La resiliencia de la reina Ferrari

Aquí se irán publicando las escenas de rol tanto de trama principal, como las que querais publicar los jugadores. Debido a la naturaleza de este foro, si se admite contenido NSFW.
Larabelle Evans
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Registrado: Mar Jul 02, 2024 4:52 am
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Re: La resiliencia de la reina Ferrari

Mensaje por Larabelle Evans »

La tentación convertida en protector.

Punto de vista: Leila & Raffaele.

Un despacho confortable. de color Crema Suave
La atmósfera en la villa es de una belleza tensa y decadente, donde el aroma dulce de las buganvillas se mezcla con el salitre del mar y el olor seco del tabaco rubio que flota en el aire. La luz del crepúsculo tiñe el cielo de un naranja violento, proyectando sombras alargadas sobre el suelo de terracota que parecen cobrar vida propia. El espacio es una fortaleza sitiada; la calma de Leila es un cristal fino a punto de estallar bajo la presión de la noticia: Santoro no está enviando mensajes desde lejos, está cazando en su propio patio trasero. Dalila camina hacia ella con una rigidez militar, sintiendo el peso del sobre de Santoro como una quemadura, mientras tras ella, una presencia nueva y magnética altera el campo gravitatorio de la villa.
Un par de golpes suenan en la puerta.
Dalila no espera a que la regina responda, ella entra seguida de Raffaele.
Leila mira a su jefa de seguridad y compañía con seriedad.
Leila se vé vastante tensa,en alerta.
Dices con acento Siciliano: "Dalila..."
Dalila dice con acento milanés: "Regina, he pedido hablar contigo por algo que tengo que informarte, se trata de tu amica, Zoe."
Leila levanta una ceja.
Dices con acento Siciliano: "¿qué pasó?"
Dalila traga saliva antes de hablar.
Dalila dice con acento milanés: "Zoe está en el punto de mira, Leila. Y lo peor es que no ha tenido que salir de la isla. Santoro ha enviado pruebas; la tienen vigilada aquí mismo, en Catania. Maurizio y Rocco ya han salido a por ella para ponerla a salvo, pero esto cambia las reglas. El enemigo está en casa".
Leila no presta atención a quien acompaña a Dalila. Solo se emfoca en ella.
Murmuras con acento Siciliano: "Figlio di puttana..."
Dices con acento Siciliano: "Maurizio y Rocco Ya se reportaron, ya la tienen asegurada?"
Dalila carraspea suavemente.
Leila se levanta de la silla sin quitarle la mirada a Dalila.
Dices con acento Siciliano: "Dalila per dio..."
Leila se queda de pie junto al escritorio. Su postura es rígida.
Raffaele dice con acento milanés: "Todavía no se reportan, pero no creo que tarden en hacerlo. Han salido tan pronto como recibieron la amenaza."
Dalila da un paso a un lado, revelando la figura que aguardaba en el umbral de la puerta.
Leila escucha al hombre. Fija sus ojos en él.
Raffaele
es una mezcla magnética de seguridad absoluta, calma imperturbable y un peligro latente que eriza la piel de quienes lo rodean; una anomalía visual que detiene el pulso de cualquier estancia. Se mueve con una economía de movimientos propia de un depredador que no necesita demostrar su fuerza porque la emana.
Posee una percha atlética y poderosa, de hombros anchos que parecen expandir los trajes a medida de corte napolitano que suele vestir. Prefiere camisas de seda negra, desabrochadas lo justo para insinuar una musculatura densa y funcional, bajo americanas de lana fría que ocultan fundas tácticas de perfil bajo. Sus manos son grandes, de dedos largos y hábiles, marcadas por la precisión del ingeniero y la fuerza del guerrero.
Su cara es una escultura de ángulos agresivos y pómulos altos, dominada por unos iris grises que parecen estar forjados en el mismo metal que las máquinas que diseña. Son ojos llamativos, de una claridad gélida que escanea el entorno con una inteligencia despiadada, capaces de desnudar o intimidar sin parpadear.
Tiene una melena de un negro azabache absoluto, sin reflejos castaños ni grises, profunda como una noche sin luna. El cabello es leonado, de una textura densa y ligeramente ondulada, que cae con un orden salvaje hasta alcanzar sus trapecios, enmarcando su rostro y otorgándole un aire de nobleza arcaica y peligrosa.
Se nota claramente que es un hombre.
Viste una camisa negra de seda manga larga marca Ferro Uomo.
Usa un relof de hombre de plata y obsidiana en la muñeca izquierda.
Usa un cinturón de cuero negro y hebilla de platino marca Dolce Vita.
Viste unos pantalones de vestir corte sastre marca Ferro Uomo.
Calza unos zapatos negros de vestir marca Piero Bragantti.
Raffaele se adelanta con una parsimonia estudiada, dejando que la luz del ocaso resalte su melena azabache y sus ojos grises, que escanean a la Regina con una mezcla de análisis técnico y apreciación estética.
Leila lo analiza con detenimiento y cierta curiosidad. Se queda unos momentos impresionada por su presencia.
Dalila dice con acento milanés: "Te presento a Raffaele Vescovi. Es ingeniero, es mi primo y, desde este segundo, es tu sombra. No hay mente en Italia que entienda mejor la arquitectura de la seguridad y el lenguaje de la violencia que alguien que diseña sistemas y estructuras para sobrevivir al caos".
Raffaele hace una leve inclinación de cabeza, un gesto de cortesía que no llega a ser sumisión. Se detiene a una distancia que invade sutilmente el espacio personal de Leila, dejando que su magnetismo actúe como una red invisible.
Leila se fija de nuevo en Dalila.
Dices con acento Siciliano: "Tu, Tu primo?."
Leila lo mira tan cerca de ella y se tensa ligeramente sin saber porqué.
Dalila asiente con la cabeza una vez sin quitarle los ojos a la regina.
Raffaele dice con acento milanés: "Regina. Es un placer finalmente contemplar el volcán que tanto preocupa a mi prima. Tienes una estructura organizacional envidiable, pero incluso el diamante más puro necesita un engarce de acero para no ser robado por manos vulgares como las de Santoro, especialmente cuando el carnicero respira tu mismo aire".
Leila se recompone y lo vuelbe a mirar.
Dices con acento Siciliano: "Buongiorno. Raffaele. "
Dices con acento Siciliano: "Gracias. Dalila ha hecho un trabajo excelente con la seguridad de la Villa."
Dalila dice con acento milanés: "No quiero arriesgarme a introducir a alguien ajeno, regina. Está visto que Santoro no tiene intenciones de darnos tregua y tu seguridad es mi prioridad en este momento."
Leila mira con reconocimiento a Dalila y asiente, procesando la información.
Dices con acento Siciliano: "Va bene. Confío en tu criterio, Dalila."
Raffaele dice con acento milanés: "Bon giorno, regina. Mi prima es ... lo que se diría una dona eficiente y de acero, ciertamente. Me alegra que reconozcas su dedicación."
Raffaele dice con acento milanés: "He analizado tus perímetros y tus rutinas mientras deambulaba en tu villa. Eres predecible en tu elegancia, y eso te hace vulnerable en una ciudad que Santoro conoce como su propia mano. Mi trabajo no es solo evitar que te disparen, sino asegurarme de que el mundo siga siendo un lugar digno de tu presencia. Seré el muro que no verás y el aire que respirarás. Capito?".
Dalila le advierte a su primo con la mirada, pero Raffaele la ignora deliberadamente.
Leila mira a los ojos a Raffaele
Dices con acento Siciliano: "Grazie. Estoy segura de que así será."
Leila se pone nerviosa ante esa mirada pero no baja la vista.
Dices con acento Siciliano: "Bueno."
Leila mira a Dalila.
Dices con acento Siciliano: "Repórtame en todo momento lo que sepas de Zoe. Ella no tiene a nadie, Dalila. Es mi responsabilidad."
Raffaele le ofrece una sonrisa mínima y peligrosa.
Dalila dice con acento milanés: "Lo sé, regina. Por eso estoy actuando sobre la marcha. No permitiremos que Santoro la toque.
Raffaele se aproxima un poco más a Leila.
Raffaele murmura con acento milanés: "ni a tu amica ni a ti, regina."
Raffaele la mira con intensidad.
Raffaele se acerca al escritorio y apoya la izquierda en él, inclinándose hacia leila.
Raffaele susurra con acento milanés: "No me mires como a un simple empleado, regina. Mírame como al ingeniero que va a reconstruir tu seguridad sobre los cadáveres de quienes intenten tocarte. A partir de ahora, donde haya una sombra, estaré yo. Y donde haya un peligro, seré yo quien lo devore antes de que llegue a tu piel".
Leila le sostiene con seguridad la mirada.
Raffaele saca una pitillera de plata y ofrece un cigarrillo a Leila con un movimiento fluido, mientras sus ojos grises prometen una lealtad que nace más de la fascinación que del deber.
Leila acepta el cigarrillo.
Dices con acento Siciliano: "Grazie. Siendo así, Confiaré en ti "
Raffaele curva sus labios en una sonrisa depredadora rodeada de un aura de serenidad inquietante.
Raffaele saca el mechero y le enciende el cigarrillo a Leila, la llama iluminando por un segundo la chispa de desafío y deseo en sus miradas
Leila le sonríe.
Dalila observa el intercambio en silencio, consciente de que ha introducido una fuerza impredecible en el corazón de la villa, una pieza de alta precisión que podría ser la salvación de la Regina o su tentación más peligrosa en medio de una Catania que se ha vuelto una trampa mortal.
Leila mira a Dalila.
Dices con acento Siciliano: "Dalila. Per favore, llama a Maurizio, necesito saber de Zoe."
Dalila dice con acento milanés: "si no nos necesitas, regina, nos ocuparemos de reforzar la estructura. Te daré información cuando sepa de Zoe."
Raffaele dice con acento milanés: "se la daré yo, no te preocupes, Dalila."
Leila lo mira.
Dices con acento Siciliano: "raffaele..."
Dices con acento Siciliano: "Necesito parlar contigo antes de que continúes con tus labores en la villa."
Raffaele mira a Dalila.
Dalila vuelve a advertirle y él le sonríe.
Leila vuelve a su asiento en el escritorio con cigarro en mano.
Raffaele dice con acento milanés: "Querida prima, creo que la regina estará más satisfecha si nos traes información de su amica presto."
Raffaele va conduciendo a Dalila hacia la puerta del despacho.
Dalila susurra con acento milanés: "Raffaele... compórtate.
Leila lo mira con curiosidad.
Leila espera a que deje a Dalila.
Raffaele murmura con acento milanés: "Dali, yo siempre me comporto a la altura. Anda, ve a ser tan eficiente como sueles ser."
Das una calada profunda. El extremo del cigarrillo se ilumina con intensidad antes de soltar una nube de humo denso.
Dalila lo apunta con el índice y luego sale del despacho.
Raffaele cierra la puerta con suavidad y se vuelve hacia el escritorio.
Leila le señala la silla frente a ella.
Dices con acento Siciliano: "Siéntate."
Das una calada profunda. El extremo del cigarrillo se ilumina con intensidad antes de soltar una nube de humo denso.
Raffaele avanza hacia el escritorio y apoya la cadera en un lateral mirando a la regina.
Raffaele dice con acento milanés: "Escucho, regina. ¿qué normas o límites quieres poner? O hay algo más personal que quieras comentarme."
Leila fuma y lo mira intrigada por el misterio que transmite.
Dices con acento Siciliano: "Si vas a ser mi sombra. Quiero saber de tí, más de lo que Dalila me dijo. "
Raffaele la mira impasible, aunque interiormente no deja de hurgar en sus ojos verdes.
Dices con acento Siciliano: "Siéntate y hablemos. Raffaele."
Raffaele dice con acento milanés: "pregunta lo que necesites saber, regina."
Leila se estremece apenas perceptiblemente por su mirada.
Raffaele termina de rodear el escritorio y ahora se appoya en él frente a ella.
Dices con acento Siciliano: "ASí que ingeniero?, qué diseñas y fabricas exactamente?"
La respiración de Leila se hace superficial.
Raffaele esboza una sonrisa.
Raffaele dice con acento milanés: "legalmente, estructuras y maquinaria de todo tipo, aunque me inclino más por los puentes. En otro tipo de contextos, ya me entiendes, diseño armamento, muy, muy personalizado. es una afición que comparto con Flavio."
Leila lo escucha interesada.
Raffaele murmura con acento milanés: "quieres que construya algo para ti, regina?"
Dices con acento Siciliano: "Ah que bien. Suena un pasatiempo entretenido. además de muy útil."
Raffaele se encoge de hombros ligeramente.
Leila sonríe.
Dices con acento Siciliano: "Sí. Me gustaría."
Raffaele se inclina hacia ella.
Leila haspira su aroma.
Raffaele murmura con acento milanés: "qué te gustaría? Pídemelo, y me ocuparé de diseñarlo y construirlo... o destruirlo, depende de lo que quieras."
Murmuras con acento Siciliano: "Ah sí? También podrías destruir si yo te lo pido?"
Raffaele la mira fijamente a los ojos.
Raffaele murmura con acento milanés: "el principio es similar. así que puedo, sí."
Leila se recostó en su asiento, cruzando una pierna con una lentitud que era en sí misma una declaración de poder y una sutil provocación.
Leila exhaló lentamente el humo del cigarrillo, dejando que se disipara entre ellos como una cortina de seda.
Su sonrisa se hizo un poco más ancha, un desafío silencioso que se reflejaba en el brillo de sus ojos esmeralda. El aroma de Raffaele era una nota oscura y especiada que, en lugar de intimidarla, la fascinaba.
Dices con acento Siciliano: "me gusstaría que construyeras algo, sí. Algo que pueda servirme para protegerme y defenderme de Mi propia sangre podrida. Pero algo a su vez, silencioso, que la única señal de mi presencia sea el rastro de sus propios hombres muertos y sus negocios asquerosos en ruinas. "
Murmuras con acento Siciliano: "en cuanto a destruir... sí. Si te pidiera que destruyas a alguien, quiero que lo hagas de una manera que honre el arte de la ingeniería: con precisión quirúrgica, eliminando la amenaza sin dejar rastro de mi autoría. necesito una mente brillante que ejecute mi voluntad con la elegancia de una fórmula matemática. "
Leila lo mira con cierto desafío.
Murmuras con acento Siciliano: "¿Estás seguro de que tu afición por las armas te ha preparado para manejar tal nivel de delicadeza destructiva?."
Das una calada profunda. El extremo del cigarrillo se ilumina con intensidad antes de soltar una nube de humo denso.
Raffaele sonríe con lentitud y apoya las manos en los reposabrazos del sillón de la regina.
Raffaele se inclina mucho hacia ella, dejando su rostro apenas a centímetros de la mirada femenina.
Raffaele murmura con acento milanés: "tú pides, yo ejecuto, pero quiero a cambio algo de ti, regina."
