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Re: Trapani: Muralla de Honor y fuego.

Publicado: Mar Abr 07, 2026 6:38 am
por Larabelle Evans

el amor sepultado bajo el miedo.

Punto de vista: Michele.


Dalila camina a paso vivo por el pasillo todavía con el corazón convertido en una locomotora y el aroma de las flores en la nariz.
Dalila le hace señas a Giorgio para que se quite de la puerta del despacho.
Dalila abre sin tocar, entra y cierra tras de sí.
Michele está frente al portátil enviando unos correos a Leila.
Michele levanta la vista y sonríe al verla.
A Dalila el corazón le da un vuelco.
Dices con acento Trapanés: "Ciao Dalila. "
Dalila dice con acento milanés: "ciao..."
Dices con acento Trapanés: "estai molto bella hoy."
Dalila murmura con acento milanés: "no... no puedes decirme esas cosas."
Michele sonríe con picardía.
Dalila está dubitativa entre acercarse o quedarse donde está.
Dices con acento Trapanés: "Porque, no. Io siempre digo la verdad."
Dalila cierra los ojos. su pecho sube y baja con rapidez.
Michele la mira envelesado, quiere acercarse, pero no quiere asustarla.
Dalila murmura con acento milanés: "dio mio, Michele, tú... tu quieres volverme loca."
Niegas con la cabeza.
Dices con acento Trapanés: "A menos que sea por mí. "
Michele sonríe.
Dalila lo mira fijamente.
Dices con acento Trapanés: "Te dije que lucharía por tí, y hablaba muy en serio bella."
Dalila murmura con acento milanés: "no juegues con eso, per favore."
Niegas con la cabeza.
Dalila se ruboriza un poco, ella no está acostumbrada a esas manifestaciones.
Dices con acento Trapanés: "No. Ya no haría nada que te lastimara. Solo quiero demostrarte que eres lo más importante para mí."
Dalila da un paso hacia el escritorio.
Dalila dice con acento milanés: "yo... yo quería..."
El corazón de Michele se acelera al sentirla acercarse.
Dalila le mira la boca, luego asciende a esos ojos que son su perdición.
Dalila murmura con acento milanés: "grazie... las flores... son hermosas."
Michele se pierde en sus ojos, mirándola enamorado.
Dices con acento Trapanés: "espero haber cumplido mi objetivo de alegrarte el día."
Dalila da otro paso...
Dalila recuerda su reacción al ver las flores.
Dalila da otro paso hacia él.
Las palabras de la tarjeta pasan frente a sus ojos. Cada una se convierte en un paso que la lleva hasta él, incapaz de reprimir sus sentimientos o lo que sea que le esté pasando dentro.
Murmuras con acento Trapanés: "dalila..."
Dalila lo mira a los ojos.
Dalila lleva sus dedos a su boca; luego los posa sobre sus labios.
Dalila los deja más tiempo que otras veces y sus ojos se le empañan llenos de lágrimas que no derrama.
Michele se anima y se acerca a ella acortando la distancia.
Michele mira sus ojos con llanto reprimido.
Michele le toma el rostro entre las manos.
Dalila murmura con acento milanés: "si tuviera otra vida, una diferente a la mía, limpia... me encantaría haber sido tu hogar."
Dices con acento Trapanés: "No principesssa. No estés así.Déja de decir esas cosas. Tú eres mi hogar, mi vida entera."
Michele le acaricia el rostro.
Dalila niega suavemente. Una lágrima se le escapa, furtiva.
Dalila murmura con acento milanés: "yo no puedo ser tu hogar... tú eres demasiado ... demasiado todo."
Dices con acento Trapanés: "Díme lo que te atormenta Dalila. Confía en mí, en lo que sentimos. "
Dalila da un paso atrás.
Dalila murmura con acento milanés: "no...no no no ... no puedo. no puedo."
Michele la mira con tristeza.
Dalila va retrocediendo con el miedo reflejado en los ojos.
Murmuras con acento Trapanés: "Dalila, Io, te necesito en serio te necesito... No me dejes solo, no me apartes de tí sin darme una oportunidad."
Dalila tiembla sin poder controlar su cuerpo.
Dices con acento Trapanés: "Díme qué o quien te asusta. Juro que nada te hará daño Dalila. confía en mí..."
Michele se acerca abrazándola.
Michele la abraza fuerte, con amor, buscando ser su refugio.
Dalila se rompe
Michele la sostiene en sus brazos, la acaricia con delicadeza y ternura.
Dalila se aferra a su camisa.
Murmuras con acento Trapanés: "Háblame bonita, dime qué te está haciendo tanto daño."
Dalila se va serenando
Dalila levanta el rostro surcado de lágrimas.
Michele acaricia y limpia las lágrimas de su rosstro. el corazón se le quiebra al ver a la mujer que a ama romperse sin él poder ayudarla.
Dalila murmura con acento milanés: "perderte... porque si lo sabe... si lo ssabe yo seré la única culpable de tu muerte."
Dalila murmura con acento milanés: "no me hagas eso, per favore. No podría soportar eso... no tú... no tú."
Dices con acento Trapanés: "Si lo sabe quien?. De quien hablas amore. Dime, nadie va a matarme. "
Dices con acento Trapanés: "Tú no vas a ser culpable de nada dalila. Quien te está atormentando de esa manera."
