Cosa nostra- en la oscuridad de la mafia

Aquí se irán publicando las escenas de rol tanto de trama principal, como las que querais publicar los jugadores. Debido a la naturaleza de este foro, si se admite contenido NSFW.
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Larabelle Evans
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Cosa nostra- en la oscuridad de la mafia

Mensaje por Larabelle Evans »

Alessio aprovecha las oportunidades sin balas.

Punto de vista: Alessio.

El salón estaba lleno de humo de tabaco y murmullos calculados.
Alessio Santoro-Ferrari se sentaba en la cabecera de una mesa larga de madera oscura. No vestía traje ahora. Solo una camisa blanca abierta en el cuello, manchada de polvo y una sombra de sangre seca en el puño.
A su derecha, Rebecca bebía vino tinto con una calma perturbadora.
A su izquierda, un hombre mayor —un capo menor de Palermo— asentía mientras escuchaba.
Alessio hablaba despacio. Seguro. Con la voz de quien ya ganó.
Alessio dice con acento palermitano, “Catania reaccionó… pero tarde. Y sin permiso.”
Un murmullo recorrió la mesa.
Uno de los hombres preguntó:
—“¿Etna?”
Alessio sonrió apenas.
Alessio dice con acento palermitano, “ella es una sombra. Útil… pero sin apellido Ferrari.”
Rebecca apoyó el codo en la mesa.
Rebecca dice con acento siciliano, Y la sangre no alcanza.
Otro capo se inclinó hacia adelante.
—“¿Y Leila Ferrari?”
El ambiente se tensó.
Alessio levantó la copa.
Alessio dice con acento palermitano, “Leila se va a casar con un hombre del norte.”
Un murmullo más fuerte.
Algunos indignados.
Otros interesados.
Alessio continuó, clavando la estocada.
Alessio dice con acento palermitano, “Una heredera siciliana… entregando su apellido a Turín.”
Rebecca sonrió, lenta.
Rebecca dice con acento siciliano, “Tradimentu.”
El silencio fue absoluto.
Alessio bebió un sorbo.
Alessio dice con acento palermitano, “Yo no lo digo. Lo dirá la tradición.”
Alessio dice con acento palermitano, Etna no es el problema.
Los hombres intercambiaron miradas.
Un capo menor carraspeó.
—Gobierna Catania.
Alessio negó con suavidad.
Alessio dice con acento palermitano, Ocupa Catania. No es lo mismo.
Rebecca sonrió apenas.
Alessio continuó:
Alessio dice con acento palermitano, No tiene historia escrita en esta isla. Y, sobre todo… no tiene paciencia.
Se levantó despacio, caminando alrededor de la mesa.
Alessio dice con acento palermitano, Disparar contra Etna la convierte en mártir. Y los mártires son peligrosos.
Se detuvo detrás de uno de los hombres.
Alessio dice con acento palermitano, casi en confidencia, Nosotros no queremos mártires. Queremos vacíos.
El hombre tragó saliva.
Uno de los presentes preguntó:
—¿Entonces?
Alessio volvió a su lugar.
Alessio dice con acento palermitano, Cortamos el aire. Primero el respeto. Luego el dinero. Después, la gente.
Hizo un gesto a un hombre joven, que deslizó carpetas sobre la mesa.
—Rutas retrasadas.
—Permisos cuestionados.
—Proveedores “confundidos”.
Alessio sonrió.
Alessio dice con acento palermitano, Nada ilegal. Nada violento. Solo tradición funcionando.
Uno de los hombres dudó antes de hablar.
—¿Y Leila?
La pregunta flotó.
Alessio no se tensó. No cambió el tono.
Alessio dice con acento palermitano, Leila no es una enemiga. Es… una puerta.
Rebecca alzó una ceja.
Alessio continuó:
Alessio dice con acento palermitano, Una heredera que se casa fuera de Sicilia…
Se sirvió vino.
Alessio dice con acento palermitano, Cuando la vea, no llevaré armas. Llevaré preguntas.
El silencio fue absoluto.
Alessio se recostó en su silla, dejando que el humo se disipara lentamente sobre la mesa.
Alessio dice con acento palermitano, La tradición es clara. La mujer lleva el apellido, pero lo entrega al esposo. Si se casa con Turín, ¿a quién le debe lealtad el apellido Ferrari?
Señaló las carpetas que el hombre joven había deslizado.
Alessio dice con acento palermitano, Etna está ocupada en proteger lo que cree que es suyo. Leila está a punto de desmantelar la base del poder de Catania por amor… o por estrategia. Es indiferente.
Rebecca sonrió. Se veía aburrida, pero atenta.
Alessio dice con acento palermitano, En el vacío, yo seré el único que sepa el camino de regreso.
Un hombre se levantó, entendiendo.
—Ha sido un placer, Signore.
Alessio no respondió. Solo levantó la mano en un gesto de permiso. Los capos se levantaron uno a uno, el murmullo de respeto y temor llenando el salón mientras se marchaban.
Rebecca terminó su copa, mirándolo.
Rebecca dice con acento siciliano, Me gusta tu juego de ajedrez sin piezas, Zio.
Alessio sonrió, esta vez de verdad.
Alessio dice con acento palermitano, Las piezas existen, mia cara. Solo que ellas no saben que están jugando.
El humo se disipó finalmente, dejando solo el olor a vino y la promesa de una traición anunciada.

La grieta empieza a abrirse.

