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Construyendo sueños entre dos mundos

Publicado: Lun Mar 17, 2025 4:38 am
por Ithan

Punto de vista: Cristhian.

Hola! Mi nombre es Cristhian, y luego de que estuviera haciendo unas compritas de cosas que me faltaban pa la casa, a continuación te contaré un poquito de mi historia, mientras pongo en orden todo esto que tengo regado en la sala.

Mi historia: Construyendo sueños entre dos mundos.

Desde que tengo memoria, siempre admiré a mi padre. Él es todólogo, pero principalmente es evanista, pero también la hace de constructor, un hombre de manos fuertes y una determinación que nunca se quiebra. Cuando era pequeño, me encantaba acompañarlo al trabajo. Mientras otros niños jugaban, yo prefería pasar tiempo observándolo hacer puertas, ventanas, y todo tipo de objetos de madera, el cómo se las rebuscaba para conseguir cualquier cachuelito, el dar forma a casas, aprendiendo poco a poco cómo mezclar mortero, colocar ladrillos y usar herramientas. Para él era trabajo, pero para mí era mucho más: era arte, un legado que se iba construyendo en mis manos cada vez que le ayudaba.
Crecí en un barrio humilde de Ecuador, rodeado de mi familia y amigos. Nuestra vida era sencilla, pero llena de amor y esfuerzo. Nunca pensé que esa rutina tranquila cambiaría, pero un día, llegaron unos viejos amigos de la familia desde España. Eran ricos, exitosos, pero con los pies en la tierra. Contaron sus historias de éxito, de cómo habían trabajado para construir su fortuna, pero también nos hablaron de algo que no esperábamos: habían decidido dejar España y mudarse a Ecuador para montar un negocio aquí. Sin embargo, había un problema. Tenían una casa en España, preciosa, llena de recuerdos, y no querían venderla. Les dolía dejarla sola y, como confiaban mucho en nosotros, nos ofrecieron ir a vivir allá para cuidarla.
Mis padres, fieles a nuestras raíces, rechazaron la oferta de inmediato. Para ellos, Ecuador era nuestro hogar, donde habíamos construido nuestras vidas. Pero mientras los adultos hablaban, a mí se me encendió una idea en la cabeza. Tenía 18 años recién cumplidos y me di cuenta de que esto podría ser una gran oportunidad, no solo para mí, sino también para mi familia. Entonces, con algo de nervios pero mucha determinación, les propuse algo: “¿Y si voy yo? Me encargo de la casa, y de paso puedo estudiar y aprender más para ser un mejor profesional.”
La reacción de mis padres no me sorprendió; su primera respuesta fue un rotundo no. El miedo era evidente: era joven, nunca había salido del país y la idea de dejarme ir solo les aterraba. Pero no me rendí. Pasé días hablando con ellos, explicándoles que esta era una oportunidad única y que no les fallaría. También conté con el apoyo de mis amigos y de los mismos dueños, quienes confiaban tanto en mí que me recomendaron con sus contactos para que pudiera ganar dinero trabajando en construcción.
Finalmente, logré convencerlos. Recuerdo el momento en que los amigos de la familia me miraron y, con una sonrisa, dijeron: “Te damos las escrituras. Es tuya mientras vivas allá. Confío en que la cuidarás como si fuera nuestra, y te presentaremos a nuestros clientes para que trabajes con ellos.” No podía creerlo. Era una responsabilidad enorme, pero también la oportunidad que había estado esperando.

Continuando construyendo mis sueños.

Llegar a España fue como entrar a otro mundo. Todo era diferente: las calles, la gente, el clima. Al principio me sentí un poco perdido, pero decidí enfocarme en lo que había venido a hacer. Durante el día trabajaba en proyectos de construcción. Todo lo que había aprendido de mi padre lo puse en práctica, pero también le agregué mi propio toque. Mis clientes estaban satisfechos, y poco a poco empecé a ganar reputación. Por las noches, iba a la universidad. Estudiar era un desafío enorme, pero cada clase era una nueva herramienta para mi futuro.
Fue difícil, no lo niego. Había días en los que extrañaba tanto a mi familia que pensaba en dejarlo todo y volver, pero el sueño de mejorar mi vida y ayudarlos me empujaba hacia adelante. Con el tiempo, las cosas comenzaron a encajar. Mis clientes confiaban en mí, mis estudios avanzaban y logré ahorrar lo suficiente para enviar dinero a Ecuador, ayudando a mis padres a mejorar nuestra casa y apoyar a mis hermanos menores.

En la actualidad.

Hoy, puedo decir que todo el esfuerzo valió la pena. No solo logré convertirme en un mejor profesional, sino que también construí un puente entre mis dos hogares. Cada proyecto que hago lleva un pedazo de Ecuador en su esencia, como un recordatorio de mis raíces y del lugar que me enseñó a soñar.
Esta es mi historia, una que aún sigo construyendo, ladrillo a ladrillo.
Uuuuff, terminé por el día de hoy, otro día seguiré ordenando y comprando más cosas para la casa. Y, mientras me acomodo para descanzar un poco, aunque realmente no estoy cansado, te sigo contando más cosillas sobre mi historia. Cristhian se echa a descansar en una hamaca de poliéster de estilo moderno.
Pero, seguramente te habrás quedado con una pregunta atorada en la mente. Vamos, tú pregunta, de todas formas, de mí depende si obtienes respuesta o no. No estoy cansado, así que tu afloja.
¿Cómo es que los manes confiaron así nada más? Hoy en día, por más de que seas el mejor amigo de alguien, no se garantiza que pase lo que te pasó a tu familia y a tí.
Claro, te cuento. Verás, hace años, estava mi familia y. De rrepente, zzz. Escucharon algo a lo lejos y, zzz. salieron de la casa y, zzz. No, no estoy cansado no, zzz. zzz. Cristhian se acuesta, cierra los ojos y se pone a dormir.