de hablar.
Dalila dice con acento milanés: "Zoe está en el punto de mira, Leila. Y lo peor es que no ha tenido que salir de la isla. Santoro ha enviado pruebas; la tienen vigilada aquí mismo, en Catania. Maurizio y Rocco ya han salido a por ella para ponerla a salvo, pero esto cambia las reglas. El enemigo está en casa".
Leila no presta atención a quien acompaña a Dalila. Solo se emfoca en ella.
Murmuras con acento Siciliano: "Figlio di puttana..."
Dices con acento Siciliano: "Maurizio y Rocco Ya se reportaron, ya la tienen asegurada?"
Dalila carraspea suavemente.
Leila se levanta de la silla sin quitarle la mirada a Dalila.
Dices con acento Siciliano: "Dalila per dio..."
Leila se queda de pie junto al escritorio. Su postura es rígida.
Raffaele dice con acento milanés: "Todavía no se reportan, pero no creo que tarden en hacerlo. Han salido tan pronto como recibieron la amenaza."
Dalila da un paso a un lado, revelando la figura que aguardaba en el umbral de la puerta.
Leila escucha al hombre. Fija sus ojos en él.
Raffaele
es una mezcla magnética de seguridad absoluta, calma imperturbable y un peligro latente que eriza la piel de quienes lo rodean; una anomalía visual que detiene el pulso de cualquier estancia. Se mueve con una economía de movimientos propia de un depredador que no necesita demostrar su fuerza porque la emana.
Posee una percha atlética y poderosa, de hombros anchos que parecen expandir los trajes a medida de corte napolitano que suele vestir. Prefiere camisas de seda negra, desabrochadas lo justo para insinuar una musculatura densa y funcional, bajo americanas de lana fría que ocultan fundas tácticas de perfil bajo. Sus manos son grandes, de dedos largos y hábiles, marcadas por la precisión del ingeniero y la fuerza del guerrero.
Su cara es una escultura de ángulos agresivos y pómulos altos, dominada por unos iris grises que parecen estar forjados en el mismo metal que las máquinas que diseña. Son ojos llamativos, de una claridad gélida que escanea el entorno con una inteligencia despiadada, capaces de desnudar o intimidar sin parpadear.
Tiene una melena de un negro azabache absoluto, sin reflejos castaños ni grises, profunda como una noche sin luna. El cabello es leonado, de una textura densa y ligeramente ondulada, que cae con un orden salvaje hasta alcanzar sus trapecios, enmarcando su rostro y otorgándole un aire de nobleza arcaica y peligrosa.
Se nota claramente que es un hombre.
Viste una camisa negra de seda manga larga marca Ferro Uomo.
Usa un relof de hombre de plata y obsidiana en la muñeca izquierda.
Usa un cinturón de cuero negro y hebilla de platino marca Dolce Vita.
Viste unos pantalones de vestir corte sastre marca Ferro Uomo.
Calza unos zapatos negros de vestir marca Piero Bragantti.
Raffaele se adelanta con una parsimonia estudiada, dejando que la luz del ocaso resalte su melena azabache y sus ojos grises, que escanean a la Regina con una mezcla de análisis técnico y apreciación estética.
Leila lo analiza con detenimiento y cierta curiosidad. Se queda unos momentos impresionada por su presencia.
Dalila dice con acento milanés: "Te presento a Raffaele Vescovi. Es ingeniero, es mi primo y, desde este segundo, es tu sombra. No hay mente en Italia que entienda mejor la arquitectura de la seguridad y el lenguaje de la violencia que alguien que diseña sistemas y estructuras para sobrevivir al caos".
Raffaele hace una leve inclinación de cabeza, un gesto de cortesía que no llega a ser sumisión. Se detiene a una distancia que invade sutilmente el espacio personal de Leila, dejando que su magnetismo actúe como una red invisible.
Leila se fija de nuevo en Dalila.
Dices con acento Siciliano: "Tu, Tu primo?."
Leila lo mira tan cerca de ella y se tensa ligeramente sin saber porqué.
Dalila asiente con la cabeza una vez sin quitarle los ojos a la regina.
Raffaele dice con acento milanés: "Regina. Es un placer finalmente contemplar el volcán que tanto preocupa a mi prima. Tienes una estructura organizacional envidiable, pero incluso el diamante más puro necesita un engarce de acero para no ser robado por manos vulgares como las de Santoro, especialmente cuando el carnicero respira tu mismo aire".
Leila se recompone y lo vuelbe a mirar.
