La resiliencia de la reina Ferrari

Aquí se irán publicando las escenas de rol tanto de trama principal, como las que querais publicar los jugadores. Debido a la naturaleza de este foro, si se admite contenido NSFW.
Larabelle Evans
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Registrado: Mar Jul 02, 2024 4:52 am

Re: La resiliencia de la reina Ferrari

Mensaje por Larabelle Evans »

El silencio después de la verdad.

Punto de vista: Leila.

La villa Martini quedó suspendida en un silencio extraño, como si el aire hubiera olvidado cómo moverse después de la llamada.
El teléfono seguía sobre la mesa baja, con la pantalla apagada, pero el eco de la voz de Chiara parecía aún flotando entre los ventanales altos. Afuera, el jardín estaba quieto. La nieve derretida caía lentamente desde las ramas de los pinos, gota a gota, marcando un ritmo que a Leila se le clavaba en el pecho como un metrónomo cruel. No lloró.
Eso fue lo primero que sorprendió a Mássimo.
Leila permanecía sentada sobre la esterilla, la espalda recta pero rígida, las manos apoyadas sobre los muslos. Sus dedos estaban fríos. Blancos. La mandíbula apretada con tanta fuerza que un músculo le temblaba bajo la piel morena. Respiraba… pero corto. Medido. Como si cada inhalación tuviera que pedir permiso.
El apellido Ferrari acababa de volver a su vida.
No como recuerdo. Como amenaza.
Mássimo no se movió de inmediato. Conocía ese tipo de silencio: el que no se rompe con palabras, el que estalla si alguien lo toca mal. Se limitó a sentarse a su lado, lo suficientemente cerca para ser presencia, lo suficientemente lejos para no invadir.
Leila tenía la mirada perdida en el suelo, pero no estaba ausente. Estaba demasiado dentro.
Leila dice con acento siciliano, …Matteo lo sabía.
No fue una pregunta. Fue una constatación amarga, cargada de una lucidez que dolía.
Mássimo inclinó apenas la cabeza.
Mássimo dice con acento turinés, Sì.
Ella cerró los ojos un segundo. El aire le raspó la garganta al entrar.
Leila dice con acento siciliano, Y decidió que no debía saberlo.
Su voz no se quebró. Eso era lo peligroso.
Mássimo no intentó justificar. No habló de protección ni de errores del pasado. En ese momento, cualquier intento de suavizar la verdad habría sido una traición más.
Mássimo dice con acento turinés, —Decidió per te. Sin preguntarte.
Leila asintió lentamente. Ese gesto mínimo parecía costarle un mundo.
El silencio volvió a caer, más pesado. Afuera, una ráfaga de viento hizo crujir las ramas. Leila dio un pequeño respingo involuntario. No fue pánico. Fue memoria corporal. El trauma aún vivía ahí, atento, agazapado.
La puerta del salón se abrió despacio.
Núria entró sin hacer ruido, como quien sabe leer el ambiente antes de pisarlo. Llevaba una taza humeante entre las manos y la mirada entrenada de quien reconoce una fractura invisible apenas ocurre. Se detuvo a unos pasos, observándolos en silencio.
No preguntó qué había pasado. Lo supo.
Nuria dice con acento madrileño, La llamada ya terminó, ¿verdad?
Leila no respondió enseguida. Su respiración se volvió más superficial. Núria se acercó un poco más, colocó la taza sobre la mesa y se agachó frente a ella, quedando a su altura.
Nuria dice con acento madrileño, Mírame, Leila.
Leila levantó la vista. Sus ojos verde esmeralda estaban brillantes, no de lágrimas, sino de algo más inquietante: una conciencia súbita, despierta.
Nuria dice con acento madrileño, Esto que sientes ahora… no es solo miedo. Es información. Tu cuerpo está entendiendo algo antes que tu cabeza.
Leila tragó saliva.
Leila dice con acento siciliano, No sé dónde termina mi vida… y dónde empieza la loro. El apellido. La carga. La herencia.
Núria asintió con suavidad.
Nuria dice con acento madrileño, Esa confusión es normal. Lo que no sería sano… es volver a esconderte de ella.
Mássimo tensó ligeramente la espalda, atento. Leila bajó la mirada hacia sus propias manos, como si no las reconociera del todo.
Leila dice con acento siciliano, Siento el cuerpo… duro. Como si me estuviera preparando para un colpo. Un golpe. Una embestida.
Núria apoyó dos dedos en la muñeca de Leila, midiendo el pulso.
Nuria dice con acento madrileño, No estás en peligro aquí. No ahora. Pero tu sistema cree que sí. Y no vamos a discutir con él… vamos a acompañarlo.
Leila asintió apenas.
Mássimo, sin hablar, deslizó su mano hasta quedar cerca de la de ella. No la tocó. Esperó.
Pasaron unos segundos eternos.
Entonces Leila movió los dedos. Los rozó con los suyos. Un contacto mínimo. Tembloroso. Pero voluntario.
Ese gesto —tan pequeño— fue un terremoto silencioso.
Mássimo cerró los dedos con cuidado, firme pero sin apretar.
Mássimo dice con acento turinés, Sono qui. Respira conmigo.
Leila obedeció. Una vez. Dos. Tres.
El aire empezó a entrar más profundo. El pecho le dolía, pero ya no se cerraba.
Núria se incorporó despacio, observándolos.
Nuria dice con acento madrileño, Bien. Esto es importante. No has colapsado, Leila. Estás procesando. Y eso… —hizo una pausa— eso es fuerza, aunque no lo parezca.
Leila levantó la cabeza.
Leila dice con acento siciliano, No quiero que me vuelvan a mentir.
La frase cayó como una sentencia.
Mássimo apretó un poco más su mano.
Mássimo dice con acento turinés, No lo harán. Non lo permitiré.
Núria sostuvo la mirada de Leila con una seriedad nueva.
Nuria dice con acento madrileño, Entonces el siguiente paso no es actuar. Es sostener. Dejar que esta verdad se asiente sin que te rompa.
Leila inspiró hondo.
Cerró los ojos.
Y por primera vez desde la llamada, su cuerpo dejó de luchar contra el suelo.
No estaba bien. Pero estaba presente.
Y en ese silencio denso, cargado de pasado y de peligro, algo comenzó a cambiar:
Leila Ferrari ya no estaba huyendo de su apellido. Lo estaba mirando de frente.

Días después.

La villa Martini permanecía en silencio. No era un silencio vacío, sino uno denso, contenido, como si la casa entera supiera que algo había cambiado y no se atreviera aún a nombrarlo. Afuera, la nieve seguía cayendo con una paciencia cruel, cubriendo los caminos, apagando los sonidos del mundo. Dentro, el calor se mantenía constante… pero Leila no lograba sentirlo del todo.
Estaba sentada en el borde de la cama, envuelta en una manta clara. Descalza. La espalda recta. Los hombros tensos.
Sentía el cuerpo… duro.
No era pánico. Era anticipación.
Ese estado extraño en el que los músculos se tensan antes del impacto, cuando el instinto sabe algo que la mente todavía no acepta.
Mássimo estaba cerca, apoyado en el marco de la puerta. No entraba. No invadía. Había aprendido —a base de amor y culpa— que acompañar no siempre significaba tocar.
Leila rompió el silencio primero.
Leila dice con acento siciliano, “No dormí.”
No sonaba avergonzada. Sonaba honesta.
Mássimo asintió apenas.
Mássimo dice con acento turinés, “Io sì. Un poco. Pero soñé cosas brutte.”
Ella levantó la vista hacia él.
Leila dice con acento siciliano, “¿Con Matteo?”
Mássimo no respondió de inmediato. Caminó despacio hasta la ventana, miró la nieve, como si necesitara distancia para decir la verdad.
Mássimo dice con acento turinés, “Con lo que dejó. Es peor.”
Leila tragó saliva.
No lloró.
No tembló.
Solo apretó los dedos contra la manta, como si anclarse al tacto le impidiera salir flotando de sí misma.
En ese momento, la puerta se abrió con suavidad.
Núria entró con una taza de té humeante entre las manos. Llevaba el cabello recogido de cualquier manera, un suéter largo y esa expresión suya de profesional cansada que no abandona la ternura.
Nuria dice con acento madrileño, “Buenos días. O lo que sea que esto sea hoy.”
Leila esbozó algo parecido a una sonrisa.
Nuria se sentó frente a ella, a la misma altura, sin cuadernos, sin diagnósticos.
Nuria dice con acento madrileño, “Después de una verdad grande… el cuerpo reacciona antes que la cabeza. ¿Qué sientes?”
Leila bajó la mirada.
Leila dice con acento siciliano, “Rigidez. Como cuando sabes que alguien va a empujarte… y no puedes moverte.”
Núria asintió, despacio.
Nuria dice con acento madrileño, “Eso no es debilidad. Es preparación. Tu sistema no está colapsando. Está en guardia.”
Mássimo observaba desde la distancia, atento, orgulloso y asustado a la vez.
Leila levantó la vista.
Leila dice con acento siciliano, “No quiero que me oculten todo otra vez.”
El aire cambió.
No fue una súplica.
Fue una decisión.
Nuria no respondió de inmediato. Miró a Mássimo. Él entendió.
Mássimo dio un paso atrás. Salió. Cerró la puerta con cuidado.
Núria se inclinó un poco hacia adelante.
Nuria dice con acento madrileño, “Entonces dime tú cómo quieres saber.”
Leila respiró hondo.
Leila dice con acento siciliano, “Poco a poco. Sin detalles morbosi. Sin mentiras. Nombres. Ramas. Reglas.”
Núria sonrió con una mezcla de alivio y respeto.
Nuria dice con acento madrileño, “Eso es agencia, Leila. Eso es elegir.”
Leila asintió, con los ojos brillantes, pero firmes.
Núria asintió, satisfecha. Miró hacia la puerta, como si supiera que Mássimo estaba cerca, esperando.
Nuria dice con acento madrileño, "Me parece un plan excelente. Ahora necesitamos un puente entre la mente y el cuerpo, ¿verdad?"
Mássimo abrió la puerta despacio, volviendo a entrar en la habitación. Su rostro reflejaba una serena determinación. Había escuchado la última frase de Leila.
Mássimo dice con acento turinés, "Tienes razón, piccolina. El cuerpo debe recuperar el control. Y para eso, la rigidez debe convertirse en fuerza dirigida."
Se acercó a ellas, sin sentarse, imponiendo una presencia tranquila.
Mássimo dice con acento turinés, "Vamos a empezar a trabajar. Pequeños entrenamientos. No para que seas la Reina Ferrari de antes, sino para que seas la que puede defenderse ahora. Sin forzarte, siempre con Núria cerca."
Leila levantó la barbilla, la idea encendiendo un brillo nuevo en sus ojos. No era el brillo del desafío, sino el de la necesidad.
Leila dice con acento siciliano, "Quiero hacerlo. Quiero sentirme… capaz otra vez."
Mássimo le sonrió, un gesto raro en él, lleno de ternura y respeto.
Mássimo dice con acento turinés, "Empezaremos con algo muy simple. Equilibrio. Y luego, movimientos suaves, para que tu cuerpo entienda que moverse no es huir. Será aquí, en la villa. Juntos."
Leila asintió con una vehemencia que no había mostrado en días.
Leila dice con acento siciliano, "Sí. Empecemos hoy. Lo necesito."
Nuria se levantó, complacida por el giro.
Nuria dice con acento madrileño, "Perfecto. Mássimo, tú te encargas de la parte física, pero yo superviso la emocional. Al primer signo de intrusión o pánico, paramos. ¿De acuerdo?"
Mássimo dice con acento turinés, "De acuerdo. Nada es más importante que su bienestar."
Leila se puso de pie, quitándose la manta. La rigidez de la que había hablado seguía ahí, pero ahora tenía un propósito. Miró a Mássimo.
Leila dice con acento siciliano, "Ahora mismo, solo quiero volver a sentir que mi cuerpo me obedece. Que no es solo un recuerdo de lo que me pasó."
Mássimo extendió la mano, esta vez sin preguntar. Ella la tomó. Firme.
Mássimo dice con acento turinés, "Comencemos. Un passo alla volta."

La primera sesión: Equilibrio en la nevada.

Punto de vista: Leila.

La luz de la mañana tardía se filtraba en el salón de entrenamiento de la villa, un espacio que rara vez usaban, pero que era perfecto por su suelo de madera y sus ventanales amplios. Afuera, la nieve seguía cayendo sin prisa.
Leila estaba descalza, con el mismo atuendo cómodo. Mássimo estaba frente a ella. Núria observaba desde una silla lateral, cronómetro en mano, pero con la calma de un centinela.
Mássimo dice con acento turinés, "Primer ejercicio. Equilibrio estático. Con los ojos abiertos. Vas a concentrarte en el centro de tu cuerpo. Siente dónde estás parada. No pienses en lo que hay fuera."
Leila asintió.
Mássimo continuó con la voz baja, casi hipnótica.
Mássimo dice con acento turinés, "Ahora, sube lentamente una pierna. Solo un poco. Concéntrate en la planta del pie que queda en el suelo."
Leila levantó la pierna izquierda. Inmediatamente, la pierna de apoyo tembló. El equilibrio se fue. La memoria del cuerpo intentaba desobedecer.
Leila dice con acento siciliano, "No puedo…"
Mássimo no se movió, pero su voz se hizo más firme.
Mássimo dice con acento turinés, "Sí puedes. Cierra los ojos si te ayuda. Pero no te caigas. Tienes que decirle a tu cerebro que el suelo está ahí. Que es seguro."
Leila cerró los ojos por un instante. La imagen del búnker, la humedad, el suelo inestable... La punzada de ansiedad regresó.
Núria intervino suavemente.
Nuria dice con acento madrileño, "Recuerda, Leila. Respira. Siente los dedos de los pies. Están anclados. No estás ahí. Estás aquí, en Turín, con Mássimo y conmigo."
Leila abrió los ojos. Miró la mano de Mássimo, que estaba a una distancia prudente, lista para atraparla si caía. La firmeza en sus ojos la ancló.
Intentó de nuevo. Pierna arriba. Temblor.
Pero esta vez, no se rindió. Mantuvo el equilibrio durante tres segundos antes de bajar el pie, con un suspiro.
Mássimo dice con acento turinés, "Tre secondi. Bene. Tres segundos más de lo que tenías hace un mes."
Leila sintió un calor en el pecho. Pequeña victoria.
El ejercicio continuó. Cambiaron de pierna. Mássimo la guiaba con un lenguaje que no era de un entrenador, sino de un protector: Firme. Lenta. Respira. No estás huyendo.
Después de veinte minutos, Leila estaba exhausta, pero sus ojos brillaban con una lucidez renovada. Había pasado de la rigidez de la anticipación a la fatiga del trabajo duro. Era una fatiga saludable.
Mássimo la tomó del brazo para ayudarla a estirar, esta vez sin el permiso de Núria, que simplemente asintió. El contacto ahora era funcional, no emocional.
Mássimo dice con acento turinés, "Has ganado el primer día, piccolina. Mañana, repetimos.
Mássimo se acercó a Leila, su voz bajando a un tono íntimo, solo para ella. La habitación estaba en silencio, solo el suave clic del cronómetro de Núria resonando a lo lejos antes de que la doctora decidiera recoger sus cosas y salir discretamente, entendiendo que ese momento ya no era terapéutico, sino personal.
Mássimo se arrodilló suavemente frente a ella, tomando sus manos temblorosas. Sus pulgares acariciaron la piel fría de sus nudillos.
Mássimo dice con acento turinés, "Non è solo un ejercicio, Leila. Es un regreso. Un regreso a ti. Eres más fuerte de lo que crees."
Leila lo miró, sus ojos verde esmeralda reflejando una mezcla de agotamiento y gratitud.
Leila dice con acento siciliano, "Es difícil… no puedo dejar de pensar en lo que… en lo que me hicieron."
Él negó con la cabeza, suave pero firme, acercando sus manos un poco más a sus labios, sin llegar a tocarlos.
Mássimo dice con acento turinés, "Lo sé. Pero yo te amo más de lo que ellos te odiaron. No quiero que pienses en lo que perdiste. Quiero que pienses en lo que ganaste: esta vida. Esta oportunidad. Yo."
Leila sintió que las lágrimas pugnaban por salir, pero él no le dio espacio para el llanto. Solo para la emoción pura.
Él se levantó con un movimiento fluido, acunando su rostro entre sus manos fuertes y cálidas. Ella se rindió al contacto sin un solo temblor de pánico; solo el temblor de la espera.
Mássimo dice con acento turinés, en un susurro grave, "Quiero que sepas que este cuerpo es solo tuyo, piccolina. No tienen control sobre él. Solo tú. Solo yo."
Ella cerró los ojos, sintiendo el calor de sus palmas anclándola.
Leila dice con acento siciliano, "Bésame, amore. Olvídame por un segundo lo que pasó… y bésame."
Mássimo no necesitó que se lo dijera dos veces. Se inclinó, y el beso no fue suave ni dulce como otras veces; fue una necesidad. Una declaración. Un juramento silencioso. Sus labios se encontraron con una intensidad feroz, transmitiendo la pasión que él había contenido durante semanas, el respeto que le debía a su recuperación, y el amor desesperado que sentía.
Leila le devolvió el beso con la misma fuerza. Ella no se estaba encogiendo; estaba reclamando. Se aferró a su cuello, sintiendo el latido seguro de él contra su pecho. El beso fue largo, profundo, una descarga eléctrica que quemó el miedo y la rigidez.
Cuando se separaron, sus frentes quedaron unidas. Ambos respiraban rápido.
Mássimo dice con acento turinés, "Ecco. Esto es real. Esto es tuyo. No tienes que huir de esto."
Leila sonrió por completo, una sonrisa genuina que la hacía ver como la Regina de antes, pero con la madurez de la guerrera de ahora.
Leila dice con acento siciliano, "Lo sé. Ahora… gelatto.
Mássimo asintió con una mezcla de orgullo y resignación.
Mássimo dice con acento turinés, "Lo que la reina ordene. Pero primero… cinco minutos más de esto."
Y la besó de nuevo, un beso más tierno, el inicio de una calma que, aunque frágil, era completamente suya. El salón se quedó en silencio, roto solo por el suave crujido de la nieve que caía afuera. Leila estaba regresando. Y él estaba allí para recibirla.

Las amigas hablan sinceramente.

El teléfono vibró sobre la mesa de noche.
Leila lo miró unos segundos antes de tomarlo. No por miedo. Por cansancio. Ese cansancio nuevo, más profundo, que no viene del cuerpo sino de la cabeza.
Leila dice con acento siciliano, “Chiara.”
La voz al otro lado sonó inmediata. Alivio contenido.
Chiara dice con acento siciliano, “Por fin. Pensé que estabas dormida.”
Leila se acomodó mejor en el sofá, apoyando la espalda con cuidado.
Leila dice con acento siciliano, “Estaba despierta. Solo… tranquila. ¿Todo bien?”
Hubo un silencio breve. Demasiado medido para ser casual.
Chiara dice con acento siciliano, “Sí. Bueno. Más o menos.”
Leila cerró los ojos un segundo.
Leila dice con acento siciliano, “Eso nunca es solo ‘más o menos’, Chiara. ¿Qué pasó?”
Chiara soltó una pequeña risa nasal, cansada.
Chiara dice con acento siciliano, “Te conozco demasiado.”
Leila no sonrió. Esperó.
Chiara continuó, con voz baja, como si hablara desde un pasillo largo.
Chiara dice con acento siciliano, “Las cosas en Catania están… lentas.”
Leila frunció el ceño.
Leila dice con acento siciliano, “¿Lentas cómo?”
Chiara fue directa.
Chiara dice con acento siciliano, “Rutas que antes fluían ahora se retrasan. Proveedores que piden tiempo. Gente que nunca dudaba… ahora pregunta dos veces.”
Leila se incorporó apenas.
Leila dice con acento siciliano, “¿Problemas técnicos?”
Chiara dejó escapar aire.
Chiara dice con acento siciliano, “Ojalá.”
Leila apretó los labios.
Leila dice con acento siciliano, “Entonces están oliendo sangre.”
Chiara no lo negó.
Chiara dice con acento siciliano, “Están oliendo ausencia.”
Eso dolió más de lo que Leila esperaba.
Leila dice con acento siciliano, “No me fui.”
Chiara respondió rápido.
Chiara dice con acento siciliano, “Lo sé. Pero no estás aquí. Y en Sicilia… eso pesa.”
Leila pasó los dedos por la tela del cojín.
Leila dice con acento siciliano, “Etna…”
Chiara suspiró.
Chiara dice con acento siciliano, “Estoy sosteniendo todo. Pero sola. Y la gente lo nota.”
Leila guardó silencio unos segundos.
Leila dice con acento siciliano, “¿Hay rumores?”
Chiara dudó apenas. Luego habló.
Chiara dice con acento siciliano, “Sí.”
Leila cerró los ojos.
Leila dice con acento siciliano, “Dímelos.”
Chiara no dramatizó.
Chiara dice con acento siciliano, “Que no vas a volver pronto. Que Turín te absorbió.”
Leila abrió los ojos de golpe.
Leila dice con acento siciliano, “¿Absorbió?”
Chiara soltó una risa seca.
Chiara dice con acento siciliano, “Así lo dicen.”
Leila negó despacio, aunque nadie pudiera verla.
Leila dice con acento siciliano, “No tienen idea.”
Chiara siguió, con cuidado.
Chiara dice con acento siciliano, “También… hablan de tu boda.”
El aire se tensó.
Leila no respondió enseguida.
Leila dice con acento siciliano, “¿Qué dicen exactamente?”
Chiara eligió las palabras.
Chiara dice con acento siciliano, “Que una Ferrari se va a casar con un hombre del norte. Que el apellido… se va.”
Leila apretó la mandíbula.
Leila dice con acento siciliano, “Mi apellido no se va a ningún lado.”
Chiara asintió al otro lado.
Chiara dice con acento siciliano, “Yo lo sé. Tú lo sabes. Pero la gente no piensa… siente.”
Leila respiró hondo.
Leila dice con acento siciliano, “¿Esto ya está afectando acuerdos?”
Chiara no mintió.
Chiara dice con acento siciliano, “Algunos. Nada roto. Pero sí… frágil.”
Leila apoyó la cabeza contra el respaldo.
Leila dice con acento siciliano, “¿Me estás llamando para advertirme… o para prepararme?”
Chiara tardó un segundo más de lo normal.
Chiara dice con acento siciliano, “Para que no te agarre de sorpresa.”
Leila cerró los ojos.
Leila dice con acento siciliano, “Estoy cansada, Chiara.”
La voz le salió honesta. Desarmada.
Chiara bajó el tono.
Chiara dice con acento siciliano, “Lo sé. Y no te estoy pidiendo que vengas corriendo.”
Leila tragó saliva.
Leila dice con acento siciliano, “Pero…”
Chiara completó la frase.
Chiara dice con acento siciliano, “Pero tienes que saber dónde estás parada. Incluso desde Turín.”
Leila asintió despacio.
Leila dice con acento siciliano, “Gracias por decírmelo así.”
Chiara sonrió, se le notó en la voz.
Chiara dice con acento siciliano, “Siempre. Aunque duela.”
Leila abrió los ojos, mirando el techo.
Leila dice con acento siciliano, “Avísame si algo cambia. Lo que sea.”
Chiara respondió sin dudar.
Chiara dice con acento siciliano, “Lo haré. Y tú… cuídate.”
Leila bajó la voz.
Leila dice con acento siciliano, “Estoy intentándolo.”
La llamada terminó sin promesas heroicas.
Solo dos mujeres entendiendo que el suelo bajo sus pies empezaba a moverse…
y que fingir normalidad ya no iba a ser suficiente.

Preparándome para un regalo especial.

Punto de vista: Leila.

La villa Martini llevaba varios días respirando distinto.
No era algo visible a simple vista, sino una suma de detalles mínimos: las ventanas abiertas un poco más de lo habitual, flores frescas en jarrones que antes estaban vacíos, el sonido de música suave por las mañanas. Incluso la nieve parecía caer con menos peso, como si respetara ese nuevo equilibrio frágil que Leila había empezado a construir.
Ella se movía por la casa con más soltura. No rápido. No distraída. Pero firme.
Había vuelto a habitar su cuerpo.
Cada mañana seguía con sus terapias. Respiración, estiramientos, sesiones con Núria que ya no terminaban con temblores, sino con silencios largos y tranquilos. Después, entrenamiento ligero con Mássimo: ejercicios de coordinación, defensa básica, movimientos controlados. Nada que la llevara al límite. Todo pensado para devolverle control, no violencia.
Y por las tardes, casi siempre, la llamada.
Leila apoyaba el teléfono en la encimera de la cocina o se sentaba junto a la ventana del despacho.
Chiara al otro lado.
Catania al otro lado.
No hablaban de todo. Pero hablaban todos los días.
Leila sabía cuándo había tensión por la forma en que Chiara respiraba antes de responder. Sabía cuándo una ruta se había retrasado por el modo en que evitaba dar nombres. Y Chiara sabía cuándo Leila estaba cansada sin que ella lo dijera.
Aun así, Leila sonreía más.
Porque había algo más ocupando su mente.
El cumpleaños de Mássimo.
No era una fecha cualquiera. No para ella.
Había observado cómo él celebraba poco. Cómo restaba importancia a sí mismo. Cómo prefería cenas sobrias, gestos discretos, silencios compartidos. Y justamente por eso, Leila quería hacer algo distinto. No ruidoso. No vulgar. Algo que lo tocara donde él no se defendía.
Dos días antes, fue hablar con Vittoria.
La encontraron en la sala pequeña, con una libreta abierta y una taza de café olvidada.
Leila se sentó frente a ella, cruzando las piernas con una naturalidad que habría sido impensable semanas atrás.
Leila dice con acento siciliano, “Quiero que sea especial.”
Vittoria alzó la vista, atenta.
Vittoria dice con acento turinés, “¿Especial cómo?”
Leila apoyó los codos en las rodillas.
Leila dice con acento siciliano, “No quiero una fiesta normal. Ni regalos caros. Quiero… que se sienta visto.”
Vittoria sonrió con suavidad.
Vittoria dice con acento turinés, “Eso es más difícil que gastar dinero.”
Leila asintió.
Leila dice con acento siciliano, “Por eso necesito ideas. Y orden.”
Vittoria empezó a anotar cosas, metódica, como siempre.
Fue entonces cuando Zoe apareció sin pedir permiso, tirándose en uno de los sillones con una energía que contrastaba con todo.
Zoe dice con acento estadounidense, “¿Estamos conspirando? Porque huelo conspiración.”
Leila la miró y, por primera vez en días, rió de verdad.
Leila dice con acento siciliano, “Es el cumpleaños de Mássimo.”
Zoe abrió los ojos, exagerada.
Zoe dice con acento estadounidense, “Oh. El hombre serio. El silencioso. El peligrosamente atractivo.”
Vittoria le lanzó una mirada de advertencia.
Zoe no se detuvo.
Zoe dice con acento estadounidense, “Leila, escúchame bien. Regalos emocionales, sí. Pero también visuales.”
Leila arqueó una ceja.
Leila dice con acento siciliano, “¿Visuales?”
Zoe se inclinó hacia adelante, conspiradora.
Zoe dice con acento estadounidense, “Estás recuperándote. Estás fuerte otra vez. Estás hermosa. Y él… necesita recordarlo.”
Leila bajó la mirada un segundo. No por vergüenza. Por conciencia.
Vittoria cerró la libreta despacio.
Vittoria dice con acento turinés, “Podemos equilibrar ambas cosas. Elegancia. Intimidad. Y un toque… atrevido.”
Leila levantó la vista.
Había algo nuevo en sus ojos.
No miedo. No urgencia. Decisión.
Leila dice con acento siciliano, “Quiero celebrarlo como merece. Y quiero hacerlo desde donde estoy ahora.”
Zoe sonrió, satisfecha.
Zoe dice con acento estadounidense, “Entonces vamos por buen camino.”
Afuera, la nieve seguía cayendo.

