Entre sombras, vendetta y el amor.

Aquí se irán publicando las escenas de rol tanto de trama principal, como las que querais publicar los jugadores. Debido a la naturaleza de este foro, si se admite contenido NSFW.
Larabelle Evans
Mensajes: 252
Registrado: Mar Jul 02, 2024 4:52 am

Re: Entre sombras, vendetta y el amor.

Mensaje por Larabelle Evans »

Los herederos de la oscuridad.

Punto de vista: especial Alessio.

El túnel vibraba como si respirara. La humedad corría por las paredes en finas líneas que parecían lágrimas viejas, y el olor a moho, hierro oxidado y agua estancada lo envolvía todo con una pesadez que ni el aire lograba aliviar.
En medio de esa oscuridad, iluminado apenas por un par de lámparas industriales colgadas de cables improvisados, Alessio Santoro-Ferrari observaba el interior de la plataforma rodante que acababan de detener.
Era un hombre joven, atractivo, de estampa elegante incluso en el infierno húmedo de los túneles sicilianos. La sombra le cortaba la mandíbula marcada y resaltaba sus ojos, verdes y helados como un pozo sin fondo.
Él revisaba las cajas… no de mercancía. De niños.
Te acomodas, cierras los ojos y te pones a dormir. Mundo virtual guardado.
Las pequeñas figuras dormidas a la fuerza, sedadas, respiraban lento como si fueran parte del mismo túnel. Cuerpos diminutos. Pestañas mojadas por el llanto. Manos atadas con bridas plásticas.
Su expresión no se movió ni un milímetro.
Alessio dice con acento palermitano, voz suave pero envenenada, "Tirate fora sti cosi… piano. No vogghiu macchi arrèti stasira. O non di stu latu del túnel, quantomeno."
Detrás de él, entre cajas y sombras, se escucharon pasos delicados, casi juguetones. Kenia apareció como una mancha de color en aquel mundo gris. Jeans negros ajustados, cabello recogido en una coleta alta y el rostro maquillado con una perfección casi teatral. Pero lo que más resaltaba eran sus ojos: oscuros, brillantes, con una emoción que no tenía derecho a existir en un sitio así.
Se asomó dentro de la caja, inclinándose como si mirara un escaparate en una boutique.
Uno de los niños gimió, apenas consciente.
Ella sonrió.
Alessio no. Ni siquiera la miró.
Kenia dice con acento mexiquense, "Ay, Alessio… ¿otra vez poniéndote sentimental con la mercancía? No me espantes al personal, ¿eh?"
Alessio dice con acento palermitano, "No me hables de sentimientos, muñeca. Pienso en dinero. Solo dinero… y en el desorden. Y tú ya me estás creando suficiente de eso."
Kenia rodó los ojos, divertida.
Kenia dice con acento mexiquense, "No hagas como que te molesta. Sabes que sin mí, estos niños ni llegan al puerto. Yo soy la que sabe adormecerlos sin matarlos… cosa que tu gente nunca aprendió."
Apareció una risa suave, casi musical, detrás de ellos. Una risa que heló a los trabajadores y provocó que uno dejara caer una caja.
Rebecca Santoro-Ferrari emergió entre las sombras como una figura sacada de un cuento oscuro. Su cabello oscuro recogido en una trenza floja, el rostro impecable, la bata médica manchada en puntos secos que solo alguien muy observador notaría. Su caminar era elegante… demasiado elegante para un túnel. Su sonrisa, un filo.
Rebecca dice con acento siciliano, "Poveri stupidi… si asustano por cada ruído."
Se acercó y tocó la caja donde uno de los niños respiraba, lento y apenas perceptible.
Rebecca inclinó la cabeza, fascinada, observando el movimiento de la caja con cada respiración diminuta.
Rebecca dice con acento siciliano, voz suave como terciopelo, "Están hermosos… cuando están así. Inertes. El niño duerme… pero sus huesos son perfectos. "
Kenia chasqueó la lengua como si fueran amigas de toda la vida.
Kenia dice con acento mexiquense, "Rebecca, ya cállate. Te pones bien creepy, neta. Vamos a lo que venimos."
Rebecca la miró. Y esa sonrisa… siguió ahí.
Rebecca dice con acento siciliano, "Mi piace quannu ti nervusci… mexicana."
Pero regresó a Alessio.
Rebecca dice con acento siciliano, seria de repente, "Spicciamunni. Los guardias dijeron que vieron movimiento en las cámaras del jardín oeste de la mansión Ferrari. La famosa etna, ya se enteró de algo."
Alessio no frunció el ceño. No suspiró. No mostró preocupación. Solo dijo:
Alessio dice con acento palermitano, "Perfetto."
en cambio, la cara de kenia pasó a una molestia notable.
Kenia murmura con acento mexiquense, "maldita perra, deví matarte cuando tuve oportunidad..."
Kenia dice con acento mexiquense, "¿Perfecto? Oye, ese no era el plan. Se supone que lo hacíamos calladitos."
Alessio giró la cabeza. Lento. Preciso. Sus ojos eran puro cálculo.
Alessio dice con acento palermitano, "Si creías que la heroína de niños no iba a venir… eres más ingenua de lo que pareces."
Rebecca soltó una risita encantada, como si le hubieran contado el mejor chisme.
Rebecca dice con acento siciliano, "¿Y quién quiere que esto salga sin sangre? ¿Nosotros? Por favor."
Kenia dice con acento mexiquense, "suponía un rencuentro con esa puta, pero no tan pronto."
rebecca dice con acento siciliano, "Ay, ¿tanto la odias?. "
rebecca dice con acento siciliano, "bueno, que pase lo que tenga que pasar. no seas aburrida mexicana, incluso algun que otro muerto nos sirva. "
Kenia dice con acento mexiquense, "es una perra, es lo que es. y como sea, sigamos con lo nuestro, esto no puede fallar"
Alessio dice con acento palermitano, "vasta, ya cállense, y pongámonos a trabajar. "
Alessio hizo una seña rápida a dos de sus hombres. Estos empujaron la plataforma rodante hacia un extremo del túnel donde otra compuerta metálica esperaba abierta. Detrás… se escuchaba el mar. El túnel conectaba con una salida secreta al puerto.
Alessio dice con acento palermitano, "No los estoy dejando llegar aquí… los estamos mandando afuera."
Kenia lo miró, entendiendo.
Kenia dice con acento mexiquense, "Los vas a mover al barco… antes de que Etna llegue."
Alessio asiente afirmativamente.
Rebecca, emocionada como niña con juguete nuevo, asintió.
Rebecca dice con acento siciliano, "E poi… quand’arrìvando ese mercenario e la mexicána salvaje… no truveranno nenti."
La sonrisa de Alessio se ensanchó, lenta.
Alessio dice con acento palermitano, "No encontrarán nada… excepto la muerte."
Las ruedas de la plataforma rechinaban sobre la piedra húmeda, empujadas por dos hombres que sudaban a pesar del aire frío del subterráneo. El eco del metal chocando contra metal resonaba como un corazón enfermo en el interior del túnel. Del otro lado, el mar rugía con un ritmo lento, casi anestesiado por la madrugada.
Alessio caminaba detrás de la carga con manos en los bolsillos, como si estuviera en un paseo nocturno. La luz amarillenta de las lámparas oscilaba sobre él, dibujando sombras que lo volvían casi espectral.
Desde el extremo opuesto del túnel, se escuchó el taconeo de las botas de Kenia. La mexicana venía leyendo un informe digital en su tablet, con una preocupación que trataba de disimular.
Rebecca no habló. Solo siguió caminando junto a Alessio, casi flotando entre cajas de madera y sombras. Ella observó uno de los cuerpos infantiles que se movían apenas bajo la manta gris. Un pequeño temblor.
Rebecca dice con acento siciliano, "Stu picciriddu sta svegliannu."
El trabajador que empujaba la plataforma palideció. —“¡Dottoressa! ¡Yo no… yo no—”
Rebecca levantó una mano, calmándolo con un gesto suave y siniestro.
Rebecca dice con acento siciliano, "Tranquilo. No te mato… hoy."
Rebecca Sacó una jeringa pequeña del bolsillo interior de su bata. Un líquido claro temblaba en ella. Antes de que el hombre pudiera reaccionar, Rebecca la clavó con rapidez en el cuello del niño. El pequeño gimió. Su respiración se apagó otra vez, profunda como un sueño robado.
Kenia observó la escena con tensión.
Kenia dice con acento mexiquense, "Te dije que ya estaban en el límite. No deberían usar más dosis."
Rebecca ladeó la cabeza.
Rebecca dice con acento siciliano, "Y yo te dije… que esto es mío. Lo vivo, lo muerto, el hueso… todo es mío."
Kenia iba a responder, pero las luces del túnel parpadearon.
Una vez. Dos veces.
Alessio levantó la mirada. Su sonrisa cambió de forma.
Alessio dice con acento palermitano, "Están aquí."
Desde la parte más profunda del túnel, casi indetectable al oído humano, se escuchó un sonido: Una pisada distinta. Ni obrera. Ni apresurada. Ni torpe. Una pisada táctica. De botas pesadas. Entrenadas.
Alessio levantó una mano, automáticamente.
Sus hombres dejaron la plataforma y tomaron posiciones en los costados del túnel. Dos apagaron las lámparas. La penumbra se comió el pasillo. Solo quedaron las luces frías que llegaban desde la salida al mar.
Alessio dio dos pasos hacia adelante. Sus ojos brillaban como un depredador que había esperado este momento.
Alessio dice con acento palermitano, "Rebecca… vete con Kenia a la salida. Mueve a los niños. Ahora."
Kenia miró asia atras con furia contenida, pero acepto. con un asentimiento de cabeza. Aceptó la inprobisada órden. Tenía cuentas pendientes, pero podrían esperar, lo inportante, eraan los niños.
Rebecca dice con acento siciliano, "Camina… muñeca."
La plataforma y los niños desaparecieron tras la compuerta que conducía al mar.
Quedó el túnel vacío, largo, en silencio.

enfrentando a la araña.

