La resiliencia de la reina Ferrari

Aquí se irán publicando las escenas de rol tanto de trama principal, como las que querais publicar los jugadores. Debido a la naturaleza de este foro, si se admite contenido NSFW.
Larabelle Evans
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Re: La resiliencia de la reina Ferrari

Mensaje por Larabelle Evans »

La pérdida de la Sorellina.

Punto de vista: Leila.


La luz de la mañana siciliana intentaba, sin éxito, romper la densa neblina emocional que se había instalado en la Villa Ferrari. En la espaciosa suite de Leila, el ambiente era una mezcla discordante de lujo y tensión. Leila estaba sentada frente a un juego de té que no tocaba, vestida con seda negra, su postura rígida. Cada tic-tac del reloj de pared era un golpe sordo que marcaba el tiempo perdido entre la partida de Karlo y Dalila y el silencio insoportable del rastreo.
Junto a ella, Zoe, ajena a la compleja telaraña de poder y traición, intentaba infundir un poco de alegría con su energía natural y americana.
Leila no tocaba su desayuno. No tenía ambre, estaba ansiosa, ya deberían haber llegado y darle noticias sobre Chiara.
Zoe la mira con una sonrisa discreta. si bien, es ajena a lo que susede, sí persibe la tención y la postura tan ríjida y ermetica de la italiana
Leila dice con acento siciliano, "No tengo ambre. "
Leila dice con acento siciliano, "mejor dime cómo sigue Maurizio?. "
Zoe dice con acento estadounidense: "leila, pleaase. solo es té, solo bebe un poco."
Zoe le pone carita tierna.
Leila agarra la taza con la mano temblorosa, la acercaa a sus labios y bebe un poco.
Zoe la acompaña, repitiendo exactamente el mismo movimiento, solo que ella si bebió un trago algo mas prolongado.
Zoe dice con acento estadounidense: "mauri está bien, pero me dio el susto de may life."
Leila deja la taza sobre el plato y mira a Zoe.
Leila dice con acento siciliano, "Te tocará acostumbrarte, es difícil pero así es la vida de nosotros en este negocio. "
Zoe suelta un suspiro largo y algo adolorido. si bien, ya lo medio savía y se lo imajinava, no es lo mismo que vivirlo. por una fraxión de segundo, una expreción de tristeza cruzó su rostro, pero cambió rápidamiente de tema
Zoe dice con acento estadounidense: "como te sientes por la boda? no todo es blanco y black"
Leila dice con acento siciliano, "Estai segura de que quieres este tipo de vida para tí?. "
Leila sonríe un poco con el tema de su boda.
Leila dice con acento siciliano, "En estos días vendrá la organizadora de eventos. Será en el Etna. Me hace ilusión, no lo niego."
Leila cambia a una expresión nostálgica cuando nombra el Etna, acordándose de chiara.
Leila murmura con acento siciliano, "Ya han tardado demaciado... "
Zoe suspira y se sienta frente a ella, adoptando un rostro algo mas serio de lo havitual.
Zoe dice con acento estadounidense: "pues, ya estóy aquí no?. O me darías oportunidad de pensarlo y retroceder?. Además, aquí tengo a mi boyfrien, y tampoco quiero estár lejos de tí"
Zoe sonríe un poco al escuchar las palabras de su amiga
Zoe dice con acento estadounidense: "es lindo que estés ilucionada"
Leila dice con asento siciliano, "Solo ten en cuenta que estár aquí es un cambio radical. Estás entrenando sí, Pero no es solo tu físico el que debes entrenar, es tu mente para ver todo lo que vas a seguir viendo y no perder la cabeza ni dejar que el miedo te domine. "
Leila dice con acento siciliano, "Y sobre todo... "
Leila la mira con más seriedad.
Leila dice con acento siciliano, "Tu lealtad. Por lo ocurrido con Chiara, ya vas sabiendo que la traisión es inperdonable. "
Zoe asiente afirmativamente.
Zoe dice con acento estadounidense: "por eso mi pregunta anteriór."
Leila dice con acento siciliano, "No, ya no puedes irte, ya viste cosas que no debías. "
Zoe sonríe haciendo un jesto de aceptación.
Zoe dice con acento estadounidense: "entiendo"
Leila la miró, sus ojos esmeralda se oscurecieron con una mezcla de cansancio, tristeza y resentimiento.
Leila dice con acento siciliano, "Si no me preocupara por la Famiglia, Zoe, ya estarías muerta en una cuneta en el puerto. Mi preocupación es lo único que nos mantiene vivos. "
Zoe se levánta de inmediato, colocándose a su lado, y rodeándola con sus brazos. un jesto que no era el intenso de siempre, era algo mas serio, mas profundo. un jesto que tratába de demostrar lealtad, compromiso, pero sobretodo, amistad.
Leila se deja abrazar un momento.
Un golpe suave y medido en la puerta interrumpió el momento.
Leila se tensó bajo el tacto de Zoe.
Leila dice con acento siciliano, "Adelante. "
ordenó Leila, su voz recuperando la autoridad.
Zoe se sepára de prisa, pero sin apartarse del todo, tratándo de darle algo de serenidad entre tanta tención
Michele entró. Se veía inusualmente pálido, y su traje, normalmente impoluto, parecía arrugado. Su rostro, por lo general una máscara de calma metódica, estaba cargado de una preocupación que no se atrevía a expresar.
Zoe vió el jesto y se tenzó de inmediato, adoptando una posición mas herguida.
Michele dice con acento trapanés, "Regina. Lo siento. Necesito hablar contigo. "
Leila miró a Michele. La ausencia de Karlo y Dalila la golpeó. Se puso de pie, la rigidez de su cuerpo era la única armadura que le quedaba.
Leila dice con acento siciliano, "Dime la verdad, Consigliere. ¿Qué pasó con Karlo y Dalila? ¿Dónde está Chiara? No me hagas perder el tiempo."
Michele se acercó lentamente a ella, sin atreverse a mirarla directamente a los ojos. Las palabras se le atoraban en la garganta.
Michele dice con acento trapanés, su voz era un susurro ronco, "Ya han regresado regina, pero... La misión... la misión no salió como esperábamos. Hay bajas."
Leila sintió un frío helado en el pecho, pero la Regina tomó el control.
Leila dice con acento siciliano, "¿Bajas? ¿De quién?, ¿guardias? ¿Dalila está herida? Habla claro, Michele. No des más rodeos... "
Michele alzó la vista, finalmente forzándose a encontrar los ojos de ella. La pena en su mirada era un espejo de la noticia.
Michele luchaba por encontrar las palabras precisas para explicarle sin causarle el dolor de que su Etna, la había traicionado por segunda vez, apunto de entregarse a los hombres de Alessio.
Michele dice con acento trapanés, "Fueron a Nápoles. Alessio les había tendido una emboscada. Sus hombres estaban esperando. Karlo y Dalila se enfrentaron a ellos. Fue una carnicería. Lograron ubicar el refugio donde Gianluca había llevado a Chiara."
Hizo una pausa, y en ese silencio, el mundo de Leila, se detuvo.
Michele dice con acento trapanés, "Chiara estaba ahí. Un mercenario la había acorralado. No quería ser llevada. Luchó. Karlo y Dalila intentaron contener el fuego cruzado, pero..."
Michele tomó aire, la última parte era la que le rompería el alma.
Michele dice con acento trapanés, "Gianluca intentó protegerla. Un acto estúpido. Pero lleno de la lealtad que no mostró contigo. Los hombres de Alessio no dudaron. Una bala perdida... y... y Chiara fue abatida, Regina. Murió al instante. Y Gianluca intentó vengarse, y también fue... neutralizado. Ambos. Están muertos."
Michele dice con acento trapanés, "Karlo y Dalila no tuvieron más que acabar con ellos. No quedó nadie de los hombres de Alessio. "
La noticia no fue un impacto. Fue una aniquilación.
Leila no gritó. No lloró. No se movió. Se quedó de pie, la sangre drenando de su rostro, dejando una palidez cadavérica. Sus ojos esmeralda se quedaron fijos en Michele, pero no lo veían. Veían a Chiara en el balcón de la villa Martini, Chiara riendo, Chiara cubriéndola con su cuerpo.
Leila dice con acento siciliano, su voz es un susurro incrédulo, roto, "¿Abatida? No. No, Michele. Chiara no muere así. Ella es mi sorellina. Ella no... no se rendiría."
Zoe de inmediato por impulso quiso cubrirse el rostro. pero en vez de eso, tomó la mano de la regina con firmeza. no le inportaba si la sentía o no. pero zoe sentía que darle lo mas sercano a un ancla al perderse en su mente. era loque devía hacer
El control de la Regina se desintegró. La otra mano de Leila voló a su boca, el sonido de su propio jadeo era el único ruido en la Suite. El aire se hizo delgado. Su respiración se volvió superficial y rápida.
Leila dice con acento siciliano, su voz subiendo a un tono histérico, "¡Mientes\! ¡Traes un informe falso\! ¡Gianluca no la dejaría morir sin pelear así\! ¡Chiara no... Chiara no estaba sola\!"
Michele se acercó, la compasión en su rostro era casi dolorosa.
Michele dice con acento trapanés, "Regina, lo siento. Dalila lo vio. No había nada que hacer. Se resistió a ser capturada, incluso por nosotros. Se interpuso. Y Alessio ganó, pero no se la llevó. "
Zoe no soltó su mano en ningún momento
Leila dio un paso hacia atrás, el impacto físico la hacía temblar.
Leila grita, su voz finalmente se rompe en un lamento ahogado que revienta la calma de la Suite, "¡No\! ¡Mi sorellina\! ¡Etna! ¡Yo la quería de vuelta! "
Leila Se desplomó de rodillas en el mármol frío, el traje de seda arrugándose. Era un colapso total, la Reina despojada de su corona, reducida a una amiga que había perdido a su hermana de elección. Las lágrimas brotaron, lágrimas de rabia, de traición, de amor perdido y de recuerdo eterno.
Michele se arrodilló a su lado, impotente.
Michele dice con acento trapanés, "Lo siento, Leila. Lo siento mucho."
Leila no lo escuchó. Solo podía sentir el vacío, la ausencia brutal de la única persona que había estado a su lado antes de Mássimo, antes de la corona.
Zoe se dejó caer junto con su amiga, solo que de forma mas suabe aún sin soltarla. no hablaba, no demostraba, zoe, estába rompiendo toda espectatiba de simisma, por que no actuaba. solo, acompañaba, escuchaba, estába.
Leila grita, con el rostro en el suelo, su voz un murmullo roto de dolor, "¡Se fue! ¡Me dejó! ¡Gianluca me la quitó! ¡Alessio me la quitó!
El silencio regresó, pero esta vez, era un silencio de luto, un sudario pesado que envolvía a la Regina rota en el suelo de su propio palacio. La lealtad había costado un precio demasiado alto. Y por primera vez desde Montenegro, Leila sentía que estaba verdaderamente, absolutamente, sola.
Larabelle Evans
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Re: La resiliencia de la reina Ferrari

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La Memoria del Etna.

Punto de vista: Leila.


El día amaneció sobre la Villa Ferrari con una crueldad indiferente. La luz del sol, que debería haber sido un bálsamo, se sentía como una agresión. En la Suite de Leila, las cortinas estaban corridas, dejando la habitación en una penumbra artificial y pesada. El aire era denso, impregnado con el olor a antiséptico suave, seda húmeda por las lágrimas secas y la quietud absoluta de una mente paralizada.

Leila yacía en la vasta cama, una figura diminuta y frágil en el centro de un edredón de seda negra que parecía absorber toda la luz. Dos días de luto total habían cobrado un peaje físico brutal. Su piel tenía una palidez cerúlea, su boca estaba seca y agrietada por la falta de hidratación, y las profundas ojeras bajo sus ojos esmeralda atestiguaban el insomnio impulsado por el dolor. Una aguja diminuta de un suero intravenoso brillaba en la parte posterior de su mano, el único signo de que su cuerpo seguía luchando por vivir.

Desde que Michele le había dado la noticia, la Regina había desaparecido. Solo quedaba Leila, la mujer que había perdido a la única persona que había visto su alma sin el filtro de la corona.
El primer día fue un descenso al abismo. Leila se negó a levantarse, a hablar, a mirar el mundo exterior. El llanto fue un tormento constante, un lamento ahogado que saturó el silencio de la Suite. Cada ola de dolor traía consigo un recuerdo, nítido y cruel, que la obligaba a revivir la vida que Gianluca y Alessio le habían arrebatado.
Flashback: La Promesa de la Bodega.

Una noche fría en una vieja bodega portuaria de Catania. Ellas dos, con el pelo recogido y la ropa sucia, habían terminado un entrenamiento brutal de defensa personal. Chiara, agotada, se había desplomado sobre unas cajas. Leila, con un labio partido, se había arrodillado a su lado.

Chiara dice con acento siciliano, con un jadeo, "Dios, si no nos convertimos en las jefas, al menos seremos las mejores matonas. El negocio se lava, pero la sangre es la sangre."

Leila se había reído, un sonido áspero. "La sangre es la sangre. Pero la mente es el arma. Siempre."

Chiara había asentido, pero luego se había puesto seria. Había tomado la mano de Leila, sus dedos cubiertos de polvo y sudor. "Prométeme una cosa, Leila. Si alguna vez… si alguna vez una de las dos cae, la otra la recoge. O la venga. Sin preguntas. Somos un equipo. Sin sentimentalismos, solo negocio y yo, tú Consigliere, te lo juro."

Leila había apretado su mano. "Juramento hecho, sorellina."

El recuerdo se rompió con un gemido. Ahora, Leila no podía recogerla, y la venganza se sentía vacía y distante.

Zoe, con su paciencia inusual, era su guardiana silenciosa. Estaba sentada en un sillón, leyendo una revista que no entendía, pero su presencia era un ancla suave. A veces, solo se acercaba, mojaba un paño con agua fresca y lo pasaba por la frente febril de Leila, sin hablar.

Maurizio entró dos veces, con la discreción de un fantasma. Se limitó a revisar el equipo de suero y asegurar que la puerta estuviera cerrada con doble llave. Su presencia era la de la lealtad silenciosa de la Famiglia.

Karlo, fue más contundente. Se acercó a la cama, su sombra cayendo sobre ella.

Karlo dice con acento siciliano, "Leila. La Famiglia está firme. El puerto se mueve. Levántate."
Karlo dice con acento siciliano, “Te necesitamos todos, Leila.
Leila no respondió. Solo giró el rostro hacia la almohada, su silencio era una pared infranqueable. Karlo, sin obtener respuesta, suspiró y se retiró.
Michele también había ido a verla, se acercó a la cama con preocupación. Él veía a Leila como una pequeña que había tenido que tomar el mando de Catania sin tener más opciones. Pero a la que la vida la estaba castigando demasiado. Le parecía injusto el dolor de Leila, no se merecía sufrir por una donna que se olvidó de ella a la primer oportunidad.
Michele se sentó en la cama acariciando el cabello revuelto de su prima, buscando darle consuelo, pero todo era envano.
El segundo día, el llanto cesó, reemplazado por un vacío peligroso. Leila estaba semi-inconsciente, a la deriva entre la realidad y el recuerdo. Los médicos de la Villa, alertados por Zoe y Maurizio, monitoreaban sus signos vitales con preocupación. Su negativa a comer o beber convertía el luto en una amenaza médica.
Flashback: La Curación en Turín.
Turín. Días después de su rescate. Leila, aún con la mente quebrada por el trauma de Montenegro, se había despertado gritando. Chiara había estado allí. No Mássimo, no los médicos. Solo Chiara.

Chiara dice con acento siciliano, su voz suave y llena de lágrimas, "Estoy aquí, Leila. Estoy aquí. No te hicieron nada que no puedas superar. Eres el Etna, recuerdas. Eres fuego bajo hielo."

Chiara, débil por la tensión y el viaje, la había abrazado, susurrándole nombres de lugares que conocían, recetas antiguas, chistes internos. Se había quedado en la cama con ella, con las sábanas empapadas en sudor frío, anclándola a la vida.

El recuerdo la golpeó con la fuerza de una traición. Ella había estado allí para Leila. Pero Leila no había podido estar allí para ella. Había dado una orden de captura de activos, no de rescate de una hermana.

Zoe la sacó del recuerdo, suavemente.

Leila, sin abrir los ojos, sintió el toque de Zoe. Ella era la única que no representaba a la Famiglia ni a la Cosa Nostra. Era un hilo frágil con la humanidad.

Flashback: La Piazza del Duomo.
Hace un año. Un almuerzo rápido en catania. Chiara, Martyna y Bruno. Risas, planes inocentes. El sol brillante. Chiara se había inclinado sobre la mesa, con una sonrisa maliciosa.

Chiara dice con acento siciliano, "¿Sabes lo mejor de todo esto, Regina? Es que nadie sabe que la mujer que acaba de ordenar el movimiento de veinte millones está aquí, comiendo pasta con nosotros, riéndose como una adolescente. Eres un monstruo de belleza, Leila Ferrari."
Leila había respondido con una sonrisa helada. "Y tú, mi Sorellina, eres el único espejo que tengo para recordármelo."
El espejo se había roto.
El segundo día se consumía, y Leila, al borde de la deshidratación y el colapso mental, sintió un terror más frío que el dolor. El terror de la soledad total. Necesitaba un ancla, no de Famiglia, sino de fuerza.
Abrió los ojos por primera vez en horas, mirando a Zoe para que le pasara su teléfono.
Luego con esfuerzo, marcó el número de Mássimo.
Leila dice con acento siciliano, su voz un murmullo rasposo que rompió el silencio de la Suite, Mássimo. Chiara está muerta, Estoy en la villa, Ven por favor.
Fue la única frase que pronunció en 48 horas. La única orden que la Regina dio desde el infierno personal. Mássimo. El único hombre que había visto su debilidad y la había devuelto a la vida. El único que podía, quizás, devolverle la voluntad de pelear.
La llamada a Mássimo había sido el último acto de voluntad de Leila antes de caer en un letargo de agotamiento. El tiempo se había estirado y encogido a su antojo, pero en algún punto, la quietud de la Suite fue interrumpida.

Antesala del funeral.


Michele regresó al caer la tarde, la luz que se filtraba por las rendijas de las cortinas proyectaba sombras alargadas sobre el mármol. Había dejado la rigidez del Consigliere en la puerta, entrando con la postura más suave y familiar del primo. Llevaba una bandeja de plata con una pequeña tetera, caldo y un vaso de agua. Zoe, que había estado a su lado, lo saludó con un asentimiento de gratitud y se retiró a un rincón, permitiendo el espacio necesario para la intimidad.

Michele se acercó a la cama, sentándose con delicadeza en el borde. Con lentitud, le ofreció el vaso de agua a Leila, ayudándola a levantarse ligeramente para beber.

Michele dice con acento trapanés, su voz era un bálsamo tranquilo: "Bebe un poco, cugina. Tienes que anclarte a la vida, por ti. Por la Famiglia."

Leila bebió, el agua fresca era un choque violento pero necesario. Su garganta rasposa por el llanto se humedeció, y el mundo dejó de girar tan rápido.