La habitación se había transformado en algo distinto a un dormitorio.
Las cortinas estaban corridas a medias, dejando entrar una luz gris plateada que se deslizaba por las paredes claras. Sobre la cama, Vittoria había dispuesto las prendas como si fueran piezas de una galería privada: colores ordenados, texturas contrastando, seda junto a encaje, líneas sobrias mezcladas con cortes más atrevidos.
Zoe fue la primera en romper el silencio.
Zoe dice con acento estadounidense, “Okay… esto ya parece una misión importante. Y me encanta.”
Leila permanecía de pie junto al espejo, con los brazos cruzados sobre el torso. Vestía ropa cómoda: un suéter amplio, pantalones suaves. Se veía más fuerte que semanas atrás… pero aún se observaba con cautela.
Vittoria caminó hacia la cama con una sonrisa franca, casi contagiosa.
Vittoria dice con acento turinés, “Nunca pensé que te vería probándote ropa para una celebración… y no para ocultarte.”
Leila esbozó una sonrisa insegura.
Leila dice con acento siciliano, “Todavía no sé si estoy lista para… verme.”
Zoe alzó una ceja, teatral.
Zoe dice con acento estadounidense, “Spoiler: estás lista. Solo no lo sabes todavía.”
Vittoria tomó la primera prenda.
Era un vestido de satén color marfil, de tirantes finos, con una caída suave que marcaba la cintura sin apretarla. La espalda era baja, elegante, nada exagerado.
Vittoria dice con acento turinés, “Este es… para recordarte quién eres cuando no tienes miedo.”
Leila lo tocó con la yema de los dedos. Tragó saliva.
Luego Vittoria dejó el vestido a un lado y sacó otro conjunto.
Un vestido zafiro, ajustado pero sobrio, con una abertura lateral discreta, mangas largas y cuello alto. Elegancia pura. Poder silencioso.
Zoe silbó.
Zoe dice con acento estadounidense, “Ese grita ‘no me subestimes’, pero en italiano fino.”
Leila negó con la cabeza, nerviosa.
Leila dice con acento siciliano, “Eso es… demasiado.”
Zoe no se movió.
Zoe dice con acento estadounidense, “No es demasiado. Es honesto.”
Luego vino lo que Leila no esperaba.
Vittoria sacó un conjunto de lencería cuidadosamente doblado.
Encaje vino profundo, casi borgoña. El sostén delicado, sin relleno agresivo. La braguita suave, pensada para acariciar, no para esconder. Nada vulgar. Todo intencional.
Leila dio un paso atrás.
Leila dice con acento siciliano, “No…”
Zoe se acercó despacio, sin burla.
Zoe dice con acento estadounidense, “Hey. Nadie está diciendo que tengas que usarlo. Solo… pruébatelo. Para ti.”
Vittoria asintió.
Vittoria dice con acento turinés, “Tu cuerpo ha sobrevivido. Merece ser mirado con cariño.”
Leila respiró hondo.
Tomó la prenda.
El probador improvisado fue el baño contiguo.
Cuando salió con el primer conjunto, el marfil, caminaba rígida, los hombros tensos. Se miraba al espejo de reojo.
Zoe se llevó una mano al pecho.
Zoe dice con acento estadounidense, “Wow… Leila. Eso no es fragilidad. Es luz.”
Vittoria la observó con ojos atentos.
Vittoria dice con acento turinés, “Mira cómo cae en tu cintura. Tu cuerpo recuerda.”
Leila se giró lentamente. Vio el reflejo. No el de antes… pero tampoco el de la herida.
Luego vino el zafiro.
Leila salió con pasos lentos, la abertura mostrando apenas la pierna. Sus manos temblaban un poco.
Leila dice con acento siciliano, “Siento que todos pueden ver… lo que perdí.”
Zoe negó con firmeza.
Zoe dice con acento estadounidense, “No. Ven lo que sobrevivió.”
Finalmente, la lencería.
Leila tardó más.
Cuando salió, llevaba encima una bata ligera, abierta apenas. Su rostro estaba sonrojado. Los ojos brillaban, no de coquetería… sino de vulnerabilidad.
Zoe fue la primera en hablar, pero esta vez sin humor.
Zoe dice con acento estadounidense, “Te ves… real.”
Vittoria se acercó y acomodó la bata en sus hombros.
Vittoria dice con acento turinés, “Tus curvas no se fueron. Estaban esperando a que volvieras.”
Leila se miró una última vez.
No sonrió grande.
Pero no se apartó.
Leila dice con acento siciliano, “Tal vez… tal vez pueda ser un poco atrevida.”
Zoe sonrió, satisfecha.
Zoe dice con acento estadounidense, “That’s my girl.”
Y en ese instante, Leila no se sintió observada.
Se sintió acompañada.
Y su cuerpo, por primera vez en mucho tiempo, dejó de ser un campo de batalla… para volver a ser hogar.
Leila asintió. Una determinación silenciosa se había encendido en sus ojos. Dejó caer la bata con un movimiento rápido y volvió a entrar al baño, llevando consigo la lencería vino y el vestido de satén marfil.
Cuando salió, ya no había rastro de la rigidez inicial. Llevaba el vestido marfil, con la lencería de encaje borgoña visible sutilmente a través de la fina tela en la parte superior. La espalda descubierta era un acto de valentía, no de exposición. Era elegante, sí, pero con un filo inesperado.
Zoe exhaló un suspiro dramático, llevándose una mano a la boca.
Zoe dice con acento estadounidense, "Shut. The. Front. Door. Girl. That is the answer."
Vittoria, siempre reservada, asintió con una sonrisa de aprobación.
Vittoria dice con acento turinés, "Es perfecto, Leila. No grita ‘poder’, pero es imposible no verlo. Es… tutto tuo."
Leila se acercó al espejo, girando lentamente. El satén frío se deslizaba sobre su piel. Vio la cicatriz en su hombro, el moretón desvanecido. Pero lo que dominaba la imagen era la línea fuerte de su cuello, la caída del vestido y la luz que ahora volvía a sus ojos.
Leila dice con acento siciliano, con voz firme, "Sí. Este. Necesito sentirme hermosa… no protegida."
Zoe aplaudió en silencio.
Zoe dice con acento estadounidense, "Y lo eres. Ahora, vamos a la parte más importante: los accesorios. No queremos que el Jefe se desmaye, maaaaaaybe un poco."
Vittoria recogió el resto de la ropa con movimientos suaves, dejando solo el conjunto elegido y un par de zapatos.
Vittoria dice con acento turinés, "Me gusta la idea, Leila. El primer paso es vestirse para la guerra… pero el segundo es vestirse para el amor. Y el tercero… el tercero es vestirse para una misma."
Leila sonrió, tomando los zapatos bajos.
Leila dice con acento siciliano, "Vamos a hacer que sea el cumpleaños más inolvidable que Mássimo haya tenido."
Zoe la tomó del brazo.
Zoe dice con acento estadounidense, "Y el más caliente, honey. El más caliente."
Más tarde:
El salón pequeño junto a la cocina se había convertido en un cuartel improvisado de conspiración femenina.
Sobre la mesa había tazas de café a medio terminar, el móvil de Leila vibrando de vez en cuando con mensajes de Chiara desde Sicilia —a los que ella respondía con breves audios tranquilos— y un cuaderno abierto donde Vittoria había empezado a anotar ideas con una caligrafía rápida y elegante.
Leila estaba sentada en el borde del sofá, con una manta ligera sobre las piernas, escuchando.
Zoe caminaba de un lado a otro, descalza, gesticulando como si estuviera armando un plan maestro.
Zoe dice con acento estadounidense, “Okay, listen. Fiesta en casa es cute, sí. Pastel, velas, vino caro… pero Mássimo no necesita otro cumpleaños correcto.”
Leila levantó la mirada.
Leila dice con acento siciliano, “¿Y qué necesita, según tú?”
Zoe se detuvo frente a ella, sonriendo como quien ya tiene la respuesta.
Zoe dice con acento estadounidense, “Necesita que te lo lleves. Fuera. Lejos. Solo ustedes dos.”
Vittoria levantó la vista del cuaderno, interesada.
Vittoria dice con acento turinés, “Un posto solo per loro… Mmm. Me gusta.”
Leila frunció ligeramente el ceño.
Leila dice con acento siciliano, “¿Salir? ¿Así nada más? Sabes que… todavía me cuesta.”
Zoe se apoyó en el respaldo de la silla, bajando el tono, pero no la intención.
Zoe dice con acento estadounidense, “Y justo por eso. Porque llevas semanas sanando, respirando, aprendiendo a confiar otra vez… pero sigues haciendo todo desde la seguridad.”
Vittoria cerró el cuaderno y se acercó, sentándose frente a Leila.
Vittoria dice con acento turinés, “Mi padre no te ha pedido nada. Nunca te ha empujado. Pero también merece saber… que tú eliges quedarte.”
Leila bajó la mirada a sus manos.
Leila dice con acento siciliano, “No es que no quiera. Es que… tengo miedo de romper algo.”
Zoe soltó una risa suave, sin burla.
Zoe dice con acento estadounidense, “Honey, ya se rompió lo que tenía que romperse. Ahora estás armando algo nuevo.”
Vittoria chasqueó los dedos, animada.
Vittoria dice con acento turinés, “Un lugar fuera de la ciudad. Un hotel pequeño. Spa, chimenea, vista a la montaña… niente stress.”
Leila alzó una ceja.
Leila dice con acento siciliano, “¿Un hotel?”
Zoe sonrió, ladeando la cabeza.
Zoe dice con acento estadounidense, “Un hotel. Una habitación donde no haya médicos, ni teléfonos sonando, ni Sicilia respirándote en la nuca.”
Leila respiró hondo.
Vittoria continuó, juguetona.
Vittoria dice con acento turinés, “No tienes que hacer nada que no quieras. Solo… estar. Mirarlo. Tocarlo si te nace. Dejar que te mire.”
Leila se removió, nerviosa.
Leila dice con acento siciliano, “Eso también me asusta.”
Zoe se inclinó hacia ella, con una sonrisa pícara pero cálida.
Zoe dice con acento estadounidense, “Te asusta porque importa. Y porque esta vez no estás sobreviviendo… estás eligiendo.”
Hubo un silencio.
No incómodo.
Denso.
Leila cerró los ojos un segundo.
Leila dice con acento siciliano, “Quiero que sea especial. No solo para él. Para mí.”
Vittoria asintió con entusiasmo.
Vittoria dice con acento turinés, “Entonces hazlo tuyo. Planea algo pequeño. Una cena, una sorpresa, una noche sin horarios.”
Zoe alzó ambas manos.
Zoe dice con acento estadounidense, “Y ponte algo que te haga sentir deseada. No para él. Para ti. Él solo va a tener suerte.”
Leila soltó una risa nerviosa.
Leila dice con acento siciliano, “Siempre hablas como si fuera fácil.”
Zoe se encogió de hombros.
Zoe dice con acento estadounidense, “Nunca dije que fuera fácil. Dije que vale la pena.”
Vittoria se levantó y tomó el móvil.
Vittoria dice con acento turinés, “Conozco un lugar. Dos horas de aquí. Discreto. Elegante. Perfecto para desaparecer un poco.”
Leila la miró.
Leila dice con acento siciliano, “¿Desaparecer… juntos?”
Vittoria sonrió, cómplice.
Vittoria dice con acento turinés, “Exacto.”
Zoe aplaudió una vez, satisfecha.
Zoe dice con acento estadounidense, “Boom. Birthday plan unlocked.”
Leila se recostó en el sofá, mirando al techo.
El miedo seguía ahí.
Pero ya no mandaba.
Leila dice con acento siciliano, en voz baja, “Quiero atreverme.”
EZoe le guiñó un ojo.
Zoe dice con acento estadounidense, “That’s the spirit.”
Y mientras Vittoria empezaba a hacer llamadas y Zoe hablaba de vinos, vestidos y “momentos sin interrupciones”, Leila sintió algo nuevo acomodarse en el pecho.
No presión. Decisión.
Por la noche:
La habitación de Leila estaba en silencio, interrumpido solo por el roce suave de la ropa al doblarse y el clic ocasional del teclado del portátil de Vittoria.
La maleta, abierta sobre la cama, parecía demasiado pequeña para todo lo que Leila sentía que necesitaba… y demasiado grande para lo poco que realmente se atrevía a llevar.
Vittoria estaba sentada frente al escritorio, concentrada, con el ceño apenas fruncido mientras revisaba los últimos detalles de la reserva. Tenía el abrigo puesto, como si estuviera lista para salir corriendo si algo fallaba.
Vittoria dice con acento turinés, “Bien. Confirmado. Dos noches. Suite aislada, sin vistas directas a otros chalets. Entrada discreta.”
Leila, que doblaba una blusa clara con cuidado excesivo, levantó la vista.
Leila dice con acento siciliano, “¿Y el nombre?”
Vittoria sonrió sin mirarla.
Vittoria dice con acento turinés, “A nombre de Martini. Pero sin celebraciones visibles. Nada de flores exageradas. Nada de personal entrometido.”
Leila asintió, aliviada.
Leila dice con acento siciliano, “Gracias… no quería algo teatral.”
Vittoria cerró el portátil y se giró hacia ella.
Vittoria dice con acento turinés, “No es teatral. Es íntimo. Hay una diferencia enorme.”
Leila dejó la blusa dentro de la maleta y se quedó mirando el contenido: ropa cómoda, un vestido oscuro, lencería cuidadosamente doblada que Zoe había insistido en incluir y que ahora parecía observarla desde el fondo como una pregunta abierta.
Leila dice con acento siciliano, en voz baja, “No sé si estoy empacando para dos días… o para una prueba.”
Vittoria se levantó y se acercó despacio.
Vittoria dice con acento turinés, “No es una prueba, Leila. No tienes que demostrar nada.”
Tomó una prenda de la maleta, una camisa ligera de seda.
Vittoria dice con acento turinés, “Esto es solo para que recuerdes que puedes elegir. Incluso si decides no usarla.”
Leila tragó saliva.
Leila dice con acento siciliano, “Él no sabe nada, ¿verdad?”
Vittoria negó con la cabeza.
Vittoria dice con acento turinés, “Solo que mañana por la tarde lo necesitas libre. Le dije que era ‘cosa de mujeres’. Eso siempre funciona.”
Leila sonrió apenas.
Leila dice con acento siciliano, “Odia no saber.”
Vittoria alzó una ceja.
Vittoria dice con acento turinés, “Pero confía. Y eso lo pone nervioso… en el buen sentido.”
Leila cerró la maleta a medias y se sentó en el borde de la cama.
Leila dice con acento siciliano, “Tengo miedo de ilusionarme demasiado.”
Vittoria se apoyó en el marco del armario, cruzándose de brazos.
Vittoria dice con acento turinés, “El miedo no es el problema. El problema es dejar que decida por ti.”
Se acercó un poco más.
Vittoria dice con acento turinés, “Tú no estás huyendo de nada. Estás avanzando con cuidado. Eso también es valentía.”
Leila respiró hondo.
Leila dice con acento siciliano, “Si algo me supera… si me bloqueo…”
Vittoria no dudó.
Vittoria dice con acento turinés, “Te vuelves a casa. Sin explicaciones. Mi padre lo entenderá.”
Cerró la maleta con suavidad.
Vittoria dice con acento turinés, “Pero tengo la sensación de que no va a pasar.”
Leila levantó la mirada.
Leila dice con acento siciliano, “¿Por qué?”
Vittoria sonrió, con esa mezcla de ironía y certeza que la caracterizaba.
Vittoria dice con acento turinés, “Porque esta vez no estás reaccionando. Estás planeando.”
El sonido de pasos se escuchó en el pasillo.
Ambas se tensaron un segundo.
Vittoria bajó la voz.
Vittoria dice con acento turinés, “La maleta se queda aquí. Mañana por la mañana yo me encargo de bajarla al coche.”
Leila asintió.
Leila dice con acento siciliano, “Gracias… por cuidar esto.”
Vittoria tomó su abrigo.
Vittoria dice con acento turinés, “No cuido el plan. Cuido a mi amiga.”
Antes de salir, se giró.
Vittoria dice con acento turinés, “Y Leila…”
Leila levantó la vista.
Vittoria dice con acento turinés, “No pienses en lo que puede salir mal. Piensa en lo raro que es… que algo pueda salir bien.”
La puerta se cerró suavemente.
Leila se quedó sola.
Miró la maleta.
Luego el reflejo de su rostro en el espejo.
Había nervios.
Había cicatrices invisibles.
Pero también había una chispa que no estaba ahí semanas atrás.
Leila dice con acento siciliano, en un susurro, “Es una sorpresa… pero también es una promesa.”
Y por primera vez en mucho tiempo, esa promesa no le dio miedo.
Larabelle Evans
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Registrado: Mar Jul 02, 2024 4:52 am

Re: La resiliencia de la reina Ferrari

Mensaje por Larabelle Evans »

Preparando el fin de año.

Punto de vista: Leila.

La villa Martini estaba despierta desde temprano.
El jardín, cubierto por una nieve suave, reflejaba la luz fría del invierno. Dentro, en cambio, todo era movimiento, calor y anticipación.
Leila bajó las escaleras con una sonrisa que todavía sorprendía a quienes la veían.
No era euforia.
Era presencia.
Llevaba un suéter claro, el cabello suelto, y caminaba con esa seguridad tranquila que había recuperado poco a poco… y que ahora se notaba incluso en la forma en que respiraba.
Mássimo estaba en la cocina, ayudando al personal, mangas arremangadas, café en mano.
Cuando la vio, no dijo nada de inmediato.
La miró. Y sonrió.
Mássimo dice con acento turinés, Buongiorno, amore.
Leila se acercó sin prisa.
Leila dice con acento siciliano, Buongiorno. Hoy es… un día importante.
Él asintió, apoyando la taza.
Mássimo dice con acento turinés, Per tutti.
Se miraron un segundo más de lo necesario. No había palabras nuevas. No hacían falta. Desde aquella noche de su cumpleaños, algo entre ellos se había asentado con una intimidad distinta: menos miedo, más verdad.
Vittoria cruzó el salón con una carpeta en la mano.
Vittoria dice con acento turinés, Tenemos confirmación. Mirabella llega esta tarde.
Leila levantó la cabeza, sorprendida y genuinamente contenta.
Leila dice con acento siciliano, ¿De verdad viene?
Vittoria sonrió, cómplice.
Vittoria dice con acento turinés, Fin de año, casa llena, familia reunida… era inevitable.
Marcco apareció detrás, cargando cajas con adornos discretos, elegantes.
Marcco dice con acento turinés, Y aún faltan sorpresas.
Leila sintió un cosquilleo en el pecho.
Pensó en Chiara.
En los chicos viajando.
En todo lo que habían sobrevivido para llegar a ese día.
Miró a Mássimo.
Leila dice con acento siciliano, con una sonrisa suave, Este año… quiero recibirlo sin miedo.
Mássimo apoyó una mano en su espalda.
Mássimo dice con acento turinés, Y no estarás sola.
Afuera, la nieve seguía cayendo despacio.
Dentro, el año se estaba despidiendo con algo nuevo: esperanza real.
El interior de la villa se había transformado poco a poco en algo cálido y vivo.
El personal se movía con eficiencia discreta: mesas largas cubiertas con manteles claros, arreglos de pino y eucalipto, luces cálidas colocadas con una sobriedad muy turinesa. Nada ostentoso. Todo elegante.
Leila recorría los espacios con Vittoria, observando, opinando, sonriendo.
Había algo nuevo en ella: ya no caminaba como invitada en su propia vida.
Vittoria ajustó un centro de mesa.
Vittoria dice con acento turinés, No quiero que sea demasiado formal. Fin de año sí, pero familia primero.
Leila asintió.
Leila dice con acento siciliano, Y que se sienta… vivido. No perfecto.
Vittoria la miró con ternura.
Vittoria dice con acento turinés, Estás distinta, sai?
Leila dudó un segundo antes de responder.
Leila dice con acento siciliano, Me siento distinta.
En la cocina, Mássimo hablaba con el chef, pero no dejaba de mirar hacia el salón de vez en cuando. No por control. Por costumbre nueva: comprobar que ella estaba bien.
Cuando Leila se acercó, él la tomó de la mano sin anunciarlo.
Mássimo dice con acento turinés, ¿Todo según lo que imaginabas?
Leila entrelazó los dedos con los suyos.
Leila dice con acento siciliano, Más. Porque no pensé que volvería a sentir esto.
Mássimo no respondió con palabras. Inclinó la cabeza y rozó su frente con la de ella, un gesto íntimo, casi invisible para los demás.
Desde la escalera, Marcco observaba la escena con una sonrisa tranquila. Aquello no era solo una fiesta. Era una reconstrucción silenciosa.
El teléfono de Leila vibró.
Un mensaje.
Chiara:
Estamos a mitad de camino. Tranquila. Llegamos antes de que oscurezca.
Leila cerró los ojos un segundo antes de responder.
Leila:
Aquí todo está listo. Los esperamos.
Guardó el teléfono.
Respiró. Por primera vez en mucho tiempo, el futuro inmediato no le daba miedo.

Comida y bienvenida.

Punto de vista: Leila.

El comedor principal de la villa estaba bañado por una luz clara que entraba desde los ventanales altos. Nada ostentoso. Madera clara, manteles sencillos, platos blancos. La comida era ligera: ensalada tibia de verduras asadas, pan recién horneado, una sopa clara de verduras, algo de pescado al vapor. Cuerpo cuidado, mente cuidada.
Leila se sentó junto a Mássimo sin pensarlo. No guardó distancia. No midió el gesto. Apoyó una mano en su muslo bajo la mesa, con naturalidad.
Vittoria lo notó y sonrió sin decir nada.
Marcco servía agua para todos con calma, como si aquella escena le resultara… Familiar.
Mássimo inclinó la cabeza hacia Leila.
Leila le sonrió con amor.
Vittoria tomó un sorbo de agua.
Vittoria dice con acento turinés, "Los chicos deberían llegar en unas horas. Todo está listo. "
Leila asintió, tranquila.
Leila dice con acento siciliano, "Me alegra que vengan. Quiero que vean esto. Que me vean así de bien. "
Mássimo deslizó el pulgar por el dorso de su mano, un gesto íntimo, lento.
Mássimo dice con acento turinés, "Estás fuerte, amore. Se nota. "
Antes de que Leila pudiera responder, la puerta principal se abrió con energía.
Una voz conocida, vibrante, llenó el espacio.
Zoe dice con acento estadounidense, "Okay, tell me I’m not late for lunch because I am STARVING. "
A su lado una joven con cabello negro suelto, sonrisa alegre y vestida con un conjunto de suéter y falda color rubí, entró caminando junto a ella.
Leila levantó la cabeza de golpe.
Leila dice con acento siciliano, "¿Zoe? "
Zoe dice con acento estadounidense, "yes?"
Leila se levantó de inmediato. Caminó rápido, pero firme. Cuando llegó a ella, la abrazó sin miedo, sin rigidez.
Zoe correspondió el abrazo con la felzidad y efusividad que la hhace ser ella. La abrazó fuerte, como si no quisiera soltarla
Leila dice con acento siciliano, "Estái hermosa como siempre, bienvenida otra vez. "
Zoe dice con acento estadounidense, "mas te vale que nou me eches. "
Leila se separó de Zoe percatándose de la otra chica.
Zoe dice con acento estadounidense, "quiero precentarte a alguien. "
El resto desde el comedor miraron atentos y con curiosidad.
Leila miraba a la chica con genuina curiosidad.
Zoe miró a milenka con una sonrrisa
Milenka sonreía con esa alegreía que la caracterizaba.
Zoe dice con acento estadounidense, "leila ella es milenka, may megor amiga"
Zoe dice con acento estadounidense, "is española, fue la que mas me a ayudado estándo en europa."
Milenka dice con acento granadino, "Hola. Mucho gusto Leila. "
Leila le extiende la mano con cordialidad.
Leila dice con acento siciliano, "Bienvenida, Milenka. "
Vittoria dice con acento turinés, "Bienvenidas a ambas. Milenka, io sono Vittoria Marttini. "
Milenka se acercó despacio al comedor para saludar al resto.
Leila se acercó a Mássimo tomándole la mano.
Leila dice con acento siciliano, "Milenka, Lui es Mássimo Marttini, mi prometido. "
mássimo sonríe con cordialidad, y le extiende la mano a la vicitante
mássimo dice con acento turinés, "buonasera, milenka, biembenuti. "
Milenka dice con acento granadino, "Gracias por recibirme en su casa. "
Vittoria abrazó a Marcco.
Vittoria dice con acento turinés, "Lui es il caro mio. "
marcco sonríe con cakma, pero algo reservado
Milenka dice con acento granadino, "Hola. "
Leila dice con acento siciliano, "Bueno, siéntense, apenas vamos a comer. "
Zoe dice con acento estadounidense, "si, sí, y yo soy zoe, ya comemos?"
Te partes de risa.
Zoe llega hasta la mesa saltando
Clarisa llega a la mesa dejando más comida.
Milenka se sienta junto a Zoe.
Zoe sonríe y le toma la mano, tratándo de darle seguridad
Leila dice con acento siciliano, "¿Qué tal las cosas en Madrid? "
Zoe dice con acento estadounidense, "aburridas"
Leila sonríe diverttida.
Vittoria dice con acento turinés, "Todo lo que no sea fiesta, es aburrido para tí Zoe. "
Zoe dice con acento estadounidense, "mentira!"
Milenka sonríe acintiendo a lo que dijo Vittoria.
Zoe dice con acento estadounidense, "allá tuve mucho fiesta y sigue siendo aburrido!."
Vittoria dice con acento turinés, "Ya te pondré a trabajar entonces. "
Vittoria sonríe.
Leila dice con acento siciliano, "Buena idea, io también la pondré a trabajar, y a entrenar. "
Leila la mira con ceriedad.
Zoe hace pucheros y finje tristeza.
Leila se ríe y niega con la cabeza.
Leila dice con acento siciliano, "Esa carita conmigo no te va funcionar, Amica, eres mi guardia y debes estar a la altura de los demás. "
Zoe dice con acento estadounidense, "no soy solo tu guardia, soy la mejor, los americanos somos lo, mejor del mundo!"
Vittoria dice con acento turinés, "Yo te dije que Leila como jefa, iva ser difícil. Ya ves por, no elegirme a mí. "
Vittoria se parte de risa.
Zoe dice con acento estadounidense, "sorri frien, me gustan mucho las armas"
Leila dice con acento siciliano, "Si estai loquita. "
Leila dice con acento siciliano, "¿Tú tambien eres constructora Milenka?. "
Zoe dice con acento estadounidense, "y brujita"
Milenka dice con acento granadino, "Sí, junto con Zoe, nos dedicamos a eso. Tenemos una inmobiliaria pequeña en Madrid. "
Milenka se sonroja por el comentario de Zoe.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Cómo es eso?. "
Vittoria mira Zoe interrogante.
Leila escucha atenta mientras disfruta de su comida.
Zoe dice con acento estadounidense, "mira el futuro!"
Zoe levanta los brazos de forma teatral.
Milenka sonrojada mira a zoe y luego al resto.
Leila dice con acento siciliano, "¿Eso existe?. "
Milenka antes de responder, mira a zoe como diciendo, te mato.
Milenka dice con acento granadino, "Lo que pasa es que, Vengo de una familia Gitana. Aprendí desde niña todo lo que las familias ansestras dejaron, respecto a ese tema de la lectura de las manos. "
Vittoria dice con acento turinés, con curiocidad, "Valla había leído alguna vez sobre las tribus gitanas, pero pensé que solo era leyenda. "
Zoe se encoje en su asiento al ver la mirada de su amiga.
Leila dice con acento siciliano, "Es interezante sí. Tú ¿qé pienzas al respecto Amore?. "
Leila mira a Mássimo.
mássimo mira a zoe con algo de descomfiansa.
mássimo dice con acento turinés, "sí, sin duda es interesante. tambien se a medias del tema pero igual que vittoria, pensava igual. "
Zoe se pone algo nerviosa
Leila le sonríe amorosa a Mássimo y sigue comiendo.
mássimo come mirando a las 2 chicas de vez en cuando
Zoe da un bocado a la comida y mira a milenka
El comedor ya no estaba tan lleno de voces. Los platos casi vacíos, las copas con restos de agua, y esa sensación agradable de sobremesa larga. Clarisa retiraba con cuidado, sin interrumpir la charla.
Zoe dice con acento estadounidense, "Okay, pero listen… Madrid is fun, sí, pero Turin has… how do you say… class. "
Vittoria se rió.
Vittoria dice con acento turinés, "Eso es porque aquí no dormimos. "
Milenka sonrió tímida, acomodándose el suéter.
Zoe dice con acento estadounidense, "yo tampoco dormía..."
Milenka dice con acento granadino, "La verdad… se siente mucha calma aquí. "
Leila levantó la mirada hacia ella.
él. "
Leila dice con acento siciliano, "Eso es Mássimo. La casa respira como él. "
Zoe dice con acento estadounidense, "y es una calma agradable, y no aburrida..."
Mássimo dice con acento turinés, "La calma se construye. No aparece sola. "
Leila apoyó la barbilla en su mano, mirándolo con una sonrisa tranquila. Ya no había miedo en ese gesto. Había elección.
Zoe los observó unos segundos, sin bromas esta vez.
Zoe dice con acento estadounidense, "You look… good together. Like, really good. "
Leila bajó la mirada, un poco sonrojada. Leila dice con acento siciliano, "Gracias. "
mássimo tomo su mano, de forma trankila y casi seremoniosa, no como si temiera romperla, si no como un hombre que entendía que su compañera de vida era fuerte, pero mereciera esa ternura en cada tacto
mássimo dice con acento turinés, "además, esa calma no soy solo yo, todos formamos parte. "
Leila sonríe ampliamente.
Leila dice con acento siciliano, "Ti amo cioccolato. "
Milenka dice con acento granadino, "¿Y los chicos de Catania? Zoe me habló mucho de ellos. "
Leila dice con acento siciliano, "Seguro te habló de como conquistó a uno de mis guardias. "
La cara de Zoe se pone colorada como un tomate.
Leila sonríe divertida.
Zoe dice con acento estadounidense, "leila!"
Leila sonríe burlona.
Zoe dice con acento estadounidense, "leila!"
Zoe dice con acento estadounidense, "noouu"
Leila dice con acento siciliano, "Admite que sedujiste a Maurizio. "
Vittoria se ríe divertida.
Zoe dice con acento estadounidense, "oye vitti, no quieres que trabaje para tí?"
Zoe sonríe.
Vittoria dice con acento turinés, "La oferta caducó, "
Marcco se ríe.
Zoe dice con acento estadounidense, "segura?"
Vittoria aciente con la cabeza, divertida.
Vittoria se acomodó en la silla.
Zoe frunce el ceño.
Vittoria dice con acento turinés, "Vienen en camino. Esta noche llegarán. "
Leila sintió un pequeño nudo en el pecho. No de miedo. De anticipación.
Leila dice con acento siciliano, "Tengo ganas de verlos. "
Leila dice con acento siciliano, "Son más que mis amigos y guardias, son mi familia elegida. "
Mássimo apoyó la mano sobre la suya.
Mássimo dice con acento turinés, "Ellos también te quieren, amore. "
Zoe sonrió, ladeando la cabeza.
Zoe dice con acento estadounidense, "Prepárate, baby. Esta reunión va a ser intensa. "
Leila rió bajito.
Leila dice con acento siciliano, Intensa pero necesaria. "
El reloj marcó la hora con un sonido suave. Afuera, el cielo empezaba a volverse más oscuro. Y en la carretera, los kilómetros seguían cayendo uno tras otro, acercando dos mundos que por unos días iban a convivir sin guerra.