Alessio estaba solo en el centro. Las sombras lo envolvían desde todas las direcciones como si lo protegieran.
Y entonces… otra pisada. Más cerca. Más firme.
Desde el fondo de la oscuridad, una voz cortó el silencio. Seca. Entrenada.
Karlo dice con acento siciliano, "Se acabó el juego, vastardos. "
Alessio sonrió, complacido.
Karlo emergió de la sombra. Su silueta era puro músculo y precisión, vestido con ropa oscura táctica que absorbía la poca luz. Llevaba una linterna pequeña montada en el hombro que apenas le iluminaba el camino. Su rostro, marcado por cicatrices que contaban historias de supervivencia, era indescifrable bajo el halo tenue. Detrás de él, Shawnee se movía como una sombra elástica, sus movimientos silenciosos como un felino.
Shawnee dice con acento sinaloense, "No estoy jugando. Es prisa. Queremos a los niños. "
Alessio dice con acento palermitano, "¿Niños? "
Alessio se rió, un sonido roto en el eco del túnel—.
Alessio dice con acento palermitano, "Aquí solo hay ratas. "
Karlo se detuvo. Sus ojos, oscuros y penetrantes, recorrieron el túnel vacío, buscando la plataforma que él y Shawnee vieron. No había nada. Solo el olor a salitre y desesperación.
Karlo dice con acento siciliano, "Sé que están aquí. No me hagas perder el tiempo. "
Alessio levantó las manos, en un gesto de rendición falsa.
Alessio dice con acento palermitano, "no sé de que niños hablan. Io estoy aquí moviendo mi mercancía, como todos lo hacemos alguna vez."
Shawnee se movió con rapidez, desenfundando una pistola con silenciador. El clic metálico fue ruidoso en el silencio del subterráneo.
Alessio suspiró, como si estuviera decepcionado.
Alessio dice con acento palermitano, "Parece que mi reputación me precede, ¿no? Qué lástima. Iba a invitarles un vino antes de que mis hombres los mataran. "
Karlo no preguntó más. Se lanzó hacia adelante, un torrente de furia contenida y disciplina. Alessio no se movió, solo esperó.
El impacto fue brutal. Karlo golpeó con el antebrazo, buscando neutralizar, pero Alessio desvió el golpe con una facilidad sorprendente. A pesar de su traje de diseñador, el joven Santoro-Ferrari luchaba con una habilidad que no se correspondía con su imagen de empresario siciliano.
Alessio dice con acento palermitano, golpeando la barbilla de Karlo con un gancho rápido, "Eres bueno… para ser un perro. "
Karlo se recuperó instantáneamente, su rostro una máscara de concentración. Evitó un segundo golpe y pateó la rodilla de Alessio. El sonido fue un crujido seco. Alessio apenas se inmutó, la adrenalina y la práctica amortiguando el dolor.
Pero la distracción era suficiente.
Karlo se recuperó instantáneamente, su rostro una máscara de concentración. Evitó un segundo golpe y pateó la rodilla de Alessio. El sonido fue un crujido seco. Alessio apenas se inmutó, la adrenalina y la práctica amortiguando el dolor.
Pero la distracción era suficiente.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Muere, cabrón."
Shawnee no esperó a que Karlo terminara su movimiento. Su pistola, equipada con silenciador, escupió tres proyectiles con un thump sordo que el eco del túnel magnificó. No apuntó a Karlo, sino a los soportes metálicos oxidados que Alessio usaba como cobertura parcial.
El primer proyectil impactó el metal con un chispazo azul, el segundo y tercero cortaron los cables de las lámparas improvisadas restantes. La oscuridad fue absoluta, densa, sofocante, solo rota por los fogonazos intermitentes y el olor a pólvora quemada.
El túnel se convirtió en un infierno de sonido y luz. Desde las sombras a los costados, los hombres de Alessio abrieron fuego. Fusiles de asalto con bocas que escupían llamas naranjas y rojas, pintando siluetas fugaces en la penumbra.
Karlo y Shawnee se movieron en una danza macabra de reflejos entrenados. Karlo, bajo el fuego cruzado, rodó hasta un nicho de mantenimiento, devolviendo el fuego con ráfagas cortas y precisas desde su pistola táctica. Cada disparo era un gemido, buscando neutralizar a los tiradores.
Shawnee, por su parte, se movió con agilidad felina hacia la pared opuesta. Sabía que sus disparos silenciosos no podrían competir con la potencia de fuego de los Santoro-Ferrari. Su objetivo no era ganar el intercambio de balas, sino crear una distracción mortal.
Ella arrojó una granada de destello al centro del túnel.
La explosión fue contenida por el subterráneo, pero la luz cegadora y el golpe de aire sordo hicieron que los sicilianos titubearan. Alessio, sin embargo, había previsto esto. Se había movido detrás de una viga gruesa.
Alessio dice con acento palermitano, "Non firmari! Continua!"
El tiroteo se reanudó con una intensidad brutal. Los gemidos y los choques de metal mezclados con el sonido de los proyectiles incrustándose en la piedra y el cuerpo. Un hombre de Alessio cayó con un grito ahogado. Karlo, sintiendo el impulso, avanzó bajo la cortina de fuego.
Alessio emergió de su cobertura. No llevaba un fusil; empuñaba una Beretta plateada con una precisión aterradora. Disparó dos veces, buscando la posición de Karlo por el sonido de sus movimientos.
El primer disparo falló por centímetros. El segundo rozó el hombro de Karlo.
El aire estaba saturado de pólvora y humedad, espeso como humo de incendio atrapado en una caverna. El segundo disparo de Alessio apenas rozó la piel y abrió carne en el hombro de Karlo, quien soltó un gruñido sofocado mientras se replegaba a un hueco entre las piedras.
Shawnee aprovechó el desorden y lanzó otra ráfaga con su pistola equipada, el sonido sordo del silenciador chocando contra la ensordecedora metralla de los fusiles sicilianos. Uno de los hombres de Alessio cayó con un disparo limpio en la sien.
Shawnee dice con acento sinaloense, jadeante, "¡Uno menos, putos!"
Más figuras armadas avanzaron desde un recodo lateral: refuerzos Santoro-Ferrari. Armados con rifles cortos y visores nocturnos.
Shawnee masculló una maldición.
Karlo tensó la mandíbula.
Y entonces… Un estruendo al fondo del túnel. Una puerta metálica abriéndose de golpe.
Una voz femenina retumbó, marcada por un acento siciliano elegante, feroz.
etna dice con acento catanés, gritando, "¡Vamos! ¡MUÉVANSE!"
Las luces tácticas de su escuadrón pintaron el túnel con haces blancos y agresivos. Eran al menos diez hombres armados, entrenados por años para operaciones de limpieza.
Gianluca entró primero detrás de ella, arma en alto, ojos inyectados de rabia.
Maurizio lo siguió como sombra, la mandíbula apretada, el fusil listo.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Ya era hora, cabrones."
Karlo salió de su cobertura lo justo para hacer contacto visual con etna.
Alessio, viendo la avalancha, retrocedió un paso.
Pero no era miedo. Era cálculo.
Alessio dice con acento palermitano, murmurando entre dientes, "‘Nzumma… ora è giochi veri."
Uno de sus hombres se acercó a él. —“Capo, ¿retrocedemos?”
Alessio respondió sin mirarlo:
Alessio dice con acento palermitano, "No retrocedemos. Tenemos el corazón de Etna al frente… y la puerta detrás llena de niños. Necesitamos tiempo. Necesitamos sangre."
3 disparos presisos cortaron el aire y la respiración de algunos precentes, 2 hombres de etna avían caído en tansolo un parpadeo. La figura de kenia apareció entre las hombras con una ajilidad arágnida, como era ella.
Alessio la miraba con reconocimiento y algo sorprendido de que haya regresado.
aprobechando la poca precencia de luz. Aprobechó para tomar posición y hacer 2 disparos kasi serteros, que solo se desviaron de milagro por la brisa marina.
Kenia dice con acento mexiquense, "pero que bonito rencuentro, princesita."
etna esquibó apenas los disparos, reconoció por fin a Kenia.
Kenia dice con acento mexiquense, "espero que no te allas olvidado de mí tan fácil"
Kenia dice con acento mexiquense, "me pondría muy triste"
etna dice con acento catanés, "debía suponerlo. Matteo dejó a su bazura por todo sicilia, y tú entre ella. "
la sonrrisa genuina y ancha de kenia era una contradixión a sus palabras.
Kenia dice con acento mexiquense, "te tardaste mucho em pensar, mi niña."
Kenia dice con acento mexiquense, "pero para tu mala suerte, tengo una amiguíta que quiere jugar con nosotros, la dejas?."
etna dice con acento catanés, "no bine a negociar contigo la vida de esos niños. "
un grito grabe y doloroso se hiso presente, rebecca abía clabado una daga directo al brazo de otro de los hombres de etna, muy serca de gianluca. Los hombres restantes apenas pudieron reaxionar, cuando avía acabado con la vida de su víctima, para con precisión y algo de suerte, otra daga inpactó en el rostro de otro mas.
etna y los hombres restantes no podían detenerse, volvieron a la carga con los disparos intentando contener la situación.
Alessio mira a Kenia y a su hermana.
rebecca ya iva por su terséra víctima, pero los dis paros de etna y gian la obligó a ponerse a cuvierto.
Alessio se lanzó hacia una tubería lateral, abriendo una caja metálica sellada.
Dentro, un detonador improvisado. Un explosivo pequeño. Controlado. Suficiente para derrumbar parte del túnel… justo la parte que estaba entre la plataforma y Etna. Kenia había preparado aquello por si algo fallaba.
Alessio murmuró, con acento palermitano, encendiendo el dispositivo, "Gracias, araña. "
Pero antes de activarlo, una bala pasó rozando su mano. Chocó contra la pared, levantando polvo.
Etna había disparado.
Etna avanzaba como un torbellino con furia contenida. Su rostro era una máscara de hielo. Sus manos, firmes en la pistola. Su mirada, verde cortante, llena de una determinación que Alessio reconoció como peligrosa.
Alessio levantó la vista.
Alessio dice con acento palermitano, "No son tuyos, Etna. Nunca lo fueron."
Gianluca avanzó a su lado, cubriéndola con fuego.
Maurizio coordinó a los hombres, distribuyéndolos para cerrar flancos.
Shawnee disparaba en ráfagas rápidas, gritando insultos entre dientes.
Karlo avanzaba con una precisión demoledora, eliminando uno, dos, tres enemigos.
Pero los hombres de Alessio eran demasiados. Y las posiciones ya estaban preparadas.
Gianluca cubrió, disparando con una furia asesina. Pero la presión era brutal. Por cada hombre que los leales abatían… dos surgían desde recodos del túnel como si estuvieran brotando de la piedra.
Etna respiró profundo. Buscó a Alessio entre el caos. Ahí estaba. A cinco metros. Sonriendo. Con el detonador en la mano.
Etna disparó una vez más.
Alessio se cubrió detrás de una columna de concreto.
La bala reventó un pedazo de piedra justo a su lado. Él salió apenas medio segundo. Suficiente.
Alessio Apretó el detonador.
Un clunk metálico resonó bajo sus pies. Y detrás, hacia la compuerta que llevaba al mar… un rugido sordo. Una explosión contenida. Controlada. Pero devastadora. La tierra tembló. Un tramo del túnel colapsó como si un gigante lo aplastara con la palma. El polvo se elevó como un monstruo gris. Las piedras cayeron. La compuerta quedó bloqueada. Y el pasillo que llevaba a los niños… quedó sellado. Para siempre. O al menos, lo suficiente para que el barco escapara.
Alessio, desde la otra punta del túnel, observó el derrumbe. Sonrió. Como si hubiera ganado una partida de ajedrez.
Y desapareció por una salida lateral.
Larabelle Evans
Mensajes: 252
Registrado: Mar Jul 02, 2024 4:52 am

