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Re: Cosa nostra- en la oscuridad de la mafia
Publicado: Vie Mar 20, 2026 11:15 pm
por Larabelle Evans
“Reacomodo”
Punto de vista: Alessio.
Palermo había empezado a moverse otra vez, pero no con normalidad. Con urgencia. Con cálculo. Las grúas seguían trabajando, las calles aún mostraban marcas de agua en los muros bajos y los comercios abrían con horarios irregulares. La ciudad no estaba estable. Estaba en transición.
Dos semanas habían pasado desde las primeras negociaciones en el puerto.
Alessio ya no caminaba como alguien que busca sostenerse. Caminaba como alguien que volvía a ocupar espacio.
El edificio que utilizaba ahora como centro operativo no era la Villa. Era una oficina discreta cerca del puerto, con vista parcial a los contenedores y al movimiento constante de carga. Un lugar funcional. Sin historia familiar.
Dentro, el aire olía a café reciente y a papel.
Sobre la mesa había planos, contratos, rutas marítimas marcadas con bolígrafo azul.
Francesco Genco estaba de pie junto a un mapa.
Francesco Genco dice con acento siciliano, “Si abrimos esta ruta hacia el sur, reducimos tiempos de entrega en un quince por ciento. Pero necesitamos garantizar combustible constante.”
Alessio observaba sin interrumpir.
Alessio dice con acento palermitano, “El combustible no será problema. Ya hablé con proveedores en Calabria.”
Emanuele Bellacera se recargó en la silla, cruzando los brazos.
Emanuele Bellacera dice con acento siciliano, “Estás expandiendo rápido.”
Alessio lo miró sin incomodarse.
Alessio dice con acento palermitano, “La ciudad necesita rapidez. Y yo necesito posicionarme antes de que lleguen los fondos públicos.”
Giuseppe Rinaldi abrió una carpeta con nuevos informes.
Giuseppe Rinaldi dice con acento siciliano, “Los drenajes en la zona industrial siguen colapsando en lluvias menores. Si no intervenimos pronto, habrá más cierres.”
Alessio asintió.
Alessio dice con acento palermitano, “Entonces intervenimos nosotros.”
Silencio breve.
Emanuele lo observó con más atención.
Emanuele Bellacera dice con acento siciliano, “¿Nosotros… o tú?”
Alessio no sonrió.
Alessio dice con acento palermitano, “Nosotros. Pero con liderazgo claro.”
Francesco apoyó la mano sobre la mesa.
Francesco Genco dice con acento siciliano, “Eso implica inversión inmediata.”
Alessio respondió sin dudar.
Alessio dice con acento palermitano, “Y retorno asegurado.”
La conversación continuó con números. Sin alzar la voz. Sin promesas vacías.
Era un acuerdo en construcción.
El teléfono de Alessio vibró sobre la mesa.
No miró de inmediato. Terminó de escuchar a Giuseppe.
Giuseppe Rinaldi dice con acento siciliano, “Si se aprueba hoy, en diez días podemos empezar obras.”
Alessio asintió.
Alessio dice con acento palermitano, “Se aprueba.”
Luego tomó el teléfono.
Mensaje cifrado. Canal interno.
No era de Kenia.
Lo abrió.
Leyó una vez. Luego otra.
Su expresión no cambió de inmediato. Solo su postura.
Emanuele lo notó.
Emanuele Bellacera dice con acento siciliano, “¿Problema?”
Alessio levantó la vista.
Alessio dice con acento palermitano, “Catania.”
Silencio.
Francesco frunció el ceño.
Francesco Genco dice con acento siciliano, “¿Qué pasa con ellos?”
Alessio apoyó el teléfono sobre la mesa.
Alessio dice con acento palermitano, “Leila destituyó a Chiara.”
Eso generó una reacción inmediata.
Giuseppe levantó la mirada.
Giuseppe Rinaldi dice con acento siciliano, “¿Su consigliera?”
Alessio asintió.
Alessio dice con acento palermitano, “Y nombró a Michele Venturi-Ferrari.”
El nombre cayó con peso.
Emanuele se enderezó.
Emanuele Bellacera dice con acento siciliano, “¿Trapani?”
Alessio lo miró fijo.
Alessio dice con acento palermitano, “Trapani.”
Francesco negó lentamente.
Francesco Genco dice con acento siciliano, “Eso no es un movimiento interno. Es un mensaje.”
Alessio apoyó ambas manos sobre la mesa.
Alessio dice con acento palermitano, “Es un error.”
Pero su tono no era seguro. Era contenido.
Giuseppe intervino.
Giuseppe Rinaldi dice con acento siciliano, “¿O una protección?”
Alessio no respondió de inmediato.
Su mente se movía rápido.
Chiara fuera significaba ruptura interna.
Michele dentro significaba estructura más limpia.
Más difícil de atacar.
Más difícil de negociar con los métodos habituales.
Emanuele habló más bajo.
Emanuele Bellacera dice con acento siciliano, “Si Leila se está rodeando de perfiles legales… está cerrando puertas.”
Alessio lo miró.
Alessio dice con acento palermitano, “Está cambiando el juego.”
Silencio.
Francesco cruzó los brazos.
Francesco Genco dice con acento siciliano, “¿Y eso dónde te deja?”
Alessio tomó aire.
Alessio dice con acento palermitano, “En el punto donde tengo que decidir si compito… o si reordeno.”
Giuseppe cerró la carpeta lentamente.
Giuseppe Rinaldi dice con acento siciliano, “Tu boda es en dos días.”
Alessio asintió.
Alessio dice con acento palermitano, “Sí.”
Emanuele lo observó con interés.
Emanuele Bellacera dice con acento siciliano, “Eso también es un movimiento.”
Alessio giró levemente el anillo en su dedo.
Alessio dice con acento palermitano, “No este.”
Francesco soltó una pequeña exhalación.
Francesco Genco dice con acento siciliano, “Entonces decide rápido. Porque Catania no va a esperar.”
Alessio tomó el teléfono otra vez. Escribió un mensaje breve.
Alessio escribe, “Confirma si Michele ya está operando dentro de la Villa.”
Envió.
Guardó el teléfono.
Se enderezó.
Alessio dice con acento palermitano, “Seguimos con lo nuestro. Palermo no se detiene.”
Emanuele asintió.
Giuseppe volvió a abrir la carpeta.
Francesco regresó al mapa.
La reunión continuó.
Pero Alessio ya no estaba completamente ahí.
En su mente, dos líneas se cruzaban.
Palermo reconstruyéndose bajo su control.
Catania reorganizándose sin él.
Y en medio, un nombre que no esperaba ver en ese lugar.
Michele.
Alessio giró el anillo una vez más.
Y por primera vez desde que empezó a recuperar terreno, sintió algo incómodo.
No miedo.
Desajuste.
Porque el tablero había cambiado… sin avisarle.
Puntos de Presión.
El puerto no se detenía. El sonido seco de un contenedor al ser apilado resonó como un disparo. Metal contra metal. Motores encendidos. Órdenes cortas lanzadas al viento. Palermo seguía en marcha, no con estabilidad, sino con una urgencia calculada.
Alessio Santoro salió del edificio de reuniones con un paso que no admitía debate. Emanuele Bellacera, Francesco Genco y Giuseppe Rinaldi se quedaron atrás, tres siluetas rígidas frente a la mesa de cristal. No hubo despedidas. Sus socios entendían cuándo una conversación había terminado y cuándo la autoridad se movía hacia la calle.
Caminó directo al coche blindado.
Salvatore, su conductor y hombre de confianza desde la infancia, abrió la puerta trasera sin esperar la orden. Se cerró con un sonido seco, definitivo. El motor arrancó antes de que Alessio se acomodara.
Alessio ya tenía el teléfono en la mano, un terminal cifrado. Marcó un número memorizado.
Franco respondió al segundo tono. Su voz era plana, profesional, un rasgo crucial en su posición.
Franco dice con acento siciliano: "Diga, don Alessio.
Alessio no perdió tiempo en cortesías. Su voz era un bisturí frío.
Alessio dice con acento palermitano: "Quiero a Chiara. Localizada. Ahora.
Hubo un silencio breve al otro lado. No de duda, sino de asimilación de la magnitud.
Franco dice con acento siciliano: "¿Confirmamos la ubicación primero? Necesito trazar el perímetro de seguridad.
Alessio miraba el movimiento frenético del puerto por la ventana, pero sus ojos no registraban la carga. Estaba concentrado en la red invisible.
Alessio dice con acento palermitano: "No quiero confirmaciones lentas, Franco. Quiero resultados rápidos. Se acerca la boda. No me sobra el tiempo.