Leila dice con acento siciliano, su voz apenas audible: "Ella... ¿Se ha ido, Michele? ¿Es verdad?"

Michele la miró a los ojos, sin mentir, pero suavizando el golpe con afecto.

Michele dice con acento trapanés: "Sí, cara. Se fue. Pero no sola. Se fue con Gianluca. Juntos. Y luchando. Nunca se rindió, Leila. Murió con el orgullo de la mujer que siempre fue."

La frase de consuelo era una espada de doble filo. El orgullo que la había salvado era el mismo que la había matado.

Leila cerró los ojos, asimilando la verdad. Luego, sintió el familiar toque de la mano de Michele en su hombro.

Michele dice con acento trapanés: "La Famiglia no puede quedarse en silencio, Leila. Tienes que salir de esta cama. Tenemos que cumplir con la ceremonia. Un funeral digno. Es un protocolo que le debes a Catania y a la memoria de Chiara."
Leila no reaccionó.
Michele continuó, con firmeza suave.
Michele dice con acento trapanés, "Dalila y los demás han sido impecables. Han recuperado el cuerpo, han quemado lo que Alessio les obligaba a quemar y han limpiado toda la evidencia. Nadie sabrá la verdad.
Hizo una pausa y luego la miró con una seriedad que Leila entendió.
Michele dice con acento trapanés: "La Regina tiene que levantarse y llorar en público. Por una hora. Luego, la Regina vuelve a la vida. Es lo que Chiara hubiera querido para proteger el negocio."
Leila asintió lentamente, la lógica de la Cosa Nostra penetrando su luto. Era un teatro necesario.
Michele se puso de pie y se dirigió a una pequeña caja de madera oscura que había dejado sobre la mesita de noche. La abrió con cuidado reverente. Dentro, envuelta en un pañuelo de seda color marfil, había una urna de metal sencillo, casi rústico, del tamaño de una palma.
Michele dice con acento trapanés, su voz se quebró apenas: "Aquí está, cugina. Es lo que pudimos salvar. Dalila insistió en traerlo de inmediato. Para que tuvieras la última palabra."
Leila miró la urna, la evidencia física y brutal de la pérdida. No era un símbolo. Era el final.

Extendió sus manos temblorosas y tomó la pequeña caja. El frío del metal penetró en sus palmas, un ancla helada a la realidad. Apretó la urna contra su pecho, la tela de seda absorbiendo las lágrimas que brotaban sin control. El gemido que escapó de su garganta era más profundo y primario que cualquier otro, un lamento de dolor absoluto por la amiga, la hermana, el pilar que había sido y que ahora se había reducido a cenizas en sus manos.
Leila dice con acento siciliano, con un murmullo que se ahogaba en la tela: "Mi sorellina... Mi Etna... Te fallé."
Michele la dejó llorar en paz por un largo rato, su presencia silenciosa era el único testigo de la rendición de la Regina. Cuando el llanto se calmó, Leila se separó, sus ojos rojos e hinchados, pero con una nueva claridad. Apretó la urna por última vez contra su pecho.
Leila dice con acento siciliano, con una voz extrañamente firme a pesar de todo: "Prepara la ceremonia, Michele. Que sea sobria. Que sea un adiós silencioso y digno. La Regina llorará a su Ex Consigliere."
Se levantó de la cama, la urna todavía aferrada a su pecho. El suero intravenoso se desprendió de su mano, goteando sangre en la alfombra, un detalle que Leila ignoró.
Leila dice con acento siciliano, "Tengo que dar la cara a Catania. Y luego, me encargaré de Alessio. La venganza de Chiara será la sangre de Palermo."
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Re: La resiliencia de la reina Ferrari

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Funeral protocolario.

Punto de vista: Leila.


Cementerio Monumental de Catania, Sicilia.
Corre un mediodía asfixiado por el siroco. El cielo no es azul, sino de un tono ocre sucio que hace que el Etna, al fondo, parezca una presencia espectral. El aire pesa, cargado de un polvillo volcánico que se pega a la piel y al mármol de los panteones. El olor es una mezcla densa de incienso, nardos en descomposición y el aroma metálico de la tierra removida. Aquí, la muerte no es un suceso privado; es una exhibición de jerarquía.
El coche fúnebre, un Maserati negro de líneas severas, avanza por el pasillo central escoltado por una fila de hombres de negro. Maurizio, lugarteniente de la Regina, camina con una rigidez militar; viste un traje de lana fría de Ermenegildo Zegna que no permite una sola arruga. A su lado, su pareja Zoe rompe la sobriedad con una elegancia felina: luce un vestido midi de encaje siciliano negro, con un forro de seda que brilla sutilmente bajo el sol, y unos zapatos de tacón de aguja de Christian Louboutin cuya suela roja es lo único que desentona en el funeral. Sus ojos están ocultos tras unas gafas oscuras de montura ancha, observando cada ángulo del cementerio.
Karlo cierra la marcha. Su rostro es una máscara de granito. Lleva un abrigo ligero de corte recto sobre un traje oscuro, y sus manos, enguantadas en piel de cabritilla, sostienen el peso de un respeto que hoy se siente como una carga.
Junto a la fosa abierta, el grupo principal aguarda. La Regina Leila Ferrari es el eje de la escena. Viste un diseño de alta costura de Dolce & Gabbana: un vestido negro azabache de cuello cerrado y mangas largas, con un velo de tul que cae desde un pequeño sombrero pillbox, velando su rostro pero no su autoridad. En sus manos porta un rosario de oro y ónice, un regalo de la familia que hoy parece una cadena. A su derecha, la Nana, una mujer de negro eterno y piel curtida como el cuero, sostiene una sombrilla de encaje para proteger a la Regina, murmurando oraciones en un dialecto cerrado que suena a maldición.
A su izquierda, Mássimo, su ancla, permanece firme como la columna que la sostiene. Vittoria vestida por un diseño propio, cierra el cerco. Detrás, Los Escalanti, Martyna, Fabiano y Gianna, vestidos para la ocasión, son la red de apoyo que sostiene los retazos de dolor de la Regina.
Michele Venturi Ferrari, el Consigliere, permanece un paso por detrás. Su traje es de una perfección técnica: un tres piezas en gris marengo tan oscuro que parece negro, con una camisa de cuello italiano blanca inmaculada. Sus zapatos de piel de becerro, pulidos hasta el reflejo, no recogen ni una mota del polvo siciliano. Su mirada es un escáner constante; busca en el horizonte cualquier señal de los hombres de Santoro.
Dalila aparece por el flanco izquierdo, moviéndose con una cadencia que atrae todas las miradas. El traje de chaqueta de corte arquitectónico que eligió en el atelier le otorga una silueta de columna de ébano. La chaqueta, de hombreras marcadas y cintura entallada, se cierra con un solo botón de plata. La falda lápiz termina justo bajo la rodilla, revelando unas medias de cristal negro y unos stilettos de Gianvito Rossi con una tira fina en el empeine que acentúa la tensión de sus tobillos.
Dalila se detiene cerca de Michele, pero sus ojos azul cian están fijos en el ataúd de madera de nogal con herrajes de plata. No hay flores de colores, solo coronas inmensas de rosas blancas y espinas, con cintas de seda donde se lee: "A la lealtad eterna". Un mensaje irónico, dado que ella misma fue quien detuvo el corazón de la mujer que yace dentro.
El padre Alberto, encargado de la diócesis de Catania habla del perdón, de la lealtad y el honor de la famiglia. De la unión por encima del odio y del cielo esperando por quienes han entregado la vida por sus principios.
Leila escucha con un nudo en la garganta.
El sacerdote continúa con su discurso. Los hombres, apostados en ambos anillos de seguridad, se mantienen atentos al camposanto.
Michele Venturi da un paso al frente, tomando un puñado de tierra volcánica. Sus ojos se cruzan un instante con los de Dalila, una conexión eléctrica que ignora el protocolo fúnebre.
Karlo está serio, recordando las palabras de Chiara. Se preguntaba ¿cómo era posible que le ubiera causado este dolor a Leila, después de haberle dado todo?.
Dalila desvía la mirada. Sus ojos siguen a la figura desentonante que se detiene junto a Karlo. Shawnee, vestida de cuero negro, mira hacia el frente con una tensión casi palpable.
Shawnee miraba por momentos el ataúd de Chiara, realmente algo le decía que ella no era de confiar y su muerte solo le confirmaba su teoría.
el sacerdote finaliza el discurso. Una seña discreta hace que los sepultureros se aproximen. Un pequeño dispositivo inicia el descenso del ataúd. Demasiado lento, demasiado pesado.
Leila derrama lágrimas silenciosas, a pesar de que ella tenía las cenizas de Chiara, el momento que estaba viviendo la quebraba. Mássimo la abrazaba protector.
A medida que el ataúd baja, algunos de los asistentes se aproximan con la tradicional tierra en el puño. La mayoría no dice nada, simplemente deja la tierra caer.
el sonido de la tierra y las piedras contra la madera retumbaba en el silencio del camposanto. La brisa sofocante que sacudía la copa de los árboles solo traía consigo un bochorno asfixiante.
Dalila permanece alerta. Su mirada pasa de objetivo en objetivo: la regina, il consigliere, los marttini, los Escalantti. sus ojos vigilaban, pero su mente estaba enfocada en Santoro. quería equivocarse, pero los hombres sin honor también eran predecibles.
Algunos hombres presentan sus respetos a la Regina.
Leila solo logra asentir con un gesto frío.
el sacerdote se despide de la Regina y de Mássimo.
Dices con acento Siciliano: "Gracie. "
Los sepultureros inician el rellenado de la tumba.
el sacerdote solo hace un gesto de cabeza antes de retirarse.
Dalila hace un gesto discreto. Un par de hombres escoltan al sacerdote.
Dalila habla en voz muy baja para que solo Michele oiga.
Dalila murmura con acento milanés: "El perímetro está limpio, consigliere. El funeral ha terminado. Ahora es el momento de que los vivos vuelvan a sus puestos."
Dalila hace una seña discreta.
Michele asiente afirmativamente.
Karlo y Maurizio asienten, formando un pasillo humano para que la Regina abandone el cementerio. Mientras el séquito se retira, el polvo del siroco empieza a cubrir la fosa, empezando el proceso de borrar el nombre de Chyara D'Amico de la historia de los Ferrari, dejando solo el mármol frío y el tic-tac de los planes que aún están por ejecutarse.
Dalila se dispone a marcharse.
Michele la detiene sutilmente.
Dalila lo mira.
Michele murmura con acento trapanés, "Dalila, necesito hablar contigo en mi despacho. "
Dalila se limita a asentir con la cabeza y se aleja, vigilante de que todo marche según la logística planificada.
Larabelle Evans
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Re: La resiliencia de la reina Ferrari

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Ordenando el Último Viaje de la Etna.

Punto de vista: Leila.


El regreso a la Villa después del funeral fue un proceso mecánico. El luto público de Leila había terminado. Se había despojado del velo, del traje de alta costura, y de la máscara de acero. Ahora, solo quedaba la quietud. La quietud de una tormenta que ha pasado, dejando a su paso escombros y un cielo pesado.
Se encerró en el despacho privado, la pequeña urna de metal sencillo que contenía las cenizas de Chiara sobre la caoba pulida. Michele había vuelto a su puesto; Karlo supervisaba la seguridad perimetral. La maquinaria de la Famiglia volvía a girar, sin permitirse el lujo de la pausa. Solo Mássimo permanecía a su lado, una presencia silenciosa, esperando.
Leila no necesitaba que le preguntaran qué hacer; sabía lo que le tocaba. La Regina había asegurado sus activos; ahora, la amiga debía despedirse.
Se acercó a la urna, sus dedos rozaron el metal frío. No lloró. Había agotado sus lágrimas. Solo quedaba una determinación profunda y melancólica, un deseo de redimir, al menos en la memoria, el final abrupto y amargo de su sorellina.
Leila dice con acento siciliano, su voz es baja, un eco: "Nápoles. Debemos ir a Nápoles."
Mássimo, que había estado observándola desde la esquina, se acercó de inmediato, su rostro pragmático.
Mássimo dice con acento turinés: "¿Nápoles? ¿Por qué, Leila? Es territorio incierto. Y Gianluca usó un refugio cerca, la zona está caliente."
Leila levantó la vista, sus ojos esmeralda, aunque hinchados, reflejaban la resolución de su decisión.
Leila dice con acento siciliano: "Chiara no es de Catania. Nació cerca de Nápoles, cerca del mar y del Vesubio. Allí creció, en la casa familiar que su tío les arrebató. Esa casa, ese mar, es lo último que sus padres vieron antes de que fueran acribillados, y ella quedara sola, una niña de 17 años, con la sangre de su Famiglia en las manos."
Tomó la urna, apretándola suavemente.
Leila dice con acento siciliano: "Esa tierra la hizo el Etna que fue. El fuego bajo el hielo. Ella me devolvió la vida en Turín, me hizo la Regina que soy. Le debo este último acto de amor y respeto. No es un funeral de la Famiglia, amore. Es un viaje de dos amigas y la memoria de una pérdida. Ella debe volver a su origen, no quedarse como un adorno en mármol siciliano."
Mássimo asintió. Entendía la necesidad de cerrar el cíclo.
Mássimo dice con acento turinés: "Muy bien. ¿Quién te acompaña? La seguridad es mi prioridad."
Leila ya lo había decidido. Se dirigió al teléfono de línea segura.
Leila dice con acento siciliano: "Martyna irá conmigo. La necesito cerca. Y necesito a la gente de Chiara. Los gemelos. Piero y Angelo."
Leila le envió un mensaje breve a Martyna para que se preparara.
Después llamó a los gemelos. Piero y Angelo eran la sombra de Chiara cuando ella era la mano derecha de Leila. Leales, silenciosos y con la habilidad de desaparecer y reaparecer. Estuvieron presentes en el rescate de Leila en Montenegro, una lealtad forjada en la sangre.
Piero dice con acento siciliano, su voz grave: "Estaremos en el helipuerto de la Villa en una hora, Regina. Usaremos el Augusta, es el más rápido."
Angelo dice con acento siciliano, con un tono inexpresivo: "Nosotros nos encargaremos de la seguridad y del vuelo. Como siempre lo hicimos para ella."
Leila se giró hacia Mássimo, quien ya estaba haciendo llamadas discretas.
Leila dice con acento siciliano: "Quiero que vengas conmigo, amore. Eres lo único que necesito ahora."
Mássimo finalizó su llamada con un gesto firme.
Mássimo dice con acento turinés: "Estaré contigo. Nos vamos en el Augusta. He puesto a Salvatore y a Corrado en el equipo de seguridad adicional en el helicóptero. Cubrirán nuestro perímetro. No quiero más sorpresas. Este es tu dolor, no nuestro campo de batalla."

Hacia el Vesubio.


Una hora más tarde, el helicóptero Augusta A109 de la Famiglia se elevaba sobre la Villa Ferrari. Era un contraste brutal: el lujo de la aeronave blindada llevando la carga más humilde y dolorosa.
En la cabina, el ambiente era pesado. Piero y Angelo, concentrados en los controles y la ruta, apenas respiraban. Vestían trajes de vuelo oscuros, sus auriculares bloqueando el ruido del rotor. Su silencio era un luto palpable.
Leila estaba sentada junto a Mássimo, la urna de Chiara en su regazo, envuelta en el mismo pañuelo de seda marfil. Martyna iba al otro lado, la mano suave pero firme en el hombro de Leila. Salvatore y Corrado, los dos guardias, estaban en la parte trasera, sus rostros pétreos, sus armas listas.
Mientras el helicóptero cruzaba el estrecho y se dirigía hacia el Golfo de Nápoles, Leila miró por la ventanilla. La costa siciliana se encogía, y la península se acercaba, prometiendo un reencuentro con un dolor antiguo.
Leila cerró los ojos, sintiendo el vacío que Chiara había dejado.
Leila (pensando): Tu alma nació en el fuego del Vesubio, y tu voluntad fue tan dura como la lava. Me enseñaste que la lealtad es sangre. Y me traicionaste con el capricho de la carne. Pero no te perdono por el error. Te perdono por el amor. Y el amor te trae de vuelta a casa.
Cuando la silueta imponente del Vesubio se hizo visible en el horizonte, Mássimo apretó la mano de Leila.
Mássimo dice con acento turinés, en un susurro, sobre el ruido de la cabina: "Estamos llegando, piccolina. El mar está esperando."
El helicóptero sobrevoló la costa napolitana, acercándose a una cala desierta que Piero había asegurado. El viento del rotor levantaba el polvo de la tierra y la arena. Era el lugar que Leila había elegido: una franja de playa solitaria, dominada por la montaña volcánica. La tierra de Chiara.
Al aterrizar, los gemelos bajaron primero, seguidos por Salvatore y Corrado, quienes establecieron un perímetro inmediato.

dolorosa aceptación y juramento.

Punto de vista: Leila.


Leila, sostenida por Mássimo y Martyna, descendió. El aire napolitano era más salino y áspero que el de Sicilia.
Ella se arrodilló en la arena oscura, el mar rompiendo con un sonido melancólico a pocos metros. Martyna se arrodilló con ella, y Mássimo se quedó de pie, observando.
Leila abrió la urna. El último acto de la Regina Ferrari se había reducido a esto: una mujer, arrodillada en la arena, devolviendo a su hermana al mar y a la tierra de su dolor.
Leila dice con acento siciliano, su voz es un lamento silencioso que solo Martyna y Mássimo escuchan: "Aquí te dejo, sorellina. Vuelve a la tierra que te dio tu fuerza. Vuelve al mar, lejos del fuego de Sicilia que nos quemó a ambas."
Leila, con la urna entre las manos temblorosas, vertió una pequeña porción de las cenizas oscuras sobre la arena. El polvo fino fue absorbido de inmediato por la tierra volcánica. Cerró los ojos, concentrando toda la furia y el amor en las palabras que el viento se llevaría.
Leila dice con acento siciliano, su voz cargada de una tristeza hiriente: "Eras mi Etna, sorellina. Fuego y estabilidad. Me prometiste que nunca me dejarías. Me juraste lealtad sobre la sangre y la mafia, y yo te creí. ¡Maldita sea, Chiara, te creí!"
Una lágrima solitaria se deslizó por su rostro, cayendo sobre la arena y marcando un círculo oscuro junto a las cenizas.
Leila dice con acento siciliano, su tono se suavizaba en una confesión dolorosa: "Me dejaste por un capricho. Por un hombre que no valía tu juramento. Arrojaste todo por el borde, el respeto, la seguridad, la Famiglia. ¿Cómo pudiste ser tan estúpida? Me pusiste en un lugar donde tuve que ordenar tu captura, no tu rescate. Me obligaste a elegir entre el Etna y la corona, y la corona siempre gana. ¡Y te odio por eso!"
Apretó la urna contra su pecho de nuevo, buscando la fuerza para la segunda parte.
Leila dice con acento siciliano, "Pero más te odio por obligarme a amarte tanto, incluso ahora. Te perdono, Chiara. Te perdono por el error, por el dolor, por la traición. No porque fueras mi Consigliere, sino porque fuiste mi única familia. La única que vio el infierno de Montenegro y no huyó. La única que me devolvió el alma en Turín."
Se inclinó, mirando las cenizas esparcidas.
Leila dice con acento siciliano: "El juramento fue mutuo. Y yo no te recogí. Así que debo vengarte. Yo no olvido la sangre. Y Alessio pagará por la cobardía de Gianluca y por la rabia de mi corazón."
Martyna se arrodilló más cerca, con la mirada clavada en la espalda de Leila, sintiendo la intensidad de su juramento.
Leila, con un suspiro que sonó a rendición, tomó la urna y caminó hacia el borde del agua. El mar rompía suavemente, lamiendo la arena. Con un movimiento lento y deliberado, giró la urna y dejó que el resto de las cenizas se dispersara en la espuma salada.
El gris del polvo se disolvió en el azul oscuro del mar, mezclándose con las olas que se dirigían hacia el Vesubio, la montaña de origen de Chiara. Por un instante, pareció que el mar se calmaba, aceptando la carga.
Leila dice con acento siciliano, con una voz fuerte y clara que el viento intentó llevarse: "Descansa, sorellina. Y que el Vesubio se acuerde de nosotras."
Leila se quedó inmóvil, mirando cómo el último rastro físico de su hermana desaparecía. La pérdida era absoluta, irreversible. Se había ido.
Martyna se acercó y la abrazó por la cintura, un apoyo firme.
Martyna dice con acento Italoamericano, "Se fue a casa, Leila. Ahora, volvamos a la nuestra. Catania nos espera."
Leila se separó del abrazo, su rostro era una máscara de dolor aceptado, pero sus ojos brillaban con una resolución helada.
Leila dice con acento siciliano, "Sí. Volvamos a casa, Martyna. Y preparemos la guerra. Ya no hay Etna. Solo hay una Regina con una deuda de sangre."
Tomó la mano de Mássimo, su ancla de acero. Juntos, se dieron la vuelta y caminaron de regreso hacia el helicóptero, dejando solo huellas en la arena que el mar pronto borraría. El último viaje de Chiara D'Amico Valestra había terminado.
Larabelle Evans
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Re: La resiliencia de la reina Ferrari

Mensaje por Larabelle Evans »

El Desglose de un Imperio Silencioso.

