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Los colores de mirabella

Publicado: Jue Feb 20, 2025 9:41 pm
por Larabelle Evans

Los primeros colores.

Punto de vista: Mirabella Ferrara.

Turín, con su mezcla de arquitectura antigua y modernidad palpable, se extendía bajo un cielo gris plomizo. El aire, impregnado de un frío húmedo que parecía calarse en los huesos, acariciaba las calles adoquinadas con una suavidad inquietante. Desde el taller de Mirabella, situado en un edificio de ladrillos rojos en un barrio olvidado de la ciudad, la vista era panorámica: los picos de los Alpes a lo lejos, la neblina matutina que se levantaba de los tejados, y el río Po que serpenteaba lentamente como un viejo testigo de la historia.
El estudio de Mirabella estaba lleno de lienzos apilados, pinceles manchados de pintura y papeles desordenados. El espacio era estrecho y crudo, pero para ella era el único lugar donde sentía que podía respirar. En las paredes se reflejaban las huellas de su angustia y sus pasiones, como una cronología pictórica de una joven atrapada entre lo que era y lo que sus padres esperaban que fuera.
A sus dieciocho años, Mirabella había aprendido a ignorar las voces críticas que siempre la rodeaban. Su madre, Anna, insistía en que el arte era solo un capricho de juventud, algo que no podía pagar las facturas ni asegurar un futuro. Su padre, Álbaro, creía que su arte solo la alejaba de la realidad, y esperaba que se uniera al negocio familiar de bienes raíces, un mundo de números y contratos, muy lejos de las manchas de óleo que cubrían sus manos.
Mirabella estaba cansada de escuchar que su pasión por la pintura era solo una fase. El arte era su única forma de expresión, el único medio por el cual podía conectar con algo más profundo que las expectativas ajenas. Cada trazo de pincel, cada capa de color sobre el lienzo, era como una válvula de escape de una presión que la asfixiaba.
Dices con acento Ferrarés, ""¿Por qué me esfuerzo tanto? No soy suficiente para ellos. No soy suficiente para nadie.""
El pensamiento la atravesó como una daga cuando sus ojos se posaron sobre el lienzo que había comenzado esa mañana. Un retrato abstracto de sí misma. La figura, casi desvanecida en tonos de azul y gris, reflejaba su lucha interna: el vacío que sentía al no encajar, la frustración de ser vista como una extraña entre los suyos. El lienzo aún no estaba completo, pero ya podía sentir la presión sobre sus hombros, como si cada capa de pintura estuviera pesando más de lo que podría soportar.
El sonido lejano de un tranvía se filtró por la ventana del estudio, cortando el silencio tenso que la envolvía. El ruido, más que un sonido, era una vibración que le recordaba lo lejos que estaba de lo que quería ser. Mientras el tranvía pasaba por las calles empedradas de Turín, el aroma a tierra mojada y café flotaba en el aire. Podía escuchar el bullicio de la ciudad más allá de su pequeño refugio, el constante movimiento de vidas que avanzaban sin ella, como si ella fuera una figura atrapada en un lienzo demasiado pequeño.
Dices con acento Ferrarés, ""¿Por qué no puedo ser como todos ellos? ¿Por qué no puedo ser suficiente?""
Las palabras se repetían como un eco en su mente, desbordando su concentración.
Un golpeteo suave en la puerta la hizo sobresaltarse. Mirabella se giró, ajustando su postura rígida. Allí estaba su madre, de pie en el umbral, con una expresión de desaprobación apenas contenida.
Ana dice con acento turinés, "— "Mirabella, ¿has comido algo hoy?" —preguntó con tono impaciente, como siempre."
Dices con acento Ferrarés, "— "No tengo hambre.""
Ana dice con acento turinés, " — "No puedes seguir así. El arte es solo un sueño adolescente. Es hora de que dejes eso atrás y pienses en el futuro. Álbaro y yo hemos hablado. Tenemos contactos en el negocio de bienes raíces, podrías..." —la voz de su madre se desvaneció en la distancia mientras sus palabras se deslizaban como un cuchillo afilado."
Murmuras con acento Ferrarés, ""Ellos no entienden... no lo entienden.""
Pensó Mirabella, mirando su lienzo con ojos fijos, como si el cuadro pudiera ofrecerle respuestas. Era tan difícil vivir bajo el peso de las expectativas ajenas. Como si cada movimiento que hacía fuera un acto de rebelión, y en cada rebelión, algo de ella se rompiera.
Su mente comenzó a viajar, como una hoja arrastrada por un río turbulento. Fue un flashback, como si su propia memoria la trajera de vuelta a un momento en su infancia. Recuerdo de una tarde de verano, antes de que sus padres se volvieran tan fríos. Recordaba a su madre sentada frente a ella, sonriendo mientras la alentaba a pintar, a seguir su pasión.
Pero esa sonrisa había desaparecido mucho tiempo atrás. Ahora, su madre la miraba con desaprobación. Mirabella sintió una oleada de tristeza, una sensación de vacío, como si estuviera atrapada entre dos mundos que no la aceptaban.
"Soy una extraña, incluso para ellos. No encajo aquí."
El sonido de su madre alejándose la sacó de su trance. Mirabella dejó escapar un suspiro, incapaz de hacer nada más que mirar la habitación con ojos cansados. El sol se colaba débilmente a través de la ventana, lanzando sombras alargadas sobre las paredes de su estudio. Cada sombra parecía una extensión de sí misma: una faceta de su identidad que no sabía cómo comprender.
Un repentino golpe en su corazón la despertó del letargo. Caterina Valli. La joven artista que todos adoraban, tan perfecta, tan técnica, tan impecable. Cada vez que pensaba en ella, el nudo en su estómago se apretaba con más fuerza. Caterina había comenzado a ganar terreno, a robarle oportunidades, a ocupar los espacios donde ella sentía que pertenecía.
Dices con acento Ferrarés, ""Tengo que hacerlo... Tengo que demostrar que lo que hago importa. No puedo dejar que ella gane.""
Con los puños apretados, Mirabella miró el lienzo, sintiendo una mezcla de rabia y determinación. Tomó el pincel, la pintura comenzó a fluir y, por un breve momento, el miedo, las dudas y las expectativas desaparecieron. Solo existía el color. Solo existía ella.

Re: Los colores de mirabella

Publicado: Lun Mar 31, 2025 5:11 am
por Larabelle Evans

Los colores de la ilusión

Punto de vista: Mirabella.

