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Anatomía de una chica perfecta
Publicado: Sab May 23, 2026 5:53 pm
por Dertie
Punto de vista: Laura
Laura Jiménez García nació y creció en Elizondo, un pueblo rodeado de montañas verdes, bosques húmedos y niebla casi permanente. Allí las mañanas olían a lluvia y a tierra mojada, y las casas de piedra parecían mantenerse iguales pasaran los años que pasaran. Era el tipo de lugar donde todo el mundo se saludaba por la calle, donde las persianas se abrían temprano y donde los rumores viajaban más rápido que cualquier otra cosa.
De pequeña pasaba muchísimo tiempo fuera de casa con su hermano mayor. Los dos se escapaban a los bosques cercanos, caminando entre árboles enormes, riachuelos helados y senderos cubiertos de barro. Él siempre iba unos pasos por delante y ella lo seguía sin protestar, convencida de que mientras estuviera con él nada malo podía pasarle. Construían refugios improvisados, recogían hojas húmedas del suelo y volvían a casa con las zapatillas llenas de tierra y las manos congeladas. Laura siempre recordaría esa sensación de seguridad absoluta que tenía entonces, como si el mundo todavía fuera pequeño y sencillo.
Aun así, nunca fue la típica chica fría o distante. Había algo muy dulce e inocente en ella. Mientras otras niñas empezaban a rebelarse, Laura seguía refugiándose en los libros, en las conversaciones tranquilas y en esa vida pequeña y ordenada que conocía desde siempre. Los profesores la adoraban porque siempre parecía responsable y correcta, aunque por dentro empezaba a sentirse cada vez más limitada por el entorno en el que había crecido.
El colegio estaba lleno de rutinas rígidas: misas, actos religiosos, disciplina constante y una idea muy concreta de cómo debía ser una chica “adecuada”. Y aunque Laura encajaba perfectamente desde fuera, con los años empezó a cansarse de vivir bajo tantas expectativas. Sentía que llevaba demasiado tiempo siendo exactamente lo que todos querían que fuese, sin llegar a preguntarse nunca quién era realmente cuando nadie la observaba.
Más adelante consiguió entrar en la Universidad de Navarra para estudiar Medicina. Allí siguió destacando por ser una alumna brillante y extremadamente responsable. Nunca necesitó llamar la atención; simplemente era buena en lo que hacía. Sus profesores confiaban en ella y sus compañeros la veían como esa chica tranquila y delicada que parecía tener la vida completamente bajo control.
Pero la realidad era distinta. Aunque quería a su familia y a la vida que había tenido, llevaba años sintiéndose atrapada dentro de la imagen que todos tenían de ella. En Elizondo siempre había sido “la niña buena”, la chica inteligente del pueblo, la hija perfecta. Y poco a poco empezó a cansarse de vivir bajo esos estigmas y expectativas. Había algo dentro de ella que necesitaba descubrir quién era lejos de las miradas conocidas, lejos de las normas con las que había crecido.
Cuando le ofrecieron una beca para trasladarse a Madrid y formarse en el Instituto Anatómico Forense, sintió miedo y alivio al mismo tiempo. Era una oportunidad enorme: especializarse en medicina forense mientras colaboraba haciendo guardias hospitalarias para completar la residencia. Madrid representaba exactamente todo lo que nunca había tenido: anonimato, libertad, exceso, decisiones propias y la posibilidad de equivocarse sin que todo un pueblo hablara de ello.
Aceptar significó dejar atrás prácticamente toda su vida. Sus padres, sus amigos, la rutina segura que conocía desde pequeña e incluso esa versión inocente y controlada de sí misma con la que todos la identificaban. Se marchó con pena, sintiendo que estaba rompiendo algo importante, pero también con la certeza de que necesitaba hacerlo. Porque por primera vez en su vida quería descubrir quién era realmente cuando nadie esperaba que fuese perfecta.
Re: Anatomía de una chica perfecta
Publicado: Dom May 24, 2026 5:03 pm
por Dertie
Lo difícil no era irse, era quedarse
Punto de vista: Laura
Terminal de salidas de Loiu, 'La Paloma'.
El amanecer de Bizkaia apenas se filtra por las enormes cristaleras de la terminal de salidas. La luz grisácea ilumina las costillas de acero blanco que se elevan hacia el techo aerodinámico, emulando el interior de un ave mítica. A través del vidrio, las colinas verdes de Loiu y Sondika se desdibujan bajo un manto de bruma baja. El zumbido constante de las maletas con ruedas sobre el suelo pulido y el murmullo mecánico de las pantallas de embarque rebotan en el espacio diáfano, creando una acústica fría, casi de catedral. Frente a las cintas de facturación, la tensión es palpable.
