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El ajedrez de cacao y Seda
Publicado: Jue May 14, 2026 1:44 am
por Indira
Días de Ceniza y Cacao. La Losa del Marttini.
Punto de vista: Vittoria.
La Vittoria que amaneció esa mañana era un cascarón vacío. El dolor de la ruptura no era una herida abierta, sino una losa de mármol depositada sobre su pecho, tan pesada y fría como las losas que cubrían las tumbas antiguas en el Piamonte. Habían pasado varios días desde la última vez que vio a Marcco. Días desde que el sonido suave del cierre de la puerta se convirtió en el eco violento de su decisión. Él se había marchado a primera hora de la mañana siguiente, llevándose sus pertenencias sin una sola palabra, sin dejar una nota, sin una última mirada. Un borrado absoluto, tan limpio y metódico como la aniquilación de los Rinaldi.
Ella lo había querido así: la brutalidad en lugar de la piedad. Pero la liberación que buscaba no llegó. En lugar de fuego, encontró ceniza; la libertad que ganó al romper la atadura emocional era solo el vasto, helado vacío que ahora la rodeaba.
La fábrica, la guerra financiera, los fiscales... todo era un ruido molesto que apenas lograba distraerla del silencio de la suite que solía compartir. Había dormido en el sofá de la oficina, envuelta en un sudario de trabajo, ignorando el dormitorio que olía a él. El aroma a sándalo y código de programación se había quedado adherido a las sábanas, una tortura silenciosa que la obligaba a revivir la frialdad de su rechazo.
La Carga del Anillo y el Diario.
El golpe de gracia había llegado el mismo día que Marcco se fue.
La Villa Martini había sido invadida por una visita inesperada, un fantasma del sur que portaba verdades devastadoras. Raffaele, el hombre enigmático de la Villa Ferrari, el guardián silencioso de Leila, había viajado a Turín. Su presencia era un decreto, no una visita.
Le había entregado a Mássimo un pequeño estuche de terciopelo. Dentro, el anillo de compromiso de Leila, sobrio y antiguo, que ahora se sentía como una bala de plomo.
La confirmación de la muerte de Rodrico y sus hombres, que Mássimo había temido pero no se había atrevido a aceptar, se hizo carne con el testimonio impasible de Raffaele: el avión no había fallado; había sido borrado.
Pero el segundo objeto había sido el veneno puro: el diario personal de Chiara.
Leila había encontrado la verdad. La traición de Mássimo, su padre, acostándose con Chiara, la mejor amiga y ex Consigliere de Leila, había quedado expuesta en tinta. No era solo una infidelidad; era la violación del santuario de confianza de Leila, un error que ella también había cometido y que ahora su padre replicaba con una crueldad de la que ni siquiera ella se sentía capaz.
Mássimo había entrado en la oficina esa noche como un hombre al que acaban de despojar de su piel. Se había derrumbado sobre el escritorio, su rostro oculto en las manos, el pesado anillo de compromiso de Leila brillando solitario sobre la caoba.
"Se acabó, Vittoria. Se acabó todo. la fábrica, mi boda con Leila… todo es ceniza," había susurrado Mássimo, y por primera vez, Vittoria vio a su padre no como el León de Turín, sino como un hombre viejo y roto por el peso de sus pecados.
El silencio de la villa ahora era la peor condena. Estaban solos, devorados por sus respectivas culpas: la de Mássimo, por traicionar el amor y la decencia; la de Vittoria, por creer que su amor con Marcco era inmune al caos, y por la brutalidad con la que lo había dejado ir.
La fría losa que oprimía el pecho de Vittoria no era el único peso en la Villa Marttini. El jueves, con el sol turinés escondido tras una cortina de nubes grises, el silencio se rompió con el sonido inesperado de una maleta rodando sobre el mármol del recibidor.
Vittoria, que intentaba concentrarse en un informe de pérdidas sobre la mesa del comedor, levantó la cabeza. La figura que entraba no era un fiscal, ni un abogado, ni un fantasma de la corporación. Era Mirabella.
Su mejor amiga, una pintora de aura caótica y espíritu libre, se había materializado sin aviso, sin llamada, como siempre lo hacía en los momentos de desastre. Mirabella vestía una sudadera de lana color azafrán y unos pantalones de mezclilla salpicados de pintura, un manifiesto de arte y despreocupación que contrastaba con la rígida pulcritud en duelo de la villa. Sus ojos, profundos y oscuros, que habían visto todas las versiones de Vittoria—la de Madrid, la de Turín, la caída y la redimida—, la estudiaron con una mezcla de reproche silencioso y afecto incondicional.
Mirabella dice con acento ferrarés, dejando caer la maleta junto al perchero, "Ciao, Vitto. No me dijiste que habías cambiado las cerraduras, pero supuse que la reina del cacao necesitaría un poco de compañía después de borrar a su novio y a la competencia."
Vittoria se levantó, incapaz de articular una palabra, y se dirigió a su amiga. El abrazo que se dieron no fue un saludo, sino una descarga eléctrica de dolor compartido. Se aferró a Mirabella, sintiendo por fin cómo la máscara de acero se agrietaba.
Esa noche, Mirabella tomó el mando del desorden doméstico. Ignoró la cocina industrial de la villa, optando por una ligereza que el ambiente necesitaba. Preparó una cena sencilla en la cocina auxiliar, lejos del despacho donde Mássimo seguía atrincherado en su propia culpa: pasta con pesto fresco y una simple ensalada de tomate y albahaca.
Se sentaron en el sofá, frente a un televisor que proyectaba una comedia italiana antigua en Netflix, un ruido de fondo que no requería atención, solo presencia.
Mirabella dice con acento ferrarés, "La pasta necesita más sal, pero tú necesitas más que sal, Vitto. Come. La tragedia sabe mejor con carbohidratos."
Vittoria comió en silencio, sintiendo cómo el calor de la comida y la presencia inmutable de su amiga comenzaban a descongelar la losa en su pecho. Después de la cena, Mirabella apagó el televisor y se dirigió a su maleta. Sacó un cuaderno de dibujo de tapas duras, cubierto de manchas de pintura, y una caja de carboncillos.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Vale. Basta de evasión. El caos no se combate con pasta. Se combate con más caos, pero en papel. Mira esto. Son mis bocetos de Ferrera, el arte abstracto que estoy intentando armar para la galería Vellini."
Deslizó el cuaderno hacia Vittoria. Eran trazos salvajes, explosiones de color y geometría rota: una representación visceral de emociones sin forma. Vittoria, la diseñadora de la línea precisa y el corte limpio, observó el arte del desorden de su amiga.
Vittoria dice con acento turinés, "Son hermosos, Mirabella. Y caóticos. Me recuerdan a mí misma, antes de que Marcco intentara ponerme en un envase de cristal."
Mirabella le dedicó una media sonrisa, recogiendo los platos.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Marcco intentó hacerte bien, Vitto. Él quería que fueras calma, no caos. Es un buen hombre, con un juicio moral demasiado grande para este circo. Te ha rechazado porque te ama, y tú lo has echado por la misma razón. Es el ciclo Marttini. La autosabotage es tu único arte perfecto."
La cruda honestidad de Mirabella golpeó a Vittoria con la fuerza que solo una amiga puede permitirse. Vittoria se levantó y caminó hasta el ventanal, contemplando el perfil industrial de Turín. Las palabras se acumularon en su garganta, pesadas y amargas.
Vittoria dice con acento turinés, "Lo eché, Mirabella. Lo eché porque me estaba pidiendo que eligiera: la bondad o la supervivencia. Me pidió que dejara de ser una Marttini, y no pude. Me juzgó por lo que hizo mi padre, por la brutalidad con la que tuvimos que responder a los Rinaldi. Y lo último que necesito en este infierno es un predicador a mi lado. Pero, Dio mio, duele. Duele más que cualquier otra caída. Es el primer amor que me niega el refugio, y por eso lo amo más. ¿Lo arruiné?"
Mirabella se acercó a ella, abrazándola por la espalda, sintiendo la tensión en los hombros de su amiga.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Lo arruinaste porque eres tú, Vitto. Y él lo arruinó porque es él. Vosotros sois fuego y hielo. Y ahora la fábrica necesita fuego. Y tu padre necesita ceniza. Y tú necesitas a alguien que no te pida que te calmes, sino que te permita arder un poco antes de apagarte."
Vittoria se giró, y las lágrimas que había contenido durante días finalmente se liberaron. El llanto no fue histérico, sino un lamento silencioso y profundo, un desgarro que resonó en el silencio de la villa. Mirabella no intentó detenerla, solo la sostuvo.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Llora, cara. Llora al hombre que te amó tanto que te dejó ir. Llora por Rodrico, y por el puto cacao adulterado. Y mañana, te levantas y quemas todo lo que no te sirva. Incluido el recuerdo de Marcco, si es necesario, hasta que encuentres el próximo caos."
Durante horas, compartieron el silencio, roto solo por los sollozos y las promesas de un nuevo mañana.
Vittoria dice con acento turinés, "Gracias, Mirabella. Siempre estás aquí, en las peores caídas."
Mirabella dice con acento ferrarés, "Tú eres mi caos favorito, Vitto. Y ahora, a dormir. Mañana, eres la CEO temporal de Marttini. Y tu única misión es destruir al enemigo. La introspección y el amor esperan a que la guerra termine."
Se acostaron en el sofá del salón, envueltas en una manta de lana, la luz tenue de una lámpara de lectura proyectando largas sombras. Por primera vez en días, Vittoria durmió, protegida no por la fuerza de un imperio, sino por la lealtad incondicional de una amiga que había aceptado su naturaleza inestable sin intentar cambiarla.
rebeldía del rescate.
Punto de vista: Vittoria y sus amigas.
Miércoles por la noche en la villa Marttini.
Por la noche, la Suite de Vittoria, que había sido un mausoleo de silencio y culpa, se transformó en un camerino de caos femenino. El aroma a
sándalo y código de programación fue barrido por una ráfaga de perfumes caros, laca, y el penetrante dulzor del Moscato d'Asti.
Las cinco amigas, un consorcio de risas, afecto y caos puro, se habían reunido para una intervención táctica.
Serena y Giuli, ambas turinesas de cuna, estaban a cargo del 'Proyecto Resurrección'. Serena, práctica y con un sentido de la moda que rozaba lo militar, movía las manos expertamente sobre el cabello de Vittoria, forzándola a mirar su reflejo en el espejo. Giuli, con una copa de vino en la mano, criticaba la palidez de su amiga con la honestidad brutal que la caracterizaba.
Serena dice con acento turinés, "Te ves terrible, Vitto. Tus ojeras son más oscuras que el cacao de la Línea Tres. Pero lo voy a arreglar. Vas a brillar, aunque solo sea por la luz de este glitter."
Giuli dice con acento turinés, "¡Y por favor, sonríe! Pareces la viuda de un capo. Marcco ya se fue, y la fábrica no se va a quemar si te ríes por una noche. ¡Hay que celebrar el divorcio emocional!"
Allegra, la más efervescente del grupo, iba y venía de la nevera a la sala, distribuyendo copas llenas de un Barolo tinto, intentando calentar el ambiente de la suite con una dosis de imprudencia.
Allegra dice con acento turinés, "¡Tenemos que calentar el ambiente, chicas! ¡Música! ¡Y bebe, Vittoria! ¡El vino es el único antidepresivo legal que no te pide explicaciones!"
Mirabella, con su habitual calma caótica, estaba sentada en el suelo, dibujando trazos abstractos en un bloc de notas. Ella era el ancla silente, observando cómo sus amigas intentaban reanimar a la Reina del Cacao.
Mirabella dice con acento ferrarés, "No la ahoguen en vino. Solo necesita un empujón. Un poco de caos controlado. ¿Recuerdas cómo te gustaba el desorden antes de que tu ex ragazzo te convenciera de ser 'calma', Vitto?"
Vittoria, vestida con un LBD de seda negra que resaltaba la tensa línea de sus hombros, se permitió una risa hueca. Estaba exhausta de ser la estratega, la hija leal, la ejecutiva.
Vittoria dice con acento turinés, "Marcco tenía razón. Yo uso el caos para evadirme. Y Mirabella, la introspección ha terminado. Necesito evasión, no más introspección. Necesito algo estúpido y ruidoso."
Serena, aprovechando la debilidad momentánea, se colocó frente a ella, las manos en las caderas, su expresión una mezcla de súplica y ultimátum.
Serena dice con acento turinés, "¡Perfecto! ¡Porque tengo la solución ideal! Es el cumpleaños de mi prima, Francesca. La fiesta es en su casa de las afueras. Música, demasiado alcohol, y una multitud de desconocidos que no saben que eres la Marttini en guerra. Es el lugar perfecto para un borrado mental de 12 horas."
Giuli asintió con entusiasmo, chocando su copa con la de Allegra.
Giuli dice con acento turinés, "¡Serena tiene razón! Es el momento de volver a ser la chica de diecisiete años que brilla en la Toscana. Sin preocupaciones, sin responsabilidades y sin el peso del apellido. ¡Solo Vittoria y el baile!"
Allegra le entregó a Vittoria una copa de vino tinto, ya casi llena.
Allegra dice con acento turinés, "¡A bailar y a reír, Vitto! ¡Salgamos de esta jaula de oro y volvamos a ser felices!"
Vittoria miró el reflejo de la mujer que le devolvía la mirada: el maquillaje era impecable, el vestido elegante, pero los ojos seguían brillando con una pena reciente. Sin embargo, sintió un pinchazo de la antigua Vittoria, la que se lanzaba a los problemas con la misma despreocupación con que se lanzaba a una cama ajena.
Vittoria tomó un trago largo del vino, sintiendo el calor recorrer su garganta, quemando el frío de la losa de mármol. El sabor amargo era un bienvenido contraste con la dulzura artificial de la vida corporativa.
Vittoria dice con acento turinés, "Bien. Que así sea. Necesito dejar de pensar en abogados, en fianzas y en traidores. ¡Vamos a esa fiesta!
Serena y Giuli estallaron en gritos de alegría. La operación había sido un éxito. Serena le dio los últimos toques a su cabello y Giuli le pasó un pequeño bolso de mano.
Serena dice con acento turinés, "¡Esa es mi chica! ¡Ahora, vamos! ¡Francesca nos espera! ¡Y ya verás que hay una gran diferencia entre ser la Marttini en guerra y ser la Marttini que sabe bailar en la pista!"
Mientras salían de la suite, Mirabella se quedó un momento, sonriendo para sí misma. La Reina del cacao había aceptado su naturaleza. El fuego había vuelto.
Re: El ajedrez de cacao y Seda
Publicado: Sab May 16, 2026 7:32 am
por Indira
Luces Fuera de la Jaula.
Punto de vista: Vittoria y sus amigas.
La noche de Turín respiraba húmeda y fría cuando las cinco salieron de la Villa Marttini. El contraste entre el interior silencioso de la mansión y el exterior vibrante de la ciudad golpeó a Vittoria como una descarga eléctrica. Durante días, la villa había sido un mausoleo de mármol y culpa; ahora, el aire olía a gasolina, perfume y lluvia reciente sobre el asfalto.
El convoy esperaba frente a la entrada principal.
El coche de Vittoria —un sedán negro elegante pero discreto— permanecía encendido, expulsando pequeñas nubes de vapor por el escape. Detrás, otro vehículo oscuro con cristales polarizados alojaba a los hombres de seguridad asignados por Bianca. La escolta no era negociable. No después de los Rinaldi. No después de Rodrico.
Serena observó el segundo vehículo y soltó una risa corta mientras se acomodaba el abrigo.
Serena dice con acento turinés, "Es oficialmente la primera vez que voy a una fiesta universitaria con guardaespaldas detrás."
Allegra levantó la copa de plástico que aún llevaba en la mano.
Allegra dice con acento turinés, "Eso solo hace que parezcamos más interesantes."
Giuli miró el convoy con una mezcla de fascinación y resignación.
Giuli dice con acento turinés, "Mi madre me mataría si supiera que estoy entrando a una fiesta protegida como si fuera la hija de un ministro."
Mirabella cerró la puerta de la villa detrás de ellas y guardó las manos en los bolsillos de su abrigo mostaza.
Mirabella dice con acento ferrarés, "No exageren. Son solo hombres armados siguiendo a una heredera mafiosa emocionalmente inestable. Cosas normales de Turín."
Eso arrancó la primera carcajada real de Vittoria en días.
La risa le salió áspera al principio, oxidada por el llanto y el estrés, pero después simplemente fluyó. Se llevó una mano al pecho mientras negaba con la cabeza.
Vittoria dice con acento turinés, "Gracias por recordarme que mi vida no es normal ni por cinco minutos."
Allegra abrió la puerta del copiloto inmediatamente.
Allegra dice con acento turinés, "No conduzcas triste. Las chicas tristes conducen demasiado rápido."
Vittoria alzó una ceja.
Vittoria dice con acento turinés, "Yo siempre conduzco rápido."
Serena señaló el asiento trasero.
Serena dice con acento turinés, "Precisamente por eso hoy no decides nada. Yo adelante. Las deprimidas atrás con supervisión."
Giuli soltó una risa mientras empujaba suavemente a Vittoria hacia los asientos traseros.
Giuli dice con acento turinés, "Anda, CEO. Hoy eres solo una chica rica con problemas afectivos."
El interior del coche olía a cuero oscuro, perfume dulce y el vino que Allegra había llevado consigo dentro de un termo metálico sospechoso. La calefacción estaba encendida y empañaba ligeramente los bordes de las ventanas.
Vittoria terminó sentándose entre Mirabella y Giuli. Serena tomó el volante sin pedir permiso y Allegra se acomodó delante, controlando la música desde el teléfono conectado al sistema del auto.
Apenas arrancaron, comenzó a sonar un viejo tema pop italiano de principios de los dos mil. Algo pegajoso, vergonzosamente adolescente y perfecto para destruir cualquier intento de solemnidad.
Allegra empezó a cantar inmediatamente.
Allegra canta con acento turinés, desafinada:
"Tu sei... la mia ossessione—"
Giuli le lanzó una servilleta arrugada.
Giuli dice con acento turinés, "¡Dios mío, cállate! Pareces una tía borracha en karaoke."
Serena se rio mientras tomaba la autopista que salía hacia las afueras.
Serena dice con acento turinés, "No critiques hasta que tú cantes ABBA otra vez."
Las luces de Turín comenzaron a quedarse atrás poco a poco. Los edificios industriales fueron sustituidos por zonas residenciales más abiertas y después por caminos rodeados de árboles.
El coche de escolta mantenía una distancia prudente detrás de ellas.
Vittoria observó las luces reflejarse en el cristal mientras Giuli le acomodaba un mechón de cabello detrás de la oreja.
Giuli dice con acento turinés, más suave, "¿Cómo estás de verdad?"
La pregunta le pinchó el pecho.
Vittoria apoyó la cabeza contra el asiento.
Vittoria dice con acento turinés, "No lo sé."
Hubo un pequeño silencio.
Ni siquiera Allegra bromeó esta vez.
Vittoria tragó saliva antes de continuar.
Vittoria dice con acento turinés, "Es raro. Pensé que después de terminar con él me sentiría más fuerte. Más... funcional." Soltó una risa amarga. "Pero la suite está vacía todo el tiempo. Hasta cuando hay gente."
Mirabella observaba el paisaje oscuro fuera de la ventana.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Porque Marcco era tu rutina emocional. Y las rutinas pesan más cuando desaparecen."
Serena disminuyó ligeramente la velocidad al tomar una curva.
Serena dice con acento turinés, "Pero también estabas agotándote, Vitto. Todas lo vimos."
Allegra giró medio cuerpo desde el asiento delantero.
Allegra dice con acento turinés, "Además, si un hombre me rechaza durante semanas, yo también lo mando al infierno."
Giuli negó inmediatamente.
Giuli dice con acento turinés, "No ayudes."
Allegra levantó las manos.
Allegra dice con acento turinés, "¿Qué? Solo digo que ella también tiene orgullo."
Vittoria sonrió apenas.
El coche avanzó entre caminos más oscuros, rodeados por villas privadas escondidas entre árboles y muros altos. El cielo estaba completamente negro ahora, sin rastros del gris industrial de la ciudad.
La música cambió a algo más suave, indie italiano, casi melancólico.
Mirabella miró de reojo a Vittoria.
Mirabella dice con acento ferrarés, "¿Lo extrañas o extrañas cómo te hacía sentir?"
La pregunta fue directa. Brutalmente directa.
Vittoria tardó unos segundos en responder.
Vittoria dice con acento turinés, "Ambas."
Bajó la mirada hacia sus manos.
Vittoria dice con acento turinés, "Extraño cómo me abrazaba cuando todo estaba mal. Extraño cómo me miraba como si yo no fuera una amenaza para nadie." Respiró hondo. "Pero también extraño sentirme... limpia cerca de él."
El silencio dentro del auto se volvió más pesado.
Serena aferró el volante un poco más fuerte.
Giuli se mordió el labio.
Mirabella fue la única que no apartó la mirada.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Y ahora vuelves a sentirte peligrosa."
Vittoria asintió lentamente.
El ruido de los neumáticos sobre el asfalto mojado llenó el espacio durante unos segundos.
Después Allegra, incapaz de soportar demasiada tristeza seguida, volvió a subir el volumen de la música.
Allegra dice con acento turinés, "Vale, basta de terapia emocional o voy a lanzarme del coche."
Eso provocó algunas risas otra vez.
Serena señaló hacia adelante.
Serena dice con acento turinés, "Ya casi llegamos."
A lo lejos comenzaron a aparecer luces cálidas entre los árboles.
La villa de Francesca emergía en medio de la oscuridad como una pequeña isla dorada: música amortiguada, coches estacionados a ambos lados del camino privado, humo de cigarrillos flotando en el aire frío y grupos de jóvenes reunidos cerca de la entrada.
No era una fiesta glamorosa de alta sociedad.
Era peor.
Era una fiesta real de chicos ricos del norte italiano: demasiado alcohol, música demasiado fuerte, gente intentando parecer adulta mientras aún actuaban como adolescentes.
Y justamente por eso, Vittoria sintió algo parecido al alivio.
No había fiscales aquí.
Ni fábricas.
Ni cadáveres.
Solo ruido.
Serena sonrió mientras apagaba el intermitente.
Serena dice con acento turinés, "Bienvenidas al desastre, chicas."
Detrás de ellas, el coche de seguridad redujo velocidad también.
Vittoria observó la villa iluminada y, por primera vez en semanas, sintió algo distinto al dolor. Adrenalina.
Ruido, alcohol y luces cálidas.
Apenas cruzaron la entrada de la villa, el sonido las envolvió por completo.
La música golpeaba desde el interior con bajos profundos que hacían vibrar ligeramente el suelo de piedra bajo los tacones de Vittoria. El aire estaba cargado de demasiadas cosas mezcladas: perfume caro, humo dulce de vapeadores, alcohol derramado, pizza recién horneada y el olor húmedo de los abrigos mojados por el frío exterior.