Dices con acento Siciliano: "Buongiorno. Raffaele. "
Dices con acento Siciliano: "Gracias. Dalila ha hecho un trabajo excelente con la seguridad de la Villa."
Dalila dice con acento milanés: "No quiero arriesgarme a introducir a alguien ajeno, regina. Está visto que Santoro no tiene intenciones de darnos tregua y tu seguridad es mi prioridad en este momento."
Leila mira con reconocimiento a Dalila y asiente, procesando la información.
Dices con acento Siciliano: "Va bene. Confío en tu criterio, Dalila."
Raffaele dice con acento milanés: "Bon giorno, regina. Mi prima es ... lo que se diría una dona eficiente y de acero, ciertamente. Me alegra que reconozcas su dedicación."
Raffaele dice con acento milanés: "He analizado tus perímetros y tus rutinas mientras deambulaba en tu villa. Eres predecible en tu elegancia, y eso te hace vulnerable en una ciudad que Santoro conoce como su propia mano. Mi trabajo no es solo evitar que te disparen, sino asegurarme de que el mundo siga siendo un lugar digno de tu presencia. Seré el muro que no verás y el aire que respirarás. Capito?".
Dalila le advierte a su primo con la mirada, pero Raffaele la ignora deliberadamente.
Leila mira a los ojos a Raffaele
Dices con acento Siciliano: "Grazie. Estoy segura de que así será."
Leila se pone nerviosa ante esa mirada pero no baja la vista.
Dices con acento Siciliano: "Bueno."
Leila mira a Dalila.
Dices con acento Siciliano: "Repórtame en todo momento lo que sepas de Zoe. Ella no tiene a nadie, Dalila. Es mi responsabilidad."
Raffaele le ofrece una sonrisa mínima y peligrosa.
Dalila dice con acento milanés: "Lo sé, regina. Por eso estoy actuando sobre la marcha. No permitiremos que Santoro la toque.
Raffaele se aproxima un poco más a Leila.
Raffaele murmura con acento milanés: "ni a tu amica ni a ti, regina."
Raffaele la mira con intensidad.
Raffaele se acerca al escritorio y apoya la izquierda en él, inclinándose hacia leila.
Raffaele susurra con acento milanés: "No me mires como a un simple empleado, regina. Mírame como al ingeniero que va a reconstruir tu seguridad sobre los cadáveres de quienes intenten tocarte. A partir de ahora, donde haya una sombra, estaré yo. Y donde haya un peligro, seré yo quien lo devore antes de que llegue a tu piel".
Leila le sostiene con seguridad la mirada.
Raffaele saca una pitillera de plata y ofrece un cigarrillo a Leila con un movimiento fluido, mientras sus ojos grises prometen una lealtad que nace más de la fascinación que del deber.
Leila acepta el cigarrillo.
Dices con acento Siciliano: "Grazie. Siendo así, Confiaré en ti "
Raffaele curva sus labios en una sonrisa depredadora rodeada de un aura de serenidad inquietante.
Raffaele saca el mechero y le enciende el cigarrillo a Leila, la llama iluminando por un segundo la chispa de desafío y deseo en sus miradas
Leila le sonríe.
Dalila observa el intercambio en silencio, consciente de que ha introducido una fuerza impredecible en el corazón de la villa, una pieza de alta precisión que podría ser la salvación de la Regina o su tentación más peligrosa en medio de una Catania que se ha vuelto una trampa mortal.
Leila mira a Dalila.
Dices con acento Siciliano: "Dalila. Per favore, llama a Maurizio, necesito saber de Zoe."
Dalila dice con acento milanés: "si no nos necesitas, regina, nos ocuparemos de reforzar la estructura. Te daré información cuando sepa de Zoe."
Raffaele dice con acento milanés: "se la daré yo, no te preocupes, Dalila."
Leila lo mira.
Dices con acento Siciliano: "raffaele..."
Dices con acento Siciliano: "Necesito parlar contigo antes de que continúes con tus labores en la villa."
Raffaele mira a Dalila.
Dalila vuelve a advertirle y él le sonríe.
Leila vuelve a su asiento en el escritorio con cigarro en mano.
Raffaele dice con acento milanés: "Querida prima, creo que la regina estará más satisfecha si nos traes información de su amica presto."
Raffaele va conduciendo a Dalila hacia la puerta del despacho.
Dalila susurra con acento milanés: "Raffaele... compórtate.
Leila lo mira con curiosidad.
Leila espera a que deje a Dalila.
Raffaele murmura con acento milanés: "Dali, yo siempre me comporto a la altura. Anda, ve a ser tan eficiente como sueles ser."