Re: Entre sombras, vendetta y el amor.

Mensaje por Larabelle Evans »

“Lo que queda cuando cae el túnel”.

Punto de vista: Chiara.

El polvo todavía caía como nieve gris. Era espeso, áspero, se pegaba al sudor y a la sangre como si quisiera formar una segunda piel. Las linternas tácticas apenas lograban atravesar aquella nube densa que convertía todo en fantasmas: siluetas, disparos aislados, tos ahogada.
Etna— permaneció inmóvil solo un segundo, respirando entre el metal y el desastre. Sabía que ese olor no se olvidaba nunca: pólvora mezclada con piedra recién rota… con muerte.
Había perdido hombres.
Niños habían sido arrancados de sus manos.
Y Alessio había ganado.
Gianluca llegó a su lado, cubriéndole la espalda, su voz rasgada.
Gianluca dice con acento napolitano, “Chiara… amore, respira. Respira.”
Ella no lo escuchó al principio. Observaba el montículo de piedra que antes era un pasaje.
Un pasaje que llevaba al mar. A los niños. Al barco. A la derrota.
Chiara murmuró:
Chiara dice con acento siciliano, “Nos los quitaron… enfrente de los ojos. Como si fuéramos principiantes.”
Gianluca apretó su hombro.
Maurizio se acercó, cubierto de polvo, con dos hombres heridos a sus espaldas.
Maurizio dice con acento siciliano, “No podemos seguir avanzando. El túnel es inestable. Si intentamos despejarlo… puede caer todo.”
Ese “todo” incluía a ellos.
Chiara lo sabía. Pero no toleraba perder. Y menos así.
Entonces oyó la voz de Shawnee a lo lejos, entre un gruñido y una carcajada incrédula:
Shawnee dice con acento sinaloense, “¡Pinche cabrón! ¡Nos la jugó bonito!”
Karlo, sangrando del hombro, se apoyaba en una pared chamuscada. Su mirada era ira pura, oscura como el mismo túnel.
Karlo dice con acento siciliano, “Rebecca. Era Rebecca. Vi su sombra justo antes del disparo…”
Shawnee resopló.
Shawnee dice con acento sinaloense, “No fue Rebecca, amorcito. Fue la otra. La arañita mexicana. Esa perra—”
Chiara levantó la mano. Ni un sonido más. La autoridad le brotaba del cuerpo como fuego comprimido.
Chiara dice con acento siciliano, “No vamos a dividirnos. No ahora. No aquí.”
Shawnee abrió la boca, lista para soltar veneno.
Pero Chiara la fulminó con la mirada. Y la mexicana guardó silencio.
Chiara observó el derrumbe con ojos afilados.
Su rostro estaba más pálido de lo normal, pero sus pupilas eran puro cálculo.
Chiara dice con acento siciliano, “El barco salió. Alessio sabía exactamente cuándo llegaríamos. Esto no fue suerte. Alguien dentro de Catania le avisó.”
Maurizio bajó la cabeza.
Sabía lo que eso significaba.
Traición interna. Otra vez.
Gianluca dice con acento napolitano, “Dame diez hombres y rastreo la línea hacia el puerto. El barco no puede haber ido lejos.”
Chiara negó con la cabeza.
Y todos se tensaron.
Chiara dice con acento siciliano, “No vamos detrás del barco.”
Shawnee soltó un bufido.
Shawnee dice con acento sinaloense, “¿Perdón?”
Karlo la miró como si hubiera escuchado mal.
Maurizio frunció el ceño.
Chiara siguió:
Chiara dice con acento siciliano, “No vamos a hacer exactamente lo que Alessio quiere: correr detrás de un barco sin garantías, dejando Catania libre para que la rama Santoro-Ferrari tome posición.”
Silencio absoluto.
Gianluca dice con acento napolitano, “Chiara… son niños.”
Ella cerró los ojos. Solo un segundo.
Lo justo para que la humanidad volviera a sus pupilas.
Luego los abrió, y la Capo regresó.
Chiara dice con acento siciliano, “Lo sé. Pero si dejamos esta ciudad sin control… Alessio ganará algo peor que treinta niños. Ganará el poder. Ganará legitimidad. Ganará el nombre Ferrari.”
Shawnee cruzó los brazos, evaluando.
Karlo asintió lentamente, comprendiendo la lógica brutal.
Maurizio apretó los dientes.
Chiara siguió, su voz firme como mármol:
Chiara dice con acento siciliano, “Vamos a dividir fuerzas. Pero no como él espera.”
Se agachó y recogió un pedazo de metal del suelo.
Lo observó como si fuera un símbolo.
Un recordatorio del monstruo que estaban enfrentando.
Chiara dice con acento siciliano, “Maurizio, refuerza todas las entradas y salidas de Catania. Ningún Santoro-Ferrari entra ni sale sin que yo lo sepa.”
“Gianluca, tú y seis más irán al puerto. No al barco. Al puerto. Quiero saber quién le dio acceso, quién abrió las rutas y qué familia permitió el paso.”
“Karlo, Shawnee… ustedes vienen conmigo.”
Los dos se quedaron rígidos.
Shawnee dice con acento sinaloense, “¿A dónde?”
Chiara clavó los ojos en la oscuridad del túnel colapsado.
Su voz salió baja. Fría. Cargada de una venganza profunda.
Chiara dice con acento siciliano, “A casa. Vamos a la mansión. Si Alessio piensa que puede jugar con el apellido Ferrari… voy a demostrarle lo que ocurre cuando se mete con una casa que no está muerta.”
La tensión se volvió electricidad.
Gianluca trató de hablar.
Gianluca dice con acento napolitano, “Chiara… amore, estás temblando.”
Ella lo miró sin pestañear.
Chiara dice con acento siciliano, “No estoy temblando. Estoy despertando.”
Y se giró hacia las escaleras, guiando al grupo de vuelta hacia la luz, hacia la noche húmeda de Catania, hacia la mansión que esperaba con sus secretos y cámaras activadas.
Shawnee la siguió con una sonrisa feroz.
Karlo, con una furia silenciosa.
Maurizio, con el peso de la responsabilidad.
Gianluca, con el corazón dividido entre protegerla… y detenerla.
Cuando llegaron a la salida del túnel, Chiara se detuvo un instante y respiró el aire fresco que venía del mar.
Sus palabras fueron un susurro. Pero todos las escucharon.
Chiara dice con acento siciliano, “Este no es el fin. Es el inicio de una guerra. Y yo no la voy a perder.”
Y salió a la noche, lista para reclamar Catania.