Murmuras con acento Siciliano: "qué cosa?"
El aliento de Raffaele le roza la piel cuando habla.
La piel se le eriza.
Raffaele murmura con acento milanés: "secretos. Los tuyos, eso que no le dices ni siquiera a tu prometido. Mientras más te conozca, mejor podré protegerte, volverme tu sombra, regina."
Raffaele murmura con acento milanés: "Es un precio justo por complacerte, no crees?"
Una sombra de duda e inseguridad cruza sus ojos.
Raffaele la mira y sonríe suavemente, su mirada transmite peligro y calma al mismo tiempo.
Murmuras con acento Siciliano: "Me pides algo que, es difícil de dar. Raffaele. Tú mejor que nadie debe saber que en nuestro mundo, confiarle los secretos a alguien es una apuesta que se puede perder en un segundo."
Murmuras con acento Siciliano: "Solo ubo una persona que los conocía, y sabes que hizo con eso? Herirme. Traicionarme."
Raffaele murmura con acento milanés: "Desconfías y eso te honra, pero para tu tranquilidad, me gusta mi vida, y la aprecio lo bastante como para perderla, regina. Por eso... cuando me comprometo con alguien como estoy haciendo contigo..."
Raffaele se aproxima un centímetro más a ella.
Leila inevitablemente le mira los labios.
Raffaele murmura con acento milanés: "cuando yo me comprometo, Leila, no hay medias tintas, no hay espacio para la traición porque la lealtad es la base de mi honor."
Murmuras con acento Siciliano: "Raffaele..."
Raffaele murmura con acento milanés: "y yo... diavolesa, no traiciono mi sangre. capito?"
Leila ríe ligeramente por el sobrenombre.
Murmuras con acento Siciliano: "Sí, te digo mis secretos. ¿Me dirás los tuyos?"
Leila dice con una voz aterciopelada llena de curiosidad y cierta picardía.
Raffaele aproxima la nariz cerca de su cuello, ahí donde el pulso le late con fuerza e inspira hondo.
Leila se estremece al sentir su cálido aliento.
Raffaele murmura con acento milanés: "un aroma picante... delicioso."
Su pulso se acelera.
Raffaele se acerca a su oído y le habla en susurros.
Raffaele murmura con acento milanés: "entrégame tu confianza, leila, tu armadura, deja que sea yo quien cargue el peso y quien vele por cada bocanada de aire que respiras y te diré mis secretos. "
Raffaele murmura con acento milanés: "un trato justo, diavolesa."
Murmuras con acento Siciliano: "Raffaele..."
Leila sintió un calor inusual extenderse desde su cuello hasta su centro, una reacción corporal a la audacia de Raffaele que la hizo tensarse, pero también la despertó. Aquella exigencia no era una petición, era una negociación de alto riesgo, y ella, siempre respetó a un jugador que conocía el valor exacto de su propia jugada. Había una verdad incómoda en su propuesta: para protegerla de manera eficaz, para convertirse en el arma silenciosa que ella necesitaba, él debía tener acceso a las vulnerabilidades que ni siquiera Mássimo conocía. El peligro no radicaba en su lealtad, que venía avalada por Dalila, sino en su magnetismo perturbador, en esa intensidad que, tal como le había confesado a Nuria, era lo único que su alma herida reconocía como vida. El juego de secretos que proponía era un abismo, pero prometía ser el más embriagador que había enfrentado en años, una distracción mortalmente bienvenida del luto.
Raffaele sigue inclinado sobre ella; su cuerpo es una muralla protectora y una provocación peligrosa en toda regla.
Murmuras con acento Siciliano: ""Va bene, Ingegnere. Me gusta la idea de un intercambio justo. No será a la primera jugada, pero acepto el principio. "
Raffaele murmura con acento milanés: "dime...diavolesa. aceptas? Yo creo... que ese volcán dentro de ti se muere por aceptar. así qué, cuál será tu primera petición? Pídemelo, Leila."
La voz de barítono de Raffaele es casi un ronroneo felino.
Murmuras con acento Siciliano: "Claro que acepto..."
Raffaele gira el sillón y queda completamente frente a ella. Su mirada acerada no parpadea, se mantiene fija en sus ojos verdes.
Raffaele sonríe y un brillo depredador le ilumina los iris.
Leila se anima y lleba una mano a su rostro para rozarlo con sus dedos con suavidad.
Raffaele murmura con acento milanés: "Bien, a quien quieres que destruya primero?"
Raffaele serpentea ligeramente la cabeza y le atrapa el índice entre los labios.
Murmuras con acento Siciliano: "A Alessio. él es quien nos ha arrebatado muchas cosas. Es quien me ha roto, quitándome algo que me importaba. es quien busca destruírme. Y yo quiero hacerlo primero."
Leila lo mira hacer y busca mover lentamente el dedo entre sus labios.
Raffaele pasa la punta de la lengua sobre el pulpejo del dedo y luego succiona firme. la reacción del cuerpo de Leila lo satisface, pero no hace ninguna mención al respecto.
Raffaele le mordisquea el dedo y lo suelta. Luego se yergue, despacio.
Raffaele murmura con acento milanés: "además de tus condiciones, tienes una fecha límite? espero que sepas que hacer lo que quieres de la manera que quieres no se hace en un día, diavolesa."
Leila sintió un repentino e incontrolable calor invadirla, un fuego líquido que corría por sus venas, completamente distinto al caos furioso que Mássimo solía provocar. La audacia de Raffaele no solo había roto su espacio personal, sino que había perforado su coraza emocional, encontrando un interruptor que ella creía oxidado por el luto y la guerra. Al sentir el roce húmedo de la lengua de él en su dedo, y la succión firme, una punzada de placer se disparó hacia su centro, tan inesperada y cruda que tuvo que hacer un esfuerzo consciente para no jadear o sonrojarse. Era un despertar físico traicionero, una prueba de que, a pesar de su dolor y su promesa de lealtad a Mássimo, el peligro seductor de Raffaele la excitaba de una manera inquietantemente silenciosa y controlada. La Regina activó su muro interno: no debía permitirse tal vulnerabilidad.
Raffaele le mira los labios por primera vez.
Murmuras con acento Siciliano: "Estoy consciente de que llebará su tiempo. esto será un plan medido y ejecutado a su debido momento Raffaele."
Raffaele chasquea la lengua suavemente.
Raffaele dice con acento milanés: "comenzaré con la planificación en cuanto te dispongas a confiar realmente, regina."
Raffaele la mira con intensidad.
Raffaele dice con acento milanés: "si levantas tus murallas y me dejas a ciegas, perdemos ambos."
Raffaele vuelve a inclinarse hacia ella.
Leila siente el calor que emana de su cuerpo.
Raffaele murmura con acento milanés: "la dilatación de tus pupilas te delata, diavolesa, igual que ese pulso en tu garganta, que la tensión de tu cuerpo. tu respiración contenida. Te veo, Leila."
Murmuras con acento Siciliano: "Raffaele..."
Raffaele murmura con acento milanés: "te veo, aunque quieras subir tus murallas. "
Leila se sonroja.
Raffaele murmura con acento milanés: "cuéntame tu primer secreto, Leila. Ese que acaba de activar tu mecanismo de defensa."
Leila respira entrecortado.
Murmuras con acento Siciliano: "raffaele... Per favore."
Raffaele le da una tregua.
Raffaele se yergue y le da espacio.
Leila suelta el aire. Intenta recomponerse.
Raffaele murmura con acento milanés: "el rubor de tus mejillas te sienta bien, Leila."
Raffaele hace un gesto de la mano
Raffaele dice con acento milanés: "vive eso que te está moviendo ahora. No tienes que disimular, no estoy aquí para juzgarte, regina."
Murmuras con acento Siciliano: "Yo..."
Murmuras con acento Siciliano: "Tú, Y, tu cercanía. Tu calor y ese magnetismo. Me gusta."
Raffaele la mira y le habla sin titubear.
Raffaele dice con acento milanés: "Disfruta de eso entonces, Nunca traspasaré el límite que tú pongas, regina."
Leila lo mira aún sonrojada.
Raffaele dice con acento milanés: "Temes ser infiel a tu prometido, intuyo."
Raffaele murmura con acento milanés: "tus secretos están a resguardo conmigo, Leila."
Raffaele dice con acento milanés: "ten eso presente... siempre."
Leila asiente.
Leila piensa brevemente en sus palabras que le saben a peligro.
Dices con acento Siciliano: "Grazie. Eso, también me gusta de tí."
Raffaele dice con acento milanés: "Eres una tentación de pies a cabeza. No dejes que el luto te aplaste, que te sumerja de manera permanente en un dolor que terminará marchitándote."
Leila suspira
Dices con acento Siciliano: "en verdad lo crees?"
Raffaele dice con acento milanés: "que eres una tentación? o que el luto terminará marchitándote."
Raffaele dice con acento milanés: "Creo ambas cosas, Leila."
Dices con acento Siciliano: "Yo. No sé que hacer para evitar eso. "
Raffaele dice con acento milanés: "Mi autocontrol es férreo y si no fuese porque tienes prometido, diavolesa, ya te habría arrancado esos pantalones, sentado en tu escritorio para comerte y beberme tus orgasmos. "
Raffaele dice con acento milanés: "así de tentadora me resultas."
Leila lo mira con los ojos muy abiertos y el rubor subiendo nuevamente a su rostro.
Murmuras con acento Siciliano: "raffaele..."
Raffaele dice con acento milanés: "No seré explícito de lo que haría con tu clítoris o mis dedos dentro de ti porque ... dejaré que lo imagines y lo emules en tu habitación. Así tu fidelidad seguirá intacta, diavolesa."
Dices con acento Siciliano: "Es, una pena que hayas llegado tarde a mi vida. Talvez..."
Raffaele dice con acento milanés: "qué tontería, Leila."
el cuerpo de Leila reacciona y su centro palpita.
Raffaele dice con acento milanés: "las personas no somos trenes, no llegamos temprano o tarde."
Leila ríe.
Raffaele dice con acento milanés: "la decisión de con quien estamos es nuestra, no del tiempo o del destino "
Raffaele dice con acento milanés: "en este caso, diavolesa, es tuya. Puedes casarte o no, ser infiel o no. No te pongas excusas y no me las pongas a mí, no las necesito."
Raffaele dice con acento milanés: "en cuanto al duelo, el luto, la traición y esas heridas que mencionaste."
Murmuras con acento Siciliano: "Eres peligroso Raffaele... Pero sabes qué. eso también me gusta."
Leila sonríe.
Raffaele le sonríe, enigmático.
Raffaele dice con acento milanés: "Te gustarán más cosas, puedo llegar a ser tan encantador como despiadado, ya tendrás tiempo de verlo por ti misma."
Dices con acento Siciliano: "Quiero descubrirlas..."
Su mirada al decir eso es de seguridad.
Raffaele dice con acento milanés: "pero para cerrar la conversación, es válido que sientas dolor, lo que no se vale es que le dés más poder al dolor que a tu propia vida, Leila."
Raffaele le acuna la mejilla izquierda con la mano cálida.
Raffaele dice con acento milanés: "habrá tiempo, no te preocupes por eso ahora."
Leila le acaricia el pecho.
Raffaele dice con acento milanés: "Lo primero es que salgas de ese capullo de letargo y gelidez fingida. Ese que te asfixia, Leila. No tiene sentido. No eres menos regina por vivir y no le debes luto a Catania, solo a lo que sientes aquí."
Raffaele le roza el pecho del lado izquierdo.
Murmuras con acento Siciliano: "Tienes razón. Solo qué, hhan sido tantas cosas sobre mí. Y no hablo solo de ser la Regina. Pero sí, necesito, necesito ser feliz a mi manera en medio de la guerra y la famiglia."
Raffaele le da un pequeño toque en la nariz
Leila le busca la mirada con los ojos llenos de melancolía y necesidad de un refugio seguro.
Raffaele dice con acento milanés: "pues permítetelo. Al menos en tu círculo, con tu gente."
Raffaele murmura con acento milanés: "sí...también conmigo, cuando estés lista para confiar de verdad."
Raffaele dice con acento milanés: "ahora, como lo prometido es palabra para mí, mi primer secreto para ti."
Raffaele se inclina para hablarle al oído.
Leila le toma la mano.
Raffaele dice con acento milanés: "voy a irme ahora, a ubicarme en una habitación en tu ala de la villa y a darme placer antes de arrancarte la ropa y poseerte aquí mismo sobre tu magnífico escritorio, diavolesa. Te imagino abierta para mí y se me hace la boca agua. Pero siempre, siempre voy a respetar tus límites. capito?"
Raffaele se aparta de ella muy despacio.
Leila lo mira y vuelbe a agitarse.
Raffaele la mira.
Su pecho suve y baja.
Raffaele dice con acento milanés: "ahora ya tienes la posibilidad de sentenciarme. cualquiera que sepa lo que te he dicho al oído podría querer mi cabeza o cualquier otra parte de mi anatomía."
Murmuras con acento Siciliano: "Guardaré ese, secreto solo para mí. Raffaele..."
Raffaele sonríe peligrosamente.
Raffaele murmura con acento milanés: "ahora tienes mi vida en tus manos, regina. Y mi deseo por ti en tu mente."
Murmuras con acento Siciliano: "Quiero tener más de tí. "
Raffaele asiente con la cabeza.
Raffaele dice con acento milanés: "cuando me obsequies otro secreto."
Leila le sonríe cómplice.
Raffaele dice con acento milanés: "Ahora, me ocuparé del trabajo... luego, luego voy a tocarme imaginando que es una diavolesa quien me toca y lo disfrutaré ... Leila, no te quepa la menor duda."
Raffaele dice con acento milanés: "hasta la cena, regina."
Leila es ahora quien se acerca hacia él.
Leila pone la mano en su pecho y su rostro está a centímetros de los labios de Raffaele.
Raffaele permanece muy quieto observándola.
Murmuras con acento Siciliano: ""Raffaele, antes de que te vayas, necesito una promesa. No de lealtad a mi corona, sino a mi persona. Con el dolor que cargo, con la guerra que se avecina y las heridas que no cierran, mi necesidad más profunda es la certeza. Quiero que te conviertas en mi refugio inamovible; demuéstrame, con cada acción, que puedo confiar en ti de una manera que nunca pude con nadie más. No me pidas mi alma a la primera, Ingegnere, pero protégela, cuídala y respétala como si fuera tu más preciado diseño. Quiero que ese magnetismo que me atrae y me asusta sea la prueba constante de que no me traicionarás jamás. Prométeme que serás mi certeza silenciosa, la única que me permita respirar tranquila en el caos."
Raffaele la mira sin titubear
Raffaele murmura con acento milanés: "prometido, diavolesa. Tu alma es mi tesoro y mi vida de ahora en adelante hasta que exhale mi último aliento."
Raffaele murmura con acento milanés: "te daré noticias de tu amica en la cena. ahora, te dejo, regina."
Raffaele se dirige a la puerta del despacho a zancadas.
Raffaele abre y atraviesa el umbral. Segundos después cerraba la puerta tras de sí.
El eco de sus pasos en el pasillo sella un pacto de sangre y sombras bajo el cielo sangriento que envuelve a la ciudad de la ceniza.