El tic del reloj antiguo llenaba el silencio como una gota constante de agua.
Alessio Santoro-Ferrari estaba de pie frente al ventanal, observando la ciudad sin verla realmente.
La puerta se abrió con cuidado.
Entró Salvatore Lo Bianco, capo menor de Palermo Oeste. Cincuenta y tantos, traje caro, manos inquietas.
Salvatore Lo Bianco dice con acento palermitano, Me dijiste que era urgente, Alessio.
Alessio no se giró de inmediato.
Alessio dice con acento palermitano, Urgente no. Importante.
Salvatore cerró la puerta y permaneció de pie, incómodo.
Alessio dice con acento palermitano, —Dime… ¿quién firmó la autorización del último movimiento en el puerto de Catania?
Salvatore parpadeó.
Salvatore dice con acento palermitano, Etna.
Alessio ladeó apenas la cabeza.
Alessio dice con acento palermitano, —¿Sola?
Salvatore tragó saliva.
Salvatore dice con acento palermitano, Leila sigue sin estar disponible, ni se ha reportado.
Alessio dice con acento palermitano, —Ah.
Caminó hacia la mesa.
Alessio dice con acento palermitano, No digo que esté mal. Solo… distinto.
Salvatore bajó la mirada.
Alessio dice con acento palermitano, Matteo Ferrari jamás firmaba solo. Ni siquiera cuando tenía razón.
Alessio se sirvió un poco de amaro. El gesto era lento, casi ritual.
Alessio dice con acento palermitano, ¿Qué significa eso, Salvatore?
Salvatore Lo Bianco dice con acento palermitano, Que Etna tiene prisa. Quiere demostrar que puede mantener todo sin Leila.
Alessio suspiró. Un sonido de decepción.
Alessio dice con acento palermitano, La prisa es el primer error de un general joven. Y un general que intenta demostrar… ya ha perdido la mitad de su batalla.
Se giró finalmente para mirar a Salvatore.
Alessio dice con acento palermitano, Te di las instrucciones. Lentas. Legales. Que la grieta se abra por sí sola.
Salvatore dice con acento palermitano, Las rutas se han retrasado. El nuevo sistema de aduanas que pediste en Messina ya está bloqueando el 40% del material de Catania. Es un desastre administrativo.
Alessio dice con acento palermitano, Es un comienzo.
Se apoyó en el borde de la mesa, su voz bajó a un susurro lleno de autoridad.
Alessio dice con acento palermitano, Lo que quiero que entiendas es esto: Etna es fuego. Fuerte. Visible. Pero Leila es el aire. Si ella no está, el fuego se sofoca.
Alessio dice con acento palermitano, Encuentra el vacío.
Salvatore asintió con la cabeza, su inquietud ahora transformada en comprensión.
Salvatore dice con acento palermitano, El dinero.
Alessio sonrió, una expresión fugaz y peligrosa.
Alessio dice con acento palermitano, El dinero, Salvatore. El dinero jamás tiene lealtad al apellido. Solo al flujo.
Alessio dice con acento palermitano, Etna está mirando al enemigo en la calle. Pero el enemigo está en su libro de cuentas. Quiero que los proveedores "confundidos" se olviden de quién les debe, y empiecen a preguntarse quién les paga mejor.
Salvatore dice con acento palermitano, Entendido, Signore. El flujo se detiene aquí.
Alessio levantó la copa de amaro en un brindis silencioso hacia la ventana.
Alessio dice con acento palermitano, Solo hasta que encuentren el camino de regreso. A mí.
Salvatore se dio la vuelta y salió, dejando a Alessio solo de nuevo con el tic-tac constante del reloj. La gota de agua. La paciencia de su victoria anticipada.

Una cena de intrigas.

Punto de vista: Rebecca.