“La casa que guarda lo que la familia calla”.

Punto de vista: Chiara.

La mansión Ferrari parecía contener la respiración. Las cámaras de seguridad seguían girando de un lado a otro, los focos del jardín parpadeaban con una luz amarillenta, y el aire húmedo de Catania olía a azahar… y a pólvora vieja.
Cuando las camionetas cruzaron el portón, el sonido del motor rebotó en la fachada como si trajeran un trozo de infierno pegado a las llantas.
Lucía salió con rapidez, secándose las manos en el delantal sin darse cuenta. Tenía el ceño fruncido, esa expresión de mujer que ya ha visto demasiado en su vida y sabe reconocer el olor de un desastre antes de que alguien lo cuente.
Gianluca bajó del primer vehículo y la mirada de Lucía se quebró un poco.
—Madonna mia… picciotti, ¿chi vi capitò? —murmuró con acento siciliano, acercándose de inmediato.
Gianluca abrió la boca para hablar, pero el polvo del túnel todavía le raspaba la garganta. Fue Shawnee quien respondió primero, saltando de la parte trasera con la pistola aún aferrada en la mano.
Shawnee dice con acento sinaloense, “Quiten todo lo que estorbe. Vienen heridos. Y feo. “
Karlo bajó detrás, el hombro vendado a medias, la sangre seca marcándole la piel. Su paso era firme, pero su respiración no.
Maurizio salió sosteniendo a uno de los hombres, que apretaba la pierna con un gemido ronco.
Lucía se movió como un rayo.
—¡Alla sala! ¡Sùbito! Traigan acqua calda, garze, alcol! —ordenó con energía, y los guardias corrieron a obedecerle.
La mansión se volvió un torbellino de pasos, voces, órdenes, dolor, respiraciones entrecortadas. En la sala principal improvisaron camillas. El olor a sangre fresca se mezcló con el del mármol frío.
Chiara bajó última. El chaleco táctico todavía puesto. Las manos sucias.
El rostro… demasiado quieto.
Karlo la vio detenerse en el marco de la puerta y, por primera vez, la sujetó por la muñeca sin discutir.
—Chiara… —dijo con acento siciliano, suave y ronco— respira.
Ella negó apenas.
Shawnee, recibiendo primeros auxilios, bufó sin disimular.
Shawnee dice con acento sinaloense, “Pinche cabrón nos tenía un regalito listo, Kenia va con todo, ¿eh? Y ese tal Alessio le sigue el jueguito. “
Karlo la miró serio.
Karlo dice con acento siciliano, No es solo Kenia. Había hombres organizados. Esto no fue improvisato.
Gianluca, con los ojos rojos, pisó fuerte el suelo.
Gianluca dice con acento napolitano, “Ese tunnel era un cazzo di trappola. Nos estaban esperando.
Chiara cerró los ojos, apretando los puños.
Chiara dice con acento siciliano, No quiero que Leila se entere de esto todavía —dijo con firmeza que temblaba por dentro—. No así. No ahora que apenas empieza a respirar.
Shawnee soltó una carcajada seca.
Shawnee dice con acento sinaloense, “Ay, Chiara… mi’ja, no puedes seguir metiéndola en una burbuja. Ya viste lo que pasó cuando le ocultaron lo de Pietro. Se rompió más feo que el túnel ese.
Karlo asintió lentamente.
Karlo dice con acento siciliano, “Lei è la nostra erede. Su puesto es aquí, con noi. Decidiendo. Non possiamo tenerla fuori de todo.
Gianluca respiró hondo.
Gianluca dice con acento napolitano, “Tiene ragione…. Leila no es una bambina. Es Ferrari. Y esto… esto es su guerra también.
Chiara levantó la mirada como si le hubieran desgarrado el pecho.
Chiara dice con acento siciliano, “No lo entienden…. Ella está rota por dentro. ¡Rota! Massimo apenas logró estabilizarla. Nùria dice que necesita calma, seguridad… no más bombas, no más sangre, no más malditos túneles, no más niños perdidos. No puedo… ¡no puedo tirarle esto encima así como está!
Shawnee entrecerró los ojos, pero esta vez sin burla.
Shawnee dice con acento sinaloense, “Mira… yo sé lo que es estar rota. Pero si la tratas como de cristal… la vas a quebrar más. Las fieras se curan peleando, Chiara. No escondiéndolas.
Chiara se quedó muda. Porque dolía. Y porque era verdad.
Lucía apareció con un tazón de agua tibia entre las manos y se detuvo frente al grupo, respirando hondo.
Ese silencio… ese gesto…. Todos conocían ese tipo de gravedad.
—Venite —dijo con acento siciliano, suave—. Ya es tiempo de que sepan ciertas cosas.
Todos la rodearon.
Lucía dejó el tazón en la mesa, se secó las manos y los miró como una madre que está por revelar un pecado familiar.
—Los Santoro-Ferrari —empezó, y solo pronunciar el apellido hizo que varios guardias se persignaran— fueron la rama más antigua del linaje Ferrari. Antes de Matteo… antes de todos ustedes. Pero Matteo… —respiró hondo— los desterró. No quería compartir poder. No confiaba en Tommaso.
Gianluca frunció el ceño.
Gianluca dice con acento napolitano, “Tommaso Santoro… era el padre de Alessio, ¿sí?.
—Sí —respondió Lucía con acento siciliano grave—. Y Alessio creció escuchando que Matteo le quitó lo que por derecho les correspondía. Creció con la herida… y con el odio.
Maurizio se pasó una mano por la cara.
Maurizio dice con acento siciliano, “Entonces… él no solo quiere il traffico. Él quiere la ciudad.
—Quiere il cognome —corrigió Lucía—. Quiere el apellido. Quiere demostrar que los Ferrari que quedaron en Catania… debieron ser ellos.
Shawnee silbó entre dientes.
Shawnee dice con acento sinaloense, “Pues qué bonito gen familiar se cargan, ¿no?.
Karlo no respondió. Se le veía un músculo tensarse en la mandíbula.
Pero Lucía aún no había terminado.
Lucía dice con acento siciliano, “Y no son la única rama —continuó con cautela—. También están i Venturi-Ferrari. Más tranquilitos… menos ambiziosi. Operan en Trapani. Negocios limpios y otros no tanto, pero jamás… jamás tocan il traffico di persone. Ese muchacho… Michele Venturi Ferrari… debe tener veinticinco años ya. No es como Alessio. Tiene la sangre… pero no la oscuridad.
Todos se quedaron en silencio un instante.
Gianluca habló primero.
Gianluca dice con acento napolitano, “¿Leila sabe tutto isto?
Lucía bajó la mirada.
—No —dijo con voz rota—. Matteo decidió que no era necesario que supiera… y nadie lo contradijo. Yo… —sus ojos se humedecieron— yo obedecí. Como todos.
Shawnee soltó una carcajada seca.
Shawnee dice con acento sinaloense, “Pues qué chingados hacemos, ¿eh? ¿Seguimos obedeciendo fantasmas mientras todo se cae a pedazos?
Chiara apretó los dientes.
Estaba pálida. Asustada.
Pero sabía que Shawnee, por insoportable que fuera… tenía razón.
Karlo la miró directo, con una seriedad dura.
Karlo dice con acento siciliano, “Chiara…. Leila tiene que saber. È la nostra capo. Su apellido… su sangue… su casa… están en juego. Y nosotros no possiamo protegerla de tutto.
Chiara tragó saliva.
Su pulso temblaba.
Pero su mirada empezó a afilarse.
Chiara dice con acento siciliano, “No puedo decirle todo. No ahora. Pero… Está bien. Le contaremos una parte. Lo necesario. Porque si esto es solo el principio… La van a buscar a ella.
Shawnee sonrió.
Shawnee dice con acento sinaloense, “Ora sí, princesa…. Se puso buena la cosa.
Y Lucía murmuró, mirando hacia la ventana que daba al jardín oscuro:
Lucía murmura con acento siciliano, “Se puso peligrosa, querrás decir.
Porque cuando un Ferrari se despierta…. Sicilia tiembla.
Y la mansión, como si escuchara, pareció respirar hondo. Como la casa que guarda demasiados secretos…, sabe que están a punto de abrirse.
Larabelle Evans
Mensajes: 252
Registrado: Mar Jul 02, 2024 4:52 am

Re: Entre sombras, vendetta y el amor.

Mensaje por Larabelle Evans »

Fin de año.

