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[Trama El Despertar de Themis]: El Informe de Medianoche
Publicado: Vie Ene 16, 2026 6:26 pm
por Aletheia
Salón Principal
La estancia está sumergida en una luz ámbar. Armand se quita la chaqueta del traje, mostrándose algo cansado tras la jornada en el juzgado y la comisaría. Orestes acaba de regresar de su visita a la jueza, su semblante es sereno.
Armand dice con acento parisino: "He hablado con el Dr. Arcas. Uriel ha hecho de las suyas; el evaluador está tan fascinado como aterrorizado. Ha pospuesto las conclusiones. Ganamos tiempo, pero el chico sigue siendo una bomba de relojería en esa unidad.
Orestes asiente mientras se sirve una copa de agua mineral.
Orestes dice con acento cretense: "El tiempo es lo que necesitamos. Marielba Montenegro tiene ahora una botella de vino que no podrá beber sin pensar en lo que le dije. Su sospecha se ha transformado en curiosidad.
Dante aparece desde la biblioteca, sosteniendo una tableta con los datos que Jeanpaul ha estado recopilando.
Dante dice con acento veneciano: "Aquí está el resto de la historia de la jueza. Perdió a una hermana en un piso de acogida estatal hace veinte años. El sistema lo llamó "accidente", pero ella sabe que hubo negligencia. Jeanpaul ha conectado los puntos: la empresa que gestionaba aquel piso fue absorbida años después por una filial de la IDO. Si se lo mostramos, no solo será nuestra jueza, será nuestra aliada más feroz.
Armand mira a Orestes, arqueando una ceja inquisitiva.
Armand dice con acento parisino: "¿Crees que será un problema su integridad? Si descubre que estamos manipulando las sombras...
Orestes sonríe, terminándose el agua.
Orestes dice con acento cretense: "Marielba ama la justicia más que a las reglas. Mañana, cuando vea a las víctimas de Ferrer, las reglas serán lo último que le importe. La visita de cortesía ha terminado, Armand. Ahora, es el momento de que la jueza vea el verdadero rostro del monstruo que estamos intentando cazar.
[Trama El Despertar de Themis]: El Juicio de la Memoria
Publicado: Lun Ene 19, 2026 3:30 pm
por Aletheia
La Terraza de Cristal
El sol de la tarde se filtra con una pesadez anaranjada a través de los ventanales de vidrio, creando un juego de sombras largas sobre el suelo de piedra rústica. El ambiente es una burbuja de silencio, interrumpido solo por el goteo rítmico de una fuente de pared. Aymara y Eloy aguardan; son dos figuras que parecen frágiles pero cuya presencia ocupa todo el espacio emocional de la estancia.
Orestes camina con paso comedido, indicando a la magistrada el asiento frente a ambos. Su postura es de un respeto calculado, reconociendo la autoridad que ella representa.
Orestes dice con acento cretense: "Señoría, le agradezco que haya accedido a venir. Sé que su tiempo es valioso y que este procedimiento es inusual, pero hay verdades que no caben en un folio judicial."
Marielba Montenegro se sienta con la rigidez de quien teme ser seducida por la elocuencia de un hombre poderoso. Abre su maletín y extrae un bolígrafo, observando a los presentes con una agudeza que parece querer diseccionarlos.
Marielba dice con acento granadino: "No se equivoque, Orestes. Estoy aquí porque las irregularidades en el reparto de este caso me inquietan, no por cortesía. Y ustedes... quiero que sean muy precisos. No me sirven las metáforas. Necesito hechos."
Media hora después.
Aymara ha comenzado a hablar. Su voz, con ese deje venezolano que arrastra las palabras con una cadencia melancólica, llena la estancia. Sus manos, pequeñas y pálidas, se cierran sobre la tela de su falda.
Aymara dice con acento venezolano: "Humberto no solo me robó la luz que me quedaba, doctora. Él me convenció de que mi cuerpo era una basura inservible. Yo amaba a Fabián con toda mi alma, y Ferrer usó ese amor para chantajearme. Me obligaba a grabar esas... bajezas... diciéndome que si no lo hacía, le quitaría la licencia a Fabián, que lo denunciaría por abusar de una ciega bajo tutela estatal. ¿Sabe lo que es estar en una mesa de operaciones, sintiendo que tu cuerpo se muere porque ya no puede más? Tuve dos rechazos de órganos, Jueza. Mi riñón y mi páncreas fallaron dos veces porque mi sistema estaba colapsado por el pánico, por los fármacos que él me obligaba a tomar para mantenerme dócil, por la deshidratación, la mala alimentación. Usó la insulina como herramienta de tortura. Me subía las dosis, las bajaba a su conveniencia. Casi muero porque mi voluntad estaba tan rota que mis órganos ya no querían vivir en mí."
Una hora después.
Eloy ha tomado el relevo. Su lucha con la oralización es evidente; su garganta emite sonidos profundos, vibraciones que parecen venir desde el fondo de un pozo. Marielba lo observa, y por primera vez, su expresión de granito muestra una pequeña fisura.
Eloy dice con voz varonil y dificultosa: "Él... me... grababa. Yo no... oigo. Él decía que... nadie me... querría. Que Eloy era... para vender. En ordenador. Luz roja siempre... luz roja. Yo lloraba y él... reía. Decía que... sordo no grita."
Eloy rompe en un llanto silencioso, sus hombros se sacuden violentamente mientras se señala el implante coclear, como si la capacidad de oír ahora solo sirviera para recordar los gritos internos de su pasado. Marielba Montenegro baja la vista a su libreta. Ya no escribe. Su mano tiembla levemente al recordar el expediente de su propia hermana, un eco lejano que hoy ruge con fuerza en esta sala.