Palermo. Restaurante “La Vucciria Antica”
El comedor estaba separado del resto del restaurante por un biombo de madera tallada y cristal esmerilado. La luz era baja, cálida, pensada para halagar la piel y suavizar las sombras. Sobre la mesa redonda, un mantel de lino marfil, cubiertos de plata antigua y copas altas que devolvían destellos rojizos del vino.
El murmullo del restaurante llegaba amortiguado, como si el mundo exterior existiera en otra frecuencia.
Rebecca Santoro Ferrari llegó puntual. Vestía un vestido vino sencillo, de corte impecable, mangas largas, cuello cerrado. Ninguna joya llamativa. Solo un anillo fino en el dedo índice y el cabello recogido con precisión casi clínica.
Las otras dos ya estaban ahí.
Bianca Mancuso, cuarenta y dos años, elegante hasta el exceso, esposa de Ruggero Mancuso, financiero vinculado a operaciones inmobiliarias de la Cosa Nostra.
Lidia Greco, treinta y siete, organizadora de eventos, conectada con medio Palermo a través de bodas, bautizos y cenas “benéficas”.
Rebecca besó el aire cerca de sus mejillas, con una sonrisa educada.
rebecca dice con acento siciliano, Buenas noches. Perdón el retraso… el tráfico estaba infernal.
Bianca con sonrisa amplia Dice con acento palermitano, Figurati. Nosotras apenas pedimos el vino.
Lidia (mirándola de arriba abajo):
Lidia dice con acento palermitano, Siempre tan puntual, Rebecca. Eso ya no se usa.
Rebecca se sentó con calma, colocó la servilleta sobre sus piernas y observó la mesa un segundo, como quien evalúa un quirófano antes de empezar.
El mesero sirvió el vino sin interrumpir la conversación.
Bianca dice con acento palermitano, Seguirás en Palermo por mucho tiempo?
Rebecca dice con acento siciliano, —Depende. El trabajo nunca termina, ya sabes.
Lidia dice con acento palermitano, Ay, tú y tu trabajo… siempre tan discreta.
Rebecca sonrió apenas.
rebecca dice con acento siciliano, —La discreción mantiene a la gente viva.
Las dos mujeres rieron, pensando que era una broma elegante.
Llegaron los antipasti: burrata, higos, prosciutto cortado fino.
Lidia, pinchando un trozo de queso:
Lidia dice con acento palermitano, Por cierto… ¿ustedes han oído lo que dicen de Catania?
Rebecca levantó la vista, interesada pero no ansiosa.
Rebecca dice con acento siciliano, ¿Qué dicen?
Lidia dice con acento palermitano, Que ahora manda una mujer extraña.
Lidia dice con acento palermitano, Una tal Etna.
Bianca frunció el ceño.
Bianca dice con acento palermitano, No es Ferrari, ¿no?
Rebecca se limpió los labios con la servilleta. Muy despacio.
rebecca dice con acento siciliano, No. Es una intrusa que pretende robar el control y dinero de nuestra familia.
Lidia dice con acento palermitano, —Dicen que fue entrenada por tu prima Leila.
Rebecca inclinó ligeramente la cabeza.
Bianca dice con acento palermitano, Pero entrenar no es gobernar.
El mesero retiró los platos. Llegó el primer plato fuerte.
Rebecca (con voz pensativa):
Rebecca dice con acento siciliano, Catania siempre ha sido complicada. Demasiadas rutas. Demasiada historia.
Bianca dice con acento palermitano, Y demasiados hombres que no aceptan órdenes nuevas.
Lidia dice con acento palermitano, Sobre todo si vienen sin legítima autoridad.
Rebecca alzó la copa, girando el vino lentamente.
rebecca dice con acento siciliano, No diría sin autoridad. Pero sí sin autoridad definitiva.
Bianca arqueó una ceja.
Bianca dice con acento palermitano, —Definitiva?
Rebecca sonrió, amable.
Rebecca dice con acento siciliano, Los vacíos generan ansiedad. La gente quiere saber quién manda… y por cuánto tiempo.
Lidia, bajando la voz como si compartiera un secreto:
Lidia dice con acento palermitano, También dicen que tu prima Leila ya no está tan… comprometida con Sicilia.
Rebecca bebió un sorbo.
Rebecca dice con acento siciliano, Leila siempre fue… distinta.
rebecca dice con acento siciliano, Y ahora lo está demostrando más.
Bianca dice con acento palermitano, Lo dejará todo por el norte.
Rebecca apoyó la copa con suavidad.
Rebecca dice con acento siciliano, Por amor, dicen.
Bianca chasqueó la lengua.
Bianca dice con acento palermitano, Una Ferrari casándose con un capo de Turín… Eso no va a caer bien.
Rebecca no asintió. No negó. Solo dijo:
Rebecca dice con acento siciliano, La tradición en cosa nostra es sensible. No se adapta… se resiente.
Lidia se inclinó hacia adelante.
Lidia dice con acento palermitano, ¿Tú crees que eso pueda… debilitar la posición de Catania?
Rebecca fingió pensarlo.
rebecca dice con acento siciliano, Creo que ya lo está haciendo.
Bianca dice con acento palermitano, Mi marido dice que algunos socios están retrasando acuerdos… Por “precaución”.
Rebecca asintió lentamente.
rebecca dice con acento siciliano, Es lo lógico. Cuando no sabes quién manda mañana… cuidas lo que tienes hoy.
rebecca dice con acento siciliano, O, si eres inteligente, empiezas a mover tus fichas al lado que crees que va a ganar.
Lidia se enderezó, pensativa.
Lidia dice con acento palermitano, ¿Y quién crees tú que ganará, Rebecca?
Rebecca tomó un trozo de prosciutto con un gesto delicado, como si la respuesta estuviera en la salinidad de la carne.
Rebecca dice con acento siciliano, La gente de Catania siempre ha respetado a los Ferrari. Pero el respeto es una cosa y la estabilidad, otra. Y la estabilidad, mia cara, se compra.
Bianca intervino, con la voz más seria.
Bianca dice con acento palermitano, ¿Crees que Alessio está haciendo algo?
Rebecca levantó la copa de vino, bebiendo lentamente mientras las observaba por encima del borde. El silencio se alargó, cargado de expectativas.
Rebecca dice con acento siciliano, Mi hermano solo observa. Él entiende que si alguien tiene sed, no necesitas obligarlo a beber. Solo tienes que hacer que el agua sea difícil de encontrar en otro sitio.
Lidia sonrió, entendiendo la metáfora.
Lidia dice con acento palermitano, Así que, un vacío.
Rebecca asintió con una sonrisa.
Rebecca dice con acento siciliano, Un vacío y mucha, mucha tradición. La gente de Catania está cansada de Etna y su prisa. Y no confían en una Ferrari que se va al Norte.
Bianca dice con acento palermitano, Entonces, ¿debemos esperar el colapso?
Rebecca dejó la copa.
Rebecca dice con acento siciliano, No un colapso. Una transferencia. Y quien se posicione antes del cambio, ganará el doble.
Bianca y Lidia se miraron. La cena había dejado de ser social. Era una cumbre de información.
Bianca dice con acento palermitano, Hablaré con Ruggero.
Lidia dice con acento palermitano, Yo tengo contactos con un par de proveedores de Messina. Tal vez tengan "confusiones" pronto.
Rebecca sonrió, satisfecha.
Llegó el postre. Cannoli. Café.
Las mujeres hablaban ahora entre ellas, espectantes, conectando puntos que Rebecca nunca dijo explícitamente.
Rebecca escuchaba. Observaba. Guardaba.
Al levantarse, tomó su abrigo con calma.
Rebecca dice con acento siciliano, Fue una cena deliciosa. Siempre es bueno escuchar… cómo respira la ciudad.
Besó el aire otra vez y se fue.
Cuando la puerta se cerró detrás de ella, Lidia exhaló.
Y en la calle, Rebecca caminó hacia el coche con la tranquilidad de quien acaba de dejar una vela encendida… en una habitación llena de gas.
Larabelle Evans
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Re: Cosa nostra- en la oscuridad de la mafia

Mensaje por Larabelle Evans »

Palermo se viste de bondad.