La pausa se alargó. Alessio sintió la tensión del otro lado.
Alessio dice con acento palermitano: "Empieza por Catania. Contactos internos, personal de la Villa, seguridad perimetral. Alguien tuvo que verla salir o recibir la orden de no verla.
Franco dice con acento siciliano: "Capito. Movilizo a dos equipos discretos.
Alessio continuó, su tono endureciéndose.
Alessio dice con acento palermitano: "Y quiero saber por qué la sacaron.
Franco dice con acento siciliano: "Leila no toma decisiones impulsivas. Menos con su consigliera.
Alessio negó levemente, un tic nervioso.
Alessio dice con acento palermitano: "No. Es un corte limpio. Una amputación. Y quiero saber quién lo provocó y de qué lado se puso la sangre.
El coche giró hacia la zona industrial, dejando atrás la actividad portuaria.
Alessio bajó la voz, la orden final.
Alessio dice con acento palermitano: "Cuando la encuentren, Franco...
Pausa breve. El sonido de su respiración fue amplificado por el silencio del coche.
Alessio dice con acento palermitano: "La traen a Palermo. Discreta, segura.
Franco dice con acento siciliano: "¿Condiciones de traslado?
Alessio no dudó.
Alessio dice con acento palermitano: "Viva. Sin marcas innecesarias. Pero que entienda que no está de paseo. Que sepa que aquí hay respeto, pero también una memoria larga.
Franco dice con acento siciliano: "Capito. Envío reporte de progreso en media hora.
Alessio colgó con un chasquido. No guardó el teléfono. Su mandíbula estaba tensa, pero su respiración era estable. La acción había reemplazado la especulación.
Marcó otro número. Esta vez, tardaron más en responder. El aire se hizo pesado.
Vito contestó. Su voz tenía el acento seco y distante de Trapani.
Vito dice con acento trapanés: "Sí.
Alessio reconoció la voz.
Alessio dice con acento palermitano: "Necesito información de Trapani. Urgente.
Vito se mantuvo en silencio, esperando el siguiente paso.
Alessio continuó.
Alessio dice con acento palermitano: "Movimientos recientes. Contactos nuevos. Cualquier conexión directa con Catania en las últimas dos semanas. Lo que sea que Venturi-Ferrari no quiera que veamos.
Silencio más largo esta vez. El teléfono crujió levemente.
Vito dice con acento trapanés: "Eso es delicado, Alessio. Va contra las reglas de la casa. Es tu primo.
Alessio miró su reflejo tenue en la ventana, un hombre atrapado entre la sangre y la estrategia.
Alessio dice con acento palermitano: "No te estoy pidiendo opinión. Te estoy dando una orden. ¿Hay algo que no puedas hacer?
Pausa. La rendición profesional.
Vito dice con acento trapanés: "¿Nivel de intervención requerido?
Alessio respondió sin elevar el tono, pero con precisión.
Alessio dice con acento palermitano: Intercepción. Completa.
El coche redujo velocidad al acercarse al perímetro de la naviera Santoro.
Alessio siguió hablando.
Alessio dice con acento palermitano: "Quiero acceso a sus comunicaciones. Llamadas, intermediarios, movimientos financieros. Todo lo que entre y salga entre Trapani y Catania. Si respira en dirección a Catania, quiero la traza.
Vito dice con acento trapanés: "Eso lo pone en conflicto directo con la nueva estructura de Leila.
Alessio cerró los ojos un segundo, asumiendo el peso de la decisión.
Alessio dice con acento palermitano: "Él ya tomó una posición. Ahora yo tomo la mía.
Vito dice con acento trapanés: "Capito. Lo tendrá.
Alessio colgó.
El coche se detuvo frente al acceso privado de la naviera. Salvatore abrió la puerta antes de que Alessio pudiera tocar el pomo.
Bajó sin esperar. Entró al edificio con paso firme. El ambiente era frío, organizado. Pantallas encendidas mostrando rutas marítimas. Personal trabajando sin levantar la voz.
Dos hombres de su equipo logístico de alta confianza, Giovanni y Marcello, se acercaron de inmediato.
Giovanni dice con acento siciliano, Don.
Alessio no se detuvo, solo giró la cabeza.
Alessio dice con acento palermitano: "Oficina.
Entraron con él. La puerta de caoba maciza se cerró con un clic sonoro.
Alessio dejó el teléfono sobre el escritorio pulido. No se sentó de inmediato. Se quedó de pie, dominando el espacio. Miró a los dos hombres, sus ojos buscando la lealtad absoluta.
Alessio dice con acento palermitano: "A partir de ahora, todo lo que pase entre Trapani y Catania nos interesa. Es prioridad cero.
Marcello dice con acento siciliano: "¿Todo?
Alessio asintió, su rostro era una máscara de concentración.
Alessio dice con acento palermitano: "Todo. Rutas, proveedores, llamadas indirectas, reuniones. No quiero huecos. Piensen en un colador. Yo quiero el residuo.
Giovanni, el mayor, tomó nota mental, su mirada en el mapa mural.
Giovanni dice con acento siciliano: "¿Objetivo principal?
Alessio lo miró directo.
Alessio dice con acento palermitano: "Michele.
Silencio. Pietro intercambió una mirada breve con Giovanni, entendiendo la gravedad del nombre.
Marcello dice con acento siciliano: "Entendido. Acceso a nuestros firewalls y gateways internos ya está preparado.
Alessio finalmente se sentó. Apoyó los antebrazos sobre el escritorio.
Alessio dice con acento palermitano: "Y escuchen bien esto.
Los dos hombres se mantuvieron firmes.
Alessio dice con acento palermitano: "No lo bloqueamos todavía. No interferimos directamente. Si hacemos ruido ahora, Venturi se esconde.
Pausa. El ajedrez se reiniciaba.
Alessio dice con acento palermitano: "Primero entendemos cómo opera su nueva posición. Quiénes lo aconsejan. Quiénes lo sostienen.
Giovanni asintió.
Giovanni dice con acento siciliano: "Observación activa. Seguimiento pasivo. Que piense que tiene el camino libre.
Alessio sostuvo su mirada, la aprobación era un ligero asentimiento de cabeza.
Alessio dice con acento palermitano: "Exacto.
Los hombres salieron. La puerta se cerró.
Alessio se quedó solo. Apoyó la espalda en la silla, sintiendo el peso de la ciudad y de su propia sangre. Miró el techo unos segundos.
Respiró lento.
Alessio dice con acento palermitano, en voz baja, casi inaudible: "Me dijiste que no podías ayudarme, Michele.
Su mirada se endureció apenas.
Alessio dice con acento palermitano: "Y ahora sostienes a Catania. A Leila.
Tomó el teléfono otra vez.
Mensaje a Kenia. El canal privado.
Alessio escribe: "Michele está dentro. El nombramiento no fue casual. Tienen una base limpia. Prepara nuestro movimiento.
Envió.
Dejó el teléfono. Sus dedos golpearon una vez el escritorio. Seco. Decidido.
Ahora no solo estaba reconstruyendo Palermo. Estaba midiendo a su propia sangre. Y eso… no se resolvía con acuerdos de negocios.
Re: Cosa nostra- en la oscuridad de la mafia
Publicado: Sab Mar 21, 2026 8:01 pm
por Larabelle Evans
Ceniza y Araña.
Punto de vista: Alessio.
El sol de la tarde se había rendido finalmente, dejando en el horizonte una estela de naranja quemado y violeta. El edificio funcional de la naviera quedaba a las espaldas de Alessio; un lugar para el cálculo, no para la vida. Cruzó la ciudad en su coche blindado, la mano izquierda apoyada en el reposabrazos, girando inconscientemente el anillo. La araña. Su verdad.
Cuando el coche se detuvo frente a la Villa Santoro-Ferrari, la atmósfera cambió. Aquí no había ruido de contenedores; solo el silencio espeso de la historia y el aroma a jazmín de los jardines nocturnos.
Entró por la puerta principal, quitándose el saco. El interior era cálido, la luz baja, y el aire portaba el olor a vino tinto y comida casera. No era un palacio. Era un hogar. Su hogar.
Kenia lo esperaba en el salón, junto a la mesa del comedor. Llevaba un jersey de cuello alto de un color oscuro y pantalones de seda. La elegancia era su armadura casual. A su lado, para sorpresa de Alessio, estaba Rebecca. Su hermana no era dada a las cenas sociales, mucho menos a las íntimas. Estaba sentada derecha, con una copa de vino en la mano, observando el fuego de la chimenea con una calma que no auguraba nada bueno.
Kenia se acercó a Alessio con una sonrisa fugaz, tomando el saco de sus manos.