Orestes dice con acento cretense: "Señoría, mire esas cicatrices. No son de un accidente. Son de un sistema que permite que un depredador use la discapacidad como una jaula. Usted tiene el poder de abrirla."
Marielba se levanta bruscamente, cerrando su maletín con un golpe seco. Sus ojos verdes están encendidos con una furia fría que ya no oculta tras la toga imaginaria.
Marielba dice con acento granadino: "Ya he visto bastante. No me hace falta que me diga cuál es mi poder, Orestes. Lo que me hace falta es que mi juzgado se llene de estas pruebas de una forma que ni la IDO ni nadie pueda recusar. Me marcho. Tengo mucho que ordenar y poco tiempo antes de que los abogados de la organización empiecen a tejer sus hilos."
La jueza sale con paso rápido escoltada por Orestes.
Orestes regresa a la sala, observándolos con una mezcla de orgullo y melancolía.
Aymara tiembla violentamente, el esfuerzo de mantener la calma frente a la mujer que tiene su destino en las manos le pasa factura.
Aymara murmura con acento venezolano: "Orestes... ¿nos creyó? La sentí tan fría, tan... distante. Tengo miedo de que solo vea leyes y no personas. Si ella nos falla, Ferrer ganará incluso desde la cama del hospital."
Eloy se acerca a ella de inmediato. La rodea con sus brazos fuertes, pegando su frente a la de ella en un gesto de consuelo absoluto. Él no necesita palabras para transmitirle que están juntos en esto.
Orestes dice con acento cretense: "No te preocupes, Aymara. Marielba Montenegro no se ha ido por indiferencia, sino porque la verdad le ha quemado las manos. Ahora no solo tiene pruebas; tiene una razón personal. Y en Neo-Madrid, no hay nada más peligroso para un criminal que una jueza con una misión."
[Trama el Despertar de Themis]: El Laberinto de una Mente fascinante
Publicado: Lun Ene 19, 2026 3:32 pm
por Aletheia
Unidad Psiquiátrica Forense - Sala de Observación B
La habitación es de un blanco clínico, sin esquinas donde la vista pueda descansar. Dulce, una psicóloga de renombre con voz suave y una mirada que parece abrazar antes de interrogar, se sienta frente a Uriel. El joven mantiene su actitud desafiante, recostado en la silla como si estuviera en un trono de plástico.
Dulce observa a Uriel durante un largo silencio, buscando el tic, la microexpresión que delate al criminal.
Dulce dice con acento madrileño: "Uriel, no estoy aquí para juzgar si lo que hiciste fue correcto. Estoy aquí para entender si podrías volver a hacerlo. Me sorprende tu falta de ansiedad. Según los monitores, tus pulsaciones son las de alguien que está leyendo un libro de texto, no las de alguien acusado de homicidio."
Uriel se ajusta las gafas polarizadas, esbozando una sonrisa cargada de un cinismo brillante.
Uriel dice con acento argentino: "¿Ansiedad? Eso es para la gente que no tiene un plan, Dulce. ¿Puedo llamarte Dulce, no? Es un nombre muy... táctico para una sicóloga. Yo sé exactamente dónde estoy y por qué lo hice. Si un virus entra en tu sistema, corrés un programa de limpieza. Yo soy el programa de limpieza. Gabo era un bug, Humberto era el malware. ¿Te parece que un algoritmo tiene que sentir ansiedad?"
Dulce inclina la cabeza, fascinada por la estructura lógica y gélida del muchacho.
Dulce dice con acento madrileño: "Hablas de seres humanos como si fueran líneas de código, Uriel. Eso es un rasgo de desconexión empática muy severo. ¿No sientes nada por el vacío que dejaste en la familia de ese chico, o por el estado del doctor?"
Uriel dice con acento argentino: "Sentiría algo si las reglas fueran iguales para todos. Pero la IDO usa a pibes como Gabo o Costanza para procesar sus traumas y sacar guita. Si querés empatía, buscá en los servidores que hackeé. Ahí vas a encontrar el llanto de todos los que Ferrer rompió. Yo solo devolví el golpe con la misma frialdad que ellos aplican. Si eso me hace un psicópata para tu librito, anotálo. Pero soy el psicópata que detuvo el motor. Deberían agradecérmelo, ¿no te parece?"
[Trama El Despertar de Themis]: El Alfil en el Tablero Judicial
Publicado: Lun Ene 19, 2026 3:33 pm
por Aletheia
Despacho de la Jueza Montenegro - Palacio de Justicia
El despacho está sumido en una luz de atardecer. Armand Bonheur entra con la elegancia de un depredador que sabe que el terreno ha sido abonado. Su presencia de casi dos metros y su traje a medida imponen un respeto inmediato.
Armand coloca una carpeta azul sobre el escritorio de Marielba. Sus ojos verdes brillan con una determinación aristocrática.
Armand dice con acento parisino: "Señoría, asumo que tras su... visita de ayer, comprenderá que mantener a Uriel en una unidad forense es un riesgo innecesario. El chico no es un peligro para la sociedad; es el testigo principal de la mayor red de corrupción y abuso que ha visto esta ciudad."
Marielba lo mira desde su silla, todavía procesando la carga emocional del día anterior.
Marielba dice con acento granadino: "El informe de la sicóloga, la doctora Dulce, dice que Uriel es un individuo de alta capacidad con rasgos de desconexión, pero no es un asesino en serie. Sin embargo, Armand, el procedimiento es el procedimiento. Mató a un hombre y envenenó a un médico prestigioso."
Armand se inclina, apoyando sus manos de manicura perfecta sobre la mesa. Su voz es un susurro de autoridad.
