Página 2 de 2

Re: Entre sombras, vendetta y el amor.

Publicado: Sab Nov 29, 2025 6:32 am
por Larabelle Evans

Los herederos de la oscuridad.

Punto de vista: especial Alessio.

El túnel vibraba como si respirara. La humedad corría por las paredes en finas líneas que parecían lágrimas viejas, y el olor a moho, hierro oxidado y agua estancada lo envolvía todo con una pesadez que ni el aire lograba aliviar.
En medio de esa oscuridad, iluminado apenas por un par de lámparas industriales colgadas de cables improvisados, Alessio Santoro-Ferrari observaba el interior de la plataforma rodante que acababan de detener.
Era un hombre joven, atractivo, de estampa elegante incluso en el infierno húmedo de los túneles sicilianos. La sombra le cortaba la mandíbula marcada y resaltaba sus ojos, verdes y helados como un pozo sin fondo.
Él revisaba las cajas… no de mercancía. De niños.
Te acomodas, cierras los ojos y te pones a dormir. Mundo virtual guardado.
Las pequeñas figuras dormidas a la fuerza, sedadas, respiraban lento como si fueran parte del mismo túnel. Cuerpos diminutos. Pestañas mojadas por el llanto. Manos atadas con bridas plásticas.
Su expresión no se movió ni un milímetro.
Alessio dice con acento palermitano, voz suave pero envenenada, "Tirate fora sti cosi… piano. No vogghiu macchi arrèti stasira. O non di stu latu del túnel, quantomeno."
Detrás de él, entre cajas y sombras, se escucharon pasos delicados, casi juguetones. Kenia apareció como una mancha de color en aquel mundo gris. Jeans negros ajustados, cabello recogido en una coleta alta y el rostro maquillado con una perfección casi teatral. Pero lo que más resaltaba eran sus ojos: oscuros, brillantes, con una emoción que no tenía derecho a existir en un sitio así.
Se asomó dentro de la caja, inclinándose como si mirara un escaparate en una boutique.
Uno de los niños gimió, apenas consciente.
Ella sonrió.
Alessio no. Ni siquiera la miró.
Kenia dice con acento mexiquense, "Ay, Alessio… ¿otra vez poniéndote sentimental con la mercancía? No me espantes al personal, ¿eh?"
Alessio dice con acento palermitano, "No me hables de sentimientos, muñeca. Pienso en dinero. Solo dinero… y en el desorden. Y tú ya me estás creando suficiente de eso."
Kenia rodó los ojos, divertida.
Kenia dice con acento mexiquense, "No hagas como que te molesta. Sabes que sin mí, estos niños ni llegan al puerto. Yo soy la que sabe adormecerlos sin matarlos… cosa que tu gente nunca aprendió."
Apareció una risa suave, casi musical, detrás de ellos. Una risa que heló a los trabajadores y provocó que uno dejara caer una caja.
Rebecca Santoro-Ferrari emergió entre las sombras como una figura sacada de un cuento oscuro. Su cabello oscuro recogido en una trenza floja, el rostro impecable, la bata médica manchada en puntos secos que solo alguien muy observador notaría. Su caminar era elegante… demasiado elegante para un túnel. Su sonrisa, un filo.
Rebecca dice con acento siciliano, "Poveri stupidi… si asustano por cada ruído."
Se acercó y tocó la caja donde uno de los niños respiraba, lento y apenas perceptible.
Rebecca inclinó la cabeza, fascinada, observando el movimiento de la caja con cada respiración diminuta.
Rebecca dice con acento siciliano, voz suave como terciopelo, "Están hermosos… cuando están así. Inertes. El niño duerme… pero sus huesos son perfectos. "
Kenia chasqueó la lengua como si fueran amigas de toda la vida.
Kenia dice con acento mexiquense, "Rebecca, ya cállate. Te pones bien creepy, neta. Vamos a lo que venimos."
Rebecca la miró. Y esa sonrisa… siguió ahí.
Rebecca dice con acento siciliano, "Mi piace quannu ti nervusci… mexicana."
Pero regresó a Alessio.
Rebecca dice con acento siciliano, seria de repente, "Spicciamunni. Los guardias dijeron que vieron movimiento en las cámaras del jardín oeste de la mansión Ferrari. La famosa etna, ya se enteró de algo."
Alessio no frunció el ceño. No suspiró. No mostró preocupación. Solo dijo:
Alessio dice con acento palermitano, "Perfetto."
en cambio, la cara de kenia pasó a una molestia notable.
Kenia murmura con acento mexiquense, "maldita perra, deví matarte cuando tuve oportunidad..."
Kenia dice con acento mexiquense, "¿Perfecto? Oye, ese no era el plan. Se supone que lo hacíamos calladitos."
Alessio giró la cabeza. Lento. Preciso. Sus ojos eran puro cálculo.
Alessio dice con acento palermitano, "Si creías que la heroína de niños no iba a venir… eres más ingenua de lo que pareces."
Rebecca soltó una risita encantada, como si le hubieran contado el mejor chisme.
Rebecca dice con acento siciliano, "¿Y quién quiere que esto salga sin sangre? ¿Nosotros? Por favor."
Kenia dice con acento mexiquense, "suponía un rencuentro con esa puta, pero no tan pronto."
rebecca dice con acento siciliano, "Ay, ¿tanto la odias?. "
rebecca dice con acento siciliano, "bueno, que pase lo que tenga que pasar. no seas aburrida mexicana, incluso algun que otro muerto nos sirva. "
Kenia dice con acento mexiquense, "es una perra, es lo que es. y como sea, sigamos con lo nuestro, esto no puede fallar"
Alessio dice con acento palermitano, "vasta, ya cállense, y pongámonos a trabajar. "
Alessio hizo una seña rápida a dos de sus hombres. Estos empujaron la plataforma rodante hacia un extremo del túnel donde otra compuerta metálica esperaba abierta. Detrás… se escuchaba el mar. El túnel conectaba con una salida secreta al puerto.
Alessio dice con acento palermitano, "No los estoy dejando llegar aquí… los estamos mandando afuera."
Kenia lo miró, entendiendo.
Kenia dice con acento mexiquense, "Los vas a mover al barco… antes de que Etna llegue."
Alessio asiente afirmativamente.
Rebecca, emocionada como niña con juguete nuevo, asintió.
Rebecca dice con acento siciliano, "E poi… quand’arrìvando ese mercenario e la mexicána salvaje… no truveranno nenti."
La sonrisa de Alessio se ensanchó, lenta.
Alessio dice con acento palermitano, "No encontrarán nada… excepto la muerte."
Las ruedas de la plataforma rechinaban sobre la piedra húmeda, empujadas por dos hombres que sudaban a pesar del aire frío del subterráneo. El eco del metal chocando contra metal resonaba como un corazón enfermo en el interior del túnel. Del otro lado, el mar rugía con un ritmo lento, casi anestesiado por la madrugada.
Alessio caminaba detrás de la carga con manos en los bolsillos, como si estuviera en un paseo nocturno. La luz amarillenta de las lámparas oscilaba sobre él, dibujando sombras que lo volvían casi espectral.
Desde el extremo opuesto del túnel, se escuchó el taconeo de las botas de Kenia. La mexicana venía leyendo un informe digital en su tablet, con una preocupación que trataba de disimular.
Rebecca no habló. Solo siguió caminando junto a Alessio, casi flotando entre cajas de madera y sombras. Ella observó uno de los cuerpos infantiles que se movían apenas bajo la manta gris. Un pequeño temblor.
Rebecca dice con acento siciliano, "Stu picciriddu sta svegliannu."
El trabajador que empujaba la plataforma palideció. —“¡Dottoressa! ¡Yo no… yo no—”
Rebecca levantó una mano, calmándolo con un gesto suave y siniestro.
Rebecca dice con acento siciliano, "Tranquilo. No te mato… hoy."
Rebecca Sacó una jeringa pequeña del bolsillo interior de su bata. Un líquido claro temblaba en ella. Antes de que el hombre pudiera reaccionar, Rebecca la clavó con rapidez en el cuello del niño. El pequeño gimió. Su respiración se apagó otra vez, profunda como un sueño robado.
Kenia observó la escena con tensión.
Kenia dice con acento mexiquense, "Te dije que ya estaban en el límite. No deberían usar más dosis."
Rebecca ladeó la cabeza.
Rebecca dice con acento siciliano, "Y yo te dije… que esto es mío. Lo vivo, lo muerto, el hueso… todo es mío."
Kenia iba a responder, pero las luces del túnel parpadearon.
Una vez. Dos veces.
Alessio levantó la mirada. Su sonrisa cambió de forma.
Alessio dice con acento palermitano, "Están aquí."
Desde la parte más profunda del túnel, casi indetectable al oído humano, se escuchó un sonido: Una pisada distinta. Ni obrera. Ni apresurada. Ni torpe. Una pisada táctica. De botas pesadas. Entrenadas.
Alessio levantó una mano, automáticamente.
Sus hombres dejaron la plataforma y tomaron posiciones en los costados del túnel. Dos apagaron las lámparas. La penumbra se comió el pasillo. Solo quedaron las luces frías que llegaban desde la salida al mar.
Alessio dio dos pasos hacia adelante. Sus ojos brillaban como un depredador que había esperado este momento.
Alessio dice con acento palermitano, "Rebecca… vete con Kenia a la salida. Mueve a los niños. Ahora."
Kenia miró asia atras con furia contenida, pero acepto. con un asentimiento de cabeza. Aceptó la inprobisada órden. Tenía cuentas pendientes, pero podrían esperar, lo inportante, eraan los niños.
Rebecca dice con acento siciliano, "Camina… muñeca."
La plataforma y los niños desaparecieron tras la compuerta que conducía al mar.
Quedó el túnel vacío, largo, en silencio.

enfrentando a la araña.

Alessio estaba solo en el centro. Las sombras lo envolvían desde todas las direcciones como si lo protegieran.
Y entonces… otra pisada. Más cerca. Más firme.
Desde el fondo de la oscuridad, una voz cortó el silencio. Seca. Entrenada.
Karlo dice con acento siciliano, "Se acabó el juego, vastardos. "
Alessio sonrió, complacido.
Karlo emergió de la sombra. Su silueta era puro músculo y precisión, vestido con ropa oscura táctica que absorbía la poca luz. Llevaba una linterna pequeña montada en el hombro que apenas le iluminaba el camino. Su rostro, marcado por cicatrices que contaban historias de supervivencia, era indescifrable bajo el halo tenue. Detrás de él, Shawnee se movía como una sombra elástica, sus movimientos silenciosos como un felino.
Shawnee dice con acento sinaloense, "No estoy jugando. Es prisa. Queremos a los niños. "
Alessio dice con acento palermitano, "¿Niños? "
Alessio se rió, un sonido roto en el eco del túnel—.
Alessio dice con acento palermitano, "Aquí solo hay ratas. "
Karlo se detuvo. Sus ojos, oscuros y penetrantes, recorrieron el túnel vacío, buscando la plataforma que él y Shawnee vieron. No había nada. Solo el olor a salitre y desesperación.
Karlo dice con acento siciliano, "Sé que están aquí. No me hagas perder el tiempo. "
Alessio levantó las manos, en un gesto de rendición falsa.
Alessio dice con acento palermitano, "no sé de que niños hablan. Io estoy aquí moviendo mi mercancía, como todos lo hacemos alguna vez."
Shawnee se movió con rapidez, desenfundando una pistola con silenciador. El clic metálico fue ruidoso en el silencio del subterráneo.
Alessio suspiró, como si estuviera decepcionado.
Alessio dice con acento palermitano, "Parece que mi reputación me precede, ¿no? Qué lástima. Iba a invitarles un vino antes de que mis hombres los mataran. "
Karlo no preguntó más. Se lanzó hacia adelante, un torrente de furia contenida y disciplina. Alessio no se movió, solo esperó.
El impacto fue brutal. Karlo golpeó con el antebrazo, buscando neutralizar, pero Alessio desvió el golpe con una facilidad sorprendente. A pesar de su traje de diseñador, el joven Santoro-Ferrari luchaba con una habilidad que no se correspondía con su imagen de empresario siciliano.
Alessio dice con acento palermitano, golpeando la barbilla de Karlo con un gancho rápido, "Eres bueno… para ser un perro. "
Karlo se recuperó instantáneamente, su rostro una máscara de concentración. Evitó un segundo golpe y pateó la rodilla de Alessio. El sonido fue un crujido seco. Alessio apenas se inmutó, la adrenalina y la práctica amortiguando el dolor.
Pero la distracción era suficiente.
Karlo se recuperó instantáneamente, su rostro una máscara de concentración. Evitó un segundo golpe y pateó la rodilla de Alessio. El sonido fue un crujido seco. Alessio apenas se inmutó, la adrenalina y la práctica amortiguando el dolor.
Pero la distracción era suficiente.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Muere, cabrón."
Shawnee no esperó a que Karlo terminara su movimiento. Su pistola, equipada con silenciador, escupió tres proyectiles con un thump sordo que el eco del túnel magnificó. No apuntó a Karlo, sino a los soportes metálicos oxidados que Alessio usaba como cobertura parcial.
El primer proyectil impactó el metal con un chispazo azul, el segundo y tercero cortaron los cables de las lámparas improvisadas restantes. La oscuridad fue absoluta, densa, sofocante, solo rota por los fogonazos intermitentes y el olor a pólvora quemada.
El túnel se convirtió en un infierno de sonido y luz. Desde las sombras a los costados, los hombres de Alessio abrieron fuego. Fusiles de asalto con bocas que escupían llamas naranjas y rojas, pintando siluetas fugaces en la penumbra.
Karlo y Shawnee se movieron en una danza macabra de reflejos entrenados. Karlo, bajo el fuego cruzado, rodó hasta un nicho de mantenimiento, devolviendo el fuego con ráfagas cortas y precisas desde su pistola táctica. Cada disparo era un gemido, buscando neutralizar a los tiradores.
Shawnee, por su parte, se movió con agilidad felina hacia la pared opuesta. Sabía que sus disparos silenciosos no podrían competir con la potencia de fuego de los Santoro-Ferrari. Su objetivo no era ganar el intercambio de balas, sino crear una distracción mortal.
Ella arrojó una granada de destello al centro del túnel.
La explosión fue contenida por el subterráneo, pero la luz cegadora y el golpe de aire sordo hicieron que los sicilianos titubearan. Alessio, sin embargo, había previsto esto. Se había movido detrás de una viga gruesa.
Alessio dice con acento palermitano, "Non firmari! Continua!"
El tiroteo se reanudó con una intensidad brutal. Los gemidos y los choques de metal mezclados con el sonido de los proyectiles incrustándose en la piedra y el cuerpo. Un hombre de Alessio cayó con un grito ahogado. Karlo, sintiendo el impulso, avanzó bajo la cortina de fuego.
Alessio emergió de su cobertura. No llevaba un fusil; empuñaba una Beretta plateada con una precisión aterradora. Disparó dos veces, buscando la posición de Karlo por el sonido de sus movimientos.
El primer disparo falló por centímetros. El segundo rozó el hombro de Karlo.
El aire estaba saturado de pólvora y humedad, espeso como humo de incendio atrapado en una caverna. El segundo disparo de Alessio apenas rozó la piel y abrió carne en el hombro de Karlo, quien soltó un gruñido sofocado mientras se replegaba a un hueco entre las piedras.
Shawnee aprovechó el desorden y lanzó otra ráfaga con su pistola equipada, el sonido sordo del silenciador chocando contra la ensordecedora metralla de los fusiles sicilianos. Uno de los hombres de Alessio cayó con un disparo limpio en la sien.
Shawnee dice con acento sinaloense, jadeante, "¡Uno menos, putos!"
Más figuras armadas avanzaron desde un recodo lateral: refuerzos Santoro-Ferrari. Armados con rifles cortos y visores nocturnos.
Shawnee masculló una maldición.
Karlo tensó la mandíbula.
Y entonces… Un estruendo al fondo del túnel. Una puerta metálica abriéndose de golpe.
Una voz femenina retumbó, marcada por un acento siciliano elegante, feroz.
etna dice con acento catanés, gritando, "¡Vamos! ¡MUÉVANSE!"
Las luces tácticas de su escuadrón pintaron el túnel con haces blancos y agresivos. Eran al menos diez hombres armados, entrenados por años para operaciones de limpieza.
Gianluca entró primero detrás de ella, arma en alto, ojos inyectados de rabia.
Maurizio lo siguió como sombra, la mandíbula apretada, el fusil listo.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Ya era hora, cabrones."
Karlo salió de su cobertura lo justo para hacer contacto visual con etna.
Alessio, viendo la avalancha, retrocedió un paso.
Pero no era miedo. Era cálculo.
Alessio dice con acento palermitano, murmurando entre dientes, "‘Nzumma… ora è giochi veri."
Uno de sus hombres se acercó a él. —“Capo, ¿retrocedemos?”
Alessio respondió sin mirarlo:
Alessio dice con acento palermitano, "No retrocedemos. Tenemos el corazón de Etna al frente… y la puerta detrás llena de niños. Necesitamos tiempo. Necesitamos sangre."
3 disparos presisos cortaron el aire y la respiración de algunos precentes, 2 hombres de etna avían caído en tansolo un parpadeo. La figura de kenia apareció entre las hombras con una ajilidad arágnida, como era ella.
Alessio la miraba con reconocimiento y algo sorprendido de que haya regresado.
aprobechando la poca precencia de luz. Aprobechó para tomar posición y hacer 2 disparos kasi serteros, que solo se desviaron de milagro por la brisa marina.
Kenia dice con acento mexiquense, "pero que bonito rencuentro, princesita."
etna esquibó apenas los disparos, reconoció por fin a Kenia.
Kenia dice con acento mexiquense, "espero que no te allas olvidado de mí tan fácil"
Kenia dice con acento mexiquense, "me pondría muy triste"
etna dice con acento catanés, "debía suponerlo. Matteo dejó a su bazura por todo sicilia, y tú entre ella. "
la sonrrisa genuina y ancha de kenia era una contradixión a sus palabras.
Kenia dice con acento mexiquense, "te tardaste mucho em pensar, mi niña."
Kenia dice con acento mexiquense, "pero para tu mala suerte, tengo una amiguíta que quiere jugar con nosotros, la dejas?."
etna dice con acento catanés, "no bine a negociar contigo la vida de esos niños. "
un grito grabe y doloroso se hiso presente, rebecca abía clabado una daga directo al brazo de otro de los hombres de etna, muy serca de gianluca. Los hombres restantes apenas pudieron reaxionar, cuando avía acabado con la vida de su víctima, para con precisión y algo de suerte, otra daga inpactó en el rostro de otro mas.
etna y los hombres restantes no podían detenerse, volvieron a la carga con los disparos intentando contener la situación.
Alessio mira a Kenia y a su hermana.
rebecca ya iva por su terséra víctima, pero los dis paros de etna y gian la obligó a ponerse a cuvierto.
Alessio se lanzó hacia una tubería lateral, abriendo una caja metálica sellada.
Dentro, un detonador improvisado. Un explosivo pequeño. Controlado. Suficiente para derrumbar parte del túnel… justo la parte que estaba entre la plataforma y Etna. Kenia había preparado aquello por si algo fallaba.
Alessio murmuró, con acento palermitano, encendiendo el dispositivo, "Gracias, araña. "
Pero antes de activarlo, una bala pasó rozando su mano. Chocó contra la pared, levantando polvo.
Etna había disparado.
Etna avanzaba como un torbellino con furia contenida. Su rostro era una máscara de hielo. Sus manos, firmes en la pistola. Su mirada, verde cortante, llena de una determinación que Alessio reconoció como peligrosa.
Alessio levantó la vista.
Alessio dice con acento palermitano, "No son tuyos, Etna. Nunca lo fueron."
Gianluca avanzó a su lado, cubriéndola con fuego.
Maurizio coordinó a los hombres, distribuyéndolos para cerrar flancos.
Shawnee disparaba en ráfagas rápidas, gritando insultos entre dientes.
Karlo avanzaba con una precisión demoledora, eliminando uno, dos, tres enemigos.
Pero los hombres de Alessio eran demasiados. Y las posiciones ya estaban preparadas.
Gianluca cubrió, disparando con una furia asesina. Pero la presión era brutal. Por cada hombre que los leales abatían… dos surgían desde recodos del túnel como si estuvieran brotando de la piedra.
Etna respiró profundo. Buscó a Alessio entre el caos. Ahí estaba. A cinco metros. Sonriendo. Con el detonador en la mano.
Etna disparó una vez más.
Alessio se cubrió detrás de una columna de concreto.
La bala reventó un pedazo de piedra justo a su lado. Él salió apenas medio segundo. Suficiente.
Alessio Apretó el detonador.
Un clunk metálico resonó bajo sus pies. Y detrás, hacia la compuerta que llevaba al mar… un rugido sordo. Una explosión contenida. Controlada. Pero devastadora. La tierra tembló. Un tramo del túnel colapsó como si un gigante lo aplastara con la palma. El polvo se elevó como un monstruo gris. Las piedras cayeron. La compuerta quedó bloqueada. Y el pasillo que llevaba a los niños… quedó sellado. Para siempre. O al menos, lo suficiente para que el barco escapara.
Alessio, desde la otra punta del túnel, observó el derrumbe. Sonrió. Como si hubiera ganado una partida de ajedrez.
Y desapareció por una salida lateral.