Punto de vista: Leila.


El sol del mediodía siciliano se filtraba a través de las celosías del despacho principal de la Villa Ferrari, creando franjas de luz y sombra sobre la caoba. El aire acondicionado mantenía la temperatura en un punto de cálculo frío, neutralizando el calor exterior. Había pasado un día desde el regreso de Nápoles, y el luto, aunque profundo, había sido rigurosamente apartado en favor de la operatividad.
Leila estaba sentada a la cabeza del escritorio, vestida con un conjunto de pantalón y chaqueta en tweed gris oscuro, sin una joya llamativa, su cabello recogido en un moño estricto. Su palidez seguía siendo evidente, pero sus ojos esmeralda habían recuperado su filo, enfocados en el negocio pendiente. A su derecha, Michele, el Consigliere, mantenía una postura impecable. Su expresión era de una profesionalidad imperturbable, aunque el leve temblor de sus manos sobre la carpeta de piel delataba el duelo personal que cargaba por la pérdida de su amigo de la infancia en Trapani.
Frente a ellos, Mirko, el abogado de la Famiglia, de origen suizo y apenas treinta y pocos años, era la personificación de la eficiencia. Vestía un traje de corte moderno en azul marino, sus gafas de montura fina y su reloj de precisión suiza marcaban su estilo metódico. Había llegado esa mañana, transportado discretamente desde Zúrich, para proceder al desagregado de los activos financieros y legales de Chiara D'Amico Valestra.
Mirko carraspeó y abrió una carpeta de cuero, iniciando la reunión sin preámbulos, su acento suizo-italiano era cortante y conciso.
Mirko dice con acento suizo: "Regina, Consigliere. Hemos completado el análisis preliminar de los activos de la señorita D'Amico. Dada la ausencia de otros herederos directos, y en concordancia con el testamento original depositado en mi despacho en Ginebra, la totalidad de sus bienes y participaciones pasa a ser controlada por usted, Leila Ferrari."
Leila asintió, su rostro inexpresivo. No había satisfacción, solo la fría aceptación de la inevitabilidad.
Michele deslizó una tableta por la mesa, mostrando un desglose financiero encriptado.
Michele dice con acento trapanés: "La transición ha sido fluida. Gianluca no tenía acceso directo a sus cuentas principales, y sus códigos de seguridad fueron neutralizados inmediatamente tras la deserción."
Mirko continuó, desglosando la herencia.
Mirko dice con acento suizo: "La fortuna legada por los padres de la señorita D'Amico, proveniente de sus participaciones en la logística naval napolitana y el private banking, asciende a trescientos ochenta millones de euros en líquido e inversiones de renta fija. Es capital limpio, ideal para la diversificación y el blanqueo."

Concepto
Valor Estimado (EUR)
Estatus Legal
Observaciones
Capital Heredado (Líquido/Fijo)
380,000,000
Limpio/Diversificable
Procedente de Nápoles (logística naval y banca).
Participaciones Ferrari (Legales)
120,000,000
Estable
Acciones en el Holding de Logística de Catania.
Negocios Offshore (Ilegales)
250,000,000
Opaco/Cierre de Brechas
Rutas en el Magreb y los Balcanes. Urge reestructuración.
Total Activo Adquirido
750,000,000
Integración en Famiglia
Incremento sustancial de las arcas Ferrari.

Leila se inclinó sobre la mesa.
Leila dice con acento siciliano: "Los negocios offshore. ¿Qué tan profundas son las rutas? Y ¿hay riesgo de que Santoro haya tenido conocimiento de ellas a través de Chiara?"
Mirko ajustó sus gafas.
Mirko dice con acento suizo, "Las rutas son complejas, señora. Se concentran en el suministro a través del Magreb y el Adriático, un área que Alessio tiene descuidada. El riesgo existe, pero la codificación era sólida. La ganancia anual estimada de estas operaciones es de doscientos cincuenta millones de euros. Es una adición vital a las arcas."

El Proyecto "Vesta" en Roma.


El abogado deslizó una carpeta gruesa con un logo elegante: un diseño minimalista de columnas romanas.
Mirko dice con acento suizo: "Hay un proyecto en desarrollo que la señorita D'Amico gestionaba en secreto. Nombre clave: 'Vesta'. Es la adquisición de un terreno en la periferia de Roma para la construcción de un complejo de entretenimiento y hotel, centrado en un casino de alta gama. El coste de adquisición y construcción inicial está presupuestado en ochenta millones de euros, pero la licencia de juego, aunque no está cerrada, está muy avanzada."
Leila levantó una ceja, la primera señal de sorpresa. El casino en Roma era un golpe estratégico a la Ndrangheta y un punto de apoyo en el norte del país, territorio tradicionalmente ajeno a la Cosa Nostra siciliana.
Leila dice con acento siciliano: "Un casino en Roma. ¿Por qué no me lo mencionó?"
Mirko dice con acento suizo, "Estaba esperando el momento adecuado, Regina. Quería presentarlo como un éxito personal, una diversificación para la Famiglia más allá de la logística portuaria. Era un proyecto que la apasionaba."
Leila sintió un pinchazo de dolor, reconociendo el patrón de su sorellina: siempre buscando la aprobación con un golpe de audacia.
Leila dice con acento siciliano: "Continúe. ¿Cuál es el riesgo legal de la licencia?"
Mirko proyectó un pequeño gráfico.
Mirko dice con acento suizo, "El contacto es fuerte, un político con influencia en el Ayuntamiento. Necesita un pago inicial de diez millones de euros para asegurar la aprobación final del uso de suelo. La inversión promete un retorno del quinientos por ciento en los primeros cinco años de operación. El riesgo es bajo, la oportunidad es inmensa."
Leila tomó una respiración profunda.
Leila dice con acento siciliano: "Michele, usted asume la gestión directa del proyecto 'Vesta'. Trabaje con Mirko para asegurar la transferencia de fondos. Este casino es ahora mi prioridad personal. Es el legado final de Chiara, y lo haremos realidad."
Michele asintió, la solemnidad en su rostro evidenciaba la magnitud de la tarea.
Michele dice con acento trapanés, "Entendido, Regina. Aseguraré el terreno y el contacto. El proyecto será un éxito."
Leila se reclinó en su silla, el peso del nuevo imperio de setecientos cincuenta millones de euros, además de sus activos existentes, se asentaba sobre sus hombros. La herencia de Chiara no era un consuelo; era munición.
Leila dice con acento siciliano: "Mirko, usted se encargará de formalizar mi posición como única dueña y de blindar legalmente todos estos activos. Necesito que sean invisibles para cualquier auditoría, especialmente para la Guardia de Finanzas. Michele, usted coordina con Dalila y Karlo la reestructuración de las rutas offshore en el Adriático. Las ganancias de Chiara se destinarán íntegramente a una cosa."
Ella miró a ambos hombres, sus ojos fríos y calculadores.
Leila dice con acento siciliano: "Aumentaremos el fondo de guerra. Alessio Santoro pensó que al quitarme a mi Consigliere me debilitaba. Él me ha dado no solo la rabia para destruirlo, sino los medios. La venganza se pagará con la fortuna de Chiara."
La reunión terminó con la misma frialdad con la que había comenzado. Mirko guardó sus documentos con precisión, y Michele se preparó para asumir el peso de un nuevo imperio financiero y un casino en Roma. El luto había terminado. La guerra de la Regina Ferrari estaba a punto de volverse obscenamente cara en todos los sentidos.
Larabelle Evans
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Re: La resiliencia de la reina Ferrari

Mensaje por Larabelle Evans »

Develando verdades.

Punto de vista: Leila.


El despacho de Leila Ferrari era un santuario de la sobriedad y el poder.

Michele Estaba de pie junto al ventanal, sus manos apoyadas en el mármol frío del alféizar, la figura de su cuerpo esbelto proyectando una sombra tensa sobre el suelo.

Su tristeza era un manto palpable. Tras el incidente en San Gregorio, el viaje de vuelta había sido un tormento de humillación y derrota. Flavio Vescovi había actuado como un guardián, y Dalila, protegida por ese muro de lealtad ajena, solo le había dirigido una mirada: una mezcla de resentimiento, decepción y una fría indiferencia que le dolió más que la furia de Fabrizio.

Michele se pasó una mano por el cabello, la textura suave contrastando con la aspereza de la culpa en su interior. Sabía que la había perdido. Había arriesgado su honor por un impulso estúpido y, al hacerlo, había creado una grieta entre ellos tan profunda que ni siquiera el amor que sentía podría cruzar. El recuerdo de la cabeza de Concettina en la caja, la burla de Santoro, todo se acumulaba en su pecho como un peso insoportable.

Leila, sentada en su escritorio, observaba a su primo con una preocupación silenciosa. Había ordenado el encuentro en su despacho, consciente de que la presencia de la Regina era necesaria para que Dalila cumpliera con el protocolo y dejara de huir de Michele.

Dalila se da una última mirada al espejo antes de presentarse frente a la regina y el consigliere. Había intentado hacer milagros con el maquillaje, pero no logró ocultar las ojeras y el impacto de los sucesos de los últimos días.
Dalila sale de su habitación a paso vivo, baja las escaleras y se dirige al ala privada donde se encontraba el despacho de la regina.
Dalila mira la puerta labrada, respira hondo tres veces y toca con suavidad.
Dices con acento Siciliano: "Avanti, Dalila."
Dalila traga saliva y entra. Cierra con suavidad la puerta antes de volverse hacia la Regina.
Leila la mira tranquilizadora.
Dalila dice con acento milanés: "Regina, consigliere. Estoy de vuelta. He sido informada del incidente durante mi ausencia. La pérdida de Concettina es una mancha que recae sobre mi y asumo las consecuencias."
Dices con acento Siciliano: "Dalila. ¿Estás bien?. Antes de hablar de eso. Siéntate. "
Michele la mira pero no se atrebe a acercarse.

Dalila se sienta.
Dalila dice con acento milanés: "Estoy, estoy bene regina."
Leila mira a Michele.
Dalila baja la mirada, el peso de la ineficiencia es un golpe que no sabe bien como gestionar.
Dices con acento Siciliano: "Michele. Antes de hablar de generalidades sobre lo ocurrido. Necesito unas palabras a solas con Dalila. Espera afuera per favore."
Dalila murmura con acento milanés: "le ofrezco mis más sinceras, condolencias, consigliere. Me ocuparé del funeral y de indemnizar a la famiglia de Concettina."
Leila mira a Dalila.
Dalila levanta la mirada y clava los ojos en la regina.
Dices con acento Siciliano: "Calma Dalila, ya hablaremos tu y yo de eso."
Dalila murmura con acento milanés: "va bene, regina."
Michele asiente a Leila y baja la mirada caminando hacia la salida del despacho.

Michele sale, cerrando la puerta.

Dalila traga saliva.
Dalila dice con acento milanés: "la escucho, regina."
Leila se enfoca en Dalila. La mira a los ojos para hablarle.
Dalila espera un reclamo por no haber impedido el secuestro.
Dices con acento Siciliano: "Antes de cualquier cosa. Necesito que me digas, Si estás bien, y porqué Fabrizio te secuestró?"
Dices con acento Siciliano: "Qué relación hay o hubo entre ustedes. "
Dalila palidece frente a las preguntas.
Dices con acento Siciliano: "No quiero invadir tu intimidad. Pero necesito comprender todo esto. Apenas me voy enterando de todo."
Dalila traga saliva y cierra los ojos.
Leila la mira con seriedad pero comprensiva, dándole espacio para que hable.
Dalila dice con acento milanés: "Regina, estoy bien... o tan bien como se puede estar tras todo lo ocurrido. Esta vez no... no pasó nada."
Dalila inspira hondo porque sabe que tendrá que revelarle a la regina, al menos lo suficiente para que quede satisfecha y no quiera hurgar en su pasado.
Dalila dice con acento milanés: "No hay y no hubo una relación con Fabrizio Fratinelli. Mi padre, perdió mucho dinero cuando yo tenía 14 años."
Dalila traga saliva de nuevo.
Leila la escucha sin interrumpir.
Dalila dice con acento milanés: "Franccesco Fratinelli le ofreció a mi padre un acuerdo matrimonial que se ejecutaría cuando alcanzara los 18 años. el acuerdo procuraba un matrimonio entre Fabrizio y yo, a cambio de saldar las deudas y el honor familiar."
Dalila murmura con acento milanés: "Fabrizio se había fijado en mí, según le dijo Franccesco a mi padre."
Leila se horroriza previendo la dirección de la historia.
Dalila mira a Leila.
Leila le devuelve la mirada, sin juicio.
Dalila dice con acento milanés: "solo que luego nada de eso se concretó tal como se había ofrecido y Fabrizio ha quedado... prendado desde entonces, por decirlo de alguna manera."
Dices con acento Siciliano: "Dalila. ¿Te hicieron daño?"
Dalila desvía la mirada un instante.
Leila observa su reacción comprendiendo la respuesta sin palabras.
Dalila murmura con acento milanés: "Fabrizio solo mellevó a su villa en San Gregorio mientras se subsanaba la amenaza de Santoro, Regina."
Dices con acento Siciliano: "Ya. No, no necesito detalles. Yo, te comprendo más de lo que imaginas. "
Leila asiente a sus palabras.
Dalila mira a la regina con firmeza.
Dalila dice con acento milanés: "Fabrizio tiene la mala costumbre de asumirse un protector y a veces ... a veces hace lo posible por seguirme la pista, pero le doy mi palabra que no volverá a interferir con mi trabajo, regina."
Dices con acento Siciliano: "Y siendo así. ¿Estás segura que no representa un peligro para ti su obsesión?"
Dalila cierra los ojos un segundo y luego vuelve a clavar la mirada en la regina.
Dalila dice con acento milanés: "Fabrizio no es un riesgo para mí, regina... no para mí. Le prometo que me ocuparé de que Fabrizio no sea un inconveniente. para nadie en esta casa."
Dices con acento Siciliano: "Va bene Dalila. Sobra decirte que cuentas con mi apoyo. Tú has hecho demasiado por esta Famiglia, incluso sin pedírtelo expresamente. "
Dalila dice con acento milanés: "cumplo mi deber, regina y así será para con usted y el consigliere. Agradezco sus palabras y su generosidad."
Dices con acento Siciliano: "Imagino que te han informado de que trabajaremos de ahora en adelante con Olimpia."
Dalila dice con acento milanés: "sí, mi hermano Flavio es uno de sus lugartenientes, signiora."
Leila sonríe.
Dalila se relaja un poco y le devuelve la sonrisa, aunque no le brilla en los ojos.
Dices con acento Siciliano: "Bene, estoy segura que juntas mantendremos esta isla a ralla de negocios asquerosos como los de Alessio. AHora. Hay, otro punto que quiero hablar contigo."
Dalila dice con acento milanés: "así será, regina. Dígame, la escucho."
Dices con acento Siciliano: "Quiero que sepas que lo ocurrido con Concettina, no es culpa tuya. Alessio es un figlio di puttana, un sádico que solo busca hacernos daño a Michele y a mí. "
Dalila mira a la regina.
Dalila dice con acento milanés: "mi deber es guardar su famiglia, signiora y no fui capaz de proteger a la donna del consigliere."
Dalila murmura con acento milanés: "tendría que haber sido más rápida."
Dices con acento Siciliano: "Lamentablemente su parecido contigo, sumado a el actuar impulsivo de Michele fueron la mezcla perfeta para que ese infeliz la confundiera contigo."
Leila niega rápido a lo que dice Dalila.
Dices con acento Siciliano: "¿Su donna?"
Dalila la mira sin comprender del todo
Niegas con la cabeza.
Dices con acento Siciliano: "Michele y Concettina no tenían una relación, Dalila. No como tú lo piensas."
Dalila murmura con acento milanés: "pero... yo estuve presente cuando él pidió que le enviaran flores, una joya..."
Dalila murmura con acento milanés: "yo la vi, yo vi a esa ragazza y ella me dijo que él ..."
Leila suspira como diciendo, ay. Hombres.
Dalila dice con acento milanés: "no entiendo, regina. si no era su donna, entonces ..."
Dices con acento Siciliano: "Podrá haber tenido algún detalle con ella, no sé por qué razón, Dalila. Pero no había algo más que ella cumpliendo con su trabajo. "

Dalila se ha quedado como una estatua.
Dices con acento Siciliano: "No crees que, el parecido contigo, fue una estúpida estrategia de Michele para tenerte? "
Dalila dice con acento milanés: "tenerme a mí?"
Leila la mira con un brillo pícaro en la mirada.
Asientes afirmativamente.
Dices con acento Siciliano: "No sé cómo se haya dado la relación mas haya del trabajo entre tú y mi primo. Pero si cometió la tontería de contratar a una escort igual a ti..."
Dalila no da crédito a lo que oye.
Dalila dice con acento milanés: "él la contrató porque se parecía a mí?"
Asientes afirmativamente.
Sonríes.
Dalila reacciona como un volcán sin importarle que esté la regina.
Dalila se pone de pie.
Dices con acento Siciliano: "Ya sé que es una estrategia primaria, y fuera de la lógica, pero es que, algunos hombres en lugar de emfrentar lo que sienten, se quieren salir por la tangente. "
Dalila dice con acento milanés: "pero como ha hecho semejante insensatez, regina. Se ha vuelto loco."
Asientes afirmativamente.
Dalila deambula frente a Leila como una erupción.
Leila observa comprensiva la furia de Dalila.
Dalila dice con acento milanés: "No puede ser ... como no piensa con la testa sobre los hombros. Madonna santa, es que lo mato... lo mato."
Dalila dice con acento milanés: "ese ... ese..."
Dices con acento Siciliano: "estás en tu derecho de estar molesta con él. La verdad es que esa pobre chica, pagó por su locura contigo. nada le costaba decirte lo que sentía por tí."
Dalila se muerde la lengua cuando cae en cuenta de que está frente a la regina.
Dalila se vuelve a mirarla.
Leila se encoge de hombros.
Dalila dice con acento milanés: "lo que sentía? Yo es que lo voy ..."
Dalila dice con acento milanés: "lo siento, regina, pero tengo que hablar con el consigliere ahora mismo."
Dices con acento Siciliano: "Cuando supimos que estabas perdida. Me dijo qué. Está enamorado de tí..."
Leila sonríe cómplice con Dalila.
Dalila dice con acento milanés: "non e possibile ."
Dices con acento Siciliano: "Tú sabrás que hacer con esa información Dalila... "
Dalila se cubre la cara con ambas manos.
Dalila se recompone y a duras penas ve a la regina para asentir.
Dalila dice con acento milanés: "tengo que ... tengo que ocuparme de este asunto, regina."
sin esperar respuesta, sale del despacho como un vendaval.
Larabelle Evans
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Re: La resiliencia de la reina Ferrari

Mensaje por Larabelle Evans »

El placer que anula el luto.