La grieta en la armadura de la Reina.

El silencio en el despacho de Leila cayó como un manto pesado, pero no era la paz deseada. Era el estruendo amortiguado de una batalla interna recién declarada, solo roto por el suave y rítmico crepitar del cigarrillo entre sus dedos y el latido desbocado de su propio corazón, un tambor que anunciaba la traición. El aroma a vetiver y cedro de Raffaele no se había marchado con él. Permanecía suspendido en el aire climatizado, una prueba invisible e intangible de la tormenta que acababa de pasar. Ese perfume sutilmente masculino, con un regusto a tinta fresca y peligro calculado, era ahora un veneno dulce que se aferraba a la seda esmeralda de su traje.

Leila se llevó el cigarrillo a los labios, dando una calada profunda, pero el humo denso y azulado no logró sofocar el incendio que sentía. El mármol frío bajo sus pies y la seda costosa de su vestimenta eran insuficientes para contener el calor que se había instalado, no solo en su centro, sino recorriendo cada vena. Se sentía profundamente húmeda. No con la humedad pasional y furiosa que siempre le despertaba Mássimo—ese fuego que exigía posesión y lucha—sino con una lujuria silenciosa, insidiosa y sutilmente inteligente. Era un deseo nacido del peligro controlado, de la audacia intelectual de un adversario que se había atrevido a desnudarla mentalmente.

"Maledizione," pensó, sintiendo el pulso acelerarse frenéticamente en su cuello, justo en el punto vulnerable donde Raffaele había acercado su aliento cálido. "Reaccioné como una adolescente estúpida. Me vio. Me vio el temblor involuntario, el rubor que me subió al rostro, la maldita dilatación de mis pupilas. Me vio la fisura. Sabe exactamente dónde está mi interruptor más secreto y lo ha accionado con la precisión quirúrgica del ingeniero, sin un solo toque físico inapropiado, solo con la arquitectura de sus palabras."
Se levantó de golpe, la silla ejecutiva chirriando levemente contra el suelo de piedra pulida. Caminó hacia el ventanal blindado, contemplando la silueta inmutable del Etna, el volcán que simbolizaba la inestabilidad controlada de su vida siciliana. La promesa de Raffaele, ese escalofriante “Tu alma es mi tesoro y mi vida de ahora en adelante”, resonaba en su mente. Era la misma pureza idealizada que Pietro, su primer amor y víctima de Matteo, le había ofrecido, pero envuelta ahora en el filo perverso y excitante de la tentación adulta.

Su mente se había convertido en un campo de batalla filosófico entre tres fuerzas:
"Pietro era el ancla de paz que no quise; la posibilidad de una vida limpia y moral que rechacé por aburrimiento o quizás por cobardía."
"Mássimo es el fuego que me consume y me devuelve a la vida. Su amor es un campo de batalla que necesito para sentir la existencia. Él es el Capo que me domina, mi protector físico y mi amante feroz. Me rescató del abismo en Montenegro, y ese rescate es un juramento de por vida que pesa más que cualquier deseo fugaz."
"Pero Raffaele... Raffaele es la grieta, la maldita certeza de que hay otro tipo de intensidad, una más peligrosa, porque es silenciosa y piensa, porque es él quien me lee a mí y no al revés. Él no me pide rendición, sino un intercambio. Me ofrece la elegancia de la destrucción, el mismo arte oscuro que yo persigo en mi posición como Reina. Es un espejo que me devuelve mi ambición más cruda."
"¿Qué diablos voy a hacer con esta dualidad? Mássimo me da el fuego. Raffaele me da la certeza intelectual y el desafío silencioso. Y yo, solo quiero un poco de calma en mi cabeza, un respiro de la guerra. Esto es una traición, Leila. Una traición al compromiso con Mássimo, a todo lo que juraste defender."
Pero su cuerpo, su maldito cuerpo, no entendía de juramentos, ni de estrategias de guerra, ni de lealtades de Cosa Nostra. Solo sentía la pulsación sorda, la urgencia física de alivio. La tensión que había acumulado en la breve y explosiva reunión con Raffaele no se disiparía con el trabajo. Necesitaba apagar el incendio, al menos temporalmente, antes de que consumiera su fachada.
Con un movimiento brusco, casi violento, caminó hacia un mueble bar discreto escondido detrás de una estantería de libros antiguos. Sacó una botella de Grappa di Brunello de alta graduación y se sirvió un trago generoso en un vaso de cristal tallado. El alcohol bajó quemando, un fuego sustituto que apenas le sirvió para nublar ligeramente la lúcida desesperación.
Se dirigió a su tocador personal, un anexo íntimo de la suite que solo ella utilizaba. Las luces eran suaves, de un tono melocotón, diseñadas para calmar. Allí, con una prisa casi desesperada, descorrió la cremallera de su pantalón de seda, se deshizo de la ropa interior sin miramientos y la dejó caer al suelo. Se sentó en el taburete de terciopelo, con el vaso de grappa a un lado.
Cerró los ojos con fuerza. Por un momento, intentó concentrarse en la imagen de Mássimo, en el recuerdo de su dominio en la cama, en la forma en que él la obligaba a rendirse hasta el dolor. Quería invocar su presencia, usarla como un escudo contra la nueva amenaza. Pero la imagen era difusa, nublada, derrotada por la urgencia del instante.
Entonces, la memoria se impuso con la fuerza de un flash eléctrico: Raffaele inclinado, el aliento caliente en su oído, susurrando la promesa de lo que haría con ella si no estuviera comprometida, si ella no fuera la Reina: "ya te habría arrancado esos pantalones, sentado en tu escritorio para comerte y beberme tus orgasmos.
La imagen mental fue un disparo directo a su núcleo. La intensidad de ese pensamiento —la combinación de dominio sexual con el control absoluto de su trabajo— la hizo jadear, una rendición implícita. Llevó una mano temblorosa a su centro palpitante, y el contacto de sus propios dedos fue el alivio que su alma desgarrada exigía, el único punto de control que le quedaba. El pulso del placer se aceleró, ya no con la furia posesiva de Mássimo, sino con la urgencia silenciosa del secreto. Se movía con la cadencia que su mente dictaba, reviviendo la escena una y otra vez: los ojos de acero de Raffaele, su voz aterciopelada, la succión de su propio dedo. Era una htortura exquisita y una catarsis necesaria.
El orgasmo llegó rápido, un espasmo violento y liberador que la hizo arquearse en el taburete. El gemido, bajo y crudo, se ahogó en el silencio del despacho, un testimonio de su soledad.
Abrió los ojos lentamente. Estaba empapada de sudor y placer. El alivio era palpable, pero fugaz, como un parche sobre una herida mortal. La verdad, sin embargo, era ineludible y se sentía como un golpe:
Me he masturbado pensando en Raffaele, en lo que él haría. Y mi cuerpo ha respondido con un deseo que no puedo controlar, que él ya conoce.
Se quedó sentada, temblando ligeramente, el cigarrillo olvidado y el vaso de grappa a medio terminar. El deseo físico había sido aplacado, sí, pero la ansiedad, el miedo a ser descubierta y la excitación por el peligro, se habían multiplicado.
"Ahora, Ingegnere," susurró Leila al vacío, recuperando la máscara de la Regina. "Tenemos una guerra que librar. Una guerra contra Santoro y otra, mucho más peligrosa, aquí, dentro de mí. Y me temo que tú ya tienes la primera victoria."
Larabelle Evans
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Re: La resiliencia de la reina Ferrari

Mensaje por Larabelle Evans »

enfrentando la vulnerabilidad del deseo.

Punto de vista: Leila.