Palermo había aprendido a disfrazar la miseria con luces. Guirnaldas doradas colgaban entre balcones antiguos, los mercados nocturnos olían a vino caliente, almendras tostadas y cera derretida. En las plazas, los coros infantiles ensayaban villancicos con voces temblorosas, demasiado finas para cargar el peso de una ciudad como esa. La Navidad siempre había sido útil en Sicilia. Permitía abrir puertas. Ablandar conciencias. Y, sobre todo, justificar la cercanía con los niños sin levantar sospechas.
La mansión Santoro, en una colina discreta al oeste de la ciudad, estaba iluminada como un altar. No ostentoso. Elegante. Tradicional. Las ventanas altas dejaban escapar música clásica suave y risas controladas.
En el interior, Alessio observaba la escena con una copa de vino en la mano.
No vestía de capo.
Vestía de benefactor.
Traje gris oscuro, corbata azul profunda, barba perfectamente cuidada. Su expresión era serena, casi paternal. El tipo de rostro que los periódicos adoraban fotografiar cuando hablaban de “empresarios comprometidos con la infancia”.
A su alrededor, políticos locales, esposas de capos, representantes de fundaciones, médicos, sacerdotes. Todos invitados a la Cena Solidaria de Navidad para la Infancia Desplazada de Palermo.
Una causa irreprochable.
Un nombre imposible de cuestionar.
Alessio dio un sorbo lento a su copa, observando cómo los invitados se inclinaban para saludar a los pequeños grupos de niños que ya habían llegado, acompañados por asistentes sociales.
Niños limpios. Bien vestidos. Demasiado callados. Demaciado inocentes.
Alessio dice con acento palermitano, en voz baja, casi para sí, "La gente cree que la bondad hace ruido… pero en realidad entra de puntillas. "
A su lado apareció Kenia.
Kenia Sánchez valdéz
El rostro de Kenia es una mezcla de dulzura aparente y oscuridad oculta. Tiene una forma ovalada, con pómulos discretos y una mandíbula suave que aporta equilibrio a sus facciones. Su nariz es pequeña y recta, perfectamente proporcionada a su rostro. Sus labios son finos, de un tono rosado natural, con una curvatura sutil que parece formar una sonrisa constante. Pero esa sonrisa no es cálida; al contrario, proyecta una malicia oculta, como si detrás de su aparente tranquilidad se esconde un placer para controlar y manipular. Sus ojos son, sin duda, el rasgo más llamativo. Grandes, de un marrón oscuro que casi se confunde con el negro, parecen una ventana a un abismo sin fondo. A primera vista, pueden parecer amables, casi protectores, pero al mantener la mirada por más tiempo, lo que realmente refleja es pura maldad. No es una maldad impulsiva, sino fría, calculadora y profundamente perturbadora. Su mirada tiene la capacidad de desamar a cualquiera que la observe, transmitiendo una sensación de vulnerabilidad aparente que solo sirve para ocultar sus verdaderas intenciones. El cabello de Kenia enmarca su rostro con perfección. Largo, lacio, y de un negro azabache que brilla como la obsidiana, cae con suavidad hasta la mitad de su espalda. Su textura sedosa y su caída fluida le dan un aire casi angelical, aunque detrás de esa perfección hay algo que resulta inquietante, como si esa belleza fuera una máscara diseñada para atraer y engañar. Kenia tiene una figura que combina delicadeza con una sensualidad natural, aunque sutil. Mide 1,70 metros y posee una postura impecable, siempre erguida, lo que le da un aire de control y seguridad. Su cuerpo está esculpido con proporciones armoniosas que logran captar la atención sin esfuerzo, pero con una elegancia que no parece buscarlo de manera explícita. Su cuello es largo y estilizado, aportando un toque de sofisticación a su presencia. Sus hombros son estrechos pero bien formados, con una curva suave que no deja de transmitir feminidad. Se inclina hacia abajo de manera natural, creando una silueta que fluye con gracia. Su pecho, de tamaño mediano, tiene una forma redondeada y proporcionada a su figura, lo que añade un aire de serenidad a su apariencia. No es una característica llamativa a simple vista, pero encaja perfectamente con la suavidad general de su cuerpo. Sus brazos son delgados y sutilmente definidos, terminando en unas manos finas, de dedos largos y estilizados. Las uñas, siempre bien arregladas, tienen un largo moderado que las hace ver elegantes sin exagerar. Estas manos parecen haber sido diseñadas para transmitir calma, pero en realidad esconden una precisión inquietante, como si fueran capaces de ejecutar acciones meticulosas y frías. Su cintura está bien definida, marcando una curva acentuada que fluye hacia unas caderas proporcionadas. Su abdomen es plano, con una tensión apenas perceptible que denota cuidado en su físico, sin llegar a ser musculoso. Su espalda tiene una curvatura natural, y en su parte baja se dibuja el inicio de unas nalgas redondeadas, firmes, pero no exageradas, que complementan la armonía de su figura. Sus piernas son largas y delgadas, con muslos torneados que no pierden la suavidad que caracteriza su cuerpo. Las pantorrillas son finas, pero bien delineadas, y sus tobillos se muestran delicados, aportando una imagen de fragilidad que contrasta con la intensidad de su mirada. Sus pies son pequeños y proporcionados, con dedos largos y cuidados que reflejan un interés meticuloso por los detalles. En conjunto, Kenia proyecta una imagen que, a primera vista, resulta tranquilizadora, incluso dulce. Pero para quienes son más perceptivos, hay algo en su forma de moverse, de la manera en que su mirada parece desamarrar y en esa sonrisa apenas perceptible que revela el peligro que realmente encarna. Su físico no solo es atractivo, sino que está cuidadosamente construido para ser su herramienta más poderosa.
lleva el pelo En una trenza espiga lateral, con mechones finos sueltos alrededor del rostro. Un pequeño broche de ónix se fija al inicio de la trenza.
Cubre sus ojos con Gafas de sol rectangulares marca Urban Bloom.
Lleva Pendientes de cuarzo blanco marca Aurora Glacé en las orejas.
Lleva Abrigo corto en tono lila helado marca Aurora Glacé sobre los hombros.
lleva colgando Bolso caja orfebre marca Nimfa del bosque en el hombro.
Luce unas uñas De color Marrón chocolate mate con un toque dorado en las puntas en las manos.
Usa Anillo delgado con cristal marca Aurora Glacé en un dedo.
Usa Cinturilla decorativa de seda marca Aurora Glacé en la cintura.
Viste un Vestido mini ajustado azul violáceo marca Aurora Glacé que resalta su silueta.
Calza Botines de tacón fino en rosa frío marca Aurora Glacé.
Kenia lucía dulce, casi maternal con los niños.
Kenia observó el salón con una rapidez clínica. Contó salidas. Rutas. Cámaras. Personal.
Kenia dice con acento mexiquense, bajo, sin mirarlo, "Llegaron más niños de los que esperaba. "
Alessio no giró la cabeza.
Alessio dice con acento palermitano, "La Navidad multiplica la confianza. Y la culpa. —Los padres creen que aquí estarán más seguros que en casa. "
Alessio sonrió con suavidad, saludando a un concejal que pasaba.
Un grupo de niños entró en ese momento, tomados de la mano, guiados por dos voluntarias. Una de ellos tropezó. Alessio fue el primero en inclinarse, ayudándola a levantarse frente a todos. Las cámaras captaron el gesto.
Kenia sonríe.
Alessio dice con acento palermitano, cálido, "Calma bambina, no pasa nada. "
La niña asintió, intimidada.
La música subió de volumen. El anfitrión anunció el inicio de la cena. Las mesas comenzaron a ocuparse. Los niños fueron distribuidos estratégicamente, mezclados con invitados influyentes, fotografiados, abrazados. Todo parecía correcto. Todo parecía limpio.
Alessio tomó de la mano a Kenia. Como un empresario enamorado. Las fotos no faltaron para la pareja.
Alessio se sento en la cabecera de la mesa, y a su lado Kenia.
Kenia tomó una tablet del interior de su bolso, revisando discretamente una lista.
Kenia dice con acento mexiquense, "Después del postre, los llevamos al “taller de regalos”. —Ahí se separan los grupos. "
Alessio asintió.
Alessio dice con acento palermitano, "Y Palermo cantará villancicos… —mientras nosotros cerramos contratos. "
Al fondo del salón, un árbol de Navidad enorme brillaba con luces blancas. Bajo él, regalos envueltos en papel dorado. Demasiados regalos. Para demasiados niños. La noche apenas comenzaba. Y Palermo, envuelta en luces, no veía la sombra que se extendía bajo sus pies.