La villa de Francesca era enorme, moderna, claramente perteneciente a una familia con demasiado dinero y poca supervisión parental. Techos altos, cristales enormes, muebles minimalistas y una iluminación tenue azulada que hacía que todo pareciera una fotografía nocturna.
Había jóvenes por todas partes.
Algunos bailaban en el salón principal. Otros estaban sentados en las escaleras con vasos rojos en las manos. Varias parejas se besaban sin demasiada discreción cerca de la cocina abierta. Un grupo jugaba cartas en el comedor mientras gritaban apuestas absurdas.
El volumen de la música obligaba a acercarse mucho para hablar.
Francesca apareció casi inmediatamente entre la multitud.
Era alta, rubia, con delineado oscuro y un vestido plateado demasiado elegante para una fiesta improvisada. En cuanto vio a Serena abrió los brazos.
Francesca dice con acento turinés, "¡Finalmente! Pensé que ibas a dejarme morir sola con estos idiotas."
Serena se lanzó a abrazarla.
Serena dice con acento turinés, "Tu drama siempre es exagerado."
Francesca se apartó apenas y sus ojos se movieron inmediatamente hacia Vittoria.
La reconoció al instante.
Todo el mundo en ciertos círculos de Turín reconocía a una Marttini aunque fingieran que no.
Pero para alivio de Vittoria, Francesca no hizo comentarios incómodos sobre la fábrica, los Rinaldi o los escándalos recientes.
Solo sonrió.
Francesca dice con acento turinés, "Vittoria Marttini en mi casa. Ahora sí esta fiesta tiene presupuesto."
Eso arrancó risas alrededor.
Vittoria alzó una ceja con una pequeña sonrisa cansada.
Vittoria dice con acento turinés, "Prometo no demandarte si alguieN me tira una copa."
Francesca soltó una carcajada y le tomó la mano.
Francesca dice con acento turinés, "Perfecto. Entonces ven. Hay alcohol, música y estudiantes de arquitectura intentando parecer interesantes."
Allegra levantó una mano inmediatamente.
Allegra dice con acento turinés, "¿Hay también chicos guapos emocionalmente irresponsables?"
Francesca señaló el salón.
Francesca dice con acento turinés, "Toda la casa está llena."
Eso bastó para que Allegra desapareciera prácticamente de inmediato entre la multitud.
Giuli negó con la cabeza mientras se quitaba el abrigo.
Giuli dice con acento turinés, "Un día va a terminar casándose accidentalmente en Las Vegas."
Mirabella ya observaba las paredes llenas de cuadros modernos y esculturas minimalistas.
Mirabella dice con acento ferrarés, "La decoración parece hecha por alguien que descubrió Pinterest y heredó una fortuna."
Serena agarró dos vasos de una bandeja que pasaba cerca.
Serena dice con acento turinés, "Y aun así me encanta."
Le entregó uno a Vittoria.
El líquido ámbar olía fuerte. Whisky barato mezclado con cola.
Vittoria dio un pequeño trago.
El alcohol le quemó la garganta agradablemente.
Por primera vez en semanas no sentía el silencio de la villa Marttini aplastándole el pecho.
Aquí había demasiado ruido para pensar.
Demasiada gente.
Demasiadas luces.
Y lentamente, empezó a relajarse.
Una hora después, la fiesta ya había crecido.
La música cambió varias veces entre techno suave, pop italiano y canciones estadounidenses que todos coreaban aunque nadie supiera bien el inglés.
Vittoria estaba sentada sobre el borde ancho de una ventana abierta junto a Giuli y Serena. El aire frío entraba desde el jardín, enfriándole la piel caliente por el alcohol y el ambiente cargado del interior.
Un chico de cabello rizado y camisa negra se acercó con una cerveza en la mano.
Andrea.
Serena lo reconoció primero.
Serena dice con acento turinés, "¡Andrea! Pensé que estabas en Milán."
Andrea se inclinó para saludarla con un beso en la mejilla.
Andrea dice con acento turinés, "Suspendieron clases otra vez. Protestas."
Después miró a Vittoria con una mezcla de reconocimiento y cautela.
Andrea dice con acento turinés, "Tú eres Vittoria, ¿no? Diseño de modas."
Ella asintió.
Vittoria dice con acento turinés, "Y tú eres el chico que Serena describe como 'demasiado consciente políticamente para una fiesta'."
Andrea soltó una risa sorprendido.
Andrea dice con acento turinés, "Vale, eso dolió un poco."
Serena se encogió de hombros.
Serena dice con acento turinés, "No dije que fuera mentira."
Andrea terminó quedándose con ellas.
La conversación derivó rápido hacia universidad, profesores insoportables y la reciente crisis financiera que había golpeado varias empresas del norte.
Nadie mencionó directamente a los Marttini.
Pero Vittoria notaba las miradas ocasionales.
La curiosidad.
La prudencia.
La reputación de su apellido entrando a las habitaciones antes que ella.
Y aun así... nadie la trataba como heredera esa noche.
Solo como una chica más en una fiesta.
Eso era nuevo.
Eso era peligrosamente agradable.
Más tarde, en la cocina, Vittoria ayudaba a Francesca a abrir otra botella de vino mientras varias personas fumaban cerca de la isla central.
El mármol estaba pegajoso por bebidas derramadas.
Olía a cítricos, alcohol y humo dulce.
Un chico alto apoyado cerca del fregadero la observaba desde hacía rato.
Tenía el cabello oscuro, mandíbula marcada y una camisa blanca abierta en el cuello. Claramente atractivo. Claramente consciente de ello.
Finalmente se acercó.
Tommaso dice con acento turinés, "No pareces disfrutar mucho las fiestas."
Vittoria levantó la vista hacia él mientras giraba el sacacorchos.
Vittoria dice con acento turinés, "Depende de la fiesta."
Tommaso sonrió apenas.
Tommaso dice con acento turinés, "¿Y esta?"
Ella pensó unos segundos.
La música vibrando desde el salón.
Las risas.
Las discusiones absurdas.
El calor.
El alcohol.
La sensación extraña de volver a tener diecisiete años por unas horas.
Vittoria dice con acento turinés, "Todavía no lo decido."
Tommaso soltó una pequeña risa.
Había interés en sus ojos. Claro. Visible.
Y Vittoria lo notó inmediatamente.
La vieja Vittoria habría jugado con eso sin pensarlo.
Habría disfrutado la tensión.
La validación.
El caos.
Pero ahora solo sentía el estrés de su vida.
Tommaso tomó dos vasos de plástico.
Tommaso dice con acento turinés, "Pues deberías bailar antes de decidir."
Le ofreció uno.
Ella lo aceptó por educación.
Y, sorprendentemente, sonrió.
Una sonrisa real esta vez.
No manipuladora.
Solo ligera.
Vittoria dice con acento turinés, "Quizá."
En el salón principal, Allegra ya estaba bailando encima de una pequeña plataforma improvisada junto a otros estudiantes mientras Giuli grababa videos entre carcajadas.
Serena apareció agarrando a Vittoria de la muñeca.
Serena dice con acento turinés, "¡Ven aquí ahora mismo! Llevas una hora actuando como adulta funcional y eso es ilegal esta noche."
Vittoria intentó resistirse.
Terminó riéndose.
Y acabó arrastrada al centro del salón.
Las luces cálidas y azules giraban lentamente sobre los cuerpos.
La música electrónica vibraba dentro del pecho.
Había sudor, risas, vasos chocando, alguien cantando terriblemente cerca del DJ improvisado.
Y Vittoria... simplemente se soltó.
No como la chica rota de Madrid.
No como la heredera fría de la fábrica.
Solo como ella.
Bailó con Serena y Giuli entre empujones y carcajadas.
Mirabella incluso terminó sonriendo mientras observaba desde el sofá con una copa en la mano.
El vestido negro de Vittoria se movía con libertad alrededor de sus piernas mientras levantaba el cabello del cuello por el calor.
Varias personas la miraban.
No solo por ser hermosa.
Había algo más.
Presencia.
Seguridad.
La clase de energía peligrosa que atraía incluso cuando intentaba pasar desapercibida.
Pero esa noche, por primera vez en mucho tiempo, Vittoria no estaba intentando evadir su realidad.
Ni destruirse.
Solo quería sentir el ruido.
Y durante unos minutos exactos, mientras la música llenaba la villa y sus amigas gritaban desafinadas alrededor de ella, lo consiguió.
El peso de dejarse llevar.
La música había bajado un poco de intensidad.
Seguía siendo fuerte, claro, pero ya no era el caos del inicio de la fiesta. Ahora la gente estaba más repartida por la villa. Algunos bailaban todavía en el salón principal, otros hablaban en grupos pequeños cerca de las ventanas abiertas o en la terraza que daba al jardín.
El aire estaba cargado de perfume, alcohol, humo dulce y comida caliente que seguía saliendo desde la cocina.
Vittoria estaba apoyada contra una pared cerca del arco que conectaba el salón con el comedor. Tenía un vaso de gin tonic en la mano y las mejillas ligeramente cálidas por el alcohol y el ambiente.
Veía a Serena bailar ridículamente con un chico alto que intentaba seguirle el ritmo mientras Giuli los grababa muerta de risa.
Allegra discutía algo sobre música con dos chicos sentados en el suelo.
Mirabella estaba sentada sobre el respaldo de un sofá observando a todo el mundo como si estuviera estudiándolos.
—Creo que tu amiga del sofá me intimida.
Vittoria giró la cabeza.
Tommaso había vuelto.
Llevaba dos vasos nuevos en la mano y una sonrisa tranquila. Se acercó despacio, sin invadirle espacio.
Tommaso dice con acento turinés, "El primero ya estaba demasiado aguado."
Ella tomó el vaso que le ofrecía.
Vittoria dice con acento turinés, "Gracias."
Sus dedos se rozaron apenas.
Tommaso miró hacia Mirabella.
Tommaso dice con acento turinés, "Habla poco pero siento que sabe demasiadas cosas."
Vittoria soltó una risa pequeña.
Vittoria dice con acento turinés, "Bella siempre parece estar pintando gente en su cabeza."
Tommaso asintió como si eso tuviera sentido.
Y extrañamente lo tenía.
Se quedaron uno al lado del otro mirando el movimiento de la fiesta. Cerca de ellos pasó un grupo riéndose demasiado fuerte mientras alguien tropezaba con una alfombra y otro chico lo sujetaba antes de caer.
La música cambió a algo más lento, más bailable.
Tommaso miró a Vittoria de reojo.
Tommaso dice con acento turinés, "Ahora sí pareces relajada."
Ella bebió un poco antes de responder.
Vittoria dice con acento turinés, "Un poco."
Tommaso dice con acento turinés, "Hace rato estabas como... tensa."
Ella lo miró divertida.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Me estabas observando tanto?"
Tommaso sonrió sin molestarse en negarlo.
Tommaso dice con acento turinés, "Sí."
La sinceridad le hizo gracia.
No parecía estar intentando impresionarla. Solo decía las cosas como le salían.
Tommaso apoyó el hombro contra la pared cerca de ella.
Tommaso dice con acento turinés, "Pensé que ibas a ser imposible de tratar."
Vittoria levantó una ceja.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Y ahora?"
Tommaso la recorrió con la mirada apenas un segundo. No de manera desagradable. Solo clara.
Tommaso dice con acento turinés, "Ahora creo que eres peligrosa, pero simpática."
Ella soltó una carcajada breve.
Real.
Vittoria dice con acento turinés, "Eso suena peor."
Tommaso se encogió de hombros.
Tommaso dice con acento turinés, "Depende para quién."
Hubo unos segundos cómodos entre ellos.
Desde el jardín llegaba el aire frío mezclado con el olor húmedo de la noche. Vittoria apoyó la cabeza un instante contra la pared.
El alcohol le había soltado los músculos.
Y la atención de Tommaso... también.
No porque necesitara validación.
No porque quisiera autodestruirse.
Solo porque se sentía bien que alguien la mirara así.
Sin miedo.
Sin expectativas enormes.
Sin tratarla como un problema que resolver.
Tommaso volvió a hablar más bajo esta vez.
Tommaso dice con acento turinés, "¿Tienes novio?"
La pregunta fue directa, pero tranquila.
Vittoria bajó la vista al vaso.
Marcco apareció inmediatamente en su cabeza.
Su sonrisa cansada.
La distancia.
Las conversaciones tensas.
Las semanas sin tocarse.
El amor seguía ahí.
Pero dolía.
Vittoria giró lentamente el vaso entre sus dedos.
Vittoria dice con acento turinés, "Es complicado."
Tommaso asintió despacio.
No insistió.
Eso le gustó todavía más.
Tommaso dice con acento turinés, "Vale."
Ella levantó la vista hacia él.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Eso es todo? ¿No vas a hacer preguntas incómodas?"
Tommaso sonrió un poco.
Tommaso dice con acento turinés, "Si quisieras contármelo, ya lo habrías hecho."
Otra vez eso.
Esa calma.
Esa forma tan sencilla de hablarle.
Vittoria lo observó unos segundos.
El ruido de la fiesta seguía alrededor de ellos, pero por momentos parecía lejano.
Tommaso dio un pequeño paso más cerca.
No demasiado.
Solo lo suficiente para que ella pudiera notar el olor limpio de su colonia y el calor de su cuerpo entre toda la gente moviéndose alrededor.
Tommaso dice con acento turinés, "Igual voy a decirte algo."
Ella sostuvo su mirada.
Tommaso dice con acento turinés, "Me gustas."
Directo.
Sin juegos raros.
Sin dramatismo.
Vittoria sintió un calor suave subirle por el pecho.
Y, para su sorpresa, no sintió culpa inmediata.
Solo nervios.
Como una chica normal de diecisiete años en una fiesta.
Vittoria dice con acento turinés, "No me conoces."
Tommaso sonrió apenas.
Tommaso dice con acento turinés, "Lo suficiente para querer seguir hablándote."
Ella bajó la mirada un segundo intentando esconder la sonrisa que le salió sola.
Tommaso la observó hacerlo.
Tommaso dice con acento turinés, "Ahí está. Esa sonrisa la escondes mucho."
Vittoria lo miró divertida.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Siempre coqueteas así?"
Tommaso negó con una pequeña risa.
Tommaso dice con acento turinés, "No. Normalmente me sale peor."
Ella volvió a reír.
Y esta vez él también se relajó más al verla hacerlo.
Desde el salón, Serena gritó el nombre de Vittoria junto con un exagerado:
—¡VITOOO, TE ESTÁS DEMORANDO MUCHO CON EL CHICO GUAPO!
Vittoria cerró los ojos un segundo avergonzada mientras Tommaso soltaba una risa genuina.
Vittoria dice con acento turinés, "Voy a matar a mis amigas."
Tommaso dice con acento turinés, "Yo les agradezco."
Ella negó con la cabeza riéndose.
Y por primera vez en semanas, sintió algo ligero dentro del pecho.
No amor.
No obsesión.
No necesidad desesperada.
Solo el alivio simple de volver a sentirse viva entre otras personas.
La música seguía sonando desde el salón principal, pero Vittoria y Tommaso se habían quedado en ese punto intermedio entre la cocina y el comedor, donde el ruido llegaba más bajo y se podía hablar sin gritar demasiado.
Vittoria sostenía el vaso con ambas manos, no porque tuviera frío, sino porque necesitaba hacer algo con los dedos. Tommaso estaba frente a ella, apoyado de lado contra la pared, con una postura relajada. No parecía tener prisa. Tampoco intentaba tocarla cada dos segundos, y eso le resultaba extrañamente cómodo.
Tommaso dice con acento turinés, "Tus amigas acaban de señalarme otra vez."
Vittoria giró la cabeza hacia el salón.
Serena, Giuli y Allegra estaban claramente fingiendo que no miraban. Mirabella ni siquiera disimulaba. Estaba sentada en el sofá con una copa en la mano, observándolos con una sonrisa pequeña.
Vittoria dice con acento turinés, "Son muy discretas. Casi profesionales."
Tommaso sonríe.
Tommaso dice con acento turinés, "La de pelo corto me da miedo."
Vittoria dice con acento turinés, "Giuli parece dulce, pero sí. Puede destruirte con una frase."
Tommaso mira hacia Giuli y levanta apenas el vaso en señal de saludo. Giuli le responde con dos dedos y una sonrisa exagerada.
Tommaso dice con acento turinés, "Creo que estoy siendo evaluado."
Vittoria se ríe, bajando la mirada al vaso.
Vittoria dice con acento turinés, "Definitivamente."
Tommaso vuelve a mirarla.
Tommaso dice con acento turinés, "¿Y voy bien?"
La pregunta era juguetona, pero tenía una intención clara. Vittoria lo notó. También notó que no se sentía presionada.
Lo miró unos segundos. Él tenía una sonrisa tranquila, ojos atentos, camisa algo arrugada por la fiesta y el cabello ligeramente despeinado. Era guapo, sí, pero no de esa forma arrogante que solía cansarla rápido. Había algo más reservado en él. No parecía necesitar llenar cada silencio.
Vittoria dice con acento turinés, "No lo sé. Todavía estoy decidiendo."
Tommaso dice con acento turinés, "Eso suena mejor que un no."
Vittoria dice con acento turinés, "No te emociones."
Tommaso se ríe bajo.
Tommaso dice con acento turinés, "Demasiado tarde."
Ella se muerde apenas el interior de la mejilla para no sonreír demasiado. El gesto le sale natural, sin cálculo. Esa era la parte que más la sorprendía: no estaba construyendo una escena, no estaba midiendo cómo manipular la atención de él. Solo estaba hablando.
Del salón llega la voz de Serena, más fuerte que la música.
Serena dice con acento turinés, "¡Vitto! Ven un segundo."
Vittoria suspira.
Vittoria dice con acento turinés, "Ya empezó."
Tommaso dice con acento turinés, "Puedo fingir que no escuché."
Vittoria dice con acento turinés, "No serviría de nada. Si no voy, vienen las cuatro."
Tommaso levanta las manos en gesto de rendición.
Tommaso dice con acento turinés, "Entonces ve. Yo estaré aquí intentando sobrevivir al juicio social."
Vittoria sonríe y camina hacia sus amigas. Al llegar al grupo, Serena la toma de la muñeca y la acerca al sofá, donde Giuli, Allegra y Mirabella están reunidas con expresiones demasiado interesadas.
Serena dice con acento turinés, "Está guapísimo."
Vittoria dice con acento turinés, "Serena."
Giuli dice con acento turinés, "No, tiene razón. Y además no parece idiota, que ya es muchísimo en esta fiesta."
Allegra se inclina hacia Vittoria con una copa en la mano.
Allegra dice con acento turinés, "Te está mirando como si fueras el único tema interesante de la noche. Y tú estás sonriendo. Hace días no sonríes así."
Vittoria cruza los brazos, intentando parecer molesta.
Vittoria dice con acento turinés, "Solo estamos hablando."
Mirabella dice con acento ferrarés, "Sí. Y tú no estás actuando. Eso es lo raro."
Vittoria mira a Mirabella.
Mirabella sostiene su mirada sin burlarse. Su tono es más suave que el de las otras.
Mirabella dice con acento ferrarés, "No tienes que acostarte con nadie para demostrar nada. Tampoco tienes que encerrarte por Marcco. Puedes hablar con un chico guapo y pasarla bien. No todo tiene que ser un juramento o una tragedia."
Serena asiente enseguida.
Serena dice con acento turinés, "Exacto. Déjate fluir, Vitto. Sin compromiso. Si quieres bailar con él, baila. Si quieres hablar toda la noche, habla. Si quieres irte en diez minutos, te vas. Nadie está firmando nada."
Giuli dice con acento turinés, "Y si resulta ser raro, lo espantamos. Somos varias."
Allegra levanta su copa.
Allegra dice con acento turinés, "Yo puedo fingir un desmayo. Siempre funciona."
Vittoria se ríe, esta vez sin poder evitarlo.
Vittoria dice con acento turinés, "Están completamente locas."
Serena le acomoda un mechón de cabello detrás de la oreja.
Serena dice con acento turinés, "Sí, pero también tenemos razón. Te mereces una noche sin sentir culpa por respirar."
La frase le toca algo. Vittoria baja la mirada un momento. El recuerdo de Marcco aparece, pero no la destruye como antes. Duele. Sigue doliendo. Pero no la paraliza.
Mirabella le da un pequeño empujón en el hombro.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Ve. Y por favor no le hables de fábricas, fiscales ni desapariciones. Pregúntale algo normal. Como qué estudia, qué música escucha o si sabe preparar pasta sin quemar la cocina."
Allegra dice con acento turinés, "Eso último es importante."
Vittoria niega con la cabeza, divertida.
Vittoria dice con acento turinés, "Bien. Voy. Pero si vuelven a gritar mi nombre desde el salón, las desconozco."
Giuli dice con acento turinés, "No prometo nada."
Vittoria vuelve hacia Tommaso, que sigue en el mismo sitio. Él la ve regresar y se incorpora un poco, atento.
Tommaso dice con acento turinés, "¿Sobreviví?"
Vittoria se coloca frente a él.
Vittoria dice con acento turinés, "Por ahora."
Tommaso mira hacia el sofá de las chicas.
Tommaso dice con acento turinés, "Eso no suena muy tranquilizador."
Vittoria toma un sorbo de su vaso.
Vittoria dice con acento turinés, "Deberías sentirte halagado. Normalmente no aprueban a nadie."
Tommaso arquea una ceja.
Tommaso dice con acento turinés, "¿Y me aprobaron?"
Vittoria se queda pensándolo con una expresión seria fingida.
Vittoria dice con acento turinés, "Digamos que sigues en revisión."
Tommaso se ríe, mirando al suelo un segundo antes de volver a ella.
Tommaso dice con acento turinés, "Me parece justo. ¿Puedo hacer algo para mejorar mi evaluación?"
Vittoria dice con acento turinés, "Podrías empezar diciéndome qué estudias. O a qué te dedicas cuando no apareces misteriosamente en cocinas con gin tonic."
Tommaso sonríe.
Tommaso dice con acento turinés, "Arquitectura. Tercer año. Aunque últimamente siento que paso más tiempo peleando con maquetas que estudiando edificios."
Vittoria dice con acento turinés, "Eso explica la camisa arrugada."
Él mira su camisa y se ríe.
Tommaso dice con acento turinés, "Esto es culpa de una maqueta de cartón pluma y de no tener tiempo para volver a casa antes de venir."
Vittoria dice con acento turinés, "Entonces viniste así improvisado."
Tommaso dice con acento turinés, "Sí. No esperaba conocer a nadie interesante."
Vittoria lo mira con una sonrisa pequeña.
Vittoria dice con acento turinés, "Eso casi sonó bien."