El sol había comenzado a colarse entre las nubes grises, tiñendo de un tono pálido las calles de Turín. La ciudad parecía haberse detenido un instante, como si estuviera esperando algo, o quizás como si tan solo estuviera tomando un respiro. En el pequeño estudio de Mirabella, el aire pesado del medio día se sentía denso y cargado de tensión. El olor a óleo, mezclado con el café recién hecho que había dejado en su mesa, la envolvía en una atmósfera de quietud inquietante.
Mirabella se encontraba frente a un nuevo lienzo, su mano empuñando el pincel con una mezcla de determinación y miedo. Los colores comenzaban a tomar forma, pero su mente aún estaba dividida entre su obra y el eco de las palabras de su madre. Cada vez que trataba de concentrarse, el rostro de Caterina Valli se colaba en su mente.
Caterina era la antítesis de todo lo que Mirabella representaba. Mientras ella se perdía en la emoción de su arte, Caterina se entregaba con rigurosidad a la perfección técnica. Era una joven de una belleza fría, cuya presencia siempre causaba una sensación de vacío en el aire. Las galerías y los círculos artísticos de Turín la aclamaban, y ella sabía cómo aprovechar cada oportunidad, cada contacto.
Mirabella suspiró, dejando caer el pincel sobre la mesa, sin poder continuar. El lienzo blanco frente a ella parecía burlarse de su falta de enfoque. Como si cada trazo que intentaba darle fuera un esfuerzo inútil.
El sonido de la lluvia residual deslizándose por los tejados era lo único que rompía el silencio del estudio. Mirabella cerró los ojos, intentando alejar la sombra de Caterina de su mente. Pero era imposible.
Recordó la última vez que se vieron, en la inauguración de la galería de los Rossi. Caterina, impecable en su vestido negro de seda, la había mirado con una media sonrisa mientras comentaba en voz baja con un crítico sobre la falta de “disciplina” en su obra. Mirabella no necesitó escuchar el resto para saber lo que pensaba: siempre la había considerado un talento sin dirección, una artista atrapada en su propia sensibilidad.
De pronto, un golpe seco en la puerta la sacó de sus pensamientos.
—Mirabella —la voz de Luca, su fiel amigo y marchante, se filtró a través de la madera—. Abre, tengo noticias.
Mirabella frunció el ceño y se levantó lentamente. Luca no solía irrumpir en su estudio a menos que fuera realmente importante.
Mirabella Giró el picaporte y encontró a Luca con el rostro ligeramente enrojecido por el frío de la mañana. En sus manos sostenía un sobre lacrado.
Luca dice con acento turinés, "Es de la galería Bellini —dijo él, con una mezcla de emoción y cautela—. Han visto tus bocetos y… quieren verte en un par de horas."
Por un instante, Mirabella sintió cómo su corazón se aceleraba. Bellini era una de las galerías más prestigiosas de Turín. Pero en cuanto tomó el sobre en sus manos, sintió una punzada de duda.
no podía dejar de preguntarse si también estaría allí la sombra de su rival en el arte de la pintura, Katerina.
Mirabella sintió un nudo en el estómago, una mezcla de emoción y ansiedad. No todos los días una galería como Bellini te pedía una reunión. Sin perder tiempo, se giró hacia su mesa y comenzó a seleccionar algunas de sus mejores pinturas. Su mente trabajaba rápido, calculando cuáles eran las más representativas de su estilo, cuáles podrían impactar más.
Dices con acento Ferrarés, "Luca, ayúdame a envolverlas —dijo, su voz cargada de entusiasmo."
Luca sonrió.
Luca dice con acento turinés, "Sabía que te emocionaría. No todos los días Bellini muestra interés en alguien que no sigue las reglas establecidas."
Mirabella rodó los ojos y le lanzó un trapo de lino.
Dices con acento Ferrarés, "No empieces con tus discursos, Luca. Hoy no."
Mientras él se reía y comenzaba a ayudarle, ella tomó su teléfono. Debía hacer algo antes de salir: asegurarse de que su madre no arruinara este momento.
Marcó el número y esperó.
—Mirabella —la voz de la señora sonó con la misma precisión de siempre.
Dices con acento Ferrarés, "Mamá —respondió, modulando su tono para sonar despreocupada—. Hoy no podré pasar por la inmobiliaria. Tengo clases extra del taller de pintura en la escuela. "
Hubo un silencio al otro lado de la línea.
—¿Clases extra? ¿Otra vez? —La incredulidad en la voz de su madre era evidente—. Mirabella, ya hemos hablado de esto. No puedes perder más tiempo con… tonterías.
Mirabella apretó los dientes.
Dices con acento Ferrarés, "No es perder el tiempo, mamá. Son clases importantes. El profesor Giordano dijo que podrían abrirme muchas puertas."
—Las únicas puertas que te interesan deberían ser las de nuestra inmobiliaria —su madre suspiró—. Tu padre y yo hemos hecho tantos sacrificios para que puedas tener estabilidad. ¿Cuánto más vas a alargar este juego?
Mirabella sintió un leve temblor en los dedos, pero se obligó a mantener la calma.
Dices con acento Ferrarés, "No es un juego, mamá. Pero tengo que irme. Hablamos luego."
Mirabella No le dio tiempo a responder. Colgó antes de que su madre pudiera lanzar otro discurso sobre responsabilidad y “la realidad del mundo”.
Mirabella Respiró hondo y se giró hacia Luca, quien la miraba con una mezcla de lástima y orgullo.
Luca dice con acento turinés, "¿Lista? —preguntó él, levantando una de las pinturas envueltas."
Mirabella asintió con una sonrisa determinada.
Dices con acento Ferrarés, "Lista."
Era su oportunidad. Y no pensaba desperdiciarla.

Mirabella y Luca salieron del estudio con las pinturas bien protegidas.
Luca dice con acento turinés, Esperemos que haya taxis libres —comentó Luca, mirando a su alrededor.
No tuvieron que esperar mucho. Un taxi amarillo y negro se detuvo en la esquina, y Luca se apresuró a abrir la puerta trasera mientras Mirabella subía con sus obras en brazos.
Luca dice con acento turinés, A la Galería Bellini, por favor —indicó Luca al conductor.
El motor rugió suavemente, y el taxi se puso en marcha. Mirabella apretó las manos sobre los marcos de sus pinturas, sintiendo cómo la emoción crecía en su pecho. Su mente divagaba entre la posibilidad de ser aceptada en la galería y el temor a que todo esto fuera solo un juego del destino para recordarle que nunca escaparía del control de su madre.
Mientras tanto, en la oficina de la inmobiliaria
Ana dejó el teléfono sobre su escritorio con gesto severo. Mirabella había colgado antes de que pudiera seguir hablándole.
—Niña tonta... —murmuró para sí misma.
No confiaba en la excusa de su hija. Sabía que Mirabella no estaba en la escuela en eltaller de arte, y la forma en que había terminado la conversación solo confirmaba sus sospechas.
Llamó a su chofer, Giancarlo, un hombre de edad madura que llevaba años al servicio de la familia Ferrara.
Ana dice con acento Turinés, Ve a la escuela —ordenó con su tono firme de siempre—. Encuentra a Mirabella y tráela aquí.
El hombre asintió sin hacer preguntas y salió de inmediato.
Pero cuando llegó a la escuela, no tardó en confirmar lo que Ana sospechaba: Mirabella no estaba allí.
Giancarlo llamó a la oficina de Ana desde su móvil.
—Señora, la señorita Mirabella no ha asistido a clases hoy.
Ana cerró los ojos un instante, conteniendo la irritación.
Ana dice con acento turinés, Entonces búscala en los museos y galerías —ordenó—. No puede estar muy lejos.
Colgó y se apoyó en el respaldo de su silla, cruzando las manos sobre su escritorio.
Mirabella podía ser terca, pero no era lo suficientemente astuta como para esconderse bien. Si estaba en una galería, pronto lo sabría. Y cuando la encontrara, le demostraría que su lugar no estaba en el arte, sino en los negocios de la familia.
Mientras tanto, en el taxi...
Mirabella miró por la ventanilla, ajena a lo que su madre estaba tramando.
Dices con acento ferrarés, ¿Y si no les gusta mi trabajo? —preguntó en voz baja.
Luca le dio un leve codazo y sonrió.
Luca dice con acento turinés, Les encantará. No tienes que ser como otras para ser una artista reconocida. Tienes talento, Mirabella. Solo tienes que creer en él.
Ella suspiró, deseando que fuera tan fácil como Luca lo hacía parecer.
El taxi dobló la esquina, y la elegante fachada de la Galería Bellini apareció ante ellos.

Re: Los colores de mirabella

Publicado: Lun Abr 21, 2025 6:30 am
por Larabelle Evans

Los colores de la insertidumbre.

Punto de vista: Mirabella.