La caridad también se aprende.

La cena avanzó con la cadencia estudiada de los grandes eventos palermitanos. Nada quedaba al azar. Los platos llegaron en tiempos exactos: primero una crema ligera de alcachofa con aceite nuevo, luego pasta corta con ragú blanco y, más tarde, pescado al horno con hierbas. Comida honesta. Tradicional. Reconfortante. El tipo de menú que hacía sentir a los invitados que estaban en casa… y del lado correcto de la historia.
Alessio se movía entre las mesas con soltura, copa en mano, deteniéndose lo justo. Sabía escuchar. Sabía reír. Sabía tocar el antebrazo de alguien en el momento preciso.
Alessio dice con acento palermitano, sonriendo, "Es importante que los niños no solo coman… sino que se sientan vistos. Palermo les debe eso. "
Un médico asentía con gravedad.
Una esposa de capo murmuraba algo sobre “qué hombre tan sensible”.
Kenia caminaba a su lado. No medio paso atrás. No medio paso adelante. El equilibrio exacto de una pareja que ya había sido observada antes.
Kenia dice con acento mexiquense, amable, mientras se inclina hacia una mujer mayor, "Trabajamos con niños que han pasado por situaciones muy duras. Muchos no confían en los adultos. Hay que aprender a hablarles sin palabras. "
La mujer asintió, conmovida. —Ay, pobrecitos… menos mal que existen personas como ustedes.
Kenia sonrió. Una sonrisa medida. Ensayada frente a espejos… y frente a otras cosas.
En una de las mesas principales, el padre Don manuele Rizzo levantó la voz con cordialidad.
Don Manuele dice con acento siciliano, "Alessio, todos comentan lo mismo… desde que Kenia llegó a Palermo, tu labor se ha vuelto todavía más… humana. "
Alessio rió suavemente, como si le incomodara el halago.
Alessio dice con acento palermitano: "Digamos que ella con su amor y ternura, me recuerda por qué empezamos todo esto. "
Kenia apoyó la mano sobre la de él. Un gesto íntimo. Casi tierno.
Las miradas de los asistentes se encendieron.
Bianca Russo, filántropa local, intervino con curiosidad: ¿Entonces es cierto lo que se dice?
Kenia inclinó la cabeza, fingiendo pudor.
Kenia dice con acento mexiquense, con una risa suave: "Supongo que depende de quién lo diga. "
Alessio tomó la palabra, sin soltarle la mano.
Alessio dice con acento palermitano, "Llevamos un par de meses viéndonos. Nada fue planeado. este puerto une a las personas… sobre todo cuando trabajan por la misma causa noble. "
Alessio dice con acento palermitano, "Esta bella donna, me ha enseñado el verdadero significado de la bondad y el amor. "
Alessio la rodeó por la cintura para darle un suabe beso en los labios.
Kenia correspondió el beso con dulzura, atralléndolo asia ella con suavidad, abrazándolo con ternura calculada, cual mujer enamorada
Ah… murmullos alrededor. Qué bonito. Se les nota el amor.
Kenia bajó la mirada, como si la atención le resultara excesiva.
Kenia dice con acento mexiquense, "Alessio es muy protector conmigo y los niños. Eso dice mucho de una persona. Por eso me enamoré de él."
Alessio la miró entonces. No como capo. No como estratega. Como un hombre enamorado. O, al menos, como alguien que sabía exactamente cómo debía verse el amor desde fuera.
Alessio dice con acento palermitano, en tono bajo, "Ella entiende cosas que otros prefieren no ver. "
El comentario flotó unos segundos. Nadie preguntó más.
Los niños comían en mesas cercanas, vigilados por voluntarios. Algunos reían tímidamente. Otros miraban alrededor con curiosidad contenida. Cada gesto era observado, registrado, memorizado… pero no por quienes parecían hacerlo.
Kenia se acercó hacia una pareja de empresarios foranios.
Kenia dice con acento mexiquense, "También trabajamos con centros fuera de Palermo. En ciudades más pequeñas. Donde a veces los recursos no llegan. "
—Qué admirable —respondió la mujer—. ¿Y cómo seleccionan a los niños?
Kenia no dudó. Nunca dudaba.
Kenia dice con acento mexiquense, "Priorizamos a los que no tienen redes de apoyo claras. —Los más vulnerables necesitan continuidad… no promesas. "
Alessio asintió, reforzando la idea.
Alessio dice con acento palermitano, "La estabilidad es todo. Un niño sin estabilidad crece con miedo. Y el miedo es una herida que no cierra. "
Alessio dice con acento palermitano, "Y nosotros en la fundación, con el apoyo psicológico de Kenia, les brindamos un mundo mejor. "
Don Manuele hizo la señal de la cruz, conmovido. Dios los bendiga por lo que hacen.
La música cambió. Un pequeño coro infantil comenzó a cantar cerca del árbol. Las voces se elevaron, frágiles, desacompasadas, hermosas en su imperfección.
Kenia observó el grupo con atención suave, casi con ternura.
Alessio sonrió escuchando al coro.
Alessio aprovechó el momento para alzar la copa.
Alessio dice con acento palermitano, "Por Palermo. Por los niños. Y por las segundas oportunidades. "
Las copas chocaron. Las cámaras captaron el instante. El aplauso fue largo.
El postre se acercaba. Y con él, la siguiente fase de una noche que Palermo recordaría como generosa.