Dalila se horroriza por haber cometido el desliz de hablar.
Michele no la suelta, la mantiene en sus brazos con firmeza.
Dices con acento Trapanés: "Dali. Dime, per favore necesito saber. Quiero defenderte, protegerte."
Dalila murmura con acento milanés: "per favore, per favore. déjame ir, "
Michele la mira con los ojos llenos de lágrimas, impotencia y amor.
Dalila dice con acento milanés: "nadie pudo, nadie puede hacerlo ahora. Yo tengo que mantenerme firme, tengo que..."
Dices con acento Trapanés: "Voy a buscar a quien te está atormentando Dalila. juro que voy a acabar con esto. No voy a dejar que te alejen de mí. "
Michele la suelta despacio, dolorosamente.
Dalila dice con acento milanés: "tengo que evitar justo eso... prométeme que no saldrás de aquí solo, que no te irás a buscar ninguna vendetta. Júramelo Michele."
Dices con acento Trapanés: "Tú me quieres. Y no dejaré que el miedo nos separe Dalila. Tenlo por seguro."
Dalila le cubre la boca.
Michele la mira a los ojos con determinación.
Dalila murmura con acento milanés: "no lo digas.... no lo repitas, per favore."
Michele le vuelbe a tomar el rostro entre las manos, se atrebe a besarla con amor.
Dalila intenta debatirse, pero su cuerpo actúa primero que su mente y se rinde.
Dalila responde al beso en la misma medida que Michele la urge, la desafía.
Michele se abre camino saboreando sus labios.
Dalila tiembla y se le escapa un gemido.
Michele la pega a su cuerpo, no con lujuria desmedida sino con ternura, amor. Con ganas de no dejarla ir.
Dalila se separa de él, respira agitada.
Dalila murmura con acento milanés: "per favore. Michele."
Murmuras con acento Trapanés: "Ti amo dali... Entiende que ti, amo..."
Ella se estremece cada vez que oye sus palabras.
Murmuras con acento Trapanés: "No temas más. Déjame ser tu refugio, tu paz. Déjame estár a tu lado..."
Dalila lo mira y el anhelo se refleja en sus ojos.
tocan a la puerta varias veces.
Murmuras con acento Trapanés: "tus ojos no mienten amore. Me quieres aunque tus labios no quieran decirlo."
Dalila vuelve a taparle la boca.
El sonido en la puerta se repite.
Dalila lucha para recomponerse.
Michele la suelta despacio y se queda de pie junto al escritorio.
Dalila camina hacia la puerta.
Michele se limpia su propio llanto.
Rocco está del otro lado, se inclina para hablarle y ella asiente.
Dalila murmura con acento milanés: "iré enseguida."
Michele mira a Dalila sin comprender.
rocco la observa, ceñudo. intenta ver hacia dentro del despacho y ella se lo impide.
Dalila murmura con acento milanés: "tutto bene, Rocco."
Rocco no parece convencido, pero finalmente se aleja.
Dalila lo ve alejarse.
Dalila se vuelve hacia Michele.
Dices con acento Trapanés: "Principessa..."
Dalila dice con acento milanés: "Michele, per favore. sé que no puedes entenderme, pero quiero que sepas que todo lo que hago es para cuidarte, todo lo que hago es por ti. "
Michele suspira triste.
Dices con acento Trapanés: "Dalila, yo solo necesito tu amor. No Quiero seguir así. No dejes que el miedo te consuma."
Dalila dice con acento milanés: "grazie por las flores, nunca... nunca había recibido algo tan hermoso."
Dalila lo mira con determinación.
Dices con acento Trapanés: "Tú te mereces todo Dalila. Yo quiero dártelo. Construír un futuro contigo."
Michele la mira suplicante.
Dalila dice con acento milanés: "Prefiero que el miedo me mate a que tú mueras."
Dalila murmura con acento milanés: "si tu mueres, se acabó todo para mí."
Dalila sale del despacho y cierra tras de sí.
Michele permaneció de pie, solo, en el centro del despacho. El aroma de Dalila y el ligero perfume de las flores frescas que le había regalado flotaban en el aire, mezclándose con la desesperación. Se llevó una mano al pecho, justo donde el corazón latía salvajemente, y luego a los labios, reviviendo la urgencia del beso que ella había correspondido con una intensidad prohibida.
Pero las últimas palabras de ella lo habían helado: "Prefiero que el miedo me mate a que tú mueras."
La rendición en el beso, el llanto furtivo, la súplica de que él no saliera a buscar venganza... todo apuntaba a una sola y terrible conclusión. El miedo de Dalila no era una simple cicatriz emocional; era una amenaza activa, un depredador que la acorralaba y que la había convencido de que la única forma de proteger a Michele era negarle su amor.
Se apartó del escritorio con una furia silenciosa que nada tenía que ver con la de Alessio Santoro. Era una furia fría, calculada, alimentada por el amor más puro. Ya no era suficiente con vengar a Concettina o ganar la guerra de la Cosa Nostra. Ahora, la guerra más importante era por el alma de Dalila.
La expresión de su rostro era la de un hombre que acaba de recibir una orden de ejecución, con la salvedad de que la víctima sería el fantasma que aterrorizaba a su principessa.