Re: Entre sombras, vendetta y el amor.

Publicado: Vie Dic 12, 2025 5:36 am
por Larabelle Evans

“Lo que queda cuando cae el túnel”.

Punto de vista: Chiara.

El polvo todavía caía como nieve gris. Era espeso, áspero, se pegaba al sudor y a la sangre como si quisiera formar una segunda piel. Las linternas tácticas apenas lograban atravesar aquella nube densa que convertía todo en fantasmas: siluetas, disparos aislados, tos ahogada.
Etna— permaneció inmóvil solo un segundo, respirando entre el metal y el desastre. Sabía que ese olor no se olvidaba nunca: pólvora mezclada con piedra recién rota… con muerte.
Había perdido hombres.
Niños habían sido arrancados de sus manos.
Y Alessio había ganado.
Gianluca llegó a su lado, cubriéndole la espalda, su voz rasgada.
Gianluca dice con acento napolitano, “Chiara… amore, respira. Respira.”
Ella no lo escuchó al principio. Observaba el montículo de piedra que antes era un pasaje.
Un pasaje que llevaba al mar. A los niños. Al barco. A la derrota.
Chiara murmuró:
Chiara dice con acento siciliano, “Nos los quitaron… enfrente de los ojos. Como si fuéramos principiantes.”
Gianluca apretó su hombro.
Maurizio se acercó, cubierto de polvo, con dos hombres heridos a sus espaldas.
Maurizio dice con acento siciliano, “No podemos seguir avanzando. El túnel es inestable. Si intentamos despejarlo… puede caer todo.”
Ese “todo” incluía a ellos.
Chiara lo sabía. Pero no toleraba perder. Y menos así.
Entonces oyó la voz de Shawnee a lo lejos, entre un gruñido y una carcajada incrédula:
Shawnee dice con acento sinaloense, “¡Pinche cabrón! ¡Nos la jugó bonito!”
Karlo, sangrando del hombro, se apoyaba en una pared chamuscada. Su mirada era ira pura, oscura como el mismo túnel.
Karlo dice con acento siciliano, “Rebecca. Era Rebecca. Vi su sombra justo antes del disparo…”
Shawnee resopló.
Shawnee dice con acento sinaloense, “No fue Rebecca, amorcito. Fue la otra. La arañita mexicana. Esa perra—”
Chiara levantó la mano. Ni un sonido más. La autoridad le brotaba del cuerpo como fuego comprimido.
Chiara dice con acento siciliano, “No vamos a dividirnos. No ahora. No aquí.”
Shawnee abrió la boca, lista para soltar veneno.
Pero Chiara la fulminó con la mirada. Y la mexicana guardó silencio.
Chiara observó el derrumbe con ojos afilados.
Su rostro estaba más pálido de lo normal, pero sus pupilas eran puro cálculo.
Chiara dice con acento siciliano, “El barco salió. Alessio sabía exactamente cuándo llegaríamos. Esto no fue suerte. Alguien dentro de Catania le avisó.”
Maurizio bajó la cabeza.
Sabía lo que eso significaba.
Traición interna. Otra vez.
Gianluca dice con acento napolitano, “Dame diez hombres y rastreo la línea hacia el puerto. El barco no puede haber ido lejos.”
Chiara negó con la cabeza.
Y todos se tensaron.
Chiara dice con acento siciliano, “No vamos detrás del barco.”
Shawnee soltó un bufido.
Shawnee dice con acento sinaloense, “¿Perdón?”
Karlo la miró como si hubiera escuchado mal.
Maurizio frunció el ceño.
Chiara siguió:
Chiara dice con acento siciliano, “No vamos a hacer exactamente lo que Alessio quiere: correr detrás de un barco sin garantías, dejando Catania libre para que la rama Santoro-Ferrari tome posición.”
Silencio absoluto.
Gianluca dice con acento napolitano, “Chiara… son niños.”
Ella cerró los ojos. Solo un segundo.
Lo justo para que la humanidad volviera a sus pupilas.
Luego los abrió, y la Capo regresó.
Chiara dice con acento siciliano, “Lo sé. Pero si dejamos esta ciudad sin control… Alessio ganará algo peor que treinta niños. Ganará el poder. Ganará legitimidad. Ganará el nombre Ferrari.”
Shawnee cruzó los brazos, evaluando.
Karlo asintió lentamente, comprendiendo la lógica brutal.
Maurizio apretó los dientes.
Chiara siguió, su voz firme como mármol:
Chiara dice con acento siciliano, “Vamos a dividir fuerzas. Pero no como él espera.”
Se agachó y recogió un pedazo de metal del suelo.
Lo observó como si fuera un símbolo.
Un recordatorio del monstruo que estaban enfrentando.
Chiara dice con acento siciliano, “Maurizio, refuerza todas las entradas y salidas de Catania. Ningún Santoro-Ferrari entra ni sale sin que yo lo sepa.”
“Gianluca, tú y seis más irán al puerto. No al barco. Al puerto. Quiero saber quién le dio acceso, quién abrió las rutas y qué familia permitió el paso.”
“Karlo, Shawnee… ustedes vienen conmigo.”
Los dos se quedaron rígidos.
Shawnee dice con acento sinaloense, “¿A dónde?”
Chiara clavó los ojos en la oscuridad del túnel colapsado.
Su voz salió baja. Fría. Cargada de una venganza profunda.
Chiara dice con acento siciliano, “A casa. Vamos a la mansión. Si Alessio piensa que puede jugar con el apellido Ferrari… voy a demostrarle lo que ocurre cuando se mete con una casa que no está muerta.”
La tensión se volvió electricidad.
Gianluca trató de hablar.
Gianluca dice con acento napolitano, “Chiara… amore, estás temblando.”
Ella lo miró sin pestañear.
Chiara dice con acento siciliano, “No estoy temblando. Estoy despertando.”
Y se giró hacia las escaleras, guiando al grupo de vuelta hacia la luz, hacia la noche húmeda de Catania, hacia la mansión que esperaba con sus secretos y cámaras activadas.
Shawnee la siguió con una sonrisa feroz.
Karlo, con una furia silenciosa.
Maurizio, con el peso de la responsabilidad.
Gianluca, con el corazón dividido entre protegerla… y detenerla.
Cuando llegaron a la salida del túnel, Chiara se detuvo un instante y respiró el aire fresco que venía del mar.
Sus palabras fueron un susurro. Pero todos las escucharon.
Chiara dice con acento siciliano, “Este no es el fin. Es el inicio de una guerra. Y yo no la voy a perder.”
Y salió a la noche, lista para reclamar Catania.

“La casa que guarda lo que la familia calla”.

Punto de vista: Chiara.