Villancicos y cristal.

El postre llegó como llegan las cosas importantes en Sicilia: sin prisa, pero con intención. Bandejas de cassata, cannoli rellenos al momento, frutas confitadas y pequeños vasos de vino dulce de Marsala comenzaron a circular entre las mesas. El aroma del azúcar, la ricotta y la cáscara de naranja se mezcló con el incienso leve que venía del rincón donde el padre Don Manuele conversaba con dos voluntarias.
La música bajó apenas un tono. El coro infantil terminó su pieza entre aplausos contenidos, y algunos invitados se pusieron de pie para felicitar a los niños.
Alessio volvió a su asiento solo el tiempo suficiente para beber un sorbo de vino. Luego se inclinó hacia Kenia.
Alessio dice con acento palermitano en voz baja, casi afectuosa, "Ahora viene lo mejor. —Cuando la gente está llena… baja la guardia. "
Kenia asintió apenas, con una sonrisa dulce que no tocó sus ojos.
Kenia dice con acento mexiquense muy bajo, "Y los niños están cansados. Eso ayuda. "
Una violinista comenzó a tocar cerca del árbol. Una melodía antigua, siciliana, lenta y envolvente. Algunas parejas mayores se animaron a bailar despacio, riendo con esa intimidad que solo dan los años compartidos.
Alessio se levantó y ofreció la mano a Kenia.
Alessio dice con acento palermitano, sonriendo: "¿Me concedes esta, amore? "
Kenia aceptó.
El gesto fue recibido con murmullos aprobatorios. La pareja avanzó hacia el centro del salón, donde la luz era más suave. No bailaron cerca. No bailaron apretados.
Ella apoyó una mano en su hombro. Él colocó la suya en la cintura, respetuosa, firme. Desde fuera, eran la imagen perfecta de una Navidad siciliana: tradición, compromiso, familia.
Kenia levantó la mirada hacia él.
Kenia dice con acento mexiquense, apenas moviendo los labios, "Mañana dirán que fue la cena más bonita del año. "
Alessio respondió sin bajar la voz.
Alessio dice con acento palermitano, "Eso es lo que importa. La memoria que se construye. "
Mientras giraban, Alessio observó el salón. Reconoció gestos: una voluntaria distraída, un padre conversando demasiado con un empresario, un niño que ya cabeceaba de sueño. Todo encajaba. Al terminar la pieza, los aplausos volvieron. Alessio besó el dorso de la mano de Kenia con un gesto antiguo. Elegante. Ensayado para las cámaras.
Una mujer joven se acercó con timidez. Tenía un niño de unos siete años de la mano. —Disculpen… —dijo—. —Quería agradecerles. Mi hijo no había sonreído así desde hace meses.
Kenia se agachó frente al niño, a su altura.
Kenia dice con acento mexiquense, cálida, "¿Te gustó la música? "
El niño asintió.
Kenia dice con acento mexiquense, "¿Y los regalos? "
Otro asentimiento, más entusiasta.
Kenia sonrió y le acomodó el cuello del suéter.
Kenia dice con acento mexiquense, "Después del postre hay un taller especial. Vamos a pintar y a elegir juguetes. ¿Te gustaría? "
El niño miró a su madre. Ella sonrió, aliviada.
—Claro que sí.
Alessio intervino con naturalidad.
Alessio dice con acento palermitano, "Tenemos personal especializado con ellos. Pueden quedarse tranquilos. Nosotros nos encargamos. "
La madre asintió, agradecida. Se alejó sin dudar.
Kenia se incorporó lentamente. Sus dedos hicieron un gesto casi imperceptible hacia uno de los coordinadores. La señal estaba dada.
Alessio tomó otra copa. Se permitió disfrutar el sonido del salón: risas, platos, música, palabras suaves. Todo funcionaba como debía.
Alessio dice con acento palermitano, bajo, para Kenia, "Palermo adora sentirse buena una noche al año. "
Kenia respondió, observando cómo los niños comenzaban a ser guiados hacia el fondo, lejos del comedor principal.
Kenia dice con acento mexiquense, "Y nosotros sabemos exactamente cuándo aprovecharlo. "
Bajo el árbol, las luces seguían parpadeando. El cristal de las copas reflejaba oro. Y la Navidad, una vez más, cumplía su función.

Detrás del biombo de la alegría.