Tommaso dice con acento turinés, "Era la intención."
Ella se acomoda contra la pared, más tranquila. Tommaso mantiene una distancia respetuosa, pero su atención está completamente puesta en ella.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Y te gusta? Arquitectura."
Tommaso mueve la cabeza de lado a lado.
Tommaso dice con acento turinés, "A veces. Me gusta pensar espacios. Me gusta imaginar cómo se siente una persona al entrar en un lugar. Pero odio cuando todo se vuelve números, permisos, renders para impresionar profesores que no duermen desde 1998."
Vittoria se ríe.
Vittoria dice con acento turinés, "Te entiendo más de lo que crees."
Tommaso dice con acento turinés, "¿Diseño de modas, verdad?"
Vittoria asiente.
Vittoria dice con acento turinés, "Sí. Me gusta construir ropa como si fuera un espacio para el cuerpo. Que no solo se vea bien, que se sienta bien."
Tommaso la escucha con interés real.
Tommaso dice con acento turinés, "Eso me gusta. Nunca lo había pensado así."
Vittoria se sorprende de estar explicándolo con calma. En otra vida, habría usado la conversación para seducir rápido. Ahora le agrada hablar de algo que ama sin convertirlo en una máscara.
Tommaso dice con acento turinés, "Tienes cara de que sabes exactamente lo que quieres hacer."
Ella suelta una risa suave.
Vittoria dice con acento turinés, "No siempre. Pero intento parecerlo."
Tommaso dice con acento turinés, "Te sale bastante bien."
Vittoria lo mira.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Eso fue un cumplido?"
Tommaso dice con acento turinés, "Sí. Uno discreto."
Vittoria dice con acento turinés, "Puedes hacerlo mejor."
Tommaso se queda mirándola unos segundos. Su sonrisa cambia apenas. Más segura, más coqueta.
Tommaso dice con acento turinés, "Está bien. Me gusta cómo miras a la gente cuando decides si vale la pena hablar con ellos. Y me gusta que cuando sonríes parece que te sorprende hacerlo."
Vittoria no esperaba eso.
Se queda quieta un instante, con el vaso a medio camino de sus labios.
Luego baja la mirada y sonríe, más suave.
Vittoria dice con acento turinés, "Eso fue mejor."
Tommaso dice con acento turinés, "Estoy aprendiendo rápido."
La música vuelve a cambiar, ahora con un ritmo más marcado. Varias personas empiezan a moverse hacia el salón. Serena alza los brazos desde la pista improvisada.
Serena dice con acento turinés, "¡Vitto, baila!"
Tommaso deja su vaso sobre una mesa cercana y extiende una mano hacia ella.
Tommaso dice con acento turinés, "Entonces, ¿bailamos? Prometo no pisarte mucho."
Vittoria mira su mano. Luego lo mira a él.
Durante un segundo piensa en Marcco. En lo que él habría dicho. En su mirada seria, en su negativa, en la forma en que la había amado con límites que a ella le dolían demasiado.
El dolor sigue ahí, pero esa noche no quiere obedecerle.
Quiere moverse.
Quiere reírse.
Quiere sentir que no todo en su vida es consecuencia.
Así que deja el vaso en la mesa y toma la mano de Tommaso.
Vittoria dice con acento turinés, "Más te vale. Estos zapatos son caros."
Tommaso sonríe y la guía hacia el salón.
Sus amigas gritan como si acabara de ocurrir algo histórico.
Serena aplaude mientras baila.
Serena dice con acento turinés, "¡Eso, Vitto!"
Mirabella no grita. Solo sonríe desde el sofá, con una expresión tranquila.
En la pista, Tommaso no intenta acercarla demasiado al principio. Bailan con espacio, riéndose cuando él pierde el ritmo y ella lo corrige con un gesto de la mano.
Vittoria dice con acento turinés, "Arquitectura sí, baile no."
Tommaso dice con acento turinés, "Soy mejor en planos."
Vittoria dice con acento turinés, "Eso espero."
Él se ríe y esta vez se acerca un poco más. No la toma sin permiso; espera a que ella no se aparte. Vittoria no se aparta. Deja que su mano repose en la cintura de ella, ligera, sin apretar.
El contacto no la hace sentir atrapada.
Le gusta.
Y esa simpleza la calma.
Tommaso dice con acento turinés, cerca de su oído para que pueda escucharlo, "¿Está bien?"
Vittoria lo mira.
La pregunta le importa más de lo que esperaba.
Asiente.
Vittoria dice con acento turinés, "Sí. Está bien."
Entonces se permite bailar con él de verdad.
No como una fuga.
No como una recaída.
Como una elección pequeña y consciente dentro de una noche que, por primera vez en mucho tiempo, no le exige ser fuerte.
El juego que ella eligió.
La música cambió de golpe.
El tema anterior terminó con una bajada suave y, por un segundo, se escucharon solo risas, vasos chocando y alguien gritando desde la cocina que se había acabado el hielo. Luego empezó una canción más pegajosa, con un ritmo marcado y fácil de seguir. Varias personas reaccionaron al instante. Algunos volvieron al centro del salón, otros levantaron los brazos, y Serena gritó desde la pista como si hubieran puesto su canción favorita.
Serena dice con acento turinés, "¡No, esta no se baila sentada!"
Allegra dejó su vaso sobre una mesa auxiliar y tiró de Giuli hacia el centro.
Allegra dice con acento turinés, "Vamos, que esto cura traumas."
Giuli dice con acento turinés, "No sé si cura traumas, pero seguro empeora la dignidad."
Mirabella se quedó unos segundos observando a Vittoria y Tommaso desde el borde del sofá. No intervino. Solo sonrió un poco, como si entendiera que esa vez Vittoria no necesitaba que la frenaran.
En la pista improvisada, Tommaso intentaba seguir el ritmo sin demasiado éxito. No era torpe, pero tampoco parecía alguien acostumbrado a bailar con seguridad. Vittoria lo notó enseguida. Eso le dio gracia.
Vittoria dice con acento turinés, "No estás cómodo."
Tommaso dice con acento turinés, "Estoy cómodo. Solo que mi cuerpo no recibió el memo."
Vittoria se rió y negó con la cabeza.
Vittoria dice con acento turinés, "Eres arquitecto. Deberías entender estructuras."
Tommaso miró sus propios pies y luego volvió a ella.
Tommaso dice con acento turinés, "Las estructuras no se mueven así."
Vittoria dio un paso más cerca. La música le marcaba el ritmo en las piernas, en los hombros, en la respiración. Ya no se sentía rígida. Ya no sentía esa obligación constante de estar alerta.
Extendió una mano y tomó la de Tommaso.
Él la miró, sorprendido, pero no se apartó.
Vittoria dice con acento turinés, "Deja de pensar."
Tommaso dice con acento turinés, "No es tan fácil."
Vittoria le colocó la mano en su cintura, con un gesto tranquilo y seguro. No fue brusca. No fue provocación vacía. Fue una invitación clara.
Vittoria dice con acento turinés, "Entonces mírame."
Tommaso tragó saliva, pero sonrió.
Tommaso dice con acento turinés, "Eso tampoco ayuda a pensar menos."
Vittoria se acercó un poco más, lo justo para que él tuviera que concentrarse en ella y no en el suelo. Sus dedos rozaron el cuello de la camisa de él, acomodándolo con una lentitud deliberada. La tela estaba tibia por el calor de la fiesta y un poco arrugada.
Vittoria dice con acento turinés, "No vinimos a pensar."
Tommaso bajó la mirada a sus dedos, luego a sus ojos.
Tommaso dice con acento turinés, "Eso suena peligroso."
Vittoria sonrió, pero esta vez no escondió la intención.
Vittoria dice con acento turinés, "Solo si no sabes seguir instrucciones."
Tommaso soltó una risa baja. Había nervios en él, pero también ganas. Y eso le gustó a Vittoria. Le gustó que no intentara hacerse el experto, que no invadiera, que no tomara la iniciativa como si ella le debiera algo por haberle sonreído.
Él esperaba.
Ella decidía.
Y por primera vez en mucho tiempo, esa diferencia le dio calma.
Vittoria comenzó a moverse con más seguridad. No de forma exagerada. No como espectáculo para toda la sala. Solo dejó que el cuerpo recordara cómo disfrutar una canción. La mano de Tommaso seguía en su cintura, ligera, cuidadosa. Ella apoyó una mano en su hombro y lo guio despacio, marcándole el ritmo con pequeños movimientos.
Tommaso dice con acento turinés, "Creo que me estás dando una clase."
Vittoria dice con acento turinés, "Y gratis."
Tommaso dice con acento turinés, "Entonces soy afortunado."
Vittoria lo miró de cerca.
Vittoria dice con acento turinés, "Todavía no."
Tommaso se quedó mirándola unos segundos, con una sonrisa que ya no era solo divertida. Había atracción. Clara. Pero seguía siendo contenida.
Tommaso dice con acento turinés, "¿Eres siempre así?"
Vittoria dice con acento turinés, "¿Así cómo?"
Tommaso dice con acento turinés, "Como si supieras perfectamente qué efecto causas."
La pregunta no la incomodó. Antes habría usado eso como arma. Como prueba de poder. Esa noche solo lo recibió como parte del juego.
Vittoria bajó la mirada un instante, sonriendo.
Vittoria dice con acento turinés, "No siempre. A veces finjo."
Tommaso dice con acento turinés, "Ahora no parece fingido."
Vittoria levantó los ojos hacia él.
Vittoria dice con acento turinés, "Porque no lo es."
La frase quedó entre los dos unos segundos. Alrededor, la fiesta seguía: Serena bailaba con Giuli, Allegra cantaba mal una parte de la canción, varias personas pasaban riendo detrás de ellos. Pero Tommaso y Vittoria se quedaron pendientes el uno del otro.
Tommaso bajó un poco la voz para que solo ella lo escuchara.
Tommaso dice con acento turinés, "Me gusta esta versión tuya."
Vittoria dice con acento turinés, "No conoces las otras."
Tommaso dice con acento turinés, "No dije que no quisiera conocerlas."
Vittoria respiró despacio. El comentario fue directo, pero no pesado. No tenía esa prisa vulgar de algunos chicos. Había curiosidad, deseo y cuidado.
Ella apoyó las dos manos en su pecho un segundo, sintiendo el calor de su cuerpo bajo la camisa. Tommaso no se movió. Solo la miró, atento a su reacción.
Vittoria dice con acento turinés, "Tienes buena paciencia."
Tommaso dice con acento turinés, "Contigo parece necesaria."
Vittoria soltó una carcajada breve.
Vittoria dice con acento turinés, "Eso fue inteligente."
Tommaso dice con acento turinés, "Estoy intentando no arruinarlo."
Vittoria dice con acento turinés, "Vas bien."
Desde un lado de la sala, Allegra apareció de pronto, bailando cerca de ellos con una sonrisa demasiado evidente.
Allegra dice con acento turinés, "¡No quiero interrumpir, pero esto se ve muy interesante!"
Vittoria cerró los ojos un segundo, intentando no reír.
Vittoria dice con acento turinés, "Allegra, por favor."
Allegra levantó ambas manos, retrocediendo mientras seguía moviéndose al ritmo.
Allegra dice con acento turinés, "Ya me voy. Solo vine a verificar que el arquitecto siga con vida."
Tommaso miró a Vittoria, divertido.
Tommaso dice con acento turinés, "¿Arquitecto?"
Vittoria dice con acento turinés, "Ya tienes nombre oficial."
Tommaso dice con acento turinés, "Podría ser peor."
Vittoria dice con acento turinés, "Dales tiempo."
Allegra se alejó riéndose y se unió de nuevo a Serena y Giuli, quienes fingieron mirar hacia otro lado de manera muy poco convincente.
Serena dice con acento turinés, desde lejos, "¡Sigue, Vitto! ¡No estamos mirando!"
Giuli dice con acento turinés, "Estamos mirando muchísimo."
Vittoria se rió con más ganas. Se tapó la cara un momento con una mano y luego volvió a mirar a Tommaso.
Vittoria dice con acento turinés, "Son insoportables."
Tommaso dice con acento turinés, "Son buenas amigas."
Ella asintió, más tranquila.
Vittoria dice con acento turinés, "Sí. Lo son."
La canción continuó. Vittoria volvió a acercarse un poco, esta vez por iniciativa propia. La mano de Tommaso seguía en su cintura, pero ella fue quien redujo la distancia. Fue ella quien decidió apoyar la frente un instante cerca de su mejilla, sin llegar a besarla. Fue ella quien dejó que su perfume quedara entre ambos.
Tommaso respiró hondo. No hizo ningún gesto brusco.
Tommaso dice con acento turinés, "Vittoria..."
Ella se apartó lo suficiente para mirarlo.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Qué?"
Tommaso dice con acento turinés, "Solo quería decir tu nombre."
La respuesta la tomó desprevenida.
No era una frase espectacular. No era una promesa. Pero tuvo algo simple que le gustó.
Vittoria sonrió despacio.
Vittoria dice con acento turinés, "Eso fue bastante cursi."
Tommaso dice con acento turinés, "Lo sé."
Vittoria dice con acento turinés, "Y aun así funcionó un poco."
Tommaso sonrió más.
Tommaso dice con acento turinés, "Entonces no fue tan malo."
Ella negó con la cabeza, divertida. La música seguía pegajosa, el calor de la sala le subía por la piel, el alcohol estaba presente sin nublarla del todo. Se sentía consciente. Presente. Capaz de decidir hasta dónde quería ir.
Y esa era la diferencia.
No estaba reaccionando al dolor de Marcco. No estaba buscando castigo. No estaba intentando probarle nada a nadie.
Le gustaba Tommaso.
Le gustaba cómo la miraba.
Le gustaba que preguntara con el cuerpo antes de tocar de más.
Le gustaba que no tuviera miedo de ella.
Vittoria tomó la mano que él tenía en su cintura y la sostuvo entre las suyas. Después se inclinó un poco hacia su oído para que pudiera escucharla mejor.
Vittoria dice con acento turinés, "No quiero complicaciones esta noche."
Tommaso giró apenas el rostro hacia ella.
Tommaso dice con acento turinés, "No te voy a dar complicaciones."
Vittoria dice con acento turinés, "Tampoco promesas."
Tommaso dice con acento turinés, "No las estoy pidiendo."
Ella se quedó mirándolo. Buscó presión, impaciencia, orgullo herido. No encontró nada de eso.
Tommaso dice con acento turinés, "Solo quiero seguir contigo un rato. Bailar, hablar, lo que quieras."
Vittoria bajó la mirada a sus labios un instante. Fue breve, pero él lo notó. No se acercó más. Esperó.
Ella sonrió, casi agradecida por eso.
Vittoria dice con acento turinés, "Eres más listo de lo que pareces."
Tommaso dice con acento turinés, "Eso espero. Parezco bastante perdido ahora mismo."
Vittoria dice con acento turinés, "Un poco."
Tommaso dice con acento turinés, "Pero estoy bien perdido."
Esa frase le sacó otra risa.
La canción terminó y comenzó otra, menos intensa, aunque igual bailable. Vittoria no se apartó de inmediato. Dejó que el cambio de ritmo bajara un poco la tensión. Tommaso tampoco la soltó, pero aflojó el contacto lo suficiente para que ella pudiera decidir.
Vittoria miró hacia sus amigas.
Serena levantó una ceja con una sonrisa enorme.
Giuli le hizo un gesto con el pulgar arriba.
Allegra le mandó un beso exagerado.
Mirabella, desde el sofá, solo asintió una vez.
No como permiso.
Como confianza.
Vittoria volvió a mirar a Tommaso.
Vittoria dice con acento turinés, "Vamos a tomar aire."
Tommaso dice con acento turinés, "¿Seguro?"
Vittoria dice con acento turinés, "Sí. Aire. No drama."
Tommaso sonríe y toma su vaso de una mesa cercana, luego le ofrece el brazo de manera exageradamente educada.
Tommaso dice con acento turinés, "Entonces, aire sin drama."
Vittoria mira su brazo, divertida.
Vittoria dice con acento turinés, "No abuses del encanto."
Tommaso dice con acento turinés, "Todavía estoy en evaluación."
Vittoria toma su brazo.
Vittoria dice con acento turinés, "Exacto. Compórtate."
Caminaron juntos hacia la terraza, no escondiéndose, no escapando. Solo alejándose del ruido por unos minutos.
Y Vittoria, con el calor de la música todavía en la piel y la mano de Tommaso cerca de la suya, sintió que podía permitirse algo sencillo.
Una noche.
Un coqueteo.
Un chico que le gustaba.
Sin convertirlo en ruina.
Re: El ajedrez de cacao y Seda
Publicado: Sab May 16, 2026 7:33 am
por Indira
La química sin promesas.
Disclaimer.
Escena con contenido sexual explícito. Apto solo para mayores de 18 años. Queda bajo su responsabilidad la lectura de este rol.
Punto de vista: Vittoria.
La terraza era una extensión del salón principal, un espacio semicubierto con techo de cristal que protegía de la llovizna fina y constante que había comenzado a caer. El aire exterior era fresco y limpio, una bienvenida tregua después del calor y el perfume cargado del interior.
En una esquina de la terraza, bajo el techo, había un sofá de exterior bajo y profundo, con cojines grises que invitaban a sentarse. Una lámpara de pie, con luz cálida, iluminaba apenas la zona, dejando el resto del jardín sumido en la oscuridad punteada por las gotas de lluvia sobre las hojas.
Vittoria se sentó primero, hundiendo la espalda en el cojín. El cuerpo se sentía relajado por el baile y el vino, pero la mente estaba clara, concentrada en el momento. Tommaso se sentó a su lado, dejando un espacio prudente entre ellos, un gesto que ella apreció.
Tommaso dice con acento turinés, "Esto es mejor. Demasiado ruido ahí dentro."
Vittoria dice con acento turinés, "El ruido es necesario a veces. Distrae."
Tommaso dice con acento turinés, "¿De qué te distrae?"
Ella lo miró de reojo.
Vittoria dice con acento turinés, "De pensar demasiado en el silencio."
Tommaso asintió, mirando hacia la oscuridad del jardín donde las luces de la villa se reflejaban en la llovizna.
Tommaso dice con acento turinés, "El silencio es peligroso."
Vittoria dice con acento turinés, "El más peligroso es el que suena en tu cabeza cuando el de fuera se apaga."
Hubo un silencio más largo, cómodo, roto solo por el suave murmullo de la música que llegaba amortiguado desde el interior y el tap-tap-tap constante de la lluvia sobre el cristal.
Tommaso se giró hacia ella, con una sonrisa pequeña.
Tommaso dice con acento turinés, "¿Eres una filósofa de la fiesta, entonces?"
Vittoria dice con acento turinés, "Solo estoy siendo honesta. Es más fácil cuando nadie te conoce de verdad."
Tommaso dice con acento turinés, "Yo quiero conocerte de verdad."
Vittoria sintió un pinchazo de esa vieja cautela, la que le recordaba que la honestidad real venía con un precio que casi siempre terminaba pagando.
Vittoria dice con acento turinés, "No me conoces."
Tommaso dice con acento turinés, "Me estás dando la oportunidad, ¿no?"
Vittoria se mordió el labio para reprimir una sonrisa.
Vittoria dice con acento turinés, "Quizá. Pero soy un riesgo, arquitecto."
Tommaso dice con acento turinés, "Lo sé. Pero me gustan los retos de ingeniería emocional."
Ella soltó una carcajada suave, empujándolo apenas con el hombro.
Vittoria dice con acento turinés, "Esa fue una frase pésima."
Tommaso dice con acento turinés, "Lo sé. Pero me miras con tanta intensidad que me pones nervioso. ¿Qué tengo que decir para que dejes de evaluarme?"
Vittoria apoyó un codo en el respaldo del sofá y se inclinó un poco hacia él. Su cuerpo, sin la rigidez de antes, se movía con una confianza nueva.
Vittoria dice con acento turinés, con voz más baja, más cerca de su oído, "Me gusta que te pongas nervioso. Me gusta que no sepas qué decir. Y me gusta que, a pesar de eso, sigas aquí."
Tommaso se quedó mirándola. Sus ojos oscuros tenían una luz clara, sin sombra. Estaba fascinado, y no intentaba esconderlo.
Tommaso dice con acento turinés, casi un susurro, "No me iría si me lo pidieras. De hecho, si no quieres que te evalúe... tendrás que hacer algo para distraerme de todo esto."
La frase fue el click. Fue la invitación clara, juguetona, y Tommaso se quedó quieto, dándole a ella la rienda.
Vittoria no lo dudó.
El dolor por Marcco seguía ahí, un eco distante, pero ya no era un ancla. La losa de mármol se había agrietado. Necesitaba quemar la culpa, encender algo nuevo, aunque fuera por una noche. Necesitaba acción, no más juicio.
Vittoria sonrió. Una sonrisa depredadora, pero también liberada.
Vittoria dice con acento turinés, "Distraerte es mi especialidad, ragazzo."
Sin darle tiempo a responder, Vittoria se inclinó por completo y lo besó.
No fue un roce tentativo. Fue un beso directo, hambriento, un incendio repentino que encendió la sangre de Tommaso al instante. Él tardó solo un segundo en soltar el aire y responder con la misma urgencia.
Su mano se posó en el cuello de ella, atrayéndola más. El sabor a gin tonic y perfume de la fiesta se mezcló con el calor de su aliento. Vittoria sintió cómo el deseo, reprimido y doloroso, se convertía en una descarga eléctrica, recorriendo su cuerpo con una intensidad explosiva.
Ella se movió sobre el sofá, buscando mejor ángulo, apoyando una mano en el pecho de él. El corazón de Tommaso latía fuerte, rápido, bajo su palma. Estaba tan nervioso como parecía, y eso solo la encendió más.
El beso se volvió más profundo, más urgente. Tommaso usó la distancia que ella le había dado, explorando con una mezcla de deseo y respeto que Vittoria notó incluso en medio de la embriaguez del momento. Su otra mano se deslizó por el hombro de ella, sintiendo la tela suave del vestido, acunando su cabeza.
Vittoria se separó apenas, respirando, sus labios húmedos.
Vittoria dice con acento turinés, con voz rota, "¿Ya te distraje?"
Tommaso estaba jadeando. Sus ojos brillaban en la penumbra.
Tommaso dice con acento turinés, "Estoy... completamente distraído."
Ella sonrió. Esta vez la sonrisa era pura Vittoria Marttini, la que jugaba a la guerra y siempre ganaba, la que no aceptaba un no.
Vittoria tomó la mano de él y la colocó suavemente sobre su pierna, justo donde la seda del vestido se abría un poco.
Vittoria dice con acento turinés, "Bien. Entonces deja de pensar, arquitecto. Y solo siente."
Tommaso cerró los ojos por un instante. Cuando los abrió, la contención había desaparecido. Solo quedaba la atracción.