Llegada de la famiglia.

Punto de vista: Leila.

La reja se abrió con suavidad. Las luces del jardín estaban encendidas: cálidas, bien distribuidas, sin ostentación. El sonido leve del agua de la fuente acompañaba el aire frío.
Leila estaba de pie cerca de la entrada, envuelta en un abrigo claro. No caminaba de un lado a otro. Esperaba. Con calma contenida.
Mássimo estaba a su lado, una mano en su espalda baja, firme, presente.
Vittoria y Marcco unos pasos más atrás.
La camioneta se detuvo.
Las puertas se abrieron casi al mismo tiempo.
Leila dio dos pasos al frente. Luego más rápido.
Chiara bajó primero.
No hubo palabras.
Se abrazaron.
Fuerte. Largo. Real.
Chiara cerró los ojos, respirando el perfume de Leila como si confirmara que era verdad.
Chiara dice con acento siciliano, "Estai aquí. "
Leila dice con acento siciliano, "Sí. Y bien. "
Gianluca se acercó enseguida. Gianluca dice con acento napolitano, "Mírate… pareciera que el norte te hizo bien. "
Leila rió, genuina, y lo abrazó.
Leila dice con acento siciliano, "O ustedes me hacían falta. "
Karlo asintió, observándola con atención.
Karlo dice con acento siciliano, "Se nota. "
Karlo la abrazó fuerte y protector.
Leila lo abrazó cariñosa.
Leila dice con acento siciliano, "Me encanta que estés aquí. "
Shawnee abrió los brazos sin pedir permiso.
Shawnee dice con acento sinaloense, "A ver, jefa… este es un abrazo de los que curan. "
Leila se dejó envolver sin resistencia.
Leila dice con acento siciliano, "Gracias, Shawnee. "
Maurizio fue el último. Más discreto. Pero sus ojos brillaban. La abrazó fraternal.
Maurizio dice con acento siciliano, "Te ves mucho mejor, más radiante y bella. "
Leila sonríe.
Leila dice con acento siciliano, "Sí, estoy saliendo adelante. "
Mássimo dio un paso al frente.
Mássimo dice con acento turinés, "Bienvenidos. Esta es su casa. "
Vittoria dice con acento turinés, "Mi dispiace tenerlos aquí de nuevo. "
Hubo apretones de manos, palmadas, sonrisas abiertas.
Entonces Zoe apareció desde el costado, levantando una mano.
Zoe dice con acento estadounidense, "Surprise part two! "
Maurizio corrió a abrazar a Zoe.
Zoe dice con acento estadounidense, "loveeeeeeeeeeee"
Zoe corre al mismo tiempo para abrazarlo
Maurizio la abraza fuerte, besa sus labios con amor.
Maurizio dice con acento siciliano, "Sole mio. "
Zoe lo atráe a su cuerpo apasionadamente, besándolo desesperada
Maurizio dice con acento siciliano, "Mia principesa di sole, te extrañé molto. "
Zoe dice con acento estadounidense, "yo a tiiiiiiiiiiiiiiii."
Milenka los observa desde la puerta con una sonrisa.
Zoe dice con acento estadounidense, "veen, quiero precentarte a alguien."
Leila hace pasar a los chicos a la casa.
Milenka dio un paso, algo nerviosa pero sonriente.
Maurizio se acerca sin soltar del todo a Zoe.
Zoe corre hasta su amiga.
Milenka dice con acento granadino, "Encantada. Soy Milenka, mejor amiga de Zoe. "
Maurizio la observa con agrado y la saluda con la mano.
Maurizio dice con acento siciliano, "Un piacere signorina, Maurizio Bianchi.
Zoe alegre, presentó a Milenka al resto de los chicos que la recibieron con sonrisas y educación.
Chiara dice con acento siciliano, "Bienvenida a Italia. ".
La tensión no apareció. No había motivo. Solo gente cansada… pero contenta.
Las maletas fueron llevadas adentro. Las voces se dispersaron por los pasillos amplios.
Vittoria llamó la atensión de todos con una sonrisa animada.
Vittoria dice con acento turinés, "Arriba todos. Duchas, cambio de ropa. La noche nos espera. "
Richi levantó su mochila.
Zoe salta de arriba avajo.
Richi dice con acento mexiquense, "Primero agua caliente o me muero aquí mismo. "
Shawnee se rió.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Exagerado. "
Leila se quedó unos segundos más en el jardín, mirando cómo entraban. Mássimo la observó.
Mássimo dice con acento turinés, "Estás feliz. "
Leila asintió.
Leila dice con acento siciliano, "Demaciado mio cioccolato. "
Un auto negro se detuvo con suavidad.
Vittoria giró al escuchar el motor.
Mirabella descendió despacio.
Vestía un abrigo largo negro, ceñido a la cintura, encaje sutil en el cuello, vestido de terciopelo negro con un escote corazón, y un largo a media pierna; botas oscuras de tacón bajo. El cabello suelto, labios vino profundo. Romanticismo gótico sin exceso. Elegante. Sensual. Silenciosa.
La puerta se abrió.
Vittoria sonrió de inmediato.
Vittoria dice con acento turinés, "Bella, haces méritos a tu nombre. Que bueno que ya llegaste. "
Mirabella alzó la vista. Luego la Abrazó cariñosa.
Mirabella dice con acento Ferrarés, "No llegué tarde. Solo te hago esperar. "
Vittoria se ríe.
Se abrazaron con cariño sincero.
Marcco se acercó.
Marcco dice con acento turinés, "Benvenuta, Mirabella. "
Mirabella lo saludó como siempre.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Gracie. La casa está preciosa. "
Vittoria miró el jardín iluminado, las mesas listas, las velas protegidas del viento.
Vittoria dice con acento turinés, "Y lo mejor… aún no empieza. "
El aire olía a invierno, a vino próximo, a reencuentro. La villa estaba lista. Y por primera vez en mucho tiempo… nadie estaba huyendo de nada.
La villa entró en un silencio distinto cuando cada uno tomó rumbo a su habitación. No era calma: era expectativa. El tipo de pausa que antecede a algo que todos quieren recordar.

Arreglándose para despedir el año.

punto de vista: Leila y Chiara.

Leila se fue con Chiara.
La habitación era amplia, luminosa incluso de noche. Cortinas marfil, muebles de madera clara, una alfombra suave bajo los pies descalzos. Sobre la cama, varias fundas abiertas, vestidos extendidos como promesas aún sin decidir.
Leila dejó el abrigo sobre una silla y respiró hondo.
Chiara cerró la puerta con suavidad. Chiara dice con acento siciliano, "Por fin solas. "
Leila sonrió, relajándose de inmediato.
Leila dice con acento siciliano, "Lo necesitaba. "
Gianluca asomó la cabeza un segundo antes de irse.
Gianluca dice con acento napolitano, "No tarden. Y no se maten a mirarse demasiado. "
Las dos rieron. Cuando quedaron solas, la energía cambió.
Leila se desabrochó el suéter con movimientos lentos, aún cuidadosos con su cuerpo, pero ya sin miedo. Su piel mostraba la recuperación: más firme, más viva, aún delicada… pero hermosa.
Chiara la observó con atención sincera.
Chiara dice con acento siciliano, "Estás volviendo. "
Leila bajó la mirada, emocionada.
Leila dice con acento siciliano, "Gracias por no dejar que me olvidara. No dejar que me perdiera en ese abismo de dolor. "
Chiara solo la abrazó con fuerza.
Leila sonrió y desvistiéndose por completo, entró al baño para duchárse rápidamente.
Luego de unos minutos. Leila salió envuelta en una ttoaya.
Sobre la cama había dos elecciones finales.
Leila eligió un vestido negro profundo, de tela fluida, ceñido al torso y caderas, con un escote elegante pero peligroso, tirantes finos y espalda parcialmente descubierta. La falda caía recta, con una abertura lateral que revelaba la pierna al caminar.
Lencería color vino oscuro, delicada, casi invisible bajo la tela.
Tacones negros de punta fina.
Joyas mínimas: pendientes dorados pequeños y un anillo de oro blanco, discreto en la mano izquierda.
Cabello suelto, ondas suaves, maquillaje cálido: labios rojos, mirada definida, piel luminosa.
Leila lucía radiante con una belleza que despertaba a la sensualidad que había guardado durante meses.
Chiara estaba mientras tanto en la ducha.
Chiara salió de la ducha con una sonrisa.
Se veía relajada, con el cabello mojado recogido en una toalla. Sus ojos brillaban al ver a Leila, completamente vestida.
Chiara dice con acento siciliano, "Dio mio, Leila. Te ves... la Reina ha vuelto."
Leila sonrió, dando una vuelta lenta.
Leila dice con acento siciliano, "Tú no te quedas atrás, sorellina. ¿Qué tienes en mente?"
Chiara caminó hacia su maleta y se arrodilló frente a ella. Abrió un compartimento lateral, sacando con un cuidado casi reverente la tela que contenía. Era un color que competía con los ojos de Leila: un verde esmeralda profundo, casi líquido.
El vestido era un desafío. De un satén pesado que se deslizaba como agua, era verde esmeralda, corto, con un escote asimétrico que dejaba un hombro al descubierto y un corte en la cintura que apenas se intuía por la tela. Su atrevimiento radicaba en su caída: ceñido sin piedad al cuerpo, y una abertura lateral que subía hasta el muslo, revelando al menor movimiento una pierna larga y torneada.
Chiara se puso el vestido con la destreza de quien está acostumbrada a vestirse para el poder. El satén verde gritaba sensualidad y poder a partes iguales.
La lencería que llebaba de bajo era de un color Nude. Lencería de encaje, un bralette triangular que le cubría apenas los pechos. Y una tanga fina de encaje, la tanga era mínima para cubrir lo justo solamente.
Tacones plateados de tiras finas, y un clutch a juego, también en tono plata. Chiara se detuvo frente al espejo, el cabello secado con secador pero peinado con rapidez, cayendo en ondas ligeras y salvajes. El maquillaje, sobrio pero audaz: delineado fuerte en los ojos y labios en un color rosa palo.
Chiara dice con acento siciliano, "¿Qué te parece? ¿Demasiado?"
Leila sonrió, admirando a su amiga.
Leila dice con acento siciliano, "Perfecto. Es Sicilia en Turín. Poder en movimiento."
Chiara asintió, satisfecha.
Chiara dice con acento siciliano, "Necesitaba sentir esto otra vez. Sentirme… indomable."
Leila se acercó a ella, ajustando el tirante del vestido esmeralda que se deslizaba ligeramente.
Leila dice con acento siciliano, "Somos indomables. Juntas."
Se miraron frente al espejo. Dos presencias. Dos fuerzas distintas. Igualmente peligrosas. Por un segundo, incluso para ellas, fue difícil decidir quién brillaba más.

Gianluca y Richi — Dormitorio contiguo.

Gianluca se quitó la camisa entre risas.
Gianluca dice con acento napolitano, "Estas noches no se repiten. "
Richi, ya en camiseta, revisaba su ropa.
Richi dice con acento mexiquense, "Pues que se quede bien grabada. "
Richi dice con acento mexiquense, "¿No vas a reconquistar a Leila?. "
Gianluca dice con acento napolitano, "Claro que nó, mejor tú ocúpate de ver si alguien te hace caso. "
richi se ríe divertido mientras se viste.
Richi optó por pantalón oscuro, camisa negra bien entallada y chaqueta ligera. Estilo urbano, limpio, seguro.
Gianluca eligió un traje oscuro, camisa clara abierta en el cuello, sin corbata. Elegante, relajado, peligrosamente atractivo.
Se miraron como los mejores amigos.
Richi dice con acento mexiquense, "Nada mal, Napoli. "
Gianluca sonrió.

Shawnee y Karlo — Baño compartido.

El vapor llenaba el espacio. Risas. Empujones suaves. Besos robados bajo el agua.
Shawnee salió primero de la ducha, piel aún húmeda, cabello mojado cayendo por la espalda. Eligió sin dudar:
Vestido rojo intenso, corto, ajustado, espalda completamente descubierta. Tacones negros altos. Maquillaje marcado, labios oscuros, mirada felina. Pulsera de cuero, uñas negras. Estilo salvaje. Sin pedir permiso.
Karlo la miró desde la puerta, ya vestido con un traje gris oscuro impecable, camisa negra, reloj discreto. Karlo no dijo nada. No hizo falta. Su mirada la recorrió con hambre y orgullo.

Zoe y Maurizio — Habitación al fondo.

La música sonaba baja.
Zoe giraba frente al espejo. Vestido plateado, elegante, ceñido, con una caída suave y abertura frontal. Espalda descubierta. Tacones finos. Maquillaje luminoso, labios suaves, ojos brillantes. Cabello suelto, con movimiento.
Maurizio, con traje oscuro y camisa clara, la observaba como si no la hubiera visto nunca antes.
Zoe se giró.
Zoe dice con acento estadounidense, "Don’t blink. "
Maurizio sonrió, rendido.
Maurizio la abrazó aspirando el aroma de su pelo.

En la habitación de Vittoria.

La habitación estaba llena de vestidos colgados.
Vittoria decidió rápido. Vestido marfil con encaje suave, ceñido, romántico pero provocador. Espalda abierta, mangas delicadas. Tacones nude. Cabello recogido bajo, maquillaje elegante, labios rosados.
Mirabella la ayudó con los últimos detalles.
Se miraron satisfechas. Listas para despedir el año.

recámara de Mássimo.

en la recámara de Mássimo. La ducha terminó.
Mássimo se vistió con un traje negro impecable, camisa blanca, sin corbata. Elegante. Contenido.
Milenka por su parte en su dormitorio. Se puso un vestido de lana color rojo oscuro, el vestido era escotado en forma de corazón, s resaltaba sus pechos con elegancia. Vistió un abrigo de un color negro brillante. Tacones negros. Peinado sencillo con una diadema de perlas en el cabello. Llebaba solamente los labios pintados con un brillo labial.
Cada quien fue saliendo de las habitaciones dirigiéndose al jardín.
Mássimo terminó de alistarse y salió.
Pero al bajar las escaleras… Y ver a Leila y a Chiara juntas… Algo se tensó en su interior. No fue visible. No fue consciente. Pero fue real.
La memoria de aquel beso —intenso, inesperado— regresó como una punzada lenta. Una tortura silenciosa. Invisible para todos. Excepto para él. Y para Chiara.
La noche apenas comenzaba. Y ya estaba cargada de electricidad.

La cena.

El jardín de la Villa Martini se transformó cuando cayó la noche por completo. Guirnaldas de luz cálida colgaban entre los árboles, delineando el espacio sin exceso. Velas protegidas por cristales bajos marcaban los caminos. Mesas largas con manteles claros, copas de cristal fino, botellas abiertas respirando el frío de diciembre. El aire olía a pino, a vino, a algo nuevo. Había música suave. Nada invasivo. Un fondo que permitía hablar, reír, moverse. La celebración de fin de año había comenzado.
Leila apareció del brazo de Mássimo, y el jardín pareció notarlo. No por ostentación, sino por presencia. Ella caminaba con seguridad, el vestido negro deslizándose a cada paso, la abertura dejando ver la pierna de forma natural, sin cálculo. Él avanzaba a su lado con calma, atento a cada gesto suyo.
Leila apoyó la mano en su antebrazo.
Leila dice con acento siciliano, "Está hermoso… gracias por esto amore. "
Mássimo inclinó la cabeza hacia ella.
Mássimo dice con acento turinés, "Te lo mereces. Todos nos lo merecemos. "
Chiara llegó unos pasos detrás, junto a Gianluca. Él hablaba animado con Richi y Maurizio, riendo fuerte, chocando copas. Chiara, en cambio, observaba. Siempre observaba. Fue inevitable. Sus miradas se cruzaron. No fue inmediato. No fue largo. Pero fue suficiente.
Mássimo sostuvo la mirada apenas un segundo de más de lo necesario. Chiara hizo lo mismo. Ninguno sonrió. Ninguno bajó la vista primero. Algo se encendió. Un recuerdo. Una tensión no resuelta. Un “no debería” que llegó tarde.
Ambos apartaron la mirada casi al mismo tiempo.
Mássimo giró hacia Leila.
Mássimo dice con acento turinés, "¿Te traigo algo de beber? "
Leila asintió, sin notar el microcambio.
Leila dice con acento siciliano, "Vino blanco, per favore. "
Chiara respiró hondo y volvió con Gianluca.
Gianluca dice con acento napolitano, "¿Todo bien? "
Chiara asintió.
Chiara dice con acento siciliano, "Solo, miraba lo hermosa que está Leila. "
Gianluca sonrió, orgulloso, y la rodeó con el brazo presumiéndola.
Shawnee se movía por el jardín como si le perteneciera: vestido rojo, sonrisa peligrosa, copa en mano. Karlo no se le despegaba, orgulloso, atento, rendido a su forma de ocupar el espacio.
Zoe reía fuerte con Maurizio, hablándole cerca del oído, tocándole el pecho sin pudor. Él estaba encantado. Fascinado. Totalmente perdido.
Milenka se unía a ellos en la charla.
Vittoria y Mirabella conversaban con Leila, riendo bajo, compartiendo comentarios suaves. Marcco observaba desde cerca, tranquilo, satisfecho con la escena.
Pero, aun en medio de la alegría, las miradas volvían a cruzarse. Mássimo alzaba la vista desde su copa… y la encontraba. Chiara giraba el rostro al escuchar una risa… y lo veía. Nunca al centro. Nunca demasiado. Siempre lo justo para negar que estaba ocurriendo algo.
Chiara apretó los dedos alrededor de su copa.
Chiara dice con acento siciliano, en voz baja, "Joder. No. "
Se lo dijo a sí misma. Obligándose a calmarse.
Mássimo, desde el otro lado del jardín, apretó la mandíbula un instante.
Mássimo murmura con acento turinés, "No pasa nada, no es nada... "
Cada uno siguió con su pareja. Cada uno sonrió cuando tocaba. Pero algo había quedado flotando en el aire del jardín. Algo que no necesitaba palabras. Algo que ninguno estaba dispuesto a nombrar. Las luces brillaban.
Y bajo la celebración… la tensión se acomodaba, silenciosa, paciente. El año estaba a punto de terminar. Y no todos los fuegos serían visibles.
La cena fue servida en la mesa larga dispuesta bajo un toldo transparente que permitía ver la nieve y las luces del jardín. El chef de la villa había preparado un menú que era un puente entre Turín y Sicilia: agnolotti del plin seguidos de un pescado de roca siciliano, todo regado con vinos piamonteses elegantes y ligeros.
Leila estaba sentada a la cabecera de la mesa, un puesto que Mássimo había cedido con una sonrisa de aprobación. Él estaba a su derecha. Chiara, inevitablemente, quedó sentada frente a él, a la izquierda de Leila.
El resto de amigos estaban distribuídos a lo largo de la mesa.
Rodrico, Clarisa y el resto del personal de la casa estaban de invitados también en la cena. Se encontraban sentados en una mesa contigua a la principal.
La cena avanzó con un ritmo ligero y alegre, el sonido de los cubiertos sobre la porcelana mezclándose con las risas y las charlas animadas. Había un contraste evidente entre el ambiente elegante de Turín y la calidez desordenada que traían consigo los sicilianos, los napolitanos y la extravagante energía de Zoe y Shawnee.
Chiara se inclinó sobre la mesa, con el entusiasmo habitual.
Chiara dice con acento siciliano, "Entonces, ¿Madrid tiene algo parecido a la pizza? Porque, sin ofender, necesitamos una evaluación comparativa."
Milenka sonrió, tranquila, disfrutando de su pescado.
Milenka dice con acento granadino, "Claro que sí. Aunque no la llamamos ‘pizza’, tenemos muchas cosas ricas. Y bueno, la comida de España es tan buena como la de Italia. Pero sí, la pizza de Italia es espectacular. Y no es solo la comida, es el ambiente."
Zoe intervino con una copa en la mano.
Zoe dice con acento estadounidense, "El ambiente de Italia lo es todo, a mí me encantóo turín. "
Vittoria dice con acento turinés, "Turín es maravilloso, aunque, si me da curiosidad conocer Sicilia. "
Leila dice con acento siciliano, "Espero que pronto podamos ir, Vitti. "
Chiara dice con acento siciliano, "Catania te espera con ansias sorellina. Se lo mucho que te encanta, qe extrañas al etna. "
Leila dice con acento siciliano, "Sí, extraño las tardes que podía desde la ventana de mi cuarto, mirar al etna y me relajaba. "
Mássimo deslizó la mano hasta la suya, apretándola con discreción.
Mássimo dice con acento turinés, "Y volverás. Cuando tú quieras amore. "
Leila lo miró, agradecida. Apoyó la cabeza apenas contra su hombro. El gesto fue natural, sin esfuerzo.
Del otro lado de la mesa, Shawnee reía con Karlo, inclinándose hacia él, rozándole el brazo con intención clara.
Shawnee dice con acento sinaloense, "¿Ves? Te dije que iba a estar buena la fiesta. "
Karlo la miró de arriba abajo, sin disimular.
Karlo dice con acento siciliano, "No necesitaba la fiesta. Tú ya lo eras. "
Shawnee sonrió de lado, peligrosa, satisfecha por lo que estaba logrando.
Todos disfrutaban de sus platos y la compañía.
Y entonces, en un extremo más tranquilo de la mesa, Richi respiró hondo.
Mirabella estaba sentada a su lado. Observaba la escena con atención suave, como si todo le resultara interesante pero no urgente.
Richi acomodó la servilleta. Se aclaró la garganta.
Richi dice con acento mexiquense, un poco nervioso, "Oye… este… la neta, está bien bonito aquí, ¿no? Muy… elegante. Molto elegante. "
Mirabella giró hacia él, curiosa, divertida.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Lo es. Pero ustedes trajeron algo distinto. Más… vivo. "
Richi sonrió, mientras bebía el vino.
Richi dice con acento mexiquense, "Pues sí… somos medio caóticos. Pero con corazón, eh. Mucho cuore. "
Ella rió bajito, llevándose la copa a los labios.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Se nota. "
Richi tomó valor.
Richi dice con acento mexiquense, "¿Y tú… siempre te vistes así? Digo… elegante y hermosa, pero… así como misteriosa. "
Mirabella inclinó la cabeza, mirándolo de reojo.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Solo cuando la noche lo merece. "
Richi tragó saliva. Y asintió.
Richi dice con acento mexiquense, "Ah… entonces hoy sí. "
Ella sostuvo su mirada un segundo más de lo necesario.
gian voltea a ver a richi de reojo con sonrrisita vurlona.
Richi se pierde en los ojos de Mirabella, ignorando a Gianluca.
En el centro de la mesa, las conversaciones se cruzaban. Risas, historias, planes improvisados. La noche seguía fluyendo con naturalidad.
Mássimo y Chiara, sin buscarlo, volvieron a cruzar miradas una vez más. Esta vez fue breve. Controlada. Negada.
Mássimo levantó su copa.
Mássimo dice con acento turinés, "Por estar todos juntos. Aquí. Ahora. "
Mássimo dice con acento turinés, "Por el regreso a la vida de mia Piccolina Leila. "
Todos alzaron las copas. Y mientras brindaban, bajo las luces cálidas del jardín, cada uno sentía que aquella noche estaba construyendo algo… incluso si aún no sabían qué.
El tintineo del cristal se hizo fuerte, resonando con la aprobación general. Mássimo bebió, sus ojos fijos en Leila, quien sonreía con una autenticidad que lo desarmaba. Era su victoria, y él era el ancla.
Leila dice con acento siciliano, "Y por la vida que nos espera. Que sea más fuerte que lo que dejamos atrás."
Zoe grita: "salúuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuud!. "
Se hizo otro brindis. El vino fluía con la conversación.
Vittoria animada por el ambiente y el vino, se levantó de su asiento.
Vittoria dice con acento turinés, "¡Un momento! El brindis fue hermoso, sí, pero es demasiado solemne para fin de año. ¡Necesitamos algo más de… sabor!"
Hizo un gesto con la mano, dramática.
Vittoria dice con acento turinés, "¡Yo propongo un juego! El que mienta, bebe un chupito de grappa."
Zoe aplaudió con entusiasmo, golpeando la mesa con la palma de la mano.
Zoe dice con acento estadounidense, "Me encanta. Let’s get this party started!"
Mirabella, aunque más reservada, sonrió y asintió.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Me parece… una locura"
Milenka se encogió de hombros con una risa nerviosa.
Milenka dice con acento granadino, "Yo prefiero solo ver."
Shawnee se inclinó hacia Karlo, su mirada retadora.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Yo entro. ¿Quién empieza?"
Richi dice con acento mexiquense, "örale, pero nomas no se vallan a poner borrachos tán rápido, no quiero cargar a nadie. "
Maurizio se rió divertido.
Zoe dice con acento estadounidense, "quien empiesa!"
Mássimo miró a Leila, una ceja alzada en una pregunta silenciosa.
Leila dice con acento siciliano, "Yo… creo que me voy a divertir viéndolos."
gianluca mira divertido y retador a chyara
Chiara sonríe divertida, aceptando el reto de Gianluca.
mássimo suspira pensatibo
Chiara dice con acento siciliano, "Pero si te caes por tanto vino, io no te cargo a la habitación, acuarela. "
Leila se parte de risa.
Vittoria mira desafiante a su padre y a Leila.
gianluca dice con acento napolitano, "yo soy tan buena persona que nunca miento. "
mássimo mira a leila no muy comvensido
Vittoria dice con acento turinés, "Nada de quedarse viendo, padre tú eres bueno con el vino. ¿AHora te da miedo?. "
mássimo dice con acento turinés, "figlia... "
Chiara dice con acento siciliano, "Anda sorellina, no seas aburrida y participa. "
Leila lo piensa y sonríe divertida.
Leila dice con acento siciliano, "Está bene, io no miento, así que participo.
Vittoria se giró divertida e interrogante hacia Marcco. Él estaba tranquilo, observando la mesa con esa calma que siempre lo envolvía.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Y tú, mio caro? ¿Te atreves a jugar con los mentirosos de Sicilia?"
Marcco la miró, luego miró las botellas de grappa que ya habían sido dispuestas en el centro de la mesa. Soltó un suspiro, con una sonrisa resignada.
Marcco dice con acento turinés, "Sabes que no me gustan los juegos donde se expone demasiado."
Vittoria se inclinó hacia él, su voz baja y seductora.
Vittoria dice con acento turinés, "Solo si mientes. Pero tú nunca mientes, ¿verdad?"
Marcco dudó un segundo más. Capturó la mirada de Leila, que lo animaba con un asentimiento suave. Finalmente, sonrió de lado.
Marcco dice con acento turinés, "Va bene. Me arriesgaré a que me vean borracho. Participo."
Zoe gritó un aplauso, levantando su copa de vino.
El aplauso de Zoe rompió el último rastro de solemnidad que quedaba en la mesa. Las botellas de grappa brillaban bajo la luz cálida como una promesa peligrosa.
Zoe dice con acento estadounidense, Okay, rules are simple. Pregunta directa. Respuesta directa. Si mientes… bottoms up.
Shawnee ya tenía el vaso en la mano, apoyada contra Karlo con una sonrisa de guerra.
Shawnee dice con acento sinaloense, A ver quién aguanta más sin caerse.
Vittoria dio una palmada, encantada con el caos que había creado.
Vittoria dice con acento turinés, Empieza el más valiente.

El juego que insita al peligro.

Zoe se subió ligeramente a su silla, marcando el ritmo como si fuera una maestra de ceremonias peligrosa.
Zoe dice con acento estadounidense, Okay, round one officially starts. Pregunta clara. Respuesta clara. No discursos. No poesía. Truth or drink.
Golpeó la mesa con el dedo índice.
Zoe dice con acento estadounidense, Empiezo yo. Pregunta para todos… pero responde uno.
—¿Quién de aquí tuvo un crush secreto por alguien sentado en esta mesa antes de hoy?
Un murmullo general. Risas nerviosas. Miradas que esquivan… y otras que no.
Shawnee levantó su vaso sin dudar.
Shawnee dice con acento sinaloense, Yo no bebo.
(mira a Karlo)
Shawnee dice con acento sinaloense, El mío está sentado justo aquí.
Karlo sonrió, bajando un poco la cabeza, claramente encantado.
Karlo dice con acento siciliano, Eso explica muchas cosas.
Zoe chasqueó la lengua.
Zoe dice con acento estadounidense, Easy win. Siguiente.
Se giró lentamente hacia Chiara.
Zoe dice con acento estadounidense, Chiara. ¿Alguna vez te gustó alguien que no debías?.
Chiara apoyó los codos sobre la mesa. No bebió. Tampoco respondió de inmediato.