Disclaimer.

Escena con contenido sexual explícito. Queda bajo su responsabilidad la lectura de este rol, Apto para mayores de 18 años.

Punto de vista: Leila.

La noche había caído sobre la Villa Ferrari con una negrura de obsidiana. Leila regresó a su Suite después de la explosiva reunión con Dalila, su mente un torbellino de lealtades rotas, estrategias de guerra y, ahora, la ridícula y dolorosa estupidez del corazón de su primo. La rabia de Dalila era justificable, y el destino de Concettina se sentía más que nunca como una deuda personal que Michele había abonado con la vida de una inocente.
El luto por Chiara seguía siendo un ancla pesada en su alma. El dolor no era agudo, sino una molestia sorda y constante que la recordaba que su pilar se había ido. Necesitaba la frialdad de los números, la violencia de la estrategia; necesitaba ser la Regina y no la mujer rota.
Abrió la puerta de su Suite esperando la penumbra habitual, la vista inmutable del mármol y la seda negra, su refugio de acero.
En cambio, se detuvo en el umbral, el aliento atrapado en su garganta.
La estancia era irreconocible. Mássimo había transformado la opulencia en una cueva de sensualidad íntima. Las cortinas estaban corridas, pero la luz no venía de los fríos focos LED, sino de las velas encendidas, cuya llama bailaba sobre las paredes. El olor a sándalo y almizcle había reemplazado el aroma a antiséptico. El suelo estaba despejado, y sobre la cama, despojada de su pesado edredón de seda, Mássimo había colocado sábanas de lino de color marfil que invitaban a la entrega.
Mássimo estaba de pie junto a la ventana, no en un traje, sino en pantalones de seda gris carbón, su torso atlético desnudo bajo la luz ámbar. Su rostro era suave, despojado de la máscara de pragmatismo que usaba durante el día. En sus manos, una botella de vino tinto respiraba.
Leila cerró la puerta a sus espaldas, la cerradura sonando como un click final sobre el mundo exterior.
Leila murmura con acento siciliano, Mássimo. ¿Qué es todo esto?
Mássimo no respondió con palabras. Caminó hacia ella con tres pasos firmes, el vino a un lado. La tomó suavemente por los hombros, sus pulgares acariciando el punto donde el tweed de su chaqueta se hundía.
Mássimo dice con acento turinés, en un susurro grave, Te quitaste el velo en Nápoles, piccolina. Pero sigues vestida de luto por dentro. He decidido que esta noche, el luto se queda fuera.
Sus manos se movieron, desabrochando con lentitud y deliberación los botones de su chaqueta. No fue un acto de prisa, sino de reverencia, cada despojo una pequeña liberación. Mássimo no la estaba desvistiendo, estaba desmantelando su armadura.
Leila dice con acento siciliano, Mássimo, yo... la Famiglia...
Él deslizó la chaqueta de sus hombros, dejándola caer al suelo. Luego, sus labios encontraron su oreja, el aliento caliente.
Mássimo dice con acento turinés, su voz vibrando en su oído: "No tienes que hablar de la Famiglia aquí, Leila. Aquí solo existes tú. Y yo. Y esta piel que extraña tu fuego."
Sus manos se movieron a la cremallera de su falda de seda. El desliz del metal era un sonido casi imperceptible, pero resonó en el silencio de la Suite como una promesa. La prenda cayó a sus pies, y ahora Leila solo llevaba la lencería de encaje bajo su camisa. El aire fresco acarició su piel expuesta.
Leila, cerrando los ojos sintiendo un escalofrío que no era de frío.
Leila dice con acento siciliano, È troppo presto. Demasiado pronto para la entrega, demasiado pronto para olvidar el mármol frío de la tumba.
Pero Mássimo no le dio espacio para la protesta. Sus labios bajaron de su oído a la curva de su cuello, buscando el punto sensible que siempre la desarmaba.
Mássimo dice con acento turinés, un murmullo posesivo, "No lo pienses, piccolina. Solo siente. Quiero sentir el sabor del dolor desapareciendo bajo el placer. Quiero que me mires y veas que la vida es más fuerte que cualquier pérdida."
La besó con una intensidad hambrienta, sus manos subiendo por su espalda para rodearla y alzarla del suelo. El traje de seda marfil que ella llevaba se arrugó, una bandera de tregua. La cintura de Leila se encontró con el duro relieve de sus caderas, y el choque físico encendió una chispa de necesidad que había estado dormida bajo el luto.
Leila gimió en la boca de Mássimo, su cuerpo recordando el patrón de la rendición. Sus manos se aferraron a los músculos tensos de sus hombros.
Leila suspirando en su boca dice con acento siciliano, "Mássimo… detente…"
Él la llevó hasta la cama, su boca nunca abandonando la de ella. La dejó caer sobre las sábanas de lino marfil, el contraste de su piel pálida contra la tela suave. Mássimo se cernió sobre ella, su peso contenido, pero su mirada de dominio absoluto. Sus ojos, oscuros de necesidad, exploraron los de Leila.
Mássimo dice con acento turinés, su voz grave como el mar: "¿Detenerme? No, amore. Me necesitas. Y yo te necesito. Quiero que me recuerdes en cada parte de tu cuerpo, para que ese vacío que dejó tu sorellina no te consuma."
Se inclinó, y sus labios buscaron el delicado encaje que cubría su pecho. La estimulación fue precisa, calculada para destruir cualquier resistencia. La humedad en sus labios y el roce del encaje enviaron una corriente eléctrica a través del cuerpo de Leila.
Leila jadeando dice con acento siciliano, "No uses esto… no me domines…"
Mássimo dice con acento turinés, entre besos húmedos: "Te domino porque te amo. Y porque eres la mujer que convierte mis noches de soledad en infiernos de deseo. Quiero esa locura, Leila. Quiero que esa Regina fría se queme por mí."
Leila con su voz que se quiebra en un susurro ardiente, "Mássimo… quiero olvidarlo…"
Mássimo dice con acento turinés, su aliento caliente contra su piel: "Olvidarás el duelo y solo me recordarás a mí. Seré tu único pensamiento, piccolina."
La camisa de Leila fue arrancada con un movimiento rápido, y sus ojos se encontraron de nuevo, sin disimulos. Había tristeza, sí, en los de ella, pero debajo, una vorágine de excitación la hacía temblar.
Leila con sus manos viajando por el pecho de él, necesitando sentir la fuerza.
El dominio de Mássimo se hizo físico. Se despojó de sus pantalones de seda, y su cuerpo desnudo se unió al de ella, piel contra piel.
Mássimo dice con acento turinés, justo antes de poseerla, con la voz ahogada en un juramento: "Te adueñaste de mi alma en Turín, Leila. Y ahora yo me adueño de tu cuerpo, para devolverte a la vida. Eres mía. Y la vida siempre gana."
Él no le dio tiempo para responder. El silencio que siguió a su juramento, pesado y cargado de semanas de tensión reprimida, fue quebrado por un gemido gutural, profundo, arrancado del alma de Leila. Se adentró en ella con una estocada profunda, posesiva y sin preámbulos. No fue un acto de ternura ni de delicadeza; fue una violenta y necesaria reconquista de lo que siempre había considerado suyo.
Leila grita, su voz un lamento de dolor, sorpresa y súplica que se rompe en el aire: "¡Mamma mia! ¡Mássimo!"
El impacto le sacó el aire de los pulmones, el mundo se redujo a la colisión de sus cuerpos. Por un instante, el dolor fue agudo, una punzada que recordaba la violencia de su unión original. Pero no se separó; al contrario, sus uñas se hundieron en la espalda tensa de él, rasgando levemente la piel con desesperación. El dolor, esa señal de vida cruda, se fusionó de inmediato con el placer explosivo que su cuerpo hambriento había estado negando desde la muerte de su sorella. El luto era un velo que él estaba destrozando con cada fibra de su ser.
Mássimo dice con acento turinés, moviéndose de inmediato con un ritmo implacable, animal, sin ceder un ápice. Cada embestida es una sentencia, un recordatorio de su autoridad: "¡Sí, piccolina! ¡Siente esto! ¡Siente que estás viva, Leila! ¡Que no eres un fantasma envuelto en seda negra! Sono il tuo padrone, il tuo schiavo! (¡Soy tu amo, tu esclavo!) Soy tu dolor y tu medicina. ¡Dime que me quieres, Leila! Dime que me necesitas para olvidar esa mierda de luto que te está matando lentamente."
Sus caderas golpeaban las de ella con una fuerza rítmica, primitiva. El armazón de la cama de lino crujía y se quejaba bajo el peso de su urgencia compartida, un sonido que era tan erótico como los gemidos. Leila no podía pensar; la estrategia, las traiciones, la corona, todo se desvanecía. Solo podía sentir. Sentir la invasión, la fricción caliente, la marea ascendente que exigía liberación.
Leila con los ojos cerrados, buscando el ritmo y la conexión, abandonada por completo a la sensación, dice con acento siciliano, su voz áspera, rasgada por la pasión: "¡Sí! ¡Sì, sì! ¡Más, cazzo! ¡Más profundo, Mássimo! ¡Llévame a la locura, testa calda! ¡No me dejes regresar!"
Él sonrió contra su cuello, un sonido grave y satisfecho. Un león que acaba de reclamar a su fiera. La dominación era total, pero ella la deseaba.
Mássimo dice con acento turinés, inclinándose para morder su hombro con suavidad posesiva, una promesa de posesión eterna: "Te voy a llevar al infierno, amore. Y te traeré de vuelta solo con mi nombre en tus labios. ¡Eres la Regina de Sicilia, te temen, te adoran, pero aquí, en la cama, eres mi puta, mi dulce y salvaje puta! ¡Eres La mia fica feroce!!) La única que me quita el aire, la única que me sabe dar placer."
La vulgaridad, el lenguaje crudo, funcionaron como un bisturí emocional. La despojaron del último vestigio de su corona y de su dolor. Ella no era Leila Ferrari, la capo. Era la mujer de Mássimo, el ancla de su infierno y su única esperanza de redención.
Leila jadea, sus palabras apenas coherentes, la cabeza echada hacia atrás en el éxtasis.
Leila Dice con acento siciliano, la aceptación grabada en cada sílaba: "¡Tuya! ¡Sono la tua puttana! (¡Soy tu puta!) ¡No me dejes pensar en nada más, stronzo! (¡cabrón!) ¡Bórralo todo! ¡Dame esto, Mássimo! ¡Dame solo esto!"
Él aceleró, la respuesta a su súplica fue un cambio en el ritmo, más rápido, más fuerte, cada embestida ahora buscando un solo y brutal propósito: la aniquilación de su dolor. Su respiración era superficial, jadeos que se mezclaban con el aire viciado de la habitación. Sus cuerpos, cubiertos de una capa fina de sudor salado, hacían más resbaladiza y caliente la fricción de sus pieles. Mássimo sostuvo su mirada, obligándola a ver la necesidad pura en sus ojos oscuros, no el amor suave de los cuentos, sino la exigencia del cuerpo, del territorio, del alma.
El clímax se cernía sobre ellos como una ola de calor volcánico. Mássimo gruñó, la tensión acumulada en sus hombros y cuello. Se separó solo lo suficiente para girar a Leila de espaldas con un movimiento rápido y dominante. Ella se quejó por la interrupción, pero la nueva postura la ancló, exponiéndola por completo. Sus rodillas sobre el colchón de lino, su torso recargado en los antebrazos, la imagen de la sumisión y la entrega absoluta. Él se posicionó detrás de ella, entrando de nuevo con la misma estocada profunda que buscaba el centro de su dolor y su placer.
Mássimo dice con acento turinés, su voz tensa y ronca: "¡Guarda il Vulcano, piccolina! (¡Mira el Volcán, pequeña!) El mar es tuyo, pero tu estás aquí, arrodillada para mí. ¡Grítalo! ¡Dime para quién te arrodillas!"
Leila no necesitaba que le dijeran que estaba arrodillada; el impacto de la penetración desde atrás era más brutal, más animal, golpeando un punto sensible que la hizo jadear y arquear la espalda. La sensación la desbordó, reemplazando la imagen del Etna con el infierno de su propia necesidad.
Leila grita, su voz estrangulada por el placer, dice con acento siciliano: "¡Per te! ¡Per il mio padrone! (¡Para ti! ¡Para mi amo!) ¡No pares! ¡Più forte! (¡Más fuerte!)"
Él obedeció, su pelvis chocando contra sus nalgas con un sonido húmedo y rítmico que era la banda sonora de su locura compartida. Mássimo se inclinó, su aliento caliente y agitado sobre su oreja, una posesión sonora.
Mássimo dice con acento turinés, un susurro dominante: "¡Sei la mia troia perfetta! (¡Eres mi zorra perfecta!) ¡No te doy el final hasta que me implores que te rompa! ¡Tu grito es mi medicina, Leila! ¡Tu fuego es mi vendetta! ¡Dámelo todo!"
La mano de Mássimo se adelantó, buscando el clítoris, el foco de su sensibilidad, y comenzó una fricción firme, circular, implacable, sincronizada con el ritmo de su embestida. La doble estimulación fue demasiado; el cuerpo de Leila se tensó en un arco espasmódico, sus gemidos se ahogaron en un grito de pura agonía placentera.
Leila grita con acento siciliano, su voz subiendo a un tono descontrolado: "¡Mássimo! ¡Cazzo! ¡Sto arrivando! (¡Mierda! ¡Voy a llegar!) ¡Mamma mia, Mássimo! ¡Mio dio, mio dio!" (¡Dios mío, Dios mío!)
El primer orgasmo la azotó con una violencia eléctrica. Su cuerpo convulsionó alrededor del de él, sus músculos vaginales apretándose en espasmos que Mássimo sintió como una bienvenida ardiente. Él mantuvo el ritmo, su rostro una máscara de concentración. No se detuvo.
Mássimo dice con acento turinés, jadeando: "¡¡Esto es por cada lágrima! ¡No te permito que vuelvas a ese vacío! ¡Ancora! ¡Vieni, fica! (¡De nuevo! ¡Ven, coño!)"
Continuó, la fricción de su mano y el embate de su cadera la empujaron de nuevo al borde. Leila estaba destrozada por la sensación, su mente incapaz de registrar algo más que la necesidad de ese dolor. Sus piernas temblaban, el sudor corría por su espalda.
Leila, con la voz rota y suplicante, dice con acento siciliano: "¡Basta! ¡Non ce la faccio più! (¡Basta! ¡No puedo más!) ¡Ti prego, amore! ¡Ti prego!"
Él la ignoró deliberadamente, la tomó por la cintura, la levantó y la dejó caer sobre sí mismo, marcando el ritmo con una autoridad absoluta. El segundo orgasmo fue más largo, un estallido prolongado de gritos y espasmos que la dejó sin aliento, temblando incontrolablemente sobre él. Ella se desplomó hacia adelante, su frente golpeando el colchón, su cuerpo completamente rendido.
Mássimo se movió lentamente, saboreando su derrota, sintiendo el calor de su éxtasis contra su propia piel.
Mássimo dice con acento turinés, su voz se suaviza a un tono de promesa: "Non mi fermo, Regina. Non finisco finché non vedo che il dolore se n'è andato. (No me detengo, Regina. No acabo hasta que veo que el dolor se ha ido)."
La levantó de nuevo, la sentó a horcajadas sobre él, su rostro contra el de ella, y la penetró por tercera vez, profundo y posesivo. Él se movió lento ahora, permitiéndole recuperar un atisbo de control.
Mássimo dice con acento turinés, mirando sus ojos inyectados en sangre: "Guardami. Vedi questo? Sono la tu Amore. La tua vita. (Mírame. ¿Ves esto? Soy tu amor. Tu vida.)"
Leila sintió la familiaridad de su ritmo, el latido de su corazón contra su pecho. Ya no había dolor, solo una necesidad abrumadora de él. Ella lo besó, el sabor del sudor y la pasión.
Leila dice con acento siciliano, en un murmullo de rendición final: "Ti amoTi amo. Non me ne andare. (Te amo. Te amo. No me dejes ir.)"
Ese fue el permiso. El juramento. Mássimo la agarró por las caderas y cambió el ritmo a una andanada final, profunda y sin control, concentrando todo su amor, su rabia y su lealtad en un último y devastador empuje.
Mássimo grita con acento turinés, el rugido de un conquistador: "¡Ora! ¡Per sempre, Leila! ¡Per sempre! (¡Ahora! ¡Para siempre, Leila! ¡Para siempre!)
El éxtasis de él fue un gruñido violento que se hundió en su garganta mientras se vaciaba en ella. Su cuerpo se puso rígido, y Leila, sintiendo el calor de su entrega, lo abrazó con una fuerza desesperada, acunando su cuerpo tembloroso mientras la última convulsión de placer los dejaba exhaustos sobre las sábanas de lino. El luto, por esa noche, había sido expulsado por la fuerza brutal de la vida y la pasión.
Larabelle Evans
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Re: La resiliencia de la reina Ferrari

Mensaje por Larabelle Evans »

Domingo de números y algo inesperado.