Armand dice con acento parisino: "Mató a un agresor en defensa de una joven indefensa. Si usted lo mantiene encerrado, la IDO tendrá tiempo de fabricar una coartada. Necesito que firme la libertad bajo fianza y la protección de testigo para Uriel ahora mismo. Orestes Kirgyakos se hará responsable de su custodia. No deje que el formalismo proteja a los monstruos, Señoría."
Marielba toma la pluma, duda un segundo y finalmente firma con un trazo enérgico.
Marielba dice con acento granadino: "Lléveselo. Pero si ese chico desaparece o comete una sola imprudencia, su cabeza y la de Kirgyakos serán las próximas que ruede en este estrado. Dígale a su jefe que espero los servidores originales de Uriel en mi mesa mañana a primera hora."
Armand sonríe, una expresión de dientes blancos y éxito.
Armand dice con acento parisino: "Tendrá todo lo que necesita, Jueza. No se arrepentirá de esta decisión."
Marielba le hace un gesto para que abandone su despacho.
Armand inclina la cabeza sutilmente y sale sin mirar atrás.
Marielba murmura con acento granadino: "Eso espero... eso espero."
Re: [Trama El despertar de Themis]: Negocios Y Alianzas
Publicado: Sab Mar 28, 2026 6:25 pm
por Aletheia
AMENAZA LATENTE
Palacio de Justicia de Neo-Madrid - Sala de Vistas 03
La sala es un mausoleo de mármol frío y madera de roble oscuro, donde el aire huele a papel rancio, cera de suelos y a la tensión eléctrica que precede a las tormentas. La luz cenital, blanca y despiadada, cae sobre el estrado, acentuando las ojeras de los presentes. El silencio es absoluto, roto únicamente por el zumbido de los sistemas de ventilación y el lejano murmullo del tráfico de la metrópoli. En los bancos del público, la atmósfera es de una gravedad asfixiante; la presencia de Orestes Kirgyakos, impecable y gélido, parece absorber la poca calidez que queda en el recinto.
La puerta lateral se abre y dos celadores empujan una silla de ruedas motorizada. En ella yace Humberto Ferrer, un hombre que hace apenas unos meses dictaba sentencias de vida sobre los desprotegidos y que hoy es una sombra espástica de sí mismo. La toxina de Uriel ha dejado su huella: su rostro, antes altivo, muestra una caída muscular en el lado izquierdo; sus manos, enfundadas en mitones de algodón, tiemblan con un ritmo frenético e involuntario. Sus ojos, sin embargo, conservan un brillo de odio lúcido, atrapados en un cuerpo que ya no le obedece.
Marielba Montenegro entra en la sala. El golpe de su mazo resuena como un disparo, obligando a todos a ponerse en pie. Su mirada se posa un segundo en las víctimas, Costanza, Aymara y Eloy, antes de fijarse en el acusado con una severidad granítica.
Marielba dice con acento granadino: "Se abre la sesión para la lectura de cargos en el caso contra Humberto Ferrer. Secretario, proceda."
El Fiscal, un hombre de mediana edad con expresión de fatiga crónica, se levanta, ajustándose la corbata mientras despliega un holograma de documentos sobre su mesa.
Fiscal dice: "Se imputan al acusado, Humberto Ferrer, los delitos de tortura sistemática, abuso de autoridad bajo tutela estatal, corrupción de menores, distribución de material pornográfico ilegal en redes encriptadas, negligencia médica criminal con resultado de lesiones permanentes en las víctimas aquí presentes e impedofilia."
En el banco de los testigos, Aymara mantiene la cabeza alta, aunque sus dedos se hunden en el brazo de Eloy. Él, con el rostro endurecido y la mandíbula apretada, observa a Ferrer con una mezcla de asco y triunfo. En el público, Fabián Fábrega respira con dificultad; ver al hombre que destruyó a su pareja reducido a ese estado le provoca una náusea física que lucha por ocultar bajo una máscara de profesionalismo médico.
Uriel, sentado junto a Armand, se niega a usar el traje que Orestes le compró. Viste su sudadera habitual, con la capucha caída, y observa el procedimiento con una desconexión que hiela la sangre. Cuando el Fiscal menciona el "envenenamiento" como un cargo contra el muchacho en un proceso paralelo, Uriel se inclina hacia el micrófono sin esperar su turno.
Uriel dice con acento argentino: "No me pongan en protección de testigos. Yo no soy una víctima asustada de este viejo verde. Lo que hice fue un 'hard reset'. Si quieren juzgarme, háganlo, pero no esperen que pida perdón por limpiar la mierda que ustedes dejaron acumular por años."
Armand Bonheur pone una mano firme de manicura perfecta sobre el hombro de Uriel, obligándolo a sentarse. El abogado se levanta, su estatura de casi dos metros proyectando una sombra imponente sobre el Fiscal.
Armand dice con acento parisino: "Señoría, mi cliente ha sido liberado bajo la custodia de mi representado, el Sr. Kirgyakos. Su testimonio es la piedra angular de esta acusación. La IDO ha intentado desviar la atención, pero aquí tenemos a la verdad sentada en primera fila."
Marielba observa a Ferrer, quien emite un sonido gutural, un intento de habla que se deshace en un hilo de saliva.
Marielba dice con acento granadino: "Doctor Ferrer, se le concede la palabra para una declaración inicial si sus facultades se lo permiten. ¿Se reconoce usted en los cargos que se le imputan?"
Humberto intenta enderezarse en la silla de ruedas. Su mano derecha se levanta unos centímetros, señalando a Aymara con un dedo tembloroso mientras un espasmo le recorre el cuello. Su voz sale como un susurro sibilante y roto.
Humberto murmura con dificultad: "Todos... son... míos. La ley... me dio... el derecho. Ustedes... no son nada... sin... control."