en la oficina de Ana Ferrara…
El sol había comenzado a filtrarse por las cortinas de la oficina, proyectando sombras largas sobre el escritorio de madera pulida. Ana Ferrara tamborileaba los dedos sobre la superficie con impaciencia, su expresión imperturbable solo traicionada por el leve fruncimiento de sus labios.
La puerta se abrió y Giancarlo, su chofer, entró con la mirada baja.
Giancarlo dice con acento turinés, Señora, hemos revisado la escuela y varios museos, pero hasta ahora no hemos encontrado a la señorita Mirabella. "
Ana dejó escapar un suspiro corto, ajustando el anillo de su dedo anular con un movimiento mecánico.
Ana dice con acento turinés, "No puede haberse desvanecido en el aire —dijo con frialdad—. Sigue buscando. Y revisa las galerías más importantes. Si está en alguna parte de esta ciudad, la encontraremos. "
Giancarlo asintió y salió de inmediato.
Ana se levantó y caminó hasta la ventana. Desde allí, podía ver el ir y venir de la gente en la calle, ajenos a la preocupación que la carcomía por dentro.
Mirabella creía que podía escapar. Pero estaba equivocada.
De vuelta en la Galería Bellini…
El sol había comenzado a reflejarse en los ventanales del patio interno, proyectando una luz tenue en la oficina de la señora Bellini. Mirabella sostuvo su carpeta de bocetos con ambas manos, esperando que la directora de la galería dijera algo.
La mujer hojeó lentamente los dibujos, su rostro sereno e inescrutable.
—Tienes un trazo interesante —comentó finalmente—. Expresivo, pero aún un poco indomable.
Mirabella sintió que su garganta se secaba.
Dices con acento ferrarés: —¿Eso es bueno o malo?
La señora Bellini alzó la vista y esbozó una sonrisa enigmática.
La señora Bellini dice: "Depende de cómo lo uses. Hay talento en tus manos, Mirabella, pero el talento sin dirección puede perderse en el vacío. "
Mirabella sintió un escalofrío. Las palabras le recordaron demasiado a su madre.
Pero antes de que pudiera responder, la puerta de la oficina se abrió de golpe.
Y allí, de pie en el umbral, con su impecable vestido de corte estructurado y su mirada afilada, estaba Ana Ferrara.
Ana Ferrara entró con la elegancia que la caracterizaba, su porte impecable y su expresión serena, sin dejar entrever ninguna señal de enojo o impaciencia. Mirabella sintió un escalofrío al verla, pero su madre ni siquiera la miró al principio; sus ojos se posaron directamente en la señora Bellini.
Ana dice con acento turinés, "Disculpe la interrupción —dijo Ana con voz suave, pero firme—. Me temo que debo hablar un momento sobre mi hija. "
La directora de la galería cerró la carpeta de bocetos con lentitud y cruzó las manos sobre la mesa.
dice: "Señora Ferrara, un placer conocerla. ¿En qué puedo ayudarla? "
Ana esbozó una sonrisa cortés.
Mirabella quería detener esto, esto no podía estar pasando pero algo se lo inpedía y solo bajó la mirada.
Ana dice con acento turinés, "Sé que Mirabella ha traído aquí su trabajo con mucha ilusión —comenzó—, y no quiero desmerecer su esfuerzo. Pero me temo que aún no está preparada para dar este paso. "
Mirabella abrió la boca para protestar, pero Ana levantó ligeramente la mano, sin mirarla, manteniendo el control de la conversación.
Ana dice con acento ferrarés, "Mi hija es joven —continuó—. Tiene talento, sí, pero el arte requiere disciplina, madurez y una visión clara de lo que se quiere lograr. Y, lamentablemente, Mirabella aún no ha desarrollado eso por completo. "
La señora Bellini ladeó la cabeza, observando la interacción entre madre e hija con evidente interés.
dice: "Por lo que he visto, su trazo es expresivo. Prometedor. ¿No cree que deba tener la oportunidad de explorar su camino?
Ana sonrió con paciencia.
Ana dice con acento turinés, "Por supuesto, en su debido momento. Pero ahora mismo, su prioridad deben ser sus próximos estudios de administración. Nuestra familia tiene un legado que mantener, una empresa que tarde o temprano quedará en sus manos. El arte puede esperar. La realidad, no. "
Luca resopló, pero Ana lo ignoró. Se inclinó apenas hacia la señora Bellini, su tono adoptando un matiz persuasivo.
Ana dice con acento turinés, "Sé que usted valora el potencial, pero también sabe que la inmadurez puede ser un lastre. No quiero que mi hija tome decisiones apresuradas de las que luego se arrepienta. Sería una pena que se expusiera demasiado pronto y quemara oportunidades que más adelante, con más preparación, podría aprovechar mejor. "
Mirabella sintió un nudo en la garganta. Su madre siempre sabía cómo enmarcarlo todo como si solo buscara lo mejor para ella.
La señora Bellini observó a ambas en silencio, sopesando sus palabras.
—Entiendo su preocupación, señora Ferrara —dijo finalmente—. Pero también creo que cada artista necesita descubrir su propio camino.
Ana sostuvo su mirada sin vacilar.
Ana dice con acento turinés, "Y lo hará, cuando esté lista. Solo le pido que lo piense bien antes de comprometer su espacio con alguien que aún no tiene claro su futuro.
El aire en la oficina se volvió tenso. Mirabella sintió que su oportunidad se escurría entre los dedos.
La señora Bellini se recostó levemente en su silla, cruzando los brazos con elegancia. Sus ojos, de un gris claro que parecía casi translúcido bajo la luz de la mañana, se posaron en Mirabella.
—A veces —dijo con voz pausada—, no es el artista quien debe estar listo… sino el mundo que debe aprender a ver más allá de lo que espera.
Ana no se inmutó. Mantuvo la expresión serena, pero el leve apretón de su bolso de piel delataba su molestia.
Mirabella alzó los ojos, tragando saliva con esfuerzo.
Dices con acento ferrarés, —Mamá… —la voz apenas un susurro— esto no se trata solo de lo que tú planeaste.
Ana giró lentamente la cabeza hacia su hija, la mirada gélida, el gesto apenas modificado por un atisbo de decepción.
Ana dice con acento turinés, —¿Y de qué se trata entonces, Mirabella? ¿De dibujar en cuadernos mientras el mundo real sigue adelante sin ti? ¿De aferrarte a un sueño solo porque es lo opuesto a lo que te ofrezco?
Mirabella apretó los puños, pero su voz no subió.
Dices con acento ferrarés, —Se trata de poder respirar. De saber quién soy, sin que todo tenga que ser útil o productivo o... estratégico.
La señora Bellini desvió la mirada hacia la ventana un instante, luego se levantó con gesto firme, colocó la carpeta de bocetos sobre la mesa y la empujó suavemente hacia Ana.
—Con todo respeto, señora Ferrara —dijo con tono diplomático pero inflexible—, aquí evaluamos el talento, no la conveniencia. Si su hija desea exponer, tiene una invitación abierta a presentar una pieza para la muestra de nuevos creadores. No será un lugar asegurado, ni un favor. Será una oportunidad. Como todos los demás.
Ana cerró los ojos un segundo, respirando hondo. Luego se volvió hacia Mirabella, clavándole una mirada firme pero cargada de una intensidad casi… dolida.
Ana dice con acento turinés, —Si decides tomarla, hazlo sabiendo que será tu elección. Y tus consecuencias.
Mirabella asintió apenas. No dijo nada. Pero sus ojos brillaban con algo que hacía mucho no se veía en ella: certeza.
Ana se dio la vuelta, se dirigió a la puerta con paso elegante y preciso. Antes de salir, sin girarse, añadió:
Ana dice con acento turinés, —Estás rompiendo algo, Mirabella. Espero que valga la pena.
Y la puerta se cerró con un suave clic.
La señora Bellini se volvió lentamente hacia la joven.
Dice: " —¿Estás lista para defender tu trazo? Porque si decides seguir este camino, no podrás detenerte a medio andar. "
Mirabella respiró hondo, sintiendo cómo el nudo en su pecho empezaba, lentamente, a deshacerse.
Dices con acento ferrarés, —No tengo todas las respuestas. Pero sé que no puedo seguir huyendo.
La señora Bellini asintió, sin sonreír esta vez, pero con una mirada que parecía aprobar en silencio.
Dice: "—Entonces trae tu mejor obra. Tienes tres días. "
Y con eso, volvió a sentarse, ya hojeando otra carpeta. Como si el destino de Mirabella dependiera ahora, por completo, de ella misma.
Mirabella salió sonriente de la oficina apollándose de Luca.

Re: Los colores de mirabella

Publicado: Vie May 23, 2025 12:03 am
por Larabelle Evans

Los colores de la inspirasión de Bella.

Punto de vista: Mirabella.