Kenia dice con acento mexiquense: "Llegas justo a tiempo. La cotoletta se enfría.
Alessio la besó, un contacto rápido, lleno de una posesividad tranquila.
Alessio dice con acento palermitano: "No puedo pensar en comida. Demasiadas llamadas. Demasiados problemas nuevos.
Rebecca alzó su copa hacia él, un saludo silencioso.
Rebecca dice con acento siciliano: "Los problemas viejos siempre dan paso a los nuevos. La mesa está puesta. Siéntate, fratello."
Alessio tomó su asiento, la cabecera. Kenia se sentó a su izquierda; Rebecca, a su derecha. La disposición no era familiar, sino estratégica.
Kenia sirvió una porción de ternera empanizada con una precisión que igualaba su manejo de las finanzas.
Kenia dice con acento mexiquense: "Cuéntame. ¿Alguna luz sobre la fuga de la consigliera? Necesito saber si es un truco de Leila o si realmente es la pieza que se cayó del tablero."
Alessio tomó un trago de agua, asimilando la comida que no había querido. Sacó su teléfono cifrado y lo deslizó sobre la mesa hacia Kenia.
Alessio dice con acento palermitano: "No es un truco. Es un error. Y uno fatal."
Kenia tomó el teléfono sin tocar los cubiertos. Sus ojos oscuros se movieron rápidamente sobre la pantalla, absorbiendo los mensajes cifrados que Franco y Vito le habían enviado.
El primer mensaje: Chiara destituida. Silencio absoluto en Catania. Villa Ferrari blindada. Orden de Leila: El nombre Chiara no existe más.
El segundo mensaje, más detallado: La causa no fue política. Chiara abandonó la Villa como una adolescente. Huyó con su amante, el ex jefe de seguridad, Gianluca. Trazas de movimiento hacia el norte. Probable intento de abandonar la isla.
Kenia devolvió el teléfono a Alessio con una sonrisa lenta que iluminó su rostro. No era una sonrisa de placer simple. Era de anticipación.
Kenia dice con acento mexiquense: "Así que la gran Chiara Etna… se enamoró y traicionó. Qué cliché."
Rebecca dejó su copa sobre la mesa, el sonido era un golpe seco.
Rebecca dice con acento siciliano: "No se trata de enamorarse. Se trata de traición. Ella violó el código de lealtad directa a su capo por una falda... o un pantalón. Eso la hace peor que un enemigo. La hace una renegada."
Alessio asintió, su voz se tornó grave.
Alessio dice con acento palermitano: "Leila no la perdonará. No la perdonará porque la traicionó como líder y como amiga. Y ahora la ha dejado expuesta. No la buscará para castigarla. Simplemente la dejará a la deriva. Y nadie en Sicilia, por miedo a Leila, se atreverá a tocarla o ayudarla."
Hizo una pausa, mirando a Kenia con una intensidad compartida.
Alessio dice con acento palermitano: "Y eso nos deja el camino fácil. La consigliera se ha quedado sin protección. Es una pieza valiosa que podemos mover a nuestro favor. O... desechar a nuestro placer."
Kenia se inclinó sobre la mesa, con el rostro iluminado por una satisfacción fría. Había tenido roces con Chiara en el pasado, especialmente por sus operaciones en el puerto. Chiara había intentado en varias ocasiones intervenir y denunciar las conexiones de la fundación, poniendo en riesgo la operación de 'Araña'.
Kenia dice con acento mexiquense: "Me encanta este escenario. ¡Chiara! Mi gran estorbo. Mi cruz en el puerto. Tantas veces intentó arruinar mis operaciones, meter sus narices en el muelle tres. Quiero tenerla. Necesito cobrame cada bala de advertencia que tuve que gastar por sus intromisiones."
Alessio la miró con una mezcla de admiración y deseo. Esa sed de venganza controlada era lo que amaba de ella.
Alessio dice con acento palermitano: "Entonces la tendremos, amore. Franco ya tiene la orden de traerla viva, pero sabiendo a dónde ha llegado."
Rebecca tomó su cuchillo y cortó su cotoletta con una precisión innecesaria, su rostro calmado.
Rebecca dice con acento siciliano: "La traición se paga con la humillación. Me parece una excelente oportunidad para mandar un mensaje a Catania: si su propia sangre es desechable, la nuestra es irrompible. Cuenten conmigo para la bienvenida."
Alessio sonrió, una sonrisa antigua y peligrosa, el anillo girando en su dedo. Había perdido un primo en el juego, pero acababa de ganar un peón crucial.
Alessio dice con acento palermitano: "El plato fuerte acaba de llegar, mia araña. Cómelo con calma. Tenemos mucho tiempo para disfrutarlo."
Kenia asintió, tomando su copa de vino.
Kenia dice con acento mexiquense: "Por la traición de los débiles. Y la cosecha de los fuertes."
Brindaron en silencio, sellando un pacto que se había convertido en una cena familiar. Afuera, la noche siciliana era un manto oscuro. Adentro, en la Villa, los hilos se tejían con paciencia y una elegancia letal..
El Cierre del Cerco.
Punto de vista: Alessio.
El sol de media mañana rebotaba con violencia en la superficie del escritorio de Alessio, un espejo pulido que reflejaba la cuadrícula de su estrategia. Estaba en la oficina discreta de la Naviera, alejado de la historia familiar de la Villa, rodeado solo por la fría evidencia de su control. El aire estaba saturado con el aroma metálico del café cargado y el olor a papel de los manifiestos.
Alessio se permitió un fugaz instante de satisfacción. Había reconstruido su posición en Palermo, no con violencia, sino con necesidad. El colapso de la constructora se había difuminado bajo la urgencia de la reconstrucción post-ciclón. Los pagos recientes de los cargamentos marítimos (rutas discretas hacia el norte de Europa con acero para construcción, componentes electrónicos y recursos humanos clasificados) habían llenado las arcas. El cálculo era simple: la debilidad se monetizaba; el desastre era una oportunidad.
Giró la araña de aguamarina en su dedo, un ancla silenciosa. Sus ojos, fríos y sin brillo, estaban fijos en la pantalla de un monitor que mostraba un resumen financiero:
Activo
Ruta
Volumen (Estimado)
Estado
Retorno Neto (EUR)
Carga Especial
Rotterdam (Armas)
Alto
Entregado
4,200,000
Logística Rápida
Malta-Nápoles (Drogas)
Medio
Entregado
1,850,000
Fundación
Europa del Este (Tráfico)
Alto
Procesando
3,500,000
Material Crítico
Génova (Acero)
Alto
Entregado
1,100,000
Asintió. El miedo de los Mancuso había sido un catalizador útil. La ambición de sus nuevos socios en el puerto, el combustible. La estabilidad de Palermo era una ilusión creada por él, y la ilusión generaba liquidez.
El terminal cifrado vibró, sacándolo de su concentración.
Franco (Reporte 1 - Chiara)
Alessio deslizó el dedo por la pantalla.Ubicación de Chiara y Gianluca aún no confirmada. Las trazas de movimiento se pierden en el área de Calabria. Hipótesis actual: Nápoles. Los contactos de la Camorra en la zona no han confirmado recibimiento. Demora en verificación. Se estima localización precisa en 72 horas.
Alessio frunció el ceño. La incapacidad para cerrar un perímetro tan simple era un signo de relajación o interferencia. El par de amantes no valía el esfuerzo, pero la información que Chiara poseía, sí. Necesitaba la consigliera fuera de peligro, viva y bajo su control.
El teléfono sonó de nuevo, esta vez el canal de Vito desde Trapani.
Vito (Reporte 2 - Trapani)Intentamos la intercepción. El acceso a las redes de Venturi-Ferrari (Michele) fue denegado. Barreras de seguridad de nivel profesional. Sistemas migrados o limpiados por completo. El antiguo equipo de soporte de Trapani no tiene acceso. Comunicaciones blindadas. El objetivo (Michele) ha cerrado todos los flancos digitales. No podemos trazar su nueva estructura.
La tensión en la mandíbula de Alessio se hizo palpable. El placer de las ganancias se evaporó. Michele no era un capo tradicional. Era un hombre de números y firewalls. Su movimiento a Catania, a una posición de autoridad, no era una simple traición; era una modernización del enemigo. El tablero se estaba volviendo digital, y él estaba un paso tarde.
Alessio tomó el teléfono y marcó la línea directa de su equipo de infiltrados en la Villa Ferrari, en Catania. Diecisiete hombres a sueldo, colocados estratégicamente en logística, seguridad perimetral y administración. Su red de información interna.
Marcó al primero. Tonos de llamada. Luego, un mensaje grabado: El número marcado no existe.
Marcó el segundo. Tonos de llamada. Ninguna respuesta.