Chiara dice con acento siciliano, Sí.
Tomó el chupito… y lo dejó intacto.
Chiara dice con acento siciliano, Pero no fue un error. Fue una lección.
Gianluca se rió por lo bajo. Mássimo apretó la mandíbula sin darse cuenta.
Vittoria lo notó.
Leila no.
Maurizio levantó la mano.
Maurizio dice con acento siciliano, Mi turno. Pregunta para Richi.
Richi se acomodó nervioso en la silla.
Richi dice con acento mexiquense, Échala, pero no te pases, ¿eh?
Maurizio sonrió con malicia.
Maurizio dice con acento siciliano, Si tuvieras que elegir…. —¿Con quién te casarías, y con quién solo pasarías una noche?
El silencio fue brutal.
Richi se rascó la nuca, rojo como tomate.
Richi dice con acento mexiquense, Órale… eso sí está pesado.
Miró a Mirabella. Luego al resto de las chicas.
Richi dice con acento mexiquense, Casarme… con alguien tranquila, que me lea el alma.
(mira directo a Mirabella, sin decir su nombre)
Richi dice con acento mexiquense, Y una noche…
(se encoge de hombros)
richi dice con acento mexiquense, con alguien que me deje sin dormir.
Zoe gritó:
Zoe dice con acento estadounidense, Indirectas nivel maestro.
Mirabella bajó la mirada, sonrojada, pero sonrió.
Vittoria se inclinó hacia Leila.
Vittoria dice con acento turinés, ¿Ves? Esto se va a poner interesante.
Shawnee levantó un dedo.
Shawnee dice con acento sinaloense, Ahora yo. Pregunta para Leila.
Leila parpadeó, sorprendida.
Leila dice con acento siciliano, Va.
Shawnee la observó con intensidad, sin agresividad, pero sin suavidad tampoco.
Shawnee dice con acento sinaloense, ¿Alguna vez sentiste celos de una amiga?
Un silencio fino, tenso como hilo de vidrio.
Leila miró a Vittoria. Luego a Chiara. Luego a Zoe.
Leila dice con acento siciliano, Sí.
Tomó el chupito. Bebió despacio.
Leila dice con acento siciliano, Pero aprendí que los celos dicen más de una misma… que del otro.
Chiara sostuvo su mirada un segundo más de lo normal.
Gianluca carraspeó.
Gianluca dice con acento napolitano, Mi turno. Pregunta para Mássimo.
Vittoria giró la cabeza de inmediato.
Mássimo alzó una ceja.
Mássimo dice con acento turinés, Estoy empezando a arrepentirme.
Gianluca sonrió.
Gianluca dice con acento napolitano, Si no fueras quien eres…. ¿a quién de aquí invitarías a perderte una noche sin consecuencias?
Leila se tensó apenas. Apenas.
Mássimo no respondió de inmediato.
Miró la mesa. Miró su copa. Miró a Leila. Y luego, sin dramatismo:
Mássimo dice con acento turinés, No jugaría a perder lo que ya encontré.
No bebió.
Zoe silbó.
Zoe dice con acento estadounidense, Smooth. Muy smooth.
Chiara bajó la mirada esta vez.
Vittoria golpeó la mesa con la palma abierta.
Vittoria dice con acento turinés, "¡Eso fue trampa, papá! Demasiado noble. Queremos picante."
Mássimo se encogió de hombros con calma.
Mássimo dice con acento turinés, "El picante está en la verdad, no en la fantasía. Ahora es mi turno de preguntar."
Miró a su hija.
Mássimo dice con acento turinés, "Vittoria, ¿cuál es el lugar más inusual donde has estado a solas con Marcco?"
Vittoria se sonrojó, pero no bebió.
Vittoria dice con acento turinés, "El archivo de seguridad del segundo subsuelo. Hay una acústica excelente."
Marcco sonrió, divertido.
Leila sonrió, divertida por el giro del juego.
Richi, más envalentonado por el vino y la presencia de Mirabella, levantó la mano.
Richi dice con acento mexiquense, "¡Alto! Creo que estamos aburridos. Preguntas, preguntas... ¿dónde está la acción?"
Se puso de pie, tambaleándose apenas.
Richi dice con acento mexiquense, "El que no quiera responder una pregunta... debe aceptar un Reto de la mesa."
Shawnee se inclinó, con los ojos brillando.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Me gusta. Mucho."
Vittoria asintió.
Vittoria dice con acento turinés, "Aprobado. ¡Pero los retos deben ser atrevidos, no estúpidos!"
Gianluca dice con acento napolitano, "Yo pregunto. Y si no respondes, te reto. Maurizio, ¿alguna vez has besado a alguien en esta mesa que no sea Zoe?"
Maurizio se puso rígido, su mirada se fue a Richi y luego a Karlo.
Maurizio dice con acento siciliano, "No."
Tomó la grappa y se la bebió de un trago, sin dudar. El ardor le hizo toser.
Zoe lo miró, primero con duda, luego con una mezcla de orgullo y un toque de celos.
Zoe dice con acento estadounidense, "Good boy."
Maurizio sonrió, con los ojos llorosos por la bebida.
Maurizio dice con acento siciliano, "Ahora yo. Pregunta para Shawnee. Si tuvieras que elegir a alguien aquí para tatuarte su nombre... ¿quién sería y dónde?"
Shawnee se rió fuerte, apoyándose en Karlo.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Fácil. Karlo. En el lugar donde solo él pueda verlo."
Karlo le apretó la cintura, sonriendo.
Shawnee, satisfecha, giró hacia Gianluca.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Mi turno. Gianluca, ¿alguna vez te has acostado con alguien de más de una nacionalidad diferente en la misma semana?"
Gianluca sonrió, pícaro, alzó su copa y bebió el chupito de grappa sin pensarlo.
Gianluca dice con acento napolitano, "Soy un hombre de mundo, ¿qué esperabas?"
Chiara le lanzó una mirada de reproche juguetona.
Gianluca se enderezó y señaló a Chiara.
Gianluca dice con acento napolitano, "Ahora tú, Chiara. Si tuvieras que elegir a alguien aquí... ¿a quién le dirías un secreto que nadie más sabe, y por qué?"
Chiara apretó los labios. Miró a Leila. Luego a Mássimo, un segundo más.
Chiara dice con acento siciliano, "No voy a responder."
Tomó la grappa de la mesa. La bebió de un trago, sin respirar. El sabor áspero la hizo estremecer.
Vittoria dice con acento turinés, entonces. ¡Reto para la Vulcaneza de Sicilia!"
Chiara la miró, desafiante.
Chiara dice con acento siciliano, "Retame."
Vittoria dice con acento turinés, "Tienes que acercarte a la persona que te parezca más inaccesible y susurrarle al oído algo caliente que quieres hacerle... ¡ahora mismo!"
El silencio se instaló en la mesa. La tensión era palpable.
Chiara no dudó. Se levantó, el satén verde esmeralda resbalando a cada paso. Caminó con determinación. No fue hacia Richi ni hacia Karlo.
Fue hacia Mássimo.
Leila la observó, sorprendida, pero sin sospecha. Solo la intriga del juego.
Chiara se detuvo junto a la silla de Mássimo. Él levantó la vista hacia ella, su rostro una máscara impenetrable de control.
Chiara se inclinó lentamente, su cabello rozando el hombro de él. Su boca quedó a centímetros de su oído. La fragancia de su perfume, intensa, envolvió a Mássimo.
Chiara susurró, solo para él, con un tono bajo y ronco:
Chiara dice con acento siciliano, "Quiero que me mires y beses como si el mundo no existiera... igual que esa mañana."
Mássimo se tensó, una reacción que solo Chiara notó. Sus ojos se oscurecieron por un instante.
Ella se separó de él tan rápido como llegó. Regresó a su asiento, triunfante.
Mássimo bebió un gran sorbo de vino, sus manos temblaban ligeramente. Leila, a su lado, lo asoció con el reto sin sospechar nada en concreto.
Leila dice con acento siciliano, "¡Bravo! Eso fue genial."
Mássimo se recompuso, forzando una sonrisa hacia Leila.
Mássimo tomó aire profundamente, intentando ignorar el ardor de las palabras de Chiara en su oído y la punzada de culpa que lo atravesó. La mano de Leila estaba sobre la suya, cálida, confiada. La apretó con más fuerza de la necesaria.
Mássimo dice con acento turinés, "Ahora pregunto yo. Y es una fácil. Para ti, piccolina."
Leila lo miró, tranquila.
Leila dice con acento siciliano, "Dime."
Mássimo dice con acento turinés, "¿Cuál es tu lugar favorito en el mundo… y por qué?"
Leila no dudó. Lo moró con amor a los ojos.
Leila dice con acento siciliano, "A tu lado, amore. Porque es donde me siento segura."
No bebió. El silencio fue de ternura.
Zoe hizo un gesto de desaprobación.
Zoe dice con acento estadounidense, "Aw, eso fue demasiado lindo. ¡Queremos fuego, no flores!"
Zoe dice con acento estadounidense, "aver"
Zoe dice con acento estadounidense, "esta es para..."
Zoe dice con acento estadounidense, "chyara"
Chiara se acomodóen la silla y la miró con diversión.
Zoe dice con acento estadounidense, "chyara, has tenido alguna fantasía sexual, con alguno de los mans precentes, que no sea tu italiano insoportable?."
Chiara se tensó ligeramente.
Chiara dice con acento siciliano, "no. "
Vittoria dice con acento turinés, "Io vi que lo pensaste un montón, así que bebes, o reto. "
Zoe dice con acento estadounidense, "quee aburrido."
Zoe dice con acento estadounidense, "si seguimos hasí, me dueermo"
Vittoria dice con acento turinés, "Ponle un reto a Chiara Zoe. "
Zoe dice con acento estadounidense, "segura frien?"
Vittoria dice que sí con la cabeza.
Zoe mira a chyara con atensión.
Chiara la mira con desafío.
Chiara bebe otro trago de grapa.
Zoe dice con acento estadounidense, "escoje a un man menos tu novio, y enciérrense, en un cuarto oscuro por 7 minutos."
Todos levantaron sus vasos animados.
Vittoria dice con acento turinés, "espero que no estés celosa si escoge a Mauri, zoe. "
Vittoria se ríe divertida.
Leila se carcajea.
Zoe mira a vittoria divertida mientras se muerde los labios.
Mássimo se tensa.
Chiara se levanta y mira a todos los chicos de la mesa.
Shawnee la mira como diciendo si escojes a Karlo, te mato.
Zoe sonríe divertida.
Chiara mira dudosa a Gianluca.
gianluca fulmina a zoe con la mirada.
Zoe le saca el dedo corazón.
Chiara sonríe y dando un trago más a su grappa dice.
Chiara dice con acento siciliano, "No especificaste encerrarnos para qué exactamente, así qué puedo elegir libremente. Elijo a Mássimo. "
Vittoria golpeó la mesa divertida.
Zoe dice con acento estadounidense, "no, yo no digenada, no se que pensaron ustedes. "
Zoe pone carita inocente.
Leila bebió un trago más, antes de mirar a Chiara desconcertada.
Richi miró con burla a Gianluca.
rodricco al otro lado de la mesa miró a Mássimo como diciendo, no creo que sea buena idea que valla.
Gianluca se mostró incómodo.
Mássimo se tensó visiblemente ante la mención de su nombre. La mano de Leila, cálida y confiada sobre la suya, se sintió de pronto como un grillete.
Chiara sonrió, ese gesto pícara y desafiante que siempre lo desarmaba. No había arrepentimiento en sus ojos verdes, solo la certeza de que él no podría negarse.
Mássimo se reclinó ligeramente en su silla, cruzando los brazos sobre el pecho. Su postura era de control absoluto, pero el ligero brillo en sus ojos oscuros delataba la lucha interna.
Mássimo dice con acento turinés, en un tono que intentaba ser casual, "Es un reto que no tiene sentido ragazzi. "
Chiara dio un paso hacia la mesa, apoyando las manos en el borde. Su vestido esmeralda resplandecía bajo las luces, un contraste vibrante contra el traje oscuro de Mássimo.
Chiara dice con acento siciliano, "No es un reto sin sentido, Signore. Es un juego. Si te niegas, bebes. Y si bebes esa cantidad de grapa, no podrás caminar. ¿No es mejor cumplir el reto... y volver triunfante?"
Leila dice con acento siciliano, divertida, "Tiene razón, amore. Ve. No puedes ser el aguafiestas de tu propia cena."
Vittoria, que no había perdido detalle del cruce de miradas y la tensión eléctrica que emanaba de la pareja, sonrió con picardía. La sospecha de que algo más se movía entre ellos era mínima, pero la hija Martini era experta en leer el lenguaje no verbal.
Vittoria dice con acento turinés, "Padre, tienes un despacho con paredes insonorizadas. Perfecto para siete minutos de silencio. Es más los acompaño a asegurarme de que el reto se cumpla al pie de la letra… y de que no hay trampas."
Gianluca mira a Vittoria con cierto enfado.
Zoe dice con acento estadounidense, "pero cuidadito viti, que el reto es que eestén solos."
Vittoria dice con acento turinés, "Solo los acompañaría al despacho y regreso. "
Zoe dice con acento estadounidense, "fine."
Chiara la miró con una sonrisa cómplice que prometía guerra y diversión.
Gianluca, que hasta ese momento se había mantenido incómodo, soltó una risa forzada, intentando normalizar la situación.
Richi golpeó la mesa con las palmas, animado, sin captar la corriente subterránea.
Mássimo se pasó la mano por la barbilla, buscando una última excusa que no encontró. Miró a Leila, cuya cara solo reflejaba diversión. Luego miró a Chiara, cuyos ojos verdes ardían con un desafío que conocía demasiado bien. Por último, miró a Vittoria, que ahora lo observaba con una mezcla de burla y expectación, sabiendo que su padre, por más controlado que fuera, nunca se negaba a un desafío que pudiera comprometer su reputación de 'hombre que puede con todo'.
Mássimo se puso de pie, su movimiento lento, elegante, cargado de una decisión forzada.
Mássimo dice con acento turinés, "Va bene. Siete minutos de... encierro."
Zoe gritó, saltando de alegría.
Zoe dice con acento estadounidense, "¡Go, go, go! ¡Reto aceptado! ¡Alguien ponga un temporizador!"
Leila los miró a ambos divertida mientras daba otro trago a su grapa.
Mássimo no la miró de nuevo. No podía. Se giró hacia Chiara.
Mássimo dice con acento turinés, "Sígueme. "
Chiara lo siguió hasta entrar a la casa. Vittoria iva de tras de ellos con su vaso de grapa en la mano. Cuando los vió entrar al despacho en silencio, se regresó al jardín.
Larabelle Evans
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Registrado: Mar Jul 02, 2024 4:52 am

Re: La resiliencia de la reina Ferrari

Mensaje por Larabelle Evans »

El juego tubo consecuencias apasionadas.

Nota.

Escena con contenido sexual, apto solo para mayores de 18 años, queda bajo su responsabilidad la lectura de esta escena.

Punto de vista: Chiara y Mássimo.

Chyara serró la puerta del despacho lentamente.
Chyara dice con acento siciliano, "¿Tan malo era estar conmigo?. "
Chyara mir a Mássimo interrogante.
Mássimo dice con acento turinés, "a que te refieres"
Chyara dice con acento siciliano, "A que no querías. ¿Me tienes miedo?. "
Mássimo la mira desafiante por su comentario.
Mássimo dice con acento turinés, "chyara, no digas tonterías"
Chyara se acerca a una mesa y toma una botella de grappa, se sirve un trago.
Chyara dice con acento siciliano, "Es la verdad. Le temes a los volcanes. "
Chyara se moja los labios mirandolo con desafío
Mássimo le sonríe con sufisiencia.
Mássimo dice con acento turinés, "los volcanes io los exploro, no les huyo chyara. "
Chyara dice con acento siciliano, "¿Cómo los exploras... "
Chyara bebe de su vaso y sonríe desafiante.
Mássimo dice con acento turinés, "no es relevante, comfórmate con lo que ya te dije"
Chyara se toma la grapa de un trago, el alcohol dándole más valor.
Chyara dice con acento siciliano, "¿Vas a responderme a lo que te dije hace un momento?. "
Chyara se acerca a él.
Mássimo dice con acento turinés, "que quieres que te responda."
Mássimo dice con acento turinés, "no hay mucho que decir."
Chyara dice con acento siciliano, "A lo que te pedí. "
Mássimo niega con la cabeza.
Chyara se acerca tomándole el rostro con las manos.
Mássimo niega mirándola desafiante.
Chyara dice con acento siciliano, "vas a negarme que me miras con deseo. "
Chyara lo mira con desafío y sin cortarse. Su aliento cerca a los labios de Mássimo.
Mássimo la sigue mirando a los ojos con desafío.
Mássimo no se movió. Su desafío no era de rechazo, sino de una contención férrea. El olor a grappa y el perfume de Chiara lo envolvieron, recordándole la audacia y el caos que ella representaba.
Mássimo dice con acento turinés, la voz baja y áspera, "Yo te miro, Chiara. Y veo la amiga de Leila. Nada más."
Chiara sonrió, sin ofenderse.
Chiara dice con acento siciliano, en un susurro grave, "Mientes. Te conozco. El Signore Mássimo Martini no tiembla por nada… excepto por lo que no debe tocar."
Mássimo miró a chyara con dureza, como tratando de tener mas fuerza en esa contención.
Mássimo dice con acento turinés, "chyara. Créeme cuando te digo, que en contadas vezes en mi vida e temblado."
Mássimo dice con acento turinés, "y si quieres sentirte importante, te equibocaste de hombre."
Chyara Acortó el último centímetro que los separaba. Sus labios rozaron la comisura de la boca de Mássimo, un toque eléctrico, fugaz, cargado de intención.
Mássimo la miró con deseo ardiente por unos segundos.
Chiara dice con acento siciliano, "Y yo sé que esa mañana, hace meses, tú deseabas que no me detuviera."
Mássimo murmura con acento turinés, "chyara..."
Chyara murmura con acento siciliano, "Mássimo... "
Mássimo rodea sus caderas con su brazo, deseoso de ella.
Chyara lo abrazó con deseo, olvidándose de donde estaba y que no era lo correcto.
Chyara lo besó.
Mássimo correspondió con urgencia y desesperación, con ambre de ella.
No fue el beso suave. Fue un beso voraz, desesperado, un incendio que se había estado cocinando a fuego lento durante meses bajo la fachada de la lealtad y el respeto. La boca de Mássimo se abrió sobre la de Chiara, exigiendo, absorbiendo. El sabor a grappa se mezcló con su propia pasión contenida, el traje de lana áspera contrastando con el satén suave del vestido de ella.
Chiara respondió con una explosión de deseo. Olvidó a Leila, olvidó a Gianluca, olvidó las reglas del juego y la amistad. En ese momento solo existía el hombre más inaccesible de su vida, rindiéndose a ella en un rincón oscuro de Turín. Sus dedos se hundieron en el cabello oscuro de Mássimo, tirando de él, intensificando la presión.
Chyara murmura con acento siciliano, "Necesitaba tanto tus labios. "
Mássimo la empujó salvaje y desesperado. Besó sus labios con ansias olvidándose de todo, exploró su cuerpo y le levantó el vestido sin responder.
La tensión entre ellos era tan densa que podía cortarse. Mássimo se separó apenas para respirar, sus ojos oscuros fijos en la boca roja de ella, el brillo húmedo de sus pupilas delatando la intensidad de su deseo.
Chyara comenzó a desabrocharle el pantalón a mássimo, ya había perdido la cuenta del reloj.
Mássimo levantó mas el vestido. Admiró su cuerpo con deseo, con lujuria, con un fuego que parecía inextinguible.
Mássimo sintió la mano de Chiara en el borde de su pantalón y el control que había mantenido por meses se hizo añicos. Era la chispa que lo hacía perder todo, el caos que siempre lo había fascinado. Él no la detuvo. Al contrario. Hundió una mano en su cintura, atrayéndola con una violencia que no era rechazo, sino necesidad.
Ella logró abrir el botón y la cremallera. La mano de él se movió hacia el vestido de Chiara, sin paciencia, buscando la tela que separaba su piel. El satén esmeralda se deslizó en sus manos, revelando la curva de su cadera y la lencería de encaje.
Chiara dice con acento siciliano, con la voz ahogada, "Así, Mássimo. Siente. Siente lo que tienes miedo de sentir."
Mássimo la jiró con brusquedad, la pegó contra la pared acariciando su piel. le dio una nalgada a su firme trasero, y empesó a besar su nuca y espalda con deseo.
Chyara gimió con cada nalgada que Mássimo le dió. Le exitaba lo salvaje y fuerte que él podía ser.
el tiempo seguía su recorrido inexorable.
Mássimo no respondió con palabras a la declaración de Chiara. Respondió con su cuerpo. Su boca se movió de la nuca al hombro de ella, mordiendo, succionando, dejando una marca invisible de posesión urgente. Su mano fuerte se deslizó por la curva de su cadera, subiendo sin permiso por la abertura lateral del vestido esmeralda. El encaje de la lencería cedió al roce, y su dedo encontró la humedad que lo esperaba.
Chiara jadeó, su cuerpo arqueándose hacia la presión que él ejercía. No había espacio para el pensamiento, solo para la sensación. La pared fría contra su espalda era un ancla que contrastaba con el fuego que Mássimo encendía dentro de ella. La imagen de Leila, la lealtad a Gianluca, la decencia, todo se desvaneció en una niebla densa de placer.
Chiara dice con acento siciliano, con la voz ahogada en la lujuria, "Mássimo… por favor… ahora."
Mássimo la giró de nuevo, apoyándola contra la mesa de madera pulida del despacho. Los libros y documentos se movieron con el golpe suave.
Mássimo dice con acento turinés, la voz ronca, casi irreconocible, "Mírame, Chiara. Mírame y dime que quieres que pare."
Chiara levantó la vista, sus ojos verdes llenos de una mezcla de arrepentimiento y una necesidad ardiente.
Chiara dice con acento siciliano, con desesperación, "No. No pares. No puedo… no quiero."
Mássimo no esperó más. Levantó el vestido de Chiara hasta su cintura, sin preocuparse por la caída de la tela. La penetración fue rápida, sin preludios, un choque de dos voluntades que ya no podían contenerse.
Chiara gritó, un gemido cortado que quedó atrapado en el aire del despacho. Se aferró al cuello de Mássimo, sintiendo el impacto de la conexión, el placer explosivo que había estado negándose a sí misma. Mássimo se movió con una ferocidad contenida, cada embestida un recordatorio de los límites que ambos estaban cruzando.
El ritmo se aceleró, desesperado, lujurioso. Chiara apoyó la cabeza contra el hombro de él, mordiendo su traje para no hacer ruido. Se entregó al abismo de sensaciones, al placer prohibido. La culpa vendría después, la moralidad regresaría con la luz, pero en esa oscuridad, solo existía el hombre que deseaba dentro de ella.
Chyara lo estimulaba dentro de ella, sintió como el placer se acumulaba en su interior a punto de explotar sin control, comenzó a temblar sin soltar a Mássimo.
Mássimo emvistió con mas fuerza, desesperado contra su cuerpo. Envestía con desesperación, pero negándose a terminar, negándose a soltar aquel cuerpo que tanto plaser le dava.
Mássimo la escuchó gritar, un gemido ronco que se ahogó en el hombro de él cuando el clímax la alcanzó con una violencia dulce. Ella se convulsionó, su cuerpo temblando bajo el traje de él, sus uñas arañando la tela de su chaqueta. Pura liberación. Pura rendición. Pero él no se detuvo. Mássimo se aferró a ella con una necesidad brutal. Apretó sus caderas con una mano y continuó su movimiento, más fuerte, más profundo, negándose a soltar la sensación de ella envuelta a su alrededor. El placer de Chiara había sido un catalizador, no un final. La culpa se había disuelto en la urgencia. Solo quedaba el hambre.
Chiara regresó a la realidad con un jadeo, sintiendo el ritmo implacable de Mássimo. Su cuerpo, aunque exhausto, se encendió de nuevo ante la demanda silenciosa que él ejercía.
Chyara dice con acento siciliano, "Mássimo, el tiempo... "
Mássimo emviste por unos segundos más, deteniéndose de golpe. Miró el reloj, y salió de chyara sin dejar su cuerpo. aquel cuerpo que ahora era su objeto de deseo. No terminó, no encontró su liveración
Mássimo se suvió la ropa mientras la seguía mirando como ún depredadór, con ambre.
Mássimo dice con acento turinés, "vístete. "
El temporisador de Zoe, se escuchó en el jardín.
Chyara lo miró confundida, con dificultad se levantó, la mente aún nublada por el placer. Pero el temporisador la estaba por devolver a la realidad. Caminó hasta el baño del despacho encerrándose para intentar arreglarse.
Chyara se arregló el pelo, se limpió su propia umedad y se arregló el vestido. Salió del baño calmando su respirasión. Caminó hasta la mesa de las botellas para volver a servirse un trago y disimular.
Mássimo se le acercó por de trás, con deseo, con ambre con ansias. Recorrió su figura con la vista
Chyara dice con acento siciliano, "Vittoria puede subir... "
Mássimo dice con acento turinés, "chyara, te das cuenta de lo que acavamos de hacer?. "
Mássimo dice con acento turinés, "acávo de probar de tu piel. "
Chyara se giró hacia él, su rostro aún encendido, la respiración agitada. La nube de grappa, el placer recién vivido y la adrenalina del secreto se mezclaban en un cóctel peligroso. No había remordimiento inmediato. Solo una necesidad insatisfecha.
Mássimo niega con la cabeza.
Mássimo dice con acento turinés, "voltéate, pero mírame. "
Chiara dice con acento siciliano, con una sequedad brutal, "Sé exactamente lo que hicimos, Mássimo. "
Mássimo ordenó, con voz firme.
Chyara lo miró. Se sirvió otro trago de grappa, el cristal tintineando contra la botella. Lo bebió sin parpadear.
Chiara dice con acento siciliano, "Y no, no estoy arrepentida. No ahora. No aquí."
Su mirada verde lo desafió. Había traicionado a Leila, a su amiga, a su 'hermana elegida'. Era una verdad tan pesada como el mármol siciliano. Pero la negación no era su estilo, y la culpa llegaría cuando el sol saliera, no en la oscuridad del despacho.
Mássimo la tomó con firmeza de las caderas y la volvió a jirar a la fuerza.
Mássimo se acercó hasta pegarse a su cuerpo. Una de sus manos se deslisó hasta su cadera, empesando a tocar, a acariciar, a probocar.
Mássimo se acercó hasta su oído para susurrar:
Mássimo murmura con acento turinés, "chyara, probé de tu piel, y eso no es lo peór."
Mássimo murmura con acento turinés, "lo peór es que me encantó."
Mássimo murmura con acento turinés, "y cuando cruzes esa puerta vete con la siguiente pregunta, y respóndete a ti misma. "
Mássimo murmura con acento turinés, "¿volverá a ocurrir, verdad?. "
Chiara se quedó inmóvil, sintiendo el calor de su aliento contra su oreja y la mano firme que le quemaba la cadera a través de la tela. La pregunta de Mássimo no era una interrogante, sino una declaración. Una sentencia. Una verdad que ella ya sabía.
Chiara dice con acento siciliano, en un susurro que era más un desafío que una rendición, "Sí. Volverá a ocurrir, Mássimo. Porque tú no terminaste."
Mássimo murmura con acento turinés, "y por que los dos, lo deseamos."
Mássimo la jiró con la misma fuerza para darle un beso cargado de deseo, y de despedida a esa noche, con las manos cruzando y apretando la frontera de sus caderas.
Chyara lo besó con ansias, saboreando su boca con placer.
Las risas de Vittoria y Leila los estaban regresando a la realidad.
Chyara se separó rápido, agarrando su vaso de grappa.
El tiempo en el despacho había terminado. Siete minutos de un juego que se había convertido en un abismo de traición y deseo.
Mássimo abrió la puerta con una calma que no sentía. Salió primero, enderezándose el traje con un gesto imperceptible, su rostro una máscara de control absoluto. Detrás de él, Chiara emergió con el vestido esmeralda ligeramente arrugado en la parte de atrás, el cabello suelto y la respiración aún un poco agitada, pero sus ojos brillaban con una audacia que desafiaba la culpa.

Despidiendo el año.

Punto de vista: Leila.