Re: Trapani: Muralla de Honor y fuego.

Publicado: Mié Abr 08, 2026 3:25 am
por Larabelle Evans

Bajo la sombra del secreto.

Punto de vista: Michele.


Sicilia; Villa Ferrari — Despacho del Consigliere- Atardecer.
El despacho de Michele se sentía pesado, un ambiente denso forjado por la culpa no resuelta y la frustración. Las cortinas de terciopelo verde musgo estaban corridas, ahogando la luz de la tarde y dejando la habitación en una penumbra artificial. Michele estaba sentado en su sillón de cuero, con el rostro hundido en las manos. La mesa de caoba estaba impoluta, un reflejo de su mente ordenada que, sin embargo, no lograba poner en paz su corazón.
Un golpe discreto en la puerta rompió el silencio.
"Avanti," dijo Michele, su voz ronca y desprovista de su habitual autoridad.
Karlo entró, cerrando la puerta tras de sí. Su semblante, usualmente desenfadado, era de seriedad absoluta. Llevaba en el rostro el eco de la confesión de Giovanna, un peso que no podía cargar solo.
Karlo Dice con acento siciliano: "Ciao, Consigliere. Tenemos que hablar."
Michele levantó la cabeza, su mirada denotaba cansancio.
Karlo se acercó al escritorio, sin sentarse.
Karlo Dice con acento siciliano: "Consigliere, necesito unas palabras contigo. Es por Dalila."
El nombre de Dalila actuó como una descarga eléctrica, enderezando a Michele en su asiento. El cansancio se transformó en una tensión inmediata.
Karlo Dice con acento siciliano: "Es sobre por qué ella está así. Por qué te mantiene lejos."
Karlo tomó una respiración profunda.
Karlo dice con acento siciliano, "Anoche, hablé con Giovanna. Ella me lo contó todo. Me contó el infierno de Dalila."
Michele lo miró con el ceño fruncido, la confusión mezclada con una desesperación feroz.
Michele dice con acento trapanés: "¿Qué dices, Karlo? ¿Qué te contó?
Karlo Dice con acento siciliano: "Tienes que escucharme si quieres entender por qué ella tiene miedo de amarte."
Karlo procedió a contar la historia que Giovanna le había confiado, cada palabra saliendo con la cautela de quien desarma una bomba. Habló del contrato matrimonial de Riccardo Vescovi, de los catorce años que tenía Dalila, de Francesco y Fulvio Fratinelli. No omitió la parte más oscura, el cautiverio de dos años, la tortura, el abuso constante.
Michele escuchaba en un silencio mortal, su rostro pasando de la incredulidad a una palidez enfermiza. Sus manos se aferraron a los brazos del sillón con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos.
Cuando Karlo mencionó a Fabrizio, y cómo él "no hizo nada para detenerlos," el control de Michele se resquebrajó.
La voz de Karlo se apagó, dejando el peso de la atrocidad flotando en el aire.
Michele se levantó de golpe, la silla chirriando contra el suelo de mármol. El aire abandonó sus pulmones en un jadeo.
Michele dice con acento trapanés: "Non è vero... non è vero," repitió, la negación luchando contra la terrible certeza que le oprimía el pecho. Los ojos se le llenaron de lágrimas que ardían por salir, pero que él se negaba a derramar.
Karlo Dice con acento siciliano: "Es la verdad, Consigliere. Es el secreto que borraron. Y es la razón por la que te tiene a distancia."
Michele caminó hasta la ventana, dando la espalda a Karlo. Sus hombros se hundieron, la imagen de la fuerza inquebrantable que proyectaba la Famiglia se desmoronó.
Michele dice con acento trapanés, la voz temblando por primera vez en años: "Due anni... madonna santa... due anni a mani di quei... animali."
Se detuvo, su mente recreando la imagen de su jefa di Sicurezza, la mujer fuerte y mordaz que amaba, como una niña rota, a merced de monstruos. El dolor era físico, un cuchillo retorciéndose en su entraña.
Karlo Dice con acento siciliano: "Ella no quiere que lo sepas. Piensa que... que está sucia. Que no merece ser amada. Que tú mereces una mujer 'completa'."