La mansión Ferrari parecía contener la respiración. Las cámaras de seguridad seguían girando de un lado a otro, los focos del jardín parpadeaban con una luz amarillenta, y el aire húmedo de Catania olía a azahar… y a pólvora vieja.
Cuando las camionetas cruzaron el portón, el sonido del motor rebotó en la fachada como si trajeran un trozo de infierno pegado a las llantas.
Lucía salió con rapidez, secándose las manos en el delantal sin darse cuenta. Tenía el ceño fruncido, esa expresión de mujer que ya ha visto demasiado en su vida y sabe reconocer el olor de un desastre antes de que alguien lo cuente.
Gianluca bajó del primer vehículo y la mirada de Lucía se quebró un poco.
—Madonna mia… picciotti, ¿chi vi capitò? —murmuró con acento siciliano, acercándose de inmediato.
Gianluca abrió la boca para hablar, pero el polvo del túnel todavía le raspaba la garganta. Fue Shawnee quien respondió primero, saltando de la parte trasera con la pistola aún aferrada en la mano.
Shawnee dice con acento sinaloense, “Quiten todo lo que estorbe. Vienen heridos. Y feo. “
Karlo bajó detrás, el hombro vendado a medias, la sangre seca marcándole la piel. Su paso era firme, pero su respiración no.
Maurizio salió sosteniendo a uno de los hombres, que apretaba la pierna con un gemido ronco.
Lucía se movió como un rayo.
—¡Alla sala! ¡Sùbito! Traigan acqua calda, garze, alcol! —ordenó con energía, y los guardias corrieron a obedecerle.
La mansión se volvió un torbellino de pasos, voces, órdenes, dolor, respiraciones entrecortadas. En la sala principal improvisaron camillas. El olor a sangre fresca se mezcló con el del mármol frío.
Chiara bajó última. El chaleco táctico todavía puesto. Las manos sucias.
El rostro… demasiado quieto.
Karlo la vio detenerse en el marco de la puerta y, por primera vez, la sujetó por la muñeca sin discutir.
—Chiara… —dijo con acento siciliano, suave y ronco— respira.
Ella negó apenas.
Shawnee, recibiendo primeros auxilios, bufó sin disimular.
Shawnee dice con acento sinaloense, “Pinche cabrón nos tenía un regalito listo, Kenia va con todo, ¿eh? Y ese tal Alessio le sigue el jueguito. “
Karlo la miró serio.
Karlo dice con acento siciliano, No es solo Kenia. Había hombres organizados. Esto no fue improvisato.
Gianluca, con los ojos rojos, pisó fuerte el suelo.
Gianluca dice con acento napolitano, “Ese tunnel era un cazzo di trappola. Nos estaban esperando.
Chiara cerró los ojos, apretando los puños.
Chiara dice con acento siciliano, No quiero que Leila se entere de esto todavía —dijo con firmeza que temblaba por dentro—. No así. No ahora que apenas empieza a respirar.
Shawnee soltó una carcajada seca.
Shawnee dice con acento sinaloense, “Ay, Chiara… mi’ja, no puedes seguir metiéndola en una burbuja. Ya viste lo que pasó cuando le ocultaron lo de Pietro. Se rompió más feo que el túnel ese.
Karlo asintió lentamente.
Karlo dice con acento siciliano, “Lei è la nostra erede. Su puesto es aquí, con noi. Decidiendo. Non possiamo tenerla fuori de todo.
Gianluca respiró hondo.
Gianluca dice con acento napolitano, “Tiene ragione…. Leila no es una bambina. Es Ferrari. Y esto… esto es su guerra también.
Chiara levantó la mirada como si le hubieran desgarrado el pecho.
Chiara dice con acento siciliano, “No lo entienden…. Ella está rota por dentro. ¡Rota! Massimo apenas logró estabilizarla. Nùria dice que necesita calma, seguridad… no más bombas, no más sangre, no más malditos túneles, no más niños perdidos. No puedo… ¡no puedo tirarle esto encima así como está!
Shawnee entrecerró los ojos, pero esta vez sin burla.
Shawnee dice con acento sinaloense, “Mira… yo sé lo que es estar rota. Pero si la tratas como de cristal… la vas a quebrar más. Las fieras se curan peleando, Chiara. No escondiéndolas.
Chiara se quedó muda. Porque dolía. Y porque era verdad.
Lucía apareció con un tazón de agua tibia entre las manos y se detuvo frente al grupo, respirando hondo.
Ese silencio… ese gesto…. Todos conocían ese tipo de gravedad.
—Venite —dijo con acento siciliano, suave—. Ya es tiempo de que sepan ciertas cosas.
Todos la rodearon.
Lucía dejó el tazón en la mesa, se secó las manos y los miró como una madre que está por revelar un pecado familiar.
—Los Santoro-Ferrari —empezó, y solo pronunciar el apellido hizo que varios guardias se persignaran— fueron la rama más antigua del linaje Ferrari. Antes de Matteo… antes de todos ustedes. Pero Matteo… —respiró hondo— los desterró. No quería compartir poder. No confiaba en Tommaso.
Gianluca frunció el ceño.
Gianluca dice con acento napolitano, “Tommaso Santoro… era el padre de Alessio, ¿sí?.
—Sí —respondió Lucía con acento siciliano grave—. Y Alessio creció escuchando que Matteo le quitó lo que por derecho les correspondía. Creció con la herida… y con el odio.
Maurizio se pasó una mano por la cara.
Maurizio dice con acento siciliano, “Entonces… él no solo quiere il traffico. Él quiere la ciudad.
—Quiere il cognome —corrigió Lucía—. Quiere el apellido. Quiere demostrar que los Ferrari que quedaron en Catania… debieron ser ellos.
Shawnee silbó entre dientes.
Shawnee dice con acento sinaloense, “Pues qué bonito gen familiar se cargan, ¿no?.
Karlo no respondió. Se le veía un músculo tensarse en la mandíbula.
Pero Lucía aún no había terminado.
Lucía dice con acento siciliano, “Y no son la única rama —continuó con cautela—. También están i Venturi-Ferrari. Más tranquilitos… menos ambiziosi. Operan en Trapani. Negocios limpios y otros no tanto, pero jamás… jamás tocan il traffico di persone. Ese muchacho… Michele Venturi Ferrari… debe tener veinticinco años ya. No es como Alessio. Tiene la sangre… pero no la oscuridad.
Todos se quedaron en silencio un instante.
Gianluca habló primero.
Gianluca dice con acento napolitano, “¿Leila sabe tutto isto?
Lucía bajó la mirada.
—No —dijo con voz rota—. Matteo decidió que no era necesario que supiera… y nadie lo contradijo. Yo… —sus ojos se humedecieron— yo obedecí. Como todos.
Shawnee soltó una carcajada seca.
Shawnee dice con acento sinaloense, “Pues qué chingados hacemos, ¿eh? ¿Seguimos obedeciendo fantasmas mientras todo se cae a pedazos?
Chiara apretó los dientes.
Estaba pálida. Asustada.
Pero sabía que Shawnee, por insoportable que fuera… tenía razón.
Karlo la miró directo, con una seriedad dura.
Karlo dice con acento siciliano, “Chiara…. Leila tiene que saber. È la nostra capo. Su apellido… su sangue… su casa… están en juego. Y nosotros no possiamo protegerla de tutto.
Chiara tragó saliva.
Su pulso temblaba.
Pero su mirada empezó a afilarse.
Chiara dice con acento siciliano, “No puedo decirle todo. No ahora. Pero… Está bien. Le contaremos una parte. Lo necesario. Porque si esto es solo el principio… La van a buscar a ella.
Shawnee sonrió.
Shawnee dice con acento sinaloense, “Ora sí, princesa…. Se puso buena la cosa.
Y Lucía murmuró, mirando hacia la ventana que daba al jardín oscuro:
Lucía murmura con acento siciliano, “Se puso peligrosa, querrás decir.
Porque cuando un Ferrari se despierta…. Sicilia tiembla.
Y la mansión, como si escuchara, pareció respirar hondo. Como la casa que guarda demasiados secretos…, sabe que están a punto de abrirse.

Re: Entre sombras, vendetta y el amor.

Publicado: Mar Dic 30, 2025 5:07 am
por Larabelle Evans

Fin de año.

Catania despertaba con un cielo pálido, casi invernal, aunque el aire seguía oliendo a sal y a piedra volcánica. El Etna, cubierto de una neblina ligera, observaba en silencio como si también supiera que aquel día no era uno cualquiera.
Las camionetas estaban alineadas frente a la mansión Ferrari.
Motores encendidos. Guardias atentos. Un movimiento contenido, eficiente, sin dramatismo… pero con algo distinto flotando en el ambiente: la decisión consciente de detener la guerra por unas horas.
Chiara salió primera.
Llevaba un abrigo oscuro, el cabello recogido de forma práctica, pero los ojos —verdes, atentos— ya no tenían la rigidez de días atrás. Se detuvo un segundo en el umbral, mirando la casa como si memorizara cada detalle, por si al regresar nada fuera igual.
Chiara dice con acento siciliano, No dejes nada sin revisar. Volvemos en dos días, non di più.
Uno de los hombres asintió.
Gianluca apareció detrás de ella, más relajado de lo habitual. Sonrió al verla tan concentrada.
Gianluca dice con acento napolitano, Es fin de año, Chiara. Por unas horas… possiamo respirare.
Ella lo miró de lado.
Chiara dice con acento siciliano, Respiramos, sí. Pero con los ojos abiertos.
Gianluca rió bajo, acercándose para besarle la sien. Ese gesto sencillo, casi doméstico, valía más que cualquier promesa.
Richi salió cambiado y con una sonrisa radiante.
Richi dice con acento mexiquense, “Pus ya estoy más que puestoo. “
Karlo salió ajustándose los guantes, serio como siempre. Shawnee iba a su lado, con vaqueros, botas y chaqueta corta. No parecía una mujer que se fuera de fiesta, sino alguien que sabía moverse incluso cuando bajaba la guardia.
Shawnee dice con acento sinaloense, Pues yo digo que si no nos damos este respiro, nos vamos a romper antes de tiempo.
Karlo la miró de reojo.
Karlo dice con acento siciliano, Non ti contradigo.
Maurizio cerró la marcha, revisando el teléfono, enviando instrucciones rápidas. Todo estaba cubierto. Demasiado cubierto para un día que pretendían vivir con ligereza.
Antes de subir a la camioneta, Chiara volvió a mirar la casa.
Pensó en Leila.
Pensó en su voz por teléfono cada noche, más firme, más presente.
Chiara dice con acento siciliano, en voz baja,, Resisti ancora un poco. Ya vamos.
Las puertas se cerraron.
Las camionetas avanzaron.
Catania quedó atrás… pero no en pausa.

Autostrada italiana — rumbo a Turín.

La carretera se estiraba como una cinta gris entre colinas frías. El paisaje había cambiado: menos volcán, más niebla; menos mar, más silencio. Dentro de la camioneta principal, el ambiente era extraño… liviano y tenso al mismo tiempo, como si ninguno terminara de creerse que ese viaje no era una retirada ni una huida, sino una pausa elegida.
Chiara iba sentada junto a la ventana. Miraba pasar los túneles sin realmente verlos, el teléfono descansando en su mano.
Había hablado con Leila esa mañana.
Cinco minutos. Nada grave. Nada urgente.
Y aun así, le había quedado ese nudo dulce en el pecho que solo aparece cuando alguien que amas está volviendo a la vida.
Gianluca, al volante, rompió el silencio.
Gianluca dice con acento napolitano, Cuando lleguemos… niente lavoro. Ni una palabra de Catania.
Chiara alzó una ceja.
Chiara dice con acento siciliano, Eso lo dices ahora. A la primera llamada rara, ya estás frunciendo el ceño.
Gianluca sonrió.
Gianluca dice con acento napolitano, Prometto solo fruncirlo un poco.
Richi dice con acento mexiquense, Si tienes que relajarte un chingo wei.
Desde el asiento de atrás, Shawnee estiró las piernas.
Shawnee dice con acento sinaloense, Pues yo sí lo digo claro: voy a comer, beber, reír… y si alguien menciona rutas o cargamentos, le tiro el vino encima.
Maurizio soltó una risa breve.
Maurizio dice con acento siciliano, Eso sí sería un crimen imperdonable.
Karlo, serio pero con la mirada menos dura, intervenía poco. Tenía el teléfono apagado. Un gesto casi simbólico.
Shawnee lo miró de reojo.
Shawnee dice con acento sinaloense, ¿Y tú qué? ¿Milagro de fin de año?
Karlo dice con acento siciliano, No. Solo… necesito estar tranquilo. Aunque sea una noche.
Shawnee no respondió de inmediato. Luego asintió, más sincera de lo habitual.
Shawnee dice con acento sinaloense, Sí. Yo también.
La camioneta siguió avanzando.
Kilómetros dejando atrás una guerra que no se iba, pero que sabía esperar.

Autostrada — Norte de Italia.

El cielo se había vuelto de un gris claro, limpio, de esos que anuncian frío pero no amenaza. La camioneta avanzaba constante, y con cada kilómetro el ambiente dentro se iba soltando, como si el cuerpo entendiera antes que la cabeza que esa vez no iban a pelear.
Gianluca manejaba con una mano firme en el volante y la otra descansando cerca del cambio. Tarareaba algo bajo, una canción napolitana vieja, casi inconsciente.
Desde el asiento del copiloto, Richi estiró el cuello y miró el paisaje.
Richi dice con acento mexiquense, No mames… sí se siente bien diferente por acá, ¿eh? Todo tan… ordenadito.
Shawnee soltó una risa breve desde atrás.
Shawnee dice con acento sinaloense, Bienvenido al primer mundo, compa.
Richi ladeó la cabeza, divertido.
Richi dice con acento mexiquense, Pues mira, mientras haya comida decente y no nos estén balaceando, yo feliz.
Gianluca negó con una sonrisa.
Gianluca dice con acento napolitano, Tú siempre tan profundo, fratè.
Chiara, sentada junto a la ventana, observaba a los tres con una calma extraña. Tenía las piernas cruzadas, los brazos relajados. No estaba vigilando. No estaba anticipando. Eso, para ella, ya era un logro.
Chiara dice con acento siciliano, Leila va a estar contenta de verlos a todos juntos.
Karlo, desde el asiento trasero, respondió sin pensarlo demasiado.
Karlo dice con acento siciliano, Ella necesita esto. Gente. Risas. Vida.
Maurizio asintió.
Maurizio dice con acento siciliano, Y nosotros también.
Por primera vez desde que salieron de Catania, nadie discutió eso.
La camioneta avanzaba entre túneles y tramos abiertos de autopista. El paisaje empezaba a cambiar: menos mar, más montaña, más frío.
Gianluca bajó un poco la velocidad y cambió de carril con calma.
Gianluca dice con acento napolitano, Si todo sigue así, llegamos antes de que oscurezca.
Richi estiró los brazos, tronándose los dedos.
Richi dice con acento mexiquense, Pues ya era hora, porque mis piernas ya no sienten nada, compadre.
Shawnee iba recargada contra la ventana, mirando el paisaje sin realmente verlo. Tenía los audífonos colgados al cuello, pero no escuchaba música.
Shawnee dice con acento sinaloense, Está raro, ¿no? Irnos así… dejando Catania caliente.
Karlo la miró de reojo.
Karlo dice con acento siciliano, Por eso mismo. Si seguimos tensos, vamos a terminar rompiendo algo.
Maurizio, desde atrás, asintió.
Maurizio dice con acento siciliano, Y Leila necesita vernos tranquilos. No como soldados.
Chiara iba en silencio. Miraba el teléfono apagado entre sus manos. Pensaba en Leila. En su voz. En lo poco que le había contado… y en todo lo que aún no.
Chiara dice con acento siciliano, Si algo se mueve en Catania mientras estamos fuera, me avisan de inmediato.
Gianluca respondió sin mirarla.
Gianluca dice con acento napolitano, Sì. Pero hoy… hoy no mandas.
Chiara alzó la vista.
Gianluca la miró apenas, con media sonrisa.
Gianluca dice con acento napolitano, Hoy eres familia. No Etna.
Chiara exhaló despacio. Y no discutió.

Entrada a Turín.

Las luces de Turín aparecieron primero como un resplandor bajo, difuso, reflejado en el parabrisas. Luego, poco a poco, tomaron forma: avenidas amplias, edificios sobrios, el perfil elegante de una ciudad que no grita… observa.
Gianluca redujo la velocidad.
Gianluca dice con acento napolitano, Eccoci. Turín.
Richi se incorporó en el asiento.
Richi dice con acento mexiquense, Órale… sí se siente distinto, ¿eh? Más… fino.
Shawnee sonrió apenas.
Shawnee dice con acento sinaloense, Más caro, querrás decir.
Karlo miró por la ventana, atento, analizando rutas, reflejos, movimientos.
Karlo dice con acento siciliano, Pero tranquilo.
Chiara cerró los ojos un segundo. Cuando los abrió, el peso en el pecho había cambiado. No había desaparecido… pero era distinto.
Chiara dice con acento siciliano, Leila está aquí. Eso ayuda.
La camioneta tomó el último desvío hacia la villa.

Re: Entre sombras, vendetta y el amor.

Publicado: Jue Ene 08, 2026 6:42 am
por Larabelle Evans

El cruce.