Das una calada profunda. El extremo del cigarrillo se ilumina con intensidad antes de soltar una nube de humo denso.
Dalila lo apunta con el índice y luego sale del despacho.
Raffaele cierra la puerta con suavidad y se vuelve hacia el escritorio.
Leila le señala la silla frente a ella.
Dices con acento Siciliano: "Siéntate."
Das una calada profunda. El extremo del cigarrillo se ilumina con intensidad antes de soltar una nube de humo denso.
Raffaele avanza hacia el escritorio y apoya la cadera en un lateral mirando a la regina.
Raffaele dice con acento milanés: "Escucho, regina. ¿qué normas o límites quieres poner? O hay algo más personal que quieras comentarme."
Leila fuma y lo mira intrigada por el misterio que transmite.
Dices con acento Siciliano: "Si vas a ser mi sombra. Quiero saber de tí, más de lo que Dalila me dijo. "
Raffaele la mira impasible, aunque interiormente no deja de hurgar en sus ojos verdes.
Dices con acento Siciliano: "Siéntate y hablemos. Raffaele."
Raffaele dice con acento milanés: "pregunta lo que necesites saber, regina."
Leila se estremece apenas perceptiblemente por su mirada.
Raffaele termina de rodear el escritorio y ahora se appoya en él frente a ella.
Dices con acento Siciliano: "ASí que ingeniero?, qué diseñas y fabricas exactamente?"
La respiración de Leila se hace superficial.
Raffaele esboza una sonrisa.
Raffaele dice con acento milanés: "legalmente, estructuras y maquinaria de todo tipo, aunque me inclino más por los puentes. En otro tipo de contextos, ya me entiendes, diseño armamento, muy, muy personalizado. es una afición que comparto con Flavio."
Leila lo escucha interesada.
Raffaele murmura con acento milanés: "quieres que construya algo para ti, regina?"
Dices con acento Siciliano: "Ah que bien. Suena un pasatiempo entretenido. además de muy útil."
Raffaele se encoge de hombros ligeramente.
Leila sonríe.
Dices con acento Siciliano: "Sí. Me gustaría."
Raffaele se inclina hacia ella.
Leila haspira su aroma.
Raffaele murmura con acento milanés: "qué te gustaría? Pídemelo, y me ocuparé de diseñarlo y construirlo... o destruirlo, depende de lo que quieras."
Murmuras con acento Siciliano: "Ah sí? También podrías destruir si yo te lo pido?"
Raffaele la mira fijamente a los ojos.
Raffaele murmura con acento milanés: "el principio es similar. así que puedo, sí."
Leila se recostó en su asiento, cruzando una pierna con una lentitud que era en sí misma una declaración de poder y una sutil provocación.
Leila exhaló lentamente el humo del cigarrillo, dejando que se disipara entre ellos como una cortina de seda.
Su sonrisa se hizo un poco más ancha, un desafío silencioso que se reflejaba en el brillo de sus ojos esmeralda. El aroma de Raffaele era una nota oscura y especiada que, en lugar de intimidarla, la fascinaba.
Dices con acento Siciliano: "me gusstaría que construyeras algo, sí. Algo que pueda servirme para protegerme y defenderme de Mi propia sangre podrida. Pero algo a su vez, silencioso, que la única señal de mi presencia sea el rastro de sus propios hombres muertos y sus negocios asquerosos en ruinas. "
Murmuras con acento Siciliano: "en cuanto a destruir... sí. Si te pidiera que destruyas a alguien, quiero que lo hagas de una manera que honre el arte de la ingeniería: con precisión quirúrgica, eliminando la amenaza sin dejar rastro de mi autoría. necesito una mente brillante que ejecute mi voluntad con la elegancia de una fórmula matemática. "
Leila lo mira con cierto desafío.
Murmuras con acento Siciliano: "¿Estás seguro de que tu afición por las armas te ha preparado para manejar tal nivel de delicadeza destructiva?."
Das una calada profunda. El extremo del cigarrillo se ilumina con intensidad antes de soltar una nube de humo denso.
Raffaele sonríe con lentitud y apoya las manos en los reposabrazos del sillón de la regina.
Raffaele se inclina mucho hacia ella, dejando su rostro apenas a centímetros de la mirada femenina.
Raffaele murmura con acento milanés: "tú pides, yo ejecuto, pero quiero a cambio algo de ti, regina."
Murmuras con acento Siciliano: "qué cosa?"
El aliento de Raffaele le roza la piel cuando habla.
La piel se le eriza.