Aymara se endereza y habla ignorando el protocolo. Sus ojos sin luz se fijan exactamente en la dirección de la voz de Ferrer. El silencio en la sala se vuelve tan denso que se podría cortar.
Aymara dice con acento venezolano: "Ya no eres nuestro dueño, Humberto. Tu control terminó en aquel piso. Mírate... ahora eres tú el que depende de que otros tengan piedad. Y yo no tengo ninguna."
Eloy emite un sonido de aprobación, un gruñido profundo que resuena en las paredes de mármol. Marielba no los interrumpe; permite que el peso del dolor acumulado llene la sala por un instante antes de volver a golpear el mazo.
Marielba dice con acento granadino: "Esta presidencia admite a trámite todas las pruebas presentadas por la defensa de Uriel y la fiscalía. Se decreta la prisión preventiva hospitalaria para Humberto Ferrer y el embargo inmediato de todos los bienes de la filial de la IDO implicada. Esta farsa de impunidad se acaba hoy."
Orestes, desde el público, intercambia una mirada fugaz con la Jueza. Una chispa de entendimiento mutuo. Pero la victoria se siente prematura.
Justo cuando los celadores se disponen a retirar a Ferrer, las luces de la sala parpadean violentamente. Las pantallas holográficas del Fiscal se tiñen de rojo y una voz distorsionada, filtrada a través de los altavoces de emergencia del Palacio de Justicia, resuena en todo el edificio.
Voz sintética y con cadencia metálica dice: "Protocolo de Seguridad 09 activado. La Directiva Superior de Servicios sociales impugna la audiencia en curso. Las pruebas presentadas carecen de la rigurosidad científica y legal requerida. Solicitamos que se someta a evaluación la jurisdicción de este tribunal. Procediendo a la recuperación de activos."
En ese instante, las puertas principales de la sala se bloquean con un estruendo metálico.
Orestes se pone en pie, buscando a Dante con la mirada, mientras Uriel, con una sonrisa de absoluta comprensión, empieza a teclear frenéticamente en su terminal de muñeca.
Aymara y Eloy se agarran de las manos con el miedo marcándoles las facciones.
Humberto Ferrer los mira. El intento de sonrisa desfigura sus rasgos en en una máscara siniestra.
Fabián clava los ojos en Orestes. El griego le pide calma con la mirada.
Uriel murmura con acento argentino: "Se los dije... el sistema siempre tiene un 'fail-safe' para los traidores. Y yo no vine aquí para dejar que el sistema siga jodiéndonos la vida"
Un chisporroteo irrumpe silenciando la voz y dejando la sala del juzgado a oscuras.
Re: [Trama El despertar de Themis]: Negocios Y Alianzas
Publicado: Lun Mar 30, 2026 5:16 pm
por Aletheia
EL MAZO De LA SOMBRA
La atmósfera en el edificio se ha transformado en un campo de batalla invisible donde el olor a ozono quemado asfixia los pulmones. Los pasillos de servicio, habitualmente desiertos, resuenan con el eco de botas tácticas y respiraciones agitadas bajo una iluminación de emergencia de un rojo pulsante que desdibuja las facciones. Dentro de la sala, el aire es estático, cargado de una solemnidad violenta; el retorno de la electricidad no ha traído la luz, sino una penumbra fría que recorta las siluetas de los nuevos ocupantes como espectros de un poder antiguo e inapelable.
Durante el parpadeo de las luces y el caos de la oscuridad penetrante, la eficiencia de Orestes se despliega como una coreografía ensayada en la sombra. Dante, con una linterna táctica acoplada a su muñeca, abre paso hacia la salida de emergencia de los magistrados, mientras Fabián carga con Aymara, cuya desorientación por la ceguera la hace tambalearse. Eloy se aferra a la chaqueta de Orestes, guiado por la vibración de sus pasos ante la pérdida de señal de su implante por el inhibidor de frecuencia. Uriel, lejos de estar asustado, teclea en la oscuridad, interceptando las cámaras de seguridad para borrar el rastro de su huida. Los cinco se evaporan por el túnel técnico justo antes de que los cierres magnéticos se reactiven con un chasquido hidráulico.
En la Sala 03, la luz regresa con una fijeza quirúrgica. Marielba Montenegro permanece tras su estrado, con el mazo aún en la mano, respirando el aire viciado. Frente a ella, la puerta principal se abre de par en par para dar paso a una comitiva que hiela la sangre de los presentes. El Presidente del Tribunal Supremo avanza con una parsimonia aterradora, flanqueado por dos miembros del Consejo General del Poder Judicial cuyos rostros son máscaras de absoluta indiferencia institucional.
Marielba dice con acento granadino: "¡Esto es un atropello, Excelencia! Han boicoteado una vista pública con tácticas de guerrilla urbana. Exijo que se identifique a los responsables de la activación del protocolo de seguridad y que se retome la sesión de inmediato."
El Presidente del Tribunal Supremo se detiene frente al estrado, ignorando la posición de superioridad física de la jueza. Le tiende un sobre lacrado con el sello de la alta magistratura mientras sus ojos, grises y gélidos, la inmovilizan.
El Presidente habla con tono imperativo
El presidente del tribunal supremo dice: "Silencio, Magistrada Montenegro. Su conducta en este proceso ha dejado de ser una búsqueda de la verdad para convertirse en una cruzada personal que este Consejo no va a tolerar. Queda usted suspendida de este procedimiento con carácter inmediato. Se le hace entrega de la orden de recusación por falta de imparcialidad manifiesta. Sus vínculos emocionales con el perfil de las víctimas han contaminado el sumario de manera irreversible."