Tommaso dice con acento turinés, "Dime qué quieres que haga."
Vittoria dice con acento turinés, "Lo que te dicte tu instinto."
Y se volvieron a besar, pero esta vez, el juego se había acabado. Ahora era pura seducción. El instinto se impuso. Tommaso la atrajo por completo, cerrando la distancia entre ellos. La música y la lluvia se convirtieron en un telón de fondo para el calor que crecía rápidamente entre los dos.
El beso se profundizó, convirtiéndose en un laberinto de exploración mutua. La mano de Vittoria, que antes se había posado en el pecho de Tommaso, se deslizó por su cuello, enredándose en el cabello oscuro de la nuca para asegurar la cercanía. No era solo lujuria; era la necesidad violenta de borrar la frialdad de los últimos días. El placer negado por Marcco regresaba ahora, multiplicado y distorsionado, una dosis letal de adrenalina y deseo que la hacía temblar.
Tommaso entendió el mensaje no verbal al instante. Su respuesta no fue la de un cazador, sino la de un cómplice. Con una fluidez sorprendente para alguien que se había declarado nervioso, su boca se movió con una mezcla de impaciencia y deliberación, buscando el placer de ella, la intensidad que ella le pedía con sus manos, con sus labios.
La mano de Tommaso que reposaba en la pierna de Vittoria se movió lentamente, acariciando la seda del vestido que se sentía helada por el contacto con el aire de la terraza. La caricia fue subiendo con lentitud, rozando la piel expuesta de su muslo justo donde el corte de la tela terminaba. Ella contuvo un gemido, mordiéndose el labio inferior. La lentitud, la pausa, el hecho de que él no se apresurara, la excitó más que cualquier acción rápida.
Vittoria se separó del beso, buscando aire, sus mejillas enrojecidas, sus ojos brillando con una luz oscura y eléctrica. Se inclinó sobre el hombro de Tommaso, su aliento caliente contra el lóbulo de su oreja.
Vittoria dice con acento turinés, con un susurro ronco, "No te detengas. No pienses."
Tommaso no respondió con palabras, sino con la acción que ella le había pedido. Dejó el cuello de ella y su boca se movió, bajando por la mandíbula hasta su clavícula expuesta. La mano en la pierna de Vittoria dejó de ser una caricia para volverse una presión firme y decisiva, que la hizo arquearse.
Tommaso dice con acento turinés, con voz grave, cerca de su oído: "No me voy a detener, principessa. Te voy a dar lo que me pidas."
La frase la golpeó, clara y precisa, confirmando que él no era solo un chico guapo; era el vehículo que necesitaba para su liberación. No pensaba en sí mismo; su única misión era responder a la brutalidad de su deseo.
El beso volvió, más caliente y voraz que antes. El mundo de la fiesta desapareció. Solo existía el sofá oscuro, el sonido de la lluvia y la necesidad explosiva que crecía entre ellos. Vittoria ya no sentía la losa de mármol. Sentía el fuego, y era Tommaso quien lo estaba alimentando con cada movimiento, con cada beso, con cada caricia calculada para provocarla.
Ella tomó el bajo de la camisa de él y tiró sin pensar, queriendo sentir la piel bajo la tela arrugada. Tommaso se separó apenas para ayudarla, quitándose la camisa en un movimiento rápido, revelando un torso tonificado y firme. La vista solo disparó más la adrenalina.
Vittoria apoyó ambas manos sobre su pecho, sintiendo el latido desbocado de su corazón. El contacto piel con piel se sintió como una rendición. Ya no había vuelta atrás.
Vittoria dice con acento turinés, jadeando, "Ahora. Hazlo ahora."
La orden no era solo para Tommaso. Era para la antigua Vittoria, la que se atrevía a tomar lo que quería sin disculpa. Tommaso la miró un instante, con una mezcla de asombro y adoración. No era solo deseo; era la conciencia de que esa mujer peligrosa lo había elegido en ese momento.
Tommaso dice con acento turinés, "Tú mandas."
Y se inclinó sobre ella. La desesperación de ella se encontró con la voracidad de él, en un coctel explosivo de cuerpos que ya no pedían permiso, solo exigían el placer negado.
Tommaso le levantó el vestido lo suficiente para hacerle a un lado el tanga y acariciar su intimidad con deseo y un ritmo lento que la hacía gemir bajito y separar más las piernas para que siguiera.
Tommaso se apartó apenas, solo lo suficiente para mirarla a los ojos. Su respiración era agitada, pero sus ojos estaban claros, fijos en los de ella. La urgencia era palpable, pero no la consumía. Él notó la rendición absoluta en el rostro de Vittoria, la necesidad cruda que ella no se molestaba en ocultar, y eso lo hizo ir más despacio, incluso en medio de la vorágine.
Su mano firme dejó el muslo de ella y se deslizó hacia el bolsillo trasero de sus pantalones. Con una rapidez entrenada, pero sin quitarle la mirada a Vittoria, sacó una cartera de piel fina. Los movimientos fueron deliberados, una pausa en el torrente que solo incrementó la tensión entre ellos.
Vittoria observó cada gesto, cada segundo de espera. No había vergüenza. Solo expectación. La honestidad de ese momento, la falta de egoísmo en Tommaso que priorizaba su seguridad y su placer incluso en el límite, era un afrodisíaco inesperado.
Tommaso extrajo el paquete de su interior, lo abrió, y se preparó, todo mientras sus ojos se mantenían conectados a los de ella. No era una interrupción; era un acto de intimidad consciente, una silenciosa pregunta de consentimiento que Vittoria respondió con un asentimiento casi imperceptible, pero cargado de deseo.
Tommaso dice con acento turinés, con la voz grave y controlada: "Tú me guías, principessa."
Vittoria sonrió, con una mezcla de poder y necesidad que lo desarmo.
Vittoria dice con acento turinés, jadeando: "Solo hazme tuya, arquitecto."
Tommaso no esperó más. Se inclinó, su cuerpo ahora seguro, y la penetró en un movimiento que fue profundo y completo. No fue salvaje, pero sí implacablemente apasionado. No hubo dudas ni titubeos. Fue la culminación de la necesidad mutua, el encuentro del caos con la paciencia.
Vittoria arqueó la espalda sobre el cojín del sofá, un gemido de puro placer y alivio escapando de sus labios. El impacto no fue un castigo, sino el ancla físico que había estado buscando. El dolor de la losa de mármol se desvaneció, sustituido por una corriente eléctrica que comenzaba en su centro y se expandía por cada nervio.
Ella respondió al instante. Sus manos, que descansaban en el pecho desnudo de él, se aferraron a sus hombros, atrayéndolo más. Sus piernas se cerraron alrededor de la cadera de él, marcando el ritmo, exigiendo más.
El ritmo de Tommaso era intenso, pero controlado por la respuesta de ella. No era el ego el que lo movía, sino la necesidad de escuchar sus gemidos, de sentir cómo el placer la consumía. Se inclinó para besarla, un beso profundo y húmedo, donde la pasión del movimiento se fusionó con la urgencia de su boca.
Tommaso dice con acento turinés, entre jadeos: "Mírame, Vittoria. Mírame."
Ella abrió los ojos, su mirada ya no era oscura ni atormentada, sino brillante, encendida por el deseo. Vio el rostro de Tommaso, tenso por el esfuerzo, concentrado en su placer. Vio la adoración y la euforia en sus ojos, la prueba de que, en ese momento, ella era todo lo que importaba.
Vittoria dice con acento turinés, la voz un murmullo roto: "Más... no te detengas."
El beso se hizo más urgente. Tommaso obedeció, acelerando las embestidas con una fuerza que la llevó al límite. Vittoria soltó un grito ahogado contra su boca, su cuerpo vibrando bajo la intensidad. El orgasmo fue una descarga eléctrica, una violenta liberación que la hizo temblar y aferrarse a él con la fuerza de un naufrago que encuentra tierra.
Tommaso sintió su respuesta, y eso lo lanzó a su propio éxtasis, un jadeo gutural mientras su cuerpo se tensaba. Se detuvo un instante, apoyando su frente contra la de ella, sus respiraciones mezcladas, el sonido de la lluvia y la música lejanos. La terraza se había convertido en un santuario temporal, un lugar donde el caos de la fábrica no podía penetrar.
Tommaso se quedó sobre ella un instante, el corazón latiéndole desbocado contra el pecho.
Tommaso dice con acento turinés, con voz sin aliento: "Esto... ¿esto era lo que querías?"
Vittoria no respondió con palabras. Solo sonrió, una sonrisa agotada y satisfecha, y lo besó en el hombro, el sabor salado de la piel recién sudada. Por primera vez en muchos días, se sintió ligera. No por el amor, sino por el fuego que había elegido. El juicio se había apagado. Solo quedaba el calor.
Tommaso se quedó un instante más sobre ella, el peso de su cuerpo una presión reconfortante contra el cojín húmedo. El aliento seguía entrecortado, sus frentes juntas, el mundo exterior reducido al tap-tap-tap constante de la lluvia sobre el techo de cristal. Vittoria sintió su corazón, que lentamente bajaba la intensidad de su carrera, mientras el calor y el placer se asentaban en su cuerpo.
Tommaso se apartó con cuidado, saliendo de ella en un movimiento suave y respetuoso. La sensación del vacío inmediato fue un recordatorio de lo recién vivido. Ella no sintió la incomodidad habitual; solo un profundo suspiro de liberación.
Él se sentó a su lado, la mano en su muslo aún firme y protectora por un segundo. Luego, con la misma calma y sin mirarla a los ojos —un gesto de respeto por su privacidad que ella apreció—, Tommaso se acomodó los pantalones y se puso de pie. Tiró el envoltorio y el condón usado en un pequeño bote de basura de metal que había cerca de la pared. El sonido seco fue el único vestigio de la explosión que acababa de ocurrir.
Cuando se giró, Vittoria lo miró con una sonrisa. No era una sonrisa manipuladora ni triste; era genuinamente feliz y pícara.
Vittoria dice con acento turinés: "Fue un placer, arquitecto."
Tommaso sonrió, recogiendo su camisa arrugada del suelo.
Tommaso dice con acento turinés: "El placer fue completamente mío, principessa."
No había culpa ni remordimiento entre ellos, solo una complicidad compartida. Habían sido socios en la destrucción del silencio y la losa de mármol.
Tommaso extendió una mano y la ayudó a levantarse. Vittoria se enderezó, sintiendo el cuerpo ligero. Se acomodó el vestido, que estaba ligeramente subido, y pasó una mano por su cabello oscuro sin demasiada preocupación por la perfección. Se veía despeinada, un poco húmeda por el calor, y radiante.
Tommaso se puso la camisa, abotonándola con calma.
Tommaso dice con acento turinés: "Creo que estamos listos para volver al ruido."
Vittoria asintió.
Vittoria dice con acento turinés: "Vamos. Ya recuperé mi calma."
Tommaso la miró un instante.
Tommaso dice con acento turinés: "Tu calma es el fuego, no el hielo."
Ella le guiñó un ojo y caminaron juntos de vuelta al salón principal.
El ambiente dentro de la villa ya estaba culminando. Eran más de las cuatro de la mañana. La música seguía sonando, pero la gente se había dispersado. Muchos estaban recogiendo sus cosas, buscando abrigos o esperando taxis en la entrada.
Serena, Giuli, Allegra y Mirabella estaban agrupadas cerca de la entrada, listas para irse. Al ver a Vittoria y Tommaso regresar juntos, sus conversaciones se detuvieron al instante. Hubo miradas de picardía, sonrisas cómplices y un mutuo asentimiento de curiosidad femenina satisfecha.
Serena fue la primera en hablar, con una sonrisa amplia.
Serena dice con acento turinés: "Volvió la CEO de la diversión. Pensé que te habías fugado a Milán."
Vittoria se encogió de hombros con una risa.
Vittoria dice con acento turinés: "Solo estaba tomándome un poco de aire. Demasiado humo."
Giuli miró a Tommaso de arriba abajo, luego a Vittoria.
Giuli dice con acento turinés: "Mucho aire. Ya nos íbamos, Vitto. Serena está a punto de dormirse."
Allegra se acercó a Vittoria con un tono exageradamente bajo.
Allegra dice con acento turinés: "¿Y? Dame un resumen de un segundo."
Vittoria la miró con una ceja levantada.
Vittoria dice con acento turinés: "No te lo voy a decir."
Allegra suspiró dramáticamente.
Allegra dice con acento turinés: "Valió la pena el riesgo, entonces."
Mientras Giuli y Serena se despedían de Francesca y Mirabella revisaba su maleta, Vittoria se giró hacia Tommaso, que estaba hablando tranquilamente con Andrea.
Vittoria se acercó a él.
Vittoria dice con acento turinés: "Ya me tengo que ir, arquitecto."
Tommaso asintió.
Tommaso dice con acento turinés: "Ha sido la mejor evaluación que he tenido."
Vittoria sonrió.
Vittoria dice con acento turinés: "Asegúrate de que no se te olvide."
Tommaso sacó su teléfono del bolsillo trasero.
Tommaso dice con acento turinés: "Dame tu número. Y así no se me olvida."
Intercambiaron sus contactos. Vittoria lo agregó con un emoji de llama. Tommaso la agregó como Vittoria Marttini - Fuego.
Tommaso dice con acento turinés: "Un café un día de estos. O un concierto. Algo ruidoso."
Vittoria dice con acento turinés: "Algo ruidoso. Me gusta."
No hubo promesas. No hubo drama. Solo la certeza compartida de que se volverían a ver. Ella no le pedía fidelidad; él no le prometía amor. Era una complicidad temporal, la única que ella podía permitirse en medio de su guerra.
Vittoria le dio un beso rápido en la mejilla, justo al lado de la boca, y se dirigió a la puerta donde sus amigas la esperaban.
Serena dice con acento turinés: "¡Vamos, Vitto! ¡El coche está helado!"
Vittoria se despidió con un gesto a Tommaso y salió al aire frío de la madrugada. El convoy la esperaba, sus guardaespaldas abriéndole la puerta del sedán.
Mientras el coche se alejaba de la villa, Vittoria miró por la ventana el reflejo de las luces. Ya no veía la penumbra; veía la llama que acababa de encender. El dolor por Marcco seguía ahí, un latido sordo, pero ahora tenía un propósito: no paralizarla, sino impulsarla.
Re: El ajedrez de cacao y Seda
Publicado: Mié May 20, 2026 9:00 pm
por Indira
el taller de diseño.
Punto de vista: Vittoria.
Turín amaneció con una luz distinta.
Ya no era la luz gris de invierno que se quedaba pegada a los cristales como humedad. Era mayo, y la primavera había cambiado el ritmo de la ciudad. Los árboles de las avenidas tenían hojas nuevas, las terrazas cerca del centro empezaban a llenarse desde temprano y el aire olía a café, polen, pan recién horneado y asfalto tibio.
Vittoria llegó al campus con una carpeta rígida bajo el brazo y una bolsa de tela colgada del hombro. Dentro llevaba muestras de lino, algodón satinado, organza fina y algunas telas translúcidas que había comprado días antes en una mercería del centro. No iba vestida como la heredera de una familia que estaba siendo observada por fiscales, enemigos invisibles y abogados demasiado curiosos. Ese día llevaba una falda midi color crudo, sandalias bajas, una blusa azul cielo sin mangas y el cabello recogido en una coleta alta. El collar pequeño que siempre usaba descansaba sobre su clavícula.
El edificio de diseño del Politecnico di Torino estaba más vivo que de costumbre. En los pasillos había estudiantes con vasos de café helado, rollos de papel vegetal, bolsas llenas de telas y carpetas dobladas por el uso. Se escuchaban risas, quejas sobre entregas, el sonido de las máquinas de coser de algún taller cercano y el golpeteo de tacones sobre el suelo pulido.
Vittoria se detuvo un momento antes de entrar al aula-taller.
Inspiró.
El olor del lugar le gustaba. Papel, tela, pegamento, café, vapor de plancha y perfume juvenil mezclado con el aire cálido de mayo. Nada que ver con la fábrica. Nada que ver con cacao quemado, salas ejecutivas o llamadas de madrugada.
Ahí podía ser otra.
No completamente, pero un poco.
Serena apareció detrás de ella con una bolsa enorme colgada del hombro y dos cafés fríos en la mano.
Serena dice con acento turinés, "Toma. Antes de que digas cualquier cosa profunda, bebe esto."
Vittoria recibió el café con una sonrisa.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Así de mal me veo?"
Serena la miró de arriba abajo con exagerada seriedad.
Serena dice con acento turinés, "No. Te ves demasiado bien para alguien que dijo que solo durmió cuatro horas. Eso me molesta."
Vittoria tomó un sorbo. El café estaba frío, dulce y con un fondo amargo que le despejó la boca.
Vittoria dice con acento turinés, "Dormí cinco."
Serena dice con acento turinés, "Mentira. Tus mensajes a las tres de la mañana demuestran otra cosa."
Vittoria bajó la mirada con una sonrisa culpable.
Vittoria dice con acento turinés, "Estaba terminando un boceto."
Serena dice con acento turinés, "Claro. Un boceto. No pensando en fábricas, en hombres complicados o en arquitectos guapos."
Vittoria casi se atragantó con el café.
Vittoria dice con acento turinés, "Serena."
Serena caminó hacia el aula con una sonrisa satisfecha.
Serena dice con acento turinés, "Solo digo nombres de categorías. Tú decides cuál aplica."
Vittoria la siguió, negando con la cabeza.
El aula-taller estaba iluminada por ventanales abiertos. La brisa movía suavemente algunos papeles pegados con cinta a la pared. Había maniquíes alineados cerca del fondo, mesas largas cubiertas con reglas, tijeras, carretes de hilo, telas dobladas y patrones a medio corregir. Varias máquinas de coser estaban encendidas, dejando un zumbido bajo que hacía vibrar el ambiente sin resultar molesto.
La clase de ese día estaba dedicada a una prenda de primavera.
No era una chaqueta estructurada ni un abrigo de entretiempo. Anabella Mancini había enviado el tema por correo dos días antes: prenda primaveral urbana, ligera, funcional y con identidad visual clara. Podía ser vestido, conjunto, camisa larga, falda técnica o sobreprenda liviana. El requisito principal era que la pieza tuviera movimiento, respirara bien y funcionara en un cuerpo real.
Serena dejó su bolsa sobre la mesa y sacó una tela verde salvia bastante arrugada.
Vittoria la miró.
Vittoria dice con acento turinés, "Eso parece haber sobrevivido a una guerra."
Serena dice con acento turinés, "No empieces. La metí bien doblada."
Vittoria tocó la tela entre los dedos.
Vittoria dice con acento turinés, "Serena, esto no está doblado. Esto está arrepentido."
Serena soltó una carcajada y le quitó la tela de las manos.
Serena dice con acento turinés, "Hoy estás insoportable."
Vittoria dice con acento turinés, "Hoy estoy honesta."
Serena dice con acento turinés, "Lo mismo."
Vittoria abrió su propia bolsa y sacó las muestras. Había elegido una organza muy fina en tono lavanda, un algodón satinado color marfil y una tela ligera de lino azul grisáceo. Las colocó sobre la mesa una al lado de la otra, evaluando cómo cambiaban con la luz natural.
El lino era fresco, con una textura ligeramente irregular. La organza era delicada, casi transparente, y hacía un sonido suave al moverla. El algodón satinado reflejaba apenas la luz, sin volverse brillante.
Serena se inclinó sobre las muestras.
Serena dice con acento turinés, "Vale, eso sí es primavera cara."
Vittoria dice con acento turinés, "Estoy pensando en un vestido camisero, pero con sobrefalda ligera desmontable. Algo que se pueda usar de día y transformar un poco para la tarde."
Serena la miró con una ceja levantada.
Serena dice con acento turinés, "Tú no puedes hacer una prenda simple, ¿verdad?"
Vittoria dice con acento turinés, "Sí puedo."
Serena dice con acento turinés, "No quieres."
Vittoria sonrió.
Vittoria dice con acento turinés, "Eso es distinto."
La conversación se interrumpió cuando la puerta del aula se abrió.
Anabella Mancini entró con paso seguro.
Medía alrededor de un metro setenta y cinco, y su presencia llenaba el aula sin necesidad de levantar la voz. Tenía la piel blanca y delicada, un rostro bellísimo de rasgos redondeados, pómulos altos y sonrosados, nariz pequeña y labios rojizos en forma de corazón. Sus ojos almendrados, de un azul turquesa muy claro, observaban con una atención que intimidaba más que cualquier grito. Llevaba el cabello negro azabache suelto, en ondas espesas que le caían hasta las caderas y se movían con cada paso. Vestía pantalones amplios color arena, una blusa blanca sin mangas y sandalias de tacón bajo. Caminaba con una elegancia natural, segura, y varias miradas se desviaron hacia ella apenas cruzó el aula.
Anabella dejó su carpeta sobre la mesa central y miró alrededor.
Anabella Mancini dice con acento milanés, "Buongiorno. Espero que hoy hayan traído tela, bocetos y paciencia. Especialmente paciencia."
Un chico al fondo murmuró algo y ella lo miró de inmediato.
Anabella Mancini dice con acento milanés, "También espero que hayan traído la capacidad de hablar en voz alta si tienen algo interesante que decir."
El chico se quedó callado.
Serena bajó la voz.
Serena dice con acento turinés, "Me da miedo y quiero ser ella."
Vittoria se tapó la sonrisa con el vaso de café.
Anabella caminó entre las mesas, observando telas sin tocar todavía. Su perfume llegó a Vittoria cuando pasó cerca: limpio, floral, con algo de almizcle suave. No era invasivo, pero quedaba en el aire.
Anabella Mancini dice con acento milanés, "El ejercicio de hoy es simple en teoría. Primavera no significa flores pegadas ni telas transparentes sin intención. Primavera significa temperatura, movimiento, capas ligeras, piel que respira y prendas que puedan vivir fuera de una fotografía."
Se detuvo junto a una mesa donde una estudiante tenía una tela rosa con estampado de margaritas enormes.
Anabella Mancini dice con acento milanés, "Esto puede funcionar, pero solo si el patrón no parece mantel."
La chica abrió la boca, luego la cerró.
Anabella continuó hacia el centro.
Anabella Mancini dice con acento milanés, "Trabajarán en prototipo parcial. No quiero prenda completa hoy. Quiero cuerpo base, caída, primeras decisiones de cierre y volumen. Si alguien intenta coser todo sin probar, va a descoser todo conmigo mirando."
Serena susurró.
Serena dice con acento turinés, "Eso fue amenaza."
Vittoria dice con acento turinés, "Fue una promesa."
Anabella las miró.
Anabella Mancini dice con acento milanés, "Marttini, Riva. Me alegra que estén entretenidas. Ahora entreténganme con buen trabajo."
Serena se enderezó enseguida.
Serena dice con acento turinés, "Sí, professoressa."