Raffaele murmura con acento milanés: "secretos. Los tuyos, eso que no le dices ni siquiera a tu prometido. Mientras más te conozca, mejor podré protegerte, volverme tu sombra, regina."
Raffaele murmura con acento milanés: "Es un precio justo por complacerte, no crees?"
Una sombra de duda e inseguridad cruza sus ojos.
Raffaele la mira y sonríe suavemente, su mirada transmite peligro y calma al mismo tiempo.
Murmuras con acento Siciliano: "Me pides algo que, es difícil de dar. Raffaele. Tú mejor que nadie debe saber que en nuestro mundo, confiarle los secretos a alguien es una apuesta que se puede perder en un segundo."
Murmuras con acento Siciliano: "Solo ubo una persona que los conocía, y sabes que hizo con eso? Herirme. Traicionarme."
Raffaele murmura con acento milanés: "Desconfías y eso te honra, pero para tu tranquilidad, me gusta mi vida, y la aprecio lo bastante como para perderla, regina. Por eso... cuando me comprometo con alguien como estoy haciendo contigo..."
Raffaele se aproxima un centímetro más a ella.
Leila inevitablemente le mira los labios.
Raffaele murmura con acento milanés: "cuando yo me comprometo, Leila, no hay medias tintas, no hay espacio para la traición porque la lealtad es la base de mi honor."
Murmuras con acento Siciliano: "Raffaele..."
Raffaele murmura con acento milanés: "y yo... diavolesa, no traiciono mi sangre. capito?"
Leila ríe ligeramente por el sobrenombre.
Murmuras con acento Siciliano: "Sí, te digo mis secretos. ¿Me dirás los tuyos?"
Leila dice con una voz aterciopelada llena de curiosidad y cierta picardía.
Raffaele aproxima la nariz cerca de su cuello, ahí donde el pulso le late con fuerza e inspira hondo.
Leila se estremece al sentir su cálido aliento.
Raffaele murmura con acento milanés: "un aroma picante... delicioso."
Su pulso se acelera.
Raffaele se acerca a su oído y le habla en susurros.
Raffaele murmura con acento milanés: "entrégame tu confianza, leila, tu armadura, deja que sea yo quien cargue el peso y quien vele por cada bocanada de aire que respiras y te diré mis secretos. "
Raffaele murmura con acento milanés: "un trato justo, diavolesa."
Murmuras con acento Siciliano: "Raffaele..."
Leila sintió un calor inusual extenderse desde su cuello hasta su centro, una reacción corporal a la audacia de Raffaele que la hizo tensarse, pero también la despertó. Aquella exigencia no era una petición, era una negociación de alto riesgo, y ella, siempre respetó a un jugador que conocía el valor exacto de su propia jugada. Había una verdad incómoda en su propuesta: para protegerla de manera eficaz, para convertirse en el arma silenciosa que ella necesitaba, él debía tener acceso a las vulnerabilidades que ni siquiera Mássimo conocía. El peligro no radicaba en su lealtad, que venía avalada por Dalila, sino en su magnetismo perturbador, en esa intensidad que, tal como le había confesado a Nuria, era lo único que su alma herida reconocía como vida. El juego de secretos que proponía era un abismo, pero prometía ser el más embriagador que había enfrentado en años, una distracción mortalmente bienvenida del luto.
Raffaele sigue inclinado sobre ella; su cuerpo es una muralla protectora y una provocación peligrosa en toda regla.
Murmuras con acento Siciliano: ""Va bene, Ingegnere. Me gusta la idea de un intercambio justo. No será a la primera jugada, pero acepto el principio. "
Raffaele murmura con acento milanés: "dime...diavolesa. aceptas? Yo creo... que ese volcán dentro de ti se muere por aceptar. así qué, cuál será tu primera petición? Pídemelo, Leila."
La voz de barítono de Raffaele es casi un ronroneo felino.
Murmuras con acento Siciliano: "Claro que acepto..."
Raffaele gira el sillón y queda completamente frente a ella. Su mirada acerada no parpadea, se mantiene fija en sus ojos verdes.
Raffaele sonríe y un brillo depredador le ilumina los iris.
Leila se anima y lleba una mano a su rostro para rozarlo con sus dedos con suavidad.
Raffaele murmura con acento milanés: "Bien, a quien quieres que destruya primero?"
Raffaele serpentea ligeramente la cabeza y le atrapa el índice entre los labios.
Murmuras con acento Siciliano: "A Alessio. él es quien nos ha arrebatado muchas cosas. Es quien me ha roto, quitándome algo que me importaba. es quien busca destruírme. Y yo quiero hacerlo primero."
Leila lo mira hacer y busca mover lentamente el dedo entre sus labios.