El domingo amaneció sobre Catania con una suavidad engañosa. La noche había sido un paréntesis brutal, una rendición física al fuego que solo Mássimo sabía encender. Pero al primer rayo de sol, Leila se había despojado de la pasión como de una segunda piel. Ahora, vestida con un pantalón de seda negro y una blusa de cuello alto, estaba anclada a su escritorio.
La caoba pulida de su despacho era su trinchera. Los balances contables, las cifras de la mercancía recién llegada al puerto y los informes de las rutas offshore eran el único antídoto que la Regina Ferrari había encontrado para el veneno de la pena. No se permitía pensar en Chiara; si lo hacía, la lógica se rompía y la mujer herida tomaba el control. La pasión arrolladora de Mássimo la había devuelto a la vida, pero el trabajo la mantenía alejada de la muerte emocional.
Leila revisaba una hoja de Excel encriptada, con el ceño fruncido, concentrada en el margen de beneficio de una carga de cocaína. Un golpe seco y alegre en la puerta interrumpió su silencio autoimpuesto.
Leila dice con acento siciliano, "Adelante."
Zoe irrumpió en la oficina como un huracán de luz. Llevaba un vestido veraniego de color amarillo vibrante, con el cabello recogido en una cola de caballo alta. Su energía era un contraste violento con la penumbra calculada del despacho.
Zoe dice con acento estadounidense: "hee,lo, regina"
Leila sonríe ligeramente al verla.
Leila dice con acento siciliano, "Zoe, dime Leila solamente. "
Zoe sonríe.
Leila dice con acento siciliano, "Qué ocurre?. "
Zoe sonríe alegre, sus pasos energéticos dirijiendose a su amiga
Zoe hace una inclinación de cabeza de forma cómica como jesto de respeto a su amiga
Zoe dice con acento estadounidense: "nou nou. es que aquí tu no eres solo leila"
Zoe sonríe.
Leila la observa y un atisvo de sonrisa apenas ilunina su cara.
Zoe dice con acento estadounidense: "en fín, quería pedirte algo"
Leila dice con acento siciliano, "Porque lo dices. "
Leila la mira con atensión.
Zoe dice con acento estadounidense: "por respeto"
Leila dice con acento siciliano, "QUé necesitas?. "
Zoe dice con acento estadounidense: "es que.... um, bueno. e entrenádo mucho todo este tiempo, hasta demás diría yo, ya saves, para aliviar todo el estrés. bueno, ese no es el punto"
Zoe se frota las manos anciosa mirándo a su amiga.
Leila hace un gesto para que siga.
Zoe dice con acento estadounidense: "es que quería pedirte que en una ora vinieras avajo? ya saves, cerca de la picina. e entrenado, pero me gustaría tu valoración, se que estás ocupada, pero..."
Leila dice con acento siciliano, "Sobre eso, voy a ppreguntarle a Dalila si puede complementar tu entrenamiento. "
Zoe le pone ojos de gatito bebé.
Leila la mira luego de lo que dijo.
Leila dice con acento siciliano, "Qué tiene que ver la piscina con tu entrenamiento?. "
Leila la mira confundida.
Zoe dice con acento estadounidense: "es un lugar mas relajado? aanda, di que sí, pleasee?"
Zoe la mira con ojitos de gatita regañada.
Leila sonríe por la cara que pone zoe.
Leila dice con acento siciliano, "Va bene. Iré dame unos minutos, tengo que terminar de revisar esto. "
Leila señala las carpetas y la pantalla de su computadora.
Zoe corre a abrazárla fuerte, apretándola contra si.
Zoe sonríe emocionada.
Zoe dice con acento estadounidense: "gracias, graciaaaaaaaaaaaaass!."
Zoe se separa mirándola divertida
Leila dice con acento siciliano, "preggo. "
Zoe dice con acento estadounidense: "bien, tómate tu tiempo, en una ora, estaría mejor. no preguntes por que, si? a. y lleva ropa lijera."
Zoe corre a la salida antes de que le pregunte mas cosas
Zoe se va, y vaja corriendo las escaleras. sin tocar, entra a la habitación de martyna emocionada
Zoe dice con acento estadounidense: "bien, tenemos, una ora."
Martyna dice con acento italoamericano, "Lograste que aceptara bajar a comer?. "
Zoe niega con la cabeza.
Martyna dice con acento italoamericano, "Entonces. Qué dijo. "
Zoe dice con acento estadounidense: "le dije que en una ora viera un, entrenamiento mío serca de la picina. no le dije por que, mesalí rápido antes de que preguntara mas cosas"
Martyna asiente.
Martyna dice con acento italoamericano, "Bene, pués lucia ya tiene su pasta favorita en la cocina. "
Zoe se le aserca mirándola un poco mas seria, pero esperansada, con una súplica silenciosa en su mirada
Zoe dice con acento estadounidense: "comfía en mi, si? al igual que tú, solo quiero que esté bien."
Martyna dice con acento italoamericano, "esperemos que no se altere. "
Zoe niega con la cabeza.
Zoe dice con acento estadounidense: "no pasará"
Martyna dice con acento italoamericano, "Ya le dijiste a los demás que bajen en una hora?. "
Martyna dice con acento italoamericano, "Gianna fue a la habitación de Vittoria. "
Zoe dice con acento estadounidense: "tu solo, por fabor, encárgate de lo que te pedí, sí? en serio quiero ayudarla y que sea especial. boy a hablar con los demás, pero primero la gente mas difícil"
Zoe hace un jesto afirmatibo con la cabeza, y con una sonrrisa, se retira de la habitación.
Zoe camina un poco mas calmada por los pasillos de la villa, su paso mas silencioso de lo normal. sus pasos la encaminaron lentamente a su primer objetibo. al llegar, dio 3 toques suaves en la puerta del despacho del consigliere. si no podía ganar un lugar en esta casa desde la mafia, por ahora, al menos lo haría desde lo social.
Michele estaba anclado a su escritorio con los ojos marcados por las ojeras, apenas ahbía podido dormir una hora.
Michele dice con acento trapanés, "Avanti... "
Zoe entró despacio, casi como si temiera romper algo, aun que por lo que podía ver, ya havía algo roto, y no era precisamente material. zoe se encaminó hasta estar serca de michele. lo recorrió con la mirada notando como aquel hombre ya asía sentado, consumiendose por dentro. le dedicó una miráda empática antes de hablar
Michele levanta la vista al escuchar los pasos de la ragazza.
Michele dice con acento trapanés, "Buon Giorno, necesitas algo?. "
Zoe dice con acento estadounidense: "hello, consigliere. así se dice, verdad? bueno, sou sorri. creo que no me A visto mucho, soy zoe. no quiero molestar, pero, necesito pedirle algo"
Zoe asiente afirmativamente.
Michele dice con acento trapanés, "Sei la amica de Leila. Si te recuerdo, que quieres pedirme?
Michele la mira con los ojos tristes.
Zoe dice con acento estadounidense: "podría olvidar un poco por un momento su tristeza y nos acompañe en una ora afuera, en la Piscina. no es por mi, es por leila."
Michele dice con acento trapanés, "Por Leila. A qué te refieres? "
Zoe suspira pensatiba y se aserca un poco mas al hombre para mirárlo directamente.
Michele hace un gesto para que siga.
Zoe dice con acento estadounidense: "Mira, Michele, ¿verdad? Bueno. Mira, no conozco muchos detalles. Solo lo que Mau me ha contado y Leila. Y, entiendo que tal vez no estés con ánimos de salir, o de fiestas, pero, Leila también está sufriendo. No te digo que finjas algo que no sientes. Solo que por unas horas, estés ahí. Con nosotros. Con ella. Eres la única familia que le queda, y aunque no lo diga, también te necesita. Solo pido tu presencia para ella, solo eso."
Zoe habla con una calma sorprendente para ser ella. levanta una mano para acariciarle el rostro lentamente, no con coquetería, si no con calma, con comprención, con empatía.
Michele agradece el gesto de la chica.
Michele dice con acento trapanés, "No te equibocas al decir que no estoy en mi mejor momento Zoe. Io Igual que Leila, perdí a un amigo que era inocente de esta guerra, entre otros problemas que tengo. Pero, Va bene. Leila es lo ünico que me queda junto a mis padres. ASí que, estaré alli. Al menos unos momentos."
Zoe sonríe con calma y se acerca más a Michele. En un gesto que el hombre no esperaba, Zoe lo rodea con sus brazos, dándole quizás un gesto que no recibía en mucho tiempo. Eso Zoe no lo sabía, solo podía intuír que lo necesitaba. La joven alargó el abrazo por unos momentos y acarició con cuidado su pelo, otorgándole no solo el gesto, sino algo de confort entre tanta guerra.
Michele se tensó al principio por la sorpresa de la acción, luego se relajó dándole una sonrisa agradecida a zoe.
Michele dice con acento trapanés, "Gracias Zoe. Leila sei afortunatta de tener buonas amiccis como Martyna y tú. "
Zoe se separó lentamente de él, dedicándole una sonrrisa antes de salir del despacho
Michele la mira irse y vuelbe su atensión al trabajo.
En la habitación de Vittoria. Ella está viendo una revista de modas recostada en la cama. Marcco acostado a su lado viendo en su celular un simulador del juego que está desarrollando.
Vittoria deja la revista y busca acomodarse en el pecho de Marcco.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Estai aburrido amore?. "
marcco sonríe por el gesto de su novia y sin soltar el celular con una mano acaricia el pelo de vittoria.
marcco dice con acento turinés, "pues, un poco amore, el encierro no ayuda con mi bloqueo. "
Vittoria dice con acento turinés, "AY, Creo que te hace falta salir con Alexander. ¿Ya extrañas Turín?. "
Vittoria sonríe.
marcco sonríe.
marcco dice con acento turinés, "lo único que e podido conseguir es un ecenario nuevo, una plalla volcánica. pero en ves de agua, que sea, lava. "
Vittoria dice con acento turinés, "Pasado mañana regresamos amore. Aguanta un poquito. "
Vittoria se acerca mása la pantalla del juego con genuina curiosidad.
Vittoria dice con acento turinés, "Te ha quedado bien amore. Este juego va ser muy entretenido."
en la pantalla se despliega un paisaje subrealista sacado de un ecenario tan hermoso como peligroso. se opserba en efecto una plalla, pero la arena a sido remplasada por fracmentos de magma endurecida y donde devería estár el mar, la lava rojisa se mueve imitando el suave ir y venir del agua. el personaje principal no se vislumbra, solo el lugar. el cielo se ve normal, solo uno que otro pixel rojiso completan el paisaje
Vittoria lo abraza cariñosa, orgullosa de él.
Gianna llama a la puerta un par de veces y sin esperar más entra. Mira a Vittoria con fastidio y a Marcco con coquetería. Ya tenía más de una semana observando al novio de la princesa turinesa y se le hacía atractivo físicamente, aunque siempre se la pasara pegado a su scelular o computadora.
marcco ni siquiera se percató de la llegada de la intrusa, por estár perdido en su juego y acariciando el pelo de vittoria
Vittoria se gira al escucharla. y la mira incómoda por su irreberencia.
Gianna dice con acento italoamericano, "Tendremos almuerso hoy en la piscina. Me pidió Zoe que les abisara."
marcco levanta la vista mirándo a la chica y asentir apenas
Vittoria incorporándose en la cama la mira.
Vittoria dice con acento turinés, "Podrías haber esperado a que abriera. "
marcco suspira profundamente.
Gianna chasquea la lengua y se encoge de hombros.
Gianna dice con acento italoamericano, "Yo llamé a la puerta. Y no tengo la pasiencia del mundo para que abras. "
Gianna le lanza una mirada desafiante y sin esperar respuesta sale del cuarto.
Vittoria se quedó mirando la puerta por donde Gianna había salido, con la boca ligeramente abierta. La insolencia de la chica era un bofetón que resonaba en el silencio de la habitación. Era casi una réplica de sí misma, solo un año menor, con el mismo cabello rubio, los mismos ojos grandes y verdes que parecían esmeraldas frías, y el mismo aire de desafío grabado en los gestos. Pero si Vittoria había aprendido a modular su rebeldía bajo el yugo de su educación turinesa, Gianna la exhibía con orgullo salvaje.
Vittoria dice con acento turinés, su voz era baja, cargada de una mezcla de rabia y extraña familiaridad, "Ma che cazzo... ¿quién se cree que es esa niña para entrar aquí de esa manera?"
marcco la mira con atención
Vittoria se giró completamente hacia él, sus ojos verdes encendidos.
marcco dice con acento turinés, "amore, no exajeres sí? no rompió nada ni hiso el daño del mundo. concuerdo con que devió esperarte, pero es una adolecente, que te esperas. "
Vittoria dice con acento turinés, "Se mueve por aquí como si fuera la dueña de la villa. "
Su voz se quebró ligeramente al final, uniendo el desprecio a Gianna con una pizca de inseguridad juvenil. El hecho de que Gianna se hubiera detenido a mirarle a Marcco con coquetería antes de salir no le había pasado inadvertido.
marcco dice con acento turinés, "y nadie la a correjido o a hecho gran cosa, no le des la importancia que no merece. "
Vittoria dice con acento turinés, "Es por eso que me saca de quicio, amore. La miro y veo la versión de mí que no tuvo que obedecer. La veo desafiar a Leila en el fondo y moverse sin miedo. Pero no sabe que ese camino lleva a la ruina, y eso es lo que la hace tan peligrosa."
marcco se sienta en la cama mirándola con seriedad.
marcco dice con acento turinés, "aver, stellina. sí, la verdad es que parese tu clon. Pero, tu no eres nadie para opinar ni criticar como vive su vida. Es una adolecente, no va a escuchar. y así como tú, solo a vase de errores va a entender."
Vittoria suspira. Vuelbe a abrazar a Marcco.
Vittoria dice con acento turinés, "Ay, ya mejor vamos a cambiarnos para ir a la piscina. "
marcco la abraza y asiente.

Cálido almuerzo de la Famiglia.