Vittoria dejó el café a un lado y abrió su carpeta.
Anabella se acercó primero a la mesa de Serena. Tocó la tela verde salvia entre los dedos, la levantó contra la luz y la dejó caer.
Anabella Mancini dice con acento milanés, "Lino mezclado."
Serena dice con acento turinés, "Sí. Quiero hacer un conjunto de top cruzado y falda midi."
Anabella Mancini dice con acento milanés, "¿Por qué cruzado?"
Serena dudó un segundo.
Serena dice con acento turinés, "Porque quería que se ajustara al cuerpo sin depender de demasiadas pinzas."
Anabella asintió, no satisfecha del todo, pero interesada.
Anabella Mancini dice con acento milanés, "Bien. Pero cuidado con el volumen en la cintura. Esta tela marca arrugas. Si haces un cruce torpe, va a parecer que la persona se vistió rápido en un baño."
Serena abrió los ojos.
Serena dice con acento turinés, "Qué imagen tan específica."
Anabella Mancini dice con acento milanés, "La moda vive de imágenes específicas."
Luego se giró hacia Vittoria.
Anabella tomó las muestras una por una. Primero el lino azul grisáceo, después el algodón satinado, luego la organza lavanda. No habló enseguida.
Vittoria se mantuvo quieta.
Anabella Mancini dice con acento milanés, "Interesante paleta. No es obvia."
Vittoria dice con acento turinés, "Quiero algo suave, pero no dulce. Pensé en una prenda de día que tenga una segunda capa desmontable. Vestido camisero con estructura limpia y una sobrefalda de organza que pueda quitarse."
Anabella la miró a los ojos.
Anabella Mancini dice con acento milanés, "¿Y para qué sirve la sobrefalda?"
Vittoria dice con acento turinés, "Para cambiar la lectura de la prenda sin cambiar la base. Día, tarde, evento casual. La misma pieza con otro movimiento."
Anabella dejó la organza sobre la mesa.
Anabella Mancini dice con acento milanés, "Eso es una idea. Ahora falta que no sea capricho."
Vittoria asintió.
Vittoria dice con acento turinés, "Voy a resolver la unión con botones internos o pequeñas presillas. Nada visible desde fuera."
Anabella Mancini dice con acento milanés, "No lo escondas todo. A veces el sistema de transformación puede ser parte del diseño."
Vittoria tomó nota de inmediato.
Anabella observó sus bocetos. Eran limpios, con líneas firmes, hombro relajado, cintura marcada sin apretar y falda con caída recta.
Anabella Mancini dice con acento milanés, "Tu dibujo está controlado. Demasiado."
Vittoria levantó la vista.
Anabella Mancini dice con acento milanés, "Mayo no es control absoluto. Deja que algo se mueva. Una abertura, un pliegue, una espalda menos cerrada. No estoy diciendo que hagas una prenda romántica. Estoy diciendo que respire."
Vittoria miró el boceto.
La palabra respirar no le molestó.
Le pareció justa.
Vittoria dice con acento turinés, "Puedo abrir la espalda con un corte vertical y cerrar con tiras internas."
Anabella Mancini dice con acento milanés, "Prueba. No me lo vendas todavía. Pruébalo."
Anabella se alejó hacia otra mesa.
Serena soltó el aire.
Serena dice con acento turinés, "Me sudaron las manos."
Vittoria miró su boceto.
Vittoria dice con acento turinés, "Tiene razón."
Serena dice con acento turinés, "Siempre tiene razón. Es insoportable y preciosa. Muy injusto."
Vittoria soltó una risa baja.
Vittoria dice con acento turinés, "Concéntrate en tu cruce antes de que parezca baño de discoteca."
Serena la empujó suavemente con el hombro.
Serena dice con acento turinés, "Eres mala persona."
La clase avanzó con el sonido de tijeras, papel y máquinas.
Vittoria extendió el algodón crudo sobre la mesa para sacar el cuerpo base del vestido. La tela estaba fresca al tacto. La alisó con las palmas, colocando encima el patrón base que había modificado durante la noche. Con tiza azul marcó línea de hombro, centro delantero, cintura y la abertura de espalda que Anabella le había sugerido probar.
Cortó despacio.
No quería acelerar.
Las tijeras avanzaban con un sonido seco y limpio. Cada corte dejaba pequeños hilos sueltos que se pegaban a sus dedos. El aula estaba cálida, pero la brisa de la ventana evitaba que el calor fuera molesto. Afuera se escuchaba a un grupo de estudiantes riendo en el patio.
Serena, a su lado, peleaba con el top cruzado.
Serena dice con acento turinés, "Creo que mi cruce se está convirtiendo en una servilleta elegante."
Vittoria miró sin dejar de fijar alfileres.
Vittoria dice con acento turinés, "Pásamelo."
Serena le acercó el patrón.
Vittoria revisó la línea del escote y el punto de cierre.
Vittoria dice con acento turinés, "El problema es que el cierre cae muy bajo. Si lo subes dos centímetros, la tela no se abre tanto."
Serena se inclinó sobre la mesa.
Serena dice con acento turinés, "¿Dos centímetros salvan mi dignidad?"
Vittoria dice con acento turinés, "Tal vez uno y medio. No quiero prometer demasiado."
Serena se rio.
Serena dice con acento turinés, "Qué considerada."
Mientras trabajaban, el teléfono de Vittoria vibró dentro de su bolsa.
No lo miró enseguida.
Serena sí lo miró.
Serena dice con acento turinés, "Te llegó algo."
Vittoria siguió colocando alfileres.
Vittoria dice con acento turinés, "Puede esperar."
Serena sonrió de lado.
Serena dice con acento turinés, "¿Puede? ¿Aunque sea el arquitecto?"
Vittoria levantó la mirada.
Vittoria dice con acento turinés, "Eres peor que Allegra."
Serena dice con acento turinés, "Imposible. Allegra ya habría leído el mensaje en voz alta."
Vittoria suspiró, pero sacó el teléfono. Era Tommaso.
Tommaso: "Vi una cafetería cerca del campus con música demasiado alta. Creo que cumple tu requisito de café ruidoso."
Vittoria leyó el mensaje dos veces. No sintió ansiedad. No sintió culpa inmediata. Solo una curiosidad agradable.
Serena se inclinó un poco, sin mirar la pantalla directamente.
Serena dice con acento turinés, "¿Buenas noticias?"
Vittoria guardó el teléfono boca abajo sobre la mesa.
Vittoria dice con acento turinés, "Solo café."
Serena dice con acento turinés, "Claro. Café con mandíbula bonita."
Vittoria se rió, esta vez más abierta.
Vittoria dice con acento turinés, "Vuelve a tu servilleta."
Serena dice con acento turinés, "Qué agresiva para alguien invitada a café."
Vittoria no respondió, pero la sonrisa se le quedó un rato.
No era una sonrisa enorme.
Era pequeña, tranquila.
Y Serena la notó.
La mañana siguió entre pruebas.
Vittoria montó el cuerpo base del vestido sobre el maniquí. El algodón crudo no tenía la caída final, pero permitía ver las proporciones. La cintura estaba bien ubicada. El hombro caía limpio. La abertura en la espalda necesitaba ajuste: demasiado rígida, demasiado vertical.
Anabella volvió a acercarse.
Anabella Mancini dice con acento milanés, "¿Qué ve?"
Vittoria tocó la espalda del prototipo.
Vittoria dice con acento turinés, "Está demasiado recta. Parece una decisión técnica, no diseño."
Anabella asintió.
Anabella Mancini dice con acento milanés, "Bien visto. ¿Solución?"
Vittoria tomó la tiza y dibujó una leve curva desde la nuca hacia el centro de espalda.
Vittoria dice con acento turinés, "Suavizar la línea. Mantener abertura, pero con forma más orgánica. Y tal vez usar la organza en una capa interior visible cuando se mueve."
Anabella observó.
Anabella Mancini dice con acento milanés, "Eso ya empieza a tener primavera. No por color. Por comportamiento."
Vittoria asintió, concentrada.
Anabella Mancini dice con acento milanés, "Haga una segunda prueba. No se enamore de la primera versión."
Vittoria dice con acento turinés, "Sí, professoressa."
Anabella pasó a la mesa de Serena.
Serena tenía el top cruzado sujeto con alfileres sobre un maniquí. Ella misma parecía sorprendida de que no se viera mal.
Anabella Mancini dice con acento milanés, "Mejor. ¿Quién subió el cierre?"
Serena miró a Vittoria.
Serena dice con acento turinés, "Ella. Yo estaba en crisis."
Anabella miró a Vittoria y luego a Serena.
Anabella Mancini dice con acento milanés, "La crisis es aceptable si después hay corrección."
Serena dice con acento turinés, "Entonces estoy aprobando la vida."
Anabella Mancini dice con acento milanés, "No exagere, Riva. Está aprobando un cruce."
Serena bajó la cabeza para no reírse demasiado.
Cuando Anabella se alejó, las dos soltaron la risa contenida.
Serena dice con acento turinés, "La amo y la temo."
Vittoria dice con acento turinés, "Eso resume bastante bien esta clase."
Cerca del mediodía, el aula estaba más desordenada. Había retazos de algodón en el suelo, trozos de hilo pegados a la ropa, tazas vacías sobre las mesas y patrones doblados de cualquier manera. Una estudiante planchaba piezas pequeñas con vapor, y el olor a tela caliente llenaba el ambiente.
Vittoria tenía las manos manchadas de tiza azul. Se miró los dedos y sonrió un poco.
Serena dice con acento turinés, "¿Qué?"
Vittoria dice con acento turinés, "Nada. Me gusta tener las manos así."
Serena dice con acento turinés, "¿Sucia?"
Vittoria dice con acento turinés, "Ocupada."
Serena la miró con una expresión más suave.
Serena dice con acento turinés, "Te hacía falta venir a clase."
Vittoria dejó el trozo de tiza sobre la mesa.
Vittoria dice con acento turinés, "Sí."
No dijo más, pero Serena entendió.
En la fábrica, sus manos firmaban documentos, revisaban contratos y tocaban piezas de chocolate defectuoso. En clase, sus manos cortaban tela, corregían líneas, hacían algo que no tenía que ver con destruir ni defender.
Era una diferencia pequeña.
Pero importaba.
Anabella dio dos palmadas suaves para llamar la atención.
Anabella Mancini dice con acento milanés, "Antes de irse, quiero ver cada prototipo sobre maniquí y una decisión escrita para la próxima sesión. No me entreguen dudas sueltas. Me entregan una dirección."
Los estudiantes empezaron a moverse con prisa.
Vittoria escribió en su libreta:
Vestido camisero en lino azul grisáceo. Capa desmontable de organza lavanda. Espalda abierta con curva suave. Presillas visibles como detalle funcional. Primavera urbana, prenda transformable, sin exceso decorativo.
Serena, a su lado, escribió mucho más despacio.
Serena dice con acento turinés, "¿Cómo se escribe ‘no quiero que parezca servilleta’ de forma académica?"
Vittoria dice con acento turinés, "Top cruzado en lino verde salvia con ajuste elevado y falda midi fluida."
Serena la miró.
Serena dice con acento turinés, "Te odio un poco."
Vittoria dice con acento turinés, "Lo sé."
Cuando la clase terminó, recogieron juntas.
Vittoria dobló sus patrones con cuidado y guardó las muestras de tela en sobres transparentes. Serena metió todo en la bolsa con menos orden, pero al menos esta vez no arrugó tanto la tela.
Salieron al pasillo con las carpetas bajo el brazo. El ruido del campus las recibió otra vez: voces, pasos, notificaciones de móviles, estudiantes hablando de entregas y planes para el fin de semana.
La cafetería del edificio estaba llena. Olía a café, focaccia caliente y bollería dulce. Se escuchaba el vapor de la máquina, cucharillas golpeando vasos y conversaciones mezcladas.
Serena dejó su carpeta en una silla libre mientras Vittoria pedía dos cafés helados y un par de cornetti pequeños.
Cuando se sentaron junto a la ventana, Vittoria desbloqueó el teléfono.
Serena apoyó la barbilla en la mano.
Serena dice con acento turinés, "¿Vas a responderle?"
Vittoria dice con acento turinés, "¿Te molesta dejarme fingir que no estás pendiente?"
Serena dice con acento turinés, "No."
Vittoria leyó otra vez el mensaje de Tommaso. Luego escribió.
Vittoria escribe, "Café ruidoso sirve. Pero tengo clase hasta tarde. Y no hables mal de mi vestido si aparezco con tiza en las manos."
El mensaje se envió.
Serena sonrió.
Serena dice con acento turinés, "Bien."
Vittoria dejó el móvil boca abajo.
Vittoria dice con acento turinés, "No sé qué estoy haciendo."
Serena mordió un pedazo de cornetto.
Serena dice con acento turinés, "Estás quedando para tomar café. No estás comprando una casa con él."
Vittoria soltó una risa baja.
Vittoria dice con acento turinés, "Gracias por recordarlo."
Serena dice con acento turinés, "Para eso estoy. Para evitar que conviertas un cappuccino en una crisis existencial."
Vittoria miró por la ventana.
El patio estaba lleno de estudiantes sentados al sol. Algunos fumaban, otros revisaban apuntes, otros simplemente hablaban sin prisa. La primavera hacía que todo pareciera menos grave, aunque nada de fondo hubiera desaparecido.
Marcco seguía doliendo.
La fábrica seguía en peligro.
Pero esa mañana Vittoria también tenía un vestido de primavera en proceso, una profesora exigente que la obligaba a respirar en la tela, una amiga que la molestaba sin dejarla hundirse y un mensaje de un chico que no exigía nada enorme.
Vittoria tomó su café.
Estaba frío, dulce y un poco aguado.
Aun así, le supo bien.
Serena dice con acento turinés, "¿Ves? Mayo no está tan mal."
Vittoria miró su carpeta, luego el móvil boca abajo, luego a Serena.
Vittoria dice con acento turinés, "No. No está tan mal."
Y por primera vez en varios días, lo dijo sin tener que fingir demasiado.
Re: El ajedrez de cacao y Seda
Publicado: Sab May 23, 2026 9:24 pm
por Indira
La primavera sobre Turín.
Villa della Regina.
Punto de vista: Vittoria.
El sábado llegó con un sol limpio sobre Turín.
No era un sol intenso, ni completamente cálido, pero después de tantas semanas de lluvia, reuniones, llamadas legales y noches demasiado largas, la luz parecía suficiente. Las calles aún tenían zonas húmedas cerca de los bordillos, y el aire conservaba ese olor fresco de mayo: tierra mojada, hojas nuevas, café de cafeterías abiertas desde temprano y flores discretas en balcones antiguos.
Vittoria subió hacia la Villa della Regina en el asiento trasero de su coche, con una escolta discreta varios metros detrás. No llevaba traje, ni carpeta ejecutiva, ni tacones de reunión. Había elegido un vestido camisero de lino azul grisáceo, sencillo, con mangas remangadas hasta el codo y cinturón fino a la cintura. En los pies llevaba sandalias planas. El cabello lo tenía suelto, peinado con suavidad, y el maquillaje era mínimo.
Quería parecer una estudiante.
Una chica de diecisiete años que iba a pasar una tarde con sus amigas.
Nada más.
Pero el teléfono en su bolso vibraba cada cierto tiempo, y eso era suficiente para recordarle que la normalidad no llegaba completa. Llegaba por partes. Llegaba con interrupciones.
El coche se detuvo cerca de la entrada. Vittoria bajó y levantó la mirada hacia la villa. La fachada clara, los jardines cuidados y la vista sobre Turín le dieron una sensación extraña, casi de distancia. Desde allí, la ciudad se veía ordenada, tranquila, como si abajo no existieran fábricas en crisis, fiscales, memorandos financieros ni hombres desaparecidos en el Tirreno.
El aire era más fresco en la colina.
Olía a ciprés, flores abiertas y piedra calentándose lentamente bajo el sol.
Serena ya estaba esperándola cerca de una baranda, con gafas de sol grandes y una bolsa de tela colgada del hombro. Llevaba pantalones claros, una camiseta blanca y una camisa de lino abierta encima. En una mano sostenía dos cafés fríos.
Serena dice con acento turinés, "Llegas elegante para alguien que prometió no venir en modo heredera."
Vittoria se acercó con una sonrisa cansada.
Vittoria dice con acento turinés, "Esto es lino, no poder."
Serena le ofreció uno de los cafés.
Serena dice con acento turinés, "En ti hasta el lino parece una decisión estratégica."
Vittoria tomó el vaso y bebió un sorbo. Estaba dulce, frío, con el sabor fuerte del café y un toque de leche que le suavizó la garganta.
Vittoria dice con acento turinés, "Gracias. Necesitaba esto."
Serena la miró con atención, aunque intentó hacerlo de forma casual.
Serena dice con acento turinés, "¿Dormiste?"
Vittoria bajó la mirada hacia el vaso.
Vittoria dice con acento turinés, "Un poco."
Serena dice con acento turinés, "Eso significa tres horas."
Vittoria dice con acento turinés, "Cuatro."
Serena hizo una mueca.
Serena dice con acento turinés, "Qué lujo, signorina."
Vittoria soltó una risa pequeña.
Poco después aparecieron Allegra y Giuli, subiendo por el camino empedrado con bolsas de papel en las manos. Allegra llevaba una falda corta, botas y una camiseta estampada; Giuli, más discreta, vestido verde claro y una cámara colgada al cuello. Venían discutiendo algo antes incluso de llegar.
Allegra dice con acento turinés, "No puedes decir que una focaccia es desayuno, Giuli. Es almuerzo anticipado."
Giuli dice con acento turinés, "Claro que puede ser desayuno. Todo depende de la hora emocional."
Serena dice con acento turinés, "¿Hora emocional?"
Giuli levantó la bolsa.
Giuli dice con acento turinés, "La hora emocional dice que traje comida y nadie debería cuestionarme."
Allegra vio a Vittoria y abrió los brazos con dramatismo.
Allegra dice con acento turinés, "¡Mírenla! Vive. Respira. No lleva una carpeta legal. Esto merece celebración."
Vittoria la abrazó, riendo con más naturalidad.
Vittoria dice con acento turinés, "Tampoco exageres."
Allegra la apretó un poco antes de soltarla.
Allegra dice con acento turinés, "No exagero. Tú desapareces tres días, vuelves de Milán con cara de haber negociado con banqueros vampiros, y esperas que nosotras actuemos normal."
Giuli se acercó y le dio un beso en la mejilla.
Giuli dice con acento turinés, "Tiene razón, aunque lo diga como loca."
Vittoria las miró a las tres.
Vittoria dice con acento turinés, "Estoy aquí, ¿no?"
Serena levantó su café.
Serena dice con acento turinés, "Y por eso nadie hablará de negocios durante al menos treinta minutos."
Allegra dice con acento turinés, "Veinte. No prometas imposibles."
Vittoria sonrió, pero notó que faltaba alguien.
Mirabella.
Miró hacia el camino. El sol caía sobre los escalones, sobre las plantas recién regadas, sobre turistas dispersos que caminaban con cámaras y botellas de agua. No la vio.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Bella viene?"
Giuli bajó un poco la voz.
Giuli dice con acento turinés, "Sí. Dijo que llegaba tarde."
Allegra hizo una mueca.
Allegra dice con acento turinés, "Y cuando Mirabella dice tarde, significa que está peleando con el mundo o con sus padres."
Serena miró a Vittoria.
Serena dice con acento turinés, "Creo que hoy es lo segundo."
Vittoria no preguntó más en ese momento.
Empezaron a caminar por los jardines. No llevaban prisa. La Villa della Regina estaba tranquila, con grupos pequeños de visitantes recorriendo los senderos y algunas personas sentadas en bancos mirando la ciudad. El sonido del tráfico llegaba apagado desde abajo, mezclado con el zumbido de insectos y el roce de las hojas movidas por el viento.
Giuli se detuvo varias veces para tomar fotos.
Giuli dice con acento turinés, "No se muevan."
Allegra se quedó congelada a propósito con una postura ridícula.
Allegra dice con acento turinés, "Así nacen las musas."
Giuli bajó la cámara.
Giuli dice con acento turinés, "Así nacen las fotos que borro."
Serena se rio y se sentó en un banco de piedra, dejando la bolsa de tela a un lado.
Serena dice con acento turinés, "Propongo sentarnos aquí antes de que Allegra convierta esto en sesión editorial."
Allegra se dejó caer junto a ella.
Allegra dice con acento turinés, "No es mi culpa tener presencia."
Vittoria se sentó en el extremo del banco, mirando la vista. Turín se extendía abajo, clara y amplia, con los tejados, las avenidas y el río marcando líneas suaves entre los edificios. Desde allí arriba, hasta la fábrica parecía una idea lejana.
Eso le hizo bien.
Por unos minutos hablaron de cosas simples.
De la clase de Anabella Mancini.
De la tela verde de Serena.
De un profesor de comunicación que Allegra imitó con demasiada precisión.
De las fotos que Giuli quería revelar en blanco y negro.
De una cafetería nueva cerca del campus donde el café era carísimo pero servían tortas pequeñas con crema de pistacho.
Serena dice con acento turinés, "Anabella me dijo que mi top cruzado parece menos confundido."
Allegra se llevó una mano al pecho.
Allegra dice con acento turinés, "Eso en idioma profesora significa que te ama."
Vittoria dice con acento turinés, "No. Significa que tu top ya no parece una servilleta."
Serena le lanzó una servilleta real que sacó de la bolsa de comida.
Serena dice con acento turinés, "Traicionera."
Giuli abrió la bolsa y repartió trozos de focaccia envueltos en papel. El pan estaba tibio todavía, con aceite de oliva y sal gruesa en la superficie. Vittoria mordió un pedazo y sintió el sabor simple, salado, agradable. No había comido bien esa mañana. Solo café y una galleta de pie, mientras Bianca le enviaba correcciones al memorando de empleo.
Allegra la observó.
Allegra dice con acento turinés, "Come más. Tienes cara de persona que desayuna preocupaciones."
Vittoria tomó otro trozo.
Vittoria dice con acento turinés, "Hoy desayuné café."
Serena dice con acento turinés, "Eso no es desayuno. Eso es amenaza al sistema nervioso."
Giuli dice con acento turinés, "Y luego se pregunta por qué le tiembla el párpado."
Vittoria se tocó el ojo automáticamente.
Vittoria dice con acento turinés, "No me tiembla."
Allegra dice con acento turinés, "Todavía."
Las cuatro rieron.
La risa no borraba nada, pero ocupaba espacio. Y eso importaba.
El teléfono de Vittoria vibró dentro del bolso.
La risa se le apagó apenas.
Serena lo notó de inmediato.
Serena dice con acento turinés, "Treinta minutos. Prometimos treinta minutos."
Vittoria metió la mano en el bolso, dudando.