Raffaele pasa la punta de la lengua sobre el pulpejo del dedo y luego succiona firme. la reacción del cuerpo de Leila lo satisface, pero no hace ninguna mención al respecto.
Raffaele le mordisquea el dedo y lo suelta. Luego se yergue, despacio.
Raffaele murmura con acento milanés: "además de tus condiciones, tienes una fecha límite? espero que sepas que hacer lo que quieres de la manera que quieres no se hace en un día, diavolesa."
Leila sintió un repentino e incontrolable calor invadirla, un fuego líquido que corría por sus venas, completamente distinto al caos furioso que Mássimo solía provocar. La audacia de Raffaele no solo había roto su espacio personal, sino que había perforado su coraza emocional, encontrando un interruptor que ella creía oxidado por el luto y la guerra. Al sentir el roce húmedo de la lengua de él en su dedo, y la succión firme, una punzada de placer se disparó hacia su centro, tan inesperada y cruda que tuvo que hacer un esfuerzo consciente para no jadear o sonrojarse. Era un despertar físico traicionero, una prueba de que, a pesar de su dolor y su promesa de lealtad a Mássimo, el peligro seductor de Raffaele la excitaba de una manera inquietantemente silenciosa y controlada. La Regina activó su muro interno: no debía permitirse tal vulnerabilidad.
Raffaele le mira los labios por primera vez.
Murmuras con acento Siciliano: "Estoy consciente de que llebará su tiempo. esto será un plan medido y ejecutado a su debido momento Raffaele."
Raffaele chasquea la lengua suavemente.
Raffaele dice con acento milanés: "comenzaré con la planificación en cuanto te dispongas a confiar realmente, regina."
Raffaele la mira con intensidad.
Raffaele dice con acento milanés: "si levantas tus murallas y me dejas a ciegas, perdemos ambos."
Raffaele vuelve a inclinarse hacia ella.
Leila siente el calor que emana de su cuerpo.
Raffaele murmura con acento milanés: "la dilatación de tus pupilas te delata, diavolesa, igual que ese pulso en tu garganta, que la tensión de tu cuerpo. tu respiración contenida. Te veo, Leila."
Murmuras con acento Siciliano: "Raffaele..."
Raffaele murmura con acento milanés: "te veo, aunque quieras subir tus murallas. "
Leila se sonroja.
Raffaele murmura con acento milanés: "cuéntame tu primer secreto, Leila. Ese que acaba de activar tu mecanismo de defensa."
Leila respira entrecortado.
Murmuras con acento Siciliano: "raffaele... Per favore."
Raffaele le da una tregua.
Raffaele se yergue y le da espacio.
Leila suelta el aire. Intenta recomponerse.
Raffaele murmura con acento milanés: "el rubor de tus mejillas te sienta bien, Leila."
Raffaele hace un gesto de la mano
Raffaele dice con acento milanés: "vive eso que te está moviendo ahora. No tienes que disimular, no estoy aquí para juzgarte, regina."
Murmuras con acento Siciliano: "Yo..."
Murmuras con acento Siciliano: "Tú, Y, tu cercanía. Tu calor y ese magnetismo. Me gusta."
Raffaele la mira y le habla sin titubear.
Raffaele dice con acento milanés: "Disfruta de eso entonces, Nunca traspasaré el límite que tú pongas, regina."
Leila lo mira aún sonrojada.
Raffaele dice con acento milanés: "Temes ser infiel a tu prometido, intuyo."
Raffaele murmura con acento milanés: "tus secretos están a resguardo conmigo, Leila."
Raffaele dice con acento milanés: "ten eso presente... siempre."
Leila asiente.
Leila piensa brevemente en sus palabras que le saben a peligro.
Dices con acento Siciliano: "Grazie. Eso, también me gusta de tí."
Raffaele dice con acento milanés: "Eres una tentación de pies a cabeza. No dejes que el luto te aplaste, que te sumerja de manera permanente en un dolor que terminará marchitándote."
Leila suspira
Dices con acento Siciliano: "en verdad lo crees?"
Raffaele dice con acento milanés: "que eres una tentación? o que el luto terminará marchitándote."
Raffaele dice con acento milanés: "Creo ambas cosas, Leila."
Dices con acento Siciliano: "Yo. No sé que hacer para evitar eso. "
Raffaele dice con acento milanés: "Mi autocontrol es férreo y si no fuese porque tienes prometido, diavolesa, ya te habría arrancado esos pantalones, sentado en tu escritorio para comerte y beberme tus orgasmos. "
Raffaele dice con acento milanés: "así de tentadora me resultas."