La atmósfera en la habitación privada de la regina en la villa Ferrari se siente como el interior de un motor de alta precisión a punto de alcanzar su límite térmico, saturada por el aroma denso del jazmín nocturno y el rastro metálico de la tormenta que acecha sobre el Mediterráneo. La luz es una penumbra líquida, filtrada por las persianas de madera que proyectan líneas de sombra sobre la piel de Leila como si fueran los planos de una estructura que ella ya no reconoce como suya. El espacio ha dejado de ser un refugio para convertirse en un laboratorio de la voluntad; el silencio es tan absoluto que el roce de la seda contra sus muslos suena como un grito de guerra contenido. No hay aquí la urgencia bruta de un rescate ni el peso de una deuda, sino una tensión cerebral e insidiosa que despoja a la Regina de sus defensas, obligándola a enfrentar el vacío de su propio deseo bajo la mirada de acero de un hombre que no busca vencerla, sino que ella misma descubra la arquitectura de su propio incendio.
Raffaele entra sin tocar a la puerta y cierra tras de sí.
Leila sale de la bañera. Coge una toaya y se seca con algo de rapidez. Sale del baño embuelta en ella.
El intenso aroma del perfume de Raffaele impregna el aire en la habitación.
Leila se detiene en seco cuando vé a Raffaele.
Murmuras con acento Siciliano: "Raffaele... ¿Qué, que, haces aquí?"
Raffaele se mete las manos en los bolsillos del pantalón de cuero y sonríe lentamente.
Raffaele ladea la cabeza y la repasa de arriba abajo.
Raffaele dice con acento milanés: "Cumplir con mi trabajo, regina. Soy tu sombra, ¿lo recuerdas?"
Leila lo mira.
Raffaele la mira con intensidad.
Dices con acento Siciliano: "Lo recuerdo. Solo que no, te esperaba."
Raffaele dice con acento milanés: "Y eso es un problema para ti, regina?"
Leila se encoge de hombros y niega.
Raffaele amplía la sonrisa.
Raffaele dice con acento milanés: "va bene."
Leila camina hacia la cama donde tiene un conjunto de Pijama.
Raffaele se le acerca con andar felino. Invade su espacio personal sin tocarla.
Murmuras con acento Siciliano: "¿Que ha pasado?"
Leila aspira su perfume que la embuelve.
Raffaele dice con acento milanés: "siéntate, así te pongo al día."
Raffaele da un paso hacia ella y le hace señas para que se siente en el colchón.
Leila se sienta en la cama. La toaya humeda marcando sus curbas.
Raffaele dice con acento milanés: "Dalila se ocupó de interrogar a los acechantes de tu amica, pero no eran más que unos perros de presa contratados, no forman parte del personal de Santoro ni de otros clanes menores."
Raffaele la devora con la mirada mientras habla.
Leila se estremese bajo esa mirada.
Raffaele dice con acento milanés: "Me ocupé personalmente de reforzar el sistema de seguridad que implementó Dalila."
Dices con acento Siciliano: "¿Entonces, que hacían siguiéndola?"
Raffaele se cruza de brazos. la camiseta ajustada le marca la musculatura del torso.
Leila recorre su torso con la mirada.
Raffaele dice con acento milanés: "Acechar, intimidar sis te gusta más el término, regina. Santoro no quiere que te olvides de que existe. Intuyo que se la habrían llevado, pero tu lugarteniente, Maurizio, no dio mucho márgen. Lo que es de entender, es su donna."
Asientes afirmativamente.
Raffaele fija la mirada en los pechos de Leila y la abertura de la toalla.
Dices con acento Siciliano: "que bueno que llegó a tiempo."
Raffaele dice con acento milanés: "Tu amica se llevó un buen susto, pero ahora ya está tranquila. Dalila va a ocuparse de entrenarla un poco más porque no es conveniente que sea tan vulnerable."
Dices con acento Siciliano: "Sí. Eso justo iva a pedirle. Ya que ella quiere formar parte de la seguridad."
Dices con acento Siciliano: "era algo que estaba postrgando por todo este problema."
Raffaele sonríe y niega sin quitarle los ojos de encima.
Raffaele murmura con acento milanés: "ahora Dalila va a procurar que aprenda lo necesario, al menos para defenderse; pero no está lista para formar parte de la seguridad, lo sabes tan bien como yo."
Leila asiente mirándolo a los ojos.
Raffaele murmura con acento milanés: "ahora, diavolesa, cuéntame. qué tal te fue la otra noche?"
Murmuras con acento Siciliano: "¿De que hablas?"
Raffaele posa la vista en el pulso que le late en la garganta a la regina.
Raffaele la desnuda con la mirada en silencio.
Raffaele murmura con acento milanés: "diría que me debes un secreto, ¿no crees?"
Leila sonríe sonrojándose un poco al entender a que se refiere.
Raffaele murmura con acento milanés: "Ese rubor en tus mejillas es de lo más tentador, diavolesa."
Murmuras con acento Siciliano: "Siendo así, tu también me debes un secreto."
Murmuras con acento Siciliano: "Es tentador. ¿Porqué?"
Raffaele se acerca al borde del colchón y se inclina hacia ella, pero no la toca, coge, en cambio el conjunto de pijama y se lo lleva a la nariz.
Murmuras con acento Siciliano: "¿a qué te tienta, ingeniere?"
Raffaele la mira fijamente.
Leila lo mira hacer.
Murmuras con acento Siciliano: "También quieres los secretos de mi ropa?"
Leila sonríe.
Raffaele dice con acento milanés: "No te lo imaginas, diavolesa? Yo creo que sí, pero leo en esos ojos tuyos que te encanta que te digan cosas sucias al oído, verdad? te calentaría la sangre que te contara cómo me toqué pensando en esas mejillas tuyas, o lo que me encantaría quitarte la toalla y abrirte los muslos para mí."
Raffaele murmura con acento milanés: "Eres una diavolesa caliente y golosa."
La respirasión de Leila se acelera.
Raffaele aspira de nuevo el conjunto y lo deja sobre la cama.
Raffaele dice con acento milanés: "los secretos de tu ropa es que huelen a ti, diavolesa. A las ganas de sentir que aplacas todas las noches por el miedo de que te perciban vulnerable."
Murmuras con acento Siciliano: "Yo. No puedo ser bulnerable. Raffaele..."
Raffaele murmura con acento milanés: "pero dime, cuéntame un secreto, el que quieras. No tiene que ser el de la otra noche."
Raffaele chasquea la lengua y niega.
Leila lo mira.
Murmuras con acento Siciliano: "Las veces que lo he sido, solo ha servido para que me traicionen."
Raffaele dice con acento milanés: "Lo que no puedes es mostrarle tu vulnerabilidad a cualquiera, diavolesa. Pero todos somos vulnerables."
Leila suspira.
Raffaele murmura con acento milanés: "porque has mostrado tu vulnerabilidad a la persona o personas equivocadas."
Leila asiente dándole la razón.
Raffaele dice con acento milanés: "hay una realidad, nos guste más o menos, somos humanos y como tales, falibles, con debilidades, vulnerabilidades, defectos. Ese no es el problema. El problema es a quién se los muestras."
Dices con acento Siciliano: "Sí. Es posible que eso haya pasado."
Raffaele se acerca un poco más y se inclina sobre ella para mirarla a los ojos. sus cuerpos están a centímetros, pero no se tocan.
Raffaele habla en voz baja muy cerca de su boca.
Leila persibe su calor.
Raffaele murmura con acento milanés: "apuesto a que con Pietro nunca temiste, diavolesa. él era tu refugio, no es verdad?"
Leila respira su calido aliento.
Leila lo mira un poco sorprendida.
Murmuras con acento Siciliano: "¿como sabes eso?"
Raffaele se yergue para darle un respiro.
Raffaele la mira con intensidad.
Murmuras con acento Siciliano: "Pero sí. Con él, yo, no. No tenía miedo de nada..."
Raffaele dice con acento milanés: "hago mi trabajo, Leila. Y ser tu sombra es saber, detectar antes que tú misma donde tengo que proteger, qué tengo que resguardar."
Raffaele asiente con la cabeza.
Leila suspira con nostalgia y asiente.
Raffaele dice con acento milanés: "Él no era una persona equivocada. Eso demuestra mi teoría. con él te dabas permiso. El permiso que, sin temor a equivocarme, diría que no te das con tu prometido."
Raffaele dice con acento milanés: "la gran pregunta es, diavolesa..."
Raffaele se inclina nuevamente sobre ella y respira fuerte cerca de su cuello.
Raffaele murmura con acento milanés: "te lo darás conmigo, Leila?"
Raffaele acerca la boca a su oreja y le susurra.
Leila respira entrecortado.
Raffaele susurra con acento milanés: "Vas a confiar en mi, diavolesa?"
Murmuras con acento Siciliano: "Sí... "
Raffaele vuelve a susurrarle al oído.
Raffaele susurra con acento milanés: "Eres una dona inteligente, diavolesa. Tentadora y dulcemente caliente. Un bocado para los sentidos."
Raffaele se yergue una vez más y da un paso atrás.
Leila le mira los labios.
Raffaele murmura con acento milanés: "Hum, hermosa. dime, Leila. vuelves a estar mojada entre los muslos? Cuéntame un secreto, me lo debes."
Leila lo mira fijamente.
Raffaele la mira a los ojos.
Murmuras con acento Siciliano: "Esa noche. yo..."
Raffaele murmura con acento milanés: "tu..."
Murmuras con acento Siciliano: "Me toqué en el despacho pensándote..."
Leila se vuelve a sonrojar una vez de decirlo.
Raffaele murmura con acento milanés: "y lo disfrutaste, diavolesa? Te gustó sentir la libertad de darte placer sin que nadie te lo exigiera? solo por el hecho de disfrutar."
Leila asiente.
Raffaele sonríe y la satisfacción brilla en sus ojos acerados.
Raffaele dice con acento milanés: "Definitivamente ese sonrojo tuyo es mi mayor tentación. Sabes por qué, diavolesa?"
Leila niega.
Murmuras con acento Siciliano: "¿porqué?"
Raffaele dice con acento milanés: "porque me pone duro imaginar que algúna vez te pudieras sonrojar así o más si me bebo tus orgasmos, si me hundiera hondo dentro de ti."
Leila lo mira con intensidad sintiéndose humedecer.
Raffaele murmura con acento milanés: "Ahora te contaré mi secreto de hoy, diavolesa."
Raffaele dice con acento milanés: "Yo me toqué imaginándote en tu despacho, desnuda, abierta, mojada y gimiendo mi nombre con tus largos y hermosos dedos entre tus pliegues."
Raffaele murmura con acento milanés: "Delicioso, y esta mañana lo hice imaginándo cómo haría que disfrutes otra vez del placer de tu cuerpo sin que nadie te someta, simplemente porque quieres sentirte viva, diavolesa."
Murmuras con acento Siciliano: "Raffaele..."
Leila aprieta las rodillas, el borde húmedo de la toalla se clava en su piel, un intento inútil de contener la marea que sube desde su centro. Sus ojos esmeralda, que nunca mienten ante el peligro, están ahora llenos de una vulnerabilidad tan pura.
Murmuras con acento Siciliano: "Me asusta. Me asusta la facilidad con la que me lees, con la que atraviesas mis defensas. Me asusta este calor que me traiciona."
Murmuras con acento Siciliano: "¿Porqué, porqué lo haces Raffaele?. ¿Porqué tienes la facilidad de volverme loca de esta manera? "
Raffaele la mira con intensidad.
Raffaele murmura con acento milanés: "Lo hago porque una mujer como tú merece estar viva. Sentir de verdad, no vivir presa del miedo, de la gratitud, de un juramento que aplasta el espíritu que palpita bajo tu piel, Leila."
Raffaele dice con acento milanés: "Una mujer como tú vale demasiado para solo rendirse a vivir a ratos bajo el fuego de un hombre. tú, diavolesa no necesitas el fuego de nadie porque lo tienes dentro de ti, esperando que le des... que te des el permiso de vivir intensamente."
Raffaele la sigue devorando con la mirada.
Raffaele dice con acento milanés: "Lo hago porque me fascinas, porque tu alma es mi tesoro, mi vida misma."
Leila lo mira con los ojos muy abiertos ante su comfeción sincera.
Murmuras con acento Siciliano: "raffaele. Io..."
Raffaele murmura con acento milanés: "no te reprimas, diavolesa. tu cuerpo me canta ahora mismo y estás deliciosamente excitada. no te hagas eso, no te reprimas, Leila."
Raffaele la mira desde los dedos de los pies hasta sus hermosos ojos verdes.
Leila se descubre dejando caer la toaya.
A Raffaele le brillan los ojos y sonríe.
Raffaele murmura con acento milanés: "preciosa... una diosa de fuego. Si pudieras verte a través de mis ojos, diavolesa, no sentirías ese miedo."
Murmuras con acento Siciliano: "Y qué sentiría?"
Raffaele dice con acento milanés: "placer, satisfacción, la seguridad de ser resistente como el bambú que se pliega al viento pero no se rompe; que resiste tempestades y sigue ahí."
Leila le sonríe coqueta.
Raffaele dice con acento milanés: "si te vieras con mis ojos, disfrutarías de ver tus pezones rosados, erguidos y apetitosos como cerezas dulces."
Raffaele la recorre despacio con la vista.
Leila pasa las manos por sus pechos aprovechando que él la mira.
Raffaele dice con acento milanés: "gozarías del paisaje entre tus muslos, ese que promete una delicia para cualquier boca, diavolesa."
Dices con acento Siciliano: "¿Y solo quieres verme disfrutar de eso? "
Raffaele se apoya en la cómoda mientras la mira acariciarse.
Leila lo mira interrogante y con cierto desafío.
Raffaele sonríe.
Raffaele dice con acento milanés: "No, Leila."
Raffaele dice con acento milanés: "La pregunta es otra..."
Raffaele dice con acento milanés: "confiarás en mí para mostrarme como gozas dándote placer? Abrirás esos hermosos muslos para que pueda ver el tesoro que guardas entre tuspliegues, diavolesa?"
Leila lo mira con picardía.
Raffaele fija la vista en el triángulo de rizos oscuros.
Luego asciende muy despacio como si se grabara a fuego la geografía de la regina.
Leila se recuesta en la cama, despacio.
Raffaele murmura con acento milanés: "vas a darme ese secreto, diavolesa?"
Raffaele no la pierde de vista.
Dices con acento Siciliano: "¿Qieres ser el guardián de mis cecretos Raffaele?"
Raffaele murmura con acento milanés: "tan hermosa, tan ardiente. "
Leila habla con voz seductora.
Raffaele dice con acento milanés: "No quiero serlo, Leila. Lo soy. Pero no solo soy el guardián de tus secretos, lo recuerdas?"
Leila ríe bajo.
Raffaele dice con acento milanés: "Soy el guardián de tu misma alma. De todo lo que no le muestras a nadie. De lo que callas, de lo que anhelas."
Raffaele clava los ojos en su rostro.
Raffaele dice con acento milanés: "y cuando confíes del todo en mí, incluso guardaré tus sueños."
Leila lo mira fijo y comienza a acariciarse con más seguridad los pechos, separa ligeramente las piernas.
Raffaele murmura con acento milanés: "preciosa, diavolesa. Soy un afortunado de la vita porque quieras regalarme este secreto."
Murmuras con acento Siciliano: "Disfruta de este secreto. Raffaele..."
Raffaele murmura con acento milanés: "lo disfruto, pero lo gozaré verdaderamente cuando te vea gozar a ti, Leila."
Raffaele camina hasta el borde de la cama y se detiene justo frente a sus muslos abiertos.
Leila baja sus dedos desde sus cenos hasta su abdomen en una caricia lenta.
Leila encuentra su centro de placer, separa más las piernas para que Raffaele la observe. el contacto con su Clítoris y sus dedos fue eléctrisante.
Raffaele sigue los dedos de Leila.
Leila cierra los ojos para concentrar toda la sensación.
Raffaele murmura con acento milanés: "Divina. Así de húmeda, apetitosa y jugosa."
Raffaele murmura con acento milanés: "siéntete, diavolesa. Goza de esas ganas que vibran bajo tu piel."
Leila abrió los ojos, sus pupilas dilatadas por la excitación.
Leila frota su clítoris con un ritmo que la hace gemmir, arquearse de placer ante los ojos de Raffaele.
Raffaele la recorre de arriba abajo con la vista. En sus ojos grises la satisfacción palpita al ritmo de los gemidos de Leila.
Murmuras con acento Siciliano: "Mírame, Raffaele..."
Raffaele dice con acento milanés: "melodía para mis sentidos, diavolesa. Esta noche no tendré que esforzarme en imaginar como gimes de placer, me llevo tus gemidos bajo la piel."
Raffaele dice con acento milanés: "Te veo, Leila. Veo como tu clítoris palpita y se asoma entre tus pliegues mojados."
Leila con sus dedos aumente el ritmo en su interior.
Murmuras con acento Siciliano: "Y verme así te gusta?. "
Raffaele dice con acento milanés: "veo tus ganas y el fuego que se enciende en tus entrañas. el pulso que grita en tu cuello, el deseo de sentirte llena sin rogar ni rendirte."
Raffaele se desabrocha el pantalón de cuero y baja la cremallera, luego baja la elástica del bóxer.
Leila Se inclina hacia adelante, arqueando la espalda, el rostro tenso en una mezcla de éxtasis y desafío. El placer que sentía ya no era solo un escape.
La longitud gruesa y pesada salta libre. el glande se ve brillante de humedad.
Raffaele murmura con acento milanés: "mira cuanto me gusta mirarte así, diavolesa."
Leila mira su miembro palpitante y mete dos dedos a su interior.
Raffaele murmura con acento milanés: "ver cómo disfrutas me la pone dura, diavolesa."
Raffaele habla con voz baja y áspera.
Raffaele murmura con acento milanés: "veo como tus dedos entran y salen de ti e imagino que son los míos."
Leila se pierde en su voz dejando que el placer aumente.
Raffaele murmura con acento milanés: "usa tu otra mano, Leila, tu clítoris lo pide a gritos. regálame ese orgasmo que empieza a quemarte ahí dentro."
Leila frota su clítoris metiendo y sacando sus dedos con más necesidad.
Raffaele murmura con acento milanés: "regálatelo. Siente tu humedad, como tus dedos se deslizan y cómo te vas cerrando alrededor de ellos."
Raffaele dice con acento milanés: "Te veo, Leila y estás tan cerca. Qué delicia."
Raffaele murmura con acento milanés: "así, así... no aceleres el ritmo, Leila, no lo apresures."
Su cuerpo estaba combertido en un arco tenso apunto de romperse.
Leila no deja de gemir cada véz más alto.
Raffaele dice con acento milanés: "disfruta de ese calor, del ardor que te recorre las venas."
La voz de Raffaele y sus palabras la estaban llebando cada vez más alto.
Raffaele murmura con acento milanés: "estás empapada, diavolesa. un poquito más, sostén el ritmo ahí, en tu clítoris. siente como palpita bajo tus dedos. siente cómo te mojas y te aprietas."
Un gemido estrangulado escapó de sus labios al sentir el espasmo inicial del clímax.
Raffaele dice con acento milanés: "disfruta de ti, de tu fuego."
Raffaele dice con acento milanés: "así, no te aceleres, siente como ardes, diavolesa."
Leila sentía como la ola de placer desde su clítoris la empujaba cada vez más.
Raffaele dice con acento milanés: "deja tus dedos muy adentr y solo enfócate en tu clítoris."
Leila deja sus dedos en su interior y se concentra en su clítoris.
Raffaele dice con acento milanés: "hermosa, Leila ya casi estallas, siéntelo, siéntete."
Raffaele dice con acento milanés: "dio mio, Leila, qué belleza."
El orgasmo final fue un terremoto que la sacudió de pies a cabeza. Un grito bajo y prolongado se ahogaba en el colchón. Sus músculos se tensaron hasta el límite, su espalda arqueada en una 'C' perfecta de liberación. La mente se le queda en blanco, borrando el dolor y la guerra.
Raffaele se sube el bóxer y se abrocha los pantalones.
Leila queda sobre el colchón, sus manos aún entre sus muslos, el cuerpo cubierto por una capa fina de sudor. Respiraba con jadeos entrecortados, los ojos cerrados. El silencio regresó
Raffaele permanece de pie, cuidándola mientras se recupera como la sombra guardián que ha prometido ser.
Leila luego de unos minutos abre los ojos y lo mira.
Raffaele la ve con una mezcla de devoción y reverencia.
Murmuras con acento Siciliano: "Raffaele..."
Murmuras con acento Siciliano: "¿porqué me miras así?"
Leila sonríe.
Murmuras con acento Siciliano: "Diomio. Tú, me vas a volver loca, Ingeniere..."
Raffaele dice con acento milanés: "mi devoción y mi lealtad es tuya, regina."
Leila suspira.
Raffaele dice con acento milanés: "Porque mereces ser vista como la diosa que eres, leila."
Dices con acento Siciliano: "¿Y te parece que mi prometido no me ve así?"
Raffaele dice con acento milanés: "La pregunta no es si a mí me parece que te ve así, la pregunta es... "
Raffaele se inclina hacia ella sin tocarla.
Raffaele murmura con acento milanés: "cómo te parece a ti que te ve tu prometido? Como la diosa que eres o como una posesión que él necesita para sentirse vivo "
Raffaele se yergue y la mira.
Leila lo mira pensativa.
Raffaele dice con acento milanés: "Ahora descansa, diavolesa. Y recuerda que nadie tiene el poder de apagar tu fuego."
Raffaele murmura con acento milanés: "te dejaré descansar y meditar, regina. Esta noche tengo mucho con qué disfrutar y darme placer pensando en ese fuoco tuyo tan exquisito."
Leila asiente sonriéndole con complicidad.
Dices con acento Siciliano: "Va bene."
Leila se incorpora para quitar el edredón, luego vuelve a acomodarse cubriéndose.
Raffaele le devuelve la sonrisa y sale a paso calmado de la habitación de la regina.
Leila lo mira irse.
El edredón de seda, pesado y fresco, se sentía como una carga en lugar de un consuelo. Leila se hundió en las almohadas, cerrando los ojos para intentar contener el torrente de pensamientos, pero la mente de la Regina no ofrecía tregua, especialmente después de haber sido expuesta a la mirada de Raffaele.

La pregunta del ingeniero, lanzada con esa precisión de francotirador, resonaba en el silencio de su suite: "cómo te parece a ti que te ve tu prometido? ¿Como la diosa que eres o como una posesión que él necesita para sentirse vivo?"

La diferencia entre la fascinación de Raffaele y el dominio de Mássimo se presentó ante ella con una claridad brutal.


El recuerdo de Mássimo era el de un incendio forestal. Cuando la miraba, sus ojos oscuros gritaban posesión. Él no veía a una diosa, veía un territorio ganado con sangre y una reliquia preciada que debía ser exhibida y protegida con ferocidad. Su fuego era externo, envolvente. La veía como la Regina de Sicilia, pero también como la suya, la mujer que le pertenecía en cuerpo y alma, la prueba de su poder sobre los demás. Con Mássimo, el sexo era una toma de control, una rendición total que ella, irónicamente, necesitaba para sentirse segura en el caos. Era su ancla de fuego, sí, porque le exigía el fuego que ella ya tenía. Pero nunca le había preguntado si quería encenderlo. Solo lo tomaba, en una sinfonía de violencia y ternura.