Marielba abre el sobre, sus dedos tiemblan de pura rabia mientras lee las líneas que desmantelan semanas de trabajo en segundos. Armand Bonheur da un paso al frente, su estatura y su mirada verde desafían la presencia de los consejeros.
Armand dice con acento parisino: "Excelencia, esto es una obstrucción a la justicia de manual. Tenemos pruebas periciales que vinculan a la IDO con crímenes de lesa humanidad. No pueden simplemente borrar el rastro porque el acusado sea un 'activo' del sistema."
El Fiscal, aún recuperando el aliento tras el impacto de lo ocurrido, asiente con firmeza al lado del abogado.
El fiscal dice: "Me sumo a la protesta de la defensa. El Ministerio Público no reconocerá la validez de esta suspensión sin una revisión de las pruebas consignadas."
El Presidente del Tribunal Supremo se gira hacia ellos, su expresión es una mueca de desprecio absoluto.
El Presidente dice: "Si me sacan de mis casillas, caballeros, los acusaré de desacato aquí mismo y me encargaré de que sus licencias sean papel mojado antes del amanecer. Sean agradecidos. El Consejo ha decidido, en un alarde de benevolencia, levantar todos los cargos contra el impedido Uriel E., asumiendo que su 'arrebato' fue producto de su inestabilidad cognitiva. En cuanto al Doctor Ferrer, se ordena su traslado inmediato a una clínica de rehabilitación privada bajo régimen de prisión preventiva flexible. No vamos a permitir que se revictimice a un hombre de su prestigio tras haber sido envenenado por un sujeto al que pretendía ayudar."
Marielba golpea el estrado con la mano desnuda, ignorando el mazo. El sonido es sordo y desesperado.
Marielba dice con acento granadino: "Lo están enviando a un hotel de cinco estrellas pagado por la IDO. Esto es una burla a Eloy, a Aymara y a todos los que ese monstruo rompió. ¡No me voy a callar!"
El Presidente le dedica una última mirada de advertencia mientras sus acompañantes empiezan a recoger los expedientes digitales de la mesa del fiscal.
El Presidente dice con tono imperativo: "Usted ya no tiene voz en esta sala, Montenegro. El caso IDO queda bajo secreto de sumario y supervisión directa del Consejo. Retírese antes de que la escolta tenga que acompañarla."
Armand aprieta los puños, su mandíbula marcada por la impotencia. Sabe que las reglas han cambiado y que, a partir de ahora, la justicia ya no se buscará en los tribunales, sino en la guerra abierta que Orestes está a punto de desatar.
Mientras la comitiva judicial sale de la sala, Armand recibe una notificación en su terminal encriptado. No es de Orestes. Es un mensaje de un número desconocido con una sola imagen: una fotografía de la Jueza Montenegro saliendo de su casa esa misma mañana, vista a través de la mira telescópica de un rifle de precisión. Debajo, un texto breve reza: "La próxima vez, el protocolo no será benevolente".
Re: [Trama El despertar de Themis]: Negocios Y Alianzas
Publicado: Dom Abr 12, 2026 9:26 pm
por Aletheia
EL RIESGO AÚN ACECHA
Comunidad de Madrid; Ático de Orestes - Salón Principal.
El salón es un vasto espacio de techos infinitos y paredes de cristal que enmarcan la silueta eléctrica de Neo-Madrid bajo una lluvia fina que empaña los vidrios. El mobiliario, de un minimalismo brutalista, alterna el cuero negro con el metal cepillado, iluminado por una luz indirecta que proyecta sombras alargadas sobre las alfombras de seda gris. En el centro, el bar de mármol exhibe botellas de cristal tallado, mientras el aire conserva un matiz a ozono residual y al perfume caro de Armand, mezclado con el olor metálico de la adrenalina que aún exudan los recién llegados.
La atmósfera es un campo minado de trauma y silencios densos. La seguridad del ático, lejos de relajar al grupo, parece subrayar la precariedad de su situación; el triunfo de haber escapado se pudre bajo el peso de la humillación sufrida en el juzgado. Existe una corriente alterna de posesividad y culpa: Fabián se mueve con una urgencia febril; su cuerpo es una sombra rígida para Aymara, mientras que Eloy vibra con una hostilidad silenciosa con los sentidos agudizados por el recuerdo del horror compartido que nadie más en la sala puede comprender.
Fabián deposita a Aymara en el sofá de cuero con una delicadeza que raya en la desesperación. No suelta sus manos, sus dedos buscan el pulso en las muñecas de ella con una frecuencia obsesiva. Su respiración es errática y sus ojos escanean el rostro de la joven, buscando cualquier señal de daño que no sea visible.
Fabián habla con tono angustiado
Fabián dice: "Aymara, mírame... bueno, escúchame. Estás a salvo. Nadie va a volver a ponerte una mano encima. Te juro por mi vida que Ferrer no se acercará a ti nunca más."
Aymara permanece rígida, con la espalda separada del respaldo y los hombros encogidos. Sus manos tiemblan levemente entre las de Fabián y sus ojos velados parecen fijos en un punto inexistente del suelo. El acento venezolano brota con una fragilidad quebradiza, casi inaudible.
Aymara dice con acento venezolano: "No es Ferrer, Fabián... es la sombra. Siento que el aire de esta ciudad todavía le pertenece a ellos. Me duele... me duele todo el cuerpo de solo pensar que volverán a encerrarme en ese piso."
Eloy da un paso hacia adelante, interponiéndose parcialmente entre Fabián y Aymara. Sus ojos se clavan en el médico con una desconfianza letal. Su mano derecha se cierra y se abre rítmicamente, un tic nervioso que aprendió bajo la tutela de Ferrer para no perder el control.