Alessio cortó la llamada. Su pulso no se aceleró, pero su frialdad se intensificó. Comunicación muerta. No era casualidad. No eran despidos. Era una purga.
Leila no solo había destituido a Chiara; estaba haciendo una limpieza de primavera, aislando a su primo de su propia red. Y lo estaba haciendo con una velocidad y precisión que no cuadraban con el estilo de su prima.
Alessio se levantó de la silla, el sonido de la piel del asiento era el único que rompía el silencio. Caminó hacia la ventana, el puerto seguía con su ritmo frenético, pero él ya no lo veía. La presión era un peso físico.
Leila y Michele. La experiencia y la astucia financiera. Una alianza que lo estaba dejando a ciegas.
El teléfono vibró por última vez. Franco (Reporte 3 - Catania).Advertencia: Se ha detectado una nueva figura en el perímetro de Leila en el puerto de Catania. Es una mujer, joven, de belleza notable, y opera con extrema astucia en la logística de carga. Se la ha visto trabajando directamente con los hombres de Leila, dirigiendo operaciones con un profesionalismo inusual. Parece ser nueva en la red. No es Chiara. La estamos observando.
Alessio leyó el mensaje dos veces. Joven. Bella. Astuta. Dirigiendo la logística.
El irritación le picó como sal. Un obstáculo más. Una pieza nueva en el tablero que no podía identificar.
Se giró, volviendo al escritorio. Tomó el teléfono con firmeza y tecleó la respuesta a Franco, su voz interna era un gélido chasquido.
Alessio escribe: Vigilancia estricta de la mujer. Quiero su nombre, su origen y su función antes del anochecer. Me notifican cada movimiento. Podría ser la sustituta de Gianluca. Quiero saber quién está al mando de la seguridad de Leila. Quiero el hilo.
Guardó el teléfono. Se sirvió un trago de agua, bebiéndolo sin saborear.
Michele había cortado el cable digital. Franco no encontraba a la pieza fugitiva. Y ahora, una sombra femenina se movía en el centro de Catania.
El cerco, que él creía haber roto con sus nuevos contratos, se estaba cerrando de nuevo, silencioso y rápido, desde su propia sangre. Y el rostro del nuevo enemigo, esta vez, era hermoso y desconocido.
Re: Cosa nostra- en la oscuridad de la mafia
Publicado: Mar Mar 24, 2026 8:06 am
por Larabelle Evans
Antes del juramento.
Punto de vista: Alessio.
La Villa Santoro-Ferrari aún no había despertado del todo. Eran primeras horas de la mañana y la luz apenas comenzaba a filtrarse por los ventanales altos del despacho de Alessio. No era una luz cálida; era blanca, directa, de esas que no perdonan el cansancio en el rostro ni las decisiones mal tomadas.
El despacho estaba en silencio. Madera oscura, documentos ordenados con precisión, el leve olor a café recién hecho que alguien había dejado sobre la mesa sin anunciarse. Afuera, el jardín todavía estaba húmedo por el riego nocturno. Dentro, todo era control.
Alessio ya estaba vestido. Pantalón oscuro perfectamente planchado, camisa blanca ajustada, aún sin saco. Las mangas abotonadas. No parecía un hombre a horas de su boda. Parecía alguien que iba a cerrar un trato importante.
Alessio Tenía el teléfono en la mano. Esperando.
el teléfono Vibró. Es Franco.
Alessio no se sentó. Deslizó para responder y se llevó el móvil al oído.
Franco dice con acento siciliano, Confirmado. Nápoles. Zona periférica, entre Scampia y Secondigliano. Gianluca está armado. No están solos. "
Alessio caminó despacio hasta la ventana. La vista del jardín no le decía nada.
Alessio dice con acento palermitano, ¿Nivel de protección?
Franco dice con acento siciliano, "Ninguna más que la de Gianluca mismo. "
Alessio dice con acento palermitano, "Escúchame bien. La quiero en Palermo antes de que anochezca mañana. "
Alessio dice con acento palermitano, "Viva."
Alessio dice con acento palermitano, "No me importa quién caiga en el proceso. Si alguien se interpone, se elimina. Si Gianluca respira cerca, lo apartan. Esto no es un rescate. Es una extracción."
El tono no cambió. Eso lo hacía peor.
Franco dice con acento siciliano, "Capito. ¿Nivel de discreción?"
Alessio apoyó la mano libre sobre el escritorio, los dedos marcando presión contra la madera.
Alessio dice con acento palermitano, "Limpio. Sin ruido innecesario. Pero rápido. No quiero persecuciones largas ni errores. Entran, toman, salen."
Franco dice con acento siciliano, "Equipo en movimiento en 2 horas."
Alessio cortó la llamada sin despedirse.
Alessio Dejó el teléfono sobre el escritorio. Esta vez sí se sentó. El silencio volvió.
Alessio miró en su escritorio la pequeña caja con los anillos de matrimonio.
Hoy se casaba. Y estaba ordenando una operación que iba a dejar muertos en otra ciudad. No había contradicción en su cabeza. Solo prioridades.
Afuera, la Villa empezaba a despertar. Pasos del personal. Puertas abriéndose. Preparativos que comenzaban a tomar forma.
Adentro, en ese despacho, todo ya estaba decidido. La guerra por Catania seguía en marcha. Pero ese día… tenía otro centro.
El jardín y el nombre.
El jardín principal de la Villa Santoro-Ferrari había dejado de ser un espacio doméstico. Esa mañana había sido transformado con una precisión casi ritual. No había improvisación. Cada elemento estaba colocado con intención, como si el lugar mismo entendiera el peso de lo que iba a ocurrir ahí. El acceso principal, desde la casa hacia el jardín, estaba delimitado por un sendero de grava clara perfectamente nivelada. A ambos lados, filas de sillas de madera oscura, sin barnices brillantes, con cojines en tonos neutros. Nada ostentoso. Todo sobrio. Las flores dominaban el espacio, pero no imponían. Lilas, exactamente como Kenia había decidido. Agrupadas en arreglos bajos y algunos más altos en puntos estratégicos, sin saturar la vista. El aroma era suave, limpio, apenas perceptible cuando el viento lo movía. No era un jardín decorado para impresionar. Era un jardín diseñado para sostener un momento serio.
Al fondo, el altar. Una estructura rectangular de madera sólida, sin tallados excesivos, cubierta parcialmente por telas color perla que caían rectas, sin pliegues teatrales. Dos columnas discretas a los lados, también con lilas, y una mesa baja donde descansaban los elementos de la ceremonia. Nada religioso en exceso, pero sí tradicional.
Detrás, los cipreses marcaban la línea natural del terreno. Altos, firmes, oscuros. Como testigos silenciosos. Más allá, apenas visible entre las copas, el brillo lejano del mar.
El personal se movía sin hablar más de lo necesario. Ajustaban sillas, alineaban copas, revisaban cada detalle con una disciplina que no era solo profesional, sino casi reverencial. Sabían a qué tipo de familia estaban sirviendo.
Los invitados comenzarían a llegar en una hora. No eran más de cuarenta. Todos seleccionados.
Capos de familias aliadas, operadores clave de la fundación, viejos nombres que no necesitaban presentación. Ninguno venía por compromiso social. Venían a presenciar una unión que tenía implicaciones reales.
No era solo una boda. La unión de Alessio Santoro-Ferrari y Kenia Sanches Valdés, no se interpretaría como un gesto romántico. Se leería como un movimiento. Como una consolidación. Y aun así… el ambiente no era frío. Había una calma contenida, una sensación de orden que transmitía algo más humano. Como si, debajo de toda la estructura, hubiera una intención genuina que no necesitaba exhibirse. El jardín estaba listo.
En el interior de la Villa, el contraste era más íntimo.
La recámara de Alessio estaba en silencio. Las cortinas abiertas dejaban entrar la luz del mediodía, reflejándose en las superficies claras y en el espejo de cuerpo completo frente al que él estaba de pie.
El traje colgaba unos minutos antes en un perchero. Negro. Corte limpio, sin adornos innecesarios. La camisa blanca, perfectamente planchada, ya ajustada a su cuerpo.
Alessio terminaba de abotonar los puños. Sus movimientos eran precisos, pero más lentos de lo habitual.
No había nadie más en la habitación. Había rechazado ayuda. Quería ese momento solo.
Alessio Se colocó el saco con calma. Ajustó los hombros. Tiró ligeramente de las mangas. Observó el resultado en el espejo sin expresión exagerada. El hombre que veía no era distinto al de cualquier otro día en apariencia. Pero lo sentía distinto.
Su respiración se detuvo un segundo. No por miedo. Por reconocimiento.