El jardín estaba ruidoso, alegre, ajeno.
Vittoria se acercó a ellos de inmediato, riendo.
Vittoria dice con acento turinés, "¿Y bien? ¿El jefe turinés, sobrevivió a la Vulcaneza de Sicilia?"
Mássimo dice con acento turinés, "un volcan no es capás de hacerle nada a una galaxia."
Mássimo se parte de risa.
Chyara se parte de risa.
Chiara se sirvió un vaso de vino blanco, bebiéndolo con una rapidez que no era habitual.
Chiara dice con acento siciliano, con voz ronca, "El aire se sentía... pesado. Pero el juego es el juego."
Chyara dice con acento siciliano, "Después de todo, Mássimo no es tan aburrido como parece. "
Mássimo dice con acento turinés, "la aburrida es ella, Vittoria."
Chyara dice con acento siciliano, "Reto cumplido, a seguir la despedida del año. "
Gianluca se acercó a Chiara, preocupado por su rapidez para beber.
Gianluca dice con acento napolitano, "¿Qué te pasa? Estás bebiendo rápido. "
Chiara dice con acento siciliano, "Solo estoy feliz amore. "
Leila se acercó a Mássimo. Su sonrisa era de alivio y diversión.
Leila dice con acento siciliano, "Vi tu cara al entrar. Pensé que ibas a colapsar de aburrimiento, mio cioccolatto. "
Mássimo dice con acento turinés, "casi, mia piccolina."
Leila lo abraza amorosa. Besa sus labios con amor.
Mássimo correspónde el beso con dulzura, acariciando con ternura su cabello.
Leila sonrió, acunada en el abrazo de Mássimo. El sabor de su boca era familiar, seguro. Pero al soltarlo, una sombra fugaz cruzó la mirada de él, algo que ella atribuyó al estrés de la noche y al juego.
Leila dice con acento siciliano, "Mejor vamos a bailar. Necesito sacudir el frío del jardín. "
Mássimo asintió, su mano firme en su cintura.
El ambiente en el jardín había pasado de la elegancia a la euforia. Vittoria había cambiado la playlist por un pop italiano más bailable y rítmico.
Gianluca no esperó. Tomó a Chiara por la cintura y la atrajo hacia el centro del espacio despejado. Chiara respondió de inmediato, dejando atrás la tensión del despacho. Su vestido esmeralda se movía con una sensualidad salvaje, sus caderas siguiendo el ritmo con una fluidez que Gianluca no podía igualar, pero que intentaba seguir.
Chiara reía, su cabeza echada hacia atrás, sus ojos llenos de vida y un desafío que iba dirigido a él… y quizás a alguien más. Se movió con una cercanía peligrosa, susurrándole cosas al oído a Gianluca que lo hacían sonreír con picardía y sujetarla con más fuerza.
Richi, alentado por la grappa y la música, se acercó a Mirabella, que estaba conversando con Marcco cerca de las mesas.
Richi dice con acento mexiquense, "Mirabella, vente, vamos a Bailar. "
Mirabella dudó, mirando a Vittoria con una sonrisa.
Mirabella dice con acento ferrarés, "¿Sabes que?. No soy de estas cosas, Richi."
Vittoria, que pasaba con copas vacías, se detuvo, burlona.
Vittoria dice con acento turinés, "¡Vamos, Bella! No seas aburrida como tus padres. A de más No te vendría mal bailar con el mexicano. "
Mirabella se sonrojó ligeramente.
Vittoria dice con acento turinés, "Anda vé, para que se te quite lo aburrida.
Richi le hizo un mohín a Vittoria.
Richi dice con acento mexiquense, "¡No le hagas caso! No eres aburrida y tú eres la más bonita, ¿qué más necesitas?"
Mirabella cedió con una risa suave. Sintió que Richi, con su caos y su honestidad, la desarmaba. Le tendió la mano.
Mirabella dice con acento ferrarés, "Solo una canción, ¿va?"
Richi la tomó con cuidado sorprendente y la guio a la pista, su sonrisa de oreja a oreja. El ambiente se destensó un poco más, volviéndose francamente festivo.
Mássimo y Leila se movían despacio, al ritmo, su danza más una conversación íntima que un baile. Él la sostenía cerca, sintiendo su cuerpo, intentando anclar su mente a la mujer que amaba. Pero sus ojos oscuros se levantaban, involuntariamente, buscando la figura en esmeralda que reía salvaje al otro lado.
Chiara, en medio de su baile con Gianluca, sentía la mirada de Mássimo. No la buscaba activamente, pero sabía dónde estaba. Y esa conciencia era un veneno dulce. Saboreaba su propia audacia. Soy la única en esta mesa que sabe que estuve en sus brazos hace diez minutos. Y se juró, de nuevo, que ese fuego, por más que ardiera, nunca consumiría la lealtad que le debía a Leila. Su amor por su amiga era un hecho. Su deseo por Mássimo… era un accidente ardiente.

El debate que lo define todo entre las amigas.

Shawnee, que había estado bebiendo grappa sin mezclar, regresó a la mesa de los chupitos con los ojos brillantes y una sonrisa aún más peligrosa.
Shawnee dice con acento sinaloense, "¡Un momento! ¡Regresemos al juego! Esto está muy romántico, necesitamos más drama."
Shawnee Tomó una silla y la arrastró al centro, golpeándola contra el suelo.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Esta va para las Queens de la mesa. ¡Leila y Chiara! Siéntense. Esto será un debate de ideas. "
Chiara soltó despacio a Gianluca, se tensó apenas por las palabras de la sinaloense, sabía que de ella no podía salir algo bueno.
Leila besó por último a Mássimo en los labios antes de soltarlo.
Leila y Chiara se miraron, curiosas, y tomaron asiento. El resto de la mesa se acercó, expectante.
Karlo miró a Shawnee como diciendo, no vallas a armar problemas...
Shawnee dice con acento sinaloense, con la voz un poco arrastrada por el alcohol, "Caso hipotético. Escuchen bien. Primero para Chiara. ¿Si Leila te quitara el poder en Catania, y te traicionara con alguien que amas. La perdonarías?. "
Chiara se mantuvo serena, aunque la pregunta era un veneno disfrazado de juego. Miró a Leila, luego a Shawnee.
Chiara dice con acento siciliano, "El poder en Catania no se quita. Se hereda o se conquista. Catania es y será siempre de Leila. Yo no lo busqué. Y la traición… es una palabra grande. Si Leila lo hiciera, tendría que haber una razón muy fuerte. Una mujer no traiciona sin motivo. La perdonaría... sí. Pero la amistad cambiaría para siempre. La confianza es de cristal, no de acero."
Leila asintió con seriedad, entendiendo la profundidad de la respuesta, aunque no la viera como aplicable a su relación.
Shawnee sonrió, una sonrisa tensa.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Qué bonito suena eso, jefa. Ahora para ti, Leila. Si alguien muy cercano, alguien de tu 'familia elegida', cometiera un error grave, un secreto que te pudiera destruir. ¿Lo guardarías? ¿O pondrías la verdad por encima de la lealtad?"
La pregunta golpeó el centro de la mesa con la fuerza de una revelación. Mássimo se tensó de nuevo, sus ojos fijos en el rostro de Leila, conteniendo la respiración. Chiara bajó la mirada a su copa, sintiendo el peso de la intuición de Shawnee.
Leila miró a Mássimo, luego a Chiara, y su respuesta fue firme.
Leila dice con acento siciliano, "Un secreto que me pudiera destruir ya está enterrado. Y si alguien de mi familia cometiera un error, yo lo protegería. No porque sea correcto, sino porque el amor no es un contrato, es una defensa. Enfrentaríamos las consecuencias juntos. La lealtad es la armadura."
Shawnee dice con acento sinaloense, "Demasiado romántico, jefa. Pero un día esa lealtad te va a quemar."
Karlo intervino, defendiendo a Leila.
Karlo dice con acento siciliano, "La lealtad nunca quema. Lo que quema es la falta de ella. No seas tan dura, Shawnee."
Shawnee dice con acento sinaloense, "dura no, realista, amor. Es mi turno. Pregunta para Chiara."
Shawnee dice con acento sinaloense, "Chiara, si tuvieras que elegir a una persona en esta mesa para confiarle tu vida, una persona que sabes que podría hundirte por amor a otro. ¿A quién elegirías y por qué?"
Chiara sonrió lentamente, entendiendo el juego de Shawnee. No iba a morder el anzuelo.
Chiara dice con acento siciliano, "Tengo que elegir a una persona que 'podría hundirme por amor a otro'. Es una trampa retórica. Si me amara de verdad, no me hundiría. Y si amara a 'otro' más, la confianza ya estaría rota. Así que no elijo a nadie con una condición tan estúpida. "
Chiara se tomó el chupito de grappa que había quedado pendiente de la ronda anterior y lo bebió con calma, sin inmutarse.
Chiara dice con acento siciliano, "Soy inmune a las trampas de cazador, Shawnee. Tienes que ser más creativa."
Shawnee, que ya iba por su tercer chupito de grappa, sonrió con diversión.
Shawnee dice con acento sinaloense, "La creatividad es para los que no tienen valor. Yo solo voy a la verdad. Pregunta para Leila."
Se inclinó sobre la mesa, buscando la mirada de Leila.
Shawnee dice con acento sinaloense, "¿Si tu mejor amiga, se aprovechara de tu fragilidad para tener ventaja sobre tí, y te quitara a tu pareja, la perdonabas?. "
Leila escuchó la pregunta, y aunque la crudeza del escenario la hizo parpadear, la idea de Chiara traicionándola era tan ajena a su realidad que ni siquiera la consideró como una posibilidad real. Miró a Shawnee, luego a Chiara, y sonrió con una dulzura firme.
Leila dice con acento siciliano, "No. No la perdonaría… y no porque me quitara una pareja. El amor de pareja se acaba, pero la traición es otra cosa. Pero esa pregunta no tiene sentido, Shawnee."
Hizo una pausa, su mirada volviéndose afectuosa hacia Chiara.
Leila dice con acento siciliano, "Chiara es mi hermana de sangre elegida. Ella me ha salvado la vida incontables veces. Ella me sostuvo cuando mi mundo se rompió. Si ella alguna vez me quitara algo, sería porque yo se lo habría dado, y nunca lo usaría para lastimarme. Es imposible. Ella es mi lealtad."
Leila tomó su chupito de grappa y bebió la mitad con calma, no porque mintiera, sino para enfatizar que la premisa era ridícula.
El silencio que siguió a su respuesta no fue por el trago o la conmoción, sino por la absoluta e inquebrantable fe que Leila había depositado en Chiara.
Zoe dice con acento estadounidense, "bueno bueno, ya estuvo girll."
Zoe dice con acento estadounidense, "tus preguntas paresen mas para joder la noche mas que para alegrarla."
Shawnee sonríe divertida, negando con la cabeza.
gianluca dice con acento napolitano, "que nadie te quiera o no sepas lo que es la lealtadd no es culpa de chyara ni de leila, ni de nadie. "
Leila dice con acento siciliano, "Ya, no empezemos a pelear. Yo no tengo problemas en responder, Sé que Chiara me quiere. "
Zoe dice con acento estadounidense, "yea frien, pero sus preguntas están muy fuera de lugar, eso no se puede negar"
Zoe busca la mirada de chyara.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Cálmate napolitano. No es personal contra tu princesa de azúcar. "
gianluca dice con acento napolitano, "pues pareciera. "
Chyara mira a Zoe y al resto de chicos con serenidad.
Chiara sonríe a Zoe y a Gianluca, intentando con un gesto tranquilizador suavizar la aspereza dejada por las preguntas de Shawnee.
Chyara dice con acento siciliano, "Ya dije todo lo que tenía que decir referente al tema, Leila es mia sorellina, y nada ni nadie lo va cambiar. "

Feliz 2026.

Marcco, percibiendo el cambio de humor y mirando el reloj de la torre que se alzaba invisible en la distancia, golpeó suavemente su copa con un tenedor, atrayendo la atención de todos con su calma habitual.
Marcco dice con acento turinés, "Ragazzi. El tiempo es implacable. Y el año está por cambiar."
Marcco se levantó con su copa de vino espumoso en la mano.
Marcco dice con acento turinés, "Dejemos que el juego termine donde debe: antes de medianoche. amore, pon la cuenta regresiva, per favore."
Vittoria asintió, encantada de volver a ser la maestra de ceremonias. Con un toque en su móvil, la música de fondo se apagó y una voz grave comenzó a contar en italiano.
Zoe y Maurizio corrieron a abrazarse. Shawnee se apoyó en Karlo con una sonrisa embriagada. Richi se acercó a Mirabella, con una mezcla de respeto y audacia. Gianluca tomó la mano de Chiara, atrayéndola a su lado.
Mássimo se giró hacia Leila, y ella se deslizó en sus brazos, su cabeza apoyada contra su pecho.
La cuenta regresiva resonó en el jardín: Voz en el altavoz: "Dieci... nove..."
Chiara levantó la mirada hacia Mássimo por encima del hombro de Gianluca. Sus ojos se encontraron. No había palabras. Solo el reconocimiento.
Voz en el altavoz: "Otto... sette..."
Mássimo la miró, un instante de culpa y deseo luchando en sus ojos. Apretó a Leila, intentando anclar su verdad.
Voz en el altavoz: "Sei... cinque..."
Gianluca le susurró algo al oído a Chiara, haciéndola reír, rompiendo la tensión. Ella se giró hacia él, devolviéndole la sonrisa.
Voz en el altavoz: "Quattro... tre..."
Leila alzó su copa, su mirada brillante de esperanza, ajena al drama que se cocinaba bajo la superficie.
Voz en el altavoz: "Due... uno..."
Marcco y Vittoria se abrazaron con amor. Vittoria lo besó enamorada y apasionada, cellando su promesa de un futuro juntos.
El aire estalló. Luces de bengala, aplausos, gritos, el sonido húmedo de las copas chocando.
Voz en el altavoz: "FELICE ANNO NUOVO! 2026!"
Mássimo se inclinó y besó a Leila. No fue un beso de pasión, sino de promesa. De estabilidad. De amor profundo.
Mássimo dice con acento turinés, "Felice Anno Nuovo, piccolina. Solo nosotros."
Leila respondió con una sonrisa radiante.
Leila dice con acento siciliano, "Felice Anno Nuovo, cioccolato mio."
Chiara besó a Gianluca con efusividad, su boca sonriendo, sus ojos brillantes por la grappa y la adrenalina.
Chiara dice con acento siciliano, "Felice Anno Nuovo, acuarela"
Pero en el caos de la celebración, Mirabella se acercó a Richi, quien la miraba con ojos sinceros.
Mirabella dice con acento ferrarés, en voz baja, "Felice Anno Nuovo, Richi. Gracias por el baile."
Richi, sorprendido, se sonrojó.
Richi dice con acento mexiquense, "Feliz año, Bella. Eres.... increíble."
El jardín era un remolino de abrazos y buenos deseos. Mássimo soltó a Leila por un segundo para recibir un abrazo de Vittoria y Marcco.
Maurizio cargó a Zoe.
Zoe se parte de risa.
Maurizio dice con acento siciliano, "Sei il megliore regalo de anno nuovo sole mio".
Zoe dice con acento estadounidense, "lo se baby"
Zoe sonríe.
Zoe le sonríe presumida y coqueta, para despues besar su boca ancciosa y desesperada.
Y en ese instante fugaz, Chiara y Mássimo se encontraron cerca. Se abrazaron una fracción de segundo.
Chyara dice con acento siciliano, "Felice anno nuovo. "
Chiara dice con acento siciliano, en un susurro inaudible para los demás, "Y recuerda, no has terminado."
Mássimo solo asintió con un movimiento de cabeza apenas perceptible, su mirada oscura confirmando la sentencia: La culpa no había matado el deseo. El juego continuaría.
El 2026 había llegado. Y con él, un secreto que era más peligroso que cualquier enemigo de Catania.
Larabelle Evans
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Re: La resiliencia de la reina Ferrari

Mensaje por Larabelle Evans »

Lo que no se dice pesa más.

El amanecer después.

La villa Martini despertó sin prisa. No había música, ni copas olvidadas, ni el eco de risas de la noche anterior. Solo el murmullo bajo de la casa retomando su respiración normal: el sonido distante de una cafetera, pasos suaves sobre la madera, el jardín todavía húmedo por el rocío de enero.
Leila fue la primera en bajar. Llevaba el cabello recogido de forma sencilla y un suéter claro que le caía amplio sobre los hombros. Caminaba con una calma distinta a la de semanas atrás: no era fragilidad, era concentración. Se detuvo un momento frente a los ventanales, observando el jardín donde dos noches antes habían celebrado la llegada del año nuevo. No sonrió. Tampoco se entristeció. Solo respiró hondo, como quien cierra una página sin arrancarla.
En la cocina, Clarisa terminaba de colocar platos y tazas. El aroma a café recién hecho llenaba el espacio.
Leila dice con acento siciliano, “Buenos días.”
Clarisa levantó la vista y le devolvió la sonrisa.
—Buenos días, signorina. ¿Dormiste bien?
Leila asintió con suavidad.
Leila dice con acento siciliano, “Sí. Bastante bien.”
No era una exageración. Tampoco una confesión profunda. Era verdad, y bastaba.
Mássimo apareció poco después. Vestía ropa cómoda, oscura, el cabello aún húmedo. Sus pasos eran tranquilos, pero su presencia seguía teniendo ese peso silencioso que ordenaba los espacios. Al verla, se detuvo apenas un segundo de más.
Mássimo dice con acento turinés, “Buongiorno.”
Leila se giró hacia él y le sonrió sin reservas. Se acercó y apoyó la frente un instante en su pecho, un gesto íntimo y cotidiano.
Leila dice con acento siciliano, “Buenos días, amore.”
Él la rodeó con un brazo, sin apretarla, solo sosteniéndola. El contacto era real, sincero. Y aun así, algo en su espalda estaba rígido, como si el cuerpo supiera cosas que la voz no iba a decir.
En el piso de arriba, una puerta se cerró con cuidado. Chiara salió al pasillo con una mochila colgada de un hombro. Llevaba el cabello suelto, aún desordenado por el sueño, y una expresión serena que no alcanzaba a tocarle los ojos. Caminó despacio, evitando hacer ruido, hasta que se cruzó con Gianluca.
Gianluca dice con acento napolitano, “¿Ya despierta tan temprano? Eso no es buena señal.”
Chiara arqueó una ceja y sonrió de lado.
Chiara dice con acento siciliano, “O es buena señal, o es que no quería perder el café.”
Gianluca rió bajo, relajado, sin sospecha alguna. Le pasó un brazo por los hombros mientras avanzaban hacia la escalera.
Gianluca dice con acento napolitano, “Dos días se pasan volando. Parece que llegamos ayer.”
Chiara asintió, mirando hacia abajo.
Chiara dice con acento siciliano, “Sí. Vuelan.”
No dijo nada más. No hacía falta.
Shawnee apareció desde el otro extremo del pasillo, descalza, con una sudadera amplia y el cabello recogido de cualquier manera. Se estiró sin pudor, bostezando.
Shawnee dice con acento sinaloense, “¿Ya es oficialmente día de despedidas o todavía puedo fingir que seguimos de vacaciones?”
Karlo salió detrás de ella, abrochándose la camisa con parsimonia.
Karlo dice con acento siciliano, “Tú nunca finges, Shawnee. Tú decides.”
Ella sonrió, ladeada, y le dio un empujón suave con la cadera.
Shawnee dice con acento sinaloense, “Por eso me quieres.”
En el comedor, Vittoria observaba la escena desde la barra, taza en mano. No intervenía. Miraba. La forma en que su padre se movía, cómo evitaba cruzar ciertas miradas. La naturalidad impecable… demasiado impecable. No frunció el ceño. Solo registró.
Marcco se acercó a ella en silencio.
Marcco dice con acento turinés, “¿Todo bien?”
Vittoria dio un sorbo antes de responder.
Vittoria dice con acento turinés, “Sí. Solo… es raro cuando una casa vuelve a callarse.”
Marcco asintió. Sabía leer esos matices.
En la mesa, todos terminaron reuniéndose poco a poco. No había discursos ni nostalgias exageradas. Se hablaba de horarios, de rutas, de cosas prácticas. La intimidad estaba en lo no dicho, en la forma en que Leila miraba a Chiara con afecto limpio, en cómo Mássimo evitaba quedarse demasiado tiempo en un mismo punto del espacio.
Leila dice con acento siciliano, "El café de Clarisa es el mejor del mundo."
Mássimo asintió, sin dejar de leer un documento que había sacado, aunque solo le prestaba la mitad de su atención.
Mássimo dice con acento turinés, "Es la única cosa que apruebo de que estemos levantados tan pronto."
Vittoria se rió entre dientes.
Vittoria dice con acento turinés, "Papá, son las nueve de la mañana. No es tan temprano."
Shawnee bostezó, estirando los brazos.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Para nosotros, sí lo es. En Catania no hay hora de levantarse, hay hora de la necesidad."
Karlo le dio un toque suave en el brazo.
Karlo dice con acento siciliano, "Y la necesidad de ella es dormir."
Gianluca bebió de su café, mirando a Richi.
Gianluca dice con acento napolitano, "Richi, tu baile de anoche con Mirabella fue épico. ¿Lograste algo?"
Richi se atragantó ligeramente con el pan tostado, sonrojándose hasta las orejas.
Richi dice con acento mexiquense, "¡No seas chismoso, Nápoles! Ella es súper reservada. Apenas si hablamos."
Chiara, sentada al lado de Gianluca, tomó un trozo de fruta.
Chiara dice con acento siciliano, "Mirabella es como la villa, elegante y silenciosa. Tienes que ser paciente, ragazzo."
Leila miró la silla vacía donde había estado Mirabella.
Leila dice con acento siciliano, "Sí, fue una pena que se tuviera que ir tan pronto. Es muy agradable."
Mássimo, finalmente, bajó el documento, su mirada se encontró con la de Leila, luego con la de Chiara. Se tomó un momento para responder.
Mássimo dice con acento turinés, "Tenía compromisos familiares en Ferrara. Pero la tendremos aquí más a menudo."
Zoe, que estaba concentrada en su plato de panqueques, levantó la cabeza.
Zoe dice con acento estadounidense, "La pintora era cool. Aunque demasiado callada para mi gusto."
Milenka sonrió con suavidad, acariciando la mano de Zoe.
Milenka dice con acento granadino, "No todos tenemos que ser un tornado, Zoe. Hay belleza en la calma."
Chiara levantó la mirada hacia Milenka, una chispa de interés en sus ojos verdes. La española había sido la más callada de todos, pero había una serenidad en ella que a Chiara, el volcán de Catania, le resultaba fascinante.
Chiara dice con acento siciliano, "Tienes razón. La calma… es más peligrosa, a veces."
Mássimo y Chiara cruzaron una mirada fugaz. La verdad de esa afirmación flotó entre ellos como un gas invisible.
Leila no notó la tensión. Estaba concentrada en organizar la partida.
Leila dice con acento siciliano, "¿Están listos para volver? El camino es largo, y no quiero que les agarre la noche."
Gianluca suspiró, recostándose en su silla.
Gianluca dice con acento napolitano, "Ya no quiero irme. ¿No podemos quedarnos a vivir todos aquí?"
Vittoria rió.
Vittoria dice con acento turinés, "Si te quedas, te pongo a trabajar en el archivo. El orden te sentará bien."
Gianluca hizo un gesto de horror.
Gianluca dice con acento napolitano, "Prefiero el caos de Catania."
Leila sonrió con nostalgia.
Leila dice con acento siciliano, "Yo también. Pero Turín se siente como un refugio, un lugar donde puedo respirar sin el peso del pasado."
Mássimo apretó su mano bajo la mesa. Un acto simple de amor. Y de un complejo anclaje a la realidad.
Mássimo dice con acento turinés, "Siempre lo será, piccolina."
El día avanzaba.
Y aunque nadie lo nombraba, todos sentían que algo se estaba cerrando… mientras otra cosa, invisible, comenzaba a tensarse por dentro.

Preparativos que no pesan igual.

El resto de la mañana se deslizó con una normalidad casi engañosa.
Las maletas empezaron a aparecer en el vestíbulo como animales dormidos, alineadas contra la pared de piedra. No había prisa, pero tampoco dilación: cada quien se movía con la eficacia que dan los viajes repetidos y las despedidas conocidas. El sonido de cierres, ruedas arrastrándose suavemente, puertas que se abrían y se cerraban con cuidado, llenó la casa sin perturbarla.
Chiara subió a su habitación después del café. Cerró la puerta tras de sí y se apoyó un segundo contra la madera. No cerró los ojos. No suspiró. Simplemente se quedó ahí, contando mentalmente hasta cinco, como hacía antes de entrar a una reunión difícil.
Luego fue hacia el armario.
Eligió la ropa con precisión: funcional, sobria, sin concesiones al dramatismo. Cada prenda doblada era un gesto de control. El vestido esmeralda quedó colgado al fondo, protegido por una funda. No lo tocó. No lo miró más de lo necesario.
Gianluca entró sin llamar, arrastrando su propia mochila.
Gianluca dice con acento napolitano, “¿Ya casi? Karlo dice que si no salimos antes del mediodía, el tráfico nos va a castigar.”
Chiara cerró la maleta y se sentó en el borde de la cama.
Chiara dice con acento siciliano, “Cinco minutos.”
Gianluca asintió y se quedó observándola, ladeando la cabeza.
Gianluca dice con acento napolitano, “Estás rara desde ayer.”
Ella alzó la vista, tranquila.
Chiara dice con acento siciliano, “Estoy cansada.”
Él aceptó la respuesta sin hurgar. Se acercó, apoyó las manos en sus rodillas.
Gianluca dice con acento napolitano, “Fue intenso, sí. Pero bien. Leila se ve… más ligera.”
Chiara sostuvo la mirada un segundo más de lo habitual.
Chiara dice con acento siciliano, “Sí. Se merece eso.”
Gianluca sonrió, satisfecho, y salió de la habitación.
Cuando la puerta volvió a cerrarse, Chiara terminó de empacar sin detenerse. No había temblores en sus manos. El temblor estaba más adentro.
En el despacho, Mássimo firmaba documentos con la ventana abierta. El aire frío de enero entraba sin pedir permiso. Vittoria estaba sentada frente a él, revisando una tablet.
Vittoria dice con acento turinés, el cargamento de armas llega esta tarde.
Mássimo asintió, concentrado.
Mássimo dice con acento turinés, “Bien. Menos exposición.”
Hubo un silencio breve. Vittoria levantó la vista.
Vittoria dice con acento turinés, “Chiara está distinta.”
No fue una acusación. Fue una observación.
Mássimo no dejó de escribir.
Mássimo dice con acento turinés, “Chiara siempre está distinta.”
Vittoria lo miró con atención. Demasiada.
Vittoria dice con acento turinés, “Sí. Pero no así.”
Vittoria dice con acento turinés, sin levantar la vista de la tablet, "El despacho huele a grappa fuerte. Y a un perfume muy floral. ¿Estuviste bebiendo a las once de la mañana, padre?"
Él terminó la firma, cerró la carpeta y recién entonces alzó la mirada hacia su hija.
Mássimo dice con acento turinés, “Vittoria.”
Solo su nombre. Nada más.
Vittoria suspiró, cerró la tablet y la dejó sobre la mesa. Su voz, aunque baja, llevaba el peso de una experiencia amarga.
Vittoria dice con acento turinés, "No te lo digo como tu hija, papá. Te lo digo como alguien que ya pasó por eso. Y lo perdió todo."
Mássimo se reclinó en la silla, observándola, el control cediendo apenas ante la seriedad de su tono.
Mássimo dice con acento turinés, "No sé a qué te refieres, *figlia*."
Vittoria dice con acento turinés, "Sí lo sabes. Me refiero a Chiara, a ese ‘fuego’ que sientes que tienes que ‘explorar’. Huele a ella aquí, papá. Y tú no tubiste suficiente en esos siete minutos."
Su mirada era directa, sin juicio, pero llena de advertencia.
Vittoria dice con acento turinés, "Marcco se fue. Y se fue no porque lo que hice fuera imperdonable, sino porque rompí la única cosa que él valoraba: la verdad que habíamos construido. Yo lo engañé, no por amor, sino por miedo, por inmadurez, por buscar adrenalina fuera del puerto seguro."
Hizo una pausa, dejando que la confesión flotara entre ellos.
Vittoria dice con acento turinés, "Tú tienes un puerto seguro, papá. Es Leila. Después de todo lo que pasó, ella regresó a ti, más fuerte, más real. Ella te ve. Y te ama de una forma que nadie más lo hará. Te dio su lealtad cuando su vida entera estaba en ruinas. ¿Vas a ser tú quien la destruya por un minuto de locura?"
Mássimo apartó la mirada, incapaz de sostener la de ella. Un músculo se tensó en su mandíbula.
Mássimo dice con acento turinés, con voz grave, "No estoy en tu situación, Vittoria. Y esto no se trata de lo que tú y Marcco vivieron."
Vittoria se levantó, acercándose a la mesa.
Vittoria dice con acento turinés, "Claro que se trata de eso. Los errores son diferentes, pero las consecuencias son las mismas. La traición quema al que la recibe, pero consume al que la comete. A mí me costó un año de oscuridad recuperarlo. Y la culpa no se va, papá. Se queda."
Se inclinó ligeramente sobre el escritorio, su tono volviéndose una súplica suave.
Vittoria dice con acento turinés, "No le falles a Leila. Ella está volviendo a la vida por ti, a tu lado. Si la pierdes, no la vas a recuperar, porque lo que ella va a perder no es solo un hombre, sino la fe en que puede ser amada sin condiciones. Por favor, papá. No me obligues a verte cometer el mismo error que yo."
Mássimo cerró los ojos por un instante, asimilando el golpe.
Mássimo dice con acento turinés, un susurro ronco, "Lo sé. Y no va a pasar. Está bajo control."
Vittoria negó con la cabeza, suavemente.
Vittoria dice con acento turinés, "Nada con Chiara está ‘bajo control’. Y si tienes que decírtelo, es porque ya no lo está. Mantente ocupado. Mantente a su lado. Y por el amor de Dios, no te quedes a solas con ella."
Luego, sin esperar respuesta, se dio la vuelta y salió del despacho, dejando a Mássimo solo con el aroma de la grappa, el perfume floral de Chiara, y el peso de su propia conciencia.
En el jardín, Shawnee fumaba apoyada en la baranda, envuelta en una chamarra que no era suya. Richi se acercó con dos botellas de agua.
Richi dice con acento mexiquense, “Dicen que el camino va a estar frío.”
Shawnee tomó una sin agradecer, bebió un trago largo.
Shawnee dice con acento sinaloense, “Frío es no saber si alguien te va a disparar. Esto es clima.”
Richi sonrió, acostumbrado a sus extremos.
Richi dice con acento mexiquense, “Extrañaré este lugar.”
Shawnee lo miró de reojo.
Shawnee dice con acento sinaloense, “Sí. Pero Catania es otra cosa.”
Dentro de la casa, Leila supervisaba sin imponerse. Daba indicaciones suaves, abrazaba, sonreía.
Cuando Chiara bajó con la maleta, Leila se le acercó de inmediato y la tomó de las manos.
Leila dice con acento siciliano, “Gracias por venir.”
Chiara le devolvió la sonrisa con honestidad intacta.
Chiara dice con acento siciliano, “Siempre vendré, siempre que tú me necesites.”
Se abrazaron sin prisa. Un abrazo real. Limpio.
El abrazo de Leila fue un ancla, la única verdad inamovible en el caos que Chiara llevaba dentro. La honestidad con la que Leila la miraba —sin juicio, con amor puro— era más dolorosa que cualquier recriminación.
Chiara dice con acento siciliano, con un tono apenas audible, "Eres mi fuerza."
Leila, sin saber la magnitud del secreto que llevaba su amiga, sonrió, tocándole el rostro.
Leila dice con acento siciliano, "Y tú la mía, sorellina."
Esa palabra, sorellina, resonó en la cabeza de Chiara con la fuerza de un rayo. Hermana. Era una traición al lazo de sangre elegida, no solo a la lealtad con Leila, sino a sí misma. Se odió por la forma en que su deseo por Mássimo, ese "accidente ardiente", había desdibujado las líneas que juró nunca cruzar. El fuego del despacho se sentía ahora como ceniza amarga en su boca.
El remordimiento no era una emoción que Chiara soliera visitar, pero esta vez se instaló, frío y pesado, justo debajo de la coraza que era su autocontrol. Se separó de Leila, incapaz de sostener la cercanía por más tiempo sin quebrarse.
El ambiente cambió. La ligereza de la despedida se evaporó. Leila, al soltar a Chiara, recuperó esa severidad silenciosa que la había convertido en la Reina. Su mirada se endureció ligeramente, volviéndose la de la estratega.
Leila dice con acento siciliano, con voz baja que cortaba el aire, "Ahora, hablemos de trabajo, sorellina. Y que sea rápido."
Se alejó unos pasos de la puerta, indicando con un gesto sutil que el pasillo no era lugar para la charla. Ambas caminaron hacia el gran salón, vacío y lleno de luz matutina.
Chiara asintió. La culpa se metió al bolsillo. La lealtad a la Famiglia volvió a tomar el control. Se puso de pie con una rectitud que la hacía parecer más alta. La Vulcaneza de Catania se manifestaba.
Chiara dice con acento siciliano, "El informe final de Karlo está en el maletín. Pero te lo resumo ahora. Los rumores que Alessio hizo circular en el Consiglio han paralizado tres cargamentos mayores. Dos de armas, uno de droga sintética. No están perdidos, están retenidos. Los contactos clave en Palermo y Messina están en pausa, esperando tu movimiento."
Leila se detuvo junto a una ventana, mirando el jardín como si el futuro estuviera escrito en la escarcha.
Leila dice con acento siciliano, "Dame los números, Chiara. Quiero ver el peso exacto de esta parálisis."
Chiara recitó las cifras de memoria, su voz fría y precisa, enumerando pérdidas potenciales y el riesgo real de que Alessio tomara el control de rutas clave.
Chiara dice con acento siciliano, "Si esto sigue así, perdemos un veinticinco por ciento de ingresos netos este mes. Más allá de la pérdida económica, la pérdida de imagen es devastadora. El mensaje es que la Regina está escondida y que Catania es vulnerable."
Leila giró, su expresión dura.
Leila dice con acento siciliano, "No estoy escondida. Estoy preparándome. Y lo saben. El problema es que se acostumbraron a mi fragilidad."
Apretó los puños. La furia que había guardado se encendió de golpe, pero sin hacer ruido.
Leila dice con acento siciliano, "Dile a Karlo que active el plan de contingencia. Las armas y la mercancía se mueven por rutas alternativas, aunque sea el doble de lento. Prefiero lento a quieto. Y a partir de hoy… no hay distracciones."
Sus ojos, fríos y decididos, buscaron los de Chiara.
Leila dice con acento siciliano, "Voy a entrenar más duro. Quiero estar lista. Físicamente, mentalmente… Necesito volver a Catania pronto. Necesito volver a estar al frente para cortar esta mierda de raíz."
Chiara asintió, su rostro era una máscara de apoyo incondicional.
Chiara dice con acento siciliano, "Lo sé. Y yo te ayudaré. No te preocupes por la Famiglia en tu ausencia. Está bajo mi supervisión. Y te prometo que cuando vuelvas, volverás con la fuerza que tenías antes."
El peso de su traición, por un momento, se sintió menos opresivo bajo la armadura de su deber. Proteger a Leila era su penitencia, su única forma de redención.
Leila dio un paso hacia ella, no como amiga, sino como jefa.
Leila dice con acento siciliano, "No te lo estoy pidiendo, Chiara. Te lo estoy ordenando. Que nadie, nadie, se atreva a poner en duda quién soy. Y quien toque a la Famiglia… lo pagará. ¿Entendido?"
Chiara asintió con una reverencia de cabeza.
Chiara dice con acento siciliano, "Capito, Regina."
La jefa de Catania había vuelto, y el primer día del año no sería de descanso, sino de guerra.