Catania despertaba con un cielo pálido, casi invernal, aunque el aire seguía oliendo a sal y a piedra volcánica. El Etna, cubierto de una neblina ligera, observaba en silencio como si también supiera que aquel día no era uno cualquiera.
Las camionetas estaban alineadas frente a la mansión Ferrari.
Motores encendidos. Guardias atentos. Un movimiento contenido, eficiente, sin dramatismo… pero con algo distinto flotando en el ambiente: la decisión consciente de detener la guerra por unas horas.
Chiara salió primera.
Llevaba un abrigo oscuro, el cabello recogido de forma práctica, pero los ojos —verdes, atentos— ya no tenían la rigidez de días atrás. Se detuvo un segundo en el umbral, mirando la casa como si memorizara cada detalle, por si al regresar nada fuera igual.
Chiara dice con acento siciliano, No dejes nada sin revisar. Volvemos en dos días, non di più.
Uno de los hombres asintió.
Gianluca apareció detrás de ella, más relajado de lo habitual. Sonrió al verla tan concentrada.
Gianluca dice con acento napolitano, Es fin de año, Chiara. Por unas horas… possiamo respirare.
Ella lo miró de lado.
Chiara dice con acento siciliano, Respiramos, sí. Pero con los ojos abiertos.
Gianluca rió bajo, acercándose para besarle la sien. Ese gesto sencillo, casi doméstico, valía más que cualquier promesa.
Richi salió cambiado y con una sonrisa radiante.
Richi dice con acento mexiquense, “Pus ya estoy más que puestoo. “
Karlo salió ajustándose los guantes, serio como siempre. Shawnee iba a su lado, con vaqueros, botas y chaqueta corta. No parecía una mujer que se fuera de fiesta, sino alguien que sabía moverse incluso cuando bajaba la guardia.
Shawnee dice con acento sinaloense, Pues yo digo que si no nos damos este respiro, nos vamos a romper antes de tiempo.
Karlo la miró de reojo.
Karlo dice con acento siciliano, Non ti contradigo.
Maurizio cerró la marcha, revisando el teléfono, enviando instrucciones rápidas. Todo estaba cubierto. Demasiado cubierto para un día que pretendían vivir con ligereza.
Antes de subir a la camioneta, Chiara volvió a mirar la casa.
Pensó en Leila.
Pensó en su voz por teléfono cada noche, más firme, más presente.
Chiara dice con acento siciliano, en voz baja,, Resisti ancora un poco. Ya vamos.
Las puertas se cerraron.
Las camionetas avanzaron.
Catania quedó atrás… pero no en pausa.

Autostrada italiana — rumbo a Turín.

La carretera se estiraba como una cinta gris entre colinas frías. El paisaje había cambiado: menos volcán, más niebla; menos mar, más silencio. Dentro de la camioneta principal, el ambiente era extraño… liviano y tenso al mismo tiempo, como si ninguno terminara de creerse que ese viaje no era una retirada ni una huida, sino una pausa elegida.
Chiara iba sentada junto a la ventana. Miraba pasar los túneles sin realmente verlos, el teléfono descansando en su mano.
Había hablado con Leila esa mañana.
Cinco minutos. Nada grave. Nada urgente.
Y aun así, le había quedado ese nudo dulce en el pecho que solo aparece cuando alguien que amas está volviendo a la vida.
Gianluca, al volante, rompió el silencio.
Gianluca dice con acento napolitano, Cuando lleguemos… niente lavoro. Ni una palabra de Catania.
Chiara alzó una ceja.
Chiara dice con acento siciliano, Eso lo dices ahora. A la primera llamada rara, ya estás frunciendo el ceño.
Gianluca sonrió.
Gianluca dice con acento napolitano, Prometto solo fruncirlo un poco.
Richi dice con acento mexiquense, Si tienes que relajarte un chingo wei.
Desde el asiento de atrás, Shawnee estiró las piernas.
Shawnee dice con acento sinaloense, Pues yo sí lo digo claro: voy a comer, beber, reír… y si alguien menciona rutas o cargamentos, le tiro el vino encima.
Maurizio soltó una risa breve.
Maurizio dice con acento siciliano, Eso sí sería un crimen imperdonable.
Karlo, serio pero con la mirada menos dura, intervenía poco. Tenía el teléfono apagado. Un gesto casi simbólico.
Shawnee lo miró de reojo.
Shawnee dice con acento sinaloense, ¿Y tú qué? ¿Milagro de fin de año?
Karlo dice con acento siciliano, No. Solo… necesito estar tranquilo. Aunque sea una noche.
Shawnee no respondió de inmediato. Luego asintió, más sincera de lo habitual.
Shawnee dice con acento sinaloense, Sí. Yo también.
La camioneta siguió avanzando.
Kilómetros dejando atrás una guerra que no se iba, pero que sabía esperar.

Autostrada — Norte de Italia.

El cielo se había vuelto de un gris claro, limpio, de esos que anuncian frío pero no amenaza. La camioneta avanzaba constante, y con cada kilómetro el ambiente dentro se iba soltando, como si el cuerpo entendiera antes que la cabeza que esa vez no iban a pelear.
Gianluca manejaba con una mano firme en el volante y la otra descansando cerca del cambio. Tarareaba algo bajo, una canción napolitana vieja, casi inconsciente.
Desde el asiento del copiloto, Richi estiró el cuello y miró el paisaje.
Richi dice con acento mexiquense, No mames… sí se siente bien diferente por acá, ¿eh? Todo tan… ordenadito.
Shawnee soltó una risa breve desde atrás.
Shawnee dice con acento sinaloense, Bienvenido al primer mundo, compa.
Richi ladeó la cabeza, divertido.
Richi dice con acento mexiquense, Pues mira, mientras haya comida decente y no nos estén balaceando, yo feliz.
Gianluca negó con una sonrisa.
Gianluca dice con acento napolitano, Tú siempre tan profundo, fratè.
Chiara, sentada junto a la ventana, observaba a los tres con una calma extraña. Tenía las piernas cruzadas, los brazos relajados. No estaba vigilando. No estaba anticipando. Eso, para ella, ya era un logro.
Chiara dice con acento siciliano, Leila va a estar contenta de verlos a todos juntos.
Karlo, desde el asiento trasero, respondió sin pensarlo demasiado.
Karlo dice con acento siciliano, Ella necesita esto. Gente. Risas. Vida.
Maurizio asintió.
Maurizio dice con acento siciliano, Y nosotros también.
Por primera vez desde que salieron de Catania, nadie discutió eso.
La camioneta avanzaba entre túneles y tramos abiertos de autopista. El paisaje empezaba a cambiar: menos mar, más montaña, más frío.
Gianluca bajó un poco la velocidad y cambió de carril con calma.
Gianluca dice con acento napolitano, Si todo sigue así, llegamos antes de que oscurezca.
Richi estiró los brazos, tronándose los dedos.
Richi dice con acento mexiquense, Pues ya era hora, porque mis piernas ya no sienten nada, compadre.
Shawnee iba recargada contra la ventana, mirando el paisaje sin realmente verlo. Tenía los audífonos colgados al cuello, pero no escuchaba música.
Shawnee dice con acento sinaloense, Está raro, ¿no? Irnos así… dejando Catania caliente.
Karlo la miró de reojo.
Karlo dice con acento siciliano, Por eso mismo. Si seguimos tensos, vamos a terminar rompiendo algo.
Maurizio, desde atrás, asintió.
Maurizio dice con acento siciliano, Y Leila necesita vernos tranquilos. No como soldados.
Chiara iba en silencio. Miraba el teléfono apagado entre sus manos. Pensaba en Leila. En su voz. En lo poco que le había contado… y en todo lo que aún no.
Chiara dice con acento siciliano, Si algo se mueve en Catania mientras estamos fuera, me avisan de inmediato.
Gianluca respondió sin mirarla.
Gianluca dice con acento napolitano, Sì. Pero hoy… hoy no mandas.
Chiara alzó la vista.
Gianluca la miró apenas, con media sonrisa.
Gianluca dice con acento napolitano, Hoy eres familia. No Etna.
Chiara exhaló despacio. Y no discutió.

Entrada a Turín.

Las luces de Turín aparecieron primero como un resplandor bajo, difuso, reflejado en el parabrisas. Luego, poco a poco, tomaron forma: avenidas amplias, edificios sobrios, el perfil elegante de una ciudad que no grita… observa.
Gianluca redujo la velocidad.
Gianluca dice con acento napolitano, Eccoci. Turín.
Richi se incorporó en el asiento.
Richi dice con acento mexiquense, Órale… sí se siente distinto, ¿eh? Más… fino.
Shawnee sonrió apenas.
Shawnee dice con acento sinaloense, Más caro, querrás decir.
Karlo miró por la ventana, atento, analizando rutas, reflejos, movimientos.
Karlo dice con acento siciliano, Pero tranquilo.
Chiara cerró los ojos un segundo. Cuando los abrió, el peso en el pecho había cambiado. No había desaparecido… pero era distinto.
Chiara dice con acento siciliano, Leila está aquí. Eso ayuda.
La camioneta tomó el último desvío hacia la villa.
Larabelle Evans
Mensajes: 252
Registrado: Mar Jul 02, 2024 4:52 am

Re: Entre sombras, vendetta y el amor.