Una hora después, la escena en la Villa Ferrari era totalmente atípica. El área de la piscina, usualmente un templo de mármol y silencio, se había transformado en un oasis de color y calidez. Zoe, en su incansable misión de sacar a Leila del abismo del dolor, había orquestado un pequeño milagro familiar.
El azul zafiro, el color que Leila usaba para las batallas, dominaba la decoración en globos y mantelería, contrastando alegremente con los toques amarillos y rosas. Una larga mesa bajo una pérgola se encontraba dispuesta con un lujo discreto; el aroma de la pasta al ragù de Lucia, el plato favorito de la Regina, flotaba en el aire, mezclándose con la brisa salina.
Todos estaban allí, formando un círculo de afecto alrededor del vacío que Chiara había dejado:
Mássimo, impecable en una camisa y pantalón de lino gris claro, estaba junto a la mesa, su presencia silenciosa era una declaración de pertenencia y protección.
Maurizio y Karlo, sus leales habían cambiado el traje táctico por pantalones cortos y camisas de primavera; Karlo, debido a su reciente encuentro con Giovanna, se veía notablemente más alegre.
Martyna, con un look relajado, supervisaba que los guardias mantuvieran una discreta distancia.
Michele hacía presencia intentando sonreír. Vestía unos pantalones de lino cortos azul marino y una camiseta negra.
Vittoria estaba de la mano de Marcco Vistiendo un vestido corto de gasa, en un lila pálido. Debajo del vestido llebaba su traje de baño.
marcco vestía igual con ropa veraniega, con una plallera negra sin mangas la cual exiven sus brazos. y completando el conjunto lijero y desemfadado, unos shorts cortos de mesclilla azules. como un detalle curioso, llevava unas gafas de sol cubriendo su mirada.
Gerónimo y Elena, los padres de Michele, estaban sentados, brindando un toque de estabilidad, elogiando la elección del Etna Bianco que habían seleccionado.
Fabiano escalanti ahcía presencia con su elegancia americana. Vistiéndo un conjunto casual de lino en un verde botella que hacía destacar su piel.
Gianna llegaba a la piscina con su típico aire despreocupado. Vestía una minifalda de cuero rojo que se ajustaba a sus caderas con una presición quirúrgica. Complementando la falda un cropto negro que se moldeaba su torso con sensualidad. Unas Sandalias altas negras complementaban su look revelde y sexi. el pelo rubio estaba suelto y se movía sensualmente con la brisa que llegaba del mar.
Fabiano al ver a su sorella se incomodó. Le dió una mirada de, ¿cómo te atreves a salir así. "
Gianna lo notó y se encogió de hombros ignorándolo deliberadamente.
Gianna vió con travezura a marcco, y. decidida a fastidiar a Vittoria. se sentó a su lado.
el aroma dulce y seductor de Gianna inundaba ese pequeño espacio.
marcco notó a gianna al escuchar sus pasos. la miró sin mucho interés, pero la miró, y eso para gianna, era una pequeña porción de gasolina para fastidiar a su casi gemela.
Y, por supuesto, Zoe, la chispa del evento, rebosante de satisfacción por el éxito de su plan.
la joven americana llevava un vestido amarillo corto y lijeramente ajustado. pequeños pemdientes adornavan su outfit. como calsado unas sandalias lijeras en tono blanco. el vestido se ajustava bien a su figura, y sin ser su prenda mas ajustada. el exeso de entrenamiento se notava perfectamente. De bajo de su vestid también llebaba su diminuto traje de baño.
Faltaba solo una persona. Todos miraron hacia la puerta de cristal que daba al área de la piscina cuando se escuchó un ligero sonido de pasos.
Leila apareció, vestida con la ropa ligera que Zoe le había pedido: un pantalón capri de seda zafiro y una blusa de satén azul frío sin mangas. Su cabello aún estaba perfectamente recogido, pero la luz del sol suavizaba sus rasgos. La mirada de Mássimo se clavó en ella, una mezcla de adoración y alivio.
Leila se detuvo en el umbral, su expresión de Regina fría se agrietó levemente al ver el despliegue. No había formalismo, solo amor.
Leila dice con acento siciliano, su voz es suave, casi sorprendida, "Ma "che sorpresa. ¿Qué es todo esto?"
Zoe señala a martyna para que hable, pero esta niega con la cabeza
Zoe sonríe un poco nerviosa, pero camina con paso firme acia leila
Leila mira alternadamente a una y a otra de sus amigas.
Zoe dice con acento estadounidense: "hay, nada may frien, solo un pequeño detalle que quisimos hacer todos para tí."
Zoe suspira sincerando su mirada.
Leila la mira conmovida por sus palabras y la sorpresa.
Leila dice con acento siciliano, "Diomio Zoe. Yo, no. No sé que decir. Gracie... "
Zoe dice con acento estadounidense: "leila, se que an sido días difíciles, que no estás en tu mejor momento, y que la familia está de luto. pero si algo me enceño mi familia, es que siempre hay que sonrreír, no interesa el motibo. se que estás triste, pero tanta tristeza no es buena. solo quisimos animarte, y recordarte que apesar de todo, aquí tienes a toda esta gente que te quiere."
Zoe dice con acento estadounidense: "y que aquí, siempre estará una amiga para tí"
Martyna se levanta caminando hasta Leila para abrazarla.
Martyna dice con acento italoamericano, "En realidad, tienes dos amiccis que te queremos Leila. Sé que toda esta situasión te ha causado mucho dolor. Pero Nos tienes a todos nnosotros. Eres la Reyna de Catania en los negocios, pero también eres la persona más querida y cuidada de esta Famiglia. "
Leila las abrazó a ambas chicas. Su rigidés sediendo ante la amistad.
Mássimo se acercó, tomando suavemente la mano de Leila.
Mássimo dice con acento turinés, su voz grave y tierna, "No es una reunión de la Famiglia, piccolina. Es solo tu gente leal. Lo único que importa. Queremos que sepas que la guerra ha sido fuerte, pero tu círculo es más fuerte. Y está para sostenerte siempre."
Leila miró a cada uno de ellos, el nudo que sentía en el estómago desde la muerte de Chiara, desde el caos de Santoro, se aflojó un poco. Su mirada se detuvo en los ojos de Michele, que la observaba con una tristeza humilde, de pie junto a sus padres. Él no era el foco, pero era parte de la cadena de afecto.
Leila, con un asentimiento de aceptación y gratitud: dice con acento siciliano, ""Grazie. Me arruinaron la seriedad del domingo."
Leila ríe divertida.
Zoe dice con acento estadounidense: "culpa de martyna, ella tubo la idea"
Zoe sonríe divertida y pícara.
Mássimo lleba a Leila hasta su lugar junto a él en la mesa.
Gerónimo, levanta su copa con una sonrisa cálida.
dice con acento trapanés, "El domingo es para el espíritu, Regina. El negocio espera hasta el lunes. Hoy, solo hay familia."
Leila sonrió de verdad, una sonrisa que llegaba a sus ojos esmeralda. Se dejó guiar por Mássimo hasta la cabecera de la mesa, rodeada por el sonido de las risas y la promesa silenciosa de que, a pesar de la guerra que se avecinaba, el corazón de la Regina Ferrari estaba resguardado.
La pasta al ragù de Lucia no solo era exquisita, sino que actuó como un bálsamo reconfortante. El aroma a tomate lento y carne especiada llenó el aire, contrastando con la música pop italiana animada que Zoe había puesto en un altavoz discreto, ignorando descaradamente el protocolo que exigía música clásica o, preferiblemente, silencio.
Leila comía animadamente mientras charlaba con sus tíos y Fabiano que interbenía discretamente aportando a la combersación.
Gianna, aprovechando que Vittoria estaba concentrada en una anécdota que le contaba Martyna, deslizó su mano bajo la mesa. Sentada estratégicamente junto a Marcco, que se había quitado las gafas de sol para comer, la punta de su uña rozó deliberadamente el muslo de él.
marcco dio un respingo lijero al sentir el contacto. su rostro primero se tornó incómodo, pero al ver lo entretenida que estava vittoria, jiro el rostro para dedicarle una mirada de advertencia
Gianna finge inosencia.
Gianna dice con acento italoamericano, con voz dulce pero pícara, "Estás muy tenso, Marcco. Tómate un sorbo."
Gianna le señala la copa de vino.
marcco suspira con algo de molestia y susurra
marcco murmura con acento turinés, "solo es una ragazza piccola. "
Gianna sonríe divertida. y vuelbe su atensión a la comida.
marcco suspira molesto.
marcco dice con acento turinés, "deverías aprender a respetar lo ajeno, ragazza. "
Vittoria, ajena a la guerra silenciosa que se libraba bajo la mesa, preguntó:
Vittoria dice con acento turinés, "¿Dijiste algo, amore? Te noto distraído."
marcco dice con acento turinés, "no, amore, trankila. "
Michele, aunque visiblemente abatido, se esforzaba por participar. Sentado junto a sus padres, escuchó la combersación de Leila sobre la boda, y que pronto comenzarían los preparativos.
Cuando los platos fueron retirados y la luz del sol se hizo más intensa, el ambiente se tornó más relajado. El Etna Bianco corrió libremente y las risas se hicieron más frecuentes. Gerónimo y Elena se retiraron discretamente a la sombra para tomar un café, dejando a la generación más joven junto a la piscina.
Leila se reclinó en su silla, notando el calor del sol en su piel. El luto estaba allí, pero la vida era más ruidosa.
Mássimo se inclinó hacia ella, sus ojos fijos en el reflejo azul de la piscina.
Mássimo dice con acento turinés: "La piscina te llama, piccolina. Necesitas sentir el agua fría."
Leila suspiró, pensativa.
Leila dice con acento siciliano, "No Me puse traje de baño amore. "
Zoe, que escuchó la conversación, se acercó con un brillo de travesura en los ojos.
Zoe sonríe muy trabieza y le hace una seña discreta a mássimo, el cual la mira negando con la cabeza, pero al final termina sediendo
Leila mira sin entender.
mássimo la levanta sorpresibamente de la cintura, alzándola en el aire corriendo acia la picina.
Leila sorprendida mira suplicante a Mássimo.
Leila dice con acento siciliano, "AMore. No. Bájame, no te atrevas a lanzarme con ropa. "
Zoe dice con acento estadounidense: "venga señor chocolate, hagámosla enojar!."
Leila intenta soltarse de Mássimo.
mássimo la mira algo vurlesco, y haciendo un último esfuerzo, le retira rápidamente el calsado antes de lanzarla entre risas.
Leila grita, ¡Mássimo!
sin emvargo, lo que don mássimo marttini no esperara era que su propia hija estuviese tras él.
Leila Cae a la piscina y rápidamente se sostiene del borde para no perder el equilibrio, mientras mira a su prometido con emfado pero también con una risa contenida.
Leila mira a Vittoria y le sonríe cómplice.
sin emvargo, zoe es mas rápida que vittoria. Zoe empuja a la heredera, salvando al rei de turín.
Zoe se parte de risa.
El resto de la famiglia observan divertidos la escena.
Vittoria grita al ser lanzada y se gira para ver a Zoeentre risas.
Zoe mira divertida a leila y vittoria desde afuera de la picina
La escena se convirtió en un despojo controlado. el resto de las mujeres se quitaron la ropa de seda y gasa en la sombra de la pérgola, revelando una variedad de trajes de baño.
Martyna lucía un elegante bikini de diseñador, en un tono plata que la hacía verse hermosa y juvenil.
Gianna, por su parte vestía un diminuto y ajustado Bikini de seda negra que resaltaba con sensualidad peligrosa la curva de sus caderas y tracero.
Fabiano se acercó a Martyna antes que esta se lanzara al agua. Le dió una mirada ceria.
Zoe se retira el vestido divertida, revelando un traje de baño sexe en tono blanco que se fundía por su piel. el traje era lijeramwnte revelador. el sujetadorr cubría casi la totalidad de sus pechos firmes, a esepción de la parte vaja de sus senos. la parte de avajo era una tanga blanca que era muy ajustada pero cubría un poco mas, casi la totalidad de su sexo estáva cuvierto, y la zona trasera sí extava expuesta con un poco mas de descaro. pero no era necesario exponerla en su totalidad para que se note todo el trabájo físico que avía echo. en un impulso de valentía, hiso un lijero jiro, antes de lanzarse por si sola a la picina. con un buen chapusón.
Fabiano dice con acento Italoamericano, "Martyna, Vasta. Tienes que dejar de consecuentar a Gianna en su reveldía. No puede estarse vistiendo de esa manera, no estamos en nuestra casa, y cualquiera que la mire así, pensará que mi sorella es una puttana. "
marcco, para su desgrácia, levanto la mirada, justo cuando gianna se quitava su minifalda, de espaldas a él
Martyna suspira viendo a su hermano.
Martyna dice con acento italoamericano, "parlaré con lei Fabiano. Lo prometo. Pero, quita esa cara per favore. "
marcco maldijo en voz vaja, tratando de apartar la mirada rápidamente, pero el efecto, ya estáva hecho, sintió con molestia como su cuerpo reaxionava
Fabiano apretó los puños mirando a Martyna con advertencia.
Gianna persiviendo la mirada de Marcco. Dió una vuelta sexi modelando su bikini para él, antes de lanzarse a la piscina.
marcco se endureció mas al verla, ya que estúpidamente, havía regresado la mirada, pensando que la moccosa ya no estáva haí.
Los hombres también se desvistieron. Mássimo reveló su físico cincelado, Karlo y Maurizio estaban listos en sus bañadores.
Maurizio se metió a la piscina buscando a Zoe.
Zoe aparecio devajo de maurizio, jalándolo de las piernas acia abajo
Vittoria buscaba a Marcco desde la piscina.
Maurizio ríe divertido comenzando a jugar con su amada rubia.
marcco aún no entrava a la picina, incómodo por la maldita reaxión de su cuerpo.
Gianna desde el agua le buscaba la mirada y le lanzaba besos cada que Vittoria se distraía.
marcco se decidió finalmente a entrar ya que su erexión medio vajava, solo retirándose solo su short, solo quedándose con su plallera y su ropa interior.
Michele se quedó rezagado. Su bañador azul marino lo hacía parecer más pálido, más frágil.
Leila lo notó. Se detuvo en el borde de la piscina, su figura elegante dibujada contra el sol.
Leila dice con acento siciliano: "Michele, esto también es para animarte a tí. Anda. ven Aquí. "
error de escritura demorada. Mundo virtual guardado.
Michele asintió, intentando forzar una sonrisa, pero se dirigió al borde.
Zoe se asercó junto a leila y le lanzó algo de agua al consigliere, divertida
Gianna nadó ágilmente chocando su cuerpo contra Marcco intensionalmente.
Gianna dice con acento italoamericano, fingiendo disculpa, "Oops. ¡Perdón, Marcco! El agua está muy fría."
marcco resivió el impacto con disgusto y la miró con una sonrrisa inocencia y calma finjida
marcco dice con acento turinés, "oh, está vien, giana, solo a la próxima, ve urgentemente al oculista. que mira que yo paso todo el tiempo frente a dispositibos y no estoy tan ciego como tú. "
Gianna le sonríe travieza y se aleja.
Mientras tanto, Leila sintió la necesidad del agua fresca en su piel. Se deslizó lentamente, sintiendo el abrazo frío del agua azul. Por un instante, solo escuchó el burbujeo bajo la superficie, y el luto se retiró solo un poco más.
Mássimo se acercó a ella en el agua, sus cuerpos rozándose.
Mássimo dice con acento turinés, "Aquí, piccolina. Aquí no hay guerra."
Leila le sonrió.
Leila dice con acento siciliano, "Solo mis amigos. Y... agua."
Él la besó, un beso lento y suave, contrastando con la pasión de la noche anterior, un ancla en la paz efímera del mediodía.
La Regina se sumergió, dejando que el agua purificadora la envolviera, mientras el resto de la Famiglia se concentraba en un juego de pelota acuática, olvidando por un rato el peso de la guerra y la corona.
Mientras Leila y Mássimo compartían un momento de calma, el juego en el agua subió de intensidad. Zoe, Vittoria, Maurizio y Karlo se enfrascaron en una lucha amistosa por la pelota, sus risas resonando en el aire. Gianna, que había nadado hacia el extremo menos concurrido de la piscina, esperó su momento.
Marcco se había mantenido en la orilla, aún incómodo, pero fingiendo observar el juego.
marcco estáva pensatibo, finjiendo mirar y alentando lijeramente a su stellina.
Gianna regresó nadando con un estilo impecable, deslizándose bajo el agua como una sirena. Emergió justo frente a Marcco. Se acercó lo suficiente para mostrarle los pechos, luego se dió vuelta en el agua para enseñarle el tracero.
Gianna dice con acento italoamericano, con un tono seductor, "Marcco, amore. ¿Por qué estás tan serio? Deberías unirte a la diversión. O es que tienes miedo? "
marcco la miró, su cuerpo de nuevo reaxionando a las generosas nalgas de gianna. pero esta vez, esta vez no. pero antes de hacer cual quier cosa tenía que entender que pretendía realmente.
marcco habblo, con un tono presiso para que vitti no scuche mientras retrosedía.
marcco dice con acento turinés, "que pretendes, gianna? te divierte molestar, o quieres algo más.
Gianna dice con acento italoamericano, Su voz con dulce inosencia, "¿Molestar a quien?. Io quiero divertirme sí, pero contigo."
marcco la miró, pensatibo.
Gianna dice con acento italoamericano, "Tenemos casi la edad, y tienes una cara de un tipo de 50 años. "
marcco dice con acento turinés, "y cual es tu consepto de divertirse, por que para mi, son mis juegos. "
Gianna dice con acento italoamericano, Acercándose peligrosamente, "¿A caso tu ragazza no te llena en la cama?. "
marcco casi se ríe de ella en su cara.
Gianna pone una mano en su pecho.
marcco dice con acento turinés, hay gianna, por tu forma de ser estoy seguro que ni si quiera saves ponerte en 4, niñita. tu eres solo una mocosa queriendo finjir ser grande. "
Gianna sin dejar ver su inexperiencia lo rodeó con sus brazos apunto de besarlo.
Fabiano que regresaba a la piscina con una copa de vino en mano, obserbaba la escena furioso. Dejó la copa en la mesa y desvistiéndose, se lanzó al agua tomando a Gianna de los hombros intentando no hacer un escándalo, más por respeto a Leila y a los Marttini que por otra cosa.
Fabiano dice con acento italoamericano, con voz contenida y baja, su agarre firme en el hombro de su hermana, "¡Basta, Gianna! Sal del agua. Ahora."
marcco sonríe.
Gianna se soltó con un tirón brusco, con los ojos verdes chispeando de indignación ante la interrupción. La furia de su hermano solo la hacía más audaz.
Gianna dice con acento italoamericano, con descaro, "¿Qué te pasa, Fabiano? ¿Te divierte arruinar la fiesta de todos? No estábamos haciendo nada malo."
marcco sonríe, pensando que la pondrán en su citio.
Fabiano no elevó la voz, pero su tono era peligroso, la calma del hermano mayor que ha llegado a su límite de paciencia. La mirada de Leila y Mássimo estaba sobre ellos, y Fabiano no quería arrastrar el escándalo a la Regina.
Marcco, incómodo y agradecido por la interrupción, nadó rápidamente hacia Vittoria, dedicándole una sonrisa forzada.
Fabiano dice con acento italoamericano, apretando la mandíbula, "No me desafíes aquí. Ya Hemos hablado de tu forma de vestir, de comportarte. Eres una Escalanti, no la atracción de un burdel, y mucho menos en casa de los Ferrari. Sal de inmediato y vístete, o no respondo de mis actos."
Gianna, sin embargo, vio la atención de Marcco hacia Vittoria y se sintió aún más provocada. Lanzó una mirada rápida y triunfante a Marcco, quien la evitó.
Gianna murmura con acento italoamericano, disfrutando la tensión, "¿Qué vas a hacer, Fabiano? ¿Llamar a Papá? ¿Voy a ser la puta de alguien más aunque no te guste Pregúntale a Marcco si estaba aburrido."
Fabiano no toleró la ofensa. Sus ojos se oscurecieron y su autocontrol se rompió. La tomó del brazo con más fuerza de la que esperaba.
Fabiano murmura con acento italoamericano, entre dientes, su rostro a centímetros del de ella, "¡Te vas AHORA! ¡No le faltes el respeto a la Famiglia Ferrari con tu circo! ¡No tienes ni idea de lo que arriesgas con tu insolencia!"
Giana murmura con acento italoamericano, "¿Y si no lo hago, qué?. "
La arrastró sin contemplaciones hacia el borde de la piscina. La resistencia de Gianna fue patética, sus pies chapoteando inútilmente. El ruido había cesado; el juego se había detenido. Todos los ojos estaban fijos en la escena. Leila y Mássimo observaban con una frialdad evaluadora.
Fabiano no la soltó hasta que estuvieron fuera de la piscina. La arrojó suavemente, pero con firmeza, a las sillas cercanas donde estaba su ropa.
Fabiano dice con acento italoamericano, su voz volvía a ser controlada, aunque vibraba de rabia, "Te largas a tu cuarto. Si me haces pasar un minuto más de vergüenza, te juro que te envío de vuelta a Nueva York con Papá y no verás la isla nunca más. ¡Vístete!"
Fabiano se puso su propia ropa de lino mojada sin importarle, su mirada fija en ella hasta que se movió. Luego, con una inclinación de cabeza de disculpa hacia Leila y Mássimo.
Fabiano dice con acento italoamericano, su tono más suave, "Discúlpame, Regina. discúlpenos todos. "
Leila dice con acento siciliano, "Tranquilo Fabiano. Tómate tu tiempo. El honor de la Famiglia Escalanti no se mancha por la tontería de una ragazza."
Fabiano veía como su hermana ya vestida caminaba a la entrada de la villa. Luego la siguió a distancia para asegurarse que no haría otra tontería.
Leila, que había observado todo con una calma inquietante, hizo un gesto con la mano, indicando que el incidente estaba zanjado.
Martyna salió del agua, sus ojos fijos en el suelo de mármol. La insolencia de Gianna no solo había desafiado a su hermano, sino que también había ensuciado un momento de tregua que ella y Zoe se habían esforzado en crear. Se secó rápidamente con una toalla de felpa, sintiendo el peso de la vergüenza sobre sus hombros.

Martyna dice con acento italoamericano: "Leila, lo siento mucho. Ella… no es mi intención que mi familia cause problemas en la villa."

Leila la miró con calma, su expresión serena y comprensiva. La Reina sabía distinguir entre la malicia calculada y la estupidez juvenil.

Leila dice con acento siciliano: "Tranquila, Martyna. No tienes que disculparte por las tonterías de una niña malcriada. Tu hermano ya se ocupó de ello. Vuelve al agua."

Martyna negó con la cabeza, sus mejillas encendidas.

Martyna dice con acento italoamericano: "No, Regina. Prefiero ir a asegurarme de que no cause más disturbios. Pero por favor, disfruten el resto del día."

Se despidió con una inclinación de cabeza respetuosa hacia Leila y Mássimo, y siguió el camino de su hermano y hermana, con la intención de restaurar el orden de su famiglia.

Leila suspiró, observando cómo se retiraba. Luego, su mirada recorrió a los demás, que aún estaban tensos. Había una pausa incómoda, un silencio denso.

Leila dice con acento siciliano, con una voz que recuperó su tono de autoridad cálida: "¡Basta de funerales! Estamos aquí para celebrar que la vida sigue. ¡Karlo, lanza esa pelota! Zoe, tienes una revancha pendiente con Maurizio."

Leila tomó la pelota de la piscina y la lanzó con fuerza en dirección a Karlo. El gesto fue una orden sutil y, al mismo tiempo, una invitación a la normalidad. La pelota salpicó el agua cerca de Karlo, obligándolo a reaccionar.

Karlo sonrió, contagiado por la determinación de la Regina, y se lanzó tras la pelota.

Karlo dice con acento siciliano: "¡Por supuesto, Regina! ¡Vamos, ragazzi! ¡A jugar!"

Zoe soltó una carcajada, sacudiendo la cabeza.

Zoe dice con acento estadounidense: "¡Tienes razón, Leila! ¡Maurizio, esta vez no me ganarás!"

El juego se reanudó con una intensidad renovada, el chapoteo del agua y las risas volviendo a llenar el aire. Leila y Mássimo se mantuvieron en un extremo, observando el caos controlado de sus amigos. La tarde terminó bajo el sol de Sicilia, con la sensación de que, a pesar de las sombras de la guerra, los lazos de la Famiglia Ferrari eran un refugio irrompible.
Larabelle Evans
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Re: La resiliencia de la reina Ferrari

Mensaje por Larabelle Evans »

Una Sesión de Terapia en la SuiteEl Mármol Frío y la Armadura de Cachemira.