El peso del camino.

El gran salón quedó en silencio apenas terminó la conversación.
No fue un silencio incómodo, sino uno denso, cargado de decisiones ya tomadas.
Chiara fue la primera en moverse. Caminó hacia la puerta principal con paso firme, el maletín en la mano, la espalda recta. Cada gesto suyo volvía a estar calibrado. La Vulcaneza había regresado a su eje.
Leila se quedó un segundo más junto a la ventana. Observó cómo el vapor de su aliento empañaba apenas el vidrio frío. Afuera, el jardín parecía suspendido en una calma artificial, como si la villa misma supiera que ese equilibrio duraría poco.
Mássimo apareció en el umbral sin anunciarse.
No dijo nada al principio.
Leila no se giró de inmediato, pero supo que estaba ahí. Lo sabía por el silencio distinto que él traía consigo.
Mássimo dice con acento turinés, “Ya están listos.”
Leila asintió.
Leila dice con acento siciliano, “Sí. Va Bene, no quiero retrasos.”
Se giró entonces. Lo miró de frente. No había reproche en sus ojos. Tampoco sospecha. Solo una firmeza serena que a Mássimo le resultó más difícil de sostener que cualquier acusación.
Leila dice con acento siciliano, Necesito que sigamos entrenando amore. Necesito recuerarme lo antes posible.
Él sostuvo la mirada. Tragó saliva.
Mássimo dice con acento turinés, “Lo estarás.”
No añadió nada más. Sabía que prometer de más sería una traición distinta.
En el exterior, los motores comenzaron a encenderse uno a uno. El sonido grave de los vehículos rompiendo la quietud marcó el inicio real de la despedida.
Gianluca salió primero, hablando por teléfono, gesticulando con energía napolitana.
Gianluca dice con acento napolitano, “Sí, sí, llegamos esta noche. No empieces con dramas.”
Karlo revisaba por última vez el maletero, meticuloso. Shawnee se apoyaba contra uno de los autos, mascando chicle, observando todo con esa mirada suya que parecía no perder detalle aunque fingiera desinterés.
Shawnee dice con acento sinaloense, “Este lugar es demasiado bonito para ser seguro.”
Richi se rió, nervioso.
Richi dice con acento mexiquense, “Eso dicen siempre de los lugares caros.”
Maurizio apareció con Zoe colgada de un brazo, riendo por algo que solo ellos entendían.
Zoe dice con acento estadounidense, “Promete que no me vas a dejar aburrirme en Catania.”
Maurizio dice con acento siciliano, “Eso es imposible.”
Leila bajó los escalones y se detuvo frente al grupo. No levantó la voz. No hizo gestos amplios. No los necesitaba.
Leila dice con acento siciliano, “Viajen juntos. Sin desvíos. Sin improvisaciones. Gianluca, tú lideras.”
Gianluca asintió de inmediato, serio por primera vez en toda la mañana.
Gianluca dice con acento napolitano, “Capito.”
Leila miró a Chiara.
No fue una mirada larga. Fue precisa.
Leila dice con acento siciliano, “Catania es tuya hasta que yo llegue.”
Chiara respondió sin titubeo.
Chiara dice con acento siciliano, “Como siempre.”
Se acercaron y se abrazaron una última vez. Más breve que antes. Más sobrio. No por frialdad, sino por necesidad. Leila no podía permitirse ver la grieta que Chiara llevaba dentro. Y Chiara no podía permitirse dejarla ver.
Mássimo observó desde unos pasos atrás. No intervino. No se acercó. Su lugar, en ese momento, era la distancia correcta.
Vittoria apareció con Marcco a su lado. No dijo nada. Solo abrazó a Chiara con fuerza inesperada.
Vittoria dice con acento turinés, en voz baja, “Cuídate.”
Chiara sostuvo ese abrazo un segundo más de lo socialmente cómodo.
Chiara dice con acento siciliano, “Siempre lo hago.”
Pero ambas sabían que no hablaban solo del viaje.
Las puertas se cerraron. Los motores rugieron. Los autos comenzaron a moverse lentamente por el camino de salida de la villa.
Leila se quedó de pie hasta que el último vehículo desapareció entre los árboles.
Solo entonces exhaló.
Mássimo se acercó por fin. No la tocó de inmediato.
Mássimo dice con acento turinés, “Va a ponerse difícil.”
Leila sonrió apenas. No con alegría. Con determinación.
Leila dice con acento siciliano, “Siempre lo es cuando vale la pena.”
Apoyó la cabeza un instante en su hombro. Un gesto íntimo, breve. Luego se separó.
Leila dice con acento siciliano, “Vamos. Tengo que entrenar.”
Él asintió.
Mientras caminaban de regreso a la casa, ninguno mencionó a Chiara.
Pero el camino hacia Catania ya había comenzado a tensarse, como una cuerda que alguien, en silencio, estaba empezando a estirar demasiado.
Larabelle Evans
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Re: La resiliencia de la reina Ferrari

Mensaje por Larabelle Evans »

Donde el cuerpo empieza a hablar.

Punto de vista: Leila.

Turín seguía siendo un lugar silencioso para Leila.
No por falta de ruido, sino porque ahí el sonido no atacaba. No exigía. No recordaba.
El centro de rehabilitación estaba en un edificio antiguo, restaurado con discreción. Piedra clara, techos altos, olor limpio. Nada que evocara hospitales. Nada que pareciera encierro.
Leila entró al gimnasio de fisioterapia con paso medido. Llevaba ropa cómoda, oscura, el cabello recogido con una pulcritud casi ritual. No era vanidad: era control.
Diana ya estaba ahí.
Romana hasta en la forma de ocupar el espacio. Postura recta, mirada directa, cero solemnidad innecesaria. Tenía una banda elástica colgada del hombro y una tablet bajo el brazo.
Diana dice con acento romano, “Buongiorno, Regina,” —dijo sin ironía—. “¿Cómo amaneció el cuerpo hoy?”
Leila dejó la mochila en el banco, se tomó un segundo antes de responder.
Leila dice con acento siciliano, “Cansado.” —aclaró—. “No débil. Cansado.”
Diana asintió, como si eso confirmara algo.
Diana dice con acento romano, “Perfecto. El cansancio es honesto. La debilidad suele mentir.”
Le señaló la colchoneta.
Diana dice con acento romano, “Empezamos abajo. Hoy quiero ver cómo responde tu centro.”
Leila se arrodilló con cuidado. El contacto con el suelo todavía le generaba una tensión mínima, imperceptible para cualquiera que no fuera ella… o Diana.
—“Respirá primero,” —indicó la fisioterapeuta—. “No te muevas aún.”
Leila obedeció. Inspiró. El aire entró bien, pero no profundo. Había una resistencia leve, como si el pecho negociara cada centímetro.
—“Otra vez,” —dijo Diana—. “Y esta vez soltá los hombros. No estás en guardia.”
Leila exhaló más lento.
Leila dice con acento siciliano, “No sé cómo no estarlo.”
Diana no corrigió eso. Se limitó a ajustar la banda alrededor de su torso, firme pero sin apretar.
Diana dice con acento romano, “El cuerpo no sabe de cargos ni de historias,” —explicó—. “Sabe de peligro o de seguridad. Hoy vamos a enseñarle lo segundo.”
Comenzaron con movimientos básicos. Balanceos lentos de cadera, activación del abdomen profundo, carga controlada sobre manos y rodillas.
Al principio todo fluía.
El cuerpo de Leila respondía con precisión. Fuerte. Presente. Casi elegante en su disciplina.
“Muy bien,” —dijo Diana—.
Diana dice con acento romano, “Pero no te adelantes al movimiento. No le ordenes. Escuchalo.”
Leila apretó la mandíbula.
Leila dice con acento siciliano, “No confío en él.”
Diana se agachó a su altura.
Diana dice con acento romano, “No te estoy pidiendo confianza. Solo atención.”
Pasaron a un ejercicio de apoyo unilateral. Diana colocó su mano cerca del omóplato de Leila, sin tocarla aún.
Diana dice con acento romano, “Cuando levantes la pierna, el peso va a querer huir. Dejalo. No lo persigas.”
Leila levantó la pierna. Y ahí ocurrió. No fue una imagen clara. No fue un recuerdo con forma. Fue una sensación abrupta, casi violenta. El suelo se volvió demasiado real. La presión en las manos demasiado intensa. El aire, de pronto, insuficiente. El pulso se disparó sin permiso.
Leila dice con acento siciliano, “Diana…” —la voz de Leila salió más baja—. “Algo no está bien.”
Diana reaccionó de inmediato.
Diana dice con acento romano, “Fermati. Ya.”
Leila intentó sostener la postura. Orgullo. Costumbre.
Leila dice con acento siciliano, “Puedo—”
Dianda dice con acento Romano, “No,” —la cortó, firme—. “Bajá.”
Leila obedeció. Se sentó sobre los talones, respirando rápido.
Diana se colocó frente a ella, al mismo nivel.
Diana dice con acento siciliano, “Miráme.”
Leila levantó la vista. Sus ojos estaban alertas, pero no perdidos.
Diana dice con acento romano, “¿Dónde lo sentís?” —preguntó Diana.
Leila dice con acento siciliano, “En el pecho. Y en las manos.”
Diana dice con acento romano, “Bien. Eso es información, no una amenaza.”
Le indicó apoyar la espalda contra la pared. Pies firmes en el suelo.
diana dice con acento romano, “Decime cinco cosas que sentís con los pies.”
Leila cerró los ojos un instante. Luego habló.
Leila dice con acento siciliano, “Frío.” “La textura del tapete.” “Presión en los talones.” “El peso de mis piernas.” “El suelo… sosteniéndome.”
Diana dice con acento romano, “Eso,” —dijo Diana—. “Eso es volver.”
El ritmo bajó poco a poco. No desapareció de golpe. Nunca lo hacía.
Cuando la respiración se estabilizó, Diana se sentó frente a ella.
“No fue una crisis,” —aclaró—.
Diana dice con acento romano, “Fue una respuesta traumática leve. Tu cuerpo empezó a soltar control.”
Leila soltó una risa breve, sin humor.
Leila dice con acento siciliano, “Qué inconveniente.”
—“Mucho,” —concedió Diana—. “Pero también necesario.”
Le colocó de nuevo la banda elástica, esta vez cruzándole el torso y los brazos.
Diana dice con acento romano, “Esto da contención. Le dice al sistema nervioso que no estás cayendo.”
Leila respiró con la banda apretando suavemente.
Leila dice con acento siciliano, “Odio esto.”
—“Claro que sí,” —respondió Diana—. “Porque no lo podés dominar.”
El resto de la sesión cambió de tono. Nada de fuerza. Nada de exigencia. Estiramientos largos, presión profunda en zonas seguras, respiración guiada con contacto constante.
Diana dice con acento romano, “Tu cuerpo fue forzado a anestesiarse durante demasiado tiempo,” —dijo Diana mientras ajustaba una postura—.
Diana dice con acento romano, “Ahora siente todo de golpe. Eso cansa. Eso asusta.”
Leila tragó saliva.
Leila dice con acento siciliano, “No quiero volver a sentir así.”
Diana no suavizó la respuesta.
Diana dice con acento romano, “No se trata de querer. Se trata de atravesar sin romperte.”
Al final, Leila quedó sentada, apoyada contra la pared. Sudada. Exhausta. Presente.
Leila dice con acento siciliano, “¿Esto va a seguir pasando?” —preguntó.
Diana la miró con honestidad romana.
Diana dice con acento romano, “Sí. A veces. Sobre todo ahora que estás más fuerte. El cuerpo se anima cuando cree que sobrevivís.”
Leila asintió en silencio.
Cuando salió del gimnasio, no estaba derrotada. Tampoco aliviada. Estaba… expuesta. Y eso, para alguien como ella, era el verdadero trabajo.
La recuperación no era volver a ser la de antes. Era aprender a habitar un cuerpo que ya no podía mentirle. Y eso apenas comenzaba.

El cuerpo recuerda antes que la mente.


La villa estaba en silencio cuando Leila regresó. No el silencio decorativo de los lugares grandes, sino uno más íntimo, casi clínico. La luz de la tarde entraba oblicua por los ventanales, y el aire olía a madera limpia y a té recién hecho.
Nuria ya la esperaba en el salón pequeño, el que no tenía armas ni mapas, solo dos sillones bajos, una alfombra gruesa y una lámpara cálida. Nada invasivo. Nada ceremonial.
Leila dejó el abrigo con cuidado y se sentó sin que se lo pidieran. El cuerpo aún le vibraba por la fisioterapia de la mañana: músculos despiertos, dolor limpio, cansancio honesto.
Nuria la observó unos segundos antes de hablar.
Nuria dice con acento madrileño, Antes de que hablemos de nada… dime una cosa sencilla. ¿Dónde sientes ahora mismo tu cuerpo?
Leila parpadeó, sorprendida por la pregunta.
Leila dice con acento siciliano, En las piernas. Pesadas… pero firmes. Y aquí. —se tocó el pecho—. Como si el aire entrara más profundo.
Nuria asintió, satisfecha.
Nuria dice con acento madrileño, Eso es buena señal. No disociación. Estás presente. Vamos a trabajar desde ahí.
Se inclinó un poco hacia delante, sin invadir.
Nuria dice con acento madrileño, Hoy no vamos a forzar recuerdos. Vamos a observar reacciones. Tu cuerpo aprendió cosas para sobrevivir. No vamos a pelear con eso, ¿vale?
Leila cruzó las manos sobre el regazo. Sus dedos estaban firmes. Antes temblaban más.
Leila dice con acento siciliano, Mi cuerpo me traicionó muchas veces.
Nuria negó suavemente.
Nuria dice con acento madrileño, No. Tu cuerpo te salvó. Lo que pasa es que ahora sigue usando estrategias antiguas en un entorno nuevo.
Se levantó despacio y colocó una silla frente a Leila, a poca distancia.
Nuria dice con acento madrileño, Vamos a hacer terapia somática. Muy simple. Si algo se activa, me lo dices. Si no quieres seguir, paramos. Tú mandas.
Leila sostuvo su mirada. No había condescendencia ahí. Solo método.
Leila dice con acento siciliano, Continúa.
Nuria apoyó ambos pies en el suelo.
Nuria dice con acento madrileño, Quiero que presiones los pies contra el suelo. No fuerte. Solo… notar el contacto.
Leila obedeció. El mármol estaba frío. Real.
Nuria dice con acento madrileño, Ahora, dime qué pasa en tu estómago cuando lo haces.
Leila cerró los ojos un segundo.
Leila dice con acento siciliano, Se… afloja. Como si dejara de esperar un golpe.
Nuria anotó mentalmente.
Nuria dice con acento madrileño, Bien. Eso es tu sistema nervioso bajando la alerta. Vamos a asociar esa sensación con seguridad real, no con drogas.
La palabra cayó sin dramatismo. Heroína. No como juicio, sino como dato clínico.
Leila abrió los ojos.
Leila dice con acento siciliano, Cuando mi cuerpo la pide… no es placer. Es silencio.
Nuria asintió con una gravedad tranquila.
Nuria dice con acento madrileño, Exacto. Y eso es importante. No eras adicta al placer. Eras adicta a no sentir. A apagar.
Se inclinó un poco más.
Nuria dice con acento madrileño, Tu cerebro aprendió que la heroína era una solución rápida para salir del horror. No fue una elección moral. Fue neurobiología en emergencia.
Leila tragó saliva. Esa explicación le quitaba peso… y a la vez responsabilidad.
Leila dice con acento siciliano, ¿Entonces por qué sigo sintiendo culpa?
Nuria sonrió apenas.
Nuria dice con acento madrileño, Porque eres consiente ahora. Y la culpa aparece cuando el control vuelve. Es señal de recuperación, aunque duela.
Hubo un silencio corto. Luego Nuria tomó dos pequeños objetos lisos de la mesa y le dio uno a Leila.
Nuria dice con acento madrileño, Vamos a hacer un pequeño ejercicio de EMDR, muy suave. Nada de escenas completas. Solo fragmentos sensoriales. ¿Te parece?
Leila apretó el objeto entre los dedos.
Leila dice con acento siciliano, Hazlo.
Nuria levantó la mano y comenzó un movimiento lento de izquierda a derecha.
Nuria dice con acento madrileño, Sigue mi mano con la mirada. Y dime… ¿qué imagen viene primero? No la más fuerte. La más cercana.
Leila siguió el movimiento. Su respiración se volvió más superficial.
Leila dice con acento siciliano, Una luz blanca. Demasiado blanca. Y… olor a metal.
Nuria bajó la velocidad.
Nuria dice con acento madrileño, Bien. No entres más. Quédate en el olor. Solo el olor.
Leila respiró hondo. Sus hombros se tensaron… y luego bajaron.
Leila dice con acento siciliano, Ya no es tan intenso.
Nuria detuvo el movimiento.
Nuria dice con acento madrileño, Eso es procesamiento. No reviviste. Integraste. Tu cerebro está archivando sin romperte.
Leila dejó escapar el aire lentamente, como si hubiera estado conteniéndolo desde hacía años.
Leila dice con acento siciliano, Pensé que las crisis ya no volverían.
Nuria negó con suavidad.
Nuria dice con acento madrileño, Van a volver. Algunas. Menos intensas, más cortas. Y cada vez las reconocerás antes. Recuperarse no es volverse invulnerable. Es volverse consciente.
Leila apoyó la espalda en el sillón. No había derrota en su gesto. Había cansancio digno.
Leila dice con acento siciliano, Entonces no estoy fallando.
Nuria sonrió, clara.
Nuria dice con acento madrileño, No. Estás entrenando. Como con el cuerpo. Músculo por músculo. Recuerdo por recuerdo.
Leila asintió despacio. Afuera, la tarde comenzaba a caer.
Nuria tomó el cojín más cercano y lo colocó suavemente sobre las rodillas de Leila.
Nuria dice con acento madrileño, "Vamos a volver un momento a la química, Leila. Y luego a la estrategia."
Leila acarició el cojín, sintiendo la textura. Su mirada, aunque atenta, reflejaba la aversión a la que Nuria se refería.
Leila dice con acento siciliano, "Dime."
Nuria dice con acento madrileño, "La heroína es un opioide. Se une a los receptores opioides en tu cerebro y lo inunda de dopamina. Es una euforia artificial, sí, pero su función primaria en tu caso fue una anestesia emocional masiva. Cuando el dolor era insoportable, el cerebro buscó el silencio. Y lo encontró en una sustancia que imitaba las endorfinas naturales. No fue un defecto de carácter; fue una respuesta extrema a un trauma extremo."
Nuria se tomó un momento para que el concepto se asentara.
Nuria dice con acento madrileño, "Ahora que estás limpia, los receptores están desnudos. Tu cuerpo, al enfrentarse a una situación de alto estrés o una sensación física que asocia con el pasado —como la que sentiste en fisioterapia—, envía la señal de alarma. El cerebro, por inercia, recuerda la solución rápida: el silencio químico. Eso que sientes como 'crisis' o 'antojo' no es más que la vieja programación: es tu cerebro pidiendo la anestesia que funcionó antes."
Leila asintió con lentitud. La explicación, tan clínica, despojaba a la adicción de su carga moral y la convertía en un circuito roto.
Leila dice con acento siciliano, "Cuando viene, es tan rápido. Pienso en el silencio. Y sé que si lo tuviera, todo pararía."
Nuria dice con acento madrileño, "Es la voz de la inercia, no de tu voluntad actual. Lo primero que tienes que hacer es ponerle nombre a esa sensación en el momento. 'Esto es craving', 'Esto es la vieja programación'. No eres tú. Es la química residual."
Se levantó y caminó hacia la ventana, luego regresó. Era un movimiento intencional para modelar el cambio de enfoque.
Nuria dice con acento madrileño, "La estrategia de manejo de crisis se llama Tolerancia de la Angustia. No puedes huir de ella, tienes que cabalgarla. Tienes un límite temporal: el pico de un craving dura, biológicamente, entre 15 y 30 minutos. Tu objetivo no es detenerlo, es sobrevivir a ese lapso sin ceder."
Nuria se sentó de nuevo, su voz bajó a un tono de instrucción práctica.
Nuria dice con acento madrileño, "Tenemos cuatro herramientas, y quiero que las uses al pie de la letra, sin debatir. Se llaman 'distracción', 'autocalmante', 'mejorar el momento' y 'pros y contras'."
Nurio le extendió una hoja con instrucciones a Leila.
Leila la agarró y se concentró en leer.
Estrategia de Manejo de Crisis (Tolerancia de la Angustia)
Fase
Herramienta Clave
Acción Práctica para Leila
Objetivo Terapéutico
1. Anclaje Inmediato
Distracción Radical
Contacto físico intenso que no sea dañino. Ej: Sostener hielo en la palma o muñeca; un golpe suave de frío (agua helada en la cara). Esto obliga al sistema nervioso a enfocarse en una sensación nueva.
Romper la rumiación y la inercia del circuito de recompensa.
2. Contención y Enfoque
Autocalmante Físico
Usar los sentidos de manera segura. Ej: El olor fuerte del café de Clarisa; la textura del mármol; música muy rítmica, no nostálgica. Esto activa el córtex prefrontal, el cerebro racional.
Bajar la alerta emocional sin recurrir a la anestesia.
3. Reorientación Cognitiva
Pros y Contras
En ese pico de 15 minutos, haz una lista mental o real de los Pros de consumir (silencio) versus los Contras (perder a Mássimo, fallarle a Chiara, volver al infierno). El cerebro debe trabajar.
Reinstalar la lógica de las consecuencias y las metas a largo plazo.
4. Retorno a la Realidad
Mejorar el Momento
Pequeños actos que cambian tu estado de ánimo sin riesgo. Ej: Llamar a alguien (Leila, Mássimo, Vittoria), ver una película corta, hacer un estiramiento forzado.
Crear distancia emocional con el recuerdo traumático y la urgencia.

Leila leyó la tabla, su rostro reflejando concentración.
Leila dice con acento siciliano, "Lo del hielo… lo entiendo. Es un choque de realidad."
Nuria dice con acento madrileño, "Exacto. Le dice al cuerpo: 'Hay un dolor real, pero no es el viejo dolor, y yo lo controlo'."
Nuria se inclinó hacia ella, el tono de su voz bajando a una confianza.
Nuria dice con acento madrileño, "Leila, tú dominas imperios. Dominas hombres que matarían por ti. Pero no dominas tus emociones. Y eso es lo que te destruye. No vamos a pedirte que seas débil, pero sí te vamos a pedir que seas consciente. La fortaleza ahora no es no sentir. La fortaleza es sentirlo todo... y elegir seguir. Cada vez que superes un pico de craving sin ceder, estás reescribiendo la neurobiología de tu cerebro. Estás construyendo una nueva memoria de supervivencia."
Leila cerró los ojos por un instante. Cuando los abrió, el aire había cambiado. Había dureza en ellos, la dureza de la guerrera que encuentra un nuevo campo de batalla.
Leila dice con acento siciliano, "Entendido. El campo de batalla ahora está aquí." —se tocó la sien.
Nuria dice con acento madrileño, "Y yo seré tu mejor estratega. Tienes mi número personal. Si la crisis te supera, me llamas. No importa la hora. La vida es un proceso, Leila. No una meta final. Mañana seguiremos con el entrenamiento. Ahora, descansa. Tu cerebro ha trabajado mucho hoy."
Leila se puso de pie, asimilando la información. La hoja con la estrategia de crisis en su mano no era un manual, era una nueva arma. Se sentía agotada, pero la sensación ya no era de rendición, sino de un trabajo bien hecho.
Leila dice con acento siciliano, "Gracias, Nuria. Por la verdad. Es menos cómoda que el silencio, pero más útil."
Nuria se levantó también, su postura reflejando respeto profesional.
Nuria dice con acento madrileño, "La verdad es lo único que nos hace libres, Leila. Y tú estás volviendo a serlo. Recuerda, estas herramientas las tienes que practicar cuando estás bien, para que funcionen cuando estés mal. Esto no es magia; es neurociencia."
Leila asintió. Se despidieron con un gesto de cabeza, sin abrazos ni efusividades innecesarias.