Orestes observa la escena desde la barra, sirviendo tres copas de whisky con una parsimonia que intenta inyectar orden al caos emocional. Dante permanece junto a la puerta, con los brazos cruzados, evaluando las salidas, mientras Uriel se desploma en un sillón individual, sacando su terminal con un gesto brusco.
Uriel dice con acento argentino: "Che, dejen de llorar que estamos vivos de pedo. El sistema se nos cagó de risa en la cara, pero por lo menos no estamos en una jaula. Dejen que el médico labure y no se pongan densos."
Armand se ajusta los puños de la camisa, su rostro es una máscara de profesionalismo herido tras la derrota en el tribunal.
Armand dice con acento parisino: "El joven tiene razón. La prioridad es estabilizar la situación legal, pero antes, la salud de los testigos es primordial. Fabián, controla tus nervios o no serás de ayuda."
De pronto, Aymara palidece de forma alarmante. Un sudor frío le perla la frente y su cabeza cae levemente hacia un lado. Sus dedos pierden fuerza y se deslizan de las manos de Fabián.
Fabián entra en pánico, rebusca en su maletín médico con manos torpes, derramando un frasco de antiséptico sobre la alfombra.
Fabián habla con desesperación
Fabián dice: "¡Está entrando en shock! ¡Aymara! Es el azúcar, tiene que ser el azúcar. Necesito el glucómetro, ¡rápido!"
Eloy, sin embargo, no grita. Se arrodilla frente a ella con una calma gélida y precisa. Antes de que Fabián pueda reaccionar, Eloy ya ha detectado el temblor específico en los párpados de Aymara y el olor agridulce en su aliento. Aparta la mano de Fabián con un empujón seco y firme. Eloy saca del bolsillo de la chaqueta de Aymara un pequeño sobre de glucosa en gel que ella siempre lleva consigo y se lo administra con destreza, masajeando su garganta para facilitar la deglución.
Eloy habla con voz varonil y dificultosa
Eloy dice: "Tú... no sabes. Yo... sí. Yo... la vi... morir muchas veces. Tú... no estabas."
Aymara comienza a recuperar el color lentamente, apoyando su cabeza en el hombro de Eloy. La conexión entre ambos es un muro infranqueable de dolor compartido; se entienden en una frecuencia que Fabián, con toda su ciencia y su amor latente por ella, no puede sintonizar.
Fabián se queda paralizado, de rodillas, con las manos vacías y manchadas de antiséptico. La humillación le quema el pecho. Mira a Eloy y ve en el joven sordo no solo a una víctima, sino al guardián que ocupó su lugar cuando él falló. La furia y la impotencia estallan en su mirada, chocando contra la fijeza protectora de Eloy.
Fabián se pone en pie de un salto, evitando mirar a Orestes o a Dante. Su rostro está encendido y la vena de su cuello late con fuerza. Cruza el salón a zancadas, golpeando accidentalmente una silla de metal que resuena en todo el ático.
Fabián murmura con tono colérico
Fabián murmura: "Maldita sea... maldito sea Ferrer y maldita esta ciudad."
Fabián sale hacia la terraza, cerrando la puerta de cristal con una violencia que hace vibrar los marcos. En el salón, el silencio regresa, solo roto por la respiración más tranquila de Aymara y el tecleo incesante de Uriel, quien no levanta la vista de su pantalla.
Orestes camina hacia la mesa y deja una copa frente a Eloy.
Orestes dice con acento cretense: "Bien hecho, Eloy. Pero recuerda: en esta casa, el enemigo está fuera de esos cristales, no dentro de este salón."
Eloy no responde; simplemente abraza a Aymara con más fuerza, mientras ella oculta su rostro en su pecho, huyendo de un mundo que todavía no puede ver, pero que siente que la acecha.
En la terraza, Fabián golpea el barandal de acero hasta que sus nudillos sangran. No nota que, en el edificio de enfrente, un destello óptico lo apunta directamente al corazón. En el salón, el terminal de Uriel emite un pitido rojo. El joven argentino palidece.
Uriel murmura con acento argentino: "No... no puede ser. Borraron el expediente de Aymara del registro civil. Oficialmente... ella ya no existe."
Re: [Trama El despertar de Themis]: Negocios Y Alianzas
Publicado: Dom Abr 12, 2026 9:27 pm
por Aletheia
EL PRECIO DE LA SOBERANÍA
Ático de Orestes - Despacho
El despacho es un santuario de orden y autoridad, donde la penumbra solo retrocede ante el brillo ámbar de unas pocas lámparas de diseño. Las paredes están revestidas de madera de nogal oscura, cuya superficie absorbe el eco de las palabras. Un escritorio monumental de ébano domina el centro, flanqueado por estanterías que custodian tomos de cuero y terminales de datos discretos. A través de los ventanales reforzados, la silueta de Neo-Madrid se extiende como un tapiz de luces eléctricas y bruma metálica, recordando constantemente la inmensidad de la ciudad.
El ambiente carga con una pesadez eléctrica, una mezcla de triunfo amargo y paranoia contenida. No hay celebración en el aire, sino la certeza de que cada victoria concedida por el sistema es, en realidad, una nueva forma de cautiverio. La tensión se manifiesta en el silencio rígido de Orestes y en la inquietud eléctrica de Uriel, mientras que la presencia de Dante aporta una sobriedad gélida que actúa como el único contrapeso ante la incertidumbre del futuro legal del muchacho.
Uriel permanece sentado sobre el borde del escritorio de ébano, balanceando una pierna con un ritmo errático. Sus dedos tamborilean sobre la pantalla de su dispositivo personal, donde un comunicado oficial del Ministerio de Justicia parpadea con una insistencia molesta. Sus ojos, ocultos tras las gafas polarizadas, escanean el texto una y otra vez.