El ingeniero era el polo opuesto. Él la veía, la miraba, con una reverencia clínica. Sus ojos grises no querían poseerla; querían diseccionarla para admirar la belleza de su maquinaria interna. Él no le quitó la toalla, no la tocó, pero la desnudó por completo con sus palabras. Él vio el fuoco interno, esa llama que Mássimo y la guerra alimentaban, pero que ella temía usar. Raffaele le dijo: "tú, diavolesa no necesitas el fuego de nadie porque lo tienes dentro de ti, esperando que le des... que te des el permiso de vivir intensamente." Mássimo la quería fuerte; Raffaele la quería libre de ser fuerte, sin el peso del miedo. Él no buscaba una rendición; buscaba una complicidad, un intercambio de secretos.

La lealtad a Mássimo era un pilar de su estrategia y un juramento emocional. Pero la emoción que sentía por Raffaele no era amor, sino una necesidad funcional de ser vista, una adicción al peligro.
Él es el único hombre que le ha ofrecido un trato justo: Mi vida por tu verdad. Y la verdad más inmediata era esta: Me excitas, Ingegnere, porque me haces sentir viva sin la obligación de la guerra.
Leila se llevó la mano a la garganta. El rubor no se había marchado del todo. Mañana sería de nuevo la Regina. Pero esta noche, en la soledad de su suite, se permitiría ser la mujer que había encontrado una nueva y peligrosa certeza en el caos: un guardián de acero que no la poseía, sino que la admiraba arder.
Larabelle Evans
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Re: La resiliencia de la reina Ferrari

Mensaje por Larabelle Evans »

El despertar de la Reina y la diferencia del Zafiro.

Punto de vista: Leila.

El amanecer se filtró en la suite de Leila con la suavidad de la seda, tiñendo las paredes de un oro pálido y melancólico. La Regina, conocida por la firmeza marmórea de sus decisiones, despertó enredada en las sábanas de lino egipcio, el cuerpo todavía marcado por la liberación catártica de la noche anterior. Se desperezó, estirando los largos miembros con la languidez de un gato bajo el sol siciliano, sintiendo el crujido satisfactorio en su espalda. No era solo un estiramiento físico; era la sensación de su alma regresando a su cuerpo después de haberla abandonado en un arrebato de fuego.

El primer pensamiento que llegó a su mente, antes incluso de abrir los ojos por completo, no fue la planificación quirúrgica contra Santoro. Fue el recuerdo de una voz grave y seductora que susurraba mandatos a su oído, de unos ojos grises acerados que la penetraban sin juicio, y de la sensación abrumadora de ser completamente y peligrosamente vista en el momento más íntimo de su vulnerabilidad.

Una risa, baja y completamente inesperada, escapó de sus labios. Era un sonido que no había escuchado en años, una risa libre de la pesada armadura de la Regina de la Mafia. Se sintió despojada de responsabilidades y expectativas, regresando por un instante al estado de la adolescente que Matteo, su padre, nunca le había permitido ser: la ragazza que experimentaba un cosquilleo ridículo, delicioso y completamente incontrolable en el estómago al ver al chico que la hacía sentir libre.

«¿Una adolescente? ¿Yo? La Reina de Sicilia sintiendo cosquilleo por un ingeniero con aires de depredador que me desarma con su silencio?» El pensamiento la hizo reír de nuevo, un sonido suave y amortiguado contra la almohada. Era absurdo, era un riesgo existencial para su posición y, precisamente por ello, era irresistible. Se había rendido a la soledad de su mente y de su cuerpo pensando en un hombre que no era su prometido, y lejos de sentir culpa, sentía una lucidez perversa. El cuerpo no miente, y el suyo había elegido la intensidad silenciosa de Raffaele sobre la furia posesiva de Mássimo como su nuevo motor emocional.

Abrió los ojos. La luz de la mañana le devolvió la imagen de su mano descansando sobre la almohada. El primer objeto que capturó su atención, con su brillo frío, fue el anillo de compromiso de zafiro y oro blanco que Mássimo le había entregado. Un juramento de por vida y una alianza de poder. Lo observó por unos momentos, sintiendo el peso de la lealtad obligada. El fuego de la pasión que sentía por Mássimo no había desaparecido, pero ahora venía con una nota de obligación y de propiedad que el ingeniero se había encargado de señalar y de eclipsar.

Pero algo más, algo completamente ajeno al orden habitual de su mesita de noche llamó poderosamente su atención, obligándola a incorporarse.

Leila se sentó en la cama, la respiración contenida, sintiendo la adrenalina familiar de un descubrimiento crucial. Sobre la caoba pulida de su escritorio, se erguía un conjunto orgánico y vaporoso de flores.

Se levantó de la cama de un salto, la sábana cayendo a sus pies, quedando desnuda y expuesta a la luz de la mañana, pero no le importó. La curiosidad y una punzada de excitación, eran mucho más fuertes que su necesidad de vestirse.

Era un arreglo de doce tulipanes de un color zafiro intenso, su flor favorita, el color de la lealtad y la realeza, entrelazados con abundantes varas de jazmín de Madagascar y pequeñas flores de Gipsofila blanca. El contraste del azul vibrante sobre el blanco puro hacía que los tulipanes parecieran cobrar vida propia, como estrellas en un cielo nocturno en miniatura. Cada pétalo aterciopelado parecía capturar la luz con un brillo casi eléctrico.

Un perfume embriagador y dulce llenó la estancia al instante; el jazmín aportaba una nota de fondo intensa y narcótica que complementaba la frescura vegetal de los tallos de tulipán. Era el mismo aroma que había llenado la habitación con la entrada de Raffaele: la fragancia sutil de un peligro calculado y profundamente seductor.

Leila acercó la cara al arreglo, aspirando el aroma con una necesidad casi animal, buscando en la fragancia la huella de quien las había dejado. Luego, con dedos temblorosos que delataban su nerviosismo, deslizó de entre las hojas una tarjeta pequeña y rígida. Estaba escrita con una caligrafía masculina, firme y elegantemente inclinada, y el mensaje la golpeó con la fuerza precisa de una bala:para la diosa de fuego que hace arder mis noches. Gracias por obsequiarme tu segundo secreto, verte arder ha sido un tesoro que guardaré con el mismo recelo con el que guardo tu alma y protejo tus secretos.
Algo en Leila se removió al recibir este arreglo de parte de Raffaele. No era solo el gesto —que era un desafío a su prometido, a su seguridad y a su sentido común—, ni la belleza inusual de las flores, sino el contenido brutalmente íntimo y respetuoso de la tarjeta. Había presenciado su momento más vulnerable, su catarsis más íntima y secreta, y en lugar de humillarla, de exigirle algo, o de usarlo como chantaje, lo había calificado como un tesoro. Había validado su deseo, había honrado su fuoco interno, y lo había hecho con el mismo respeto y solemnidad con el que prometió guardar su alma.

La Reina de Sicilia sintió un calor inusual que se extendió por su pecho, uno que no tenía que ver con la lujuria, sino con la gratitud profunda, la complicidad inesperada y la admiración. Raffaele no solo había roto su armadura; estaba tejiendo una nueva, hecha de secretos compartidos y lealtades no declaradas.

Dejó la tarjeta sobre el escritorio, justo al lado de los tulipanes. Miró el anillo de zafiro en su dedo, y luego los tulipanes de zafiro en el jarrón. El color era el mismo, pero el significado, radicalmente distinto. El anillo era una promesa de matrimonio y lealtad; las flores, una promesa de lealtad a su yo más profundo y peligroso, a esa diosa de fuego que él había liberado.
Leila, con la tarjeta de Raffaele aún grabada en la retina y el perfume de jazmín en el aire, se obligó a dejar de lado la turbulencia emocional. La Regina de Sicilia no podía permitirse el lujo de la distracción, aunque fuera deliciosa. La emoción, sin embargo, era innegable, y la conciencia de ser el objeto de un deseo tan natural la llenó de una energía renovada y peligrosa. Se sentía más viva, más alerta, más dispuesta a la lucha.

Con un movimiento fluido que delataba su propósito, caminó desde el escritorio hacia el anexo de su baño principal. El mármol de Carrara estaba frío bajo sus pies, un contraste bienvenido para el calor que sentía en su piel. Entró a la vasta estancia, donde el ventanal le ofrecía una vista discreta de los jardines interiores. Abrió el grifo dorado que alimentaba la bañera romana, permitiendo que el agua tibia fluyera con un murmullo apacible y constante. Añadió sales minerales y un chorro generoso de un aceite esencial de sándalo y naranja sanguina. La mezcla prometía calmar la piel y centrar la mente, disipando el rastro dulce y excitante que Raffaele había dejado.
Se sumergió en el agua con un suspiro profundo, permitiendo que el calor y el aroma envolvieran cada centímetro de su piel. Durante unos minutos robados al caos, cerró los ojos y se concentró únicamente en el sonido del agua y en la sensación de flotar. Era un reinicio, un lavado de la confesión íntima de la noche anterior.

Unos quince minutos después, salió de la bañera, el vapor adhiriéndose a su piel con un abrazo cálido. Se secó con movimientos rápidos y precisos, como si el tiempo apremiara, y se envolvió en una bata de seda pura. Su paso la llevó directamente a su vestidor.

El vestidor de Leila era un santuario de la discreción y el poder, un círculo de caoba oscura y espejos de cuerpo entero que solo reflejaban la imagen que ella deseaba proyectar. Hoy, su elección fue la encarnación de la autoridad silenciosa. No fuego, no pasión, sino la estabilidad de la roca.

De entre los cientos de prendas perfectamente organizadas, eligió un traje de seda dupioni en un color Gris de Pizarra profundo. Era un conjunto atemporal y elegantemente severo. El tejido, con su brillo discreto y su caída impecable, se sentía como una segunda piel. Consistía en una blusa de cuello alto y sin mangas del mismo tono, un saco de corte militar que delineaba sus hombros y cintura, y una falda lápiz que se ajustaba a sus caderas con una precisión milimétrica, cayendo hasta la rodilla para acentuar la longitud de sus piernas. El conjunto era la antítesis del romanticismo; era la armadura de la ejecutiva despiadada.

Combinó el traje con unos zapatos de tacón de aguja forrados en piel de cocodrilo del mismo color gris, cuyo brillo sutil captaba la luz sin ser ostentoso.

Frente al tocador, su ritual de maquillaje fue rápido y estratégico. No buscaba transformar, sino realzar la dureza de su mirada y la firmeza de su mandíbula. Optó por una base ligera que eliminaba cualquier rastro de cansancio, un delineado de ojos sutilmente ahumado en tonos carbón para acentuar sus ojos esmeralda, y un labial color malva mate que le daba a su boca una expresión de control absoluto. Recogió su cabello en un moño bajo y tirante, dejando solo unos mechones enmarcados que caían con precisión militar alrededor de su rostro. El peinado era la firma de una mujer que no dejaba nada al azar.

Al verse en el espejo de cuerpo entero, no era la diosa de fuego que Raffaele había admirado ni la mujer vulnerable que se había tocado en la oscuridad. Era la Regina impecable, la estratega infalible. Se colocó el anillo de zafiro de Mássimo en el dedo, sintiendo el peso del juramento.

«Mássimo me da el anillo de zafiro y el compromiso. Raffaele me da los tulipanes de zafiro y el fuego interno. Ambos son certezas, pero solo uno de ellos me hará sentir invencible en mi propia piel».

Con esa lucidez recién adquirida, tomó su teléfono. Era hora de ganar la guerra.
El clic seco y autoritario de los tacones de aguja de Leila marcaba un ritmo implacable sobre el mármol del pasillo principal, el sonido de la eficiencia en movimiento. La Regina caminaba hacia su despacho, el traje gris de pizarra actuando como una segunda piel, un escudo de seriedad inquebrantable. En su mano, el teléfono emitía un resplandor discreto, y sus ojos, aún ligeramente sombreados por el delineado carbón, se movían con la velocidad del halcón sobre las notificaciones cifradas que llegaban de sus subalternos.

Llegó a la puerta maciza de su despacho, la abrió con un movimiento fluido y entró, lista para sumergirse en la guerra.

Y entonces, se detuvo.

Su cuerpo, rígido y entrenado para la alerta, quedó de una pieza. No por una amenaza o un sonido, sino por una belleza que desafiaba su control.

El primer arreglo de tulipanes, el de la mesita de noche, era un desafío íntimo, una promesa susurrada. Este segundo arreglo, sin embargo, era una declaración audaz plantada justo en el centro de su inmensa mesa de reuniones, ocupando el espacio que habitualmente estaba reservado para los mapas de estrategia y los reportes de balances.

En un jarrón de cristal bajo y pesado, se agrupaban treinta tulipanes de un color zafiro intenso, formando una cúpula compacta de color azul. El arreglo era robusto, denso, una masa de azul profundo que recordaba a un cielo nocturno en calma. Emergiendo con una elegancia dramática entre los tulipanes, se encontraban varios Lirios Stargazer de un blanco níveo con sutiles pecas plateadas. Las grandes y abiertas corolas de los lirios servían de marco equilibrado para la forma cerrada y perfecta de los tulipanes, simbolizando la apertura del deseo contenida por la forma militar de la Reina. Para añadir textura, se habían incluido hojas de Eucalipto de un verde azulado que armonizaba con la paleta de colores.

Al acercarse e inspirar, Leila percibió el aroma con una necesidad voraz: una fragancia penetrante, especiada y exótica. El aroma del lirio era dominante y sofisticado, una nota embriagadora que se mezclaba con el toque balsámico y refrescante del eucalipto. Era un perfume que anunciaba la presencia de Raffaele, de un desafío envuelto en terciopelo.

Se acercó a la mesa, sintiendo cómo el pulso se le aceleraba de una manera que ni la amenaza de Santoro lograba. La mano que sostenía el teléfono, antes firme, tembló ligeramente. Sus dedos rozaron la tersura de un pétalo de lirio, y al fijarse en la tarjeta, vio el siguiente mensaje:
Una muestra que impone tanto como el valor de haberse levantado de las cenizas y reinar.
Leila sintió como otra capa más de su coraza se quebraba al ver el hermoso arreglo y leer la nota. No era un cumplido a su belleza o su poder, sino a su resiliencia, a su capacidad de reinar después del secuestro; era una validación de su dolor y de su fuerza. Las emociones revolucionaron su ser sin que ella pudiera o quisiera evitarlo.

Una oleada de calor se extendió desde su pecho. La Regina de Sicilia, la mujer que había jurado no volver a ser vulnerable, no sintió miedo. Sintió un placer infantil y desbordante ante el atrevimiento, la precisión y la reverencia del gesto.

Una sonrisa lenta, amplia y completamente sincera curvó sus labios. Apoyó el teléfono con un golpe seco en la mesa, olvidando por un instante el mundo exterior. Su mano se dirigió a las flores. Tocó los tulipanes, luego el borde aterciopelado de un lirio, la seda de los pétalos bajo sus dedos. La sonrisa se hizo más brillante, sus ojos esmeralda brillaron con una luz juguetona y peligrosa que la hacía ver más joven. Era la sonrisa de una mujer que acababa de recibir el arma más hermosa y letal: la complicidad de un ingeniero de la seguridad que había decidido seducir su alma antes que su cuerpo.

«Dios mío, Ingegnere. Me estás volviendo completamente loca. Y me gusta. Me gusta muchísimo», pensó, sintiendo que el desafío de Raffaele era la inyección de vida y adrenalina que necesitaba para no marchitarse.
Larabelle Evans
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Re: La resiliencia de la reina Ferrari

Mensaje por Larabelle Evans »

Paseo volcánico.