El salón principal siguió respirando normalidad. Copas que se llenaban. Risas suaves. Conversaciones que derivaban hacia política local, negocios discretos, planes para Año Nuevo. La violinista cambió a un ritmo más ligero. Dos camareros encendieron velas nuevas. Nadie notó el instante exacto en que el evento se partió en dos. Fue sutil. Como todo lo que hacía Alessio.
Al fondo del salón, más allá del árbol, un biombo de madera tallada se abrió lo justo. Detrás, un pasillo alfombrado conducía a lo que el programa anunciaba como Il Laboratorio dei Regali. Un nombre inocente. Casi tierno.
Los niños comenzaron a levantarse en grupos pequeños, guiados por voluntarios con acreditaciones limpias y sonrisas bien entrenadas. Nadie gritaba. Nadie lloraba. Algunos bostezaban. Otros apretaban con fuerza el juguete que acababan de recibir.
Kenia caminó entre ellos con paso tranquilo, agachándose de vez en cuando para ajustar una bufanda, acomodar una manga, limpiar una mejilla manchada de chocolate.
Kenia dice con acento mexiquense, dulce, "Despacio, mi amor. Aquí nadie se quedará atrás. "
Una niña la tomó de la mano sin pensarlo.
Desde el salón, Alessio observaba la escena sin moverse. Saludaba, asentía, brindaba. Su cuerpo estaba presente en la fiesta. Su mente, no.
Alessio dice con acento palermitano, cordial, a un empresario, "Después del café le presento al director de la fundación. Es un hombre serio. Ama a los niños como si fueran suyos. "
El empresario sonrió, convencido.
—Se nota, Alessio. Se nota.
Detrás del biombo, la atmósfera cambiaba. El pasillo estaba iluminado con luz más fría. Las paredes, blancas. El sonido del salón se apagaba poco a poco, como si alguien cerrara el mundo con cuidado. Una puerta doble se abrió.
La sala del “taller” era amplia, limpia, perfectamente organizada. Mesas bajas, papeles de colores, cajas de juguetes aún cerradas. Todo dispuesto para tranquilizar.
Dos asistentes más esperaban allí. No llevaban trajes elegantes. Vestían ropa cómoda, neutra. Profesionales.
Uno de ellos —un hombre de barba rala— levantó la vista y cruzó una mirada breve con Kenia. No dijeron nada. No hacía falta.
Kenia aplaudió suavemente.
Kenia dice con acento mexiquense, animada, "Muy bien, pequeños. Vamos a sentarnos. Aquí van a escoger un regalo especial. Uno que se van a llevar a casa. "
Los niños obedecieron. Algunos comenzaron a dibujar. Otros abrieron cajas. La tensión era mínima. La confianza, absoluta.
Kenia caminó entre las mesas, observando con atención quirúrgica. Contó cabezas. Confirmó edades. Hizo marcas invisibles en su memoria.
Un niño levantó la mano. Signorina… ¿mi mamá vendrá luego?
Kenia se inclinó frente a él.
Kenia dice con acento mexiquense, con una sonrisa tierna, "Claro que sí. Está tomando café. Esto es rápido, campeón. "
El niño asintió.
En la esquina de la sala, una puerta secundaria permanecía cerrada. No figuraba en el programa. No tenía decoración navideña. Solo un pequeño sensor junto al marco.
Kenia pasó cerca. Deslizó el anillo de su dedo, lo apoyó apenas. Un pitido bajo. Imperceptible. La puerta quedó lista.
En el salón principal, Alessio chocó copas con Don Manuele.
Alessio dice con acento palermitano, cálido, "Es una noche bendita, padre. "
Don Manuele sonrió.
Don Manuele dice con acento siciliano, "Dios ve estas cosas, Alessio. —Y las recompensa. "
Alessio inclinó la cabeza, humilde.
Alessio dice con acento palermitano, "Eso espero. "
En ese mismo instante, detrás del biombo, una voluntaria anunció con alegría: —¡Vamos a pasar al cuarto de los regalos grandes!
Los niños se levantaron en pequeños grupos. No todos. Solo algunos. Los que Kenia había señalado sin que nadie lo notara. Ella fue la última en cruzar la sala. Antes de salir, miró alrededor una vez más. Todo estaba en orden. Demasiado.
Kenia dice con acento mexiquense, casi para sí, "Navidad perfecta. "
La puerta secundaria se abrió. Y el salón, lleno de luces y música, siguió celebrando sin saber que ya faltaban piezas. El biombo se cerró otra vez. Con cuidado. Sin ruido.

El conteo.

La transición fue tan limpia que nadie la percibió. En el salón principal, el café comenzó a servirse en tazas de porcelana fina. El aroma tostado se mezcló con el azúcar y la cáscara de naranja. Las conversaciones bajaron de volumen, como suele ocurrir cuando una velada entra en su tramo íntimo. Los invitados se recostaron en las sillas. Algunos revisaron el móvil. Otros comentaban lo bien organizada que había sido la cena. —Una noche impecable —dijo alguien—. Palermo necesitaba algo así.
Alessio asintió con una sonrisa satisfecha, ajustándose los gemelos.
Alessio dice con acento palermitano, afable, "Cuando se trata de niños, no hay margen para el error. "
Nadie cuestionó esa frase.
Detrás del biombo, el mundo era otro. La puerta secundaria se cerró con un sonido suave, amortiguado. El pasillo que se extendía más allá era más estrecho, sin adornos, con luces empotradas en el techo. Nada festivo. Nada que invitara a quedarse. Los niños caminaban en silencio, guiados por dos asistentes que hablaban poco y sonreían lo justo. No había prisa. La prisa genera preguntas.x
Kenia avanzaba detrás, contando. No en voz alta. En su cabeza. Uno. Dos. Tres. Sus pasos eran firmes. Elegantes. Como si estuviera recorriendo una galería de arte privada.
Un niño se giró. —¿Ya es aquí?
Kenia se agachó a su altura.
Kenia dice con acento mexiquense, tranquila, "Casi. Es como un pasillo secreto, ¿te gusta? "
El niño asintió, intrigado.
Más adelante, una puerta metálica se abrió. No era grande. Pero conducía a un espacio más amplio: un garaje interior adaptado, con una furgoneta blanca estacionada, motor apagado. Sin logotipos. Sin placas visibles desde dentro. Todo legal. Todo invisible.
Uno de los asistentes abrió la puerta lateral del vehículo.
Kenia observó el interior apenas un segundo. Suficiente para confirmar que todo estaba preparado: asientos limpios, mantas, botellas de agua. Ningún detalle fuera de lugar.
Kenia dice con acento mexiquense, en voz baja, profesional, "Grupo A completo. Faltan dos del grupo B. "
El hombre asintió y habló por el auricular casi imperceptible en su oído. —Recibido.
Mientras tanto, en el salón, Alessio seguía siendo el anfitrión perfecto. Reía con un concejal. Escuchaba a una señora hablar de su nieto. Permitía que un fotógrafo le pidiera otra imagen junto al árbol.
Alessio dice con acento palermitano, cordial: —Por supuesto. —Los niños son el futuro. Y el futuro merece ser recordado. Flash. La imagen quedó registrada: Alessio Santoro-Ferrari, sonriente, con luces navideñas detrás y un coro infantil al fondo. Un benefactor. Un hombre bueno. Nadie notó que, cerca del árbol, había menos niños que antes.
Un invitado preguntó con curiosidad: —¿No iban a abrir más regalos?
Alessio no dudó ni un segundo.
Alessio dice con acento palermitano, natural, "Algunos ya se retiraron. Están cansados. Para ellos, la noche termina antes. "
—Claro, claro —respondió el hombre—. Pobrecitos.
Detrás, Kenia cerró la puerta de la furgoneta. El sonido fue seco. Definitivo.
Kenia apoyó la mano en el metal frío un instante más de lo necesario. No había emoción en su rostro. Solo concentración.
Kenia dice con acento mexiquense, al auricular, "En ruta. —Sin incidentes. "
La furgoneta arrancó sin estridencias, perdiéndose por una salida lateral que no daba a la calle principal, sino a un camino interno que descendía entre jardines oscuros. Arriba, la fiesta continuaba.
Alessio alzó la copa una última vez esa noche.
Alessio dice con acento palermitano, solemne, "Gracias por confiar en mi fundación. Gracias por creer que Palermo puede ser mejor. "
Las copas chocaron. Kenia regresó al salón minutos después, sin abrigo, sin prisa, como si hubiera ido al tocador. Se acercó a Alessio y se colocó a su lado. Nadie vio cómo sus dedos rozaron apenas los de él.
Kenia dice con acento mexiquense, muy bajo, "Todo cerrado. "
Alessio no la miró. Solo sonrió un poco más. Alessio dice con acento palermitano, casi un suspiro, "Perfecto. "
Las luces de Navidad siguieron brillando. Y Palermo, envuelta en villancicos y buenas intenciones, no hizo el conteo real.