Leila lo mira con los ojos muy abiertos y el rubor subiendo nuevamente a su rostro.
Murmuras con acento Siciliano: "raffaele..."
Raffaele dice con acento milanés: "No seré explícito de lo que haría con tu clítoris o mis dedos dentro de ti porque ... dejaré que lo imagines y lo emules en tu habitación. Así tu fidelidad seguirá intacta, diavolesa."
Dices con acento Siciliano: "Es, una pena que hayas llegado tarde a mi vida. Talvez..."
Raffaele dice con acento milanés: "qué tontería, Leila."
el cuerpo de Leila reacciona y su centro palpita.
Raffaele dice con acento milanés: "las personas no somos trenes, no llegamos temprano o tarde."
Leila ríe.
Raffaele dice con acento milanés: "la decisión de con quien estamos es nuestra, no del tiempo o del destino "
Raffaele dice con acento milanés: "en este caso, diavolesa, es tuya. Puedes casarte o no, ser infiel o no. No te pongas excusas y no me las pongas a mí, no las necesito."
Raffaele dice con acento milanés: "en cuanto al duelo, el luto, la traición y esas heridas que mencionaste."
Murmuras con acento Siciliano: "Eres peligroso Raffaele... Pero sabes qué. eso también me gusta."
Leila sonríe.
Raffaele le sonríe, enigmático.
Raffaele dice con acento milanés: "Te gustarán más cosas, puedo llegar a ser tan encantador como despiadado, ya tendrás tiempo de verlo por ti misma."
Dices con acento Siciliano: "Quiero descubrirlas..."
Su mirada al decir eso es de seguridad.
Raffaele dice con acento milanés: "pero para cerrar la conversación, es válido que sientas dolor, lo que no se vale es que le dés más poder al dolor que a tu propia vida, Leila."
Raffaele le acuna la mejilla izquierda con la mano cálida.
Raffaele dice con acento milanés: "habrá tiempo, no te preocupes por eso ahora."
Leila le acaricia el pecho.
Raffaele dice con acento milanés: "Lo primero es que salgas de ese capullo de letargo y gelidez fingida. Ese que te asfixia, Leila. No tiene sentido. No eres menos regina por vivir y no le debes luto a Catania, solo a lo que sientes aquí."
Raffaele le roza el pecho del lado izquierdo.
Murmuras con acento Siciliano: "Tienes razón. Solo qué, hhan sido tantas cosas sobre mí. Y no hablo solo de ser la Regina. Pero sí, necesito, necesito ser feliz a mi manera en medio de la guerra y la famiglia."
Raffaele le da un pequeño toque en la nariz
Leila le busca la mirada con los ojos llenos de melancolía y necesidad de un refugio seguro.
Raffaele dice con acento milanés: "pues permítetelo. Al menos en tu círculo, con tu gente."
Raffaele murmura con acento milanés: "sí...también conmigo, cuando estés lista para confiar de verdad."
Raffaele dice con acento milanés: "ahora, como lo prometido es palabra para mí, mi primer secreto para ti."
Raffaele se inclina para hablarle al oído.
Leila le toma la mano.
Raffaele dice con acento milanés: "voy a irme ahora, a ubicarme en una habitación en tu ala de la villa y a darme placer antes de arrancarte la ropa y poseerte aquí mismo sobre tu magnífico escritorio, diavolesa. Te imagino abierta para mí y se me hace la boca agua. Pero siempre, siempre voy a respetar tus límites. capito?"
Raffaele se aparta de ella muy despacio.
Leila lo mira y vuelbe a agitarse.
Raffaele la mira.
Su pecho suve y baja.
Raffaele dice con acento milanés: "ahora ya tienes la posibilidad de sentenciarme. cualquiera que sepa lo que te he dicho al oído podría querer mi cabeza o cualquier otra parte de mi anatomía."
Murmuras con acento Siciliano: "Guardaré ese, secreto solo para mí. Raffaele..."
Raffaele sonríe peligrosamente.
Raffaele murmura con acento milanés: "ahora tienes mi vida en tus manos, regina. Y mi deseo por ti en tu mente."
Murmuras con acento Siciliano: "Quiero tener más de tí. "
Raffaele asiente con la cabeza.
Raffaele dice con acento milanés: "cuando me obsequies otro secreto."
Leila le sonríe cómplice.
Raffaele dice con acento milanés: "Ahora, me ocuparé del trabajo... luego, luego voy a tocarme imaginando que es una diavolesa quien me toca y lo disfrutaré ... Leila, no te quepa la menor duda."