Punto de vista: Leila & Raffaele.

Raffaele abre la puerta de la habitación sin tocar. Entra y cierra tras de sí.
Raffaele dice con acento milanés: "Regina..."
Leila lo mira y sin querer sonríe con un brillo especial en los ojos.
Dices con acento Siciliano: "Ciao..."
Raffaele dice con acento milanés: "Ciao, diavolesa."
Raffaele mira el arreglo de flores, sonríe y luego la mira con intensidad.
Leila mira las flores luego a él.
Dices con acento Siciliano: "Son Molto bellas. Grazie. No, me esperaba algo así."
Raffaele dice con acento milanés: "Cámbiate de ropa, ponte ropa cómoda."
Leila levanta una ceja sorprendida.
Raffaele murmura con acento milanés: "Pues las recibirás más amenudo."
Raffaele dice con acento milanés: "Anda, cámbiate, todavía hay luz de día."
Murmuras con acento Siciliano: "¿cambiarme para qué?"
Raffaele dice con acento milanés: "¿Confías en mí?"
Leila lo mira fijo.
Dices con acento Siciliano: "Sí."
Raffaele le sostiene la mirada.
Leila se levanta del pequeño sofá y camina al vestidor.
Raffaele aguarda a que ella se cambie de ropa.
Leila busca entre su ropa y saca unos vaqueros azul marino, una blusa de satén negro. Se desviste rápidamente desaciéndose de su traje sastre. Se viste sin dejar de Sonreír.
Raffaele dice con acento milanés: "ropa cómoda, diavolesa, los trajes de seda déjalos para otro día."
Leila saca de la zapatera unas zapatillas deportivas negras y se calza.
Leila ríe por el comentario de Raffaele y acomodándose el cabello con la mano, se mira al espejo.
Raffaele se asoma al vestidor y la mira a través del espejo.
Leila se mira más sonriente y sin la tensión de hace unos días. Busca en el tocador su perfume favorito y se lo aplica.
Leila guarda el frazco y se gira para salir del vestidor.
Raffaele dice con acento milanés: "Perfetta, así es que una diosa debe reír."
Dices con acento Siciliano: "¿ASí?"
Raffaele dice con acento milanés: "sí, pero la explicación te la daré más tarde. Ahora vamos, regina."
Leila lo mira.
Leila abre la puerta de su Suite, saliendo de esta.
Raffaele sale tras ella y le habla bajito.
Raffaele murmura con acento milanés: "vamos directo al garaje. No te tocaré un solo cabello, ni centímetro de piel porque la discreción es una estrategia poderosa."
Leila ríe bajo y asiente caminando hacia el garaje.
Raffaele murmura con acento milanés: "pero esos pantalones te hacen un culo muy apetecible, regina. Provoca darle un bocadito."
Leila se sonroja sin dejar de reír.
Raffaele la adelanta y luego la espera justo en la puerta del garaje.
Raffaele le señala el todoterreno negro al final del garaje.
Leila se dirige al auto.
Raffaele desactiva la alargma y las puertas se desbloquean.
Raffaele le abre la puerta a leila.
Leila suve al copiloto.
Raffaele luego rodea el 4X4 y sube al asiento del conductor.
Raffaele cierra la puerta y se pone el cinturón.
Leila se ajusta el cinturón.
Dices con acento Siciliano: "Me intriga saber donde vamos."
Raffaele arranca el todoterreno y sale del garaje.
Raffaele dice con acento milanés: "Intrigarte es una buena manera de avivarte los sentidos, regina. No comas ansias."
Raffaele hace un gesto al guardia de la garita y sale de la urbanización. En la puerta de la villa, Dalila los ha visto marcharse.
Leila sonríe y mira atenta por la ventanilla mientras apoya la cabeza.
Cinco minutos después, Raffaele aparca un momento y mira a Leila.
Raffaele murmura con acento milanés: "diavolesa... quiero que me dejes vendarte los ojos."
Raffaele se saca un pañuelo de seda del interior de la chaqueta de cuero.
Raffaele dice con acento milanés: "siempre puedes negarte, pero arruinarías la sorpresa."
Leila lo mira espectante.
Leila emosionada asiente.
Raffaele la mira sin parpadear, leyéndola como siempre.
Dices con acento Siciliano: "Va bene."
Raffaele sonríe lentamente y se aproxima a ella. Le rodea los ojos con su pañuelo y lo ata firme, sin hacerle daño.
El pañuelo desprende el aroma del perfume de Raffaele.
Raffaele dice con acento milanés: "Ahora sí, estamos listos."
Raffaele arranca el 4X4 a gran velocidad.
Leila aspira el aroma de Raffaele.
Leila se acomoda mejor en el asiento. La curiosidad la invade.
Raffaele dice con acento milanés: "dime, diavolesa, qué sientes en este instante. habla sin vergüenza, no estoy para juzgarte,ya lo sabes. Es que quiero confirmar si ya la semilla de la curiosidad empieza a cosquillearte en el vientre."
Dices con acento Siciliano: "Sí. Tengo mucha curiosidad. Me emosiona demaciado."
Raffaele sigue conduciendo a gran velocidad, pero con el firme control del todoterreno.
Raffaele dice con acento milanés: "va bene, entonces vas a disfrutar la sorpresa."
Leila a pesar de estar vendada, no teme.
Veinte minutos después.
Raffaele detiene el 4X4 y apaga el motor.
Raffaele dice con acento milanés: "no te muevas y no te quites el pañuelo todavía."
Dices con acento Siciliano: "Ayno. Falta mucho?"
Leila habla emosionada.
Raffaele baja del vehículo y cierra la puerta. rodea el todoterreno y abre la puerta de Leila.
Raffaele dice con acento milanés: "no, ya casi estamos."
Raffaele le desabrocha el cinturón de seguridad.
Raffaele la coge de la cintura con firmeza y la baja del 4X4.
Raffaele deja en su cintura las manos cálidas un segundo de más y luego las retira.
Raffaele murmura con acento milanés: "voy a quitarte el pañuelo."
el contacto con Raffaele es una chispa eléctrica que la recorre.
Raffaele le quita el pañuelo despacio.
Leila abre los ojos despacio.
Sicilia; Etna, Refugio Sapiensa
Observas un paisaje lunar. El asfalto termina aquí, rodeado de cráteres extintos y lenguas de lava solidificada de color negro intenso. El viento es frío y constante. Desde la explanada se toma el teleférico o los Jeeps para subir a la Cima del Etna.
Raffaele mira su rostro sin perder su expresión de vista.
Murmuras con acento Siciliano: "Raffaele."
Leila se emosiona. Mira El sitio con ilusión.
Raffaele dice con acento milanés: "No digas nada, solo déjate llevar."
Leila sonríe ampliamente. La sonrisa ilumina su rostro y sus ojos esmeralda.
Raffaele cierra la puerta del vehículo y abre la de atrás para sacar una cesta de mimbre pequeña.
Leila inala profundamente el aire del lugar.
Raffaele murmura con acento milanés: "Preciosa, me guardo tu sonrisa como otro regalo."
Dices con acento Siciliano: "es, Es increíble. Me gusta mucho el Etna."
Raffaele la mira.
Raffaele murmura con acento milanés: "lo sé."
Leila le sonríe.
Dices con acento Siciliano: "¿Sabes muchas cosas de mí, más de lo que te he contado?"
Raffaele dice con acento milanés: "Eso te preocupa?"
Raffaele mira una de sus manos.
Leila niega.
Raffaele murmura con acento milanés: "va bene."
Raffaele murmura con acento milanés: "Dejarás que te tome de la mano, regina? Puedes negarte, no hay problema. Pero me gustaría guiarte."
Leila lo mira.
Raffaele aguarda su respuesta con tranquilidad.
Dices con acento Siciliano: "Dejaré que me guíes."
Raffaele asiente con la cabeza y le tiende la mano con la palma hacia arriba.
Leila le da la mano.
Raffaele entrelaza los dedos con los de Leila y comienza a caminar, guiándola hacia el este.
Sicilia; Explanada del Refugio Sapienza
Te encuentras en la base de la zona turística del Etna. A un lado, la cabina del teleférico se balancea mientras inicia su ascenso hacia las nubes. Al otro, un sendero empinado de ceniza negra se pierde montaña arriba entre cráteres extintos. Un cartel advierte: Solo excursionistas expertos más allá de este punto.
Leila mira curiosa y emosionada todo el lugar. Ya ni recuerda la última vez que pudo benir.
Murmuras con acento Siciliano: "¿Subiremos?"
Raffaele la guía hasta el funicular que aguarda con las puertas abiertas.
Raffaele murmura con acento milanés: "subiremos, pero hoy lo haremos desde la comodidad."
Leila sonríe.
Raffaele ayuda a Leila a sentarse frente a él.
Las puertas se cierran y la cabina inicia el ascenso.
Leila siente la adrenalina del acenso.
Leila mira a Raffaele.
Raffaele le sostiene la mirada.
Raffaele dice con acento milanés: "Háblame, diavolesa. Aquí nadie te oye más que yo, nadie puede juzgarte."
Dices con acento Siciliano: "Grazie. Esto. Me encanta Raffaele. "
Raffaele levanta la tapa de la cesta y saca la botella del vino preferido de Leila.
Leila mira sorprendida la botella.
Raffaele coge el sacacorcho y descorcha la botella.
Dices con acento Siciliano: "Diomio. Tú me quieres consentir demaciado."
Raffaele luego coge una copa y enseguida las notas del Etna flotan entre ambos.
Raffaele le da la copa a Leila.
Leila coge la copa y la acerca a sus labios para darle el primer sorvo.
Raffaele dice con acento milanés: "Mereces que te traten como la regina que eres, diavolesa. No es consentimiento. Es merecimiento."
el paisaje del ascenso pasa lentamente tras los cristales del funicular.
Leila bebe el vino mirando el paizaje y a Raffaele alternadamente.
Raffaele dice con acento milanés: "dime, desde cuando no venías?"
Leila suspira haciendo memoria.
Dices con acento Siciliano: "Hace unos 6 años. Vine con mis amigos."
Dices con acento Siciliano: "Fue divertido. Fue la primera vez que Martyna subía al etna. Y le tenía miedo a las alturas. "
Raffaele dice con acento milanés: "y tú, diavolesa, a qué le temes?"
Leila lo mira pensativa.
Dices con acento Siciliano: "a la soledad. A la traición... "
Raffaele saca de la cesta los aperitivos favoritos deLeila y los pone en un plato que luego le extiende.
Dices con acento Siciliano: "A los lugares cerrados..."
Dices con acento Siciliano: "eso es más reciiente por el tiempo que estuve cautiva..."
Raffaele murmura con acento milanés: "y ahora, sientes miedo?"
Leila niega.
Raffaele dice con acento milanés: "sí, Y has caído en cuenta de que estás en un lugar cerrado, a cientos de metros de altura?"
Leila asiente.
Raffaele murmura con acento milanés: "come, los ha preparado tu nana Lucía."
Dices con acento Siciliano: "Pero tú, me transmites seguridad..."
Leila mira el plato y sonríe.
Raffaele asiente y sonríe despacio.
Raffaele dice con acento milanés: "Mi trabajo es que te sientas segura y que lo estés. Tanto fuera de ti como dentro."
Leila coge un bocadillo y come con deleite.
Raffaele dice con acento milanés: "ahora come o tu nana se desquitará conmigo por no alimentarte."
Leila ríe divertida.
Raffaele la mira mientras come.
La cabina se balancea suavemente producto del viento.
Raffaele murmura con acento milanés: "verte comer es muy sexy, diavolesa."
Leila come y suspira placenteramente.
Leila lo mira a los ojos mientras come.
Dices con acento Siciliano: "¿Es otra cosa que te gusta de mí?"
Raffaele se sienta más cómodamente frente a ella, recostándose y separando las piernas.
Raffaele niega suavemente.
Leila coge más arancini.
Raffaele dice con acento milanés: "para responderte tengo que entregarte otro secreto."
Leila lo mira con interez.
Dices con acento Siciliano: "¿Y me lo darás?"
Dices con acento Siciliano: "Me gustaría saber de tí. "
Raffaele dice con acento milanés: "Qué quieres saber, diavolesa?"
Dices con acento Siciliano: "Lo que te gusta aparte de las armas. "
Dices con acento Siciliano: "¿Tienes más familia aparte de Dalila y Flavio?"
Leila come los arancini con gusto.
Raffaele dice con acento milanés: "Tendrás que ser más específica, regina. Soy un hedonista con un abanico de gustos bastante amplio."
Dices con acento Siciliano: "¿Colores favoritos, deporte favorito?"
Raffaele la mira comer con satisfacción.
Raffaele dice con acento milanés: "Deporte la esgrima, color el gris tormenta."
Leila coge un arancini y se lo acerca a los labios.
Raffaele dice con acento milanés: "No tengo más familia además de mis primos y mi tía."
Raffaele mira el arancini y luego a los ojos de Leila.
Dices con acento Siciliano: "Interezante. La esgrima. Me gustaría verte un día."
Dices con acento Siciliano: "Anda come conmigo."
Raffaele dice con acento milanés: "Pero, deberías animarte a preguntarme eso que realmente quieres saber y no te atreves a preguntar."
Raffaele le da un bocado al arancini y roza sus dedos con los labios.
Leila se sonroja.
Raffaele mastica despacio disfrutando de los sabores y del sonrojo de Leila.
Raffaele da otro bocado y ahora le lame los dedos muy sutilmente.
Leila lo mira a los ojos con picardía mientras lo hace.
Raffaele mastica y traga, se lame los labios.
Raffaele dice con acento milanés: "exquisito, tu nana cocina de maravilla, diavolesa."
Leila le mira los labios.
Dices con acento Siciliano: "Sí. "
Dices con acento Siciliano: "Me alegra que te guste."
Raffaele dice con acento milanés: "¿Y bien? Vas a preguntarme eso que no te dejó dormir del todo cómoda anoche?"
Dices con acento Siciliano: "Yo ya te dije mis miedos. Haora dime los tuyos."
Raffaele murmura con acento milanés: "y a mí me alegra que te alegres."
Leila sonríe antes de hablar.
Raffaele la mira fijamente a los ojos.
Murmuras con acento Siciliano: "La pregunta no es si te tocaste pensando en mí. Es, ¿Si lo disfrutaste? "
Leila se moja los labios con el vino.
Raffaele murmura con acento milanés: "Lo disfruté, sí. siempre lo disfruto."
Leila sonríe complacida.
Raffaele dice con acento milanés: "Tendría que ser un imbechile para no disfrutar un orgasmo contigo en la cabeza."
Murmuras con acento Siciliano: "Solo quería confirmarlo."
Leila ríe.
Raffaele dice con acento milanés: "Tengo un miedo fundamental: no sentir miedo. el miedo es el mejor sistema de protección que tenemos."
Raffaele hace un gesto descartando el comentario de la confirmación.
Dices con acento Siciliano: "¿Siempre has sido así?"
Raffaele murmura con acento milanés: "no querías confirmarlo, regina. Solo quieres que te caliente otra vez, ya sabías que disfruto tocándome mientras te imagino, pero te da placer que te diga cosas calientes."
Leila se sonroja y niega con diversión.
Leila se sirve más Vino y bebe. Luego mira a Raffaele con fingida inosencia.
Raffaele dice con acento milanés: "Pídeme que te caliente y lo haré, Leila, no necesitas jugar, lo haré aunque luego me tenga que tocar toda la noche, No hay problema."
Raffaele murmura con acento milanés: "sabes que me encanta que te sonrojes, ¿no?"
Dices con acento Siciliano: "Y por eso haces que me sonroje."
Raffaele niega con la cabeza sin dejar de mirarla.
Leila ríe.
Raffaele dice con acento milanés: "Lo hago porque en el fondo de ti, me lo pides a gritos, Leila. disfrutas en lo más profundo. Por eso lo hago."
Raffaele dice con acento milanés: "Si viera un atisbo de incomodidad no lo haría, pero anhelas sentirte viva."
Raffaele apoya el brazo en el respaldar de su asiento.
Raffaele dice con acento milanés: "Respecto a tu pregunta, sí, desde que tengo memoria ha sido así."
Dices con acento Siciliano: "¿Y tu misión es hacerme sentir viva de esta manera, Raffaele? Provocándome, Dándome mis floresfavoritas y este paseo que me encanta?"
Leila asiente a su respuesta.
Raffaele dice con acento milanés: "Esta es solo una vía a corto plazo. Una vía cómoda y satisfactoria."
Leila lo mira sin entender.
Dices con acento Siciliano: "¿A que te refieres?"
Raffaele dice con acento milanés: "cómoda para mí, claro. Incómoda para ti, probablemente. Prefieres la vía que te ofrece tu prometido, pero yo quiero mostrarte las demás."
Leila asiente digiriendo sus palabras.
Raffaele dice con acento milanés: "a que estás acostumbrada a sentirte viva mediante el dolor, el fuego de otros, no el tuyo, reprimes a tu regina interna, a eso me refiero."
Raffaele dice con acento milanés: "necesitas rendirte y que te dominen o me equivoco."
Raffaele dice con acento milanés: "Y eso, Leila, es justo lo que más te vulnera dentro. Mantener el patrón dominante que te impuso mateo, porque él fue el primero que qiso aplastarte."
el fonicular se detiene en el vacío.
a través de los cristales se ve el paisaje.
Leila se tensa ligeramente al escuchar de su padre.
Leila mira el paisaje.
Sicilia; Cima del Etna — El Techo de Sicilia
Leila inspira ondo y vuelve a ver a raffaele para responder.
Te encuentras a más de 3.300 metros de altura, en un paisaje que parece pertenecer a otro planeta. El suelo es una costra de ceniza negra y rocas volcánicas rojas que crujen bajo los pies. El aire es gélido y escaso de oxígeno, cargado con un fuerte olor a azufre que emana de las fumarolas cercanas. Debajo, el inmenso cráter central exhala nubes de vapor blanco con un rugido sordo y constante. Si las nubes lo permiten, desde aquí puedes ver toda la costa de Catania y, a lo lejos, el brillo del Mar Jónico. El suelo se siente cálido al tacto a pesar del frío ambiente.
Dices con acento Siciliano: "Raffaele. No es que quiera. Es, que eso aprendí a lo largo de mi vida. Y en mi cautiverio, me obbligaron a rendirme siempre. Me rompieron la voluntad. "
Su voz se quiebra ligeramente.
Dices con acento Siciliano: "Son cosas que aún no supero. Pero tenía que volver a Catania, tenía que tomar el mando de este negocio."
Leila fija la vista en el etna.
Raffaele la toma de ambas manos con firmeza y de improviso.
Raffaele murmura con acento milanés: "mírame, diavolesa."
Unas lágrimas reveldes pugnan por salir.
Raffaele dice con acento milanés: "Cazzo, Leila, Mírame."
Leila cierra los ojos intentando contenerse, un nuudo en la garganta le impide hablar.
Raffaele dice con acento milanés: "tu voluntad está ahí, dentro de ti. Y no, no está rota. Es más fácil para ty tu prometido sostener ese argumento. Pero, cuantas veces te he pedido o exigido que te rindas? Es tu voluntad la que te trajo hoy aquí, la que te impulsó a regalarme tu orgasmo anoche, la que te empujó a disfrutar tus ganas el otro día. Tu voluntad está ahí, pero te da miedo sacarla a la luz."
Leila lo escucha.
Raffaele dice con acento milanés: "Claro que sí, es más fácil ceder el control a otro. claro que sí."
Raffaele dice con acento milanés: "Y está bien si lo cedes consciente porque te apetece hacerlo, no porque la necesidad te empuja, Leila."
Murmuras con acento Siciliano: "Raffaele..."
Raffaele dice con acento milanés: "Mira el volcán, Leila, Míralo."
Leila abre los ojos. Mira el Etna luego a Raffaele.
Raffaele habla sin soltarla.
Raffaele dice con acento milanés: "él arde igual que tú. El volcán no cede el control, no necesita el fuego de nadie."
Raffaele dice con acento milanés: "él entrega lo que quiere cuando quiere. No necesita arder para estar vivo."
Raffaele dice con acento milanés: "tú... diavolesa, no necesitas el dolor, ni la rendición, ni ceder a la necesidad de otros para sentirte viva, para estarlo."
Leila vuelve a mirar el Volcán refleccionando en las palabras de raffaele.
Murmuras con acento Siciliano: "Es, tan hermoso..."
Raffaele dice con acento milanés: "No dejes que el miedo a sentir miedo te paralize, Leila. Que te condicione."
Raffaele murmura con acento milanés: "Es tan hermoso como tú, como tu alma, Leila."
Leila respira para calmarse mientras sigue viendo el Etna.
Raffaele lleva sus manos hasta su regazo y la suelta a su pesar.
Leila coge su copa y bebe un trago largo. Con la otra mano busca la de raffaele.
Leila entrelaza sus dedos con los de él.
Raffaele la deja hacer y asiente.
Raffaele murmura con acento milanés: "tu voluntad, regina."
Murmuras con acento Siciliano: "Esto, significa mucho para Mí Raffaele."
Leila mira sus ojos.
Raffaele murmura con acento milanés: "qué significa? dímelo."
Raffaele le sostiene la mirada.
Murmuras con acento Siciliano: "Este lugar me transmite fuerza, paz. Y que tú estés aquí diciéndome esto Me está cambiando mi forma de ver las cosas, de sentir..."
Raffaele murmura con acento milanés: "Va bene, diavolesa."
el fonicular emprende el regreso a la explanada.
Leila suspira y sonríe.
Dices con acento Siciliano: "es tan bello que es impocible dejar de verlo, de admirarlo."
Raffaele la ve sonreir y permanece en silencio.
Leila se mira un momento en sus grises que la atrapan con facilidad.
Murmuras con acento Siciliano: "Ya no solo compartimos secretos, Compartimos algo más, especial..."
Raffaele murmura con acento milanés: "Compartiremos lo que tu quieras, Leila. Lo que tu voluntad desee, si está en mi mano, lo tendrás."
Leila se termina el vino de la copa y la deja.
Murmuras con acento Siciliano: "Me ha gustado mucho este paseo Raffaele... Más de lo que podría decir."
El founicular se detiene en la explanada y abre las puertas.
Raffaele sonríe despacio y sus ojos brillan de satisfacción.
Raffaele murmura con acento milanés: "Lo sé, lo leo en tu mirada."
Leila mira la explanada y sonríe.
Suspiras profundamente.
Raffaele murmura con acento milanés: "no necesitas decir más. Ahora, volvamos a la villa."
Murmuras con acento Siciliano: "¿Me ayudas?"
Raffaele coge la cesta y se levanta. Guía a la regina fuera.
Leila sonríe.
Leila baja junto a él.
el suelo volcánico cruje bajo los pies de ambos.
Leila camina de su mano.
Raffaele se detiene frente al 4X4 y desactiva la alarma.
Murmuras con acento Siciliano: "Raffaele."
Leila lo detiene antes de que abra.
Raffaele la mira.
Leila deja su mano y se acerca quedando frente a él.
Raffaele aguarda paciente sin dejar de mirarla a los ojos.
Lentamente, acortó el último centímetro de distancia entre ellos, una decisión tomada con la misma certeza con la que había aceptado el paseo. Sus ojos esmeralda se fijaron por última vez en los labios de él. Se alzó sobre las puntas de sus zapatillas deportivas, y en lugar de un asalto apasionado, fue un roce intencionado, una promesa sutil: sus labios se encontraron con los de él con una calma deseosa, un beso que no buscaba posesión, sino la confirmación silenciosa de que ese era el refugio que que ella quería en ese instante de calma.
Raffaele deja que ella asuma las riendas del beso ydeja caer la cesta solo para llevar las manos a su cintura y brindarle el apoyo que requiere en ese instante.
el beso es lento. las lenguas se saborean sin prisa, reconociéndose en una caricia cargada de honestidad.
Raffaele posa la mano derecha en su rostro y separa su boca de la de Leila.
Leila lo mira a los ojos.
Leila no puede más que sonrreírle mientras lo mira.
Raffaele murmura con acento milanés: "así, diavolesa. Tu decisión, tu voluntad. tu alma está a salvo."
Raffaele le devuelve la sonrisa.
Raffaele dice con acento milanés: "Lista para volver?"
Dices con acento Siciliano: "Sí."
Raffaele abre la puerta de atrás, recoge la cesta y la deja en el asiento. cierra y abre la puerta del copiloto.
Raffaele ayuda a Leila a subir.
Leila suve sin dejar de Verlo.
Raffaele dice con acento milanés: "Ahora pórtate bien. Es hora de volver a la villa."
Raffaele cierra la puerta y rodea el 4X4.
Leila ríe.
Raffaele abre y sube al asiento del conductor.
Dices con acento Siciliano: "¿que implica eso de portarme bien?"
Dices con acento Siciliano: "Sé más específico ingeniere."
Raffaele la mira mientras tira de la puerta para cerrarla.
Raffaele dice con acento milanés: "Portarte bien implica no tentarme de nuevo, tengo buen autocontrol, pero también tengo unas ganas locas de hundirme en ti, leila y follarte hasta que se te olvide cómo te llamas. Y soy un hombre, ten compasión de mí."
Raffaele arranca el motor.
Leila ríe divertida y se acomoda en el asiento.
Raffaele cambia de marcha y pisa el ascelerador.
Raffaele fija los ojos en la vía.
Dices con acento Siciliano: "Y yo que pensaba que eras impocible de descontrolar."
Raffaele vuelve la cara un instante hacia ella.
Raffaele dice con acento milanés: "No, Leila. tocarme me ayuda a no ponerte las manos encima y faltar a mi deber, pero soy tan humano como cualquier otro y tú eres una puta tentación, caliente, golosa y traviesa."
Leila lo mira con coquetería y asiente.
Raffaele conduce concentrado ahora en la vía.
Leila se recuesta en el aciento y mira pasar el paisaje de la carretera.
Minutos después, el todoterreno se detenía frente a la villa Ferrari.
Leila abre los ojos y se quita el cinturón-
Raffaele dice con acento milanés: "Voy a dejarte esta noche, diavolesa. hay algo en lo que quiero trabajar, pero no puedo hacerlo aquí. Estaré en la villa de Flavio."
Murmuras con acento Siciliano: "Va bene. Estarás bene?"
Raffaele murmura con acento milanés: "perfectamente."
Leila le sonríe y acaricia su torso suavemente.
Raffaele murmura con acento milanés: "si me necesitas, solo me llamas, vendré de inmediato."
Dices con acento Siciliano: "Va bene."
Raffaele murmura con acento milanés: "diavolesa, pórttate bien, anda."
Raffaele mira la mano de Leila sobre su torso.
Murmuras con acento Siciliano: "Solo era de despedida..."
Raffaele le agarra la mano y le besa la palma.
Leila se abraza a él con ternura
Murmuras con acento Siciliano: "Grazie por esta tarde. Cuídate, y trabaja mucho, ingeniere..."
Raffaele le corresponde con la misma ternura, se aparta un instante y la mira.
Raffaele murmura con acento milanés: "Descansa, regina. volveré a primera hora."
Leila sonriendo asiente. Le da un beso cerca de las comisuras y se aparta abriendo el auto.
Raffaele le roza la mejilla con el dorso de la mano y aguarda a que baje del 4x4
Dices con acento Siciliano: "Arribederci Ingeniere."
Leila baja y cierra el auto.
Raffaele no la pierde de vista hasta que la ve entrar en la villa.
Leila se encamina hacia la casa con una gran sonrisa de oreja a oreja.
Raffaele conduce hacia la barrera tras verificar que Leila ha entrado en la villa.