Vittoria dice con acento turinés, "Puede ser mi padre."
Allegra dice con acento turinés, "También puede ser el universo intentando arruinar la focaccia."
Vittoria sacó el teléfono.
Era Bianca.
No llamada. Mensaje.
Bianca: "Keller pidió aclaración sobre el resumen legal. Nada urgente, pero necesito tu validación antes de las 18:00. Disfruta tu tarde hasta entonces."
Vittoria leyó el mensaje dos veces. Luego dejó escapar el aire.
Serena dice con acento turinés, "¿Malo?"
Vittoria bloqueó el teléfono.
Vittoria dice con acento turinés, "No. Solo Bianca recordándome que existe el lunes."
Giuli dice con acento turinés, "El lunes debería estar prohibido."
Allegra dice con acento turinés, "Y Keller suena como nombre de alguien que arruina digestiones."
Vittoria sonrió, guardando el móvil.
Vittoria dice con acento turinés, "Lo hace."
Serena se inclinó hacia ella.
Serena dice con acento turinés, "¿Puedes dejarlo hasta las seis?"
Vittoria asintió.
Vittoria dice con acento turinés, "Sí."
Serena dice con acento turinés, "Entonces lo dejas hasta las seis."
Vittoria la miró.
Serena sostuvo su mirada con una calma firme.
Serena dice con acento turinés, "No es egoísmo, Vitto. Es una tarde. Una tarde no destruye un imperio."
Vittoria bajó la mirada al vaso de café.
Vittoria dice con acento turinés, "A veces siento que sí."
Allegra se acomodó mejor en el banco.
Allegra dice con acento turinés, "Pues que el imperio espere sentado."
Giuli asintió.
Giuli dice con acento turinés, "Además, si se cae por una tarde de focaccia, entonces era un imperio muy mal construido."
Vittoria no pudo evitar reír.
Vittoria dice con acento turinés, "Ustedes serían pésimas asesoras."
Serena dice con acento turinés, "Pero excelentes amigas."
Eso no podía discutirlo.
La voz de Mirabella llegó desde atrás.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Y algunas llegan tarde, pero con causa."
Todas se giraron.
Mirabella venía caminando hacia ellas con una bolsa grande cruzada al cuerpo y una carpeta rígida bajo el brazo. Llevaba pantalones anchos manchados de pintura, una camiseta negra y una chaqueta liviana color terracota. El cabello lo tenía recogido de cualquier manera, con varios mechones escapándose. Tenía los ojos un poco hinchados, como si hubiera llorado o dormido poco.
Vittoria se levantó primero.
Vittoria dice con acento turinés, "Bella."
Mirabella intentó sonreír.
Mirabella dice con acento ferrarés, "No me miren así. Estoy viva."
Allegra abrió los brazos.
Allegra dice con acento turinés, "Ven aquí antes de que te regañemos."
Mirabella dejó la carpeta sobre el banco y aceptó el abrazo grupal con una risa débil. Todas terminaron rodeándola de alguna forma: Serena le tocó el brazo, Giuli le acomodó la bolsa para que no se le cayera, Allegra le ofreció focaccia sin preguntar, y Vittoria se quedó cerca, observándola con atención.
Mirabella mordió un trozo de pan y cerró los ojos.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Necesitaba esto más de lo que quiero admitir."
Serena dice con acento turinés, "¿Tus padres?"
Mirabella asintió sin ganas y se sentó.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Otra pelea. Esta vez fue por la galería. Dicen que Vellini me está usando, que mi contrato es una fantasía y que en dos años voy a estar vendiendo cuadros a turistas para pagar el alquiler."
Giuli se sentó a su lado.
Giuli dice con acento turinés, "Eso es cruel."
Mirabella soltó una risa seca.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Fue la parte amable."
Allegra se puso seria por primera vez en varios minutos.
Allegra dice con acento turinés, "Bella, tu contrato es real. Hemos visto los correos, las condiciones, todo."
Mirabella miró al suelo, jugando con el papel aceitado de la focaccia.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Para ellos no basta. Todo lo que no sea seguro es irresponsable. Todo lo que no sea administración, finanzas o algo que puedan explicar en una cena familiar, es una fase."
Vittoria se sentó frente a ella, en el borde de una jardinera baja.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Qué les dijiste?"
Mirabella levantó la vista.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Que prefiero fracasar pintando que vivir bien haciendo algo que odio."
Allegra señaló a Mirabella con orgullo.
Allegra dice con acento turinés, "Eso fue perfecto."
Mirabella dice con acento ferrarés, "Sí, bueno. Después mi madre lloró y mi padre dijo que yo no entendía el mundo real."
Vittoria tragó saliva.
El mundo real.
Cuántas veces había escuchado algo parecido, aunque en otro tono, con otras amenazas, con otras expectativas.
Serena habló con cuidado.
Serena dice con acento turinés, "Quizá tienen miedo."
Mirabella se giró hacia ella.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Lo sé. Y eso es lo peor, Serena. No son monstruos. Me quieren. Pero me quieren de una forma que me ahoga."
Giuli bajó la cámara sobre sus rodillas.
Giuli dice con acento turinés, "A veces la gente llama protección a decidir por ti."
Mirabella asintió lentamente.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Exacto."
Vittoria miró la carpeta que Mirabella había traído.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Trajiste algo?"
Mirabella pareció dudar.
Luego tomó la carpeta y la abrió. Dentro había varios bocetos en papel grueso. Algunos eran estudios de color; otros, figuras humanas parcialmente desarmadas por manchas, líneas y zonas vacías. No era un trabajo decorativo. Tenía fuerza. Había una serie clara en desarrollo.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Son para Vellini. La serie se llama Habitaciones sin permiso."
Allegra se inclinó sobre los dibujos.
Allegra dice con acento turinés, "Eso ya duele solo con el título."
Mirabella pasó una hoja.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Es sobre espacios donde una persona puede ser ella misma sin pedir disculpas. Estudios, baños, esquinas de habitaciones, terrazas, lugares mínimos. Nada grandioso."
Giuli observó un boceto en silencio.
Giuli dice con acento turinés, "Este tiene algo."
Era una figura sentada en el suelo, con las rodillas flexionadas, rodeada de plantas. El rostro no estaba terminado, pero el cuerpo transmitía cansancio y calma al mismo tiempo.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Ese lo hice después de dormir en la villa con Vittoria."
Vittoria levantó la vista.
Mirabella no sonrió, pero sus ojos estaban suaves.
Mirabella dice con acento ferrarés, "No te preocupes. No se parece a ti. Es solo la sensación."
Vittoria miró el dibujo más de cerca.
No se parecía a ella en rasgos, pero sí en postura. En el cansancio. En la forma de estar sentada como si el cuerpo por fin hubiera dejado de defenderse.
Vittoria dice con acento turinés, "Es bueno, Bella."
Mirabella cerró la carpeta un poco, incómoda con el elogio.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Tú siempre dices eso."
Vittoria dice con acento turinés, "No. Cuando algo no me gusta, hago silencio elegante."
Serena dice con acento turinés, "Eso es verdad. Su silencio elegante da miedo."
Allegra dice con acento turinés, "Una vez miró mi presentación de comunicación durante diez segundos sin hablar y pensé que iba a abandonar la carrera."
Vittoria se rio.
Mirabella también.
Esa risa le cambió la cara. La tensión de la mandíbula bajó, y por un momento volvió a parecer la Mirabella de siempre, no la hija en guerra con su casa.
Giuli tomó una foto rápida del dibujo sobre las rodillas de Mirabella.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Giuli."
Giuli dice con acento turinés, "Solo para mí. Te lo juro."
Mirabella suspiró.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Está bien."
Serena le pasó el café que había quedado a medio tomar.
Serena dice con acento turinés, "¿Qué vas a hacer?"
Mirabella bebió un sorbo y frunció la nariz.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Está muy dulce."
Serena dice con acento turinés, "No evadas."
Mirabella bajó el vaso.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Voy a firmar la confirmación final con Vellini. Y voy a buscar un estudio pequeño para trabajar fuera de casa."
Allegra abrió los ojos.
Allegra dice con acento turinés, "Eso es enorme."
Mirabella dice con acento ferrarés, "Lo sé."
Giuli dice con acento turinés, "¿Tienes dinero para eso?"
Mirabella hizo una mueca.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Para uno decente, no. Para uno con humedad, quizá."
Vittoria habló antes de pensarlo demasiado.
Vittoria dice con acento turinés, "Yo puedo ayudarte."
Mirabella giró la cabeza de inmediato.
Mirabella dice con acento ferrarés, "No."
Vittoria dice con acento turinés, "Ni siquiera escuchaste."
Mirabella dice con acento ferrarés, "Porque sé lo que vas a decir. Y no, Vitto. No quiero que me pagues un estudio."
Vittoria mantuvo la calma.
Vittoria dice con acento turinés, "No dije pagar. Dije ayudar. Puedo revisar contratos, zonas, alquileres. Puedo evitar que te estafen. Eso también cuenta."
Mirabella se quedó callada.
Serena intervino.
Serena dice con acento turinés, "Eso sí puedes aceptarlo. No es caridad, es asesoría de amiga rica traumada por contratos."
Vittoria la miró.
Vittoria dice con acento turinés, "Gracias por esa descripción."
Serena dice con acento turinés, "Es precisa."
Mirabella sonrió a pesar de sí misma.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Contrato sí. Dinero no."
Vittoria asintió.
Vittoria dice con acento turinés, "Contrato sí. Dinero no."
Allegra levantó un dedo.
Allegra dice con acento turinés, "Yo puedo ayudarte con una presentación para Vellini. Algo visual, bonito, no aburrido."
Giuli dice con acento turinés, "Yo puedo fotografiar tu proceso. Si la serie habla de espacios íntimos, necesitas archivo visual."
Serena dice con acento turinés, "Y yo puedo fingir que entiendo pintura mientras cargo cosas."
Mirabella las miró a todas, con los ojos brillantes.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Son insoportables."
Allegra dice con acento turinés, "Pero útiles."
Mirabella respiró hondo.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Gracias."
No lo dijo fuerte, pero bastó.
Durante un rato, el tema se volvió práctico. Hablaron de barrios posibles, de alquileres demasiado caros, de estudios compartidos, de horarios, de transporte. Giuli sugirió una zona cerca de San Salvario. Serena dijo que quizá una amiga de su prima conocía un espacio pequeño cerca de Vanchiglia. Allegra prometió preguntar a un contacto de comunicación que trabajaba con artistas emergentes.
Vittoria escuchaba y tomaba notas en el móvil, ya sin sentir que estaba traicionando su tarde. Esto no era trabajo Marttini. Esto era cuidar a alguien que la había cuidado a ella.
El teléfono volvió a vibrar.
Esta vez fue Tommaso.
Tommaso: "Café ruidoso sigue en pie. Pero si estás ocupada salvando el mundo, puedo esperar."
Vittoria lo leyó y sonrió sin darse cuenta.
Serena lo notó.
Serena dice con acento turinés, "Esa sonrisa no es de Keller."
Allegra se inclinó rápido.
Allegra dice con acento turinés, "¿Arquitecto?"
Vittoria bloqueó el móvil.
Vittoria dice con acento turinés, "No voy a hablar de eso."
Giuli sonrió.
Giuli dice con acento turinés, "Eso significa sí."
Mirabella la miró con curiosidad más suave.
Mirabella dice con acento ferrarés, "¿Te hace bien?"
Vittoria pensó antes de responder.
No quería mentir.
Tampoco quería convertir algo simple en una declaración enorme.
Vittoria dice con acento turinés, "Me hace respirar un poco."
Mirabella asintió.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Entonces respira."
Allegra levantó su vaso de café.
Allegra dice con acento turinés, "Por respirar, por estudios baratos sin humedad, por vestidos de primavera y por hombres guapos que no arruinan la tarde."
Serena chocó su vaso con el de Allegra.
Serena dice con acento turinés, "Por eso."
Giuli añadió el suyo.
Giuli dice con acento turinés, "Y por aprobar entregas."
Mirabella levantó el café dulce con resignación.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Y por no volver a casa todavía."
Vittoria chocó su vaso con ellas.
Vittoria dice con acento turinés, "Por todo eso."
Se quedaron allí hasta que el sol empezó a bajar un poco y la luz se volvió más dorada sobre los jardines. Hablaron menos, después. A veces no hacía falta llenar todos los silencios. Giuli tomó fotos de las manos de Mirabella manchadas de carboncillo. Serena se tumbó un momento sobre el banco, tapándose la cara con el brazo. Allegra puso música baja desde su móvil, apenas audible.
Vittoria miró la ciudad desde arriba.
El mensaje de Bianca seguía esperando. El de Tommaso también.
La fábrica seguía allí.
Mássimo seguía necesitando que ella estuviera firme.
Keller seguiría pidiendo aclaraciones.
El fondo seguiría siendo frágil.
Pero esa tarde, en la Villa della Regina, con focaccia en las manos, tiza azul aún marcada bajo una uña y sus amigas hablando de estudios, telas y cafés ruidosos, Vittoria sintió que podía sostener más de una vida sin romperse inmediatamente.
No era paz completa.
Tampoco era felicidad sin condiciones.
Era una tarde real.
Y por ahora, eso era suficiente.
Re: El ajedrez de cacao y Seda
Publicado: Lun Jun 22, 2026 5:14 am
por Indira
El reloj a nuestro favor.
Punto de vista: Vittoria.
El despacho de Vittoria, contiguo a la sala financiera, era más pequeño que el de su padre, pero estaba organizado con una severidad que no dejaba lugar a dudas sobre quién lo ocupaba. No había adornos superfluos, ni fotografías enmarcadas, ni trofeos de herencia familiar. Solo madera limpia, una lámpara de luz fría y dos monitores encendidos.
A las once y cuarto de la mañana, Vittoria tenía el borrador del comunicado en la pantalla principal.
Tres párrafos. Exactamente como había prometido.
Había escrito y borrado cuatro versiones antes de llegar a esa. La tentación de usar palabras como justicia, persecución o resiliencia había estado ahí, un eco del viejo orgullo de los Marttini, pero la voz de Indira resonaba en su cabeza: El dinero ama el aburrimiento. Y la de Paola: No conviertan un buen documento en una confesión por exceso de entusiasmo.
Vittoria leyó el texto en voz alta para sí misma, calibrando el peso de cada sílaba.
Vittoria murmura con acento turinés, "El Grupo Marttini confirma que la revisión técnica y administrativa iniciada por las autoridades competentes ha concluido sin hallazgos que comprometan nuestra integridad corporativa. Agradecemos la diligencia institucional y reafirmamos nuestra plena capacidad operativa."
Hizo una pausa. El primer párrafo era un escudo de acero.
Vittoria murmura con acento turinés, "Asimismo, con el propósito de fortalecer la excelencia manufacturera del Piamonte, anunciamos la creación de un programa integral de formación técnica y control de calidad, en conjunto con fondos de desarrollo industrial europeos. Esta iniciativa garantizará la preservación del empleo especializado y la optimización de nuestros procesos a largo plazo."
Corto. Limpio. Cero victimismo. Mucho futuro.
Abrió el canal de comunicación encriptado que conectaba directamente con el bufete de Paola Vallecorsa. Adjuntó el texto y añadió una nota breve.
Vittoria escribe: "Borrador final para prensa. ¿Tolerancia jurídica?"
No esperaba una respuesta inmediata. Sabía que Paola estaba en los juzgados, lidiando con el cierre formal del archivo del caso. Sin embargo, el indicador de escritura apareció en la pantalla apenas tres minutos después.
Paola escribe: "Sustituye 'sin hallazgos que comprometan nuestra integridad' por 'confirmando la absoluta regularidad de nuestros procesos'. No dejes margen a la duda semántica. Si dices 'sin hallazgos', el morbo pensará que buscaron mal. Si dices 'absoluta regularidad', cierras la puerta. El resto es perfecto. Envíalo a las doce en punto."
Vittoria sonrió. Era una corrección mínima, pero cambiaba por completo la postura del texto. Ya no era alguien que se había salvado de ser descubierto; era alguien que nunca había tenido nada que ocultar.
Vittoria dice con acento turinés, "Absoluta regularidad."
Hizo el cambio. Guardó el documento y programó el envío a los principales medios financieros y agencias de noticias de Milán y Turín.
Se levantó de la silla y caminó hacia la puerta que conectaba con la sala financiera. Al abrir, el ambiente era eléctrico, pero completamente controlado. Bianca estaba al teléfono, con el ceño fruncido en señal de concentración, mientras movía fondos de una pantalla a otra. Estaba ejecutando la "sangría silenciosa" al banco San Giorgio.
Vittoria se acercó a Indira, que tenía sus propios auriculares inalámbricos puestos y hablaba con una tranquilidad que helaba la sangre.
Indira dice con acento luxemburgués, "No, Rinalescu. No hay revisión a los ocho meses. Las condiciones que discutimos anoche eran para una empresa bajo escrutinio penal. Hoy estás hablando con un monopolio industrial libre de sospecha."
Hubo una pausa. Vittoria pudo escuchar el tono exasperado del gestor francés filtrándose sutilmente por el auricular.
Indira dice con acento luxemburgués, "Comprendo tu frustración. Pero el riesgo desapareció a las ocho de la mañana cuando la fiscalía selló el caso. Mi oferta actual es una salida a los dieciocho meses. Y el rendimiento asegurado baja medio punto."
Vittoria abrió un poco los ojos. Indira no solo le estaba negando la puerta de salida rápida, sino que le estaba bajando la rentabilidad.
Indira dice con acento luxemburgués, "Porque el riesgo bajó, Rinalescu. Y si el riesgo baja, el premio también. Es economía básica. Tienes hasta las doce y media para firmar el memorando actualizado. Si a la una de la tarde no tengo tu confirmación, ofrezco tu porcentaje a un fondo soberano en Zúrich que lleva dos horas llamándome."
Indira escuchó unos segundos más, asintió levemente y su comisura izquierda se elevó.
Indira dice con acento luxemburgués, "Sabía que lo entenderías. Recibirás los documentos en diez minutos."
Indira cortó la llamada. Se quitó el auricular y miró a Vittoria y a Mássimo, que acababa de entrar a la sala con una taza de café en la mano.
Indira dice con acento luxemburgués, "Rinalescu acaba de aceptar los dieciocho meses. Grassi firmó hace veinte minutos para no quedarse fuera. Tenemos los primeros quince millones bloqueados y limpios. El Fondo Aurora está operativo."
Mássimo se detuvo. Miró a Indira, luego a Bianca, y finalmente a su hija.
Mássimo dice con acento turinés, "¿El comunicado?"
Vittoria dice con acento turinés, "Revisado por Paola. Cero fisuras. Sale a los medios en cuatro minutos."
Bianca dejó su teléfono sobre la mesa y se giró hacia ellos, frotándose los ojos por debajo de las gafas, pero con una satisfacción innegable.
Bianca dice con acento genovés, "La nómina operativa de este mes y el fondo de proveedores de la Línea Dos ya están depositados en el banco secundario. San Giorgio acaba de perder una inyección de liquidez de siete cifras. Su gestor de cuentas me mandó un correo preguntando si hubo un 'error técnico' en las transferencias."
Mássimo le dio un sorbo a su café.
Mássimo dice con acento turinés, "¿Qué le respondiste?"
Bianca dice con acento genovés, "Que nuestros procesos técnicos gozan de absoluta regularidad. Y no le contesté nada más."
Mássimo soltó una risa baja, una vibración profunda en el pecho que llenó el espacio de la sala. No era arrogancia, era la certeza del terreno recuperado.
A las 12:00 en punto, el comunicado fue liberado.
Las pantallas secundarias de la sala financiera, configuradas para monitorear las menciones en prensa y la cotización en tiempo real de los bonos corporativos vinculados al sector, apenas tardaron en reaccionar.
Doce y catorce minutos. Il Sole 24 Ore publicó un flash informativo citando el comunicado.
Doce y veintidós minutos. La Stampa actualizó su portada digital: “Marttini cierra la crisis: Fiscalía archiva investigación y la empresa anuncia fondo de desarrollo”.
Mássimo caminó hacia el ventanal que daba a la planta baja.
La Línea Tres rugía. Gatti caminaba de un lado a otro con una tableta en la mano, dando órdenes a los técnicos. El sello restrictivo rojo que había manchado la maquinaria durante semanas ya no estaba. El cacao fluía, brillante, oscuro, perfecto.
Vittoria se paró junto a su padre. Observaron la fábrica en silencio durante un minuto largo. El zumbido de las cintas transportadoras era la mejor música que habían escuchado en meses.
Vittoria dice con acento turinés, "Lo hicimos."
Mássimo no apartó la vista de la maquinaria.
Mássimo dice con acento turinés, "Sobrevivimos al primer impacto. Ahora toca asegurarnos de que la casa sea de piedra, no de cristal."
Vittoria lo miró de reojo.
Vittoria dice con acento turinés, "El arquitecto del dinero ya lo tenemos." Hizo un gesto leve con la cabeza hacia Indira. "Y el muro legal lo ha construido Paola."
Mássimo asintió. Al pensar en la abogada, la rigidez de su mandíbula se aflojó. El mensaje que le había enviado horas antes latía en su bolsillo. Ella aún no había respondido, pero él conocía el juego. Paola estaba en su propio terreno, dictando sus propios tiempos.
Mássimo dice con acento turinés, "Esta tarde quiero una revisión completa del calendario de Asia con el dinero de Lugano. Si la prensa pregunta, Vittoria, tú eres la única voz autorizada. Nada de entrevistas largas. Declaraciones institucionales y siempre refiriendo al comunicado."
Vittoria dice con acento turinés, "Entendido."
Indira se acercó con dos carpetas de cuero oscuro, entregando una a Mássimo y otra a Bianca.
Indira dice con acento luxemburgués, "Los contratos vinculantes del Fondo Aurora. Ya están firmados digitalmente por Grassi, Rinalescu y Keller como auditor externo. Solo falta la rúbrica de la casa Marttini. Recomiendo que Bianca firme como representante financiera. Mássimo, mantenga su firma fuera de este nivel de papel."
Mássimo tomó la carpeta. Revisó la estructura, los márgenes, los plazos de salida. Todo era exactamente como Indira había prometido: frío, estructurado, aburrido. Perfecto.
Mássimo dice con acento turinés, "Firma, Bianca."
Bianca tomó su pluma y trazó su firma en los documentos. Con ese simple rasgo de tinta, quince millones de euros entraron en el torrente sanguíneo de la empresa de manera impecable, cerrando la hemorragia y dotando al león de garras nuevas.
El reloj de pared de la sala marcaba la una y media de la tarde. El día apenas cruzaba su mitad, pero la guerra corporativa más peligrosa de la historia reciente de la familia había sido neutralizada.
Mássimo sintió su teléfono vibrar en el bolsillo interno de su chaqueta. Lo sacó despacio, alejándose un par de pasos hacia una zona más privada de la oficina.