La luz de la tarde se colaba por la claraboya del pequeño altillo que Mirabella había convertido en su refugio. Las paredes estaban manchadas de pigmentos secos, pinceles desparramados en frascos de vidrio reciclados, lienzos apoyados contra los muros irregulares, y el celular sonando en volumen bajo con jazz instrumental.
El suelo estaba cubierto por una lona salpicada de pintura, y el olor a aguarrás y acrílico se mezclaba con el del café frío olvidado sobre una repisa.
Mirabella, con una camiseta manchada pintaba de pie frente al lienzo principal. Tenía el pelo recogido en un moño improvisado y un mechón suelto que se pegaba a su mejilla por el sudor. Su respiración era pausada, concentrada, como si cada trazo contuviera algo más que color.
Mirabella Tomó el pincel fino con la mano derecha y, sin dudar, trazó una línea vertical oscura en el centro de la figura. Luego se apartó unos pasos y lo miró, ladeando la cabeza.
—Demasiado evidente —murmuró en voz baja, con su acento ferrarés arrastrando las palabras—. No quiero gritar. Quiero que lo sientan.
Sonó su móvil en la mesa baja, vibrando contra un cuaderno lleno de garabatos y palabras inconexas: fractura, raíz, pertenencia, ausencia, piel.
Mirabella lo ignoró. Siguió pintando. Esta vez no con la rabia con la que empezó, sino con una calma extraña, nueva. La figura en el lienzo era abstracta, pero femenina. Se intuía una espalda desnuda, con el trazo curvado de la columna transformándose en una grieta. No era una herida. Era una apertura.
De pronto, un ruido en la escalera de hierro oxidado la hizo girarse. Reconoció el paso.
Dices con acento Ferrarés, "¿Luca?"
Él asomó la cabeza, despeinado, con una bolsa de papel en la mano. Llevaba una chaqueta de cuero abierta y jeans viejos. Luca dice con acento turinés, "Tenías pinta de no haber comido en todo el día. "
Mirabella rió con cansancio.
Dices con acento Ferrarés, "¿Qué te hace pensar eso?"
Luca dice, alzando las cejas: —Estás hablando sola, con pintura en la cara, y la cafetera parece haber muerto hace dos días.
Ella suspiró y se dejó caer sobre una banqueta, limpiándose las manos con un trapo viejo. Luca entró sin pedir permiso, dejó la bolsa sobre la mesa y miró los cuadros.
Luca dice, tras un largo silencio: —Estás pintando de verdad. No solo dibujando para escapar.
Mirabella no respondió de inmediato. Abrió la bolsa, sacó un trozo de focaccia envuelto en papel encerado. Dio un bocado sin mirarlo. Luego dijo:
Dices con acento Ferrarés, "No quiero que lo vean como algo bonito. Quiero que vean todo lo que dolió llegar hasta aquí."
Luca asintió, serio. Se acercó al lienzo principal y lo observó con atención. Luca dice: —Van a verlo. Aunque no quieran.
Un silencio los envolvió, solo interrumpido por el crujido de la focaccia. Mirabella volvió a mirar el cuadro.
Dices con acento Ferrarés, "Estoy aterrada. Pero no pienso dejar que lo arruine otra vez."
CyberLife te desea que no te caigas.
Luca dice con suavidad: —Esta vez es tu voz, Mir. Nadie más puede quitarte eso. La luz anaranjada del atardecer empezó a teñir el taller. Afuera, la ciudad seguía su curso, ajena al pequeño universo que se construía en ese altillo.
Mirabella se levantó de la banqueta lentamente, volvió al lienzo y, con una pincelada final en un tono bermellón opaco, marcó un punto en el centro de la figura. Lo contempló un instante más y luego dejó el pincel en el borde de un frasco lleno de agua turbia.
Dices con acento Ferrarés, "Ese ya está."
Luca se acercó con las manos en los bolsillos, mirando en silencio. Al lado del principal, había otros tres cuadros terminados. El primero era una mezcla de grises cálidos y azules rotos, con formas ovaladas flotando como órganos suspendidos en el aire. No se distinguía nada concreto, pero evocaba el peso del cuerpo sin cuerpo, la memoria del tacto sin piel. El segundo cuadro tenía un trazo más áspero, líneas marcadas como si alguien hubiese rasgado la superficie con desesperación. Entre las formas rotas, emergía una espiral que se repetía hacia adentro, como un grito que se enrosca en sí mismo. El tercero era el más sobrio. Un fondo blanco con una sola forma oscura al centro, indefinida, casi líquida. Era vacío. Pero un vacío contenido. Observado.
Luca dice, mirándolos uno por uno: —Estás contándolo todo sin decir nada. Eso es jodidamente difícil.
Mirabella sonrió apenas, sin levantar del todo la mirada.
Dices con acento Ferrarés, "Nunca fui buena con las palabras. Pero acá... siento que puedo decirlo sin que me interrumpan."
Luca se sentó en el suelo, cruzando las piernas. Apoyó la espalda en la pared y dejó caer la cabeza hacia atrás, mirando el techo manchado. Luca dice con una risa baja: —¿Te das cuenta que ya casi terminamos el colegio? En dos semanas es la ceremonia.
Mirabella soltó una carcajada, breve, sorprendida de sí misma.
Dices con acento Ferrarés, "Sí. Y no tengo ni idea de cómo pasó. Siento que pasamos de estar rayando pupitres a... esto."
Luca dice, cerrando los ojos un segundo: —A pintar heridas y hablar de galerías. Hubo un momento de silencio, suave, como si los dos respiraran al mismo ritmo.
Dices con acento Ferrarés, ""Extraño a Vittoria. El colegio está raro sin ella.""
Luca abrió los ojos y asintió. Luca dice: —Sí. Aunque, seamos honestos... Madrid era lo mejor. No podía seguir así.
Mirabella bajó la vista, acariciando el borde del lienzo con los dedos manchados.
Dices con acento Ferrarés, "Se notaba que estaba perdida. Como si todo le doliera y al mismo tiempo no sintiera nada. Nunca supe cómo ayudarla."
Luca dice, con tono serio: —Nadie supo. Pero al menos allá está con Alessandro. Él la cuida.
Mirabella asintió, mordiendo otro trozo de focaccia.
Dices con acento Ferrarés, "sí, y me consuela asaber que está mejorando, hasta dice que será modelo temporalmente. "
Dices con acento Ferrarés, "Me gustaría que viera estos cuadros. Creo que los entendería mejor que nadie."
Luca dice: —Los va a ver, Mir. Cuando estén colgados en la galería, va a estar ahí. Y se va a reconocer en ellos. La luz terminó de teñir el taller con su último resplandor naranja. El celular dejó de sonar. Afuera, empezaban a encenderse las luces de la calle. Dentro, solo quedaba el olor de la pintura, la memoria del dolor transformado y una promesa muda de seguir creando.
Mirabella respiró hondo, como si recién ahora pudiera hacerlo.
Dices con acento Ferrarés, "Terminé."
Y esta vez, lo dijo en paz.

Re: Los colores de mirabella

Publicado: Mar Jul 22, 2025 10:05 pm
por Larabelle Evans

Tarde de galería y amigos.

Punto de vista: Mirabella.