La descarga y el consejo de amiga.

Punto de vista: Leila & Martyna.

Leila atravesó el umbral de la villa, sintiendo que sus pies apenas tocaban el suelo de mármol. El aire interior se sentía denso y familiar, pero ella era la anomalía; un huracán de emociones encapsulado en seda y vaqueros. La sonrisa que llevaba no era la mueca forzada de la Regina al saludar a sus guardias, sino un destello genuino que se rehusaba a desaparecer. Cada paso que daba la alejaba del silencio del Etna y la acercaba al estruendo de su propia cabeza.

«Un beso. Un puto beso en el Etna. Y ahora me siento como si hubiera ganado la guerra… ¿Qué diablos me has hecho, Ingegnere?»

La necesidad de hablar era una punzada física, un fuego que ni el vino ni el beso habían apagado del todo.
Necesitaba un ancla, un testigo cálido y silencioso. Necesitaba a Martyna.

Sus tacones resonaron con urgencia por el pasillo del ala norte, ignorando el protocolo. No se molestó en llamar a la pesada puerta de madera de la suite de su amiga. Abrió sin aviso, su figura enmarcada en el umbral, los ojos esmeralda brillando con una mezcla inédita de pánico y euforia.

Martyna estaba sentada en un sillón de terciopelo cerca del ventanal, una taza de té humeante entre sus manos. Vestía una cómoda bata de cashmere y revisaba unos documentos legales, con su habitual aura de calma práctica. Al ver a Leila entrar de esa forma, su rostro, normalmente sereno, mostró un atisbo de sorpresa. Dejó los papeles en la mesita auxiliar y se levantó, su presencia discreta llenando el espacio con calidez.

"Leila," dijo Martyna, su acento italoamericano, con ese toque neoyorquino y melódico, sonando como un bálsamo en el torbellino. "Ma che succede? Pareces que acabas de ver a un fantasma… o quizás a un angelo." Se acercó y tomó a Leila por los hombros, sintiendo la tensión palpable en la Regina.

Murmuras con acento Siciliano: "Martyna… Dio mio… No me lo vas a creer. Necesito hablar. Subito."
Leila cerró la puerta de golpe y se lanzó al sofá, hundiendo el rostro entre sus manos. La carcajada que había contenido durante el viaje finalmente se liberó, mezclada con un gemido de desesperación.

Martyna se sentó junto a ella, sin prisa, dejando que la Regina procesara el shock. Tomó una de las manos de Leila y le dio un apretón suave.

Martyna dice con acento italoamericano: "Okay, ragazza. Respira. Tómate un segundo. Te fuiste vestida de Regina de la Guerra, en ese traje de pizarra, y regresas en vaqueros, despeinada, y oliendo a vento salmastro y, espera…" Martyna acercó la nariz al cuello de su amiga, aspirando profundamente. "... y a un perfume de hombre que no es Mássimo. Es más intenso, más pulito. Dime, Leila. ¿Qué clase de gita es esta? ¿Y quién te puso esa sonrisa que no veíamos desde que tenías quince años?"