Alessio dice con acento palermitano, en voz baja, "Esto sí es real."
Alessio Se acercó un poco más al espejo. Revisó el cuello de la camisa. La línea de la corbata negra. Todo en su lugar. Pero su mirada no estaba en los detalles. Estaba en lo que venía después. Nunca había preparado algo así. Nunca había sentido la necesidad de hacerlo. Para él, los vínculos siempre habían sido funcionales, útiles, negociables. Esto no lo era.
Y eso lo mantenía… contenido. No nervioso. No tembloroso. Pero sí más consciente.
por otro lado, kenia estáva en otro cuarto de la villa, terminando de vestirse junto a lo que podrían ser, su único vínculo mas sercano. sus 2 amigas desde que se fue de méxico, estávan presentes, rebecca y fleur. las quería junto con ella no por simple amistad, si no por contraste, para que fuese reconosido por alguien mas que ella que esto, por mas extraño que le pareciera el momento, era real. con alessio todo lo era, hace mucho que no sentía algo así por alguien
Alessio Se pasó la mano por la barbilla, pensativo.
Alessio Recordó, sin buscarlo, aquella humillación de juventud. La primera vez que se expuso por alguien. La risa. La pérdida de control.
Alessio Apretó ligeramente la mandíbula. Y luego negó apenas, como descartándolo. Esto no era el pasado.
Alessio Caminó hacia la mesita lateral. Tomó su reloj. Se lo colocó con firmeza.
Kenia se da media vuelta frente al espejo que tiene delante, para mirarse desde otro ángulo. quería verse bien, no por los demas o por guardar apariencias. no, esta vez no
Fleur dice con acento francés, "Que hermosa luces. "
en la habitación de la mexicana no avía susurros ni risitas tontas de adolecentes, solo comentarios, cumplidos. sinceros, presisos, pero sobre todo, reales. para kenia era emocionante, y era muy lindo para ella, aun sin gritarlo a los cuatro vientos
su rostro no reflejava ni seriedad, ni concentración, ni cálculo, ni finansas, ni nada. solo, paz, una paz y una calma que la hacía sentir completa, por algun motibo. recordó brebemente su pasado, los traumas, los rechasos, pero tan rápido como aparecieron así se fueron esos recuerdos, si podía controlar directa o indirectamente las mentes de terceros, la sulla propia era un juego de infantes
rebecca dice con acento siciliano, "Bien, espero que valores el lugar que tendrás ahora kenia. Serás una Santoro con todo lo que eso implica. "
Rebecca sonríe divertida y le acomoda el cabello.
Rebecca dice con acento palermitano, "Te ganaste a mi fratello, y mira que era y sigue siendo un amargado. "
rebecca dice con acento siciliano, "Y mañana vamos a seguir la fiesta, brindando con la sangre de Chiara?. "
Rebecca sonríe con malicia y una ancia retorsida reflejada en los ojos
Kenia sonrió al escuchar a su amiga
Kenia dice con acento mexiquense: "por dios, beca, sería mejor santoro que tú y lo saves bien. si tu hermanito se entera de tus, aficiones, te corre. y sobre lo otro."
Kenia hiso una pausa brebe. se imajinó a chyara, esa perra que siempre quiso hacerse la heroína, la guerrera moral, arruinándole sus operaciones, ahora entre sus manos
la mexicana no sonrió, solo hiso un jesto afirmatibo
Fleur la mira con curiosidad perversa.
Fleur dice con acento francés, "Qué tanto le harás, araña? "
Kenia dice con acento mexiquense: "sería un exelente regalo de bodas, mi querida beca. me muero por provar los, experimentos que hemos hecho fleur y yo."
rebecca dice con acento siciliano, "Admite que Alessio se ha lucido con ese regalo de bodas. "
Kenia dice con acento mexiquense: "porsupuesto que sí"
Las dos amigas sonríen
El sonido lejano de un coche entrando a la Villa rompió el silencio. Los primeros invitados. El tiempo había empezado a moverse.
Alessio tomó una última respiración profunda. Se enderezó. Su expresión volvió a su forma habitual: controlada, segura, impenetrable. Pero en sus ojos… Había algo nuevo. No debilidad. Algo más difícil de ocultar.
Alessio salió de la recámara en dirección al jardín a esperar a su futura esposa.
Alianza del capo y la araña.
Punto de vista: Alessio & Kenia.
El sol había subido lo suficiente para calentar el aire, pero no para resultar molesto. Alessio caminó desde el interior de la Villa hasta el inicio del sendero de grava que conducía al jardín. Su presencia era un ancla en el movimiento sutil del ambiente.
Alessio Se detuvo en la entrada para recibir a los primeros invitados. No eran abrazos efusivos, sino saludos de cabeza, apretones de mano firmes y miradas de entendimiento. Los Capos, los gestores de la naviera y los socios clave se acercaron a felicitarlo. Cada frase era un código; cada felicitación, una lectura de la jugada que estaba haciendo.
Marco y Franco, dos de sus hombres más cercanos—el primero en logística, el segundo a cargo de operaciones de campo— se mantuvieron cerca de él, con la misma sobriedad que su jefe. No eran escoltas. Eran testigos.
Marco dice con acento palermitano, en voz baja, "La seguridad perimetral es hermética, Don Alessio. No hay un solo extraño."
Franco dice con acento siciliano, "El equipo de Nápoles está en posición. Esperando la señal. Mañana a primera hora de la tarde, si todo sale bien, Chiara estará aquí."
Alessio asintió, su mirada fija en el camino que Kenia pronto recorrería. La serenidad del jardín y la urgencia de la captura formaban un contraste que era, para él, perfectamente natural.
Alessio dice con acento palermitano, "Perfecto. Mantengan el perfil bajo. No quiero que el evento de hoy se contamine con la pólvora de mañana."
Finalmente, el flujo de invitados se hizo lento. Alessio, con un asentimiento a Marco, indicó que era hora de moverse.
Alessio Caminó por el sendero de grava. Cada paso era mesurado, sin prisa, absorbiendo el peso y la formalidad del momento. El aroma de las lilas era más fuerte ahora. Los murmullos se apagaron a su paso.
Al llegar al altar improvisado, Alessio tomó su posición. De pie. Erguido. La luz del mediodía caía sobre su rostro, revelando la tensión sutil alrededor de sus ojos, pero la firmeza inquebrantable de su boca.
Alessio Miró al frente, hacia la Villa, por donde ella aparecería. La espera no lo impacientaba. Era el tiempo necesario para medir el valor de lo que estaba a punto de recibir.
Marco y Franco se colocaron justo detrás de él.
Marco se inclinó hacia él.
Marco dice con acento palermitano, "Está lista. Viene en camino."
Alessio no respondió. Solo miró.
Y entonces, el murmullo de anticipación se elevó, y Alessio vio a Kenia aparecer en el umbral de la Villa.
Kenia apareció. Su caminar era seguro, firme, preciso y elegante. Su cadencia y sus movimientos dejaron al hombre que ya la esperaba totalmente cautivado, mostrando una vulnerabilidad que no quería exponer, pero que le fue imposible ocultar.
La novia caminaba con delicadeza pero con elegancia. Rompiendo un poco la tradición, sus dos damas de honor iban a los laterales de la protagonista, sí, pero más atrás, dejándole todo el protagonismo a la arácnida más hermosa que Italia verá en su vida.
Sus damas iban vestidas con un vestido blanco, pulcro, más ligero que el de la novia pero igual de agradable a la vista. Kenia, sin embargo, optó por un vestido medio: ni corto provocativo, ni excesivamente recatado. Estaba ajustado a sus curvas de manera precisa, pero sin exagerar nada, en un tono morado oscuro. Ni negro, pero tampoco la mentira del blanco puro de la bondad.
El jardín quedó en silencio de forma gradual, como si todos entendieran que ese momento no admitía ruido innecesario. El murmullo de los invitados se fue apagando hasta quedar reducido a respiraciones contenidas y al leve roce de las telas con el viento.
No hubo anuncio. No hubo música exagerada. Solo el sonido constante de la grava bajo sus pasos. Su entrada no fue teatral. Fue directa. El vestido morado oscuro absorbía la luz en lugar de reflejarla. Ajustado con precisión a su cuerpo, marcando sus líneas sin exagerarlas. No buscaba aprobación. No buscaba cumplir expectativas. Era una declaración en sí misma. El contraste con las lilas del jardín hacía que su figura destacara con fuerza, sin romper la armonía.
Alessio la observó sin parpadear.
Por primera vez en todo el día, su control no era absoluto. No lo perdió… pero se tensó. Algo en su expresión cambió. No era debilidad. Era impacto.