Mensaje por Larabelle Evans »

El cruce.

El puerto estaba envuelto en una luz gris, opaca, como si el día no terminara de decidirse.
Las camionetas se detuvieron en fila, una detrás de la otra, frente al acceso del ferry. Los motores se apagaron casi al mismo tiempo. El silencio que quedó fue breve, roto enseguida por el sonido metálico de puertas abriéndose.
Chiara fue la primera en bajar.
Llevaba el abrigo cerrado hasta el cuello, el maletín colgado del hombro, el paso firme. Se acercó a la ventanilla del primer vehículo y habló con el conductor sin rodeos.
Chiara dice con acento siciliano, “Son dos autos. Ida directa. Aquí.”
Pagó en efectivo. Sin regatear. Sin comentarios.
El conductor asintió, acostumbrado a no hacer preguntas, y comenzó a dar indicaciones al resto.
Gianluca estiró la espalda al bajar, mirando el ferry con una mezcla de cansancio y alivio.
Gianluca dice con acento napolitano, “Ya con esto siento que estamos de regreso en casa.”
Karlo revisó que no quedara nada olvidado en la cajuela.
Karlo dice con acento siciliano, “Catania no perdona distracciones.”
Shawnee encendió un cigarro apenas puso un pie en el suelo. Aspiró hondo, mirando el agua oscura del puerto.
Shawnee dice con acento sinaloense, “El ferri siempre me pone de mal humor.”
Richi sonrió, cargando su mochila.
Richi dice con acento mexiquense, “A mí me da hambre. Siempre que veo agua me da hambre.”
Maurizio soltó una risa baja. Zoe se le colgó del brazo, observándolo todo con curiosidad inquieta.
Zoe dice con acento estadounidense, “This feels… serious. Like a movie.”
Chiara se giró hacia ellos, ya en modo operativo.
Chiara dice con acento siciliano, “Entramos juntos. Autos primero. Nadie se separa.”
Gianluca levantó una ceja.
Gianluca dice con acento napolitano, “Relájate, Vulcano. Es un ferry, no una emboscada.”
Chiara no sonrió.
Chiara dice con acento siciliano, “Precisamente.”
Avanzaron siguiendo las indicaciones del personal. El sonido de las cadenas, el chirrido de las rampas metálicas y las voces amplificadas llenaban el espacio con una cadencia mecánica.
Los dos autos subieron al ferry. Chiara supervisó todo sin parecer hacerlo. Miraba reflejos, sombras, movimientos ajenos. El hábito no se quitaba al cruzar el mar.
Cuando el motor del ferry arrancó, el suelo vibró bajo sus pies.
Zoe se acercó a la baranda, apoyando los codos.
Zoe dice con acento estadounidense, “Okay, admito que esto es kind of romantic.”
Maurizio se colocó detrás de ella, rodeándola con los brazos.
Maurizio dice con acento siciliano, “El romanticismo se acaba cuando llegamos.”
Ella rió.
Chiara se mantuvo unos pasos atrás, observando cómo la costa comenzaba a alejarse. Turín ya no estaba ahí. Solo agua entre un punto y otro.
Gianluca se le acercó, más bajo de voz.
Gianluca dice con acento napolitano, “¿Todo bien?”
Chiara tardó un segundo en responder.
Chiara dice con acento siciliano, “Ahora sí.”
No era una mentira completa. Tampoco era toda la verdad.
El trayecto en ferry se impuso como una tregua forzada. El barco, enorme y ruidoso, funcionaba como un paréntesis entre la tensión de Turín y el caos inminente de Sicilia. Los chicos se dispersaron por las cubiertas, buscando formas de matar las horas que se sentían suspendidas.
Gianluca y Karlo se instalaron en una mesa lateral, abriendo el maletín de mapas y documentos. No era una reunión formal, sino una revisión discreta, el murmullo bajo de sus acentos napolitano y siciliano mezclándose con el ruido del motor.
Gianluca dice con acento napolitano, "Los contactos de Palermo están nerviosos. Si Alessio sigue moviéndose en el centro, nos va a costar el doble recuperar la fe."
Karlo dice con acento siciliano, "La fe se recupera con sangre, no con llamadas. Pero sí, la parálisis cuesta."
Karlo marcó un par de rutas en el mapa con un bolígrafo.
Karlo dice con acento siciliano, "En cuanto toquemos Catania, activamos la ruta sur. La más lenta, pero la más segura. Nadie va a esperar que movamos todo por ahí."
Chiara se acercó a ellos, con una taza de café humeante en la mano. Se apoyó en el respaldo de la silla de Karlo, observando el mapa sin tocarlo.
Chiara dice con acento siciliano, "No solo es la ruta. Es la imagen. En cuanto lleguemos, necesitamos una señal. Algo que deje claro que Leila regresó al mando, aunque sea a distancia."
Gianluca la miró, pensativo.
Gianluca dice con acento napolitano, "¿Una reunión? ¿Un mensaje?"
Chiara negó con la cabeza.
Chiara dice con acento siciliano, "Algo más creativo. Algo que haga que los demás se pregunten si Leila está sola… o si tiene un aliado aún más fuerte."
Karlo y Gianluca intercambiaron una mirada de entendimiento ante la ambigüedad deliberada de Chiara.
Karlo dice con acento siciliano, "Pensaré en algo."
En otro sector del ferry, Richi, Zoe y Maurizio exploraban el área de juegos y máquinas expendedoras, el ambiente más ligero.
Richi dice con acento mexiquense, "¡Órale, un pinball! Hace años que no juego uno."
Zoe dice con acento estadounidense, "Let’s play! Yo soy la reina de los arcade."
Maurizio sonrió, encantado por el entusiasmo de Zoe.
Maurizio dice con acento siciliano, "Apuesto por ella."
Richi dice con acento mexiquense, "¿Apuestas? ¿Cuánto le pones a la campeona, compadre?"
Maurizio dice con acento siciliano, "Lo que ganes en la siguiente misión de Famiglia."
Richi se rió, aceptando el reto con un golpe suave en el hombro de Maurizio. El juego comenzó, el sonido de las palancas y la música electrónica llenando su pequeña burbuja. Richi falló rápido, frustrado.
Richi dice con acento mexiquense, "¡No se vale! Estas máquinas son viejas."
Zoe, concentrada, logró una puntuación altísima.
Zoe dice con acento estadounidense, "Skills, baby. No la máquina."
Maurizio le besó la nuca con afecto.
Maurizio dice con acento siciliano, "Sei la migliore."
Shawnee se había alejado de todos, recostada contra una pila de salvavidas, con el cigarro casi consumido. El viento le revolvía el cabello.
Richi, buscando un lugar más tranquilo después de la derrota en el pinball, la encontró y se le acercó con cautela.
Richi dice con acento mexiquense, "¿Todo bien, Shawnee? Te ves… aburrida."
Shawnee lo miró de reojo, sin moverse.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Aburrida no. Pensativa. El mar siempre te recuerda lo pequeños que somos."
Richi se sentó a su lado, sintiendo el frío de la cubierta.
Richi dice con acento mexiquense, "Pues sí. Pero si nos ponemos existenciales nos va a dar el bajón antes de llegar."
Shawnee dice con acento sinaloense, "¿Y por qué no admitimos que estamos tensos? El juego de la otra noche… estuvo raro."
Richi se tensó ligeramente. La referencia al juego era una cuerda que nadie quería tirar.
Richi dice con acento mexiquense, "Fue grappa, ¿no? A la gente le da por decir puras tonterías cuando le dan grappa."
Shawnee apagó el cigarro en la baranda, pensativa.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Sí. O por decir verdades sin querer. La Leila… está ciega con la Chiara. Y la Chiara… está demasiado tranquila."
Richi se puso serio, mirando el horizonte.
Richi dice con acento mexiquense, "No te metas ahí, Shawnee. Las lealtades son para siempre."
Shawnee soltó una risa seca.
Shawnee dice con acento sinaloense, "Sí. Hasta que la tentación camina en traje. Como sea, me da igual. Yo solo cuido mi pellejo y el de Karlo. Y Karlo es fiel. Eso me basta."
Se levantó, dejando a Richi con el peso de su propia tensión y la imagen de Mirabella, la chica silenciosa de Ferrara, flotando en su mente.
El aire se enfrió a medida que el ferry se acercaba a Sicilia. Las luces de la costa comenzaron a brillar, primero como un hilo tenue, luego como una promesa concreta.
Los chicos se reunieron de nuevo, esta vez en los autos, preparándose para desembarcar. El ambiente había pasado de la falsa calma a la expectativa profesional.
Chiara estaba en el asiento del copiloto, revisando por última vez los mensajes.
Gianluca dice con acento napolitano, "Ya sabes, plan A hasta que la Regina diga lo contrario."
Chiara dice con acento siciliano, "Plan A. Movimiento sutil. Silencio en los medios. Presencia en la calle."
Karlo, en el auto de atrás, dio la última indicación por radio.
Karlo dice con acento siciliano, "Maurizio, tú y Zoe a la Villa. Descanso. Richi, al almacén conmigo."
Richi dice con acento mexiquense, por el radio, "Entendido. Muéstrame el camino de la acción, Karlo."
Shawnee dice con acento sinaloense, "Asegúrate de que no te dé hambre en el camino, mexicano."
Richi se rió, ya encendido por la adrenalina.
Richi dice con acento mexiquense, "No, ya no. Ahora solo me da hambre de Catania."
El ferry atracó con un golpe sordo. Las rampas chirriaron al bajar. El aire que entró a los vehículos era más denso, más familiar, con olor a sal, a puerto y a peligro.
Chiara tomó el volante del primer auto, sus manos firmes. Levantó la mirada, enfocada. El mar estaba detrás. La culpa estaba embotellada. Delante, solo estaba Sicilia.
Chiara dice con acento siciliano, "Bienvenida a casa, Famiglia. Y que el nuevo año nos encuentre en guerra."
Los dos autos rodaron hacia el caos familiar de la noche siciliana, listos para sumergirse en la oscuridad que les pertenecía.
El asfalto de Catania los recibió con un temblor seco bajo las llantas.
Nada ceremonial. Nada solemne.
Solo el peso inmediato de estar de vuelta.
El puerto quedó atrás rápido. Las luces anaranjadas se estiraron en el retrovisor como brasas cansadas. La ciudad respiraba con ese pulso irregular que Chiara conocía de memoria: demasiado viva para dormir, demasiado herida para relajarse.
—Finalmente —murmuró Gianluca desde el asiento trasero, acomodándose—. El aire aquí pesa distinto.
Chiara no respondió.
Conducía con una precisión silenciosa, esquivando tráfico, leyendo los movimientos de otros autos como si fueran frases mal dichas. No era paranoia: era oficio.
El convoy se separó en el primer cruce grande.
El auto de Karlo tomó la vía industrial.
El de Chiara giró hacia la Villa Ferrari.
La radio quedó en silencio después de un último copiato seco. No hacía falta más.
Maurizio apoyó la cabeza contra el vidrio, mirando pasar los edificios bajos, los balcones con ropa colgada, las motos que aparecían y desaparecían como peces rápidos.
Maurizio dice con acento siciliano, “Catania nunca finge ser bonita. Solo es honesta.”
Zoe sonrió, apretándole la mano.
Zoe dice con acento estadounidense, “I kinda love that.”
En el asiento trasero del otro auto, Richi iba atento, demasiado despierto para la hora.
Richi dice con acento mexiquense, “Esto sí se siente… real. Nada de jardines bonitos ni villas silenciosas.”
Karlo asintió apenas, concentrado en la ruta.
Karlo dice con acento siciliano, “Bienvenido a donde las decisiones no esperan.”
Shawnee, junto a Richi, observaba las calles con mirada afilada.
Shawnee dice con acento sinaloense, “Aquí no hay tregua. Me gusta.”
Richi la miró de reojo.
Richi dice con acento mexiquense, “Eso no es algo bueno, ¿verdad?”
Ella sonrió sin humor.
El auto de Chiara se detuvo primero frente a la Villa Ferrari.
Chiara bajó antes de que el motor se apagara del todo.
Gianluca estiró los brazos al salir.
Gianluca dice con acento napolitano, “Casa dulce casa. Y sin alcohol.”
Chiara le lanzó una mirada breve.
Chiara dice con acento siciliano, “No cantes victoria.”
Entraron.
El interior estaba en penumbra, pero vivo. Personal moviéndose en silencio, el murmullo de radios lejanos, el olor familiar a café fuerte y metal limpio.
Chiara dejó el maletín sobre la mesa central y se quitó el abrigo.
Por un segundo —solo uno— el cansancio quiso subirle a los hombros. No lo permitió.
Karlo llegó minutos después. Cruzaron miradas sin palabras. Todo seguía en su sitio.
Karlo dice con acento siciliano, “El almacén está limpio. Sin movimiento extraño.”
Chiara asintió.
Chiara dice con acento siciliano, “Bien. Que nadie se relaje.”
Gianluca se dejó caer en una silla.
Gianluca dice con acento napolitano, “Dos días fuera y ya estamos en modo guerra.”
Chiara lo miró, seria pero no dura.
Chiara dice con acento siciliano, “Nunca salimos de él. Solo cambiamos de escenario.”
Zoe observaba el espacio con curiosidad más contenida que de costumbre.
Zoe dice con acento estadounidense, “So… what now?”
Chiara se giró hacia todos. No como amiga. No como compañera de viaje. Como quien sostenía el eje mientras la Regina se preparaba para volver.
Chiara dice con acento siciliano, “Ahora descansan. Comen. Duermen. Mañana nadie llega tarde. Nadie improvisa. Y nadie habla más de lo necesario.”
Shawnee levantó una ceja.
Shawnee dice con acento sinaloense, “¿Y tú?”
Chiara sostuvo la mirada.
Chiara dice con acento siciliano, “Yo me quedo despierta.”
No era una pose. Era una promesa.
Mientras cada uno se dispersaba hacia su espacio, la casa se cerró sobre sí misma, como un animal que reconoce su territorio.
A kilómetros de ahí, Leila seguía en Turín.
Pero en Catania, el pulso ya había vuelto a latir.
Y Chiara, con el peso del secreto bien enterrado y la lealtad tensada al límite, se preparaba para sostener la línea…
aunque le costara arder por dentro.