Después de las luces.


La mansión fue quedando en silencio por capas. Primero se fueron los invitados más prudentes, los que madrugaban o fingían hacerlo. Luego los que se quedaban un poco más, aferrados a la copa final, a la conversación que no querían soltar. Las risas se apagaron despacio, como velas bien educadas. Los niños que quedaban dormían en sillones, con mantas sobre los hombros. Los voluntarios los acomodaban con cuidado, siguiendo instrucciones precisas. Nada fuera de lugar. Nada que levantaría preguntas al día siguiente.
Alessio acompañó a los últimos invitados hasta la puerta principal. Apretó manos. Dio abrazos medidos. Escuchó elogios. —Una velada extraordinaria. —Deberían hacerlo cada año. —Qué fortuna que Palermo tenga gente como ustedes. Alessio respondía lo mismo, con variaciones mínimas.
Alessio dice con acento palermitano, amable, "La fortuna es poder ayudar. "
Cuando la puerta se cerró por última vez, el sonido resonó distinto. Más hueco. Más honesto. La música se detuvo. Las luces del salón principal bajaron de intensidad. Solo quedaron encendidas las lámparas laterales, esas que no buscan decorar sino permitir ver con claridad.
Kenia apareció desde el pasillo secundario, ahora sin gafas, con el abrigo colgado del brazo. Su expresión había cambiado. No era fría. Era limpia. Como alguien que ha terminado una tarea compleja sin errores.
Kenia dice con acento mexiquense, neutra, "Los vehículos ya están en ruta secundaria. Primer punto en treinta y cinco minutos. "
Alessio asintió, quitándose la corbata con un gesto lento.
Alessio dice con acento palermitano, "¿Algún rezago? "
Kenia negó con la cabeza. Kenia dice con acento mexiquense, "Los grupos quedaron equilibrados. Los más pequeños sedados lo justo. Nadie lloró. "
Ese último dato no era un consuelo. Era un indicador de eficiencia.
Alessio caminó hacia el bar y se sirvió un amaro. Luego tomó otro vaso y lo llenó a la mitad. Se lo tendió a Kenia.
Alessio dice con acento palermitano, "Por una noche… impecable. "
Kenia chocó suavemente el vaso con el suyo.
Bebieron. El sabor era amargo. Persistente. Desde una ventana lateral se veía Palermo extendida, salpicada de luces. Iglesias. Calles estrechas. Casas viejas que guardaban historias que nadie quería recordar completas.
Alessio apoyó una mano en el cristal.
Alessio dice con acento palermitano, pensativo, "La gente cree que la Navidad es inocente. Pero es el momento donde más se entrega… sin preguntar. "
Kenia se acercó a su lado.
Hubo un silencio cómodo. Profesional. Alessio la miró entonces. No como anfitrión. No como benefactor. Como lo que realmente era: un hombre midiendo a su socia.
Alessio dice con acento palermitano, "Te mueves bien entre la gente. Las mujeres te creen. Los hombres te subestiman. "
Kenia alzó una ceja, divertida.
Kenia dice con acento mexiquense, "Siempre ha sido así. "
Él sonrió apenas.
[RolOff] Kenia:] "iji"
Alessio dice con acento palermitano, "Por eso funcionas aquí. Sicilia respeta la apariencia. Y tú eres… perfecta para eso. "
Desde el fondo del pasillo, un hombre apareció discretamente. Fabio Bellini. Jefe de logística local. Treinta y tantos. Traje oscuro. Ojos atentos. Fabio Bellini dice con acento siciliano, "Signore. —La prensa local ya publicó las primeras fotos. Titulan: “Cena solidaria ilumina la Navidad de Palermo”. "
Alessio soltó una breve risa nasal.
Alessio dice con acento palermitano, "Siempre me ha gustado ese verbo. "Iluminar. "
Kenia se giró hacia Fabio.
Kenia dice con acento mexiquense, "¿Alguna mención a traslados? "
Fabio negó. Fabio Bellini dice con acento siciliano, Nada. Todo limpio. "
Alessio levantó el vaso una última vez.
Alessio dice con acento palermitano, "Entonces mañana Palermo despertará agradecida. Y nosotros… un poco más poderosos. "
Fabio se retiró.
Kenia observó el salón vacío: mesas recogidas, copas alineadas, restos de una fiesta que había cumplido su función.
Kenia dice con acento mexiquense, casi para sí, "Es curioso. Todos creen que la maldad entra rompiendo puertas. "
Alessio la miró.
Alessio dice con acento palermitano, "Y nunca notan cuando entra cantando villancicos. "
Las luces se apagaron una a una. Afuera, Palermo seguía celebrando. Y en algún punto de la carretera, lejos de los coros y los aplausos, la Navidad cambiaba de color.
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