Kenia avanzó por el sendero. El sonido de sus pasos marcaba el ritmo de todo el jardín. Nadie más se movía. Nadie intervenía.
Al llegar frente a él, se detuvo. Un segundo de silencio total. Se miraron. Sin palabras. Sin gestos innecesarios. Solo reconocimiento.
El oficiante —un hombre mayor, de presencia sobria, elegido por tradición más que por religión— dio un paso al frente. Su voz no era alta, pero se escuchó con claridad.
dice con acento siciliano, "Estamos aquí para formalizar una unión que no es solo personal. Es un pacto. Un compromiso entre dos voluntades que han decidido caminar juntas bajo las mismas reglas."
No hubo referencias románticas vacías. Era directo y real. El viento movió ligeramente las telas perla del altar. El aroma de las lilas se mezcló con el calor del mediodía.
El oficiante continuó.
dice con acento siciliano, "En este entorno, la lealtad no es una opción. Es la base. Y hoy, ustedes dos la declaran de forma pública y definitiva."
Alessio no apartó la mirada de Kenia.
Ella tampoco.
dice con acento siciliano, "Alessio Santoro-Ferrari. ¿Aceptas a Kenia como tu esposa, como tu aliada, y como parte indivisible de tu nombre y tu destino?"
No hubo pausa larga.
Alessio dice con acento palermitano, "Acepto."
Su voz fue firme. Clara. Sin adornos.
El oficiante giró hacia ella.
dice con acento siciliano, "Kenia Sanches Valdés. ¿Aceptas a Alessio como tu esposo, como tu compañero, y como el hombre con quien compartirás poder, riesgo y lealtad?"
Kenia no vajó la mirada, al contrario, se puso mas firme.
Kenia dice con acento mexiquense: "acepto."
El oficiante asintió.
dice con acento siciliano, "Entonces procedan."
Alessio tomó el anillo.
El movimiento fue lento. Deliberado.
Alessio Tomó la mano de Kenia. Su tacto fue firme, pero cuidadoso.
Alessio Deslizó el anillo en su dedo. la aguamarina captó la luz por un instante breve.
Alessio dice con acento palermitano, "Kenia. Te tomo como mi esposa para amarte en el peligro, y protejerte con mi sangre si es necesario. "
Kenia hizo lo mismo. Colocó el anillo de boda. Sus dedos no temblaron.
Kenia dice con acento mexiquense: "alessio, te acepto y me entrego a tí como tu esposa para amarte, cuidartr. serte fiel y leal, y destruir a quien trate de afectarte."
El contacto entre ambos se mantuvo un segundo más de lo necesario.
El oficiante los observó.
dice con acento siciliano, "No necesitan más palabras." Queda sellado Este pacto de lealtad y amor. Puede besar a la novia. "
Alessio se acerca a Kenia. tomándola del rostro. La besa con delicadeza y pasión a partes iguales.
Kenia correspondió con la misma intensidad, pero en esa pasión, avia una paz, un amor, un sentimiento jenuino
El oficiante les indica la mesa donde está el acta de matrimonio para que firmen.
Alessio toma de la mano a kenia para acercarse a la mesa.
Alessio con una pluma de plata coloca su firma en el documento.
Alessio le da la pluma a Kenia
Kenia hace lo mismo, tomándo de las manos de su esposo la pluma, estampándo su firma y determenación, que no demostraba nada mas que la mas pura y apsoluta lealtad.
Seguidamente los testigos hicieron lo mismo. Sellando así la unión del capo y la araña.
Nadie aplaudió de inmediato. Primero vino la comprensión del acto. Luego, algunos asentimientos. Finalmente, un aplauso contenido, respetuoso, sin exageraciones.
Alessio no soltó la mano de Kenia.
Alessio baja con kennia del altar improvisado. Y los invitados comenzaron a darles sus felicitaciones.
Los invitados comenzaron a moverse. Conversaciones en voz baja. Miradas cruzadas. Evaluaciones silenciosas.
El pacto estaba hecho. No solo entre ellos dos. Sino frente a todos los que importaban. Y mientras el jardín recuperaba el sonido, una verdad quedaba clara para todos los presentes: Alessio ya no operaba solo. Y Kenia… ya no era una pieza externa. Era el centro junto a él.
Re: Cosa nostra- en la oscuridad de la mafia
Publicado: Jue Mar 26, 2026 6:30 pm
por Larabelle Evans
Hilos Cortados al Amanecer.
Punto de vista: Alessio.
El sol siciliano no había terminado de ascender, pero la luz ya inundaba con una claridad despiadada el despacho de Alessio. La calma de la Villa, ese silencio forzado que seguía a las grandes celebraciones, era una burla para el hombre que estaba sentado a su escritorio. Había despertado antes que Kenia, dejando la calidez del lecho nupcial con una sobriedad ritual. Hoy no era el marido; era el Capo con asuntos pendientes.
Se había vestido con la misma precisión metódica de siempre: traje oscuro, camisa inmaculada. La única diferencia era el anillo, la araña, que giraba ahora en su dedo con un peso añadido. No era una joya, sino un ancla que lo ataba a su nueva verdad, y esa verdad exigía control.
Sobre el escritorio de caoba se extendían los planos de la naviera y los nuevos contratos de reconstrucción con el municipio de Palermo. Eran documentos limpios, legales, el blindaje perfecto para las operaciones oscuras. Pero Alessio no podía concentrarse. Sus ojos se movían sobre las cláusulas de exclusividad y los retornos proyectados, pero su mente estaba a kilómetros de distancia, en la periferia de Nápoles.
Franco, su mejor hombre de extracción, debió haber reportado la posición de Chiara y el inicio de la operación antes de la medianoche. El último mensaje, recibido a las 23:00, confirmaba el perímetro y la intención de asalto al amanecer. Pero desde entonces, silencio absoluto. Un silencio que no cuadraba con la disciplina de Franco.
Alessio se recostó en la silla. Su mandíbula estaba tensa, pero su rostro no mostraba alarma. Era una frialdad profesional. Podría ser un fallo en las comunicaciones, una zona muerta. No era momento de pánico.
Tomó el teléfono cifrado. Marcó el número de Franco. Tono, tono, tono... Buzón de voz. Cortó.
Marcó a Marco, el segundo al mando de la operación de extracción. Mismo resultado. Buzón de voz.
Alessio cerró los ojos por un instante. No era una coincidencia. Era un corte.
La rabia, fría y calculadora, empezó a filtrarse en sus venas, pero no se manifestaba en gritos. Se manifestaba en resolución.
Guardó el teléfono de su equipo y sacó un terminal antiguo, uno con números codificados que solo se usaban en emergencias graves. Marcó una línea que no había tocado en años, una que conectaba directamente con los viejos clanes de la Camorra en la zona de Secondigliano. Un contacto de deuda y respeto mutuo.
La llamada fue corta, precisa y sin rodeos. Alessio no pidió favores, exigió una comprobación inmediata de un incidente en un punto específico. La voz al otro lado, áspera y vieja, prometió una respuesta inmediata.
Las dos horas siguientes fueron una tortura medida. Alessio se obligó a repasar los informes de la naviera, ajustando mentalmente las rutas marítimas, moviendo el dinero digitalmente, construyendo el cerco de Palermo. Pero cada línea de texto era borrosa, cada cifra, una distracción. Había perdido la concentración, y un Capo sin concentración es un blanco.
El teléfono antiguo vibró. Una vibración de peso.
Alessio lo tomó al instante. La voz de Nápoles regresó, más plana aún.
dice con acento napolitano, "Alessio. Lo que buscabas... no está. El piso está vacío."
La información llegó como un puñetazo, pero Alessio no parpadeó.
Alessio dice con acento palermitano, "Detalles. No quiero suposiciones."
dice con acento napolitano, "Trazas de confrontación en la entrada. No hay fuego. No hay vecinos que hablaran. Solo signos de un ingreso forzado. Limpio. Profesional. No fue policía. Ni la nuestra ni la de ellos. Esto lo hizo gente muy bien entrenada. Sin muertos, eso sí. Lo que quedaba... es solo ceniza. Ni rastro de la mujer ni del guardia."
Alessio se levantó de golpe, la silla raspó el suelo.
Alessio dice con acento palermitano, "¿Mis hombres? ¿Franco y Marco?"
dice con acento napolitano, "No hay cuerpos. No hay trazas suyas en el edificio. Podrían haber sido neutralizados antes de entrar... o se fueron con el paquete. No se sabe. Pero si se los llevaron... se los llevaron como testigos, no como rehenes. Saben demasiado para dejarlos vivos."
Alessio colgó sin agradecer.