Territorio sin eco.

La madrugada en la Villa Ferrari no era silenciosa.
Era contenida.
Había radios encendidas en cuartos lejanos, pasos medidos en los pasillos, puertas que se abrían y cerraban sin golpearse. La casa funcionaba como un organismo en alerta mínima: nada corría, pero nada dormía del todo.
Chiara estaba de pie frente a la mesa central del salón, el maletín abierto, los documentos extendidos en abanico. No se había quitado la chaqueta. El café, intacto a un lado, se había enfriado sin que lo notara.
Karlo entró sin anunciarse.
No por descortesía. Por costumbre.
Karlo dice con acento siciliano, Los hombres de Librino no contestan.
Chiara no levantó la vista de inmediato.
Chiara dice con acento siciliano, ¿No contestan… o no quieren?
Karlo se apoyó en el respaldo de una silla, cruzándose de brazos.
Karlo dice con acento siciliano, Primero lo uno. Después lo otro.
Chiara asintió apenas. Tomó un papel, lo marcó con un bolígrafo rojo.
Chiara dice con acento siciliano, ¿Y San Cristoforo?
Karlo negó despacio.
Karlo dice con acento siciliano, Mandaron a un primo. No al jefe. Eso antes no pasaba.
Chiara cerró los ojos un segundo. Solo uno. Lo justo para acomodar la irritación.
Chiara dice con acento siciliano, Apúntalo.
Gianluca apareció desde el pasillo, aún con la chaqueta puesta, el cabello revuelto por el viaje.
Gianluca dice con acento napolitano, Los del puerto preguntaron si “todavía seguimos igual”.
Chiara levantó la mirada por fin.
Chiara dice con acento siciliano, ¿Y qué les dijiste?
Gianluca se encogió de hombros.
Gianluca dice con acento napolitano, Que la Famiglia no cambia de dueño cada temporada. Pero no sonó tan convincente como antes.
Eso sí le dolió. No en el orgullo. En la estructura.
Chiara caminó hasta la ventana, apartando un poco la cortina. Afuera, el jardín estaba oscuro, apenas recortado por las luces bajas del perímetro. La villa parecía firme. Indiscutible. Pero ella sabía que las casas no se caen por fuera. Se vacían por dentro.
Chiara dice con acento siciliano, La Cosa no se está rebelando. Se está probando.
Karlo frunció el ceño.
Karlo dice con acento siciliano, ¿Probando qué?
Chiara giró.
Chiara dice con acento siciliano, Hasta dónde llega mi voz sin la de Leila detrás.
Nadie respondió.
El peso de ese nombre se quedó suspendido entre los tres.
Gianluca se pasó la mano por la cara, cansado.
Gianluca dice con acento napolitano, La gente la respeta. Pero también la teme. Y sin ella aquí… hay quienes confunden eso con permiso.
Chiara se apoyó en la mesa.
Chiara dice con acento siciliano, Entonces se lo quitamos.
Karlo levantó una ceja.
Karlo dice con acento siciliano, ¿Cómo?
Chiara no respondió de inmediato. Observó el mapa extendido. Los barrios marcados. Las rutas. Las grietas.
Chiara dice con acento siciliano, Presencia —dijo al fin—. No amenazas. No castigos. Presencia. Que nos vean. Que nos sientan. Que recuerden.
Gianluca sonrió apenas, ladeado.
Gianluca dice con acento napolitano, Eso suena a trabajo de calle.
Chiara lo miró.
Chiara dice con acento siciliano, Exacto.
Karlo dice con acento siciliano, También hubo un comentario en el mercado. Nada directo. Pero… alguien preguntó por “la chica nueva”.
Chiara se tensó. No visiblemente. Internamente.
Chiara dice con acento siciliano, ¿Qué chica?
Karlo sostuvo la mirada.
Karlo dice con acento siciliano, La que manda.
Silencio. No largo. Pero cargado.
Chiara dejó el bolígrafo sobre la mesa con cuidado.
Chiara dice con acento siciliano, Entonces ya no soy invisible.
Gianluca negó despacio.
Gianluca dice con acento napolitano, Nunca lo fuiste. Solo que ahora… te están mirando de verdad.
Chiara inhaló hondo.
Chiara dice con acento siciliano, Bien. Que miren.
Pero en su pecho, algo se tensó. No era miedo. Era memoria. Y la memoria, en su caso, nunca venía sola.