Mássimo leyó el mensaje dos veces. La sangre le latió con fuerza en las sienes. El contraste entre la frialdad de la sala financiera y la promesa candente en las palabras de Paola era un abismo exquisito.
Bloqueó el teléfono y miró hacia su equipo. La fábrica funcionaba. El dinero estaba seguro. La ley estaba de su lado.
Mássimo dice con acento turinés, "El resto de la tarde es operativo. Bianca, coordina con Gatti. Indira, consolida Lugano."
Vittoria notó el sutil cambio en la energía de su padre.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Te vas?"
Mássimo se ajustó la chaqueta con un movimiento pulcro.
Mássimo dice con acento turinés, "El trabajo aquí está encaminado. Y como alguien muy sabio me recordó hace días... tengo que aprender a delegar y empezar a ocuparme de lo necesario."
Re: El ajedrez de cacao y Seda
Publicado: Lun Jun 29, 2026 1:15 am
por Indira
La tregua y el arquitecto.
Punto de vista: Vittoria.
Casi un mes había transcurrido desde la noche en la villa de Francesca. Un mes desde el balcón, la lluvia y la forma en que aquel chico de arquitectura había silenciado el ruido en la cabeza de Vittoria. Durante esas semanas, la vida en Turín había pasado de la crisis absoluta a una tensa pero victoriosa normalidad.
Vittoria estaba sentada en el sofá de la sala de estar privada de su suite en la Villa Marttini. Tenía las piernas cruzadas y una copa de vino blanco a medio terminar reposaba en la mesa de cristal. A un par de metros, Mirabella estaba desparramada en la alfombra, rodeada de bocetos, manchándose los dedos de carboncillo mientras trazaba líneas agresivas en un papel grueso. La luz del atardecer se filtraba por los ventanales, bañando la habitación y dándole un tono cálido y seguro.
Vittoria dice con acento turinés: "Y eso fue todo. Paola redactó el cierre. 'Confirmando la absoluta regularidad de nuestros procesos'. Esas fueron las palabras exactas que mandamos a la prensa."
Vittoria suspiró profundamente, recostando la cabeza en el respaldo del sofá, dejando que el peso real de esa frase se asentara en sus músculos.
Vittoria dice con acento turinés: "Se acabó, Bella. La fiscalía selló el caso, el dinero del fondo de Luxemburgo ya está asegurado y la maquinaria está funcionando sin sellos restrictivos. Por primera vez en meses, siento que no tengo que dormir con un ojo abierto pensando de dónde vendrá el próximo golpe."
Mirabella dejó el carboncillo a un lado y sopló el polvo negro de su dibujo antes de levantar la vista. Sus ojos profundos, siempre analíticos y agudos para leer a su amiga, estudiaron el rostro de Vittoria.
Mirabella dice con acento ferrarés: "Te ves diferente. La losa de mármol de la que hablabas... parece que se ha agrietado de verdad. Ya no pareces a punto de romper cosas."
Vittoria dice con acento turinés: "Se ha roto. Mássimo vuelve a ser el León, la empresa está a salvo y yo... bueno, yo vuelvo a tener tiempo para pensar en algodón satinado y caídas de lino para la clase de Anabella Mancini en lugar de pensar en sentencias de cárcel o en traidores."
Ambas rieron. Era una risa genuina, cómplice, completamente vacía del pánico y la opresión de las semanas anteriores.
Mirabella dice con acento ferrarés: "Me alegra, Vitto. De verdad. Te merecías ganar esta guerra. Aunque me asusta lo buena que eres jugando a ser despiadada."
Antes de que Vittoria pudiera responder, la pantalla de su teléfono, apoyado junto a la copa de vino, se iluminó. Un zumbido corto vibró contra el cristal, interrumpiendo el silencio de la villa.
Vittoria bajó la mirada. El nombre en la pantalla decía: Tommaso - Fuego.
Durante ese mes, los mensajes entre ellos habían sido intermitentes pero constantes. Pequeñas ráfagas de normalidad en medio del desastre. Él le enviaba fotos de maquetas desastrosas hechas de cartón pluma o quejas sobre profesores insoportables de la facultad de arquitectura; ella le respondía con sarcasmo, con evasivas elegantes o con fotos de retazos de tela de sus clases de diseño. Había sido un refugio seguro, una burbuja donde ella no era la heredera de un imperio bajo asedio ni la mujer que destruía enemigos, sino solo una estudiante con sarcasmo afilado. Vittoria nunca le había dado detalles de su vida real, ni del peso de su apellido, ni del caos mafioso que la rodeaba.
Mirabella notó el cambio en su expresión al instante.
Mirabella dice con acento ferrarés: "Esa cara no es por un correo de Bianca ni de tu padre. ¿Quién es?"
Vittoria desbloqueó el teléfono despacio y leyó el mensaje.
Tommaso: "He sobrevivido a la entrega final de Estructuras II. Necesito celebrar que sigo con vida y no me he cortado un dedo con el cúter. Café ruidoso, hoy a las seis. Dime que tu lino y tu tiza pueden darte un descanso."
Vittoria mordió su labio inferior, sintiendo un nudo repentino en el estómago. Bloqueó la pantalla y dejó el aparato boca abajo, cerrando los ojos por un segundo.
Vittoria dice con acento turinés: "Es Tommaso. El arquitecto de la fiesta. Quiere verme hoy."
Mirabella se enderezó de inmediato, cruzándose de piernas en la alfombra y apoyando los codos en las rodillas con un brillo de intriga pura en el rostro.
Mirabella dice con acento ferrarés: "¿Y por qué pones cara de ir a firmar un testamento? ¡Es una gran noticia! Han estado chateando por casi un mes, ya era hora de que salieran de la pantalla."
Vittoria dice con acento turinés, poniéndose de pie con inquietud: "No es tan sencillo, Bella."
Mirabella dice con acento ferrarés: "Claro que lo es. Él dice 'café', tú dices 'sí', beben café, se miran fijamente, se ríen de algo estúpido y ven qué pasa. Fin del misterio."
Vittoria caminó hacia el ventanal, cruzándose de brazos. La seguridad de la villa contrastaba brutalmente con la inseguridad emocional que sentía en ese momento. La armadura corporativa no le servía de nada aquí.
Vittoria dice con acento turinés: "No quiero darle ilusiones, Bella. Míranos. Mira mi mundo. Acabo de salir de una investigación por fraude y ejecuciones disfrazadas de suicidio. Mi familia es una diana andante. Tommaso es... normal. Habla de maquetas, de planos y de tomar aire limpio."
Vittoria bajó la voz, dejando que la vulnerabilidad que tanto odiaba asomara por los bordes de sus palabras.
Vittoria dice con acento turinés: "No quiero meterlo en mi jaula. Y no es momento para jugar al amor. Si acepto esta salida, deja de ser el escape de una fiesta para convertirse en algo real. Y yo rompo a la gente real. No quiero que me pase con él lo que me pasó con Marcco. Él no está hecho para la mafia."
Mirabella se levantó de la alfombra, sacudiéndose las manos, y caminó hasta situarse al lado de su amiga. No la tocó de inmediato, solo miró hacia afuera junto con ella, compartiendo el peso del silencio.
Mirabella dice con acento ferrarés: "Marcco te hizo creer que eres radiactiva, Vitto. Que cualquiera que se te acerque va a terminar contaminado por tu oscuridad o destruido por tu familia. Pero eso es una estupidez."
Vittoria dice con acento turinés, sin apartar la vista del horizonte: "Él tenía razón en huir. Yo soy el caos."
Mirabella dice con acento ferrarés, frunciendo el ceño: "Él huyó porque su moralidad era demasiado frágil para entenderte. Tommaso no es Marcco. Además, reacciona, Vittoria: no te está pidiendo un anillo de compromiso ni acciones en la junta directiva de Marttini. Te está pidiendo un puto café."
Mirabella se giró, tomando a Vittoria suavemente por los hombros para obligarla a mirarla a los ojos.
Mirabella dice con acento ferrarés: "Vitto, acabas de salvar a tu familia. Acabas de demostrar que eres de acero frente a los fiscales. Pero no puedes ser de acero todo el tiempo. Déjate consentir. Déjate cuidar un rato por alguien que no sabe nada de tus guerras. Míralo como unas vacaciones para tu cerebro. No tienes que casarte con él, no tienes que contarle lo del jet de Rodrico ni lo de los Rinaldi. Solo ve, sonríe, deja que te invite algo dulce y que un chico guapo te escuche."
Las palabras de Mirabella cayeron como agua fría sobre el fuego de su ansiedad. Unas vacaciones. La idea era malditamente tentadora. Vittoria miró el teléfono sobre la mesa de cristal. Recordó la forma en que él le había dicho "Me gustas" aquella noche, directo, sin miedo, sin dobleces. Recordó cómo respetó sus límites antes de que ella misma los borrara en la terraza.
Vittoria dice con acento turinés, dudando todavía: "¿Crees que puedo separar los dos mundos? ¿Crees que puedo simplemente ser una chica normal por un par de horas?"
Mirabella dice con acento ferrarés, con una sonrisa ladeada llena de orgullo: "Eres Vittoria Marttini. He visto cómo ordenas mover millones de euros en cuentas internacionales mientras te limas las uñas. Creo que estás sobradamente capacitada para separar un simple café de un complot corporativo."
Una risa ronca, casi de alivio, escapó de la garganta de Vittoria. El nudo tenso en el pecho se deshizo. Caminó de vuelta a la mesa y tomó el teléfono con decisión. Sus dedos volaron sobre el teclado antes de que pudiera arrepentirse.
Vittoria: "El lino puede sobrevivir sin mí. A las seis está perfecto. Mándame la dirección, arquitecto."
Vittoria bloqueó el teléfono y miró a su amiga con una chispa renovada en los ojos oscuros.
Vittoria dice con acento turinés: "Bien. Voy a salir con él. Pero me vas a ayudar a elegir ropa. No puedo parecer que me arreglé durante tres horas, pero tampoco quiero ir como si me diera igual."
Mirabella aplaudió suavemente, satisfecha con su victoria.
Mirabella dice con acento ferrarés: "Ese es el nivel de superficialidad y caos que me gusta. Vamos a tu vestidor. Y te advierto: esta noche, cuando regreses, me lo cuentas absolutamente todo."
El vestidor de Vittoria en la Villa Marttini era un santuario de orden y lujo meticuloso, pero durante los siguientes veinte minutos, Mirabella lo convirtió en su propio lienzo. La misión era clara: construir un aspecto que gritara "estudiante de diseño relajada" y que al mismo tiempo escondiera el hecho de que esa misma ropa costaba más que la matrícula anual de cualquier alumno del Politécnico.
Tras descartar tres vestidos y dos conjuntos de lino por considerarlos "demasiado corporativos", Mirabella dio con la combinación perfecta. Vittoria llevaba puesta una falda midi de seda fluida en un tono negro medianoche que se adhería y caía sobre sus curvas con una suavidad líquida. Arriba, contrastando con la elegancia de la falda, Mirabella le hizo ponerse un suéter de punto muy fino de cachemira en color gris carbón, ligeramente oversize. El cuello del suéter era lo suficientemente holgado como para caer de forma descuidada sobre su hombro izquierdo, revelando la clavícula limpia y la fina tira de un brállete de encaje oscuro.
En los pies, en lugar de sus habituales tacones de aguja para infundir respeto en la sala de juntas, llevaba unos botines Chelsea de cuero negro, cómodos y con un aire urbano. El maquillaje fue reducido a lo esencial: piel fresca, un toque de máscara de pestañas y un bálsamo labial con un ligero tinte cereza. El toque final fue cortesía de Mirabella, quien, con ambas manos, le alborotó el cabello oscuro para deshacer las ondas perfectas de peluquería, dejándolo con un aspecto salvaje e intencionalmente despeinado.
Mirabella dice con acento ferrarés: "Mírate en el espejo. Eres la mezcla perfecta entre alguien que acaba de salir de una clase de patronaje y alguien que podría romperte el corazón sin darse cuenta. Estás letal, pero accesible."
Vittoria se miró en el cristal de cuerpo entero. Acomodó la caída del suéter sobre su hombro y sonrió con una mezcla de nerviosismo y aprobación. Se veía joven. Se veía como una chica apunto de cumplir 18 años, normal. Se colgó un bolso de cuero cruzado, metió las llaves y el teléfono, y respiró hondo.
El trayecto en coche fue corto. Vittoria le ordenó a su escolta que aparcara a dos calles de la cafetería y le prohibió terminantemente que se acercaran a la puerta. No iba a permitir que Tommaso viera a dos hombres armados trajeados vigilando su cita.
La cafetería estaba ubicada en una esquina ajetreada cerca de la zona universitaria. Tal y como él había prometido, era ruidosa. Los ventanales estaban empañados por el contraste de temperatura, y al abrir la puerta, Vittoria fue recibida por una bofetada de aromas reconfortantes: café tostado, leche vaporizada, canela y pastelería recién horneada. El local vibraba con el zumbido de decenas de conversaciones superpuestas, música indie a un volumen considerable y el choque metálico de las tazas de cerámica contra los platillos.
No tardó en encontrarlo.
Tommaso estaba sentado en una pequeña mesa circular cerca de la ventana, con la barbilla apoyada en una mano y la mirada perdida en la gente que pasaba por la calle. Llevaba una chaqueta de mezclilla oscura sobre una camiseta blanca básica, y su cabello oscuro estaba ligeramente desordenado, como si se hubiera pasado las manos por él repetidas veces por la frustración. Sobre la mesa tenía un cuaderno de bocetos abierto y un lápiz.
Vittoria caminó hacia él, esquivando sillas y mochilas en el suelo. Cuando Tommaso levantó la vista y la vio, la fatiga de su rostro desapareció en un instante, reemplazada por una sonrisa amplia, genuina y desarmante. Se puso de pie de inmediato.
Tommaso dice con acento turinés: "Viniste. Empezaba a pensar que los patrones de lino te habían secuestrado."
Vittoria se detuvo frente a él. El calor de la cafetería y la cercanía del chico hicieron que un cosquilleo familiar le recorriera la nuca.
Vittoria dice con acento turinés: "Sobreviví a la clase. Y me prometiste un café ruidoso para celebrar tu supervivencia. Yo siempre cumplo mis tratos."
Tommaso no apartó la mirada de ella. Sus ojos recorrieron la falda de seda, el suéter caído sobre el hombro y el cabello despeinado. No hubo una mirada morbosa, sino una apreciación clara y sincera que hizo que Vittoria sintiera un calor suave en las mejillas.
Tommaso dice con acento turinés: "Estás increíble. Demasiado elegante para este lugar, pero al mismo tiempo parece que no te esforzaste nada. Es un buen truco."
Vittoria dice con acento turinés, sentándose en la silla de madera frente a él: "Es mi especialidad, arquitecto. Parecer que no me esfuerzo."
Tommaso soltó una carcajada baja y se sentó, inclinándose hacia adelante sobre la mesa pequeña. La música y el ruido del local los obligaba a acortar la distancia para escucharse bien, creando una burbuja de intimidad en medio del caos estudiantil.
Tommaso dice con acento turinés: "Te pedí un capuchino. Espero que no seas de esas diseñadoras estrictas que solo beben espresso doble sin azúcar para mantener la estética del sufrimiento."
Vittoria tomó la taza blanca con ambas manos, sintiendo el calor reconfortante de la cerámica contra sus palmas frías.
Vittoria dice con acento turinés: "El capuchino está perfecto. Hoy no tengo ganas de sufrir."
Bebió un sorbo. La espuma estaba suave y el café tenía el punto justo de dulzor. Al bajar la taza, notó que Tommaso estaba observando sus manos con atención. Suspiró internamente al recordar que aún tenía pequeños rastros de tiza azul cerca de las uñas y las yemas ligeramente resecas por manipular tela cruda toda la mañana.
Vittoria dice con acento turinés, escondiendo un poco las manos bajo la mesa: "No mires mis manos. Ha sido un día de pruebas de algodón y maniquíes. No tuve tiempo de borrar todas las evidencias."
Tommaso, sin embargo, extendió su mano y la apoyó suavemente sobre la muñeca de ella, deteniéndola antes de que pudiera esconderlas por completo. El tacto fue cálido, firme, pero sin exigencias.
Tommaso dice con acento turinés: "No las escondas. Me gustan. Demuestran que haces cosas reales."
Él retiró la mano despacio y señaló su propio cuaderno de bocetos, lleno de líneas caóticas y medidas tachadas.
Tommaso dice con acento turinés: "Mira mis dedos. Tengo cortes de cúter de hace tres días y pegamento que creo que ya es parte de mi ADN. Las entregas de maquetas son una masacre. Si tus manos estuvieran perfectas, pensaría que me estás mintiendo y que no haces nada en tus clases."
Vittoria soltó una risa ligera y volvió a subir las manos a la mesa, rodeando la taza de café. La honestidad de Tommaso la desarmaba con una facilidad pasmosa. En su mundo, las manos sucias significaban sangre, tinta de contratos oscuros o cacao adulterado. En el mundo de él, solo significaban trabajo de universidad. La simpleza de eso le dio ganas de llorar de puro alivio, pero se limitó a sonreír.
Vittoria dice con acento turinés: "Entonces, ¿sobreviviste a Estructuras II? ¿El cartón pluma no pudo contigo?"
Tommaso dice con acento turinés, apoyando la espalda en la silla con un suspiro dramático: "Apenas. El profesor revisó la distribución de cargas de mi puente y me miró como si hubiera insultado a su madre. Pero al final me aprobó. Por eso necesitaba este café. Y verte. Necesitaba ver a alguien que no estuviera al borde de un colapso nervioso por culpa de un plano mal escalado."
Vittoria dice con acento turinés, mirándolo por encima del borde de su taza: "Yo suelo ser la causa de los colapsos nerviosos de la gente, no su alivio. Que conste que te lo advertí."
Tommaso se inclinó de nuevo, apoyando los antebrazos en la mesa. La distancia entre sus rostros se redujo. Sus ojos, oscuros y tranquilos, buscaron los de ella con una fijeza que hizo que el ruido de las máquinas de espresso desapareciera por un segundo.
Tommaso dice con acento turinés: "Eso me dijiste en la fiesta. Pero sigo aquí. Y la verdad es que... me relaja estar contigo. Es extraño. Tienes esta energía de que estás calculando absolutamente todo, pero luego sonríes, o te ríes de mis estupideces, y de repente toda esa barrera se cae."
Vittoria sintió un nudo en la garganta. Él no sabía cuánta verdad había en sus palabras. No sabía que esa "energía de calcular todo" era la coraza que la mantenía viva en una guerra de mafias.
Vittoria dice con acento turinés, bajando la voz, dejando que su tono se volviera más íntimo: "No siempre calculo todo, Tommaso. A veces, simplemente me dejo llevar. Como ahora."
Tommaso sonrió, una sonrisa pequeña, casi privada, que solo era para ella.
Tommaso dice con acento turinés: "Me alegra escuchar eso. Porque no te invité para hablar de mis traumas con la universidad. Te invité porque desde la noche de la fiesta no he dejado de pensar en cómo me besaste en esa terraza. Y porque me moría de ganas de saber si eras igual de fascinante a plena luz del día."
Vittoria no apartó la mirada. La franqueza del chico no era agresiva; era una invitación abierta a ser simplemente ella. Jugó con el borde de su taza, sintiendo que la losa de mármol de sus responsabilidades se disolvía por completo bajo el calor de esa cafetería de estudiantes.
Vittoria dice con acento turinés, con una chispa de picardía regresando a sus ojos: "¿Y cuál es el veredicto, arquitecto? ¿Soy igual de fascinante con un suéter y tiza en las manos?"
Tommaso acercó su mano de nuevo, rozando los nudillos de Vittoria con suma delicadeza.
Tommaso dice con acento turinés: "Eres mucho mejor. Porque hoy no estás huyendo de nada. Hoy estás aquí, conmigo."
El ruido de las máquinas de espresso y el murmullo incesante de los estudiantes parecieron atenuarse, convirtiéndose en un mero zumbido de fondo. Vittoria se quedó mirando los ojos de Tommaso, sintiendo que sus palabras no eran un simple halago vacío para seducirla, sino una lectura precisa de lo que ella estaba experimentando.
Suspiró, y por primera vez en semanas, el aire salió de sus pulmones sin llevarse consigo un rastro de angustia. Sus hombros, siempre tensos bajo la tela de sus abrigos de diseño, cayeron relajados bajo el suave cachemira del suéter.
Vittoria dice con acento turinés: "Tienes la peligrosa costumbre de leerme demasiado rápido, arquitecto."
Tommaso dice con acento turinés: "Solo presto atención a las cosas que me importan. Y te aseguro que me importas más que la resistencia de los materiales de mi última maqueta."
Él le guiñó un ojo, rompiendo la intensidad del momento con un gesto juguetón que la hizo sonreír abiertamente. Tommaso acercó un pequeño plato de cerámica que había estado a un lado de su libreta. Contenía un cornetto relleno de crema de pistacho, partido cuidadosamente por la mitad.
Tommaso dice con acento turinés: "Come algo dulce. Sé que el capuchino es un buen inicio, pero la tiza azul consume muchas calorías. O al menos eso supongo."
Vittoria soltó una carcajada suave. Tomó una mitad del pan dulce, sintiendo el azúcar glas en las yemas de sus dedos. Dio un pequeño mordisco. El sabor del pistacho y la mantequilla inundó su paladar. Era un placer simple, mundano, pero en ese instante le pareció el mejor bocado que había probado en meses.
Vittoria dice con acento turinés: "Está delicioso. Gracias. Tienes razón, necesitaba el azúcar."
Tommaso tomó su propia mitad y le dio un mordisco, sin apartar la mirada de ella. Masticó despacio, apoyando el codo en la mesa y descansando el mentón sobre el dorso de su mano.
Tommaso dice con acento turinés: "Entonces, cuéntame de ese lino. ¿Qué diseñabas hoy con tanta urgencia que por un segundo pensé que me ibas a cancelar?"
Vittoria se limpió la comisura de los labios con una servilleta de papel. Hablar de su pasión era fácil; era el único terreno de su vida que no estaba minado de secretos oscuros.
Vittoria dice con acento turinés: "Un vestido camisero para la colección de primavera. Mi profesora, Anabella Mancini, es... digamos que es implacable. Hoy me hizo ver que estaba intentando controlar demasiado la tela. Me dijo que la ropa tiene que respirar, que no puedo asfixiar el cuerpo intentando que todo sea perfecto y rígido."
Tommaso asintió lentamente, procesando la información con un interés genuino que a Vittoria le pareció fascinante. Él no estaba simplemente asintiendo para complacerla; estaba entendiendo el concepto.