Un finde tarde especial.

Mássimo esperó a que la puerta de Nuria se cerrara antes de acercarse. Vio el gesto de cansancio en el rostro de Leila, pero también la nueva chispa de concentración en sus ojos. Se sentía culpable, sí, por la mañana de traición en el despacho, pero esa culpa se traducía en una urgencia por reafirmar su ancla, su compromiso.
Mássimo dice con acento turinés, "La guerrera merece un respiro."
Leila se giró y le dedicó una sonrisa auténtica, la que solo él lograba.
Leila dice con acento siciliano, "El descanso es para los débiles. Pero un café tal vez sí."
Mássimo negó con la cabeza, acercándose despacio hasta quedar frente a ella.
Mássimo dice con acento turinés, "No. Olvídate del café. Olvídate de entrenar por dos horas. Y olvídate de Catania por dos horas."
Leila lo miró, intrigada. Había una suavidad inesperada en él.
Mássimo deslizó una mano hacia su mejilla, acariciándola con el pulgar. El contacto era tierno, desprovisto de la urgencia que había compartido con Chiara, pero cargado de una intimidad profunda y conocida.
Mássimo dice con acento turinés, "Hoy solo existimos tú y yo."
La tomó de la mano y la condujo no al despacho, ni al gimnasio, sino a su habitación. La luz era cálida, filtrada por las cortinas. Sobre la cama, la ropa de Leila estaba cuidadosamente dispuesta: un pijama de seda color perla, suave al tacto. Sobre la mesa de noche, una botella de su vino blanco siciliano favorito, ya descorchada, y dos copas delgadas. Y en el baño, el agua caliente corría, lista para un baño de burbujas.
Leila se detuvo en el umbral, genuinamente conmovida. No era un regalo extravagante, era un regalo de tiempo y atención.
Leila dice con acento siciliano, "Mássimo… ¿Qué es todo esto?"
Él se acercó por detrás, rodeándola con los brazos, apoyando su barbilla en el hombro de ella. El traje de negocios había desaparecido, reemplazado por un suéter de lana que olía a él.
Mássimo dice con acento turinés, "Es un recordatorio. Un recordatorio de que tu vida no es solo sobrevivir. Es también disfrutar. Entra. El agua está perfecta."
Leila se deshizo del abrazo, se giró para verlo. La chispa en sus ojos no era la del juego de la noche anterior, sino una más íntima, más peligrosa. No era un desafío; era una invitación.
Leila dice con acento siciliano, con voz baja y ronca, "Gracias por esto, amore. Pero hay algo que el cuerpo de la guerrera todavía teme."
Mássimo frunció el ceño, su mano sobre el hombro de ella.
Mássimo dice con acento turinés, "Dime, piccolina. Lo que sea."
Leila tomó aire y miró el lujoso pijama de seda que él había preparado.
Leila dice con acento siciliano, "Es precioso. Pero no lo necesito. Necesito sentir. Necesito que me veas."
Sus ojos se posaron en las cicatrices que adornaban su piel, apenas visibles bajo el suéter, pero siempre presentes en su mente. Cicatrices de bala, de cirugía, de una vida que se había negado a la perfección.
Leila dice con acento siciliano, "Mi cuerpo no es suave. No es el de antes. Pero está vivo. Y si me quieres aquí... entra conmigo, Mássimo. Necesito que esta noche sea real."
Mássimo se tensó, no por rechazo, sino por el miedo a cruzar una línea que aún sentía que ella no estaba lista para cruzar. Sabía que la intimidad física era un campo minado después de todo lo que había pasado.
Mássimo dice con acento turinés, "Leila... yo no quiero presionarte. Solo si tú estás cien por ciento segura. Podemos solo hablar. O solo beber el vino."
Ella se acercó un paso, deslizando las manos por su pecho. Sus labios se encontraron con los de él, no con la urgencia que él había compartido con Chiara, sino con una promesa firme, lenta.
Leila dice con acento siciliano, en medio del beso, "No me presiona la ternura, amore. Me presiona el silencio. Y yo no quiero más silencios. Quiero que entres en mi piel, en mi alma, en este baño. Conmigo."
El beso se hizo más profundo. La boca de Leila se abrió bajo la suya con una confianza que desarmó el miedo de Mássimo. Su sabor era el suyo: a vino, a su perfume, a hogar. La culpa que sentía se hizo pequeña, diminuta, ante la inmensidad de la mujer que lo besaba, pidiéndole ser vista.
Mássimo cedió.
Mássimo dice con acento turinés, la voz grave, "Solo tú y yo. Y sin apuros. Lo que tú quieras. Siempre."
Leila sonrió, una sonrisa luminosa que disipó la sombra de la mañana.

El ritual de la piel.

Nota.

Contenido sexsual explícito para mayores de edad. Queda bajo su responsabilidad la lectura de esta escena.

Punto de vista: Leila.

Se desvistieron en un silencio cargado de anticipación. Leila se quitó la ropa con una dignidad tranquila, sin prisas. No intentó ocultar su cuerpo. Mássimo, por su parte, se desnudó sin dejar de mirarla, no con lujuria desbordada, sino con una profunda admiración. Vio las cicatrices: las líneas plateadas y tenues que marcaban batallas pasadas. Y no desvió la mirada. En lugar de ello, las encontró bellas, los mapas de su supervivencia.
Mássimo fue el primero en entrar en la bañera, el agua caliente subiendo por su cintura. Luego la ayudó a ella.
Leila se sumergió con un suspiro de alivio. Las burbujas y el vapor envolvieron el espacio en un aura de intimidad irreal. Mássimo se deslizó detrás de ella, atrayéndola para que se apoyara contra su pecho.
El contacto fue inmediato, reconfortante. El cuerpo de Mássimo era duro, firme, un ancla segura. Leila dejó caer la cabeza hacia atrás, sintiendo los latidos constantes de su corazón contra su espalda.
Mássimo no habló. Solo tomó una esponja y, con movimientos lentos y meditados, comenzó a enjabonar la espalda de Leila.
El tacto de la esponja fue tierno. Lento. Con una paciencia que no exigía nada.
Leila cerró los ojos, permitiendo que la ternura la invadiera. El agua caliente se sentía como una caricia. El suave roce de Mássimo la liberaba de la obligación de ser fuerte.
Mássimo deslizó la esponja sobre las cicatrices. Se detuvo en una particularmente larga cerca de su hombro, y en lugar de preguntar, simplemente depositó un beso húmedo y cálido sobre la piel.
Leila sintió un nudo en la garganta que se disolvió.
Leila dice con acento siciliano, en un susurro, "No me tienes miedo."
Mássimo dice con acento turinés, "Le temo a perderte, piccolina. No a tu historia. Esta piel es la que te trajo de vuelta a mí."
Inclinó su rostro y comenzó a besar su nuca, sus hombros, recorriendo la curva de su cuello.
Leila se giró ligeramente para quedar frente a él, las rodillas rozándose bajo el agua. Tomó un poco de espuma y la pasó por el rostro de Mássimo, riendo.
Leila dice con acento siciliano, "Eres demasiado serio."
Mássimo sonrió, el agua goteando por su rostro oscuro. El juego era tierno, casi infantil. Era una forma de reconstruir la inocencia perdida.
Se inclinó para besarla. Un beso húmedo, con sabor a vino y a agua, pero cargado de la verdad de que estaban ahí, juntos.
Las manos de Leila se posaron en el pecho de Mássimo, sintiendo la firmeza de sus pectorales, la línea de vello que bajaba hacia el agua. Se permitió explorar, sentir la fuerza que él representaba.
El juego fue subiendo de tono con una naturalidad hermosa. Mássimo se dedicó a acariciarla, sin prisa. Su mano se movió por la curva de su cintura, por el plano de su vientre, deteniéndose justo donde la intimidad se hacía más real.
Leila se arqueó hacia su tacto. No había presión, pero sí deseo. Un deseo lento, consciente.
Leila dice con acento siciliano, con la respiración entrecortada, "Me siento tan... segura. Y tan viva."
Mássimo entendió que su cuerpo le estaba pidiendo permiso, no solo para el placer, sino para la sanación.
Mássimo dice con acento turinés, "Estás viva, amore. Y eres mía."
Sus dedos comenzaron a explorar, lentos, suaves, haciendo que el cuerpo de Leila se rindiera al placer limpio. El agua caliente amplificaba la sensación, la volvía casi etérea.
El placer en el agua se intensificó. Leila no solo recibía; reclamaba. Su mano, que había estado anclada en el pecho de Mássimo, se deslizó hacia abajo. Buscó la firmeza de su erección, caliente y dura bajo el agua. No fue un toque tentativo, sino una toma de posesión.
Leila dice con acento siciliano, con voz grave, "No te contengas. No conmigo."
Mássimo soltó un gruñido bajo. El toque de sus dedos, firme y sin vacilación, encendió una respuesta salvaje. La culpabilidad se disolvió en el deseo crudo que solo Leila, en su vulnerabilidad y su fuerza, podía provocar.
Él se movió, ajustándose para que sus cuerpos encajaran mejor. Levantó ligeramente una de las piernas de Leila, apoyándola en el borde de la bañera. Esto abrió su cuerpo, exponiéndola, pero también dándole control.
Leila se inclinó hacia él, besándolo con una urgencia que no había sentido en años. El beso era profundo, lleno de agua salpicada y el sabor a verdad. Sus manos exploraban la espalda ancha de Mássimo, sintiendo la tensión de los músculos.
Ella se separó apenas para respirar, sus ojos fijos en los de él, llenos de un fuego recuperado.
Leila dice con acento siciliano, "Quiero sentirte. Duro. Sin miedo."
Mássimo ya no pudo contenerse. La visión de Leila, expuesta y vibrante en el agua, desató al depredador que había estado enjaulado. El autocontrol que había jurado mantener para no presionarla, para no asustarla, se hizo añicos. La tomó con una furia contenida, con la urgencia del adicto que encuentra su dosis. Era el Mássimo de antes del secuestro: violento, ardiente, exigente de placer.
La levantó ligeramente del agua, sin cuidado, y la giró para apoyarla contra el borde de la bañera. Sus bocas se encontraron de nuevo, el beso un relámpago de lujuria.
Mássimo dice con acento turinés, la voz grave y autoritaria, "Abre los ojos, piccolina. Mírame. Quiero ver la verdad en ellos."
Leila obedeció, sus ojos sicilianos ardiendo con una mezcla de sorpresa y un deseo animal que la hizo jadear. La rudeza de su tacto no la asustó; la encendió. Era lo que había estado reprimiendo, la necesidad de un hombre que la dominara, que le recordara que aún era una mujer deseable, no una víctima.
Él la penetró con una embestida profunda, sin pedir permiso, reclamándola.
Leila gimió, el sonido ahogado por el agua y la urgencia. Se aferró a sus hombros, clavando las uñas en su piel. El orgullo de mujer se mezcló con el deseo en una combinación poderosa y lujuriosa.
Leila dice con acento siciliano, con voz ronca, "¡Más! Más fuerte, amore! No me dejes pensar. Hazme sentir que no hay nada más en el mundo."
Mássimo gruñó en respuesta. Los movimientos se hicieron rítmicos y salvajes.
Mássimo dice con acento turinés, con un tono sucio y dominante, "Eres una adicta al control, Regina. Y aquí, yo soy tu amo. Tu piel es mía, tu gemido es mío. Dime que lo quieres. Dime que quieres que te recuerde quién te domina de verdad."
Leila arqueó su cuerpo, respondiendo a la provocación con una entrega total.
Leila dice con acento siciliano, con la respiración entrecortada, "¡Lo quiero! Te quiero dentro, Mássimo. Siente lo mojada que estoy por ti. Lléname. ¡Hazme tuya!"
Él la tomó por la cintura con ambas manos, levantándola y cambiándola de posición con brusquedad. La sentó a horcajadas sobre él, el agua de la bañera salpicando por el movimiento. Ahora Leila estaba arriba, pero él seguía controlando la profundidad y el ritmo con sus caderas.
Mássimo dice con acento turinés, "Así. Mírame desde arriba. Eres la reina de Catania, pero mi polla te hace olvidar tu corona. ¿A quién le perteneces, piccolina?"
Leila dice con acento siciliano, entre jadeos, "A ti. Siempre a ti. Tómame. No pares.
Mássimo gruñó, el placer y la culpa mezclándose en un cóctel explosivo. La tenía justo donde la quería: vibrante, despierta, reclamada. La elevó de nuevo, sacándola del agua por completo, la espalda de Leila golpeando suavemente el mármol frío del borde de la bañera. Sus piernas quedaron atrapadas alrededor de su cintura, la conexión entre ellos era profunda y salvaje.
Mássimo dice con acento turinés, "Ascoltami bene, piccolina. Eres la Regina afuera, en la calle, con esos pobres diablos que te temen. Pero aquí, para mí, eres solo un cuerpo. La mia donna. La que se doblega. La que gime para que il tuo uomo la llene."
La tomó de la barbilla, forzándola a mirarlo a los ojos. El agua resbalaba por la piel de ambos, haciendo que el roce fuera caliente y eléctrico.
Mássimo dice con acento turinés, "¿Quieres que te haga olvidar todo lo que te hicieron? Bene. Olvídate de la anestesia, amore. Yo soy tu dolor y tu placer. Yo soy el único que tiene este derecho. Grita, ¡cazzo! Dime que tu cuerpo no ha sentido esto en meses. Dime que il Martini te está devolviendo la vida."
Leila no se sintió ofendida por la dureza. La verdad en su voz la excitó. Era la liberación que había estado buscando. El trauma había sido silencio y violación. Esto era ruido y reclamación. Esto era elección.
Leila dice con acento siciliano, con un grito ahogado que era más un jadeo, "¡Sí! Tienes razón, Mássimo. Mi cuerpo... ¡estaba muerto! ¡Estaba en silencio! Y tú... tú me lo estás devolviendo. ¡Me siento caliente, me siento sucia, amore! ¡No pares!"
Ella hundió las uñas en su espalda con fuerza, el dolor agudo anclándola al presente. El ritmo se aceleró, desesperado, violento. Mássimo movía sus caderas con una ferocidad que buscaba el olvido, la descarga de la culpa de la mañana y la urgencia de sentir que esta mujer, la que amaba, era suya.
Mássimo tomó su rostro entre sus manos, forzándola a mantener el contacto visual. Su voz retumbó grave, dominante, con ese acento turinés que se hacía más grueso con la pasión.
Mássimo dice con acento turinés, "Sei la mia schiava, piccolina! ¡Aquí dentro eres mi puta! Tu vagina es un nido de vicios, y mi verga es la única cura. ¡Muévete, cazzo! Muéveme ese culo, pero bajo mis reglas."
Leila sintió una descarga eléctrica ante la orden, un desafío que resonó con su propia alma indomable. Sus caderas se agitaron en una lucha silenciosa de voluntades, intentando tomar el control del ritmo, de la profundidad. Ella quería ser la que decidiera cuándo y cómo se rendía.
Leila dice con acento siciliano, con voz ronca y entrecortada, "¡No soy tu esclava, amore! Soy tu Regina, incluso aquí. Tú me quieres mojada, me quieres gritando. ¡Yo decido! ¡Me someto porque quiero, no porque deba! ¡Llámame sucia, stronzo! ¡Pero no me domarás!"
Mássimo gruñó ante el desafío, su lujuria alimentada por la audacia de Leila. Ella no era una víctima, sino una fiera que exigía ser dominada, y él se lo daría. No para romperla, sino para recordarle la inquebrantable intensidad de su conexión.
Mássimo dice con acento turinés, con voz grave y entrecortada, "¿No te someterás, Regina? Bene. Te haré olvidar tu corona. Te haré olvidar el mundo entero."
La tomó de las caderas con una fuerza brutal, dictando el ritmo con embestidas profundas y precisas. No era placer lento; era una necesidad animal. Su boca encontró la de ella en un beso voraz, silenciando su desafío, absorbiendo su aliento. El sonido del agua salpicada por sus movimientos se mezcló con los gemidos ahogados de Leila.
Mássimo dice con acento turinés, en un tono bajo y sucio, justo al separarse de sus labios, "Tu boca está hecha para gemir mi nombre, piccolina. Y tu cuerpo para rendirse a mi polla. No tienes que fingir; yo sé que lo quieres. Y sé que estás cerca."
Sus caderas se movieron con una precisión malvada, golpeando el punto exacto una y otra vez. Leila arqueó la espalda, su control hecho añicos. El placer era demasiado grande, demasiado violento para resistirlo.
Leila dice con acento siciliano, con un grito sofocado, "¡Mássimo… por favor… no pares!"
La furia de Mássimo se tradujo en una última ráfaga de movimientos. Él la sintió convulsionar, su cuerpo apretándose a su alrededor en un clímax explosivo, la espalda golpeando el borde del mármol. El grito de Leila fue una victoria.
Mássimo se detuvo apenas, la miró a los ojos, que ahora estaban desenfocados por el placer. El depredador en él aún no estaba satisfecho.
Mássimo dice con acento turinés, su voz ronca y triunfal, "El primero es mío, Regina. Ahora, vamos por el segundo. Y no terminaré hasta que me lo supliques, de rodillas."
La sacó de la bañera sin delicadeza, la depositó sobre la alfombra suave del baño, el agua escurriendo de sus cuerpos y empapando la tela. Su erección, aún dura y palpitante, se deslizó fuera de ella con un sonido húmedo.
Leila, aún temblando, trató de recuperar el aire, pero él no le dio tiempo. La levantó con brusquedad y la hizo arrodillarse, apoyándola contra la pared de baldosas frías. El contraste entre el calor de su piel y la frialdad del muro era otro anclaje a la realidad brutal que él estaba creando.
Él se colocó detrás de ella, su cuerpo potente presionando contra su espalda, su mano firme en su cabello. La tomó de nuevo, más salvaje, más profundo, sin lubricación, solo con la humedad que el placer anterior había dejado.
Leila gritó, un sonido de sorpresa y excitación al mismo tiempo.
Mássimo no esperó una respuesta. Su penetración por detrás fue una declaración, un recordatorio de que, aunque ella fuera la Reina, él era la fuerza que la reclamaba. El golpe de su pelvis era rítmico y dominante.
Mássimo dice con acento turinés, la voz grave y baja en su oído, "No cierres los ojos. Mírame en el reflejo de ese espejo. Quiero ver la cara que pones cuando te follan sin piedad. Esto no es solo placer, piccolina. Esto es posesión."
Leila se aferró a la pared de baldosas, los músculos de su abdomen tensos por el impacto constante. El dolor limpio y el placer violento se mezclaron, anclándola a esa realidad. Sentía la dureza de Mássimo presionando su cuerpo, el olor de su piel, el sabor del agua salada en su boca. Era una sobrecarga sensorial que la obligaba a vivir en el presente.
Leila dice con acento siciliano, jadeando, "¡Sí… Mássimo… no pares… no pares!"
Él gruñó, complacido por la rendición de su voz, pero no por su sumisión.
Mássimo dice con acento turinés, "¿Parar? ¿Para qué, para que vuelvas a ese silencio de heroína? No. Vas a sentir. Vas a gritar. Vas a mojar el mármol con tu puta humedad hasta que me lo supliques."
Retiró su cuerpo solo para inclinarla más sobre la pared, usando una mano para tomar su cabello con fuerza, obligando su cuello a arquearse. Su boca bajó a la base de su columna, a las curvas de su trasero firme, mordiendo y succionando, dejando una marca roja y urgente.
Mientras la embestía sin piedad, su otra mano descendió, encontrando su clítoris hinchado y sensible por el placer. No fue una caricia suave. Fue un toque firme, preciso, que buscaba la explosión.
Leila gritó, esta vez sin contención, un sonido crudo que el espejo reflejó en el mármol frío. Su cuerpo se sacudió en un espasmo violento y prolongado.
Mássimo sonrió contra su piel. La había hecho suya de nuevo.
Mássimo dice con acento turinés, "Uno. Es todo mío. Ahora voltea."
Mássimo la sacó del baño sin ninguna delicadeza, el agua escurriendo de sus cuerpos sobre la alfombra. El aire frío del exterior del cubículo lo golpeó, pero no logró enfriar el fuego que ardía en su vientre. No había terminado. No podía terminar. La culpa por Chiara y el deseo por Leila se habían fusionado en una necesidad brutal de posesión.
La levantó en sus brazos, su erección aún dura y palpitante, y la llevó a la cama, tirándola sobre la seda perla del edredón.
Mássimo dice con acento turinés, con voz grave y entrecortada, "No te vayas. No te duermas. Esto no es para que te calmes, piccolina. Esto es para que te rompas. Para que el dolor y el placer se mezclen hasta que no sepas quién eres."
Leila estaba exhausta, pero el contacto con el colchón suave fue la chispa que reavivó su deseo. No había miedo en sus ojos, solo un desafío ardiente y una necesidad de más.
Leila dice con acento siciliano, con la voz aún ronca, "Entonces muéstrame. Muéstrame cuánto me deseas. No te contengas, amore. Te lo pido."
Mássimo gruñó, la tomó de una muñeca y la obligó a girarse, a quedar boca abajo. Él se subió sobre su cuerpo, sintiendo el calor de su piel bajo su pecho. El pijama de seda que había preparado, y que había ignorado, fue desterrado de su mente. Ahora solo existía la carne.
Mássimo dice con acento turinés, "Te voy a enseñar quién es el amo en esta cama. Tú no eres una reina aquí. Eres mi puta. Mi esclava. La que gime y suplica por la polla que la va a llenar."
Una de sus manos se deslizó por su espalda, y luego bajó, encontrando el punto sensible de su ano. No fue una caricia. Fue una presión firme, un recordatorio de lo que venía.
Leila jadeó, la sorpresa mezclándose con la excitación. Su cuerpo se tensó, una reacción instintiva al control total de él.
Leila dice con acento siciliano, con voz baja, "Mássimo... ¿qué haces?"
Mássimo dice con acento turinés, "Te castigo, piccolina. Castigo esa boca tuya que me desafía, castigo ese cuerpo que se creía muerto. No puedes domar a un Martini, y ahora lo vas a sentir."
La tomó del cabello con una mano, obligando a su cabeza a levantarse para que pudiera ver su reflejo en el espejo de la pared.
Mássimo dice con acento turinés, "Mírate. Mira esa cara de puta mojada. Y ahora, prepárate para sentir lo que es rendirse de verdad. No voy a parar hasta que llores. No de dolor. De placer y de rendición."
Bajó una mano y tomó un trozo del edredón, lo dobló y se lo puso sobre la boca.
Mássimo dice con acento turinés, "Ahora te callas, perra. El único sonido que quiero escuchar es tu corazón golpeando tu pecho y los golpes de mi verga."
Mássimo no esperó. El edredón se convirtió en un mordaza improvisada, silenciando el grito de sorpresa y la súplica de Leila. Con una ferocidad que lo consumía, comenzó a forzar la entrada anal. Era un dolor limpio, una invasión que no buscaba la ternura, sino la total y absoluta posesión.
Leila gimió contra la tela, sus manos arañando la seda del edredón. Su cuerpo se arqueó, la tensión dolorosa mezclándose con la excitación brutal que solo esa transgresión podía provocar. Su mente estaba en shock, pero su cuerpo, el cuerpo que había sido silenciado por la droga y el trauma, respondía a la fuerza con una rendición inesperada.
Mássimo dijo con acento turinés, con voz grave y baja, cargada de suciedad, "¿Sientes eso, piccolina? Esto es mío. Cada centímetro de tu cuerpo es mi campo de batalla. Vas a sentir el dolor y el placer al mismo tiempo, y vas a saber que solo yo puedo hacerte esto. Eres una puta aterrorizada por el silencio, y yo te doy el ruido. El ruido de mi polla rompiéndote."
La embestida fue profunda, sin contemplaciones, arrancando un gemido ahogado de Leila. La sensación era abrumadora: el dolor del estiramiento, el placer de la prohibición, el fuego de la posesión. Se aferró a la cabecera de la cama, buscando un ancla en la tormenta.
Mássimo dice con acento turinés, con un ritmo despiadado, "No te muevas. No te escapes. Yo marco el ritmo. Tú solo recibes. ¿Quieres acabar, Regina? Bene. Vas a acabar. Vas a acabarte. Tres veces. Y solo después te dejaré ir. Yo soy tu vicio, Leila. Tu droga más fuerte."
Él se movía con una rabia contenida. Su culpa por el encuentro con Chiara se canalizaba en esta posesión violenta. Cada golpe era una auto-flagelación, un intento desesperado de anclar su fidelidad en la carne de la mujer que amaba, de hacer que este acto de lujuria y dominio borrara el recuerdo de la mañana.
Su mano libre se deslizó hacia delante, encontrando su clítoris con una exactitud malvada. La estimulación era constante, sin pausa, forzando un clímax mientras el dolor de la penetración anal la mantenía al límite.
Leila no podía gritar, pero su cuerpo gritaba. Sus piernas temblaban sin control. El placer y el dolor eran tan intensos que su mente se desconectaba, quedando solo la sensación pura. La Reina se había rendido. La mujer que había vuelto de la muerte estaba siendo reclamada por la vida con una ferocidad sin igual.
Mássimo sintió cómo su cuerpo se tensaba bajo su peso, un temblor profundo, el primer orgasmo forzado, violento, que la sacudió. Se detuvo apenas un segundo, observando el efecto.
Mássimo dice con acento turinés, con un aliento sucio en su oído, "Uno. Mío. Ahora el segundo. Y este lo vas a suplicar, perra. Vas a suplicar que no te suelte."
Retiró el edredón de su boca.
Mássimo dice con acento turinés, "Dime que quieres que siga. Dime que no puedes más, y solo entonces seguiré."
Leila estaba deshecha, jadeando. Sus ojos estaban llenos de lágrimas de placer y agotamiento.
Leila dice con acento siciliano, con la voz rota, "¡Mássimo… por favor… no pares\! ¡Lo quiero… quiero el segundo…! ¡Llévame… a donde no pueda volver…!"
Él sonrió, un destello de triunfo salvaje. Su culpa se calmó, temporalmente, ante la intensidad de la rendición de ella. Este era su hogar. Esta era su mujer. Y nadie, ni siquiera Chiara, podría quitársela.
Mássimo no esperó más. Sacó su cuerpo de Leila con un movimiento rápido y deliberado. El aire frío sobre la piel mojada y dolorida de ella fue una transición brutal, pero necesaria.
Leila gimió, su cuerpo protestando por la ausencia del peso y la plenitud de Mássimo, pero su mente, aún nublada por la intensidad, no se centró en la incomodidad, sino en la anticipación. Intentó girarse, buscar a su hombre, pero él se lo impidió con una mano firme en su hombro.
Mássimo dijo con acento turinés, con voz controlada pero jadeante, "No. Quédate ahí. Yo vuelvo a ti."
Se levantó de la cama, buscando en la mesita de noche con un movimiento eficiente, casi clínico. Abrió el cajón, el leve sonido del papel despegándose del blister resonando en el silencio de la habitación. Era un gesto de control, un ancla de sanidad en medio del caos lujurioso que acababa de desatar.
Se colocó el condón sin prisa, su mirada oscura y ardiente fija en la espalda de Leila, en las curvas de su trasero firme, el rastro de la posesión anterior aún húmedo. La visión de ella, rendida y expuesta, solo amplificó el hambre que sentía.
Leila, sintiendo la pausa, el cambio de plan, se permitió un momento de recuperación. Su corazón latía a un ritmo frenético, y el dolor en su cuerpo se mezclaba con una conciencia deliciosa de que estaba viva, terriblemente viva. La dominación de Mássimo no la había asustado; la había reclamado.
Mássimo regresó a la cama, colocándose a horcajadas sobre su cuerpo, distribuyendo su peso. Esta vez no buscó la humillación, sino la conexión. Su mano encontró la de Leila, entrelazando sus dedos con los de ella, y la besó en el hombro, justo en la línea de una de sus cicatrices.
Mássimo dice con acento turinés, con una voz que era una mezcla de ternura y promesa, "Ya has sentido el castigo, piccolina. Ahora siente el placer. El placer que te devuelve la vida."
Retiró la tela mojada que había usado como mordaza improvisada, y en lugar de humillarla, le besó la boca con una dulzura firme, limpiando las lágrimas de placer con sus labios.
Mássimo dice con acento turinés, "Ahora, gime mi nombre para mí, amore."
Deslizó su erección, ahora protegida, buscando la entrada de su vagina. Esta vez no fue una embestida. Fue una entrada lenta, cuidadosa, que se sentía como un regreso a casa después de una larga tormenta.
Leila arqueó su espalda, buscando la profundidad, acogiendo su cuerpo. El placer era diferente: más suave, más consciente, pero infinitamente más íntimo.
Leila dice con acento siciliano, con voz ronca y entrecortada, "Sí… Mássimo… vuelve a mí… te quiero aquí dentro."
Mássimo comenzó a moverse, el ritmo un baile de cadera que buscaba el éxtasis mutuo, no la dominación. Sentía el cuerpo de Leila respondiendo, la humedad abrazando su carne, el calor interno que lo hacía olvidar el mundo.
Mássimo dice con acento turinés, gimiendo contra su cabello, "No te contengas, amore. Dame todo tu fuego. Dame el resto de tu vida."
Leila, finalmente liberada de la necesidad de rendirse o luchar, se concentró en la sensación. Sentía la plenitud de él, la fuerza que se movía dentro de ella, el latido compartido que los unía.
Leila dice con acento siciliano, con un gemido largo y sostenido, "Te amo, Mássimo… te amo… eres todo lo que necesito."
El clímax llegó a Leila como una ola, más dulce y profunda que los anteriores, una liberación total que no era una rendición al miedo, sino al amor. Sus piernas se apretaron alrededor de su cintura, sus uñas ya no arañando, sino aferrándose.
Mássimo sintió la oleada final de Leila y soltó un rugido bajo. Él también se entregó, la culpa y el deseo disueltos en el placer crudo. El cuerpo de la mujer que amaba era su ancla, su cura, su única verdad.
Mássimo dice con acento turinés, en un grito ahogado de placer, "¡Leila\! ¡Mía\! ¡Siempre mía\!"
Se dejó caer sobre ella, el peso de su cuerpo una declaración de posesión, no de dominio. Sus respiraciones se mezclaron en el aire cálido de la habitación.
El segundo encuentro, el que buscaba el placer mutuo, fue el verdadero final. La culpa de Mássimo se había anestesiado. La Reina de Catania había vuelto a sentir.
Larabelle Evans
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Re: La resiliencia de la reina Ferrari

Mensaje por Larabelle Evans »

La Reina se levanta: Turín se convierte en estrategia.