El poder prestado.

El amanecer en Catania no anunciaba guerra, pero tampoco paz.
Era esa hora gris donde la ciudad se despereza sin decidir a quién pertenece el día. Los mercados abrían a medias, los bares servían café fuerte y los hombres que aún creían en la Cosa Nostra se movían con la cautela de quien sabe que el orden existe… pero está en revisión.
Chiara salió de la Villa Ferrari en el primer coche.
El primer encuentro fue en San Giorgio, el café antiguo junto al mercado de pescado. Lugar de memoria, no de lealtades nuevas. Allí se medía quién esperaba… y quién conspiraba.
Tres hombres sentados.
Nadie se levantó.
Chiara avanzó igual.
Chiara dice con acento siciliano, Buongiorno.
Salvo R. respondió sin mirarla.
Salvo dice con acento siciliano, —Buongiorno.
Se sentó sin invitación. No por desafío, sino porque pedir permiso habría sido peor.
Chiara dice con acento siciliano, Estoy aquí por encargo de Leila Ferrari.
Ahí, el aire cambió.
Pietro Greco levantó la mirada.
Pietro dice con acento siciliano, Leila no está.
Chiara sostuvo el tono.
Chiara dice con acento siciliano, Leila se está recuperando. Y volverá.
Salvo dejó la taza en el plato con cuidado exagerado.
Salvo dice con acento siciliano, Eso no es seguro.
Chiara no reaccionó. Esperó.
Pietro se inclinó apenas hacia adelante.
Pietro dice con acento siciliano, Los negocios no esperan cuerpos heridos. Y Catania tampoco.
Chiara entendió el mensaje. No era contra ella. Era contra la ausencia.
Chiara dice con acento siciliano, No estoy aquí para cambiar nada. Solo para evitar que se rompa.
Salvo sonrió con cansancio.
Salvo dice con acento siciliano, Ese es el problema, ragazza. Aquí no se evita nada. O se manda… o se cae.
Un cuarto hombre, hasta entonces en silencio, habló desde el fondo.
—Y tú no mandas.
No fue agresivo. Fue administrativo.
Chiara giró la cabeza.
Chiara dice con acento siciliano, Administro.
El hombre negó despacio.
—Eso no existe.
Pietro intervino, casi con amabilidad.
Pietro dice con acento siciliano, Dime una cosa, Chiara. Si Leila no vuelve… ¿qué pasa?
Silencio.
Chiara no respondió de inmediato. Porque cualquier respuesta era una trampa.
Salvo continuó:
Salvo dice con acento siciliano, Porque hay sangre Ferrari disponible. Y conocida.
Ahí apareció el nombre sin ser dicho.
Chiara no cayó en la omisión.
Chiara dice con acento siciliano, Alessio Santoro Ferrari no ha sido nombrado por Leila.
Pietro se encogió de hombros.
Pietro dice con acento siciliano, La sangre no necesita nombramiento.
Otro golpe, más fino.
Chiara se inclinó apenas hacia adelante.
Chiara dice con acento siciliano, Mientras Leila viva, nadie toma su lugar.
Salvo la miró por primera vez con algo parecido a lástima.
Salvo dice con acento siciliano, Mientras Leila viva… o mientras no se case lejos.
Ese comentario no era casual.
Era una grieta abierta.
Chiara se puso de pie.
Chiara dice con acento siciliano, No vine a discutir futuros hipotéticos. Vine a recordarles el presente.
Pietro alzó la ceja.
Pietro dice con acento siciliano, El presente es frágil.
Chiara sostuvo la mirada.
Chiara dice con acento siciliano, Por eso sigo aquí.
Salió del café sin dramatismo.
Afuera, Karlo esperaba junto al coche.
Karlo dice con acento siciliano, No te quieren.
Chiara respondió sin emoción.
Chiara dice con acento siciliano, No me necesitan. Todavía.
Subió al vehículo.
Mientras avanzaban por las calles que despertaban, Chiara entendió la verdadera dimensión del problema.
No querían echarla.
Querían esperar. Esperar a ver si Leila regresaba. Esperar a ver si Turín la absorbía. Esperar a ver si el apellido correcto reclamaba lo que consideraban suyo.
Chiara no luchaba por el poder.
Luchaba contra el tiempo. Y en Sicilia, el tiempo siempre toma partido.

El apellido que no calla.

El segundo movimiento de la mañana no ocurrió en una mesa de negociación.
Ocurrió en los pasillos.
En los silencios mal colocados.
En los teléfonos que vibraron sin nombre.
En frases dichas como quien no quiere decir nada.
Chiara lo percibió al regresar a la Villa Ferrari.
No fue un informe formal. Fue peor.
Shawnee la esperaba en el comedor lateral, apoyada en la pared, café intacto en la mano.
Shawnee dice con acento sinaloense, Están hablando.
Chiara dejó las llaves sobre la mesa.
Chiara dice con acento siciliano, Siempre hablan.
Shawnee negó.
Shawnee dice con acento sinaloense, No así.
Karlo entró detrás, cerrando la puerta.
Karlo dice con acento siciliano, Palermo se está moviendo.
Chiara levantó la mirada.
Chiara dice con acento siciliano, Alessio.
No era una pregunta.
Karlo asintió.
Karlo dice con acento siciliano, No directamente. Todavía. Pero su nombre está pasando de boca en boca como si ya estuviera aquí.
Shawnee añadió:
Shawnee dice con acento sinaloense, Dicen que es cuestión de orden. Que Palermo no puede estar firme y Catania improvisada.
Chiara apretó la mandíbula.
Chiara dice con acento siciliano, No es improvisación. Es interinidad.
Shawnee soltó una risa corta, seca.
Shawnee dice con acento sinaloense, Eso explícaselo a hombres que llevan treinta años creyendo que la sangre manda más que la lógica.
Karlo se sentó.
Karlo dice con acento siciliano, Están usando el mismo discurso en tres sitios distintos. Eso no es casualidad.
Chiara caminó hasta la ventana. Afuera, el Etna se dibujaba en la distancia, quieto, como una amenaza dormida.
Chiara dice con acento siciliano, ¿Qué dicen exactamente?
Karlo respiró hondo.
Karlo dice con acento siciliano, Que Alessio Santoro Ferrari ya sostiene Palermo sin ruido. Que no busca expandirse… pero tampoco negar su responsabilidad si Sicilia lo “necesita”.
Shawnee completó la frase que nadie quería decir.
Shawnee dice con acento sinaloense, —Que tú estás aquí porque Leila te puso. Y que él estaría aquí porque nació.
Ese fue el corte real.
Chiara no se giró.
Chiara dice con acento siciliano, ¿Y de Leila?
Karlo dudó un segundo.
Karlo dice con acento siciliano, Ahí está lo más sucio.
Chiara se giró lentamente.
Chiara dice con acento siciliano, Habla.
Karlo dice con acento siciliano, Dicen que si Leila se casa en Turín… Que si se vuelve esposa antes que jefa… Entonces Catania no puede quedarse en manos prestadas.
Shawnee golpeó la mesa con la palma.
Shawnee dice con acento sinaloense, Como si el cuerpo de una mujer decidiera el mapa del poder.
Chiara cerró los ojos un instante. No por rabia. Por cálculo.
Chiara dice con acento siciliano, Alessio no ha enviado más emisarios.
Karlo negó.
Karlo dice con acento siciliano, No, Y eso es lo inteligente.
Shawnee añadió, bajando la voz:
Shawnee dice con acento sinaloense, Pero su gente sí está escuchando. Y dejando escuchar.
Chiara entendió entonces la verdadera fisura. No era Palermo contra Catania. Era espera organizada. Hombres que seguían obedeciendo órdenes… pero ya no sabían a quién pertenecían después.
Karlo se levantó.
Karlo dice con acento siciliano, Si Alessio se mueve, lo hará con Palermo firme, Catania dividida y Leila lejos.
Chiara caminó de nuevo hacia la mesa.
Chiara dice con acento siciliano, Entonces no se mueve hoy.
Shawnee arqueó una ceja.
Shawnee dice con acento sinaloense, ¿Cómo lo evitas sin enfrentarlo?
Chiara respondió sin alzar la voz.
Chiara dice con acento siciliano, No se evita. Se ralentiza.
Karlo la observó con atención.
Karlo dice con acento siciliano, Eso implica exponerte.
Chiara lo miró de frente.
Chiara dice con acento siciliano, Eso implica sostener el puesto. Como Leila me lo ordenó.
Hubo un silencio tenso.
Shawnee exhaló despacio.
Shawnee dice con acento sinaloense, Entonces esto ya no es solo mantener la casa en pie.
Chiara asintió.
Chiara dice con acento siciliano, No. Ahora es evitar que alguien venga a “ordenarla”.
Desde algún punto invisible de la isla, Palermo observaba.
Y Catania, por primera vez en años, no sabía si estaba siendo gobernada…
o simplemente custodiada hasta nuevo aviso.
Responder