Punto de vista: Leila.

La Suite de Leila en el corazón de la opulenta villa siciliana, días después de los eventos que habían reescrito el mapa de la Famiglia, había recuperado una frialdad geométrica y pulcra que reflejaba la contención emocional de su dueña. El sol de la tarde se filtraba con pereza a través de los visillos de seda color perla, proyectando largas franjas de luz que se deslizaban sobre el mármol pulido. Era un ambiente de una riqueza sobria, de una belleza calculada que no permitía el desorden. Pero bajo esa superficie impoluta, el aire vibraba con una tensión silenciosa, la atmósfera cargada por el peso del luto reciente y la inminente guerra territorial.
Leila, sentada en una butaca de terciopelo de Bouclé, parecía fundirse con el mobiliario, una pieza más de arte en la contención. Vestía una bata de cachemira gris que, más que una prenda de descanso, se sentía como una suave armadura: una capa de protección contra el mundo exterior y, quizás, contra sí misma. Sobre una mesa baja de ébano, su tablet emitía un breve y discreto tono de conexión, el anuncio de una cita con el único profesional que se atrevía a desarmarla: su psiquiatra.
La pantalla se encendió, revelando el rostro sereno y profesional de Nuria, conectada desde Turín. La Dra. Nuria, con su fondo de pared cruda y estanterías abarrotadas de conocimiento, ofrecía un contrapunto de tranquilidad clínica a la atmósfera cargada de Sicilia.
Nuria dice con acento neo-madrileño: "Hola, Leila. Me alegra verte. Veo que el sol de Sicilia te sienta bien, aunque me temo que es una luz engañosa. ¿Cómo va todo por ahí, en medio de la tempestad?"
Leila esbozó una sonrisa mínima, una mueca que no alcanzaba a iluminar sus ojos, que permanecían sombríos y vigilantes.
Leila dice con acento siciliano: "Hola, Nuria. Va como tiene que ir. Hay guerra. Hay luto. Y tengo que ser la Regina. El negocio no espera a que me derrumbe."La Corona y la Niña Aterrada
Nuria dice con acento neo-madrileño: "Esa es exactamente la frase que me gustaría que abordáramos hoy, Leila. Quería retomar nuestras sesiones porque la conexión emocional se vuelve absolutamente crucial en medio del caos. Dime, ¿qué significa, exactamente, ‘tener que ser la Regina’ en este momento de profundo dolor y reestructuración?"
Leila asintió con un gesto lento y pesado. Su mirada se fijó en un punto imaginario más allá de la cámara, como si estuviera leyendo las intrincadas líneas del tablero de ajedrez en el que se había convertido su vida. La impasibilidad de su rostro era casi dolorosa, un mapa de la tensión interna que intentaba sofocar.
Leila dice con acento siciliano: "Significa que el duelo por Chiara debe esperar. No es que no esté, Nuria. Está aquí, en el pecho, un ancla pesada que amenaza con hundirme. Pero no puedo permitir que la emoción, el llanto, el colapso, gobierne el tablero. Santoro está en Nápoles, moviendo fichas. Olimpia y yo, nos guste o no, formamos una alianza de acero. Cada decisión que tomo en este momento, cada palabra que digo, es vital para la supervivencia de la Famiglia y, francamente, para la mía."
Se pasó una mano por la frente, un gesto inusualmente vulnerable que contrastaba con su postura rígida.
Leila dice con acento siciliano: "Me miras y ves a la mujer que Mássimo rescató de Montenegro, ¿verdad? Y sí, soy esa. No estoy en ese abismo de autodestrucción, lo sé. No dependo de nadie para respirar, no busco el castigo. Pero, por dentro… Sigo sintiéndome mal conmigo misma, Nuria. Siento que, a pesar de la riqueza, el poder, el apellido, sigo siendo la misma Leila a la que le arrebataron todo en Montenegro. Y la única manera que encuentro para silenciar esa Leila, para que no me arrastre al pánico, es poniéndome la corona y la armadura. Es la exigencia. La única opción para sobrevivir al legado."
Nuria dice con acento neo-madrileño: "Leila, la Regina es una parte crucial de ti, sin duda. Pero no eres solo tú. Es una armadura, como bien dices. Y la armadura, por muy fuerte que sea, necesita periodos de mantenimiento. Permitirse el dolor no es colapsar; es una obligación, es honrar la vida que se ha ido, sea Chiara o cualquier otra pérdida. Y justamente ahí quiero entrar. Sé que hay otra sombra muy importante para ti que se ha hecho muy presente, y ha pasado un tiempo prudencial. ¿Cómo llevas, de verdad, la ausencia de Pietro?
La mención de Pietro fue como un golpe sutil, una onda de choque en la superficie controlada de Leila. Ella parpadeó, y el velo de pragmatismo que cubría sus ojos se rasgó, dejando ver una profunda fisura de melancolía.
Leila dice con acento siciliano: "Pietro…"
Su voz se quebró, un sonido raro, íntimo, que rara vez permitía escuchar. Se recostó profundamente en el butacón, abandonando por un instante la rigidez de su postura, permitiéndose el desahogo.
Leila dice con acento siciliano: "Es irónico, ¿no? Murió por mí, Nuria. Murió salvándome de Matteo. El hombre que me amaba con esa lealtad silenciosa, absoluta, y al que yo alejé de mi vida porque decidí, decidí amar a Mássimo. Un amor que, vamos a ser sinceras entre nosotras, es un caos. Es un infierno controlado de pasión y, sí, de dominio emocional. Pero lo elegí. Lo sigo eligiendo porque me devuelve la vida con esa intensidad."
Cerró los ojos, y cuando los abrió, la nostalgia era una niebla densa y palpable en el aire de la suite.
Leila dice con acento siciliano: "Nuria, le necesito más de lo que quisiera. Necesito su calma. Sus ojos fijos. Su forma de ponerme una mano en el hombro sin hablar, solo como un ancla de roca. Me hace falta. En estos días caóticos, con la corona que me aprieta y la guerra por delante… echo de menos al custodio, a ese hombre de pocas palabras que siempre sabía lo que necesitaba la ragazza, la que no era Regina."
Se permitió una pausa larga, dejando que la vulnerabilidad flotara en el aire de la videollamada, sin intentar disimularla.
Leila dice con acento siciliano: "Y me pregunto a menudo… ¿Y si yo también le amaba, Nuria? Quizá no con el fuego que Mássimo me provoca y con el que me devuelve a la vida después de cada caída. Pero un amor distinto. Un amor de paz. De saber que, pasara lo que pasara, él estaba ahí. No era un amante, era mi certeza. Era la parte de mí que estaba segura."
Ladeó la cabeza, la duda y el arrepentimiento marcados en sus finas líneas de expresión.
Leila dice con acento siciliano, su voz apenas un susurro rasgado: "A veces, Nuria, pienso en lo simple que era todo con él, con Pietro. No había caos, no había esa gimnasia mental agotadora de si me ama o si solo me necesita para dominar. Era una calma abrumadora, ¿sabes? El silencio de las raíces, de la tierra que te sostiene sin pedir nada a cambio. Y ahora que se ha ido, me doy cuenta, con una lucidez cruel, de que perdí mi única base real. Pietro era la certeza inamovible de que yo podía ser la Regina de hielo ante el mundo, y, al mismo tiempo, la mujer que dormía tranquila, sin miedo a un cuchillo en la oscuridad o a una traición al despertar. Mássimo me da el fuego, sí, una hoguera que me consume y me da calor a partes iguales. Pero Pietro me daba el suelo firme sobre el que esa hoguera podía arder sin destruirme del todo. Y me rompe, Nuria. Me desgarra la conciencia porque él murió por mí, conociendo cada una de mis debilidades, sabiendo que yo nunca le daría el lugar que merecía en mi cama o en mi alma, ese lugar que ahora Mássimo ocupa. ¿Qué clase de mujer soy, dime, que sacrifica la paz, la lealtad y la seguridad por la tormenta, por la pasión autodestructiva?"
Leila se encoge aún más en la butaca de cuero, abrazándose con una desesperación silenciosa a través de la suavidad inútil de la cachemira gris. La sombra de Pietro, en su mente, no es de resentimiento ni de venganza, sino de un profundo, inútil y paralizante arrepentimiento. El recuerdo de su sacrificio es una bala que aún no ha salido de su pecho.
Leila dice con acento siciliano, su mirada perdida en un punto fijo más allá de la terapeuta: "Y luego está el dolor... el dolor por Chiara... es diferente, Nuria. No tiene la ternura amarga de Pietro. Es un dolor agudo, cortante, igual de paralizante, pero lleno de gritos que no dejo salir. Veo a Martyna, veo a Zoe, a todos intentando con esfuerzo sobrehumano sacarme a flote, pero por dentro... por dentro estoy completamente destruida. La gente, la Famiglia, los enemigos... todos dicen que soy fuerte, que soy la Regina de la Cosa nostraque no se doblega, pero no. Es una máscara. Estoy rota en pedazos que no sé cómo pegar. Porque una parte de mí, Nuria, una parte retorcida, egoísta y cruel, no puede evitar pensar, noche tras noche, mientras me despierto sudando: si ella no se hubiera ido con Gianluca... si no hubiera intentado esa estúpida y patética huida de cuento de hadas... seguiría viva. Yo sé, sé con una certeza gélida, que si Chiara no hubiera estado en ese puerto, si no hubiera intentado escapar de su destino en la Famiglia, Santoro no habría tenido la excusa perfecta para usarla, para mancharla, para quebrarla y, finalmente, para matarla de esa forma brutal. Sé que no es mi culpa directa, no fui yo quien apretó el gatillo, pero... ella no estaría muerta si no hubiera tomado la decisión de marcharse. Y yo no sé qué hacer con esa culpa indirecta que me ahoga. La necesito de vuelta, Nuria. Necesito a mi hermana. Y no sé si lo que siento es el luto natural por su pérdida, o una rabia visceral contra ella por la decisión que tomó de abandonarme y hacerme vulnerable."
Una lágrima solitaria, pesada y densa como mercurio, se desliza por su mejilla. Leila la limpia con un movimiento rápido y furioso de la mano, como si esa muestra de debilidad emocional fuera una traición a todo lo que representa. Su postura vuelve a ser rígida.
Nuria dice con acento neo-madrileño, su tono es bajo pero lleva el peso de la autoridad y la experiencia. No hay juicio, solo diagnóstico: "Leila. Detente un momento y escúchame con la claridad que tienes para planear un golpe o un acuerdo. Tu dolor por Chiara, tu duelo no resuelto por Pietro, incluso tu elección de Mássimo, son dos caras de la misma moneda: la pérdida traumática e intensa de tus anclas emocionales y tu negación a vivir sin conflicto. Lo que estás describiendo con la muerte de tu hermana es una culpa de sobreviviente clásica, acentuada hasta el delirio por tu rol como líder de la Famiglia y protectora fallida. La vida de Chiara no fue arrebatada por una decisión romántica o ingenua, Leila; fue arrebatada por un acto deliberado, calculado y despiadado de violencia. El único responsable de su muerte se llama Santoro. Si tú, la Regina, no le das a Santoro la responsabilidad total por ese asesinato, si tú te la quedas y la internalizas, le estás otorgando una victoria póstuma inmerecida. No puedes, ni debes, permitir eso. Estás traicionando la memoria de tu hermana al proteger la psique de su asesino."
La psiquiatra, con las manos perfectamente cruzadas sobre su rodilla, mantiene su compostura profesional, pero su voz se carga de una firmeza casi innegociable, de alguien que sabe exactamente dónde está el nudo del dolor.
Nuria dice con acento neo-madrileño, con una pausa medida: "Respecto a Pietro, tienes que entender la dinámica. La ironía que ves en amar a Mássimo es, de hecho, la respuesta honesta de tu subconsciente a la vida que te fue impuesta. La paz es una ilusión peligrosa para los que viven en guerra. Tú naciste y creciste en la tormenta, Leila. Y Mássimo, con su caos, su posesión feroz y su magnetismo destructivo, valida esa tormenta. Él es tu amor espejo, el reflejo exacto de la brutalidad de tu existencia. Pietro, en cambio, era la promesa de una vida que no podías tener, un camino que tu destino rechazó. Y el hecho de que muriera por ti, con esa lealtad incondicional, es lo que te desgarra: no solo perdiste un ancla, perdiste la prueba de un amor puro que tú, por la razón que sea, no supiste o no pudiste corresponder a tiempo. Pero ese amor no fue desperdiciado, Leila. Fue el escudo sacrificial que te permitió llegar hasta aquí. Y si tú dejas que esta culpa te carcoma y te destruya desde dentro, no honras ni a Chiara ni a Pietro. La Regina tiene que levantarse y gobernar, sí, pero la mujer rota tiene que permitirse el luto, la terapia y la sanación. Porque si no lo haces, te destruyes por completo, y al hacerlo, destruyes la única cosa por la que ellos lucharon hasta el final: tu vida y la continuidad de tu legado."
Nuria exhala lentamente, sus ojos fijos en los de Leila, sosteniendo la intensidad.
Nuria dice con acento neo-madrileño, forzándola al siguiente paso: "Estás destruida por dentro, sí. Y eso es lo que la Regina necesita reconocer y asumir. No para colapsar y abdicar, sino para saber exactamente contra qué está luchando en esta guerra interna. Dime, Leila, ahora que sabes el origen de esta destrucción: ¿qué vas a hacer con ella? ¿Vas a permitir que te hunda en el arrepentimiento y la autocompasión, o vas a usarla como el motor frío y despiadado para vengar a tu hermana y honrar el sacrificio definitivo de Pietro?"
Leila dice con acento siciliano, su voz firme, aunque teñida por una desesperación cruda: "Usarla. Tengo que usarla, Nuria. No puedo permitir que esa victoria póstuma se concrete. Pero... ¿cómo se hace? Dime, ¿cómo se levanta una mujer con el alma rota y se pone la corona sin que el dolor la vuelva completamente loca? Me pides que sea la Regina y que haga el luto. Me pides que honre a Pietro, al hombre que me dio la paz, mientras elijo y me consumo por el fuego de Mássimo. Es una contradicción que me desgarra. Quiero vengarla. Quiero honrarlo. Pero cada paso que doy hacia esa venganza me aleja de la mujer que ellos hubieran querido que fuera, la que no está sumida en la guerra perpetua."
Se inclina hacia la cámara, la súplica en sus ojos esmeralda es innegable, la de la líder que, por una vez, necesita una instrucción precisa y táctica para su propia alma.
Leila dice con acento siciliano: "¿Cómo encuentro el punto medio, Nuria? Dame la estrategia. ¿Qué hago para que la necesidad de venganza no me consuma al punto de no sentir nada más? Necesito saber cómo puedo ser esa líder despiadada que exige la guerra contra Santoro y, al mismo tiempo, la mujer que puede permitirse llorar en la intimidad por su hermana y por el hombre que la amó sin condiciones. ¿Cómo evito que esta rabia me haga abdicar de mi propia humanidad? Porque si dejo de sentir, Nuria, si me convierto solo en la Regina de hielo... habré perdido la guerra mucho antes de que se acabe."
Nuria dice con acento neo-madrileño: "Leila, la estrategia aquí no es un plan de ataque externo, sino una gestión interna de la disociación. Lo que me pides, el punto medio entre la Regina despiadada, que es la ejecutora, y la mujer en duelo, que es la sobreviviente, se llama compartimentación adaptativa. Quiero que entiendas la diferencia: no es un mecanismo de defensa patológico, como el que usa un psicópata para desconectarse de su propia brutalidad. Es una herramienta de supervivencia consciente y controlada, utilizada por líderes y personal militar en entornos de estrés crónico y riesgo existencial."
Nuria se ajusta las gafas, su expresión completamente enfocada. Su postura se vuelve más clínica, menos empática en apariencia, pero más rigurosa.
Nuria dice con acento neo-madrileño: "Vamos a trabajar en esto con la misma disciplina fría que usas para el balance contable de la empresa. El objetivo terapéutico no es fusionar a la Regina con la mujer rota, porque esa fusión ahora mismo sería una debilidad. Si la Regina siente el peso total del duelo, colapsa la operación. Si la mujer rota se vuelve Regina sin control, cometerá un error impulsivo. La solución es crear fronteras internas claras, casi con aduana y horario. La Regina es tu rol ejecutivo, tu función de supervivencia y venganza. La mujer en duelo es tu identidad privada, tu necesidad ineludible de sanación emocional."
Nuria dice con acento neo-madrileño: "Para la Regina, la instrucción es taxativa: Foco en el objetivo operativo. La rabia debe ser metabolizada y transformada en eficiencia táctica. No la uses para explotar o tomar decisiones impulsivas que pongan en peligro el plan general; úsala como combustible para mantener la concentración y ver tres o cuatro pasos más allá que Santoro y su gente. La venganza, desde el punto de vista de la Regina, no es un acto emocional de desahogo; es una resolución de deuda de carácter casi empresarial. La muerte de Chiara y el sacrificio de Pietro son el motor que te impulsa a levantarte, no el volante que te dirige. Cuando estés en el despacho, negociando con Olimpia, o cuando Mássimo te esté informando sobre un movimiento de mercancía, la mujer rota se queda en esta butaca de mi consulta. Su dolor es, en ese momento, completamente irrelevante para la negociación y debe ser silenciado por la voluntad de hierro de la Regina."
Nuria dice con acento neo-madrileño: "Para la mujer en duelo, la instrucción es: Tiempo y espacio sagrados. Tienes la obligación de designar, Leila, un período de tiempo y un lugar físico donde la corona ejecutiva quede absolutamente prohibida. Esos minutos son exclusivamente para Pietro y para Chiara. Esto no es solo un 'permitirse llorar' cuando te apetezca; es una obligación terapéutica estructurada para evitar la sobrecarga y el burnout emocional. Propongo un periodo de diez minutos, cada noche, sin excepción, justo antes de dormir. Sin el móvil, sin la tablet, sin Mássimo interrumpiendo, y sin planes de guerra. En ese espacio íntimo, y solo en él, tienes permiso total para sentir el arrepentimiento por lo que le sucedió a Pietro, el dolor crudo por Chiara, y la rabia más visceral hacia Santoro. Pero, y esto es el punto de control crucial, al término de esos diez minutos (usa un temporizador), la emoción debe ser 'guardada' de nuevo, no reprimida hasta desaparecer, sino contenida y encapsulada por la disciplina de la Regina. No permitas bajo ninguna circunstancia que ese desborde emocional se filtre al área ejecutiva al día siguiente."
Nuria dice con acento neo-madrileño: "Respecto a Mássimo y a esa sensación de 'fuego' y 'peligro' que te atrae. Tienes toda la razón: es una contradicción. Pero, Leila, la vida en la guerra psicológica y real es una constante contradicción. Mássimo te devuelve a la vida con una intensidad que roza el peligro, y eso es precisamente lo que funciona, porque tu sistema nervioso central, que lleva años cableado al trauma y al riesgo, ya solo registra la intensidad máxima como vida real y auténtica. Pietro te daba paz y estabilidad, y ahora, irónicamente, tu cerebro interpreta inconscientemente esa paz como peligro inminente o, peor aún, como aburrimiento en tu contexto actual. La estrategia aquí no es huir de Mássimo, sino negociar el dominio con él. Él es tu amante, tu protector físico, el que te ancla a la piel y a la sangre, pero debes ser clara en que no es el dueño de tu estrategia, ni de tu alma, ni de tu mente ejecutiva. La próxima vez que te hable de control o dominio, respóndele con un límite claro, aunque lo digas con un tono de juego erótico: 'En la cama, soy tuya. Fuera de ella, soy la Regina y tú eres mi prometido, y estamos en guerra.' El sexo con él puede ser tu vía de escape, tu 'autodestrucción' controlada y catártica, pero debes salir de esa interacción con la armadura mental intacta y la mente fría como el acero."