El puerto estaba envuelto en una luz gris, opaca, como si el día no terminara de decidirse.
Las camionetas se detuvieron en fila, una detrás de la otra, frente al acceso del ferry. Los motores se apagaron casi al mismo tiempo. El silencio que quedó fue breve, roto enseguida por el sonido metálico de puertas abriéndose.
Chiara fue la primera en bajar.
Llevaba el abrigo cerrado hasta el cuello, el maletín colgado del hombro, el paso firme. Se acercó a la ventanilla del primer vehículo y habló con el conductor sin rodeos.
Chiara dice con acento siciliano, “Son dos autos. Ida directa. Aquí.”
Pagó en efectivo. Sin regatear. Sin comentarios.
El conductor asintió, acostumbrado a no hacer preguntas, y comenzó a dar indicaciones al resto.
Gianluca estiró la espalda al bajar, mirando el ferry con una mezcla de cansancio y alivio.
Gianluca dice con acento napolitano, “Ya con esto siento que estamos de regreso en casa.”
Karlo revisó que no quedara nada olvidado en la cajuela.
Karlo dice con acento siciliano, “Catania no perdona distracciones.”
Shawnee encendió un cigarro apenas puso un pie en el suelo. Aspiró hondo, mirando el agua oscura del puerto.
Shawnee dice con acento sinaloense, “El ferri siempre me pone de mal humor.”
Richi sonrió, cargando su mochila.
Richi dice con acento mexiquense, “A mí me da hambre. Siempre que veo agua me da hambre.”
Maurizio soltó una risa baja. Zoe se le colgó del brazo, observándolo todo con curiosidad inquieta.
Zoe dice con acento estadounidense, “This feels… serious. Like a movie.”
Chiara se giró hacia ellos, ya en modo operativo.
Chiara dice con acento siciliano, “Entramos juntos. Autos primero. Nadie se separa.”
Gianluca levantó una ceja.
Gianluca dice con acento napolitano, “Relájate, Vulcano. Es un ferry, no una emboscada.”
Chiara no sonrió.
Chiara dice con acento siciliano, “Precisamente.”
Avanzaron siguiendo las indicaciones del personal. El sonido de las cadenas, el chirrido de las rampas metálicas y las voces amplificadas llenaban el espacio con una cadencia mecánica.
Los dos autos subieron al ferry. Chiara supervisó todo sin parecer hacerlo. Miraba reflejos, sombras, movimientos ajenos. El hábito no se quitaba al cruzar el mar.
Cuando el motor del ferry arrancó, el suelo vibró bajo sus pies.
Zoe se acercó a la baranda, apoyando los codos.
Zoe dice con acento estadounidense, “Okay, admito que esto es kind of romantic.”
Maurizio se colocó detrás de ella, rodeándola con los brazos.
Maurizio dice con acento siciliano, “El romanticismo se acaba cuando llegamos.”
Ella rió.
Chiara se mantuvo unos pasos atrás, observando cómo la costa comenzaba a alejarse. Turín ya no estaba ahí. Solo agua entre un punto y otro.
Gianluca se le acercó, más bajo de voz.
Gianluca dice con acento napolitano, “¿Todo bien?”
Chiara tardó un segundo en responder.
Chiara dice con acento siciliano, “Ahora sí.”
No era una mentira completa. Tampoco era toda la verdad.
El trayecto en ferry se impuso como una tregua forzada. El barco, enorme y ruidoso, funcionaba como un paréntesis entre la tensión de Turín y el caos inminente de Sicilia. Los chicos se dispersaron por las cubiertas, buscando formas de matar las horas que se sentían suspendidas.
Gianluca y Karlo se instalaron en una mesa lateral, abriendo el maletín de mapas y documentos. No era una reunión formal, sino una revisión discreta, el murmullo bajo de sus acentos napolitano y siciliano mezclándose con el ruido del motor.
Gianluca dice con acento napolitano, "Los contactos de Palermo están nerviosos. Si Alessio sigue moviéndose en el centro, nos va a costar el doble recuperar la fe."
Karlo dice con acento siciliano, "La fe se recupera con sangre, no con llamadas. Pero sí, la parálisis cuesta."
Karlo marcó un par de rutas en el mapa con un bolígrafo.
Karlo dice con acento siciliano, "En cuanto toquemos Catania, activamos la ruta sur. La más lenta, pero la más segura. Nadie va a esperar que movamos todo por ahí."
Chiara se acercó a ellos, con una taza de café humeante en la mano. Se apoyó en el respaldo de la silla de Karlo, observando el mapa sin tocarlo.
Chiara dice con acento siciliano, "No solo es la ruta. Es la imagen. En cuanto lleguemos, necesitamos una señal. Algo que deje claro que Leila regresó al mando, aunque sea a distancia."
Gianluca la miró, pensativo.
Gianluca dice con acento napolitano, "¿Una reunión? ¿Un mensaje?"
Chiara negó con la cabeza.
Chiara dice con acento siciliano, "Algo más creativo. Algo que haga que los demás se pregunten si Leila está sola… o si tiene un aliado aún más fuerte."
Karlo y Gianluca intercambiaron una mirada de entendimiento ante la ambigüedad deliberada de Chiara.
Karlo dice con acento siciliano, "Pensaré en algo."
En otro sector del ferry, Richi, Zoe y Maurizio exploraban el área de juegos y máquinas expendedoras, el ambiente más ligero.
Richi dice con acento mexiquense, "¡Órale, un pinball! Hace años que no juego uno."
Zoe dice con acento estadounidense, "Let’s play! Yo soy la reina de los arcade."
Maurizio sonrió, encantado por el entusiasmo de Zoe.
Maurizio dice con acento siciliano, "Apuesto por ella."
Richi dice con acento mexiquense, "¿Apuestas? ¿Cuánto le pones a la campeona, compadre?"
Maurizio dice con acento siciliano, "Lo que ganes en la siguiente misión de Famiglia."
Richi se rió, aceptando el reto con un golpe suave en el hombro de Maurizio. El juego comenzó, el sonido de las palancas y la música electrónica llenando su pequeña burbuja. Richi falló rápido, frustrado.
Richi dice con acento mexiquense, "¡No se vale! Estas máquinas son viejas."
Zoe, concentrada, logró una puntuación altísima.
Zoe dice con acento estadounidense, "Skills, baby. No la máquina."
Maurizio le besó la nuca con afecto.
Maurizio dice con acento siciliano, "Sei la migliore."
Shawnee se había alejado de todos, recostada contra una pila de salvavidas, con el cigarro casi consumido. El viento le revolvía el cabello.
Richi, buscando un lugar más tranquilo después de la derrota en el pinball, la encontró y se le acercó con cautela.
Richi dice con acento mexiquense, "¿Todo bien, Shawnee? Te ves… aburrida."
Shawnee lo miró de reojo, sin moverse.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Aburrida no. Pensativa. El mar siempre te recuerda lo pequeños que somos."
Richi se sentó a su lado, sintiendo el frío de la cubierta.
Richi dice con acento mexiquense, "Pues sí. Pero si nos ponemos existenciales nos va a dar el bajón antes de llegar."
Shawnee dice con acento sinaloense, "¿Y por qué no admitimos que estamos tensos? El juego de la otra noche… estuvo raro."
Richi se tensó ligeramente. La referencia al juego era una cuerda que nadie quería tirar.
Richi dice con acento mexiquense, "Fue grappa, ¿no? A la gente le da por decir puras tonterías cuando le dan grappa."
Shawnee apagó el cigarro en la baranda, pensativa.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Sí. O por decir verdades sin querer. La Leila… está ciega con la Chiara. Y la Chiara… está demasiado tranquila."
Richi se puso serio, mirando el horizonte.
Richi dice con acento mexiquense, "No te metas ahí, Shawnee. Las lealtades son para siempre."
Shawnee soltó una risa seca.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Sí. Hasta que la tentación camina en traje. Como sea, me da igual. Yo solo cuido mi pellejo y el de Karlo. Y Karlo es fiel. Eso me basta."
Se levantó, dejando a Richi con el peso de su propia tensión y la imagen de Mirabella, la chica silenciosa de Ferrara, flotando en su mente.
El aire se enfrió a medida que el ferry se acercaba a Sicilia. Las luces de la costa comenzaron a brillar, primero como un hilo tenue, luego como una promesa concreta.
Los chicos se reunieron de nuevo, esta vez en los autos, preparándose para desembarcar. El ambiente había pasado de la falsa calma a la expectativa profesional.
Chiara estaba en el asiento del copiloto, revisando por última vez los mensajes.
Gianluca dice con acento napolitano, "Ya sabes, plan A hasta que la Regina diga lo contrario."
Chiara dice con acento siciliano, "Plan A. Movimiento sutil. Silencio en los medios. Presencia en la calle."
Karlo, en el auto de atrás, dio la última indicación por radio.
Karlo dice con acento siciliano, "Maurizio, tú y Zoe a la Villa. Descanso. Richi, al almacén conmigo."
Richi dice con acento mexiquense, por el radio, "Entendido. Muéstrame el camino de la acción, Karlo."
Shawnee dice con acento sinaloense, "Asegúrate de que no te dé hambre en el camino, mexicano."
Richi se rió, ya encendido por la adrenalina.
Richi dice con acento mexiquense, "No, ya no. Ahora solo me da hambre de Catania."
El ferry atracó con un golpe sordo. Las rampas chirriaron al bajar. El aire que entró a los vehículos era más denso, más familiar, con olor a sal, a puerto y a peligro.
Chiara tomó el volante del primer auto, sus manos firmes. Levantó la mirada, enfocada. El mar estaba detrás. La culpa estaba embotellada. Delante, solo estaba Sicilia.
Chiara dice con acento siciliano, "Bienvenida a casa, Famiglia. Y que el nuevo año nos encuentre en guerra."
Los dos autos rodaron hacia el caos familiar de la noche siciliana, listos para sumergirse en la oscuridad que les pertenecía.
El asfalto de Catania los recibió con un temblor seco bajo las llantas.
Nada ceremonial. Nada solemne.
Solo el peso inmediato de estar de vuelta.
El puerto quedó atrás rápido. Las luces anaranjadas se estiraron en el retrovisor como brasas cansadas. La ciudad respiraba con ese pulso irregular que Chiara conocía de memoria: demasiado viva para dormir, demasiado herida para relajarse.
—Finalmente —murmuró Gianluca desde el asiento trasero, acomodándose—. El aire aquí pesa distinto.
Chiara no respondió.
Conducía con una precisión silenciosa, esquivando tráfico, leyendo los movimientos de otros autos como si fueran frases mal dichas. No era paranoia: era oficio.
El convoy se separó en el primer cruce grande.
El auto de Karlo tomó la vía industrial.
El de Chiara giró hacia la Villa Ferrari.
La radio quedó en silencio después de un último copiato seco. No hacía falta más.
Maurizio apoyó la cabeza contra el vidrio, mirando pasar los edificios bajos, los balcones con ropa colgada, las motos que aparecían y desaparecían como peces rápidos.
Maurizio dice con acento siciliano, “Catania nunca finge ser bonita. Solo es honesta.”
Zoe sonrió, apretándole la mano.
Zoe dice con acento estadounidense, “I kinda love that.”
En el asiento trasero del otro auto, Richi iba atento, demasiado despierto para la hora.
Richi dice con acento mexiquense, “Esto sí se siente… real. Nada de jardines bonitos ni villas silenciosas.”
Karlo asintió apenas, concentrado en la ruta.
Karlo dice con acento siciliano, “Bienvenido a donde las decisiones no esperan.”
Shawnee, junto a Richi, observaba las calles con mirada afilada.
Shawnee dice con acento sinaloense, “Aquí no hay tregua. Me gusta.”
Richi la miró de reojo.
Richi dice con acento mexiquense, “Eso no es algo bueno, ¿verdad?”
Ella sonrió sin humor.
El auto de Chiara se detuvo primero frente a la Villa Ferrari.
Chiara bajó antes de que el motor se apagara del todo.
Gianluca estiró los brazos al salir.
Gianluca dice con acento napolitano, “Casa dulce casa. Y sin alcohol.”
Chiara le lanzó una mirada breve.
Chiara dice con acento siciliano, “No cantes victoria.”
Entraron.
El interior estaba en penumbra, pero vivo. Personal moviéndose en silencio, el murmullo de radios lejanos, el olor familiar a café fuerte y metal limpio.
Chiara dejó el maletín sobre la mesa central y se quitó el abrigo.
Por un segundo —solo uno— el cansancio quiso subirle a los hombros. No lo permitió.
Karlo llegó minutos después. Cruzaron miradas sin palabras. Todo seguía en su sitio.
Karlo dice con acento siciliano, “El almacén está limpio. Sin movimiento extraño.”
Chiara asintió.
Chiara dice con acento siciliano, “Bien. Que nadie se relaje.”
Gianluca se dejó caer en una silla.
Gianluca dice con acento napolitano, “Dos días fuera y ya estamos en modo guerra.”
Chiara lo miró, seria pero no dura.
Chiara dice con acento siciliano, “Nunca salimos de él. Solo cambiamos de escenario.”
Zoe observaba el espacio con curiosidad más contenida que de costumbre.
Zoe dice con acento estadounidense, “So… what now?”
Chiara se giró hacia todos. No como amiga. No como compañera de viaje. Como quien sostenía el eje mientras la Regina se preparaba para volver.
Chiara dice con acento siciliano, “Ahora descansan. Comen. Duermen. Mañana nadie llega tarde. Nadie improvisa. Y nadie habla más de lo necesario.”
Shawnee levantó una ceja.
Shawnee dice con acento sinaloense, “¿Y tú?”
Chiara sostuvo la mirada.
Chiara dice con acento siciliano, “Yo me quedo despierta.”
No era una pose. Era una promesa.
Mientras cada uno se dispersaba hacia su espacio, la casa se cerró sobre sí misma, como un animal que reconoce su territorio.
A kilómetros de ahí, Leila seguía en Turín.
Pero en Catania, el pulso ya había vuelto a latir.
Y Chiara, con el peso del secreto bien enterrado y la lealtad tensada al límite, se preparaba para sostener la línea…
aunque le costara arder por dentro.

Territorio sin eco.

La madrugada en la Villa Ferrari no era silenciosa.
Era contenida.
Había radios encendidas en cuartos lejanos, pasos medidos en los pasillos, puertas que se abrían y cerraban sin golpearse. La casa funcionaba como un organismo en alerta mínima: nada corría, pero nada dormía del todo.
Chiara estaba de pie frente a la mesa central del salón, el maletín abierto, los documentos extendidos en abanico. No se había quitado la chaqueta. El café, intacto a un lado, se había enfriado sin que lo notara.
Karlo entró sin anunciarse.
No por descortesía. Por costumbre.
Karlo dice con acento siciliano, Los hombres de Librino no contestan.
Chiara no levantó la vista de inmediato.
Chiara dice con acento siciliano, ¿No contestan… o no quieren?
Karlo se apoyó en el respaldo de una silla, cruzándose de brazos.
Karlo dice con acento siciliano, Primero lo uno. Después lo otro.
Chiara asintió apenas. Tomó un papel, lo marcó con un bolígrafo rojo.
Chiara dice con acento siciliano, ¿Y San Cristoforo?
Karlo negó despacio.
Karlo dice con acento siciliano, Mandaron a un primo. No al jefe. Eso antes no pasaba.
Chiara cerró los ojos un segundo. Solo uno. Lo justo para acomodar la irritación.
Chiara dice con acento siciliano, Apúntalo.
Gianluca apareció desde el pasillo, aún con la chaqueta puesta, el cabello revuelto por el viaje.
Gianluca dice con acento napolitano, Los del puerto preguntaron si “todavía seguimos igual”.
Chiara levantó la mirada por fin.
Chiara dice con acento siciliano, ¿Y qué les dijiste?
Gianluca se encogió de hombros.
Gianluca dice con acento napolitano, Que la Famiglia no cambia de dueño cada temporada. Pero no sonó tan convincente como antes.
Eso sí le dolió. No en el orgullo. En la estructura.
Chiara caminó hasta la ventana, apartando un poco la cortina. Afuera, el jardín estaba oscuro, apenas recortado por las luces bajas del perímetro. La villa parecía firme. Indiscutible. Pero ella sabía que las casas no se caen por fuera. Se vacían por dentro.
Chiara dice con acento siciliano, La Cosa no se está rebelando. Se está probando.
Karlo frunció el ceño.
Karlo dice con acento siciliano, ¿Probando qué?
Chiara giró.
Chiara dice con acento siciliano, Hasta dónde llega mi voz sin la de Leila detrás.
Nadie respondió.
El peso de ese nombre se quedó suspendido entre los tres.
Gianluca se pasó la mano por la cara, cansado.
Gianluca dice con acento napolitano, La gente la respeta. Pero también la teme. Y sin ella aquí… hay quienes confunden eso con permiso.
Chiara se apoyó en la mesa.
Chiara dice con acento siciliano, Entonces se lo quitamos.
Karlo levantó una ceja.
Karlo dice con acento siciliano, ¿Cómo?
Chiara no respondió de inmediato. Observó el mapa extendido. Los barrios marcados. Las rutas. Las grietas.
Chiara dice con acento siciliano, Presencia —dijo al fin—. No amenazas. No castigos. Presencia. Que nos vean. Que nos sientan. Que recuerden.
Gianluca sonrió apenas, ladeado.
Gianluca dice con acento napolitano, Eso suena a trabajo de calle.
Chiara lo miró.
Chiara dice con acento siciliano, Exacto.
Karlo dice con acento siciliano, También hubo un comentario en el mercado. Nada directo. Pero… alguien preguntó por “la chica nueva”.
Chiara se tensó. No visiblemente. Internamente.
Chiara dice con acento siciliano, ¿Qué chica?
Karlo sostuvo la mirada.
Karlo dice con acento siciliano, La que manda.
Silencio. No largo. Pero cargado.
Chiara dejó el bolígrafo sobre la mesa con cuidado.
Chiara dice con acento siciliano, Entonces ya no soy invisible.
Gianluca negó despacio.
Gianluca dice con acento napolitano, Nunca lo fuiste. Solo que ahora… te están mirando de verdad.
Chiara inhaló hondo.
Chiara dice con acento siciliano, Bien. Que miren.
Pero en su pecho, algo se tensó. No era miedo. Era memoria. Y la memoria, en su caso, nunca venía sola.