Murmuras con acento Siciliano: "Él…" logró decir Leila, levantando la vista, con los ojos brillando. "El ingeniero. Raffaele. Martyna, ese hombre me va a volver loca. Loca de verdad."

Martyna dice con acento italoamericano: "Raffaele, ¿el primo de Dalila? Interessante. Cuéntame. ¿Qué ha hecho el Ingegnere que tiene a la Reina de Sicilia riendo como una colegiala? Porque te juro, tesoro, si Dalila lo ha puesto para protegerte, está haciendo un trabajo… inusualmente eficaz. Spiega." Martyna se inclinó hacia ella, con una genuina mezcla de afecto y picardía en la mirada.
Martyna dice con acento italoamericano, "¿Te dio flores? ¿O te puso un chaleco antibalas? Porque, honestamente, las flores funcionan mejor para ti."
Murmuras con acento Siciliano: "Me dio las dos cosas, Martyna. Me dio las flores más hermosas que he visto en mi vida… Tulipanes de zafiro en mi mesita de noche. ¡Y otro arreglo gigante en el despacho! Y me llevó a dar un paseo. Al Etna. ¡Al funicular!"

Martyna dice con acento italoamericano: "Il funicolare… el sitio más romántico para enfrentar una crisis de identidad. Pero, Leila, no es el Etna, ni los tulipanes. Es su intención. ¿Te ha besado?" Martyna la miró directamente a los ojos. "Dime la verdad, sorella. Porque tu pulso está como el motor de un Ferrari en la línea de salida."

Leila, ya sin poder contener la confesión, se rindió.

Murmuras con acento Siciliano: "Sí. Me besó… No. Lo besé. Yo lo besé. En la base del Etna. Y Martyna, fue… fue la cosa más honesta, tranquila y poderosa que he hecho desde el secuestro."

Martyna asintió lentamente, su expresión pasando de la sorpresa a una profunda comprensión.

Martyna dice con acento italoamericano: "Ah, capito. El fuego y el refugio, todo en uno. Escúchame, Leila. No te estás volviendo loca. Estás volviendo a sentir. Mássimo es tu campo de batalla, tu necessità para sentirte fuerte, para dominar, y no te juzgo. Pero Raffaele…" Se detuvo, midiendo sus palabras. "Raffaele es diferente. Es el espejo que no miente. Dimmi, ¿te hace sentir miedo o te hace sentir vista?"

Murmuras con acento Siciliano: "Me hace sentir vista. Y me asusta. Me lee, Martyna. Me lee como una fórmula matemática. Sabe que me masturbé deseándolo anoche… ¡Y me dejó flores por ello! Me dijo que mi orgasmo era un tesoro que guardaría. Me hace sentir viva sin la obligación de la guerra. Es… es un refugio peligroso, pero es el único lugar donde siento que mi alma está a salvo."

Martyna dice con acento italoamericano: "Cazzo. Él lo sabe. Es audaz. Pero te honra. Y eso, cara, es lo que necesitas ahora: alguien que honre tu dolor y no solo tu corona. Pero devi essere cauta, tienes un prometido que te adora y es el Capo de Turín. ¿Qué vas a hacer con esta dualidad? ¿Raffaele es una distracción para sobrevivir a Santoro, o es algo más? Habla sin pensar en la Regina. Habla como la mujer que acaba de besar a un hombre que no es el suyo."
Murmuras con acento Siciliano: "Aspetta, aspetta..." Leila se forzó a tomar una respiración profunda, presionando las palmas de sus manos en el sofá. La sonrisa juguetona no se había ido, pero la emoción vibraba peligrosamente, amenazando con desbordarse. "No es una distracción. O al menos, no quiero que lo sea. Martyna, estoy... confundida. Totalmente. Y me da mucha rabia porque yo amo a Mássimo. Lo amo, sorella."

Martyna dice con acento italoamericano: "Lo sé, tesoro. Tu amor por él es el ancla más fuerte que tienes. No lo dudo ni un segundo. Pero el amor evoluciona, especialmente cuando atraviesas un infierno como el que tú viviste. Cuéntame, ¿qué sientes por Mássimo ahora mismo? ¿Y por qué crees que Raffaele te está confundiendo tanto?"

Murmuras con acento Siciliano: "Mássimo... Cuando él me conquistó, no fue así. Él fue tierno. Luchó contra mis propias barreras, las que me puso mi padre. Él no me tomó a la fuerza; me pidió entrar. Por eso le di la oportunidad, por eso yo lo amé con tanta intensidad. Él vio a la mujer rota bajo la Regina y me prometió seguridad, me dio un propósito. Mi Cioccolato me rescató y me devolvió a la vida. No he dejado de querer a mi rescatador."

Leila agitó la cabeza con frustración.
Dices con acento siciliano, "Pero desde el secuestro, y especialmente desde que regresamos, siento que algo cambió. Él me ve como la Regina, como su posesión más valiosa. Me protege como si fuera un muro de mármol que no puede romperse. No me ve, Martyna, como la mujer que en el fondo sigue siendo vulnerable. La que todavía tiene pesadillas en la noche, la que todavía tiembla si escucha una puerta cerrarse demasiado fuerte."

Martyna dice con acento italoamericano: "¿Y crees que él hace esto para sostenerte, o para sostenerse a sí mismo? El trauma es contagioso, Leila. Tal vez él necesita creer que su Regina es invencible para no volver a sentir la impotencia de casi perderte."

Murmuras con acento Siciliano: "Tal vez. Es una posibilidad. Pero se ha vuelto más posesivo, más dominante. En el sexo... es un alivio, sí, porque me arranca de mi mente y me obliga a rendirme al fuego. Pero siempre es su fuego. Siempre es su dominio. Es la rendición que aprendí a aceptar, la que me impuso Mateo, la que me obligaron en mi cautiverio. Y Mássimo lo usa para hacerme sentir segura, pero me quita el control."

Leila se inclinó hacia Martyna, sus ojos suplicando comprensión.
Dices con acento siciliano, "Y entonces llega Raffaele. Y él es el polo opuesto. Él me pide mi voluntad. No quiere que me rinda; quiere que elija arder. No me toca, pero me ve. Me dice que tengo derecho a mi propio placer, a mi propio fuego. Y eso, Martyna, es lo que me está matando. Es algo que me mantiene viva por elección consciente. No por un juramento, no por una deuda, sino porque él me hace sentir que quiero vivir intensamente. ¿Cómo puedo querer a mi Cioccolato y al mismo tiempo sentir esta necesidad desesperada por la certeza silenciosa de Raffaele? Siento que estoy traicionando mi propia alma."

Martyna dice con acento italoamericano: "No estás traicionando tu alma, sorella. Estás sanando. Y la sanación nunca es limpia ni lineal. Mira. El amor por Mássimo es tu base, tu seguridad, tu historia de guerra compartida. Es un amor de necesidad funcional: él es el Capo que te hizo volver a creer en el poder. Pero Raffaele... es el Ingegnere que te está mostrando que el poder es interno. Él no te dio el placer, te dio el permiso de tomarlo. Esa es la diferencia. Mássimo te ve como la Regina que debe proteger; Raffaele te ve como la Diosa de Fuego que debe ser libre. No tienes que elegir entre amarlos; tienes que elegir cómo vas a reinar, Leila. ¿Vas a reinar desde la deuda y la rendición, o desde la voluntad y el fuego propio?"

Murmuras con acento Siciliano: "No sé cómo separarlos... Raffaele me está dando la certeza que Mássimo me quitó, sin querer, al tratarme como si pudiera volver a romperme. Y ese beso... no fue posesivo. Fue una pregunta. Un '¿Esta es tu voluntad, Diavolesa?' y yo dije que sí."

Martyna dice con acento italoamericano: "Perfetto. Mantente ahí. Mantén tu voluntad como el centro. Y sé honesta contigo misma. ¿Necesitas el desafío de Raffaele para despertar, o es él mismo la persona que anhelas? Porque si es lo primero, úsalo. Si es lo segundo, prepárate para la guerra más grande de tu vida, cara. Una guerra en la que podrías perder a tu Cioccolato y a tu corona. Pero por ahora, disfrútalo. Permítete sentir. La única traición es dejar que tu fuoco se apague por el miedo al juicio o al dolor."
Martyna se puso de pie y caminó hacia el ventanal, observando el oscuro cielo siciliano que ya envolvía la villa. Volvió a Leila con una expresión de profunda seriedad que contrastaba con la ligereza de la conversación anterior.

Martyna dice con acento italoamericano: "Mira, sorella. El Etna es un lugar peligroso. Siempre. Pero tú has elegido ir allí. Y has elegido besar a un hombre que es, esencialmente, tu guardaespaldas de élite, el pararrayos que Dalila te envió. No es un juego. Es una cuerda floja sobre lava."

Murmuras con acento Siciliano: "Lo sé. Es por eso que me siento tan… tan al límite."

Martyna dice con acento italoamericano: "Bien. Estar al límite te hace sentir viva, te da el filo que has perdido en el duelo. Pero volvamos a la tierra. Mañana, la guerra con Santoro no va a parar porque besaste al Ingegnere. ¿Qué es lo próximo? ¿Necesitas que te ayude a mantener tu distancia, o vas a inclinarte hacia esta... complicidad?"

Leila se levantó del sofá, el fuego en sus ojos esmeralda más visible que nunca. Se acercó a Martyna, su cuerpo exudando una nueva y palpable determinación.

Dices con acento Siciliano: "Martyna. No voy a alejarme. No por ahora. Raffaele me ha dado la clave: el fuego es mío. Y no tengo por qué apagarlo. Voy a usar esta complicidad. Es la inyección de lucidez que necesito para vencer mis miedos. Él no traicionará la corona ni mi confianza. Me lo prometió. Y por primera vez en mucho tiempo, siento que mi alma tiene un refugio inamovible."

Martyna dice con acento italoamericano: "Va bene. Pero debes prometerme algo, tesoro. Sé honesta con el Ingegnere. Él te está ofreciendo la verdad a cambio de la verdad. No lo utilices. Él te está dando un honor inusual. Si usas su honestidad y su respeto como una simple herramienta, te arrepentirás. No juegues con un hombre que ve tu alma como un tesoro."

Leila sonrió, una sonrisa de depredadora que había estado dormida.

Dices con acento Siciliano: "No lo haré. No es mi estilo. Él ha sido honesto, y yo seré honesta en este juego de secretos. Compartiremos lo que la voluntad de la mujer decida.
Leila se dirigió hacia la puerta, su postura nuevamente la de la jefa de la Famiglia. El traje gris de pizarra ya estaba fuera, pero la armadura interna había regresado, reforzada, no por el miedo, sino por el fuoco recién descubierto.

Martyna la vio marcharse. La puerta se cerró con un clic seco, sellando la nueva estrategia de la Regina.

Martyna dice con acento italoamericano, con una suave sonrisa para sí misma: "Dio mio. Esta guerra va a ser muy, muy interesante."

La Llamada a Mássimo.


Leila pasó las siguientes dos horas sumergida en el trabajo, analizando los reportes de Flavio que Martyna le había impreso. La concentración era su droga, su manera de anular el recuerdo constante de los labios de Raffaele. Sin embargo, sabía que tenía una llamada pendiente. Una llamada obligatoria a su prometido, Mássimo.

Se sentó en su escritorio ejecutivo, su teléfono satelital en la mano. Marcó el número directo.

Mássimo contestó en el segundo timbrazo, su voz profunda y resonante, siempre cargada de autoridad, pero con una nota inmediata de calidez exclusiva para ella.

Mássimo dice con acento turinés: "Leila. Piccolina. ¿Por qué tan tarde? Sabes que no me gusta que trabajes hasta estas horas."

Dices con acento Siciliano: "Ciao, Cioccolato. No te preocupes. Acabo de terminar. Tuve una reunión con Maurizio y Zoe. Queríamos cerrar el tema de Santoro y asegurarnos de que su seguridad estaba completamente reforzada."

Mássimo dice con acento turinés: "Me alegra que la situación de Zoe esté bajo control. Esos perros de Santoro están ladrando más de lo que deberían. Pero no olvides, mia Regina, tu tarea es la estrategia, no el trabajo de campo. Para eso me tienes a mí. Y a mi gente."

Leila sintió un leve pinchazo de molestia ante el tono de propiedad de Mássimo, justo después de la conversación sobre el control. Respiró hondo, forzándose a suavizar su voz.

Dices con acento Siciliano: "Lo sé, amore. Y por eso estoy tomando decisiones. Dalila me ha presentado formalmente al ingeniero, Raffaele Vescovi. Su primo. Es brillante. Ya ha comenzado a trabajar en las estrategias contra Alessio.
Hubo un breve pero tenso silencio al otro lado de la línea.
Mássimo dice con acento turinés: "Raffaele Vescovi. Asegúrate de que entiende que trabaja para la Famiglia, Leila. Y que trabaja para ti, no contigo en el mismo nivel."

La tensión creció en Leila. Mássimo estaba reafirmando el dominio, marcando el territorio sutilmente.

Dices con acento Siciliano: "Mássimo. Es el mejor en su campo. Lo necesito. Y sí, entiende su lugar. Me ha dado su promesa de lealtad absoluta a mi persona, no solo a la corona. Es un hombre de honor."

Mássimo dice con acento turinés: "Toda lealtad debe ser probada, Piccolina. Pero confío en tu juicio. En cuanto a lo que te ha quitado Alessio... No te preocupes. Lo recuperaremos, o lo reemplazaremos. Pero lo más importante eres tú. Cuéntame, ¿estás bien? ¿Duermes sin pesadillas?"

Leila sonrió con tristeza. Él preguntaba por su trauma, no por su fuoco. Él quería la rendición de ella a su protección, no la liberación de su alma.

Dices con acento Siciliano: "Estoy mejor, Cioccolato. El trabajo me mantiene ocupada. Y no te preocupes por los ataques de Alessio. La Regina de Sicilia no se rinde ante nadie."

Mássimo dice con acento turinés: "Esa es mi chica. Esa es la mujer que se casa conmigo. Recuerda que no tienes que ser fuerte sola. Estamos juntos en esto, Leila. Y pronto estaré allí para... recordártelo en persona."

Dices con acento Siciliano: "Lo espero, amore. Te extraño. Cuídate mucho. Te quiero."

Mássimo dice con acento turinés: "Y yo a ti, mia Regina. Más que a mi propia vida. A domani."

Leila colgó. La mano le temblaba ligeramente. La conversación había sido un baile de control y afecto. Había dicho las palabras correctas. Había ocultado el beso. Había mentido por omisión, la más peligrosa de las traiciones en el Cosa Nostra.

Se levantó y caminó hacia el arreglo de tulipanes zafiro en la mesa de reuniones. Tocó un pétalo, sintiendo la dureza de su textura.

"Mássimo es mi necesidad. Raffaele es mi voluntad. Y en este momento, Ingeniere, solo tú me das el permiso de ser la Reina que realmente quiero ser.""

La guerra contra Santoro había comenzado, pero la batalla por el alma de Leila Ferrari estaba en pleno apogeo. Y ella, por primera vez, no quería rendirse a la protección de nadie, sino tomar las riendas de su propio deseo.
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