Uriel dice con acento argentino: "Mirá vos qué generosos los tipos. Me perdonan la vida por el asunto de Gabo y el veneno del Doto, pero me ponen una correa de cuero bien cortita. Dice acá que soy libre de cargos, pero que sigo siendo un activo de riesgo. Básicamente, si quiero pisar la calle sin que un dron me vuele la nuca, necesito un tutor de pleno derecho que firme por mis macanas. Me quieren cambiar una celda por un patio con dueño, ¿se entiende? No sé cómo no me volaron del sistema como hicieron con Aymi y Eloy"
Orestes permanece de pie junto al ventanal, de espaldas al grupo. Sus manos se entrelazan tras la espalda, apretándose con una fuerza que delata su indignación. Se gira lentamente, clavando una mirada gélida en el terminal holográfico que flota sobre la mesa.
Orestes dice con acento cretense: "Es el movimiento clásico de la institución. No buscan justicia, buscan control. Te devuelven la libertad física a cambio de un rehén legal. Quien firme ese documento se convierte en el responsable de cada uno de tus suspiros ante la ley. Es una trampa diseñada para que nadie se atreva a dar el paso."
Dante da un paso al frente desde la penumbra de la biblioteca lateral. Su postura es recta, casi militar, y su rostro no refleja duda alguna. Observa a Uriel con una fijeza que obliga al joven a detener el balanceo de su pierna.
Dante dice con acento veneciano: "Yo firmaré, Uriel. Conozco tus capacidades y entiendo tu temperamento mejor que cualquier burócrata. Si el sistema necesita un nombre para dejar de cazarte, que sea el mío. No seré tu carcelero, seré el escudo que te permita operar sin que el Ministerio te respire en el cuello, pero a cambio, tu talento pertenece a esta mesa."
Uriel se tensa y arruga el ceño, soltando una risa corta y carente de humor. Cruza los brazos sobre el pecho, ocultando el temblor de sus manos tras una máscara de arrogancia defensiva. Mira a Dante de arriba abajo, buscando una grieta en su oferta.
Uriel dice con acento argentino: "¿Vos, veneciano? Mirá que no soy un pibe fácil de arrear. Si firmás eso, te comprás todos mis quilombos de acá a la eternidad. ¿Estás seguro de que querés que el Estado te golpee la puerta cada vez que yo decida entrar donde no me llaman?"
Dante sostiene la mirada del muchacho sin pestañear. La determinación en sus ojos es absoluta, una lealtad forjada en años de servicio a la voluntad de Orestes.
Dante dice con acento veneciano: "He sobrevivido a cosas mucho peores que una auditoría estatal, muchacho. Acepta el trato o prepárate para volver a la prisión mañana mismo. No tenemos tiempo para tu orgullo."
Uriel exhala un suspiro prolongado y deja caer la cabeza hacia atrás por un instante. Finalmente, extiende la mano hacia el dispositivo y desliza el dedo sobre la pantalla, aceptando los términos de la vinculación legal.
Uriel dice con acento argentino: "Está bien, acepto. Pero después no te quejés si te llega alguna notificación por exceso de velocidad en la red. Sos mi tutor, aguantátela."
Orestes asiente con aprobación y activa el comunicador de su escritorio. Su voz recupera ese tono de mando que no admite réplicas ni demoras.
Orestes dice con acento cretense: "Armand, entra en el despacho. Necesito que formalices el trámite de tutela de inmediato. Dante se hará cargo de Uriel ante el Ministerio. Asegúrate de que no quede ni un solo resquicio legal que la IDO pueda usar para revocar esta libertad. Quiero ese documento sellado antes de que termine el día."
Armand Bonheur entra en la estancia con la elegancia de un depredador sofisticado. Ajusta los puños de su camisa y toma nota mental de las instrucciones, observando a Uriel con una mezcla de curiosidad y respeto profesional.
Armand dice con acento parisino: "Consideradlo hecho, Orestes. Prepararé los contratos de responsabilidad civil y la vinculación domiciliaria. Mañana, Uriel será, a efectos legales, una sombra de Dante. El sistema no tendrá nada que reclamar."
Orestes asiente Y clava los ojos en Dante.
Orestes dice con acento cretense: "Habla con nuestro buen amigo en común, creo que aquí, nuestro Uriel necesita un desafío que lo mantenga entretenido y con su inteligencia a nuestro servicio. Estoy seguro que él y su bellísima compañera sabrán cómo canalizarlo."
Dante dice con acento veneciano: "Así será, Orestes."
Uriel mira a ambos hombres con el entrecejo fruncido.
Uriel dice con acento argentino: "¿De quién hablás?"
Orestes sonríe enigmático.
Orestes dice con acento cretense: "Lo sabrás a su tiempo."
Re: [Trama El despertar de Themis]: Negocios Y Alianzas
Publicado: Dom Abr 12, 2026 10:01 pm
por Aletheia
PERMANECER CAÍDOS NO ES UNA OPCIÓN
Comunidad de Madrid; Ático de Orestes - Salón y Área de Entrenamiento.
El salón principal se ha transformado en un circuito de obstáculos bajo la luz cruda de los focos cenitales. El mobiliario minimalista de cuero y metal se encuentra desplazado hacia las paredes, dejando espacio a una serie de dispositivos de rastreo sensorial y balizas acústicas que emiten pulsos intermitentes. El aire huele a café cargado y al sudor frío de la concentración extrema; a través de los cristales, Neo-Madrid se ve como un monstruo de neón que espera devorar a los que no logren demostrar que pueden caminar sobre sus propias piernas.