El poder prestado.

El amanecer en Catania no anunciaba guerra, pero tampoco paz.
Era esa hora gris donde la ciudad se despereza sin decidir a quién pertenece el día. Los mercados abrían a medias, los bares servían café fuerte y los hombres que aún creían en la Cosa Nostra se movían con la cautela de quien sabe que el orden existe… pero está en revisión.
Chiara salió de la Villa Ferrari en el primer coche.
El primer encuentro fue en San Giorgio, el café antiguo junto al mercado de pescado. Lugar de memoria, no de lealtades nuevas. Allí se medía quién esperaba… y quién conspiraba.
Tres hombres sentados.
Nadie se levantó.
Chiara avanzó igual.
Chiara dice con acento siciliano, Buongiorno.
Salvo R. respondió sin mirarla.
Salvo dice con acento siciliano, —Buongiorno.
Se sentó sin invitación. No por desafío, sino porque pedir permiso habría sido peor.
Chiara dice con acento siciliano, Estoy aquí por encargo de Leila Ferrari.
Ahí, el aire cambió.
Pietro Greco levantó la mirada.
Pietro dice con acento siciliano, Leila no está.
Chiara sostuvo el tono.
Chiara dice con acento siciliano, Leila se está recuperando. Y volverá.
Salvo dejó la taza en el plato con cuidado exagerado.
Salvo dice con acento siciliano, Eso no es seguro.
Chiara no reaccionó. Esperó.
Pietro se inclinó apenas hacia adelante.
Pietro dice con acento siciliano, Los negocios no esperan cuerpos heridos. Y Catania tampoco.
Chiara entendió el mensaje. No era contra ella. Era contra la ausencia.
Chiara dice con acento siciliano, No estoy aquí para cambiar nada. Solo para evitar que se rompa.
Salvo sonrió con cansancio.
Salvo dice con acento siciliano, Ese es el problema, ragazza. Aquí no se evita nada. O se manda… o se cae.
Un cuarto hombre, hasta entonces en silencio, habló desde el fondo.
—Y tú no mandas.
No fue agresivo. Fue administrativo.
Chiara giró la cabeza.
Chiara dice con acento siciliano, Administro.
El hombre negó despacio.
—Eso no existe.
Pietro intervino, casi con amabilidad.
Pietro dice con acento siciliano, Dime una cosa, Chiara. Si Leila no vuelve… ¿qué pasa?
Silencio.
Chiara no respondió de inmediato. Porque cualquier respuesta era una trampa.
Salvo continuó:
Salvo dice con acento siciliano, Porque hay sangre Ferrari disponible. Y conocida.
Ahí apareció el nombre sin ser dicho.
Chiara no cayó en la omisión.
Chiara dice con acento siciliano, Alessio Santoro Ferrari no ha sido nombrado por Leila.
Pietro se encogió de hombros.
Pietro dice con acento siciliano, La sangre no necesita nombramiento.
Otro golpe, más fino.
Chiara se inclinó apenas hacia adelante.
Chiara dice con acento siciliano, Mientras Leila viva, nadie toma su lugar.
Salvo la miró por primera vez con algo parecido a lástima.
Salvo dice con acento siciliano, Mientras Leila viva… o mientras no se case lejos.
Ese comentario no era casual.
Era una grieta abierta.
Chiara se puso de pie.
Chiara dice con acento siciliano, No vine a discutir futuros hipotéticos. Vine a recordarles el presente.
Pietro alzó la ceja.
Pietro dice con acento siciliano, El presente es frágil.
Chiara sostuvo la mirada.
Chiara dice con acento siciliano, Por eso sigo aquí.
Salió del café sin dramatismo.
Afuera, Karlo esperaba junto al coche.
Karlo dice con acento siciliano, No te quieren.
Chiara respondió sin emoción.
Chiara dice con acento siciliano, No me necesitan. Todavía.
Subió al vehículo.
Mientras avanzaban por las calles que despertaban, Chiara entendió la verdadera dimensión del problema.
No querían echarla.
Querían esperar. Esperar a ver si Leila regresaba. Esperar a ver si Turín la absorbía. Esperar a ver si el apellido correcto reclamaba lo que consideraban suyo.
Chiara no luchaba por el poder.
Luchaba contra el tiempo. Y en Sicilia, el tiempo siempre toma partido.

El apellido que no calla.

El segundo movimiento de la mañana no ocurrió en una mesa de negociación.
Ocurrió en los pasillos.
En los silencios mal colocados.
En los teléfonos que vibraron sin nombre.
En frases dichas como quien no quiere decir nada.
Chiara lo percibió al regresar a la Villa Ferrari.
No fue un informe formal. Fue peor.
Shawnee la esperaba en el comedor lateral, apoyada en la pared, café intacto en la mano.
Shawnee dice con acento sinaloense, Están hablando.
Chiara dejó las llaves sobre la mesa.
Chiara dice con acento siciliano, Siempre hablan.
Shawnee negó.
Shawnee dice con acento sinaloense, No así.
Karlo entró detrás, cerrando la puerta.
Karlo dice con acento siciliano, Palermo se está moviendo.
Chiara levantó la mirada.
Chiara dice con acento siciliano, Alessio.
No era una pregunta.
Karlo asintió.
Karlo dice con acento siciliano, No directamente. Todavía. Pero su nombre está pasando de boca en boca como si ya estuviera aquí.
Shawnee añadió:
Shawnee dice con acento sinaloense, Dicen que es cuestión de orden. Que Palermo no puede estar firme y Catania improvisada.
Chiara apretó la mandíbula.
Chiara dice con acento siciliano, No es improvisación. Es interinidad.
Shawnee soltó una risa corta, seca.
Shawnee dice con acento sinaloense, Eso explícaselo a hombres que llevan treinta años creyendo que la sangre manda más que la lógica.
Karlo se sentó.
Karlo dice con acento siciliano, Están usando el mismo discurso en tres sitios distintos. Eso no es casualidad.
Chiara caminó hasta la ventana. Afuera, el Etna se dibujaba en la distancia, quieto, como una amenaza dormida.
Chiara dice con acento siciliano, ¿Qué dicen exactamente?
Karlo respiró hondo.
Karlo dice con acento siciliano, Que Alessio Santoro Ferrari ya sostiene Palermo sin ruido. Que no busca expandirse… pero tampoco negar su responsabilidad si Sicilia lo “necesita”.
Shawnee completó la frase que nadie quería decir.
Shawnee dice con acento sinaloense, —Que tú estás aquí porque Leila te puso. Y que él estaría aquí porque nació.
Ese fue el corte real.
Chiara no se giró.
Chiara dice con acento siciliano, ¿Y de Leila?
Karlo dudó un segundo.
Karlo dice con acento siciliano, Ahí está lo más sucio.
Chiara se giró lentamente.
Chiara dice con acento siciliano, Habla.
Karlo dice con acento siciliano, Dicen que si Leila se casa en Turín… Que si se vuelve esposa antes que jefa… Entonces Catania no puede quedarse en manos prestadas.
Shawnee golpeó la mesa con la palma.
Shawnee dice con acento sinaloense, Como si el cuerpo de una mujer decidiera el mapa del poder.
Chiara cerró los ojos un instante. No por rabia. Por cálculo.
Chiara dice con acento siciliano, Alessio no ha enviado más emisarios.
Karlo negó.
Karlo dice con acento siciliano, No, Y eso es lo inteligente.
Shawnee añadió, bajando la voz:
Shawnee dice con acento sinaloense, Pero su gente sí está escuchando. Y dejando escuchar.
Chiara entendió entonces la verdadera fisura. No era Palermo contra Catania. Era espera organizada. Hombres que seguían obedeciendo órdenes… pero ya no sabían a quién pertenecían después.
Karlo se levantó.
Karlo dice con acento siciliano, Si Alessio se mueve, lo hará con Palermo firme, Catania dividida y Leila lejos.
Chiara caminó de nuevo hacia la mesa.
Chiara dice con acento siciliano, Entonces no se mueve hoy.
Shawnee arqueó una ceja.
Shawnee dice con acento sinaloense, ¿Cómo lo evitas sin enfrentarlo?
Chiara respondió sin alzar la voz.
Chiara dice con acento siciliano, No se evita. Se ralentiza.
Karlo la observó con atención.
Karlo dice con acento siciliano, Eso implica exponerte.
Chiara lo miró de frente.
Chiara dice con acento siciliano, Eso implica sostener el puesto. Como Leila me lo ordenó.
Hubo un silencio tenso.
Shawnee exhaló despacio.
Shawnee dice con acento sinaloense, Entonces esto ya no es solo mantener la casa en pie.
Chiara asintió.
Chiara dice con acento siciliano, No. Ahora es evitar que alguien venga a “ordenarla”.
Desde algún punto invisible de la isla, Palermo observaba.
Y Catania, por primera vez en años, no sabía si estaba siendo gobernada…
o simplemente custodiada hasta nuevo aviso.

Re: Entre sombras, vendetta y el amor.

Publicado: Mié Ene 14, 2026 4:33 am
por Larabelle Evans

“Bajo Porta Uzeda”

El acceso no tenía placa ni cerradura moderna. Una puerta de hierro oxidado, encajada entre dos muros de piedra volcánica, se abría hacia una escalera estrecha que descendía bajo la Pescheria de Catania, a pocos metros de Porta Uzeda. Durante el día, el ruido del mercado ocultaba cualquier movimiento. De noche, el lugar volvía a ser lo que siempre había sido.
Territorio de Cosa Nostra.
El magazzino subterráneo conservaba el olor a humedad, sal y sangre vieja. Las paredes de lava estaban marcadas con cruces casi borradas y números que solo algunos sabían leer. Allí no se levantaba la voz. Allí se decidía quién seguía respirando en la ciudad.
Chiara permanecía de pie al fondo, con el abrigo oscuro cerrado hasta el cuello. No ocupó la cabecera. No era su lugar. Todavía.
Maurizio se apoyaba a su derecha. Karlo vigilaba desde la escalera.
Pietro ya estaba sentado cuando ella llegó. Salvatore Greco y Carmine Russo tomaron asiento sin saludar.
El silencio duró lo suficiente para que todos midieran fuerzas.
Chiara dice con acento siciliano, “Leila no está muerta.”
Salvatore Greco inclina apenas la cabeza y responde con acento siciliano, “No está aquí.”
Chiara dice con acento siciliano, “Está viva. Y eso basta.”
Carmine Russo cruza las manos sobre la mesa y dice con acento siciliano, “Catania no se gobierna desde una cama en Turín.”
Chiara avanza un paso y dice con acento siciliano, “Catania se gobierna evitando que se rompa.”
Pietro sonríe sin humor y dice con acento siciliano, “Se está rompiendo igual.”
Maurizio interviene y dice con acento siciliano, “Porque algunos hablan más de Palermo que de Catania.”
Salvatore apoya el bastón contra la mesa y dice con acento siciliano, “Palermo tiene sangre Ferrari. Aquí no.”
Chiara no esquiva la frase.
Chiara Dice con acento siciliano, “Nunca he sido Ferrari. Leila lo sabía cuando me dejó a cargo.”
Carmine responde con acento siciliano, “Leila dejó un encargo. No una sucesión.”
Chiara dice con acento siciliano, “Y nadie está hablando de sucesión.”
Pietro se inclina hacia adelante y dice con acento siciliano, “Entonces expliquen por qué el nombre de Alessio Santoro Ferrari se escucha cada vez más en esta ciudad.”
El silencio se vuelve más denso.
Chiara sostiene la mirada y dice con acento siciliano, “Porque algunos creen que Catania se hereda desde Palermo.”
Salvatore responde con acento siciliano, “Se hereda desde la sangre.”
Chiara apoya la mano sobre la mesa y dice con acento siciliano, “Aquí se sostiene con territorio, hombres y control.”
Carmine frunce el ceño y dice con acento siciliano, “Control frágil.”
Chiara dice con acento siciliano, “Más frágil será si empiezan a negociar futuro a espaldas de esta mesa.”
Pietro golpea suavemente la madera con los dedos y dice con acento siciliano, “¿Nos estás dando órdenes?”
Chiara responde sin elevar la voz y dice con acento siciliano, “Estoy marcando un límite.”
Pietro golpea la madera con más fuerza y dice con acento siciliano, "Los límites los pone la Regina, no su encargo."
Salvatore se inclina y dice con acento siciliano, "La aduana de Messina está bloqueada. El puerto está pidiendo garantías que antes no existían. Y el dinero no fluye. Si Leila no da soluciones, ¿quién las da?"
Chiara, con el tono de quien administra un hecho y no un rumor, dice con acento siciliano, "Messina está aplicando manuales de seguridad obsoletos, no nuevos. Es un desgaste burocrático, orquestado. Un ataque de papel, no de balas."
Carmine Russo dice con acento siciliano, "¿Y la solución?"
Chiara dice con acento siciliano, "Desviamos la mercancía por Trapani. Es más largo, sí. Pero Messina no nos ahoga. La ruta ya está activa. Los pagos se honrarán, pero se retrasarán en la contabilidad. No es una pérdida, es una espera."
Pietro la mira fijamente, buscando una grieta.
Pietro dice con acento siciliano, "Eso es admitir debilidad. Moverse es reconocer que el otro golpeó primero."
Chiara dice con acento siciliano, "La guerra se gana con movimientos, no con terquedad. Leila no quiere una guerra civil por un puerto. Quiere estabilidad. El que quiera la guerra, tendrá que pagarla con su propia sangre. Y no será la nuestra."
Maurizio, al lado de Chiara, reafirma con voz grave.
Maurizio dice con acento siciliano, "Quien intente un movimiento en falso, sabrá que la Famiglia sigue aquí. Y el precio por la traición no ha cambiado."
Salvatore Greco sonríe con frialdad.
Salvatore dice con acento siciliano, "Es fácil hablar de precios cuando la moneda que usas no es tuya, ragazza."
Chiara lo mira de frente, sin pestañear. Es el momento de la estocada.
Chiara dice con acento siciliano, "La moneda es la misma que usaba Matteo. Y es la misma que Leila usará al volver. Y si alguno de ustedes decide apostar su cabeza en esa espera, será su problema."
Carmine dice con acento siciliano, "¿Y si la espera es más larga de lo que crees? ¿Si el señor Mássimo Martini la ata a su lado en Turín?"
Ese comentario es un golpe directo. Un dardo bien dirigido al corazón de la lealtad y el secreto.