Michele giró, las lágrimas finalmente desbordando sus párpados. Eran lágrimas de pura impotencia y rabia homicida.
Michele dice con acento trapanés, golpeando la pared con el puño cerrado: "¡Maledetto Fabrizio! ¡Maledetto!
Michele se desplomó de nuevo en el sillón, cubriéndose la cara con las manos temblorosas. El Consigliere, el hombre de hierro de la Famiglia, estaba quebrado.
Michele dice con acento trapanés, en un sollozo ahogado: "Por eso me mira con miedo a veces. Por eso se congela si la toco sin avisar. Mio Dio, ¿cómo no me di cuenta? Ella es la mujer más valiente que he conocido, y la han roto. Y yo... sin hacer nada para protegerla."
Karlo Dice con acento siciliano: "Michele, ella no te quiere lejos. Ella te está protegiendo. Fabrizio la amenazó. Le dijo que si te acercabas... él te haría daño. Ella cree que sacrificarse es la única manera de que tú sobrevivas."
Michele retiró las manos de su rostro, sus ojos inyectados en sangre por la furia contenida y el llanto. La pena se había solidificado en una determinación helada.
Michele dice con acento trapanés: "Se acabó. Non più. Fabrizio Fratinelli se va a arrepentir de haber nacido.
Michele no esperó. La confesión de Karlo había destrozado el último vestigio de su compostura. El dolor por Dalila era una herida abierta, pero la rabia por Fabrizio era un motor frío y letal. La villa Ferrari se convirtió en el escenario de su fuga.
Se levantó del sillón con una rigidez sobrenatural, la furia concentrada y sin control. En menos de un minuto, había cruzado el despacho, dejando la puerta abierta tras de sí como una herida en la madera. No se detuvo a pensar, ni a tomar más armas. La Beretta que llevaba en el cinto y la determinación asesina eran su única munición.
Karlo lo siguió, corriendo.
Karlo dice con acento siciliano: "¡Michele, espera! ¡No puedes ir solo! ¡No podemos ir a lo loco!"
Pero Michele ya estaba en el ala de estacionamiento, su traje arrugado y su rostro una máscara de piedra. Abrió la puerta de su Mercedes-AMG, la figura de la Regina de la Famiglia estaba lejos de sus pensamientos. Solo existía la imagen de una niña rota, y el rostro impasible del cobarde que la había traicionado.
Karlo alcanzó el coche justo cuando Michele encendía el motor, el rugido del V8 resonando en el silencio de la mañana.
Karlo dice con acento siciliano: "¡No irás sin mí, Consigliere!
Michele no respondió. Solo esperó a que Karlo se abrochara el cinturón. La única respuesta fue el chirrido de los neumáticos al acelerar, saliendo de la Villa Ferrari como un proyectil que buscaba la destrucción.
Sicilia; Autovía A18: Catania - San Gregorio
La carretera bajo el Etna era un borrón a esa velocidad. Michele conducía con una imprudencia que Karlo nunca le había visto, devorando la distancia que lo separaba de la fortaleza de Fabrizio Fratinelli. Cada cambio de marcha, cada pisotón en el acelerador, era un golpe de martillo contra la pared de su impotencia.
Karlo dice con acento siciliano: "¡Baja la velocidad, por el amor de Dios! ¡Nos van a parar! ¡Necesitamos un plan!"
Michele dice con acento trapanés, la voz grave y temblorosa de rabia: "El plan es simple, Karlo. Voy a entrar, voy a sacar a ese pezzo di merda de su guarida y voy a partirle la cara por cobarde. Por dejar que esos animales tocaran a Dalila. Y si tengo que matarlo, lo haré sin dudar."
Karlo dice con acento siciliano: "¡Fabrizio es un miembro de la Cúpula! ¡No puedes matarlo sin la venia de Leila! ¡Lo arruinarás todo! ¡Dalila no querría esto!"
Michele soltó una carcajada amarga, seca.
Michele dice con acento trapanés: "¡¡Nada! ¡No voy a pedir permiso a nadie para vengar el dolor de la mujer que amo!"
Karlo entendió que la lógica había abandonado a Michele. En ese momento, no era el Consigliere; era el hombre al que habían herido en lo más profundo de su ser. Un hombre que había fallado en proteger, pero que estaba dispuesto a morir para redimirse.