Raffaele dice con acento milanés: "hasta la cena, regina."
Leila es ahora quien se acerca hacia él.
Leila pone la mano en su pecho y su rostro está a centímetros de los labios de Raffaele.
Raffaele permanece muy quieto observándola.
Murmuras con acento Siciliano: ""Raffaele, antes de que te vayas, necesito una promesa. No de lealtad a mi corona, sino a mi persona. Con el dolor que cargo, con la guerra que se avecina y las heridas que no cierran, mi necesidad más profunda es la certeza. Quiero que te conviertas en mi refugio inamovible; demuéstrame, con cada acción, que puedo confiar en ti de una manera que nunca pude con nadie más. No me pidas mi alma a la primera, Ingegnere, pero protégela, cuídala y respétala como si fuera tu más preciado diseño. Quiero que ese magnetismo que me atrae y me asusta sea la prueba constante de que no me traicionarás jamás. Prométeme que serás mi certeza silenciosa, la única que me permita respirar tranquila en el caos."
Raffaele la mira sin titubear
Raffaele murmura con acento milanés: "prometido, diavolesa. Tu alma es mi tesoro y mi vida de ahora en adelante hasta que exhale mi último aliento."
Raffaele murmura con acento milanés: "te daré noticias de tu amica en la cena. ahora, te dejo, regina."
Raffaele se dirige a la puerta del despacho a zancadas.
Raffaele abre y atraviesa el umbral. Segundos después cerraba la puerta tras de sí.
El eco de sus pasos en el pasillo sella un pacto de sangre y sombras bajo el cielo sangriento que envuelve a la ciudad de la ceniza.

La grieta en la armadura de la Reina.

El silencio en el despacho de Leila cayó como un manto pesado, pero no era la paz deseada. Era el estruendo amortiguado de una batalla interna recién declarada, solo roto por el suave y rítmico crepitar del cigarrillo entre sus dedos y el latido desbocado de su propio corazón, un tambor que anunciaba la traición. El aroma a vetiver y cedro de Raffaele no se había marchado con él. Permanecía suspendido en el aire climatizado, una prueba invisible e intangible de la tormenta que acababa de pasar. Ese perfume sutilmente masculino, con un regusto a tinta fresca y peligro calculado, era ahora un veneno dulce que se aferraba a la seda esmeralda de su traje.

Leila se llevó el cigarrillo a los labios, dando una calada profunda, pero el humo denso y azulado no logró sofocar el incendio que sentía. El mármol frío bajo sus pies y la seda costosa de su vestimenta eran insuficientes para contener el calor que se había instalado, no solo en su centro, sino recorriendo cada vena. Se sentía profundamente húmeda. No con la humedad pasional y furiosa que siempre le despertaba Mássimo—ese fuego que exigía posesión y lucha—sino con una lujuria silenciosa, insidiosa y sutilmente inteligente. Era un deseo nacido del peligro controlado, de la audacia intelectual de un adversario que se había atrevido a desnudarla mentalmente.

"Maledizione," pensó, sintiendo el pulso acelerarse frenéticamente en su cuello, justo en el punto vulnerable donde Raffaele había acercado su aliento cálido. "Reaccioné como una adolescente estúpida. Me vio. Me vio el temblor involuntario, el rubor que me subió al rostro, la maldita dilatación de mis pupilas. Me vio la fisura. Sabe exactamente dónde está mi interruptor más secreto y lo ha accionado con la precisión quirúrgica del ingeniero, sin un solo toque físico inapropiado, solo con la arquitectura de sus palabras."
Se levantó de golpe, la silla ejecutiva chirriando levemente contra el suelo de piedra pulida. Caminó hacia el ventanal blindado, contemplando la silueta inmutable del Etna, el volcán que simbolizaba la inestabilidad controlada de su vida siciliana. La promesa de Raffaele, ese escalofriante “Tu alma es mi tesoro y mi vida de ahora en adelante”, resonaba en su mente. Era la misma pureza idealizada que Pietro, su primer amor y víctima de Matteo, le había ofrecido, pero envuelta ahora en el filo perverso y excitante de la tentación adulta.

Su mente se había convertido en un campo de batalla filosófico entre tres fuerzas:
"Pietro era el ancla de paz que no quise; la posibilidad de una vida limpia y moral que rechacé por aburrimiento o quizás por cobardía."
"Mássimo es el fuego que me consume y me devuelve a la vida. Su amor es un campo de batalla que necesito para sentir la existencia. Él es el Capo que me domina, mi protector físico y mi amante feroz. Me rescató del abismo en Montenegro, y ese rescate es un juramento de por vida que pesa más que cualquier deseo fugaz."