Chiara se tensa imperceptiblemente. El recuerdo del despacho, del beso, del acto, la quema por dentro. Pero su voz es de hielo.
Chiara dice con acento siciliano, "La unión de Leila Ferrari y Mássimo Martini fortalece la Famiglia, no la debilita. Turín y Catania son ahora dos ejes. El que piense lo contrario… es un estúpido. Y los estúpidos no duran en esta mesa."
Se inclina sobre la mesa, apoyando ambas manos, su rostro a la vista de todos.
Chiara dice con acento siciliano, "Alessio solo es fuerte porque ustedes le dan oxígeno. El día que ustedes dejen de temblar ante su nombre, Alessio volverá a ser solo el primo de Palermo. La elección es suya. O esperan la orden de la Regina, y sostienen la ciudad. O le dan una excusa para volver antes… y con sangre."
Pietro se recostó en su silla, evaluando el riesgo. La amenaza indirecta de Leila era más poderosa que cualquier orden de Chiara.
Pietro dice con acento siciliano, "El mensaje está claro. Esperaremos."
Salvatore y Carmine asintieron a regañadientes.
Salvatore dice con acento siciliano, "Solo esperamos que el mensaje de Leila llegue pronto. La paciencia tiene un límite, Chiara."
Chiara asintió.
Se puso de pie, terminando la reunión. Sin despedidas. Sin formalidades.
Chiara dice con acento siciliano, "Maurizio, Karlo. Nos vamos."
Salió del magazzino, dejando a los hombres con el peso de su propia ambición.
Mientras subían la escalera, el olor a pescado del mercado nocturno se hizo más fuerte, cubriendo el rancio aroma del secreto.
Karlo dice con acento siciliano, "Fue un buen golpe. Pero la grieta está abierta."
Chiara dice con acento siciliano, "Lo sé. Pero les dimos algo que Alessio no puede darles: la certeza de que Leila regresará. Y eso, por ahora, nos compra tiempo."
Maurizio dice con acento siciliano, "¿Cuánto tiempo?"
Chiara dice con acento siciliano, "Hasta que el deseo de Leila de volver sea más fuerte que su necesidad de sanar."
Pero en su mente, la pregunta era más cruel: ¿Hasta que el deseo de Mássimo de que se quede sea más débil que el miedo a perderla? Y en ese pensamiento, la culpa la ahogó.
La guerra en Catania acababa de empezar. Y el primer frente de batalla no estaba en la calle, sino en la conciencia de la mujer que intentaba gobernar con un corazón en llamas.

“El precio del silencio”

La noche de Catania no había terminado cuando el primer aviso llegó.
Chiara aún no había cruzado el arco de Porta Uzeda cuando el teléfono vibró dentro del abrigo. No lo sacó de inmediato. Esperó a que el grupo se dispersara, a que los pasos de Salvatore y Carmine se perdieran hacia direcciones distintas, como siempre hacían los hombres que no querían ser vistos juntos.
Maurizio fue el primero en hablar.
Maurizio dice con acento siciliano, “No esperaron ni una hora.”
Chiara sacó el teléfono y respondió sin saludar.
Chiara dice con acento siciliano, “Habla.”
La voz de Angelo, tensa, llegó desde el otro lado de la ciudad.
Angelo dice con acento siciliano, “El almacén de San Cristoforo está cerrado. No por la policía. Por los propietarios.”
Chiara frunció apenas el ceño.
Chiara dice con acento siciliano, “Ese almacén es nuestro desde hace quince años.”
Angelo responde con acento siciliano, “Lo era. Esta noche cambiaron de idea. Dijeron que el contrato se revisa. Que hay presiones.”
Karlo escupió al suelo.
Karlo dice con acento siciliano, “Presiones no nacen solas.”
Chiara caminó unos pasos más, alejándose del grupo, y bajó la voz.
Chiara dice con acento siciliano, “¿Mercancía dentro?”
Angelo responde con acento siciliano, “Dos camiones. Congelados. Si no salen antes del amanecer, perdemos el lote.”
Chiara cerró los ojos un segundo.
No era un ataque frontal. Era peor. Era desgaste.
Chiara dice con acento siciliano, “No muevas nada. Voy en camino.”
Cortó la llamada y marcó otro número, uno que solo usaba en casos extremos. Tardaron en responder.
Leila atiende desde Turín. Su voz es baja, cansada, pero alerta.
Leila dice con acento siciliano, “¿Qué pasó?”
Chiara no adornó nada.
Chiara dice con acento siciliano, “La reunión fue más dura de lo esperado. Y ya están golpeando.”
Leila guarda silencio unos segundos.
Leila dice con acento siciliano, “¿Dónde?”
Chiara dice con acento siciliano, “San Cristoforo. Almacén secundario. Ataque contractual. Nadie dispara, nadie mancha las manos.”
Leila exhala despacio.
Leila dice con acento siciliano, “Entonces no es Palermo directamente.”
Chiara dice con acento siciliano, “No. Es Catania probando cuánto aguanto.”
Maurizio se acercó lo suficiente para escuchar.
Maurizio dice con acento siciliano, “Esto viene de adentro.”
Chiara asintió, aunque Leila no podía verla.
Chiara dice con acento siciliano, “Quieren que me mueva. Que cometa un error. Que parezca improvisación.”
Leila dice con acento siciliano, “¿Y tú qué vas a hacer?”
Chiara miró la calle, los puestos cerrados del mercado, los charcos oscuros que reflejaban luces amarillas.
Chiara dice con acento siciliano, “Nada espectacular. Eso es lo que esperan.”
Leila guarda silencio otra vez. Cuando habla, su voz es firme.
Leila dice con acento siciliano, “Chiara, escucha bien. No intentes gustarles. No intentes convencerlos. Mantén la estructura. Aunque cruja.”
Chiara apretó el teléfono.
Chiara dice con acento siciliano, “No me odian por lo que hago. Me odian por lo que no soy.”
Leila responde sin dudar.
Leila dice con acento siciliano, “Te odian porque no te han visto caer.”
Un ruido metálico interrumpió la conversación. Un camión detenido más adelante, con las luces apagadas. Karlo lo señaló.
Karlo dice con acento siciliano, “Ese no debería estar ahí.”
Antes de que Chiara respondiera, el teléfono volvió a vibrar. Otro aviso. Otro punto rojo en el mapa mental.
Chiara dice con acento siciliano, “Habla.”
Angelo dice con acento siciliano, “El taller de Librino canceló el pedido. Dicen que van a trabajar solo con Palermo este trimestre.”
Chiara cerró los ojos.
Dos golpes. Coordinados. Sin violencia visible.
Chiara dice con acento siciliano, “Esto ya no es prueba. Es mensaje.”
Leila lo entiende al instante.
Leila dice con acento siciliano, “Quieren que parezca que pierdes control.”
Chiara dice con acento siciliano, “Quieren que yo misma admita que no puedo sostener esto.”
Leila baja la voz.
Leila dice con acento siciliano, “No lo hagas.”
Chiara se detuvo. El viento le trajo olor a mar y basura. Catania, cruda, despierta incluso de noche.
Chiara dice con acento siciliano, “No puedo quedarme quieta, Leila.”
Leila responde, dura.
Leila dice con acento siciliano, “Puedes. Y debes. El que se mueve primero, pierde. Déjalos mostrar la mano.”
Chiara apretó los labios.
Chiara dice con acento siciliano, “Están tocando negocios que dan de comer a demasiada gente.”
Leila dice con acento siciliano, “Y tú vas a pagarles igual. Aunque pierdas hoy. Porque eso es poder.”
Chiara cerró los ojos. Sabía que Leila tenía razón. Y la odiaba un poco por ello.
Chiara dice con acento siciliano, “Alessio no ha dicho nada. Eso es lo peor.”
Leila responde con frialdad.
Leila dice con acento siciliano, “Alessio no necesita hablar. Está dejando que otros te prueben.”
Un silencio pesado se instaló entre ambas.
Chiara dice con acento siciliano, “Si caigo, Catania se parte.”
Leila responde sin vacilar.
Leila dice con acento siciliano, “No vas a caer. Pero vas a sangrar. Y ellos necesitan verlo.”
Chiara abrió los ojos. La determinación se endureció.
Chiara dice con acento siciliano, “Entonces que sangren conmigo.”
Leila baja la voz, casi un susurro.
Leila dice con acento siciliano, “No te conviertas en lo que esperan que seas.”
Chiara colgó sin despedirse. No por frialdad. Por necesidad.
Se giró hacia Maurizio y Karlo.
Chiara dice con acento siciliano, “Pagamos a San Cristoforo. Hoy. Aunque perdamos. Y el taller de Librino se queda sin protección esta semana.”
Maurizio la miró con sorpresa.
Maurizio dice con acento siciliano, “Eso es dejarlos expuestos.”
Chiara asintió.
Chiara dice con acento siciliano, “Quieren ver debilidad. Les voy a mostrar costo.”
Karlo sonrió apenas.
Karlo dice con acento siciliano, “Eso va a doler.”
Chiara miró hacia el Etna, invisible pero presente.
Chiara dice con acento siciliano, “Esto ya no es sostener Catania. Es enseñarle a recordar quién paga cuando juega con fuego.”
Y mientras el alba empezaba a insinuarse sobre la ciudad, Chiara entendió algo con claridad brutal:
el verdadero ataque no era perder dinero.
Era resistir sin volverse frágil antes de tiempo.
La guerra seguía siendo silenciosa.
Pero ya no era invisible.

Re: Entre sombras, vendetta y el amor.

Publicado: Jue Ene 15, 2026 4:47 am
por Larabelle Evans

"Preparación de Vulcano"

Punto de vista: Chiara.



La noche en la Villa Ferrari, lejos de apaciguarse, se tensó con la noticia.
Chiara reunió al círculo más íntimo en el comedor principal. No era la sala de juntas, sino el corazón de la casa. Lucia, la anciana nona de Leila, estaba sentada en la cabecera, con los brazos cruzados y una expresión de dulce expectación. Gianluca, Karlo, Maurizio, Shawnee, Zoe, Piero y Angelo la rodearon. La luz baja acentuaba la seriedad en el ambiente.
Lucia fue la primera en hablar, con su acento siciliano ancestral.
Lucia dice con acento siciliano, "¿Ya viene mi piccolina? Le haré su sopa favorita. Y le haré compañía. Ha estado muy sola." La preocupación maternal de la mujer era palpable, ajena a las intrigas de la Cosa Nostra.
Chiara le sonrió con afecto sincero.
Chiara dice con acento siciliano, "Sí, Nonna. Viene. Y necesita de tus mimos más que nunca. Pero esto es un secreto, por ahora. ¿Me lo prometes?"
Lucia asintió, llevándose un dedo arrugado a los labios.
Lucia dice con acento siciliano, "La boca de la nona es un pozo. No te preocupes."
Chiara se giró hacia el resto, y su tono cambió de repente, volviéndose la Vulcaneza de Catania.
Chiara dice con acento siciliano, "Leila llega pasado mañana, antes de medianoche. El viaje se ha adelantado."
La noticia cayó como un jarro de agua fría.
Gianluca, que había estado recostado, se enderezó de golpe.
Gianluca dice con acento napolitano, "¿Pasado? ¡Eso es rápido! ¿Está lista?" La preocupación por el estado de su amiga era genuina.
Karlo, el más pragmático, consultó el reloj de pulsera.
Karlo dice con acento siciliano, "Necesitamos activar la logística en dos fases. Roma es el punto de quiebre. ¿Quién la espera allí?"
Shawnee, siempre enfocada en la amenaza, sonrió con dientes afilados.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Me gusta. El que golpea primero, golpea dos veces. Esto le va a joder el plan a Alessio."
Maurizio, sentado junto a Zoe, asintió con una quietud peligrosa.
Maurizio dice con acento siciliano, "El barrio estará listo. Pero no debe haber fanfarria. Una llegada tranquila es un mensaje más fuerte que un desfile."
Zoe, la única ajena a las formalidades, sintió la adrenalina.
Zoe dice con acento estadounidense, "¡Esto es la parte sneaky! Me encanta. ¿Puedo ayudar a vigilar la ruta? Soy muy buena con las computadoras."
Piero y Angelo, los hombres de confianza en la estructura de calle, se limitaron a asentir, esperando órdenes.
Piero dice con acento siciliano, "¿Cómo la recibimos en Catania? El aeropuerto estará vigilado."
Chiara golpeó suavemente la mesa con un bolígrafo, atrayendo la atención.
Chiara dice con acento siciliano, "La llegada será por mar. El puerto de Pozzallo. Un coche de incógnito hasta aquí. Sin caravana, sin hombres armados a la vista. Quiero que Alessio se entere cuando ya esté sentada en esta silla."
Gianluca dice con acento napolitano, "¿Y el personal de la casa? ¿Lucia?"
Chiara dice con acento siciliano, "Lucia la mimará sin hacer preguntas. El personal de servicio… se mantiene en la oscuridad. Nadie debe saber la hora exacta. Solo que pasado la Regina está de vuelta."
Chiara miró a Karlo, dándole la responsabilidad.
Chiara dice con acento siciliano, "Karlo, organiza la ruta de Roma al puerto. Un equipo mínimo. El más silencioso. Necesito que se muevan como fantasmas. Nada de rastreo, nada de teléfonos en el tramo final."
Karlo dice con acento siciliano, "Me encargo."
Chiara miró a Piero y Angelo.
Chiara dice con acento siciliano, "Ustedes activan la red de alerta de calle. Los oídos. Quiero saber quién está nervioso y quién está actuando con arrogancia. Pero nadie actúa hasta que Leila dé la orden."
Piero y Angelo asintieron.
Chiara se dirigió a Shawnee.
Chiara dice con acento siciliano, "Shawnee, mantente lista para el caos. Cuando Alessio reaccione, lo hará con violencia. Necesito que tú y Karlo tengan el Plan C logístico preparado para contrarrestar."
Shawnee sonrió.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Ya estaba lista."
La reunión terminó tan rápido como empezó. El silencio se llenó de la energía del secreto compartido. Todos se levantaron, sabiendo que la tregua había terminado.
Chiara se quedó en el comedor, sintiendo el pulso de la casa. El regreso de Leila no era el final de la batalla; era el inicio de la guerra. Y ella, debía ser el escudo que la protegiera.

El Cuento de la Lealtad Rota.