El cielo estaba cubierto por una capa ligera de nubes que no amenazaban lluvia, pero atenuaban la luz del sol, envolviendo la ciudad en una paleta suave de grises y dorados. Mirabella caminaba por las calles empedradas del barrio San Salvario con paso decidido, su bolso cruzado al pecho, el cabello suelto y ligeramente ondulado por la humedad. Vestía un pantalón de lino beige, una blusa blanca con mangas remangadas, y una chaqueta de mezclilla salpicada con restos de pintura seca.
El día anterior había discutido nuevamente con sus padres. Ana no fue a la inauguración de la segunda muestra. Su padre apenas le dirigía la palabra. Y, aun así, sus cuadros seguían colgados en las paredes blancas de la Galería Bellini. Seguían allí. Como ella.
Frente a la puerta de la casa Marttini, Mirabella respiró hondo antes de tocar el timbre. El jardín tenía lavandas en flor y una hilera de cipreses recortados con esmero.
La puerta se abrió casi de inmediato.
Vittoria dice con acento turinés, "¡Mirabella! Justo pensaba en ti. "
Dices con acento Ferrarés, "A que raro amica, pensé qe solo pensabas en marcco. "
Te partes de risa.
Vittoria se parte de risa.
Dices con acento Ferrarés, "Me pareció buena idea pasar… Estoy yendo a la galería y… pensé que tal vez tú y Marcco quisieran acompañarme. Hay café. Y aire fresco. Y mis cuadros colgando como si nadie los quisiera derribar. "
Sonríes.
Vittoria rió suavemente, se hizo a un lado para dejarla pasar. Vestía un vestido largo de lino crudo, sin maquillaje, y el cabello recogido en una trenza.
Vittoria dice con acento turinés, "Por supuesto que sí. Espera que le diga a Marcco, está en el jardín. "
Dices con acento Ferrarés, "waw, tu padre acepta que Marcco viva contigo?. Valla que si te ha premiado por tu recuperasión don mássimo vitti."
Vittoria dice con acento turinés, "No es que viva conmigo, se va muy noche aveces, y otras simplemente se queda. Pero papá está más tranquilo ahora que sabe que ya no salgo por aí, a follar con el primero que me pase por el frente. "
Mirabella suspira.
Dices con acento Ferrarés, "ay vitti, no digas eso."
Minutos después, los tres caminaban juntos por la Vía Po, con el aroma de las pasticcerie filtrándose por las esquinas. Marcco, en silencio, llevaba las manos en los bolsillos y escuchaba atento mientras Vittoria y Mirabella charlaban.
La Galería Bellini estaba en una esquina de piedra clara, con grandes ventanales y marcos negros. Al entrar, el aire olía a cera, madera barnizada y flores frescas. Una pieza instrumental suave llenaba el fondo. Mirabella los guió con discreción hasta la sala lateral donde colgaban sus obras.
El primer cuadro ocupaba un espacio amplio en la pared frontal, como si invitara a acercarse en silencio. La figura central era ambigua, flotante. No era un cuerpo definido, sino una presencia. Estaba envuelta en capas de velos translúcidos que se extendían hacia los bordes del lienzo como humo o bruma, envolviendo la figura y desdibujando sus límites. El rostro, apenas esbozado, se intuía en medio de las capas, con los ojos cerrados, como en un estado de entrega o fuga. Los tonos eran suaves pero inquietantes: grises cremosos, beige deslavado, toques de ocre que parecían arenas antiguas. Un dorado apagado, casi desgastado, emergía en ciertas zonas como si fueran restos de algo sagrado que ya había perdido su luz. La pintura no gritaba: susurraba. Y ese susurro parecía hablar de identidad diluida, de una existencia frágil pero insistente, resistiendo al olvido.
El segundo cuadro tenía una energía completamente distinta. Más pequeño en formato, pero visualmente dominante, estaba construido sobre un fondo rojo profundo, casi granate, que parecía respirar. Las pinceladas negras atravesaban el lienzo en todas direcciones, violentas y superpuestas, como ramas secas quebradas o cables eléctricos cortados. En el centro, una forma alargada parecía emerger como un torso curvado hacia adentro, en un gesto de tensión o defensa, pero sin anatomía precisa. No había rostro ni extremidades, solo ese núcleo cargado de dolor contenido. La textura era más espesa, con zonas donde la pintura sobresalía del lienzo como cicatrices frescas. Transmitía angustia, encierro, un grito ahogado que no busca consuelo sino que exige ser visto. Era una pieza que no dejaba indiferente, como un golpe seco al centro del pecho.
El tercer cuadro, titulado “Silencio Vertical”, era el más enigmático y el que más comentarios suscitaba entre los visitantes de la galería. Alto y estrecho, con orientación vertical marcada, su fondo era de un verde oscuro profundo, casi negro en ciertas zonas, como un bosque al anochecer o la profundidad de una mente en calma tensa. Desde lo alto del lienzo, descendían finos trazos blancos, casi transparentes en algunos puntos, que bajaban con una precisión poética. No eran exactamente líneas, sino hilos o gotas suspendidas, como lágrimas detenidas en el tiempo o raíces colgantes que buscaban algo. Cada trazo parecía tener su propio ritmo, como si cayese a una velocidad distinta. Algunos se desvanecían antes de llegar al borde inferior, otros dejaban un rastro más denso, con bordes irregulares que sugerían interrupción o desgaste. El conjunto evocaba una quietud extraña, reverente. No tristeza pura, sino una especie de recogimiento espiritual. Como si el silencio tuviera peso, y cayese en forma de luz muy fina.
Vittoria los observa con una sonrisa.
Marcco también los vé con admirasión.
Vittoria en voz baja dice con acento turinés, "Es como si estuvieras mostrando lo que no se puede decir. Cada cuadro es un pensamiento que no se atreve a hablar. "
Mirabella la miró con gratitud.
Dices con acento Ferrarés, "Eso intento. Aunque a veces me pregunto si no estoy simplemente dejando mis cicatrices expuestas."
Marcco sin apartar la vista del tercer cuadro dice con acento turinés, "Las cicatrices también son parte del cuerpo. No hay que esconderlas si ya no sangran. "
Sonríes.
Vittoria dice con acento turinés, "Mi madre también quería que yo hiciera algo que no era yo. A veces la única forma de no romperse... es romper lo que otros construyeron para ti. "
Mirabella sonrió con melancolía.
Dices con acento Ferrarés, "Es extraño… Aquí, en este lugar, siento que todo lo que me pesa se convierte en otra cosa. En algo que otros pueden ver sin saber lo que duele. "
Caminaron por la sala despacio, en silencio. Afuera, la tarde empezaba a caer. La luz se filtraba por los cristales altos y bañaba las paredes blancas con tonos dorados.
Vittoria dice con acento turinés, "tú sei la meglior pintora amica. "
Sonríes.
Vittoria camina del brazo de marcco.
Vittoria se detuvo frente a la salida lateral de la galería y giró hacia ellas con una expresión traviesa en el rostro.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Y si vamos por un helado? Hay una heladería a la vuelta que tiene pistacho con sal marina y chocolate amargo... creo que lo merecemos."
Mirabella se echó a reír, sacudiendo la cabeza con suavidad.
Dices con acento Ferrarés, "Después de esa descripción, es un crimen decir que no."
Marcco asintió sin decir palabra, pero con una sonrisa leve.
Los tres salieron a la calle. El aire tenía un olor fresco a piedra húmeda y flor de magnolia. La ciudad seguía tranquila, con ese ritmo lento y elegante de las tardes turinesas. La heladería estaba a menos de dos cuadras, con mesas pequeñas en la acera y una vitrina repleta de sabores artesanales.
Vittoria pidió sin dudar: pistacho con sal marina y un toque de limón siciliano.
Marcco eligió chocolate amargo y vainilla bourbon.
Mirabella, sin pensar demasiado, pidió avellana con caramelo salado.
Se sentaron los tres en una mesa junto a un platanero, compartiendo cucharadas entre risas.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Sabes qué? Me pone feliz verte así, Mir. Como... más suelta, más tú."
Dices con acento Ferrarés, "Aunque no lo creas, todavía me siento como si estuviera caminando sobre una cuerda floja. Mis padres no ceden. Hoy ni siquiera respondieron a mis mensajes."
Vittoria bajó la mirada un instante. Marcco apoyó el codo en la mesa y habló con voz tranquila.
Marcco dice con acento turinés, "Es que tú decidiste vivir. A muchos padres les cuesta más aceptar eso que si te dejaras moldear como una escultura de mármol."
Dices con acento Ferrarés, "Ojalá me vieran al menos como mármol. A veces siento que me ven como arcilla mal cocida."
Vittoria se rió entre dientes, dándole un pequeño empujón con el hombro.
Vittoria dice con acento turinés, "Ellos no tienen idea. Pero tú sí. Y eso basta."
Mirabella observó su helado medio derretido, los colores mezclándose como los tonos de sus cuadros. Afuera, los faroles empezaban a encenderse lentamente.
Dices con acento Ferrarés, "Gracias por venir hoy, en serio. No quería que el día se sintiera como un triunfo en soledad."
Marcco levantó su copa de helado.
Marcco dice con acento turinés, "Brindemos entonces, con gelato. Por los días en que nos encontramos."
Chocaron suavemente sus copas de plástico transparente.
Y por un instante, las heridas, los rechazos, y los miedos quedaron suspendidos. Como las líneas blancas de “Silencio Vertical”.

Re: Los colores de mirabella

Publicado: Sab Ene 31, 2026 5:29 am
por Larabelle Evans

Pinceles y risas a medianoche.

Punto de vista: Mis amigas.