La atmósfera está cargada de una urgencia desesperada, una vibración de supervivencia que tensa los músculos de los presentes. Aymara y Eloy no solo luchan contra sus limitaciones físicas, sino contra el terror de ser borrados por un sistema que ya los ha declarado inexistentes en sus registros. El miedo a caer de nuevo en un piso tutelado, bajo el mando de un extraño, flota en el ambiente como un gas asfixiante, mientras que la figura de Hanna aporta una rigidez profesional que no deja espacio para la autocompasión.
Hanna entra en el salón con movimientos precisos y atléticos, vestida con ropa técnica oscura. No saluda con afecto; deja caer una carpeta metálica sobre la mesa de mármol y observa a los jóvenes con una mirada clínica que los despoja de cualquier barniz de victimismo.
Hanna habla con tono autoritario
Hanna dice: "No me importa lo que hayan sufrido bajo Ferrer. el tribunal de Calificación Civil del CADS no tiene corazón, tiene protocolos. Si no pasan la prueba de autonomía en dos semanas, cualquier funcionario con un sello podrá llevarlos a un centro de reclusión de impedidos. Eloy, tú harás pruebas de oralización bajo estrés y decodificación de señales visuales sin tu implante; sí, manejas la lengua de signos a la perfección, pero al tribunal eso no le interesa, ya lo sabes. Aymara, tú demostrarás orientación espacial en entornos dinámicos y gestión financiera sin asistencia. Si fallan, pierden la protección de Orestes."
Aymara aprieta los puños hasta que sus nudillos palidecen, sintiendo el vacío del sistema en sus huesos. La ausencia de sus datos en el registro nacional la hace sentir como un fantasma que camina.
Aymara dice con acento venezolano: "No somos niños, Hanna. Sabemos lo que nos estamos jugando. Ese sistema nos quiere invisibles, pero yo no voy a dejar que me encierren otra vez en la oscuridad de una habitación por no saber caminar una calle."
Durante la primera semana, el entrenamiento es una tortura de repetición. Hanna obliga a Aymara a cruzar el salón mientras Orestes y ella mueven los muebles y activan ruidos de tráfico simulado a través de los altavoces. Aymara tropieza, cae de rodillas contra el suelo de piedra volcánica y gime de frustración.
Aymara golpea el suelo con la palma de la mano, con las mejillas encendidas por la rabia.
Aymara dice con acento venezolano: "¡Es imposible! Las balizas no son suficientes, el eco se pierde con tanto ruido."
Hanna se arrodilla a su lado, pero no la ayuda a levantarse. Le sujeta la barbilla con firmeza, obligándola a orientar el rostro hacia ella.
Hanna habla con tono gélido
Hanna dice: "El mundo real es ruido, Aymara. Ni la IDO ni ningún ministerio te van a pedir perdón si un coche te atropella. Levántate y vuelve a empezar."
Eloy observa la escena con los ojos encendidos, sufriendo cada caída de Aymara. Hanna lo intercepta y le apaga el implante coclear mediante un mando a distancia. Eloy se tensa, sumido en el silencio absoluto. Ella le lanza una serie de fichas con comandos visuales rápidos y él debe responder de forma oral, controlando el volumen y la dicción de su voz.
Eloy falla la tercera palabra y lanza un grito ronco, golpeando la pared. Su pecho sube y baja con violencia; la impotencia de no oír su propia rabia lo desgarra.
Orestes interviene, cruzándose en el camino de Hanna con una calma que contiene una advertencia silenciosa.
Orestes dice con acento cretense: "Dales un respiro, Hanna. No son máquinas. El trauma de Ferrer todavía está fresco bajo su piel."
Hanna habla con tono profesional
Hanna dice: "Ferrer es el pasado. El Ministerio es el futuro. Si no son perfectos, son propiedad del Estado."
La segunda semana marca un punto de inflexión. Aymara deja de chocar contra los obstáculos; empieza a "sentir" el desplazamiento del aire y el rebote de sus propios pasos. Logra cruzar el salón en menos de treinta segundos, incluso cuando Hanna lanza objetos al suelo para desorientarla. Al llegar al otro lado, Aymara sonríe, una expresión de triunfo puro que ilumina sus facciones.
Eloy, por su parte, logra mantener una conversación de diez minutos con Orestes sin usar el implante, leyendo los labios y ajustando su tono de voz con una precisión asombrosa. Al terminar, Hanna le devuelve el sonido y asiente brevemente en señal de respeto.
Orestes sirve copas de zumo y agua para los jóvenes, observándolos con un orgullo que rara vez permite que se note en su voz.
Orestes dice con acento cretense: "Han hecho lo que pocos ciudadanos de pleno derecho serían capaces de hacer bajo esta presión. Mañana sabremos si el sistema se atreve a cuestionar lo que yo ya sé: que son más libres que cualquiera en esa oficina."
Aymara y Eloy se abrazan en el centro del salón, celebrando el logro de haber recuperado, al menos en el entrenamiento, el mando sobre sus cuerpos. Sin embargo, el momento de paz se rompe cuando el terminal de la mesa emite un pitido agudo y oficial.
Orestes se acerca y abre el documento electrónico desde su bandeja de correo. Sus ojos recorren las fechas.
Orestes gira la pantalla hacia ellos. Dos comunicaciones oficiales con el sello dorado del Tribunal de Calificación del CADS de Neo-Madrid brillan en la penumbra.
Orestes dice con acento cretense: "Ya está aquí. Aymara, tu entrevista es el lunes a las nueve. Eloy, la tuya es el martes. Los han citado en la sede central de la calle de Embajadores. Es hora de demostrar que no necesitan dueños."
Aymara siente un escalofrío recorrerle la espalda, pero esta vez no retrocede. Sujeta la mano de Eloy con fuerza, preparándose para la batalla final por su identidad.