Chiara se quedó de pie en el comedor, sintiendo el vacío que dejaba la partida del círculo íntimo, un vacío que su propia tensión llenaba. La Villa Ferrari, que antes había sido un refugio de la calma prestada de Turín, ahora se sentía como un búnker listo para el asedio.
Se sirvió un vaso de agua, pero no lo bebió.
La inminente llegada de Leila se erigía como un faro en la oscuridad. Una alegría punzante la atravesó: ver a su sorellina de vuelta, fuerte, lista para reclamar su trono. Era la realización de meses de trabajo, de protección silenciosa, de sacrificios. Leila regresaría con una fuerza renovada, sin el peso del pasado, lista para ser la Regina que Catania necesitaba. Este pensamiento era un alivio tan profundo que por un instante la culpa se disolvió.
Pero entonces, el recuerdo, como una marea oscura, regresó.
No eran solo imágenes, eran sensaciones: el sabor de la grappa mezclado con el aliento de Mássimo, el frío de la mesa contra su espalda contrastando con el fuego de la posesión, el gemido ahogado que no pudo contener. La voz ronca de él: "¿volverá a ocurrir, verdad?." Su propia respuesta, entregada, desafiante: "Sí. Volverá a ocurrir, Mássimo. Porque tú no terminaste."
El recuerdo no era dulce ni romántico. Era brutal y urgente. Un accidente ardiente que había profanado el único puerto seguro de su vida: su lealtad inquebrantable a Leila.
Se llevó una mano al cuello, sintiendo una quemazón invisible.
La traición no era solo un acto físico; era la demolición de un santuario. Leila no solo era su amiga. Era su familia elegida, el ancla que la sacó de un abismo cuando perdió a sus padres. Chiara recordó los años de silencio, el dolor sordo, hasta que Leila la tomó bajo su ala. La disciplina en el entrenamiento se mezclaba con el cariño paciente; Leila no solo la había hecho fuerte, la había hecho digna de esa fuerza. Le había enseñado a canalizar el volcán, no a ignorarlo.
Y ella,Etna, había tomado el arma más preciada de Leila—su futuro, su hombre, su estabilidad—y la había usado para saciar una sed estúpida, animal.
Gianluca, el napolitano que la quería sin pedirle ser menos, que la veía completa, sin desear domarla. A él le había fallado con el cuerpo.
A Leila le había fallado con el alma.
El peso era insoportable. En esos minutos de locura en el despacho, Chiara no solo había deshonrado su relación, había insultado el pacto sagrado que las unía. Se había colocado en la categoría de los enemigos que juró combatir: aquellos que usan la debilidad ajena para obtener ventaja.
Chiara se odió por la facilidad con la que su deseo había superado la moral. Se había mentido a sí misma: no fue un accidente, fue una elección consentida. Y el precio de ese secreto ahora se fusionaba con el precio de sostener Catania. Ambos eran un mismo yugo.
Se acercó a la ventana y miró hacia la oscuridad de la calle, donde el silencio escondía la red de espías y conspiradores. Alessio quiere que me mueva y cometa un error. El problema no era Alessio. El problema era ella. Porque el mayor error ya estaba cometido, y no en Catania.
La mano de Chiara apretó el borde de la mesa, sus nudillos se volvieron blancos. No había consuelo en el recuerdo de Mássimo. Había una dependencia química, un veneno que ella había bebido voluntariamente. Lo que sentía no era amor, ni siquiera un deseo tierno. Era la memoria de ser poseída por una fuerza que respetaba—y temía—más que a sí misma.
El recuerdo de sus manos firmes en su cadera, de su voz baja y turinesa declarando "acávo de probar de tu piel", no era una fantasía erótica; era la evidencia de una vulneración profunda. Mássimo no la había amado en ese despacho. La había marcado. Había actuado como el depredador que era, y ella, Etna, había caído con una facilidad humillante.
Y lo peor era el hambre que esa marca le había dejado.
El deseo por él se había anclado en un lugar oscuro: el reconocimiento de que él era el único hombre que no intentaba domesticarla. Leila la amaba con protección. Mássimo, en esos siete minutos, la había confrontado con la misma ferocidad indomable que ella llevaba dentro. Había hecho estallar su control, y ese caos, por terrible que fuera, se sentía más honesto que la paz forzada que mantenía en Catania.
Chiara se odió por necesitar esa brutalidad. Se odió por el temblor que le recorría el cuerpo al recordar cómo su propia voluntad se había disuelto ante la de él. La sorellina de Leila, la leal, la fuerte, se había convertido en una adicta a un contacto prohibido.
Si Alessio la descubría, si el Consiglio lo sabía, la humillación no sería por el acto, sino por la debilidad que revelaba. La Regina de Catania había huido a Turín para sanar. Su encargada Etna, había usado esa ausencia para traicionar.
Se apartó de la mesa. El agua en el vaso, al chocar, la devolvió a la realidad.
Leila regresa mañana.
Esa certeza le cortó la respiración. Iba a recibir a su hermana con un secreto que era dinamita bajo los cimientos de la Famiglia.
¿Qué hacer? ¿Confesar?
La idea era absurda. La confesión no la redimiría; destruiría a Leila en un momento crítico. Leila no solo perdería a Mássimo, perdería la fe en la única persona que le quedaba, la única que juró protegerla. Sería la victoria definitiva para Alessio, un caos emocional que desintegraría el eje de poder.
Confesar era impensable. La lealtad no era un sentimiento; era una estructura. Y esa estructura no podía colapsar. La culpa no era un lujo que la Vulcaneza podía permitirse. Debía ser canalizada.
Chiara tomó una decisión con la frialdad de quien sella una tumba.
La única redención posible no estaba en el arrepentimiento, sino en el sacrificio. Si no podía purgar el secreto, entonces lo sellaría con sangre. Con su propia sangre, si era necesario, pero por ahora, con la sangre de los enemigos de Leila.
Se giró hacia el centro del comedor, donde antes se había sentado el círculo de poder. El desorden en su alma contrastaba con el orden que impondría en la ciudad.
La adicción se combate con otra adicción. Y su adicción original no era Mássimo. Era el control.
Chiara se dirigió al despacho lateral de la Villa Ferrari, el centro neurálgico de la estrategia en Catania. Llamó a Karlo y Maurizio por radio, con una voz que no admitía debate.
Chiara dice con acento siciliano, "Reunión de seguridad. Ahora. En el despacho. Y despierten a Shawnee."
Cinco minutos después, el equipo estaba reunido. Las ojeras por la falta de sueño eran visibles en todos, pero la tensión en el ambiente era eléctrica.
Chiara no se sentó. Se apoyó contra el borde del escritorio, su figura una sombra oscura contra la tenue luz del mapa extendido.
Chiara dice con acento siciliano, "El juego de Alessio terminó."
Karlo dice con acento siciliano, "¿A qué te refieres? Leila llega pasado mañana. Debemos mantener el perfil bajo."
Chiara dice con acento siciliano, "No lo hará. Alessio espera que sigamos en modo defensivo: pagando multas y esperando. Yo voy a darle un mensaje antes de que la Regina pise la isla."
Shawnee sonrió, a pesar de la hora.
Shawnee dice con acento sinaloense, "¿Mensaje? ¿De qué tipo, Etna?"
Chiara la miró. Sus ojos verdes eran pura obsidiana.
Chiara dice con acento siciliano, "Quieren que Catania dude de su propia fuerza. Yo voy a recordarle a Palermo que Catania es un volcán. Y que un volcán no negocia. Explota."
Maurizio dice con acento siciliano, "¿Un golpe? ¿Justo ahora?"
Chiara asintió lentamente.
Chiara dice con acento siciliano, "No un golpe de guerra. Un golpe quirúrgico. Algo que rompa el eje de Alessio en Palermo sin que él pueda culpar directamente a Leila."
Karlo se acercó al mapa, sus instintos de estratega activados.
Karlo dice con acento siciliano, "¿Dónde tiene su punto más débil?"
Chiara trazó una línea firme con el bolígrafo.
Chiara dice con acento siciliano, "No es el puerto. No es la distribución. Es la infraestructura que lo sostiene. El negocio de las licencias y la construcción en el oeste de Palermo. El hombre que lo administra, Turi Giammarco, es su columna vertebral financiera. Y es arrogante."
Shawnee dice con acento sinaloense, "Turi. Lo conozco. Un cerdo. Demasiado público. Demasiado limpio."
Chiara dice con acento siciliano, "Eso es lo que lo hace vulnerable. No podemos disparar. No podemos quemar. Eso es lo que él esperaría de mí. Pero podemos vaciarlo."
Karlo dice con acento siciliano, "¿Cómo vacías una compañía de construcción en dos días?"
Chiara dice con acento siciliano, "Su contrato más grande: la rehabilitación del barrio antiguo en la costa. Un proyecto que vale cien millones de euros. Si ese contrato se disuelve por una 'irregularidad' insalvable, Turi colapsa. Y con él, la liquidez de Alessio se congela."
Maurizio preguntó, su voz grave.
Maurizio dice con acento siciliano, "¿Y cómo lo disolvemos sin dejar rastro?"
Chiara se inclinó sobre el mapa, su respiración se aceleró levemente, no por miedo, sino por el placer sádico del control total. La culpa se convertía en adrenalina pura.
Chiara dice con acento siciliano, "Turi ha estado usando materiales de construcción de segunda mano para aumentar sus márgenes. Un riesgo de seguridad. Un riesgo que el ayuntamiento de Palermo, convenientemente 'notificado', no podrá ignorar."
Shawnee sonrió, entendiendo el veneno.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Un chivatazo perfecto. Legalmente limpio. Políticamente sucio."
Chiara dice con acento siciliano, "Exacto. Karlo, necesito que actives a los contactos 'neutrales' en Palermo. El mensaje debe llegar como un rumor de preocupación civil, no como un ataque de la Famiglia. Que parezca que la corrupción de Turi fue descubierta por la prensa."
Karlo asintió, su mente ya en la logística.
Karlo dice con acento siciliano, "Tardaré doce horas en tejer la red sin que se vea el hilo."
Chiara dice con acento siciliano, "Tienes diez. Shawnee, prepara un equipo para moverse a Palermo en cuanto Karlo dé la señal. Tu objetivo no es Turi. Es garantizar que el ayuntamiento actúe. Quiero que el proyecto se detenga de manera oficial en veinticuatro horas."
Shawnee dice con acento sinaloense, "Con gusto."
Maurizio preguntó, con la mirada fija en Chiara.
Maurizio dice con acento siciliano, "¿Y si Alessio nos rastrea? Esto es arriesgado. Si Leila regresa y sabe que actuamos sin su permiso..."
Chiara lo interrumpió con una intensidad helada. El sacrificio de su propia paz mental se convertiría en el escudo de Leila.
Chiara dice con acento siciliano, "Alessio me rastreará a mí. Él no estará buscando a Leila. Me está buscando a mí. Y yo soy la que voy a pagar. No la Famiglia. No la Regina. Si este golpe funciona, Alessio se detendrá en su avance a catania. Si no funciona... yo asumo la responsabilidad.
No hubo sentimentalismo. Solo una promesa brutal. Su penitencia sería su trabajo. Su redención, el éxito de Leila. El fuego del despacho se extinguiría en el caos de Palermo.
Chiara se enderezó. El vaso de agua, aún intacto, reflejaba la luz.
Chiara dice con acento siciliano, "Activen el plan. Ahora."
La tormenta en el alma de Chiara no se había aplacado. Simplemente había encontrado una salida. El veneno de la adicción a Mássimo se transformaría en el arma más fría: el control absoluto sobre la destrucción. Y en ese control, en ese fuego de la guerra, esperaba, desesperadamente, ahogar el recuerdo del fuego prohibido.

Re: Entre sombras, vendetta y el amor.

Publicado: Jue Ene 29, 2026 5:26 am
por Larabelle Evans

El Cuidado en la Oscuridad.

Punto de vista: Chiara.

En el dormitorio de Chiara, la lucha contra la infección continuaba. Gianluca no se había movido de su lado. Había comido y bebido solo lo indispensable, y el agotamiento marcaba líneas oscuras bajo sus ojos, pero su presencia era una vigilia inquebrantable.
Chiara había respondido al antibiótico, al menos en parte. El sudor frío había empapado las sábanas, y su color ya no era el carmesí alarmante de las noches anteriores, sino un blanco pálido y enfermizo. La fiebre había bajado, manteniéndose en unos inestables 38.5°C, un signo de que el cuerpo estaba peleando, pero la congestión en su pecho era un sonido bronco y preocupante. Cada respiración era superficial y laboriosa.
Gianluca le ofrecía el cuenco de caldo de verduras que Leila había dejado, sorbo a sorbo, ayudándola a mantenerse hidratada.
Chiara abrió los ojos, su mirada ya no estaba vidriosa, sino consciente. Vio la expresión de preocupación y el cansancio en el rostro de Gianluca.
Chiara dice con acento siciliano, con voz ronca: "¿Qué día es?"
Gianluca dice con acento napolitano, limpiándole el sudor de la sien con la toalla, "Lunes. El ciclón se fue, amore. Y te estás quedando conmigo."
Ella asintió, intentando respirar profundamente, un esfuerzo que terminó en una tos seca y dolorosa que la hizo jadear.
Gianluca se inclinó, sosteniéndola para que no se esforzara. Su tacto era suave, lleno de una ternura que contrastaba con su fuerza habitual.
Gianluca dice con acento napolitano, "Despacio, Chiara. Respira desde el vientre. Necesitas el aire."
Chiara lo miró. La culpa por su traición, adormecida por la fiebre, se manifestaba ahora como una necesidad imperiosa de reafirmar su amor.
Chiara dice con acento siciliano, en un susurro entrecortado: "Te amo. No... no lo olvides nunca. Te amo."
Gianluca sonrió apenas, su rostro grave.
Gianluca dice con acento napolitano, "Lo sé, zucchero. Y yo te amo a ti. Y vas a estar bien. Pero tienes que ayudarme."
Chiara intentó moverse para besarlo, un gesto que la dejó sin aliento.
Chiara dice con acento siciliano: "No te vayas, amore."
Gianluca la besó suavemente en la frente, un contacto largo y tranquilizador. "No me voy. Estoy aquí."
Leila subió al mediodía. Llevaba ropa limpia, pero sus ojos reflejaban la tensión acumulada por la falta de sueño. En el pasillo, se cruzó con Zoe, que salía con la ropa sucia de Chiara.
Zoe dice con acento estadounidense, en voz baja: "La fiebre cedió un poco, pero la respiración… Maurizio dice que no tiene buen sonido. No es solo un resfriado, Leila."
Leila asintió, su rostro severo.
Entró en el cuarto. Gianluca estaba de pie, mirando el ventanal cubierto de suciedad y ramas.
Leila dice con acento siciliano, sin preámbulos: "¿Cómo está?"
Gianluca dice con acento napolitano: "Lucha para quedarse consciente. Responde, pero la oyes respirar y sabes que hay algo ahí abajo. Necesita un hospital, Leila."
Leila se acercó a la cama. Tocó la frente de Chiara: caliente, pero no hirviendo. La observó. La palidez, la respiración superficial, el murmullo de flema en sus pulmones. No necesitaba un médico para saberlo.
Leila dice con acento siciliano: "El agua en la Vía Etnea todavía está demasiado alta. Un viaje al hospital en estas condiciones es más peligroso que quedarse."
Leila se giró hacia Gianluca, su voz más suave.
Leila dice con acento siciliano: "Vamos a tener que ser el hospital. Necesito que la mantengas sentada, que respire en posición vertical. Sopa cada dos horas y la segunda dosis de amoxicilina en una hora. Voy a mandar a Maurizio a buscar un nebulizador si puede cruzar la Piazza Duomo."
Chiara abrió los ojos al escuchar la palabra "nebulizador".
Chiara dice con acento siciliano, con dificultad: "No... no envíes a nadie afuera. Es peligroso."
Leila se inclinó sobre la cama.
Leila dice con acento siciliano: "No eres tú la que da las órdenes ahora, sorellina. Y la orden es que te recuperes. Descansa."
Chiara se esforzó por levantar la mano y alcanzar la mejilla de Leila.
Chiara dice con acento siciliano, "los amo. A ti y a él. Cuídense."
Leila cerró los ojos por un instante. "Descansa, Chiara."
La Rutina de la Supervivencia
El resto del día transcurrió en una rutina agotadora. La Villa se había convertido en un micro-mundo autosuficiente.
Los evacuados seguían en el gran salón. Zoe y Shawnee, con la ayuda de mujeres de la comunidad, organizaron turnos de limpieza. Los niños jugaban con los pocos juguetes que habían logrado rescatar, supervisados por la Nonna Lucía. La tarea principal era mantener la higiene para evitar enfermedades.
Karlo dirigió a los hombres en la remoción de escombros en los jardines. El ruido sordo de los esfuerzos de limpieza era el único sonido que rompía el silencio post-ciclón. El enfoque era la supervivencia.
Maurizio logró cruzar la Vía Etnea a pie, evadiendo la vigilancia policial. Regresó al caer la tarde, empapado, pero con dos cajas: un nebulizador a batería y antibióticos de amplio espectro.
Gianluca, con la ayuda de Zoe, administró el tratamiento a Chiara. El nebulizador era ruidoso en la calma del cuarto, pero el rostro de Chiara se relajó visiblemente después del primer uso. Él se sentó a su lado, sosteniendo el tubo y leyendo los informes de Karlo para mantenerse ocupado. Ella, a intervalos regulares, le recordaba cuánto lo amaba.
Leila se quedó en el gran salón hasta medianoche, sirviendo la última ronda de sopa, asegurando las puertas y verificando las reservas de agua. La falta de electricidad era un lastre psicológico. En la penumbra de las luces de emergencia, se dirigió a Shawnee, que estaba a cargo del turno de noche.
Leila dice con acento siciliano: "Mañana, si el agua baja, salimos a comprar. No tenemos suficiente pan para otro día."
Shawnee dice con acento sinaloense: "Entendido. Será una operación de asalto al mercado, no de compras. Tendremos que ser rápidos."
Leila asintió.