El 28 de enero amaneció frío en Turín, con ese cielo bajo y gris que parecía aplastar los tejados. Vittoria se permitió sentirlo como lo que era: un día normal. O lo más cercano a normal que podía concederse. El despacho había quedado atrás por veinticuatro horas; los teléfonos importantes estaban en silencio; Bianca tenía instrucciones claras de no llamarla salvo incendio real. Hoy no era heredera. Hoy era amiga.
Un día antes también había planeado con las chicas hacer pijamada para festejar el cumpleaños de Mirabella.
La casa de Serena estaba en una calle tranquila, de esas donde el ruido se diluye en pasos y portazos lejanos. Sus padres se iban de viaje esa semana y el acuerdo había sido simple: orden, vecinos tranquilos y cero problemas. El tipo de pacto que solo las adolescentes responsables —o las que saben fingirlo— saben negociar.
Vittoria llegó temprano. Traía una mochila grande, blanda, con cremallera gastada; nada de logos, nada de lujo. Dentro, su aporte: un set de acuarelas profesionales, pinceles de pelo suave y un cuaderno de papel grueso color crema. Había elegido tonos que Mirabella amaba: verdes profundos, azules lechosos, un rojo que parecía vino viejo. Al bajar del coche, el aire frío le mordió las mejillas y agradeció sentir algo tan simple.
Serena abrió la puerta con una camiseta enorme y calcetines desparejados. La casa olía a palomitas recién hechas y a limpiador cítrico.
Serena dice con acento turinés, "Llegas justo. Allegra está peleándose con el altavoz y Giuliana insiste en que la lista de reproducción no puede empezar sin una canción vergonzosa."
Vittoria sonrió, esa sonrisa que no necesitaba medir.
Vittoria Dice con acento turinés, "Que empiece la vergüenza. Es cumpleaños."
En el salón, las luces estaban bajas y las guirnaldas de papel colgaban torcidas a propósito. Sobre la mesa, una manta extendida hacía de altar improvisado: snacks, refrescos, chocolate caliente en termos y una caja grande envuelta en papel kraft con manchas de pintura —el toque de Allegra— esperando a Mirabella.
Allegra apareció desde la cocina con una bandeja.
Allegra dice con acento turinés, "No preguntes qué hay aquí. Confía."
Giuliana, sentada en el suelo con las piernas cruzadas, levantó la vista del teléfono.
Giuliana dice con acento turinés, "Mirabella viene en camino. Dijo que tardaba diez minutos. Diez. Eso significa veinte."
Vittoria dejó la mochila junto a la mesa y respiró hondo. La casa vibraba con una energía ligera, adolescente, hecha de expectativas pequeñas y risas fáciles. Se quitó el abrigo y se quedó con un suéter amplio y unos pantalones cómodos. El tejido suave contra la piel fue un alivio inmediato.
Serena bajó aún más la luz.
Serena dice con acento turinés, "Regla uno: pijamada real. Nada de ropa incómoda. Regla dos: nadie habla de exámenes después de las diez. Regla tres: Mirabella manda."
Allegra levantó dos dedos.
Allegra dice con acento turinés, "Regla cuatro: nadie juzga el karaoke."
Giuliana hizo un gesto dramático con el teléfono en mano, como si estuviera a punto de lanzarlo.
Giuliana dice con acento turinés, "Voy a poner 'Mamma Mia' de ABBA. Es una vergüenza obligatoria. Y si alguien se ríe, le lanzo una palomita."
Vittoria se acercó a la mesa, empujando la manta para hacer espacio para las acuarelas. "Espera a que lleguemos al karaoke," dijo, levantando una ceja. "Mi vergüenza es superior a la tuya."
Serena estaba terminando de inflar un par de cojines gigantes para tirarlos en el suelo. "Nadie tiene peor vergüenza que Allegra bailando 'Aserejé' a las tres de la mañana."
Allegra dejó la bandeja con una mezcla sospechosa de galletas y trozos de fruta. "Eso fue un acto de arte conceptual. La danza de la desesperación pre-examen." Se limpió las manos en su camiseta. "¿Alguien ha puesto música normal para cuando llegue Mira? No quiero que piense que somos un flashback de 2003."
"La tengo," dijo Vittoria, conectando su teléfono al altavoz que Allegra había domado. Empezó a sonar algo indie italiano, suave, melódico. "Nivel de vergüenza: cero. Nivel de ambiente: alto."
Mientras la música llenaba la habitación, las cuatro terminaron de montar el campamento. Serena distribuía mantas; Giuliana ordenaba la pila de películas; Allegra se dedicó a probar el chocolate caliente, asegurando que estaba "a la temperatura perfecta para no quemar un paladar sensible, pero suficientemente caliente para una noche de enero."
"Un día nos vamos a morir de perfección," bromeó Serena, dejándose caer en uno de los cojines.
Giuliana suspiró, cerrando la aplicación de música en su teléfono. "Apuesto diez euros a que Mirabella trae consigo un nuevo proyecto de arte secreto que no ha querido mostrarnos."
Vittoria colocó el set de acuarelas sobre el cuaderno. "Y yo apuesto veinte a que lo trae empacado en una bolsa de papel reciclado y que huele a pintura húmeda."
Allegra sonrió, una expresión pícara. "Trato hecho. El perdedor tiene que organizar la próxima fiesta."
La puerta sonó con un timbrazo breve. Giuliana se levantó de un salto.
Giuliana dice con acento turinés, "¡Ya! Escóndanse."
Las luces se apagaron del todo. Vittoria se agachó detrás del sofá, sintiendo la alfombra fría en las rodillas. El corazón le latía rápido, pero no por miedo: por anticipación. Escuchó la puerta abrirse, la voz de Mirabella dudosa.
Mirabella dice con acento ferrarés, "¿Serena? Dijiste que…"
El grito fue unánime.
Todas dicen, "¡Sorpresa!"
Las luces se encendieron de golpe. Mirabella quedó inmóvil un segundo, con una bolsa colgándole del hombro y la boca abierta. Luego se llevó las manos a la cara y rió, un sonido claro que llenó el salón.
Mirabella dice con acento ferrarés, "¡Están locas! ¡Dios!"
Vittoria se acercó y la abrazó primero. Mirabella olía a trementina suave y jabón neutro; llevaba pintura seca bajo las uñas.
Vittoria Dice con acento turinés, "Feliz cumpleaños. Hoy mandas tú."
Mirabella se separó apenas, mirándola con esa atención que solo dan las amigas de verdad.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Gracias por esto. De verdad."
Serena la empujó suavemente hacia el centro del salón, donde la caja envuelta esperaba. "Los regalos," anunció. "En cascada, sin prisa, como debe ser."
Los regalos llegaron entonces. El primero fue Allegra, con una caja larga y delgada.
Allegra dice con acento turinés, "Es un caballete plegable, ligero. Para que puedas pintar en ese parque horrible que te gusta."
Mirabella lo abrió con cuidado, pasando los dedos por la madera pulida. "Es perfecto. Odio cargar el trípode viejo."
Luego fue el turno de Giuliana, que le entregó una caja pequeña.
Giuliana dice con acento turinés, "Carboncillos y pasteles. No tienes excusa para no hacer esos bocetos rápidos que te salen tan bien."
Mirabella suspiró, oliendo la caja. "El olor... gracias, Giuli."
Finalmente, Serena le extendió una bolsa de papel.
Serena dice con acento turinés, "Este es práctico. Y artístico."
Dentro había un delantal con bolsillos grandes y manchas falsas de pintura que parecían cien por cien auténticas.
Mirabella se lo puso inmediatamente sobre el suéter. "¡Se ve usado! Me encanta. Ahora sí parezco una artista de verdad."
Vittoria esperó su turno, dejando que las risas se calmaran. Su regalo era la mochila blanda que había traído. Se la ofreció a Mirabella sin palabras.
Mirabella se sentó en el suelo, abriendo la cremallera gastada. Sacó el set de acuarelas, los pinceles y el cuaderno. Sus ojos se fijaron en los tonos de pintura: los verdes profundos, los azules lechosos, el rojo vino.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Vittoria… Estos son los Daniel Smith. Son carísimos." Levantó la vista, una línea de emoción cruzándole el rostro. "Los tonos que elijo siempre."
Vittoria dice con acento turinés, "Lo sé. Es tu cumpleaños, Bella. Y necesito que dejes de usar los viejos."
Mirabella rió de nuevo, guardando el set cerca de su pecho. "Nunca voy a usarlos. Serán de colección."
"Los vas a usar," replicó Vittoria, golpeándole el hombro con suavidad. "Ahora mismo. Pero primero: el karaoke."
Allegra gritó un "¡Sí!" e inmediatamente conectó su teléfono, ignorando la protesta de Giuliana que seguía insistiendo en el pop de los 70. La lista de reproducción de Allegra empezó con una canción de pop italiano de los noventa, estridente y con un ritmo que invitaba a la vergüenza inmediata.