La rabia que sentía ahora era la de un estratega burlado, el peor de los fracasos. No solo había perdido a Chiara, su pieza clave para desestabilizar a Catania. Había perdido a sus dos mejores hombres de extracción, a sus ojos y sus puños más eficaces. Hombres que él mismo había criado. El costo era incalculable.
Caminó hacia la ventana, apoyando ambas manos en el marco de madera. Su respiración se hizo lenta, forzada, como si estuviera conteniendo una fuerza sísmica.
Leila. O Michele.
El movimiento era demasiado rápido, demasiado limpio para ser Leila sola. Era Michele Venturi-Ferrari. El primo que se había negado a ayudarlo, ahora operaba con la precisión letal de un cirujano digital. No solo había blindado a Catania de sus ataques, sino que se había adelantado, robando a su ex consigliera antes de que Alessio pudiera capitalizar su traición.
El nombramiento de Michele no era una simple traición; era una declaración de guerra de la nueva generación. Un juego de ajedrez donde el tablero se había electrificado y él no tenía los fusibles adecuados.
Y luego estaba la nueva mujer. La figura femenina, bella y astuta, operando en el puerto de Catania. El mensaje de Franco de la noche anterior. Ella era el nuevo jefe de seguridad, la sustituta de Gianluca, la sombra de Michele.
Alessio se giró hacia su escritorio. La calma profesional había desaparecido, dejando una tensión peligrosa.
Alessio dice con acento palermitano, con voz baja y gélida: "Basta."
Tomó el terminal cifrado de su escritorio. Marcó el número de Giovanni y Marcello, sus hombres de soporte digital, los que quedaron en Palermo. Contestaron al primer tono.
Alessio dice con acento palermitano, "Esto es prioridad absoluta: quiero vigilancia constante y discreta a la villa Venturi en Trapani. A demás de un seguimiento a sus padres y a su personal más cercano, el que se quedó a cargo de sus restaurantes cuando se fue a Catania. Quiero el nombre del equipo de seguridad que estaba a cargo de Michele en Trapani antes de que fuera a Catania. Y quiero que los encuentren. Una vez que tengan esa información, esperen mi siguiente órden. Es hora de que mi primo entienda que su traición le costará sangre. Y que su paz, la que tanto predicaba en los negocios acaba de terminar."
Colgó.
Alessio se sentó de nuevo, tomando una copa del bar con el licor más fuerte. La rabia se había enfriado, dejando una determinación glacial. Había perdido una batalla táctica, pero la guerra recién comenzaba. La boda había blindado su centro. Ahora era el momento de desatar el contraataque.
Alessio dice con acento palermitano, en un susurro apenas audible, dirigido al muro: "Perdiste una pieza, Leila. Y yo perdí a dos de mis hombres. Esto no es un simple juego de tronos, es personal. Y a partir de hoy… espera sangre."
Re: Cosa nostra- en la oscuridad de la mafia
Publicado: Mié Abr 01, 2026 1:20 am
por Larabelle Evans
El principio del final de un imperio negro.
Punto de vista: ALessio.
Villa dei sole
La mañana amenaza con un bochorno que pesa como ladrillos de conciencia podrida. en Palermo los hilos del destino de alessio Santoro se deshilachan a una velocidad de vértigo.
Alessio llega a las inmediaciones de la villa en su auto. Va con el rostro inexprecivo y los músculos tensos.
El control de seguridad de la villa dei sole permanece expectante ante la visita. tienen órdenes claras.
El guardia detiene a Alessio.
Alessio dice con acento palermitano, "Vengo a ver a don Pietro. "
El guardia dice con acento palermitano: Signiore, debe dejar la sua pistola en la cancella per favore. Son órdenes de don Pietro, él lo está esperando en el Jardín.
El guardia permanece impertérrito augardando a que alessio entregue su arma.
Alessio con la ravia contenida, deja el arma.
El guardia dice con acento palermitano: Grazie, signiore. Vito y Marco lo escoltarán.
Alessio asiente.
ambos guardias se apostan a cada lado de Alessio.
Alessio se dirige al jardín de la villa.
Don Pietro espera sentado en la mesa del jardín.
Alessio mira a don Pietro.
Don Pietro levanta la mirada en cuanto oye los pasos en la gravilla.
Alessio dice con acento palermitano, "Buon asera, don Pietro. "
Don Pietro dice: Buona sera, alessio. Siéntate, per favore.
Alessio toma asiento mirando al don.
Don Pietro toma la taza de café y le da un sorbo.
Alessio dice con acento palermitano, "qué a pasado, cuál es la emergencia? "
don Pietro dice: La urgencia es informarte que ya no podré seguir apoyando tus negocios, ya sabes a cuales me refiero.el consejo ha dado la orden de ... cerrarte las puertas. La cosa nostra no está contenta con tu ... manera de solucionar algunas desaveniencias familiares.
Don Pietro suspira y finge indignación.
don Pietro dice: pese a mis intentos por explicar tus circunstancias, Leila Ferrari y su consigliere han logrado que el consejo dé más crédito a su versión de los hechos.
Los ojos de alessio se inllectan de sangre y furia.
Alessio dice con acento palermitano, "Esa figlia di puttana. "
don Pietro dice: No voy a juzgar tus acciones porque, igual que tú, soy de los que piensa que la traición se paga con sangre y mucho más si viene de la famiglia.
Don Pietro cabecea en acuerdo con alessio.
Alessio dice con acento palermitano, "Yo también tengo derecho a la réplica. El consejo no puede sacarme así. "
Don Pietro dice: Eso es lo que yo he argumentado, pero se han cerrado en banda. Las pruebas presentadas en tu contra ... bueno, han sido muy contundentes.
Don Pietro baja la voz, cómplice.
don Pietro murmura: Calogero no es proclive a negociar con ganado fresco, ya me entiendes. Es todavía un moralista de la vieja guardia y no entiende nada.
Don Pietro da otro sorbo al café.
Alessio dice con acento palermitano, "Las tradiciones solo hacen que no avancemos. Y que se justifiquen traiciones como la de Leila y Michele. "
Don Pietro dice: Debo reconocer que Leila se ha rodeado de activos muy eficientes. Las pruebas no han dado chance a otorgarte una réplica.
Don Pietro suspira profundamente.
Alessio dice con acento palermitano, "Tiene una nueva jefa de seguridad que es una perra. "
"Don Pietro dice: Estoy de acuerdo contigo, pero estoy solo en el consejo. Por eso te hice venir. Porque quiero ayudarte."
Don Pietro asiente en silencio.
Don Pietro le empuja un sobre a través de la mesa a alessio.
Alessio lo coge.
Alessio dice con acento palermitano, "Qué es?. "
Don Pietro dice: es una cuenta en un paraíso fiscal, justo en la que yo recibía tus dividendos del negocio del ganado fresco. Ya me entiendes.
Don Pietro dice: la he transferido a tu nombre. Puedes disponer de esos fondos cuando lo necesites.
Alessio asiente.
Alessio dice con acento palermitano, "Va bene. Gracie. "
Don Pietro dice: Es lo menos que puedo hacer por ti.
el móvil de Alessio comienza a vibrar con insistencia.
Alessio lo saca de su saco y se tensa cuando ve el núnero.
Alessio dice con acento palermitano, "Dime. Qué pasa? "
Darío habla del otro lado del teléfono: Signiore Santoro, esto es un desastre. Estamos tratando de minimizar los daños, pero todo está ardiendo, parece el inferno en la tierra.
Darío habla del otro lado del teléfono: las bodegas, los laboratorios, la fundación de la signiora. Todo está ardiendo.
Darío habla del otro lado del teléfono: No es accidental, signiore. Esto está muy bien planificado. Nos han cogido desprevenidos y no hay manera de atacar todos los frentes a la vez.
Don Pietro mira a Alessio con fingida preocupación.
don Pietro dice: tutto bene, alessio. Tienes mala cara. ¿qué ocurre?
Alessio se quedó inmóvil, sosteniendo el teléfono en la oreja. El jardín apacible de la Villa dei Sole, la taza de café humeante de Don Pietro, el canto lejano de los pájaros; todo se congeló. Su rostro, que un momento antes solo mostraba furia contenida, se vació por completo.
El agarre de Alessio sobre el teléfono se hizo blanco. Su mirada se levantó lentamente para posarse en Don Pietro, pero no lo veía. Veía las llamas. Veía la red de Kenia, su perímetro blindado, ardiendo. El ataque no era un golpe económico; era una humillación total y coordinada.
Don Pietro dice: Alessio? ¿Qué pasa?
Alessio hizo un gesto con la mano para silenciar a don Pietro.