La misión de surtirse.

Punto de vista: Leila.

A la mañana siguiente, Catania amaneció bajo un cielo de pizarra y una llovizna fina, constante, que caía sin compasión sobre el lodo y los escombros. La Vía Etnea, aunque el nivel del agua había bajado a la altura de los tobillos, seguía siendo un río de fango y ceniza. La Villa Ferrari, pese a la limpieza, exudaba humedad y el zumbido constante del generador.
Leila no permitió el lujo de esperar. El hambre era un adversario que no negociaba.
Leila dice con acento siciliano, "Usaremos el Land Rover. Es el único que puede cruzar la Piazza sin atascarse. Iremos por la Vía Umberto I, es la única ruta semi-limpia hacia el centro. Maurizio, tú conduces. Shawnee, Zoe y yo haremos las compras. Sin armas a la vista. Y seremos rápidas."
El equipo se movió con la tensión de una operación militar. Leila vestía pantalones oscuros y una chaqueta de cuero impermeable. Shawnee y Zoe llevaban ropa de trabajo discreta, con mochilas vacías a la espalda. Maurizio, al volante del vehículo todoterreno blindado, parecía un civil cansado, no un miembro de la Famiglia.
El motor diésel del Land Rover rugió, rompiendo el silencio. Salir de la Villa por la puerta lateral que daba a la Vía Pietro Mascagni fue lento y precario. La calle estaba llena de vehículos abandonados y basura acumulada.
Al llegar a la Piazza Carlo Alberto, la escena era de devastación gris. El mercado diario (la Fiera), normalmente vibrante, estaba cerrado y sus puestos improvisados hechos añicos. El lodo volcánico cubría la base del monumento a Carlo Alberto, y el agua se mantenía estancada en los cráteres que la tormenta había abierto en el asfalto.
Maurizio maniobró con destreza, cruzando la Piazza en diagonal, dirigiéndose hacia la Vía Umberto I.
Leila dice con acento siciliano, "No nos detendremos hasta llegar al Corso Sicilia. Necesitamos la Pescheria o el mercado central."
El tráfico era un caos de vehículos atrapados, gente caminando con ropa empapada, y el ruido de palas golpeando la ceniza. La desesperación flotaba en el aire. Las tiendas que habían logrado abrir tenían colas que se extendían hasta la calle.
Shawnee observaba el entorno, sus ojos buscando patrones de riesgo.
Shawnee dice con acento sinaloense, "La gente no está saqueando. Está comprando. Eso es bueno. Pero no hay reservas. Lo que ves en el estante es lo único que tienen."
Maurizio detuvo el Land Rover en el Corso Sicilia, justo antes de la intersección con la Vía Luigi Sturzo. Esta zona, un poco más elevada, estaba menos inundada. A dos cuadras, los rumores indicaban que el Mercato di Via Fischetti, un mercado central cubierto, estaba intentando operar.
Leila dice con acento siciliano, "Maurizio, quédate con el vehículo. Si te mueves, no te detengas. Nosotros vamos al mercado. Tres mochilas, veinte minutos."
Salieron del vehículo y el aire frío y húmedo las golpeó. Caminar sobre el pavimento resbaladizo requería concentración.
El Mercato di Via Fischetti no era la Pescheria, pero era el punto de distribución principal para provisiones no perecederas en el centro. El edificio de ladrillo, normalmente tranquilo, era ahora un hervidero de ruido, empujones y el hedor a sudor, humanidad y ansiedad.
Al entrar, la luz tenue de emergencia revelaba estantes medio vacíos. Las colas en las pocas tiendas de comestibles abiertas eran caóticas. La gente no pedía; exigía. La cortesía siciliana se había disuelto en la urgencia.
Zoe dice con acento estadounidense, en voz baja: "Esto es un desastre logístico. No podremos pasar las cajas."
Leila tomó la delantera. Su presencia no intimidaba a la multitud, sino que la detenía. Su calma tensa contrastaba con la histeria colectiva.
Leila dice con acento siciliano, a sus compañeras: "No busquen latas. Busquen lo esencial. Grano, sal, aceite y cualquier cosa que se pueda almacenar."
Se dirigieron a una tienda de especias y granos. El dueño, un anciano con un bigote gris, reconoció a Leila con un gesto de terror y alivio. No habló. Solo asintió, su rostro de piedra.
Leila dice con acento siciliano, "Quiero veinte kilos de garbanzos secos. Diez de lentejas. Dos sacos de harina de sémola. Y sal."
El anciano, sin preguntar, comenzó a pesar y embolsar los productos con una eficiencia febril. La decisión de Leila de no comprar productos enlatados caros fue astuta: priorizaba la masa de calorías sobre la conveniencia, y evitaba el primer artículo que la gente intentaba saquear.
Mientras el anciano pesaba, Shawnee se posicionó en la entrada del puesto, su cuerpo creando una barrera sutil pero firme, sus ojos monitoreando las manos que se acercaban demasiado. Zoe empacaba rápidamente, doblando las bolsas de tela con nudos apretados y precisos.
La segunda parte de la misión era más arriesgada: encontrar pan fresco y medicinas.
Leila se separó del puesto de granos, dejando a Zoe para asegurar las mochilas. Se dirigió a la Vía Antonio di Sangiuliano, una calle más pequeña y menos concurrida, donde sabía que había una panadería antigua, la Panificio Condorelli.
La panadería estaba abierta. No había cola, sino una multitud apiñada alrededor del mostrador. El panadero, un hombre musculoso y con el rostro cubierto de harina, estaba sirviendo a ritmo frenético.
Leila no se acercó al mostrador. Se dirigió directamente al panadero por la puerta lateral, que daba al obrador.
Leila dice con acento siciliano, "Buenos días. Necesito sesenta hogazas de pan de trigo duro. Y quiero las semillas que te quedan: sésamo, lino, cualquier cosa."
El panadero la miró. El reconocimiento era instantáneo.
Panadero dice con acento siciliano, "No tengo tanto. La levadura y la harina se están agotando. Lo siento, Signora."
Leila se acercó a la mesa de trabajo, oliendo el aroma agrio de la masa madre. Colocó dos billetes de cien euros, nuevos y secos, sobre la tabla.
Leila dice con acento siciliano, "Las semillas que te quedan. Te compro el último saco de harina y la levadura. Y veinte hogazas."
El panadero dudó, luego miró el dinero. El valor era cuatro veces el precio normal. La necesidad venció a la moral.
Panadero dice con acento siciliano, "Veinte hogazas, el resto de mis semillas y el último saco de harina. Por la Famiglia."
Mientras el panadero llenaba la última mochila con pan aún caliente, Shawnee la encontró.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Estamos listos. El Land Rover está en la Vía Fischetti.
El viaje de regreso fue silencioso y lleno de tensión. Cruzar la Vía Umberto I fue un ejercicio de paciencia. Leila se aseguró de que las bolsas de granos y semillas estuvieran bien escondidas bajo las mantas.
Al llegar a la Villa, el Land Rover se deslizó por el portón. Leila, con el saco de harina al hombro y el pan en la mano, se dirigió a la cocina. La misión había sido un éxito funcional: provisiones aseguradas y semillas para garantizar que la Famiglia podría comer por diez días más.
Leila dice con acento siciliano, a Lucía: "Harina, semillas y veinte panes. Guárdalo bien."
El golpe de la tormenta había sido doble: había unificado a la Famiglia de Catania en la supervivencia, pero también había revelado la fragilidad de su aislamiento. La escasez era un enemigo que solo podía vencerse con disciplina y planificación.

El amor de Gianluca, un castigo tormentosso para mí.

Punto de vista: Chiara.

La tarde cayó sobre la Villa con una lentitud opresiva. En el dormitorio, la luz de emergencia proyectaba un círculo tenue sobre la cama donde Chiara estaba semi-incorporada, una toalla seca sobre su pecho. El aire
del cuarto se había vuelto más fresco y respirable.
Gianluca estaba a su lado, sosteniendo la mascarilla del nebulizador con una paciencia exhaustiva. El spray medicinal zumbaba, depositando una niebla salina y curativa en el rostro de Chiara. Ella inhalaba el vapor de manera laboriosa, el sonido de su respiración filtrándose en el silencio del cuarto.
Sus ojos, menos vidriosos, se fijaron en Gianluca. Él no la miraba, sino que tenía la vista fija en la esfera del reloj, midiendo el tiempo de la dosis. La línea de su mandíbula era dura, su expresión concentrada. El cansancio no le había quitado la fuerza, solo la había afinado, convirtiéndola en un instrumento de cuidado.
Chiara lo observó, notando la curva de su labio inferior, el músculo tenso de su antebrazo. El amor que sentía por él era tan físico, tan ineludible, que le dolía el pecho, un dolor que no era solo la infección.
En ese momento de quietud forzada, la culpa, adormecida por la fiebre, se despertó con la fuerza de un latigazo. El recuerdo de Mássimo se superpuso al rostro de Gianluca. No como una imagen completa, sino como una sensación: el aroma a grappa y cuero de Turín, la presión sin permiso de su boca, el gemido de ella que fue más rendición que deseo.
La mente de Chiara se rebeló contra la intrusión. Se esforzó por empujar el rostro de Mássimo fuera de su conciencia.
"No. Basta," se dijo internamente, contrayendo los músculos de su cuello.
Se forzó a mirar a Gianluca, a anclarse en la realidad tangible y leal que él representaba. La niebla del nebulizador la obligó a cerrar los ojos. Y en la oscuridad interna, la memoria se movió, retrocediendo a la única verdad que tenía: Gianluca.

El Origen: Nápoles, el Arte del Control.


Nápoles. La Facultad de Psicología. Finales de otoño.
Chiara tenía diecinueve años, obsesionada con la lógica de la influencia y el control. Leila, su única ancla en el mundo, ya la había tomado bajo su protección, pero mantenía una distancia profesional.
Un día, Leila se acercó a Chiara en el pasillo, su rostro inexpresivo.
Leila dice con acento siciliano, "Ven. Quiero presentarte a un napolitano que está en mi clase. Crees que sabes de manipulación. Él la patentó."
Lo encontró en la cafetería universitaria, sentado solo en una mesa de cuatro, un libro de Freud abierto sin ser leído, usando su presencia como una barrera invisible. Gianluca.
Su belleza era tan afilada como su inteligencia. Tenía la mirada fría, gris y calculadora. Una indiferencia hacia el entorno que era, en sí misma, una forma de poder.
Leila se sentó frente a él sin pedir permiso.
Leila dice con acento siciliano, "Chiara, él es Gianluca. Gianluca, ella es Chiara, la única persona en esta facultad que cree que el libre albedrío es un mito, como tú."
Gianluca levantó los ojos. Por un instante, la miró. No con interés, sino con una medición clínica. Sus ojos se movieron de los de Chiara a su boca, y regresaron sin detenerse. Luego volvió al libro, sin dirigirle la palabra.
Gianluca dice con acento napolitano, a Leila: "La gente solo quiere que le digan qué hacer. Y la psicología es solo la hoja de ruta para lograrlo. ¿Ya terminaste la tarea?"
Leila sonrió, una sonrisa predatoria.
Leila dice con acento siciliano, "Mejor que eso. Te doy las respuestas. Pero vamos a mi apartamento a revisar los matices."
Gianluca se levantó sin mirar a Chiara.
Gianluca dice con acento napolitano, "Vamos. No me gusta la luz de esta cafetería."
Chiara se quedó en la mesa, su corazón latiendo con una velocidad incomprensible. No había sido el desprecio; había sido la indiferencia. Él solo tenía ojos para Leila. Y Leila, que buscaba la posesión más salvaje que pudiera desafiarla, lo había encontrado en ese hombre que estudiaba las mentes para desarmarlas.
Chiara lo supo entonces. La relación de Gianluca y Leila era un juego de suma cero. Ella disfrutaba ser la única mujer a la que él permitía acercarse para su diversión sexual, una posesión que rozaba la ofensa, pero que a ella la definía. Él la usaba para mantener su dominio. No había romance. Había un pacto de mutua dominación.
Pero Chiara no podía dejar de mirarlo. Lo veía en los pasillos, siempre con Leila, siempre distante con el resto. Lo admiraba, no por su crueldad, sino por la disciplina con la que la aplicaba. Ella, la Etna que hervía, quería la calma glacial de Gianluca. Deseaba ser el centro de esa mirada fría. Deseaba ser la mujer a la que él, por fin, pudiera tomar en serio.

El Dolor del Presente.


El recuerdo del anhelo juvenil era un contraste brutal con el presente.
Chiara abrió los ojos de golpe. El nebulizador seguía zumbando, pero su respiración ahora era más profunda. Gianluca la miraba, atento a su reacción.
Gianluca dice con acento napolitano, "¿Te duele? ¿Demasiado frío?"
Chiara negó con la cabeza, su garganta se sentía menos apretada.
Chiara dice con acento siciliano, con una voz clara, aunque débil: "No. Estoy bien, amore. Solo… me acordé de Nápoles."
Gianluca sonrió, una sonrisa genuina, llena de un afecto tangible. Este Gianluca, el que la abrazaba, la cuidaba, el que la prefería, era el hombre que ella había deseado desde que lo conoció. El frío calculador se había derretido en una lealtad absoluta hacia ella.
El contraste era insoportable. Ella había sido el ancla de Leila, y Gianluca, el suyo. Y ella, Chiara, la leal, la Etna, había roto ambos lazos en un momento de necesidad animal con Mássimo.
La culpa la quebró. Cerró los ojos, sintiendo la lágrima caliente que se escurrió bajo la mascarilla del nebulizador.
"Te traicioné, amore," gritó su mente. "Te traicioné por un minuto de fuego, y no tienes idea."
Se obligó a reabrir los ojos. La traición a Gianluca era una puñalada. La traición a Leila, una bomba.
Enfocó toda su voluntad en el rostro de Gianluca.
"No más Mássimo," se ordenó. "Solo Gianluca. Solo el ahora. Solo mi amore."
Chiara extendió la mano, buscando la suya. Gianluca la tomó de inmediato, entrelazando sus dedos con los de ella, un contacto firme y seco que la devolvió a la realidad.
Chiara dice con acento siciliano, en un susurro, "Gracias. Por estar aquí. Te amo."
Gianluca asintió, su mirada de vigilancia no se suavizó, pero la presión de sus dedos se hizo más tierna.
Gianluca dice con acento napolitano: "Siempre. Ahora. Inhala. Necesitas el aire, Chiara."
Ella obedeció, inhalando el spray medicinal, usándolo como un medio para ahogar el recuerdo del otro hombre, y anclarse, de nuevo, en la única persona que la sostenía. La enfermedad era un purgatorio necesario, un espacio donde la lealtad se ponía a prueba sin que nadie supiera el verdadero alcance de su pecado.