Serena se lanzó a la pista improvisada del salón, micrófono imaginario en mano, y empezó a gritar la letra con una pasión que no se correspondía con su afinación. Giuliana, entre risas, intentaba ponerle un filtro de orejas de gato a Serena en el teléfono mientras Allegra se agitaba como un espagueti, imitando los movimientos del videoclip original.
La primera ronda fue un caos delicioso. Allegra eligió un himno rockero de los dos mil que apenas conseguía respirar mientras intentaba alcanzar las notas altas. Giuliana, fiel a su gusto, se atrevió con un éxito pop pegadizo y coreografiado, obligando a todas a seguirla en unos pasos ridículos. Mirabella, por su parte, se limitó a corear y grabar, riendo tanto que el teléfono se le movía.
Cuando terminó el set caótico, Serena se desplomó en el cojín más cercano, jadeando.
Serena dice con acento turinés, "Ahora, una balada. Algo con sentimiento. Y es el turno de Vittoria."
Vittoria estaba bebiendo chocolate caliente, sintiendo el calor agradable en las manos. Levantó una ceja.
Vittoria dice con acento turinés, "No, mi turno es en los concursos de diseño. El canto es voluntario."
Giuliana le quitó la taza y la puso a un lado.
Giuliana dice con acento turinés, "¡De ninguna manera! Es una regla no escrita de la pijamada: si tienes voz, la usas. Además, necesitamos pruebas."
Vittoria dice con acento turinés, "¿Pruebas de qué?"
Allegra se acercó con una sonrisa conspiradora.
Allegra dice con acento turinés, "Pruebas de que ese corazón de hielo que nos muestras tiene un rincón muy, muy suave llamado 'Marco'."
El nombre de su novio resonó en el salón. Vittoria sintió un rubor leve, pero lo disimuló con un gesto de fastidio.
Vittoria dice con acento turinés, "No vamos a hacer esto."
Mirabella, sentada en el suelo, levantó el teléfono en modo cámara.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Oh, claro que vamos a hacer esto. ¿Qué vas a cantar, Vittoria? ¿Algo tipo 'Te quiero' gritado en un estadio? ¿O algo más cursi? Necesito saber si etiquetarlo como 'Amor de Cachorritos' o 'El Futuro de la Dinastía'."
Giuliana se inclinó y le susurró, pero lo suficientemente alto para que todas oyeran:
Giuliana dice con acento turinés, "Canta la que le gusta a él. La que pusiste en tu lista 'Solo para Mí'."
Vittoria las miró a todas, un ejército de conspiradoras adolescentes con los ojos brillantes de diversión. Suspiró. No había forma de ganar.
"Bien," dijo, con una rendición graciosa. "Pero si lo suben, les dejo de hablar a todas."
Allegra conectó inmediatamente una canción dulce y melódica de un artista italiano moderno. La música llenó el espacio, una melodía suave de piano y cuerdas. Vittoria cerró los ojos un segundo, y cuando los abrió, la irritación había desaparecido, sustituida por una emoción pequeña y genuina.
Se aclaró la garganta y, con una voz que era menos la heredera y más la chica en el sofá, empezó a cantar.
Vittoria canta:
Non so come dirti che da quando ci sei
(No sé cómo decirte que desde que estás)
Le mie notti non sono più le stesse.
(Mis noches ya no son las mismas.)
C'è una luce un po' più calda in ogni cosa che faccio,
(Hay una luz un poco más cálida en cada cosa que hago,)
E il caffè al mattino sa di dolcezza.
(Y el café por la mañana sabe a dulzura.)
Se mi chiedi cos'è l'amore, lo so adesso:
(Si me preguntas qué es el amor, ahora lo sé:)
È guardarti dormire con il sole sulla faccia,
(Es verte dormir con el sol en la cara,)
E avere paura che un giorno tu non sia più qui.
(Y tener miedo de que un día ya no estés aquí.)
Ma oggi resto qui, nel tuo sorriso e nel silenzio,
(Pero hoy me quedo aquí, en tu sonrisa y en el silencio,)
A contare i respiri e a dirti piano:
(A contar las respiraciones y a decirte suavemente:)
Sei il mio posto sicuro, il mio 'per sempre'.
(Eres mi lugar seguro, mi 'para siempre'.)
Cuando terminó, hubo un silencio momentáneo, roto solo por la melodía del piano que se desvanecía. Serena y Giuliana estaban fingiendo llorar dramáticamente, cubriéndose la cara con cojines. Allegra aplaudió como si estuviera en la Scala de Milán.
Mirabella, sin embargo, bajó el teléfono de la cara, con los ojos brillando de satisfacción.
Mirabella dice con acento ferrarés, "¡Perfecto! El mundo necesita ver esto. Súper cute."
Vittoria se lanzó hacia ella, riendo.
Vittoria dice con acento turinés, "¡Bórralo ahora mismo, Bella!"
Mirabella se levantó de un salto y empezó a correr alrededor del sofá con el teléfono en alto. "¡Demasiado tarde! Subido a Lifebook. ¡Con el hashtag #VittoriaInLove! Y espera..."
Se detuvo en seco, mirando la pantalla con esa expresión de quien ha cometido un pequeño acto de maldad genial.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Le voy a etiquetar. Y enviarle el enlace por mensaje. ¡Para que sepa lo que piensa su novia a la medianoche!"
Vittoria se detuvo, con una mezcla de horror y diversión.
Vittoria dice con acento turinés, "¡Mirabella!"
Mirabella se encogió de hombros, guardándose el teléfono en el bolsillo.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Ahora, creo que es momento de comer todo lo que haya en esta mesa. Y luego, pintura. Ya tengo mi tema."
El caos regresó, aunque más centrado en la comida. Las palomitas volaron; el chocolate caliente desapareció rápidamente. A medida que los estómagos se llenaban y la energía más estridente se agotaba, la atmósfera se hizo más íntima, bajando de volumen y subiendo de confianza.
Serena dice con acento turinés, "Estoy demasiado llena para moverme. Parezco un cojín extra." Se acurrucó en el sofá, con una manta hasta la barbilla.
Giuliana, a su lado, jugaba distraídamente con un trozo de guirnalda.
Giuliana dice con acento turinés, "Es la magia de la pijamada. La digestión obliga a la confesión."
La conversación derivó, como era natural entre ellas, de las bromas a los temas importantes. Vittoria sintió el momento, ese punto en la noche donde la guardia baja era obligatoria.
Vittoria Dice con acento turinés, "Tengo que contarles algo sobre Marco."
Las tres levantaron la cabeza, atentas, la diversión adolescente reemplazada por una seriedad solidaria.
Vittoria Dice con acento turinés, "He sido horrible. O al menos, distante. La presión del despacho, todo eso, me ha puesto una coraza que no sé quitarme ni con él."
Respiró hondo, sintiendo el peso de la honestidad.
Vittoria dice con acento turinés, "Hace unos días, intenté... arreglarlo, pero a mi manera. Fui a la universidad y... intenté seducirlo. Pensé que la cercanía física lo resolvería, ya sabes. Como un atajo."
Vittoria Se mordió el labio.
Vittoria dice con acento turinés, "Y él se negó. Con dignidad. Dijo que no iba a ser mi distracción, que necesitaba que hablara, que me abriera. Y que mientras yo lo viera solo como un escape de mi vida, él no iba a participar."
Una punzada de vergüenza y orgullo herido se mezcló en su voz.
Vittoria dice con acento turinés, "Está herido, y tiene razón para estarlo."
Serena fue la primera en responder, su voz suave pero firme.
Serena dice con acento turinés, "Vittoria, tienes que entender que tu 'modo heredera' no se apaga cuando cruzas la puerta. Y Marco... él no es un negocio. No puedes presentarle un 'contrato' de intimidad para que solucione tu estrés."
Hizo una pausa, mirándola directamente.
Serena dice con acento turinés, "Si te dijo eso, es porque te quiere de verdad. Te está pidiendo una parte de ti que solo das aquí, con nosotras. La parte normal."
Allegra se incorporó, su energía más práctica aflorando.
Allegra dice con acento turinés, "Mira, el hombre que quiere hablar en lugar de... ya sabes... cuando estás en ese plan, es un buen hombre. Estás acostumbrada a controlar, Vito. En el despacho, das una orden y se cumple. Con las emociones y con él, no. Te puso un límite, y fue por respeto a ambos, no por castigarte."
Agarró un puñado de galletas y se lo ofreció.
Allegra dice con acento turinés, "Dale las gracias por no caer en tu trampa emocional. Y luego, hablen. De verdad."
Giuliana, más empática y soñadora, le sonrió con calidez.
Giuliana dice con acento turinés, "Marco no quiere un trofeo, ni quiere ser la recompensa de tu arduo día. Quiere ser tu refugio. Y para que sea tu refugio, tienes que dejar de ser la guerrera cuando entras. Tienes que ser tú la que se deja cuidar. Es difícil para ti, lo sé. Pero recuérdale lo que te hace sentir con palabras, no solo con gestos. Dile que lo sientes, y dile que lo extrañas, no solo su cuerpo, sino su risa, su presencia."