Tommaso dice con acento turinés: "Tiene sentido. En arquitectura pasa lo mismo, ¿sabes? Si construyes una estructura demasiado rígida, si no le dejas espacio al material para que se expanda con el calor o para que el viento pase a través de ella, la tensión termina rompiendo los cristales o agrietando el concreto."
Vittoria lo miró, genuinamente impresionada. La metáfora era perfecta, no solo para su vestido, sino para su propia vida. Durante semanas había sido una estructura rígida de acero para proteger a su familia, y había estado a punto de resquebrajarse por dentro.
Vittoria dice con acento turinés: "Exacto. Si no dejas que respire, se rompe."
Tommaso dice con acento turinés, bajando el tono de voz hasta convertirlo en una confidencia: "Tú también necesitas respirar, Vittoria."
El ambiente entre ellos cambió sutilmente. La ligereza de la charla casual dio paso a una corriente de intimidad mucho más densa, mucho más eléctrica. Vittoria apoyó los antebrazos en la mesa, acortando el espacio entre ellos, atraída por la calidez de su mirada.
Vittoria dice con acento turinés: "Lo estoy haciendo. Contigo."
El teléfono de Vittoria, que reposaba boca abajo junto a su taza, vibró brevemente. Luego, dos veces más. Seguramente eran Serena y Allegra exigiendo un reporte de la cita. En otro momento de su vida, Vittoria habría revisado la pantalla inmediatamente, condicionada por las crisis de la fábrica y las emergencias de Mássimo. Esta vez, ni siquiera hizo el amago de mover la mano. Lo ignoró por completo.
Tommaso miró el aparato y luego a ella, levantando una ceja.
Tommaso dice con acento turinés: "¿No vas a contestar? Podría ser una emergencia de lino y tijeras."
Vittoria dice con acento turinés, empujando el teléfono un poco más lejos con el dedo índice: "No hay ninguna emergencia que importe ahora mismo. Prefiero mirar cómo te tomas el café."
Tommaso sonrió de medio lado, una sonrisa que tenía tanto de chico bueno como de hombre plenamente consciente del deseo que estaba despertando. Alargó la mano sobre la mesa, pero no para tomar la de ella esta vez. Con una lentitud exasperante, extendió los dedos y apartó un mechón de cabello rebelde que había caído sobre el ojo de Vittoria, acomodándolo detrás de su oreja.
El roce de las yemas de sus dedos contra la piel sensible de su mejilla y el cartílago de su oreja fue como una descarga estática. Vittoria contuvo el aliento por un segundo. El contacto fue inocente, pero cargado de una intención profunda.
Tommaso dice con acento turinés, dejando la mano a milímetros de su rostro: "Me gusta mucho cómo viniste hoy. Este desorden... te hace parecer menos inalcanzable. Aunque sigues siéndolo un poco."
Vittoria giró apenas el rostro, rozando sutilmente la palma de él con su mejilla. Era una concesión, un permiso tácito para que se acercara más. El deseo que había nacido como una explosión física y cruda en la terraza de la fiesta, ahora estaba resurgiendo de una forma más lenta, más insidiosa y embriagadora. No era la adrenalina del caos, era una química pura y concentrada.
Vittoria dice con acento turinés, con voz casi susurrada: "No soy inalcanzable, Tommaso. Solo soy selectiva con quién dejo que se acerque."
Tommaso retiró la mano despacio, bajando la mirada hacia los labios de ella, que aún conservaban un ligero brillo del bálsamo color cereza. Su respiración se volvió un poco más superficial.
Tommaso dice con acento turinés: "Entonces me considero el tipo más afortunado de toda Turín. Porque no tengo intenciones de alejarme."
Vittoria bajó la vista hacia el cuello de la camiseta blanca de él, donde se asomaba el borde de una cadena fina de plata, y luego subió hacia la línea marcada de su mandíbula. Sentía un calor agradable subiendo por su pecho, una efervescencia que le relajaba los músculos y le agudizaba los sentidos. Estaba cómoda. Estaba deseándolo, y sabía que él también la deseaba a ella.
Vittoria dice con acento turinés: "Más te vale, arquitecto. Porque si me haces salir de mi villa y me haces ignorar a mis amigas, espero al menos que me mantengas muy entretenida."
Tommaso soltó una carcajada breve, apoyando la espalda en el respaldo de su silla sin dejar de mirarla con esa fascinación absoluta.
Tommaso dice con acento turinés: "El café ruidoso fue solo el primer paso del proyecto. Tengo planos mucho más ambiciosos para nosotros, Vittoria. Y te prometo que ninguno de ellos incluye cartón pluma."
Tommaso dice con acento turinés: "Entonces ven conmigo, Vittoria. Mi departamento está en el centro, a solo diez minutos de aquí. Es tranquilo, sin estudiantes, sin ruido... solo nosotros. Quiero tenerte para mí solo un rato, sin prisas."
Vittoria sintió que un calor líquido le recorría el cuerpo entero ante la propuesta. Sus ojos se clavaron en los de él, y por un instante olvidó respirar. La idea de refugiarse en sus brazos, de dejar que su cuerpo se relajara contra el suyo después de semanas de tensión, era casi abrumadora. Se mordió el labio inferior un segundo, conteniendo una sonrisa que amenazaba con delatar cuánto lo deseaba.
Vittoria dice con acento turinés: "Sí... vamos. Me muero de ganas de salir de aquí.
Él dejó unas monedas sobre la mesa sin apartar la vista de ella, se levantó y le tendió la mano. Vittoria la tomó sin dudar, sintiendo el calor firme de su palma contra la suya. Salieron juntos del café, caminando por las calles del centro de Turín bajo la luz de la tarde que ya empezaba a suavizarse. El trayecto fue breve, pero cargado de miradas y roces sutiles que prometían más.
De regreso al placer.
DISCLAIMER
La siguiente escena de rol contiene sexo explícitoque podría no ser apto para personas altamente sensibles y menores de dieciocho años. el foro, el juego, los administradores y los jugadores quedan exentos de cualquier responsabilidad sobre la lectura de la escena y las consecuencias que pueda tener sobre los lectores.
Punto de vista: Vittoria y Tommaso.
Al llegar al edificio antiguo y elegante donde vivía Tommaso, subieron en silencio hasta su departamento. Apenas cerró la puerta detrás de ellos, Vittoria se dejó atraer por él, apoyando la frente contra su pecho con un suspiro profundo de alivio. Por fin podía respirar.
Tommaso cerró la puerta con un suave clic y, sin perder ni un segundo más, tomó el rostro de Vittoria entre sus manos. La miró un instante a los ojos, como si quisiera grabar ese momento, y luego la besó con un deseo acumulado de casi un mes sin verla. No fue un beso suave ni tentativo; fue profundo, hambriento, lleno de urgencia. Sus labios se movieron contra los de ella con pasión contenida, separándolos para buscar su lengua mientras la atraía más cerca por la cintura.
Vittoria soltó un gemido ahogado contra su boca, sintiendo cómo todo su cuerpo respondía al instante. Las manos de Tommaso bajaron por su espalda, presionándola contra él, y el beso se volvió más intenso, más húmedo, casi desesperado.
Tommaso dice con acento turinés, murmurando contra sus labios entre beso y beso: "Quiero hacerte sentir viva, Vittoria... hacerte sentir mujer, especial.
La empujó con suavidad pero firmeza contra la pared del pasillo, sin dejar de besarla. Una de sus manos subió hasta enredarse en su cabello, inclinándole la cabeza para besarla más profundo, mientras la otra se deslizaba por su costado, rozando la curva de su cintura y subiendo lentamente bajo el suéter de cachemira. Sus dedos acariciaron la piel cálida de su espalda, arrancándole escalofríos.
Tommaso rompió el beso solo para bajar por su mandíbula y cuello, mordiendo y besando con devoción, saboreando cada centímetro como si hubiera esperado demasiado tiempo para esto. Su respiración era pesada, cargada de deseo.
Vittoria dice con acento turinés, con la voz entrecortada y los ojos entrecerrados: "Tommaso... sí..."
Él sonrió contra su piel, bajando aún más, besando el hueco de su clavícula mientras sus manos exploraban con intención clara: quería llevarla al placer, hacerla olvidar todo lo que no fuera él en ese momento. La levantó ligeramente contra la pared, presionando su cuerpo contra el de ella para que sintiera cuánto la deseaba, decidido a tomarse su tiempo y hacerla vibrar hasta que no pudiera pensar en nada más.
Tommaso la sostuvo contra la pared, besándola con hambre mientras una de sus manos bajaba por su vientre y se colaba bajo la cintura de su falda. Sus dedos expertos encontraron el borde de su ropa interior y lo apartaron con lentitud, rozando la piel suave y caliente de su sexo.
Cuando sintió lo mojada que ya estaba, soltó un gruñido bajo contra su cuello.
Tommaso dice con acento turinés, con voz ronca: "Madonna... ya estás tan mojada para mí, Vittoria. Me vuelves loco."
Sus dedos se deslizaron entre sus pliegues húmedos, acariciándola con movimientos lentos y precisos al principio, explorando su humedad caliente. Luego comenzó a frotar su clítoris hinchado en círculos firmes, aumentando poco a poco la presión y la velocidad. Con la otra mano le sujetaba la cadera, manteniéndola abierta para él.
Vittoria arqueó la espalda, soltando un gemido más largo y entrecortado. Sus piernas temblaron ligeramente mientras se dejaba llevar. Por primera vez en mucho tiempo, se permitió soltarse por completo: dejó caer la cabeza hacia atrás contra la pared, separó más las piernas y se entregó al placer que él le provocaba. Sentía cómo se mojaba cada vez más, cómo su excitación crecía rápido y caliente bajo los dedos hábiles de Tommaso.
Vittoria dice con acento turinés, casi sin aliento: "Tommaso... ah... no pares..."
Él sonrió contra su cuello y aceleró el ritmo, introduciendo un dedo dentro de ella mientras su pulgar seguía estimulando su punto más sensible. La penetraba con movimientos profundos y constantes, curvando el dedo para rozar ese lugar que la hacía estremecer. Su boca no dejaba de besarla: el cuello, el lóbulo de la oreja, los labios entreabiertos por donde escapaban sus gemidos.
Tommaso dice con acento turinés, con tono bajo y cargado de deseo: "Así, déjate ir. Quiero sentir cómo te mojas más para mí... quiero que te corras en mis dedos antes de llevarte a la cama."
Vittoria jadeaba, las caderas moviéndose instintivamente contra su mano, cada vez más mojada y sensible, perdiéndose por completo en el placer que él le daba con dedicación y deseo acumulado.
Tommaso siguió moviendo sus dedos con ritmo constante y preciso, penetrándola más profundo mientras su pulgar presionaba y giraba sobre su clítoris hinchado. Sentía cómo Vittoria se apretaba alrededor de sus dedos, cada vez más mojada, más caliente.
Vittoria dice con acento turinés, con la voz rota por el placer: "Tommaso... me voy a correr... no pares, por favor..."
Él intensificó el movimiento, curvando los dedos dentro de ella y frotando ese punto exacto que la hacía temblar. Su boca capturó la de ella en un beso profundo, tragándose sus gemidos mientras aceleraba.
De repente, el orgasmo la golpeó con fuerza. Vittoria se arqueó violentamente contra la pared, soltando un largo y ahogado gemido contra los labios de Tommaso. Su cuerpo se tensó por completo y luego se sacudió en espasmos intensos mientras se corría abundantemente sobre su mano. Un chorro caliente y abundante de sus fluidos empapó los dedos de Tommaso, bajando por su muñeca y por el interior de sus muslos. Las contracciones eran fuertes, una detrás de otra, mientras ella se deshacía en placer, mojando todo a su paso.
Vittoria dice con acento turinés, casi sollozando de placer: "¡Ahh... Tommaso... sí...!"
Él no detuvo sus movimientos hasta que el último espasmo la recorrió, sosteniéndola con firmeza para que no se cayera. Solo entonces sacó los dedos lentamente, brillando con su abundante excitación, y la miró con una mezcla de deseo y fascinación.
Tommaso dice con acento turinés, ronco y satisfecho, besando su cuello sudoroso: "Así, bellissima... te corriste tan rico para mí. Mira cómo me mojaste todo."
Vittoria, aún temblando y con la respiración agitada, se aferró a sus hombros, las piernas débiles y el cuerpo completamente rendido al placer que él le había provocado.
Tommaso la besó una vez más con hambre, luego, con deseo y firmeza, le quitó el suéter de cachemira por la cabeza y lo dejó caer al suelo. Sus manos bajaron con urgencia pero controladas, desabrochando la falda y bajándola junto con su ropa interior mojada por sus muslos. La dejó completamente desnuda frente a él en cuestión de segundos, admirando su cuerpo con mirada ardiente.
Tommaso dice con acento turinés, ronco: "Eres perfecta... y ahora sos toda mía."
La levantó en brazos sin esfuerzo, sujetándola por los muslos mientras ella rodeaba su cintura con las piernas. La llevó por el pasillo hasta su habitación, donde la luz de la tarde entraba suave por las ventanas. La depositó sobre la cama grande y deshecha con cuidado pero decidido.
Se arrodilló entre sus piernas abiertas, separándolas más con las manos. Bajó la cabeza y comenzó a saborearla con devoción: pasó la lengua lentamente por toda su hendidura mojada, recogiendo sus fluidos abundantes, y luego se concentró en su clítoris sensible, chupando y lamiendo con hambre acumulada. Sus manos apretaban sus muslos, manteniéndola abierta para él mientras gemía contra su sexo.
Vittoria se arqueó sobre la cama, enredando los dedos en su cabello, gimiendo sin control mientras él la devoraba.
Después de varios minutos saboreándola, Tommaso se incorporó, se quitó la camiseta y el pantalón con movimientos rápidos, revelando su erección dura y lista. Buscó en la mesita de noche los preservativos, rompiendo el envoltorio con agilidad para luego enfundarse. La tomó por las caderas y la giró con firmeza, poniéndola en cuatro sobre la cama. Se posicionó detrás de ella, rozando su miembro grueso contra su entrada empapada.
Tommaso dice con acento turinés, con voz grave mientras acariciaba su espalda y sujetaba sus caderas: "Así te quiero ahora, Vittoria... bien abierta para mí."
Empujó lentamente pero con fuerza, penetrándola profundamente de una sola estocada, llenándola por completo mientras soltaba un gruñido de placer. Comenzó a moverse con ritmo intenso, entrando y saliendo de su sexo aún palpitante y mojado.
Tommaso la penetraba con estocadas profundas y firmes, sujetándola con fuerza por las caderas mientras entraba y salía de su sexo aún mojado y sensible. Vittoria respondió con pasión y lujuria desatada.
Gemía sin control, cada embestida arrancándole sonidos roncos y entrecortados que llenaban la habitación.
Vittoria dice con acento turinés, jadeando con voz cargada de placer: "¡Ahh... sí! Más fuerte, Tommaso... así... fóllame más duro..."
Empujaba sus caderas hacia atrás con lujuria, chocando contra él para recibirlo más profundo, apretando su interior alrededor de su miembro grueso. Su espalda se arqueaba, ofreciéndose completamente, mientras sus dedos se clavaban en las sábanas.
Cada vez que él entraba hasta el fondo, ella soltaba un gemido largo y lascivo, moviéndose con él en un ritmo cada vez más salvaje y sincronizado. Su cuerpo, aún tembloroso por el orgasmo anterior, respondía con avidez, mojándose más con cada embestida.
Vittoria dice con acento turinés, casi suplicando entre gemidos: "No pares... me encanta cómo me llenas... ¡Dios, sí!"
Tommaso gruñó al oírla, acelerando el ritmo, golpeando contra ella con más fuerza mientras Vittoria se entregaba por completo, gimiendo y moviéndose con pura pasión y lujuria, perdida en el placer que compartían.
Tommaso siguió follándola con fuerza desde atrás, sujetándola firmemente por las caderas mientras sus embestidas se volvían más rápidas y profundas. El sonido de sus cuerpos chocando llenaba la habitación junto con los gemidos de Vittoria.
Vittoria dice con acento turinés, con voz rota de placer: "¡Sí! Así... más profundo... me vas a hacer correr otra vez!"
Él no aflojó el ritmo. Una de sus manos bajó hasta su clítoris y lo frotó con firmeza mientras la penetraba sin piedad. Vittoria se tensó por completo, sus gemidos subiendo de intensidad hasta que un segundo orgasmo la atravesó con violencia. Se corrió abundantemente de nuevo, apretando su miembro con contracciones fuertes mientras mojaba las sábanas y los muslos de ambos. Su cuerpo temblaba sin control, pero Tommaso no le dio tregua.
Apenas terminó de correrse, él salió de ella, la giró con decisión y la puso de espaldas sobre la cama. Le levantó las piernas, colocándoselas sobre sus hombros, y volvió a penetrarla de un solo golpe profundo en la nueva postura.
Vittoria soltó un grito de placer mezclado con lujuria, arqueando la espalda.
Vittoria dice con acento turinés, casi sin aliento pero con total entrega: "¡Joder, Tommaso! No pares... quiero más... úsame como quieras..."
Sus caderas se movían hacia arriba para recibir cada estocada, sus manos arañaban la espalda de él, y sus gemidos se volvían más altos y desesperados. Respondía con pura lujuria, mirándolo a los ojos con deseo salvaje mientras su cuerpo, aún palpitante por el orgasmo anterior, se entregaba sin reservas a la siguiente ola de placer.
Tommaso mantuvo las piernas de Vittoria sobre sus hombros, penetrándola con movimientos profundos, lentos pero potentes, rozando cada punto sensible dentro de ella. Sus manos exploraban su cuerpo con avidez: acariciaba sus pechos, pellizcaba sus pezones endurecidos, bajaba por su vientre y volvía a sujetar sus caderas para clavarse más adentro.
Vittoria gemía sin parar, el placer era abrumador, de esos que hacía mucho tiempo no sentía.
Vittoria dice con acento turinés, con voz entrecortada y llena de lujuria: "Tommaso... es demasiado... me corro otra vez... ¡ahh!"
Su tercer orgasmo llegó rápido y fuerte. Su cuerpo se convulsionó debajo de él, apretándolo con fuerza mientras se corría abundantemente una vez más, mojando su miembro y las sábanas. Pero Tommaso no detuvo sus movimientos. Siguió follándola a través del orgasmo, cambiando ligeramente el ángulo para golpear ese punto exacto que la volvía loca.
Cambió el ritmo a estocadas más cortas y rápidas, manteniendo la presión constante sobre su clítoris. Vittoria apenas tuvo tiempo de recuperarse cuando un cuarto orgasmo la golpeó, aún más intenso. Gritó de placer, arqueando la espalda, las piernas temblando sobre los hombros de él mientras olas de placer la recorrían sin descanso.
Sus manos no dejaban de explorar: recorría sus curvas, apretaba sus pechos, bajaba por sus costados y sujetaba su cuello con posesión suave mientras seguía penetrándola sin tregua. Cada caricia y cada embestida la hacían sentir viva, deseada y abrumada por un placer que hacía tiempo no experimentaba.
Vittoria dice con acento turinés, casi sollozando de gusto: "No pares... por favor... me tienes loca... me corro otra vez..."
Tommaso sonrió con satisfacción oscura y siguió moviéndose, decidido a aprovechar cada orgasmo de su cuerpo multiorgásmico.
Tommaso salió de ella con un gruñido, respirando agitado. Con un movimiento firme y decidido, la tomó por la cintura y la giró, colocándola encima de él mientras se recostaba en la cama. La puso en posición de vaquera inversa, de espaldas a él, con las rodillas a cada lado de sus caderas.
Tommaso dice con acento turinés, con voz ronca y cargada de deseo, sujetándola por las caderas: "Así... móntame. Quiero verte moverte mientras te corres."
La penetró desde abajo con un fuerte empujón, llenándola por completo en esta nueva y erótica postura. Vittoria soltó un gemido largo y profundo al sentirlo tan adentro. Apoyó las manos en los muslos de él y comenzó a moverse con lujuria, subiendo y bajando con fuerza, girando las caderas en círculos mientras su culo chocaba contra él con cada descenso.
Tommaso la sujetaba con fuerza, una mano en su cadera y la otra subiendo por su espalda, acariciando y empujándola hacia abajo para que lo tomara más profundo.
Vittoria dice con acento turinés, gimiendo sin control: "¡Dios... así te siento todo! Me estás matando de placer..."
El placer fue abrumador. En pocos minutos, otro orgasmo intenso la atravesó. Se corrió con fuerza, su sexo contrayéndose violentamente alrededor del miembro de Tommaso, apretándolo en espasmos rítmicos y profundos. Sus contracciones vaginales fueron tan fuertes y prolongadas que lo arrastraron con ella.
Tommaso gruñó con fuerza, clavando los dedos en sus caderas mientras se corría dentro de ella, llenándola con chorros calientes y abundantes al ritmo de sus contracciones.
Vittoria dice con acento turinés, casi gritando de placer: "¡Sí! Me corro... ¡lléname!"
Ambos temblaron juntos, ella apretándolo sin piedad con cada ola de su orgasmo, prolongando el placer de Tommaso mientras se vaciaba completamente en su interior. Vittoria siguió moviéndose lentamente, ordeñándolo hasta la última gota, completamente rendida al placer.
Tommaso soltó un último gemido grave mientras terminaba de vaciarse dentro de ella. Vittoria, aún temblando por el orgasmo, se levantó lentamente de encima de él, separando sus cuerpos con cuidado.
Vittoria dice con acento turinés, con voz suave y satisfecha: "Espera... déjame."
Se apartó a un lado y se dejó caer sobre la cama, deslizándose con pereza bajo las sábanas revueltas y aún cálidas. Se cubrió hasta la cintura, observándolo con una sonrisa lánguida y complacida.
Tommaso se incorporó, se quitó el condón con un nudo rápido y se levantó para tirarlo al bote de basura que tenía junto a la mesita de noche en su propia recámara. Volvió a la cama en pocos segundos, deslizándose bajo las sábanas junto a ella.
La atrajo inmediatamente hacia su pecho con cariño, rodeándola con sus brazos y besando su frente, sus mejillas y finalmente sus labios con ternura. Sus manos acariciaban su espalda desnuda con movimientos lentos y suaves, mimándola con una mezcla de satisfacción y afecto genuino.
Tommaso dice con acento turinés, en voz baja y cálida mientras le apartaba el cabello del rostro: "Ven aquí, bellissima... déjame abrazarte. Estuviste increíble."
La apretó más contra su cuerpo, pasando una pierna sobre las de ella en un abrazo protector y cercano. Besó su sien y acarició su cabello con dulzura, respirando su aroma mientras compartían esa intimidad tranquila después del intenso placer.
Vittoria se acurrucó contra su pecho, relajada y satisfecha, dejando que sus caricias la mimaran. El calor de su piel y el ritmo calmado de su respiración la envolvían en una sensación de seguridad y placer compartido.