Amaia alisa por cuarta vez la solapa del abrigo de su hija, con dedos firmes que tiran de la tela hacia abajo, como si intentara anclarla al suelo de Loiu.
Amaia dice con acento navarro: "Mírate, vas hecha un adefesio con esos pantalones tan finos. Que en Madrid la gente va muy arreglada a los hospitales, Laura. Luego dirán que en el norte no sabemos vestir a las criaturas."
Dices con acento navarro: "Mamá, es un vuelo. No voy a ir vestida de gala, no tiene sentido y lo sabes. Además, en Madrid hace muchísimo más calor que aquí, recuérdalo."
La joven mira a su madre con cansancio mal disimulado. Para su madre nada es perfecto. Ella siempre ha intentado estar a la altura, pero siente que nunca lo estará y por eso decidió aceptar la beca.
Amaia la ignora deliberadamente.
Amaia abre su bolso de piel con un chasquido seco. Rebusca entre pañuelos de tela y pastillas para la garganta hasta sacar un tupper de cristal envuelto en dos bolsas de plástico anudadas.
Amaia dice con acento navarro: "Cuatro croquetas de jamón. De las buenas, de las que te gustan. No esa porquería congelada que vas a comprar en el supermercado de abajo del piso. Que ya me enteré de que no hay carnicería decente en tres manzanas a la redonda de ese barrio."
Dices con acento navarro: "Mamá, llevas enseñándome a cocinar desde que era pequeña. Además, muchos días tendré que comer en el hospital, ya lo sabes. Muchas gracias de todas formas, sabes que me encantan tus croquetas."
Amaia deja caer los hombros, entornando los ojos con una mezcla de lástima y reproche silencioso. Vuelve a guardar el tupper con una lentitud calculada, esta vez en la mochila de su hija, haciendo que cada movimiento pese.
Dices con acento navarro: "Además, sabes que al menos hoy me quedaré en la pensión de la señora Matilda. Has hablado con ella cuarenta veces. Sabes que cocina siempre lo más sano posible, que hace la colada dos veces por semana y que las sábanas están limpias."
Amaia la interrumpe con una caricia brusca en la mejilla, atrapándole la barbilla con dos dedos para obligarla a mirarla directamente. Su tono baja a un murmullo denso, que pretende ser cariñoso, pero resulta asfixiante para cualquiera.
Amaia dice con acento navarro: " Si te pasa algo... si te pones mala del estómago con esos menús de cafetería, me llamas. Da igual que sean las tres de la mañana. Yo no duermo, ya lo sabes. Cuando mis niños faltan, mis noches son un desierto, así que no me vas a despertar. Tú me llamas. No quiero enterarme por tu tía la de Pamplona de que estás con fiebre. Que parece que te da vergüenza tener madre."
Un aviso sonoro resuena en la bóveda de acero de Calatrava, anunciando la apertura del filtro de seguridad para los vuelos de la mañana. Los pasajeros comienzan a agolparse frente a los arcos detectores de metales, sacando portátiles y bandejas plásticas bajo la mirada cansada de los vigilantes.
Amaia mira la fila del control como si fuera un patíbulo. Le recoloca el mechón de pelo detrás de la oreja a Laura, apretando un poco más de la cuenta.
La chica mira a su madre con pena, pero a la vez sabe que no puede seguir así. No puede seguir enclaustrada en un mundo que se ha dado cuenta de que no es el suyo. Un mundo tan cerrado como una jaula cubierta de flores.
Amaia dice con acento navarro: "Venga, pasa ya, no sea que por mi culpa pierdas el avión y tengamos que volver a Elizondo con las maletas... Aunque bien pensado, al menos allí el aire es limpio. Llama en cuanto aterrices. Si tardas más de diez minutos desde la hora del panel, llamo yo a la oficina del aeropuerto, que tengo el teléfono aquí apuntado. Que no me cuesta nada armarles un jaleo si te pasa algo en el vuelo o la pista de aterrizaje."
Dices con acento navarro: "Mamá te prometo que te llamaré y estaré bien. Los aviones son los vehículos más seguros a la hora de viajar, ya te lo dije."
Dices con acento navarro: "Por cierto, por favor, cuida de papá, que sabes como se pone con estas cosas. Con la marcha de Héctor se tiró llorando una semana y no quiero que sufra."
Amaia asiente con los labios apretados en una línea delgadísima.
Laura se acerca al policía que le va a ayudar con el control de seguridad y cuando ve que tiene todo en regla se gira y se despide con la mano de su madre
La muchacha grita: "Os quiero a todos!"
Amaia apenas levanta la mano.
La joven no puede evitar respirar con alivio sintiendo que todo en su vida va a cambiar. No sabe si para bien o para mal, pero Alea Iacta Est.
Amaia grita: "No se te olvide ir a la iglesia! ¡Mira que ahí arriba Dios todo lo ve!"