Mirabella, que había estado escuchando en silencio mientras garabateaba en una servilleta, levantó la vista.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Pinta. O escríbele una canción, de verdad, no una de karaoke. Si pones tus sentimientos en algo que no sea una discusión o una seducción frustrada, él lo va a ver. Te está pidiendo vulnerabilidad. Y es lo más aterrador del mundo, pero también lo más honesto."
Vittoria las escuchó a todas, sintiendo cómo el nudo en su pecho se aflojaba un poco. No eran las respuestas que quería, sino las que necesitaba: duras, justas y llenas de amor.
Vittoria asintió, sintiendo el peso de la sinceridad de sus amigas.
Vittoria dice con acento turinés, "Tienen razón. Todas ustedes. Gracias. Necesitaba que alguien me quitara la venda, o al menos, que me recordara que no soy invencible y que no todo se resuelve con poder." Hizo una pausa y sonrió, sintiéndose más ligera. "Pero ya basta de la Princesa de Hielo. Hoy es el cumpleaños de la artista más brillante de Turín. Bella, cuéntanos. ¿Cómo te festejaron tus padres? ¿Hubo tarta y serenata obligatoria?"
Mirabella suspiró, la sonrisa forzada. Dejó de garabatear en la servilleta y la arrugó con lentitud.
Mirabella dice con acento ferrarés, "No. Ni tarta, ni serenata. Hubo más bien un sermón largo sobre mi 'futuro imprudente' y una discusión a la hora de la cena. Siguen muy molestos. Supongo que ya lo saben, ¿no? Acepté el contrato de la señora Velini. Lo hice ayer. Ya es oficial."
El silencio que siguió no fue de sorpresa, sino de empatía. Serena se acercó y le dio un apretón en el brazo.
Serena dice con acento turinés, "Pero, Bella, ¡eso es genial! La Galería Velini es la mejor de la ciudad para empezar. Es un trampolín increíble. ¿Por qué están molestos?"
Mirabella se recostó contra el sofá.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Porque quieren que estudie Finanzas o administración. Que sea una persona 'seria' y 'útil'. Dicen que el arte es un pasatiempo, no una carrera, y que si no hubiera sido por el contrato, me habrían obligado a inscribirme en la Bocconi. Y creen que la señora Velini solo me usa porque soy hija de quien soy, no porque mi trabajo valga algo." Su voz se quebró ligeramente. "Duele. Que piensen que su hija no es lo suficientemente buena para hacer algo por sí misma."
Allegra se levantó con un salto, su rostro encendido por la indignación.
Allegra dice con acento turinés, "¡Eso es absurdo! Eres increíble, Bella. Tu cuadro 'La Niebla del Po' era sublime. El contrato con Velini te lo ganaste con el pincel y con horas de trabajo, no con tu apellido. Ellos están ciegos por el dinero y la tradición."
Giuliana se unió al coro de apoyo.
Giuliana dice con acento turinés, "Mira, tus padres tienen miedo. Miedo de que te salgas de la ruta segura que trazaron para ti. Pero la vida es más interesante fuera de las rutas. Tienes un talento que nosotras no tenemos, y sería un crimen que lo enterraras en números. Ve a esa galería, pinta como solo tú sabes y demuéstrales que el arte no solo es viable, sino que es vital."
Vittoria se puso de rodillas, mirándola fijamente a los ojos.
Vittoria dice con acento turinés, "Escucha, yo sé de presiones familiares. Las vivo todos los días. Y la única forma de que eso pare es que tu éxito sea tan grande que no puedan ignorarlo. Eres mejor que cualquier estudiante de Finanzas, porque cuando pintas, le pones alma. Y ese set de acuarelas que tienes ahí lo demuestra: no es un pasatiempo, es una necesidad. Persigue ese sueño, Bella. Y si necesitas fondos para el material o un espacio, avísanos. Estamos contigo."
Mirabella sonrió de verdad esta vez, con los ojos húmedos.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Gracias. De verdad. No sé qué haría sin ustedes."
Se secó una lágrima invisible con la manga de su suéter.
"Ahora," dijo Mirabella, cambiando el tono con un chasquido de dedos, "es hora de mancharse las manos. Pero primero, tengo algo que mostrarles a ustedes, las escépticas."
Se levantó y descolgó la bolsa que había traído. Estaba hecha de lona, con algunas manchas de pintura vieja. De ella sacó un lienzo pequeño, envuelto en un pañuelo de seda. Lo colocó con cuidado sobre la mesa.
Mirabella dice con acento ferrarés, "El tema de hoy es 'La Vulnerabilidad'. Lo llamo 'La Máscara de Turín'."
Era un retrato. No de una persona, sino de una idea. El lienzo mostraba el rostro de una mujer joven, bellísima y de rasgos duros, con la barbilla en alto, los ojos fijos y desafiantes. Pero lo que captaba la atención era la parte inferior del rostro: estaba cubierta por una capa finísima de oro, como una máscara de carnaval que ocultaba la boca y la expresión más íntima. Los ojos, sin embargo, estaban llenos de una tristeza apenas contenida.
Giuliana jadeó.
Giuliana dice con acento turinés, "Dios mío, Bella. Eso es... fuerte. ¿Es por la discusión con tus padres?"
Mirabella negó con la cabeza, acariciando el borde del lienzo.
Mirabella dice con acento ferrarés, "No. Es una mezcla. Es mi cara en las cenas familiares; es la cara de Vittoria cuando sale del despacho de su padre; es la cara de cualquiera de nosotras cuando tenemos que pretender que no nos duele o que lo tenemos todo bajo control. La máscara de oro no es un lujo, es una prisión."
Allegra se acercó, examinando la técnica.
Allegra dice con acento turinés, "El detalle del oro es increíble. ¿Es pan de oro real?"
"Lo robé del estudio de mi padre," admitió Mirabella con un guiño. "Le dio un ataque. Pero no lo iba a usar para algo 'útil'. Yo sí."
Vittoria se quedó mirando el cuadro, sintiendo una punzada de reconocimiento. La máscara de oro era su coraza; la mirada triste era lo que Marco había visto a través de su seducción fallida. Era un espejo brutal.
Vittoria dice con acento turinés, "Es la cosa más real que has pintado. Y me da un poco de miedo."
Mirabella sonrió a medias.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Ese es el punto. Ahora, la parte divertida. Vamos a pintarnos las caras. Pero no con maquillaje, sino con pintura de verdad. Y no para vernos bonitas, sino para vernos como realmente nos sentimos. O como queremos ser por un rato."
Serena saltó del sofá con entusiasmo.
Serena dice con acento turinés, "¡Yo primero! Quiero ser un tigre. Un tigre que solo come snacks y ve películas románticas."
Giuliana se apuntó.
Giuliana dice con acento turinés, "Yo seré un mapa estelar. O algo que parezca inteligente."
Allegra se limitó a señalar a Mirabella.
Allegra dice con acento turinés, "Yo quiero una máscara de la verdad. Algo que me obligue a decir solo la verdad durante las próximas dos horas."
Mirabella extendió el cuaderno de papel grueso de Vittoria y los nuevos sets de acuarelas.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Vittoria, tú empiezas. Tienes que pintar algo que te quite esa 'máscara de Turín' de la que hablo. Algo que solo Marco o nosotras hayamos visto. Una imagen de paz."
Vittoria tomó un pincel suave. Sus dedos, acostumbrados a sostener bolígrafos y a firmar documentos, se movían con torpeza al principio. Eligió el azul lechoso y el verde profundo. Cerró los ojos, pensando en la única imagen que le venía a la mente cuando pensaba en paz: el rostro de Marco, dormido, a primera hora de la mañana, con el sol bajo colándose por la ventana.
Vittoria dice con acento turinés, "Voy a pintar un amanecer. Uno que no veo desde una oficina."
Mientras las cuatro se dedicaban al arte a medianoche, los pinceles mojados chocaban suavemente contra el papel. El silencio se instaló, roto solo por el murmullo de la música indie italiana y el roce de la pintura. Era un silencio terapéutico, la pausa que ninguna se había permitido en días. Era, en medio del frío de Turín, el lugar seguro que solo ellas podían construir.
El amanecer de Vittoria era abstracto, pero reconocible: un torbellino de colores suaves que se fusionaban sin límites definidos. Mirabella la observó, sonriendo. Había quitado la máscara de oro de su propio retrato y ahora pintaba un corazón simple sobre la mejilla de Serena, usando el rojo vino. La noche, por fin, se sentía como un verdadero cumpleaños.