"Pero Raffaele... Raffaele es la grieta, la maldita certeza de que hay otro tipo de intensidad, una más peligrosa, porque es silenciosa y piensa, porque es él quien me lee a mí y no al revés. Él no me pide rendición, sino un intercambio. Me ofrece la elegancia de la destrucción, el mismo arte oscuro que yo persigo en mi posición como Reina. Es un espejo que me devuelve mi ambición más cruda."
"¿Qué diablos voy a hacer con esta dualidad? Mássimo me da el fuego. Raffaele me da la certeza intelectual y el desafío silencioso. Y yo, solo quiero un poco de calma en mi cabeza, un respiro de la guerra. Esto es una traición, Leila. Una traición al compromiso con Mássimo, a todo lo que juraste defender."
Pero su cuerpo, su maldito cuerpo, no entendía de juramentos, ni de estrategias de guerra, ni de lealtades de Cosa Nostra. Solo sentía la pulsación sorda, la urgencia física de alivio. La tensión que había acumulado en la breve y explosiva reunión con Raffaele no se disiparía con el trabajo. Necesitaba apagar el incendio, al menos temporalmente, antes de que consumiera su fachada.
Con un movimiento brusco, casi violento, caminó hacia un mueble bar discreto escondido detrás de una estantería de libros antiguos. Sacó una botella de Grappa di Brunello de alta graduación y se sirvió un trago generoso en un vaso de cristal tallado. El alcohol bajó quemando, un fuego sustituto que apenas le sirvió para nublar ligeramente la lúcida desesperación.
Se dirigió a su tocador personal, un anexo íntimo de la suite que solo ella utilizaba. Las luces eran suaves, de un tono melocotón, diseñadas para calmar. Allí, con una prisa casi desesperada, descorrió la cremallera de su pantalón de seda, se deshizo de la ropa interior sin miramientos y la dejó caer al suelo. Se sentó en el taburete de terciopelo, con el vaso de grappa a un lado.
Cerró los ojos con fuerza. Por un momento, intentó concentrarse en la imagen de Mássimo, en el recuerdo de su dominio en la cama, en la forma en que él la obligaba a rendirse hasta el dolor. Quería invocar su presencia, usarla como un escudo contra la nueva amenaza. Pero la imagen era difusa, nublada, derrotada por la urgencia del instante.
Entonces, la memoria se impuso con la fuerza de un flash eléctrico: Raffaele inclinado, el aliento caliente en su oído, susurrando la promesa de lo que haría con ella si no estuviera comprometida, si ella no fuera la Reina: "ya te habría arrancado esos pantalones, sentado en tu escritorio para comerte y beberme tus orgasmos.
La imagen mental fue un disparo directo a su núcleo. La intensidad de ese pensamiento —la combinación de dominio sexual con el control absoluto de su trabajo— la hizo jadear, una rendición implícita. Llevó una mano temblorosa a su centro palpitante, y el contacto de sus propios dedos fue el alivio que su alma desgarrada exigía, el único punto de control que le quedaba. El pulso del placer se aceleró, ya no con la furia posesiva de Mássimo, sino con la urgencia silenciosa del secreto. Se movía con la cadencia que su mente dictaba, reviviendo la escena una y otra vez: los ojos de acero de Raffaele, su voz aterciopelada, la succión de su propio dedo. Era una htortura exquisita y una catarsis necesaria.
El orgasmo llegó rápido, un espasmo violento y liberador que la hizo arquearse en el taburete. El gemido, bajo y crudo, se ahogó en el silencio del despacho, un testimonio de su soledad.
Abrió los ojos lentamente. Estaba empapada de sudor y placer. El alivio era palpable, pero fugaz, como un parche sobre una herida mortal. La verdad, sin embargo, era ineludible y se sentía como un golpe:
Me he masturbado pensando en Raffaele, en lo que él haría. Y mi cuerpo ha respondido con un deseo que no puedo controlar, que él ya conoce.
Se quedó sentada, temblando ligeramente, el cigarrillo olvidado y el vaso de grappa a medio terminar. El deseo físico había sido aplacado, sí, pero la ansiedad, el miedo a ser descubierta y la excitación por el peligro, se habían multiplicado.
"Ahora, Ingegnere," susurró Leila al vacío, recuperando la máscara de la Regina. "Tenemos una guerra que librar. Una guerra contra Santoro y otra, mucho más peligrosa, aquí, dentro de mí. Y me temo que tú ya tienes la primera victoria."