Alessio dice con acento palermitano, su tono pasando de la incredulidad a la autoridad absoluta, "Darío. Quiero saber quién está atacando. ¿Hay testigos? ¿Hay hombres de Catania? ¿De Trapani?"
Don Pietro guardó silencio.
Alessio dice con acento palermitano, "¿La jefa de seguridad, la han visto? "
Darío habla del otro lado del teléfono: No han quedado testigos, signiore. En Trapani han visto a una mujer con su descripción. Ahora mismo no tengo todos los reportes, pero en la mayoría de las locaciones dicen que han llegado sin hablar, sin emitir una sola palabra. Hombres bien preparados, muy organizados. Profesionales, signiore.
Darío habla del otro lado del teléfono: Aguarde un momento, me está llegando un informe.
Alessio se puso de pie de un salto, golpeando la mesa sin querer. La silla cayó detrás de él con un ruido sordo.
Darío habla del otro lado del teléfono: Le envío enseguida el nforme cifrado, signiore.
Alessio dice con acento palermitano, su voz ahora un rugido silenciado y terrible, "¡Saca a mi gente! ¡Saca todo lo que puedas! ¡Y quiero a mi esposa fuera de ahí ahora mismo! ¡Dile a los demás que la busquen y la lleven a un lugar seguro, ¡Ahora!"
Darío habla del otro lado del teléfono: La signiora está ya a buen resguardo, signiore. Estamos procurando salvaguardar todo lo que hemos podido recuperar. No se preocupe, ya estamos en ello.
Alessio Cortó la llamada. Su puño se cerró con fuerza alrededor del teléfono.
Alessio Se dirigió a Don Pietro, sus ojos inyectados de una furia glacial.
don Pietro lo mira.
don Pietro dice: la tua signiora, qué ha ocurrido, Alessio?
Alessio dice con acento palermitano, "¡Esto es lo que está pasando, Don Pietro! ¡La desavenencia familiar de Leila y mi primo! ¡Me acaban de atacar en mi centro de operaciones y en la fundación de mi mujer! ¡Mientras usted me daba dinero y me decía que el consejo me cerraba las puertas!"
Don Pietro finge incomprensión total como el mejor actor de cine.
Alessio dice con acento palermitano, "Aún así, para el maldito consejo, yo soy el problema? "
don Pietro dice: Non e possibili, alessio.
Don Pietro se muestra indignadísimo.
Alessio se inclinó sobre la mesa, sus manos abiertas se apoyaron en la madera, sosteniendo su peso y su rabia.
don Pietro dice: Es lo que te decía, hay un moralismo rancio, Alesio. Qué barbaridad. Es una vergüenza.
Don Pietro se echa hacia atrás. Los hombres de seguridad se aproximan a la mesa.
Alessio dice con acento palermitano, "Una cosa si le digo don Pietro, el consejo se puede ir a la mierda, pero Leila y Michele pagarán con sua Vitta. "
don Pietro abre la boca y se queda sin habla.
Alessio se enderezó.
Don Pietro dice: te comprendo perfectamente, alessio.
Alessio dice con acento palermitano, "Voy a rescatr a mi gente y lo que pueda. Gracias por su ayuda, don Pietro. "
Don Pietro solo se limita a asentir en silencio.
Alessio camina hacia la salida de la villa.
Los hombres de seguridad lo escoltan.
Alessio llega al filtro de seguridad y recoge su arma.
Don Pietro lo ve marchar y suspira. Librarse de cualquier nexo con alessio había sido la mejor decisión que había tomado.
Alessio Se aleja sin mirar atrás suviendo a su auto.
El precio del fuego.
La sirena de bomberos aún ululaba a lo lejos, un sonido de derrota que resonaba en el alma de Alessio. Salvatore detuvo el blindado a doscientos metros de lo que había sido la principal bodega de la Naviera Santoro. No había necesidad de acercarse más. El aire estaba espeso, saturado con el olor metálico y acre de caucho quemado, acero retorcido y la ceniza mojada que cubría todo como una sábana sucia. El fuego ya estaba contenido, reducido a columnas de humo blanco que ascendían perezosamente desde los restos humeantes.
Alessio salió del coche. No caminó. Se movió. Su traje, impecable minutos antes, se sintió inmediatamente pesado, un disfraz en el infierno. La escena era de una destrucción metódica. El techo de la bodega, colapsado. Los restos de contenedores de carga, convertidos en esqueletos carbonizados. No fue un accidente. Fue una ejecución.
Giovanni y Marcello, sus hombres de soporte digital, estaban esperando, empapados, con los rostros cubiertos de hollín. No levantaron la vista de sus terminales. El desastre era tan grande que la cortesía había muerto.
Alessio se detuvo frente a ellos, ignorando la grava mojada y los charcos oscuros.
Alessio dice con acento palermitano, su voz era un látigo bajo y ronco: "Reporte. Quiero la verdad, no la versión oficial."
Giovanni dice con acento siciliano, sin mirar arriba, tecleando furiosamente: "Don Alessio, el fuego fue iniciado con acelerantes de grado industrial. En al menos seis puntos de las bodegas y tres puntos en la fundación. La sincronía... fue casi perfecta. Entraron, rociaron, prendieron. En menos de veinte minutos, todo era incontrolable."
Marcello levantó la vista, sus ojos inyectados de sangre por el humo y el cansancio.
Marcello dice con acento siciliano: "La Naviera... perdimos el 80% de la carga clasificada en la bodega principal. Manifiestos, registros de ruta, copias de seguridad de las bases de datos de logística... todo se fue. Lo peor no es el dinero, Don Alessio. Es la información."
Alessio asintió con una lentitud aterradora. La información era el hilo. Lo habían cortado.
En ese instante, el teléfono cifrado de Marcello comenzó a sonar sin parar. Eran reportes masivos, entrando de forma simultánea.
Marcello palideció mientras leía.
Marcello dice con acento siciliano, su voz apenas audible: "Mesina... los laboratorios. Ataque simultáneo. Mismo modus operandi. Fuego rápido y contenido. El equipo de contención fue neutralizado antes de que pudieran llegar a la alarma. Perdimos la producción, Don Alessio. Y... y las muestras de la Fundación... las que Fleur había traído de Malta... se evaporaron."
La mención de Fleur y su trabajo hizo que la furia se centrara. No era solo negocio. Habían tocado el corazón de la red de Kenia.
Alessio se giró, su mirada fija en el humo.
Alessio dice con acento palermitano: "Y la mujer... la de Catania. ¿Tienen el nombre?"
Marcello dijo rápidamente:”Se llama Dalila, Don Alessio. El reporte de Mesina... hay algo más. El supervisor dice que un grupo de asalto se dirigió a las bóvedas de papel. La bóveda que contenía los registros antiguos de la familia... los que usted heredó."
Alessio se enderezó, la sangre bombeándole en los oídos. Esos registros eran el pasado, la historia no oficial de los Santoro, los tratos, las deudas de sangre. El único punto de control que tenía sobre los ancianos.
Alessio dice con acento palermitano, con un tono glacial: "¿Qué pasó con los registros?"
Marcello vaciló.
Marcello dice con acento siciliano: "La bóveda fue abierta. Con explosivos de precisión. No se robaron los documentos, Don Alessio. Los quemaron ahí mismo. Dejaron la ceniza. La bóveda... es un horno."
La noticia fue peor que cualquier pérdida financiera. Era un borrado. Leila no solo quería ganar; quería reescribir la historia y eliminar las pruebas. Quería convertir a Alessio en un capo sin pasado.
Alessio se acercó a un contenedor volcado. Pateó un trozo de metal fundido con una fuerza explosiva. El metal retumbó.
Alessio dice con acento palermitano, un grito ahogado que no era un grito, sino un rugido contenido, "¡Michele, Leila!"
Giovanni y Marcello se encogieron, sabiendo que habían superado el punto de no retorno.
Alessio se giró para mirarlos, sus ojos oscuros llenos de una rabia helada, el dolor de la humillación quemando más que el fuego.
Alessio dice con acento palermitano, su voz cargada con el peso de la traición, "Han rescatado a Chiara. Han quemado mi presente. Han borrado mi pasado. Y se han creído inmunes en su castillo de mierda."
Tomó el terminal cifrado. Tecleó una orden breve, directa, a Vito en Trapani, sin rodeos, sin justificaciones.
Alessio escribe: Moviliza a todos. Quiero a los padres de Venturi-Ferrari fuera de su casa antes de que anochezca. Quiero que la Villa Venturi sea un campo de fuego. Y quiero a Dalila en mi poder en una hora.
Se giró. La ceniza se pegó a sus zapatos. La rabia, contenida, era la única cosa que lo mantenía en pie. El precio del fuego se iba a pagar en sangre Ferrari.