Nuria dice con acento neo-madrileño: "Leila, la humanidad no se abdica por sentir rabia, dolor, o incluso un deseo peligroso; se abdica por la indiferencia absoluta. Mientras sientas, sigues siendo humana y funcional. Usa el dolor como lo que es: un ancla fría y pesada. Honra la memoria de Pietro con la supervivencia inteligente de la familia y a Chiara con la venganza medida y estratégicamente perfecta. Esa es la única estrategia que tienes ahora. Tienes que convertirte en la líder que ellos creyeron que podías ser, incluso en medio del fuego: una mujer que, aunque internamente rota y en duelo, gobierna con la cabeza fría de un estratega, no con el corazón abierto. ¿Podemos entonces acordar, como primera tarea, el compromiso inquebrantable de esos diez minutos de 'luto sagrado' cada noche, a partir de hoy? Necesito esa promesa, Leila."
Leila dice con acento siciliano, asintiendo lentamente, la firmeza volviendo a sus ojos al escuchar la palabra "estrategia" y la voz de la Regina emergiendo completamente: "Acepto el compromiso de los diez minutos de luto sagrado. Es una disciplina necesaria y la implementaré. Entiendo que la emoción es combustible, pero la razón debe ser el timón de esta nave, especialmente ahora que navegamos por aguas tan turbulentas. Sin embargo, hay un elemento crítico en la parte ejecutiva de la operación que me mantiene despierta por las noches, Nuria. Has esbozado la necesidad de una alianza de acero con Olimpia, un frente unido e inquebrantable contra Santoro para asegurar la supervivencia de la Famiglia a largo plazo. Pero la guerra en Sicilia es tanto una guerra de balas y territorio como una guerra de honor y percepción. La fachada de invulnerabilidad es tan valiosa como un ejército de mercenarios. ¿Cómo mantengo esa fachada de control absoluto ante los capos más viejos y escépticos de la isla y, al mismo tiempo, gestiono la inestabilidad de mi propio Clan Mi círculo de confianza es reducido, sí, pero está peligrosamente roto. Si doy un paso en falso. ¿Cuál es el protocolo exacto, la directriz psicológica de alto nivel, que debo aplicar para mantener la disciplina y el enfoque en mi entorno inmediato, sin convertirme en un tirano de hielo que destruye la lealtad que tanto me costó ganar?"
Nuria dice con acento neo-madrileño, su expresión se suaviza ligeramente, reconociendo la profundidad de la preocupación de Leila: "Es una pregunta excepcionalmente lúcida, y te honra, Leila, que tu primera prioridad sea la estabilidad interna, pues un reino cae de dentro hacia afuera. La respuesta es clara: no puedes ser una tirana de hielo. La lealtad en la Cosa Nostra, especialmente entre los que han crecido contigo, se basa en la protección percibida, en el afecto brutal, no en el miedo ciego. La estrategia para el círculo íntimo es: Liderazgo por Contención Transparente y Funcionalidad. Con Michele, tu primo y consigliere, la Regina debe ser el ancla inamovible. No le exijas que borre el sentimiento; eso es imposible y contraproducente. Exige el cumplimiento impecable de su deber, sin margen de error. Debes hablarle, una única vez, con una claridad de cristal, no como su prima, sino como su Regina y única jefa. Establece el límite absoluto de su desorden emocional en relación con las operaciones de la Famiglia. Dale el margen para que resuelva su situación personal con Dalila y gestione el peso de su culpa y su dolor, pero sé categórica: cualquier fallo operativo, cualquier riesgo de seguridad derivado de su inestabilidad, será castigado con la relegación inmediata y permanente de su posición. Esto le devuelve a él el control sobre su propio caos y le recuerda el costo existencial de su impulsividad. Para el resto de tu círculo, aquellos que están a tu lado como Martyna, Zoe, y Mássimo, la clave es la Vulnerabilidad Selectiva y la Determinación Visible. No les muestres el colapso total, el quiebre. Muéstrales el dolor funcional: permíteles ver la determinación en tus ojos, incluso si están hinchados o húmedos. Si ellos sienten que te estás levantando, que la Regina está reestructurando su dolor en acero, ellos se levantarán para sostenerte y combatir. Si sienten que te estás hundiendo, el pánico y la desconfianza serán colectivos. La transparencia de tu dolor debe servir como un recordatorio de por qué luchan, no como una excusa para la rendición."
Leila asimila la información con una concentración que roza lo militar. La estrategia resuena profundamente con su lógica ejecutiva. La Regina debe ser fría, sí, pero nunca caprichosa o injusta en la aplicación de la ley. La lealtad se mantiene con la justicia.
Leila dice con acento siciliano, asintiendo con una resolución renovada: "Liderazgo por Contención Transparente. Es la disciplina que necesito aplicar. Le hablaré a Michele hoy mismo, antes de que el sol se ponga. Es una deuda de honestidad que debo saldar con él y con Dalila, y con la Famiglia. Gracias, Nuria, me has dado el mapa para navegar la tormenta interna."
Se quedan en un silencio contenido, el único sonido es el leve siseo del aire acondicionado de la lujosa suite y el ruido distante de la ciudad. La luz del sol de Sicilia, ahora menos intensa, proyecta sombras alargadas en el suelo de mármol. Nuria, con la mano en la barbilla, suspira suavemente. Su postura profesional cede a una expresión más personal, aquella que usa cuando el diagnóstico trasciende el simple mecanismo de defensa y toca el alma.
Nuria dice con acento neo-madrileño, su voz se vuelve baja, directa y sin filtros, regresando al núcleo íntimo del conflicto de Leila: "Leila, hemos cubierto a Santoro, la a pérdida de Chiara, la pérdida de Pietro, la inestabilidad de Michele y las exigencias de la Regina. Ahora, te exijo que te quites la armadura por completo, aunque sea solo por el tiempo que dure esta pregunta, y me mires. Olvídate de la corona. Tenemos que hablar de Mássimo y de la boda que se cierne sobre ti. La guerra, la venganza y la corona te dan un propósito funcional, una razón para levantarte. Pero tu vida personal, tu futuro más íntimo, es el territorio más inexplorado y, por ende, el más peligroso que tienes ahora mismo. Me has dicho que eliges a Mássimo porque te da fuego, te devuelve la vida que la Cosa Nostra te quitó, y te rescata, como una fuerza bruta, de la autodestrucción en la que te habías sumido. Mi pregunta es vital y va al hueso: ¿Estás absolutamente segura de que lo que sientes es amor, Leila? O, en este momento de máxima vulnerabilidad, después de haber perdido a tu Hermana de alma y a tu protector, ¿crees que te has aferrado a él porque es el único hombre lo suficientemente grande, caótico y magnético como para distraerte del abismo del luto y del miedo existencial? Dime, de verdad, con la mano en el corazón de la mujer: ¿crees que hay una posibilidad de que no sea amor lo que sientes por Mássimo, sino dependencia extrema? Y si lo fuera, si ese infierno que defines fuese amor, ¿estás preparada para dar el siguiente paso, el matrimonio, sabiendo que vuestro vínculo es, como tú misma lo caracterizaste, 'un infierno controlado' que te consume a partes iguales y que te da calor? Es un juramento de por vida en su tradición, uno que no puedes romper sin una guerra total. ¿Estás incondicionalmente segura de dar ese paso, Leila, o es solo otra estrategia de supervivencia?"
La butaca de terciopelo cruje apenas cuando Leila se mueve, ajustándose, la pregunta de Nuria ha golpeado con una precisión quirúrgica justo en el centro de su conflicto más íntimo. Sus ojos, antes llenos de la fría determinación del estratega, ahora reflejan una profunda e inconfesable incertidumbre. El miedo al fracaso en la guerra de clanes es menor, mucho menor, que el miedo al fracaso en el corazón.
Leila no respondió de inmediato. La pantalla de la tablet actuaba como un espejo cruel, devolviéndole la imagen de una mujer que poseía todo el poder del mundo, excepto el control sobre su propia necesidad emocional. Se sentía observada, no solo por Nuria a través de la videollamada, sino por la sombra del trono que reclamaba su alma. La bata de cachemira, que antes se sentía como una armadura contra el mundo, ahora era una tela pesada, asfixiante, un recordatorio de la riqueza que la encarcelaba. La pregunta de Nuria, lanzada con la precisión de un bisturí, no buscaba la estrategia de la Regina de la mafia; buscaba la verdad desnuda de la mujer que se escondía detrás del título.
Leila dice con acento siciliano, su voz es baja, áspera, como si estuviera raspando la verdad de un hueso, exponiendo una herida mal curada: "Amor… esa palabra es un lujo, Nuria. Una carga para alguien como yo. Es la cosa que los cuentos de hadas, las estúpidas películas de Hollywood, dicen que cura todas las heridas y te da un final feliz. Pero la realidad de mi mundo, de las calles que controlamos, es que el amor no cura. Aquí, el amor es lo que te hace vulnerable. Es la debilidad que Santoro y los demás usarán para apuntar a mi garganta. Es lo que costó la vida de Chiara, porque amó a quien no debía. Es lo que le costó a Pietro su paz y casi su vida. ¿Cómo esperas, Nuria, que yo ame como en un cuento, con flores y promesas eternas, si absolutamente todo lo que he tocado con afecto ha terminado en sangre, en traición o en la necesidad de alejarlo para salvarlo?"
Se frotó los ojos con el pulgar y el índice, un gesto de cansancio mental, una fisura en el control que rara vez permitía ver. El peso de la corona se sentía más pesado en ese instante.
Leila dice con acento siciliano, inclinándose hacia el dispositivo, su mirada ahora penetrante y directa: "Hablemos de dependencia, entonces, ya que te gusta usar términos clínicos. Sí, la hay. Pero es una dependencia funcional, necesaria para mi supervivencia, aunque suene perverso. Hablemos de Pietro. Él era la calma, Nuria. Era la paz que yo sabía que no merecía, la isla de silencio en medio de mi tormenta. Él me amó con una lealtad incondicional, un amor que no me exigía ser la Regina de Sicilia. Con él, en esos momentos robados, yo era solo Leila, la ragazza que, por un breve y peligroso tiempo, podía dormir sin una pistola bajo la almohada, que podía desayunar sin planear la siguiente jugada. Su amor era una calma abrumadora, la certeza de un amanecer que nunca fallaría. Era bueno. Tan jodidamente bueno que me aterraba. Sentía, y sentía con razón, que en cualquier momento el caos de mi vida lo devoraría entero, lo destruiría. O peor aún, que su bondad me aburriría hasta la médula. Lo alejé por su seguridad, por supuesto, por un desesperado intento de proteger su luz, pero también porque su paz era un veneno lento para mi alma cableada a la adrenalina y al conflicto.
Se detuvo, respirando hondo, el aire entrando frío y saliendo pesado. Luego, la imagen de Mássimo llenó el vacío, la antítesis perfecta, el polo opuesto que la atraía con fuerza gravitacional.
Leila dice con acento siciliano, la intensidad regresando a sus ojos como llamas: "Y luego está Mássimo. Tú lo llamas caos, dependencia extrema, autodestrucción. Yo lo llamo vida auténtica. Él no me da el silencio reconfortante de las raíces firmes; me da el rugido del volcán en erupción, que es el único sonido que mi alma reconoce como verdadero. Cuando estoy con él, en la oficina, en la cama, en la negociación más dura, cuando me posee con esa furia tierna que solo él tiene, cuando me obliga a sentir, como hace semanas, hasta que el duelo paralizante por mi hermana desaparece bajo el peso de su cuerpo y la urgencia de su lujuria... en ese momento, no soy la Regina preocupada por la estrategia, ni la mujer en duelo cargando la culpa de sobreviviente. Soy su mujer. Soy Leila, la que es más fuerte que la muerte y más salvaje que el Capo que la mira a los ojos sin miedo. Mássimo no me ofrece paz; me ofrece la supervivencia intensa, la que se siente al borde del abismo. Me obliga a quemar, a sentir, a ser brutal, demandante y egoísta, porque él lo es, y exige lo mismo de mí. Pietro me amó con la esperanza de que yo cambiara, de que me convirtiera en la mujer de paz que él merecía. Mássimo me ama por la mierda que soy, por la brutalidad que represento, y no me pide que me suavice un ápice. Me exige que sea más yo que nunca."
La confesión era cruda, exenta de cualquier rastro de romanticismo hollywoodense, pero cargada de una honestidad visceral y brutalmente práctica.
Leila dice con acento siciliano, su voz un murmullo decisivo, finalizando el argumento: "¿Dependencia? Sí. Lo necesito porque, en este preciso momento de guerra y luto, solo su intensidad puede mantenerme a flote, evitar que la culpa me hunda. ¿Amor? Si el amor en mi mundo no es una promesa de cuento de hadas, sino la elección consciente de una compañía de fuego que no teme mi propia destrucción, que la abraza... entonces sí, lo amo. Lo amo porque es el único hombre que me hace sentir que el infierno que llevo dentro es mi verdadero hogar. La boda, Nuria, míralo bien... no es solo una estrategia de supervivencia política. Es una estrategia de permanencia emocional. Es atarme a él con un juramento que solo la muerte, y quizás ni siquiera ella, puede romper. Porque sé que si lo suelto, si me quedo sola con la corona y el luto, la paz tibia que Pietro me ofrecía me haría colapsar. Mássimo es la guerra constante que me obliga a pelear, a vivir, a estar alerta. Y sí, es un riesgo. Es un infierno controlado que me consume, pero si voy a quemarme, prefiero hacerlo junto al único hombre que me besa y me toca con la misma intensidad furiosa con la que yo planeo una venganza. No sé amar sin intensidad, Nuria. No sé ser la mujer que se sienta en la calma, esperando. No sé si es el amor que se lee en los libros de poesía, pero es el único que la Regina de Sicilia es capaz de sentir. Y es el único que, paradójicamente, me hace sentir invencible. No hay vuelta atrás. Él es mi fuego, mi caos necesario. Y yo lo sigo eligiendo. Es mi única, ineludible y peligrosa certeza para sobrevivir."
Nuria asintió lentamente, sus ojos grises midiendo el impacto de la última hora de sesión. Su expresión clínica regresaba, metódica y controlada, pero no exenta de un matiz de profunda satisfacción profesional. La intensidad de la confesión de Leila había sido brutalmente agotadora para ambas, una inmersión en las profundidades de un alma marcada por el poder y el luto. Era un trabajo sucio, pero necesario. Leila había expuesto el corazón negro de su dilema: la elección consciente de la guerra como mecanismo de vida, sobre la paz como un lujo inasequible.
Nuria dice con acento neo-madrileño, su voz volviendo a la cadencia tranquila, casi hipnótica, del terapeuta que da por finalizada una cirugía emocional. Su tono era de cierre categórico, de validación implacable y de envío de tarea: "Leila. Tienes mi respeto por tu honestidad. Has verbalizado una verdad fundamental que la mayoría de las personas se niegan a afrontar: tu amor, en este momento de tu vida, es una función directa de tu supervivencia. Es la intensidad visceral que exige tu entorno. No es un romanticismo ingenuo; es un ancla. Acepto tu elección de Mássimo, no como mi juicio personal sobre su conveniencia moral o estratégica, sino como tu estrategia de permanencia emocional. Es el ancla de fuego que te mantendrá atada a la vida, impidiéndote caer en el vacío que ha dejado Chiara. Ahora, nuestro trabajo es asegurarnos de que esa 'estrategia de permanencia' —esa llama— no devore, en su intensidad descontrolada, la estrategia operativa de la Regina."
Se inclinó ligeramente hacia la cámara de alta resolución, su rostro perfectamente iluminado, proyectando una autoridad que trascendía la distancia.
Nuria dice con acento neo-madrileño, marcando cada punto como si fuera un escalpelo: "El plan de acción es inmutable. No es negociable. Tienes el mapa interno para navegar la tormenta. Ahora, tienes que dejar de ser la víctima furiosa y volver a gobernar."
Leila sintió un leve alivio físico. El dolor, que se había manifestado como nudos invisibles y tensos en su pecho y garganta, pareció aflojarse. Había liberado una pequeña cantidad de aire denso que no sabía que estaba conteniendo. La confesión sobre la complejidad de sus sentimientos hacia el recuerdo de Pietro y la brutal necesidad de Mássimo había sido una purga necesaria. La Regina estaba herida, sí, pero la ceguera de la negación y la culpa irracional habían sido barridas. Ahora estaba brutalmente lúcida sobre la naturaleza de sus heridas.
Leila dice con acento siciliano, su voz ya no áspera o desesperada, sino templada, con el acero frío de la resolución. Se enderezó en la butaca de cuero, la bata de cachemira color vino volviendo a sentirse como una armadura, no como un refugio: "Entendido, Nuria. Te mantendré informada de los progresos de la contención. Gracias por tu... lucidez. Es el único bálsamo que me permito tocar en este momento."
Nuria dice con acento neo-madrileño, su mirada firme hasta el último instante: "Para eso estoy, Leila. Permítete que la lucidez se extienda más allá de este despacho. No es una herramienta de sesión; es tu arma principal. La próxima semana, quiero un informe detallado, no solo de lo que le dijiste a Michele, sino de lo que él no pudo ver en ti. Cuídate en ese volcán, física y mentalmente. Desconecto ahora."
Nuria hizo un pequeño movimiento de cabeza, el gesto profesional y final. La imagen del rostro sereno de la psiquiatra se congeló y, en un instante, se desvaneció, reemplazada por el reflejo oscuro y brillante de Leila en la superficie de la pantalla.
Leila se quedó inmóvil por un momento, observando su propio reflejo en el vacío tecnológico. Ya no veía a la mujer en pánico, ni a la amiga destrozada; veía a la Regina de Sicilia, sola en su opulenta jaula de mármol y seda. El peso del luto seguía allí, pesado e irremisible, pero la culpa había sido redistribuida con justicia clínica: Santoro tenía la responsabilidad total por la muerte de Chiara, y Mássimo tenía la responsabilidad total de mantenerla encendida, viva y peligrosa.
Se puso de pie, su movimiento fluido y decisivo, recuperando cada centímetro de su estatura imponente. Caminó hacia el ventanal que daba a la noche y descorrió la pesada cortina de seda color perla, revelando la inmensidad oscura de la noche siciliana. La silueta imponente del Etna, coronado por una tenue, casi invisible, nube de ceniza rojiza, dominaba el horizonte. Un recordatorio constante de la naturaleza explosiva de su dominio.
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