Punto de vista: Leila.

Leila se sentó en el ventanal de su habitación, el sol de la mañana de Turín entrando con una luz clara y sin compromisos. Habían pasado dos días desde la noche intensa con Mássimo. Días de entrenamientos rigurosos con Diana, sesiones terapéuticas con Nuria, y una intimidad con su prometido que había sido a la vez curación y ancla. El placer había anestesiado la culpa de Mássimo, y la había anclado a ella en una realidad innegable: su vida no estaba en los escombros. Estaba ahí, a su lado.
Sostenía el teléfono en la mano, un objeto inerte. La última conversación con Chiara resonaba con una claridad punzante. "El que se mueve primero, pierde." Ella había dado esa orden, pero ahora, la inmovilidad se sentía como un lujo que Catania no podía permitirse. El ataque en San Cristoforo y Librino no era un golpe de gracia, era un test de paciencia. Y si la Regina fallaba el examen, la Famiglia se desintegraría.
Leila no se permitió el sentimentalismo. La mujer que había compartido el baño y la cama con Mássimo era una, pero la que tomaba decisiones era otra. Se levantó y caminó hacia el escritorio.
Sobre la superficie de madera pulida, dos documentos competían por su atención: el informe de Karlo sobre el desgaste en el puerto y la estrategia de Tolerancia de la Angustia de Nuria. Irónicamente, ambas eran estrategias de supervivencia.
Tomó el informe de Karlo. No había grandes titulares, solo números fríos y nombres conocidos.
"El que se mueve primero, pierde." La frase de Leila se había cumplido. Al pagar el almacén de San Cristoforo, Chiara había evitado una pérdida material inmediata, sí. Pero la táctica de sacrificar el taller de Librino era un movimiento arriesgado. Mostraba fuerza al aceptar una pérdida, pero creaba enemigos a largo plazo.
Leila cerró los ojos un instante. La estrategia de Catania siempre había sido la predictibilidad. Romper esa predictibilidad, aunque fuera en nombre del control, era darle a Alessio el tipo de caos que él deseaba.
Leila dice con acento siciliano, Necesito volver. Necesito volver a ser el Etna. Inmóvil, pero letal si se despertaba.

La Decisión: El Retorno Inminente.


Se acercó al espejo, observando su reflejo. El cuerpo estaba más firme, pero las cicatrices eran visibles, y la palidez de Turín aún no había sido reemplazada por el sol de Sicilia. Sabía que no estaba lista para una pelea cuerpo a cuerpo. Su mente, sin embargo, estaba clara. Y una Regina no necesita fuerza física para imponerse; necesita autoridad.
Marcó el número de Chiara.
Leila dice con acento siciliano, "Necesito un resumen que no sea de números."
Chiara atiende de inmediato, su voz tensa por el estrés.
Chiara dice con acento siciliano, "El Consiglio está agitado. El mensaje es claro: si no das la cara, no te temen. Pietro, Russo, Greco… todos están listos para negociar con Palermo si sienten que no hay un centro."
Leila dice con acento siciliano, "¿Y la aduana de Messina?"
Chiara dice con acento siciliano, "El desvío a Trapani funciona, pero está doblando el costo de distribución. No es sostenible a largo plazo."
Leila se permitió un respiro profundo.
Leila dice con acento siciliano, "Mándame el informe sobre Alessio. El que rastrea sus movimientos, no sus palabras."
Chiara dice con acento siciliano, "Lleva tres días en Palermo. No ha viajado. Está esperando. Quiere que vengas y que lo hagas mal."
Leila sonrió, una sonrisa fría, sin humor.
Leila dice con acento siciliano, "Ya no voy a esperar. Voy a darle lo que espera."
Chiara guardó silencio. No preguntó. Esperó la orden.
Leila dice con acento siciliano, "Habla con Karlo. Necesito que el viaje sea organizado en dos etapas. La primera, legal, hasta Roma. La segunda, discreta, de Roma a Catania."
Chiara dice con acento siciliano, "¿Cuándo?"
Leila dice con acento siciliano, "Mañana por la tarde. Quiero llegar a Catania pasado mañana, antes de medianoche. No le digas a nadie la hora exacta."

La Conversación con el Ancla.


Mássimo entró en la habitación minutos después. Había escuchado la última parte de la conversación. Su rostro era de preocupación, no de ira.
Mássimo dice con acento turinés, "¿Mañana?"
Leila asintió, su voz suave, pero su mirada firme.
Leila dice con acento siciliano, "Necesito volver, amore. Alessio está usando mi ausencia como arma. No podemos permitirlo."
Él se acercó y la tomó de la cintura, atrayéndola.
Mássimo dice con acento turinés, "Tu cuerpo no está al cien por cien. Diana dijo que necesitas al menos dos semanas más de terapia de impacto."
Leila se apoyó en su pecho, un gesto de intimidad que no debilitaba su resolución.
Leila dice con acento siciliano, "Mi cuerpo ya no puede esperar a mi mente. Mi mente está lista. La terapia de impacto ahora será Catania. Voy a usar mi debilidad como arma."
Mássimo la miró con escepticismo.
Mássimo dice con acento turinés, "¿Qué significa eso? ¿Vas a dejar que te vean frágil?"
Leila levantó la barbilla, la Regina volviendo a emerger.
Leila dice con acento siciliano, "No frágil. Humana. Mi vulnerabilidad es la única cosa que Alessio no puede replicar. Él es un fantasma, una sombra de la vieja Mafia. Yo soy la mujer que volvió de la muerte por amor. Eso es autoridad que él no tiene."
Mássimo apretó su abrazo. La culpabilidad de la noche del despacho se había ido, reemplazada por el miedo genuino de perderla.
Mássimo dice con acento turinés, con voz grave, "No voy a detenerte. Sé que es inútil, y sé que es necesario. Catania te necesita, y tú necesitas a Catania. Chiara es una leona, sí, pero no es la Regina."
La soltó solo para tomarle el rostro entre las manos, obligándola a sostener su mirada. Sus ojos oscuros estaban llenos de amor y de una ansiedad apenas contenida.
Mássimo dice con acento turinés, "Pero no vas sola. Yo te llevaré. Vittoria se queda aquí para asegurar las rutas de Turín, pero yo me encargo de llevarte hasta la Pescheria si es necesario."
Leila sonrió, conmovida por la declaración.
Leila dice con acento siciliano, "No es necesario que vengas, amore. Tienes demasiado que perder si te expones ahí."
Mássimo negó con la cabeza con firmeza.
Mássimo dice con acento turinés, "No es negociable. Necesitas un Martini a tu lado. No solo como hombre, sino como escudo. Alessio debe ver que no estás sola y que Torino responde por ti. Además," —su voz se suavizó un poco, volviéndose más íntima—, "tengo que asegurarme de que no uses mi ausencia como excusa para olvidarme."
Ella se rió entre dientes, un sonido genuino que le calentó el alma.
Leila dice con acento siciliano, "Imposible. Eres mi ancla."
Mássimo dice con acento turinés, "Bene. Y no solo iré yo. Me llevaré a tres de mis hombres de confianza. Los Martini se quedarán en Catania a tu servicio, piccolina. No para espiarte, sino para asegurar tu perímetro. Son silenciosos, son leales y conocen el significado de una orden."
Hizo una pausa, su pulgar acariciando su mejilla.
Mássimo dice con acento turinés, "No te pido que seas débil, te pido que seas inteligente. Yo voy a ser tu retaguardia. No te separes de mí hasta que estés segura en tu propia cama. Y cuando nos separemos, te juro que si te pasa algo, haré de Catania el infierno personal de Alessio."
Leila cerró los ojos por un instante, absorbiendo esa promesa de lealtad y protección. Era una carga, pero una que la fortalecía.
Leila dice con acento siciliano, "Está bien. Vamos juntos."
Mássimo la besó, un beso largo y profundo que selló el pacto. Era un beso de despedida de su refugio en Turín y de bienvenida al campo de batalla.
Mássimo dice con acento turinés, "Ahora, terminemos de empacar. Y dile a Karlo que prepare un itinerario donde mis hombres puedan asegurar los puntos ciegos de la ruta."
Leila asintió, su mente ya en la logística de la guerra. La Regina se preparaba para el regreso, y no iría sola.
Larabelle Evans
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Re: La resiliencia de la reina Ferrari

Mensaje por Larabelle Evans »

Donde el cuerpo hace su regreso.

Punto de vista: Leila.

La noche siciliana cayó sobre Catania como un manto denso y sin estrellas. La discreta caravana de Mássimo, reducida a dos autos blindados, se detuvo ante el portón de hierro forjado de la Villa Ferrari. No era la opulenta fortaleza de Turín, sino una antigua finca con historia, rodeada de muros de piedra volcánica que, a la luz de los faros, parecían huesos gigantescos.
Leila bajó del auto antes de que Mássimo pudiera rodearlo para abrirle la puerta. Necesitaba ese gesto de autonomía. Estaba de vuelta.
El olor la golpeó primero. No a salitre, ni a jazmín, sino a una mezcla rancia de piedra fría, tierra mojada y ese aroma inconfundible de casa muy antigua. No era un olor seguro. Era el olor de la infancia bajo asedio.
Se detuvo en el asfalto, justo donde la luz de la luna apenas rompía la oscuridad. Los recuerdos no vinieron como imágenes, sino como sensaciones físicas, como lo había advertido Diana: el cuerpo hablaba antes que la mente.
El aire se hizo denso.
Sintió la tensión en la base de su cráneo, el mismo músculo que se apretaba cuando Matteo, su padre, la obligaba a presenciar ejecuciones o a apretar el gatillo de un arma pesada a los doce años. "Tienes que ser de piedra, Leila. O la vida te hará polvo."
Luego vino el frío, un frío que no era de la noche, sino el helado vacío de una habitación en la villa donde él la había dejado encerrada, hambrienta, para "enseñarle el valor de la lealtad".
Y de pronto, sin transición, el recuerdo se superpuso con el trauma reciente. La sensación de estar atada, la impotencia absoluta, la voz de Gianlorenzo, grave y asquerosa, sus dedos en lugares prohibidos, usando el dolor para forzar la sumisión. La villa se convirtió en la cueva, y los muros de piedra, en las paredes que la habían mantenido cautiva.
Leila se paralizó.
No fue un temblor. Fue una rigidez total. Los pies se le anclaron al suelo. El corazón, que había latido con furia y deseo en Turín, ahora se disparó en una alarma sorda, interna. Su respiración se volvió superficial y entrecortada.
Mássimo se acercó a ella, alarmado por su quietud.
Mássimo dice con acento turinés, "Leila. ¿Qué pasa?"
Ella no respondió. Sus ojos estaban fijos en la puerta, pero no veían la madera pulida. Veían la oscuridad que venía detrás. Estaba a punto de disociar. De abandonarse.
Pero entonces, en medio de la niebla, una voz mental la golpeó: Tolerancia de la Angustia.
No podía huir. Tenía que cabalgar la ola.
Leila se obligó a recordar la tabla de Nuria.
La voz de Gianlorenzo resonó un instante, prometiendo el silencio de la heroína, la paz del olvido.
Pero otro rostro se superpuso: el rostro de Mássimo, el rostro de Chiara, el rostro de su Famiglia. El costo de ceder no era el dolor. El costo era la traición a su supervivencia.
Se giró hacia Mássimo, sus ojos aún brillantes por la batalla interna, pero ya no perdidos.
Leila dice con acento siciliano, con voz ronca y entrecortada, "Estoy bien. Solo… la memoria."
Mássimo, sintiendo la tensión en sus manos, la abrazó sin presionarla, solo ofreciéndole su ancla.
Mássimo dice con acento turinés, "No tienes que hacer esto sola, piccolina."
Leila lo apretó un segundo y luego se separó. La batalla había terminado. Ella había ganado el primer asalto. La villa ya no era una prisión. Era un campo de batalla que ella había elegido.
Cruzó el umbral. No como una víctima que regresa, sino como la Regina que reclama su trono de cenizas. El cuerpo le dolía, sí, por el esfuerzo de la lucha mental, pero estaba vivo. Y eso bastaba.
Al cruzar el portón, no entró a una prisión. Entró a un territorio elegido.
En el patio interior, bajo una luz discreta, no había filas ni ceremonias. Solo presencias.
Chiara fue la primera en moverse. Dio un paso firme, rápido, y sin dudar ni un segundo, rodeó a Leila con un abrazo. No fue un saludo formal. Fue un ancla. Un abrazo de reconocimiento mutuo después de la tormenta. Sus cuerpos se unieron sin palabras, la lealtad y el secreto sellándose en ese contacto.
Chiara dice con acento siciliano, en un susurro grave, "Estás en casa."
Leila apretó el abrazo. La adrenalina de la disociación cedió ante el calor familiar.
Leila dice con acento siciliano, "Lo sé, sorellina."
Chiara se separó, sosteniendo el rostro de Leila entre sus manos. Sus ojos verdes esmeralda examinaron cada rasgo, buscando la grieta, pero solo encontrando la determinación. No miró a Mássimo, que permanecía unos pasos atrás, observando el reencuentro con la tensión de quien sabe que no pertenece a ese círculo íntimo.
Leila se separó de Chiara y avanzó hacia el resto de la Famiglia.
Karlo, imperturbable, se acercó primero. No hubo abrazo, solo un gesto de cabeza respetuoso, que significaba más que mil palabras.
Karlo dice con acento siciliano, "Bienvenida, Regina. Todo está listo."
Leila asintió, reconociendo la lealtad silenciosa.
Leila dice con acento siciliano, "Lo sé, Karlo. Nunca dudé."
Zoe, con su habitual torbellino de energía, fue la siguiente en romper la formalidad.
Zoe dice con acento estadounidense, con una exclamación ruidosa: "¡Estás aquí! ¡Sabía que lo harías!" Se lanzó a abrazar a Leila, no como a una jefa, sino como a una hermana mayor, la ligereza de su afecto un bálsamo necesario.
Maurizio se acercó después. Su saludo fue sobrio, un apretón de manos firme y una mirada que prometía lealtad incondicional.
Maurizio dice con acento siciliano, "El tiempo de espera terminó, Regina. Ahora, a trabajar."
Shawnee se limitó a un asentimiento y un leve movimiento de labios que era, para ella, una sonrisa.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Bienvenida al circo. Ahora se pone bueno."
Finalmente, Gianluca. Su efusividad napolitana era genuina, cargada de alivio.
Gianluca dice con acento napolitano, "¡Leila! ¡Grazie a Dio! Nos tenías con el alma en un hilo, sorella." Le dio un abrazo fuerte, balanceándola ligeramente, y ella respondió con una risa breve, liberada.
Richi se acercó y le dió la bienvenida con una sonrisa cálida.
El círculo de lealtad se había cerrado alrededor de la Regina.

Donde las órdenes regresan a su dueña.


La Villa Ferrari cerró sus puertas, pero se abrió al rigor. No con cerrojos, sino con la reimposición de una disciplina largamente esperada. La llegada de la Regina había actuado como un pulso eléctrico, devolviendo el nervio al corazón de la Famiglia.
Mientras Leila cruzaba el corredor central hacia la sala de reuniones principal, el mundo exterior quedaba silenciado. Afuera, Mássimo Martini era el ancla, la fuerza ejecutora que transformaba la tensión en orden. Sus hombres, de Turín, se movían con una eficiencia silenciosa que contrastaba con la locuacidad siciliana.
Mássimo dice con acento turinés, con voz baja pero audible: —Dos turnos de vigilancia. Nadie ingresa sin doble identificación visual. Ningún vehículo se mueve por la noche sin ser notificado a la base.
Los faros de los vehículos se apagaron uno a uno, sumiendo la villa en una penumbra calculada. La seguridad no se basaba en la fuerza bruta, sino en la impecable logística de la Omertà piamontesa.
Dentro, la mesa de reuniones, sobria y de caoba oscura, ya estaba poblada.
Chiara permanecía de pie, con los brazos cruzados sobre su pecho, una postura que reflejaba su tensión interna. Karlo, el estratega silencioso, repasaba informes impresos, sus anotaciones manuscritas en rojo marcando los puntos críticos. Maurizio había dejado su chaqueta, una señal de que la reunión sería extensa, aunque él preferiría estar afuera, en acción. Gianluca observaba la dinámica, su silencio napolitano más elocuente que cualquier palabra. Shawnee, sentada, mantenía la mirada afilada de un halcón, registrando cada expresión.
Leila entró con un paso medido. No buscó el asiento de cabecera; se detuvo junto al borde de la mesa, proyectando una presencia que dominaba el espacio sin necesidad de símbolos.
Leila dice con acento siciliano, con voz que cortaba el aire: —Pónganme al día. Sin rodeos.
Karlo fue el primero en tomar la palabra, su tono preciso y desapasionado.
Karlo dice con acento siciliano: —Catania está contenida. No está estable ni limpia, pero la ofensiva se detuvo. Los remanentes del Consiglio se replegaron tras la reunión en la Pescheria. No hubo represalias frontales inmediatas.
Leila asintió, su mirada fija en el mapa mental que se desplegaba ante sus ojos.
Leila dice con acento siciliano: —¿Demasiado tranquilo para ser verdad?
Karlo dice con acento siciliano: —Exacto. Hay una espera tensa. Una observación activa. Todos esperan el próximo movimiento de Alessio, o el tuyo.
Maurizio intervino, deslizando un documento.
Maurizio dice con acento siciliano: —El problema no es la inercia aquí. Es la acción en Palermo.
El nombre de la ciudad rival cayó con el peso de una amenaza latente.
Maurizio dice con acento siciliano: —Explosión estructural. La constructora de Turi Giammarco, un pilar financiero de Alessio, ha colapsado. Oficialmente, fue negligencia grave y riesgo de seguridad. Extraoficialmente, es un trabajo quirúrgico.
Shawnee levantó la vista, sus ojos se entrecerraron.
Shawnee dice con acento sinaloense: —No fue improvisado. Hubo un trabajo de auditoría previo. Filtraciones a la prensa limpias. Denuncias cruzadas. La financiera se retiró antes de que la Famiglia pudiera interferir. Fue un desangrado por goteo.
Leila frunció el ceño, su mente procesando la implicación.
Leila dice con acento siciliano: —¿Quién dio la orden?
Nadie respondió de inmediato. La pregunta flotaba, cargada de riesgo.
Chiara fue quien sostuvo la mirada de la Regina, su expresión de piedra.
Chiara dice con acento siciliano: —No salió de aquí. No tuvimos tiempo ni recursos para ejecutar un golpe de esa magnitud, tan lejos, y con esa limpieza.
El aire se hizo denso, la lealtad y la verdad luchando por un lugar.
Leila dice con acento siciliano: —¿Entonces? ¿Quién fue tan audaz?
Karlo dijo, articulando la preocupación de todos.
Karlo dice con acento siciliano, Alguien más empujó la ficha. Y lo hizo con acceso. Con información interna sobre las finanzas de Alessio. Y con una sincronización inaudita.
Gianluca, sobrio y serio, añadió:
Gianluca dice con acento napolitano: —No fue caos. Fue una cirugía costosa y perfectamente ejecutada. Es un golpe que no busca territorio, sino el congelamiento de liquidez.
Leila cerró los ojos por un instante, el recuerdo de la orden de Nuria ("Tolerancia de la Angustia") resonando. El cuerpo protestó por la tensión. La mente se negó a ceder.
Leila dice con acento siciliano, volviendo a abrirlos: —Resultados inmediatos.
Maurizio respondió, su voz cargada de cautela:
Maurizio dice con acento siciliano: —Alessio Santoro Ferrari perdió dos pilares clave en Palermo. Su red sigue operando, pero está sangrando. Su liquidez para sobornos y contratos se redujo a la mitad. Y lo sabe.
Leila se enderezó. Su presencia era absoluta.
Leila dice con acento siciliano: —¿Y la Famiglia Ferrari de Catania?
Shawnee fue la más directa, como siempre.
Shawnee dice con acento sinaloense: —Nos beneficiamos indirectamente. Sin haberlo pedido. Alessio está en modo defensivo, obligado a asegurar su base en Palermo. El foco se movió.
Eso fue lo que rompió el protocolo de la reunión.
Leila se incorporó por completo, el tirón en su costado recordándole su vulnerabilidad física. Pero su autoridad era inquebrantable.
Leila dice con acento siciliano: —Nadie opera un golpe de esa magnitud en Sicilia sin que yo lo sepa —dijo, la voz baja y peligrosa—. Y nadie regala golpes que benefician a la Regina.
Chiara dio un paso al frente, asumiendo una postura protectora.
Chiara dice con acento siciliano: —Aún no sabemos quién fue. Pero no actuó de forma hostil contra nosotros.
Leila la miró. Sus ojos no eran de reproche, sino de entendimiento estratégico.
Leila dice con acento siciliano: —Eso no lo convierte en un aliado, sorellina. Lo convierte en una amenaza impredecible. El enemigo de mi enemigo es un mercenario.
Se giró hacia todo el equipo, y la orden final resonó en el despacho.
Leila dice con acento siciliano: —Quiero rastros. Nombres. Movimientos financieros que muestren la mano invisible. Quiero saber quién se atrevió a mover Palermo mientras yo estaba en Turín.
Hizo una pausa, dejando que la verdad se asentara.
Leila dice con acento siciliano: Y quiero saber exactamente qué precio cree que puede cobrar por esta ayuda no solicitada.
Afuera, Mássimo terminó de dar las últimas instrucciones a sus hombres. Cuatro de ellos, los más discretos y leales, se quedarían en la villa. Otros dos se distribuirían en un perímetro ampliado, asegurando rutas y comunicaciones.
Mássimo dice con acento turinés, al jefe de su guardia personal: —No me iré sin dejar el terreno firme. Su seguridad es lo único que me importa.
Dentro, el silencio regresó a la sala. Pero ya no era un silencio vacío. Era el sonido bajo de una guerra que, con el regreso de su Regina, acababa de reanudarse.

Donde la idea deja de ser anónima.

La reunión no se disolvió. Se tensó.
Leila no regresó a su asiento. Permaneció de pie, con las manos apoyadas apenas en el borde de la mesa, como si el mueble fuera lo único que separaba el control del impacto. El murmullo de los informes se había extinguido. Nadie hojeaba papeles. Nadie se movía.
La Regina no levantó la voz. No hizo falta.
Leila dice con acento siciliano, despacio, midiendo cada sílaba, Antes de seguir… quiero el origen. No el resultado. No el beneficio colateral. Quiero saber cuándo nació la idea de asfixiar a Alessio en Palermo.
Karlo intercambió una mirada breve con Maurizio. Gianluca bajó la vista un segundo. Shawnee apoyó los antebrazos en la mesa, alerta. Todos comprendieron lo mismo al mismo tiempo: la pregunta no buscaba culpables, buscaba autoría.
Leila giró apenas el rostro, recorriéndolos uno por uno.
Leila dice con acento siciliano, Alguien aquí pensó Palermo antes de que explotara Palermo. Y quiero escuchar esa voz.
El silencio se volvió incómodo, casi físico. No era miedo. Era cálculo. La diferencia importaba.
Chiara respiró hondo. No dio un paso al frente de inmediato. Primero descruzó los brazos, como quien acepta que ya no hay cobertura posible. Cuando habló, su voz fue firme, pero no desafiante.
Chiara dice con acento siciliano, Fui yo.
La palabra cayó limpia. Sin dramatismo. Sin rodeos.
Leila no reaccionó al instante. Sus ojos permanecieron fijos en Chiara, evaluando no solo la confesión, sino la forma en que había sido entregada. No había orgullo. Tampoco excusas. Solo una aceptación desnuda del peso.
Leila dice con acento siciliano, Explícate.
Chiara asintió una sola vez. Se obligó a ordenar los pensamientos, consciente de que no estaba defendiendo una acción, sino una intención previa.
Chiara dice con acento siciliano, Después de lo que pasó contigo… entendí que Alessio no iba a caer por confrontación directa. No ahora. No mientras todavía pudiera comprar tiempo con dinero.
Karlo levantó la vista, atento. Maurizio frunció el ceño, pero no interrumpió.
Chiara continuó.
Chiara dice con acento siciliano, Mi idea no era una explosión. Era un cerco lento. Auditorías cruzadas, presión judicial, desgaste financiero progresivo en Palermo. Quitarle oxígeno antes de que intentara otra ofensiva contra Catania… o contra ti.
Leila inclinó levemente la cabeza.
Leila dice con acento siciliano, ¿Cuándo?
Chiara respondió sin dudar.
Chiara dice con acento siciliano, Lo pensé hace semanas. Mientras tú aún estabas en recuperación.
La frase no llevaba reproche, pero sí una verdad incómoda: Chiara había pensado sin la Regina en el tablero. No por ambición. Por urgencia.
Chiara prosiguió, ahora con un tono más contenido, casi introspectivo.
Chiara dice con acento siciliano, Sabía que no podía mover nada sin tu aprobación. Por eso no ejecuté nada. Solo recopilé escenarios. Contactos potenciales. Debilidades estructurales. Palermo era una de ellas… no el primer golpe, sino el golpe que obligaría a Alessio a mirar hacia dentro.
Shawnee intervino, sin suavizar el filo.
Shawnee dice con acento sinaloense, Pero alguien más leyó el mismo mapa.
Chiara asintió.
Chiara dice con acento siciliano:, Sí. Alguien con más recursos, más paciencia… y menos necesidad de pedir permiso.
Leila cerró los ojos un instante. No por cansancio. Por contención. El cuerpo volvió a tensarse en ese punto invisible entre las costillas, donde la rabia y la razón se disputaban el mando.
Leila abrió los ojos. La rabia se había filtrado, pero el control era absoluto. Su voz, cuando llegó, era un látigo de seda: suave, pero con una resonancia de acero.
Leila dice con acento siciliano, "Tu análisis fue correcto, sorellina."
Se acercó a Chiara, acortando la distancia hasta que solo los separaba el aire. El resto del equipo contenía la respiración.
Leila dice con acento siciliano, "Alessio busca mi caída, sí, pero no con balas. Busca mi ruina financiera, la fatiga de mi gente. Y tú entendiste que la única forma de detener un ataque invisible es cortando su fuente."
Chiara mantuvo la postura. No esperó elogios.
Leila dice con acento siciliano, "Te agradezco la lealtad de tu intención. Pensar en la seguridad de Catania, incluso cuando yo no estaba aquí para dar la orden, es la prueba de que mi confianza no fue mal depositada."
Leila hizo una pausa, y el tono cambió. La gratitud se evaporó, dejando solo la autoridad pura.
Leila dice con acento siciliano, "Pero la Famiglia tiene una sola cabeza, un solo centro de mando. Y las cabezas solo crecen hasta el cuello."
Su mirada no se quedó en Chiara; recorrió la sala, fijándose en Karlo, Maurizio, Shawnee y Gianluca.
Leila dice con acento siciliano, "Que quede claro, para todos. El plan de Chiara era brillante. Su ejecución por parte de otro nos ha comprado tiempo valioso. Pero su existencia sin mi conocimiento es una falla estructural que no toleraré."
Se giró hacia Chiara, su rostro ahora severo, implacable.
Leila dice con acento siciliano, "Tú eres la Etna. Pero yo soy la lava. Y la lava se mueve solo cuando yo la dirijo. En el futuro, ninguna estrategia de ofensiva —y asfixiar a Alessio en su propia ciudad es una ofensiva— se pondrá en marcha sin mi conocimiento y mi autorización explícita."
Leila se apoyó en la mesa, su presencia dominando la reunión.
Leila dice con acento siciliano, "No lo pido como un acto de vanidad. Lo exijo como un imperativo de supervivencia. Si no hay una única voz de mando, Alessio no luchará contra Catania; luchará contra muchas Catanias. Y divididos, caemos."
Leila se irguió de nuevo, su cuerpo vibrando con la autoridad recobrada.
Leila dice con acento siciliano, "Ahora, volvamos al problema real: Quién fue el audaz mercenario que ejecutó el plan de Chiara, por qué lo hizo con tal precisión, y qué precio espera cobrar por esta ayuda. Ese es el rastro que deben seguir. Y quiero que se siga sin un solo movimiento en falso. ¿Entendido?"
Las respuestas llegaron como una sola voz, grave y unánime.
Chiara dice con acento siciliano, "Entendido."
El resto del equipo asintió en silencio, la lección clara. La Regina había regresado, y la primera orden no era de guerra, sino de control absoluto.
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