UNA CONVERSACIÓN QUE PODRÍA CAMBIARLO TODO
Vestíbulo del Imperium Hotel, Plaza Mayor de MadridEl aire en el vestíbulo del Imperium Hotel huele a una mezcla costosa de cera de abejas, tabaco de pipa y el perfume metálico de la lluvia madrileña que se filtra cada vez que la puerta giratoria castiga el silencio. La luz es ámbar, cálida y opresiva, rebotando en los mármoles que parecen juzgar la figura de Ximena, quien aguarda sentada en un sillón de cuero con el estuche de su flauta apretado contra el pecho como si fuera un escudo. Hay una tensión eléctrica en el ambiente, una vibración de derrota que choca contra la llegada de Eliana, cuyo perfume floral y presencia vibrante rompe la monotonía del lugar, cargando el encuentro con una urgencia familiar y protectora.
Eliana camina hacia ella con paso firme, sus tacones de Aeterna Valeska repiquetean contra el suelo con una autoridad que silencia los murmullos de los huéspedes. Se detiene frente a la joven, observando el maquillaje inusualmente perfecto y la mirada perdida que tanto le recuerda a la adolescente que alguna vez cuidó en México.
Eliana dice con acento venezolano: "Coño, Ximena, casi me matas del susto. Tu papá me llamó vuelto loco desde México porque no le contestas. ¿Qué carajo haces aquí encerrada en este hotel? ¿Por qué no me llamaste en cuanto llegaste a Madrid?"
Ximena levanta la vista, sus ojos verdes están empañados por una mezcla de rabia y vergüenza, mientras sus dedos acarician nerviosamente el cierre de su estuche.
Ximena murmura con acento jalisciense: "No quería que me oyera llorar, Eli. Me siento bien gacha, como una tonta que se creyó el cuento de hadas antes de empezar la película".
Eliana se sienta a su lado, ignorando la distancia social del hotel, y le toma las manos con firmeza, notando que la joven tiene los nudillos blancos de tanto apretar.
Eliana aguarda como tantas otras veces a que su casi hijastra suelte lo que la tiene en ese estado. Ximena le cuenta desde que pisó el restaurante, la entrevista, el contrato. La noche en que acompañó a su jefe y a su compañera, StellaHazel.
Ximena termina la historia comentándole que había sostenido con James una conversación la noche anterior que cambiaba mucho las cosas para ella.
Eliana hábil y astuta como es; ata cabos en seguida.
Eliana murmura con acento venezolano: "¿Ese es el tal James De los Santos?"
Ximena asiente con la cabeza y las mejillas ruborizadas. con Eliana era libre de mostrarse vulnerable por completo. Con James, por el contrario, estaba dispuesta a ser brutalmente honesta, pero no ofrecerle su vulnerabilidad.
Eliana susurra con acento venezolano: "Cuéntamelo todo, princesa. Ese James... ese tipo tiene una fama de mierda. con su compañera, Stella también pasó alguna cosa porque ella no andaba muy bien. ¿Qué pasó anoche?".
Ximena respira hondo, el aire le tiembla en los pulmones y su mirada se clava en un punto inexistente de la alfombra, recordando la piel de James y las promesas que se desvanecieron con la conversación durante la cena.
Ximena dice con acento jalisciense: "Me puse de pechito, Eli. Me acosté con él. Y lo peor no es eso, es que en una de esas no usamos protección. Me dijo que quería pensar en una vida nueva conmigo, que me iba a componer hasta una canción... y anoche, me soltó que no puede decidir si empezar una relación formal conmigo porque apenas nos conocemos. Ni siquiera se preocupó por si podría tener consecuencias que no usáramos condón".
Eliana aprieta la mandíbula, sintiendo una punzada de odio hacia el cantante, mientras su mente procesa la gravedad de la falta de protección.
Eliana dice con acento venezolano: "¡Hijo de puta! Es un maldito depredador irresponsable, Ximena. Para meterte la verga no le importó mucho que se conocieran apenas. Es que lo mato. ¿Y si quedaste embarazada? ¿Has pensado en esa posibilidad?".
Ximena se endereza, recuperando una dignidad amarga que le tensa los músculos del cuello y le da un brillo gélido a sus ojos.
Ximena dice con acento jalisciense: "Si llega a pasar, yo voy a afrontar las consecuencias sola. No le voy a pedir ni un peso. Ya me di cuenta que James no es el hombre que yo me imaginé. La química en la cama está de pelos, pero no es el hombre para construir una vida en pareja. Me siento bien decepcionada de mí por no haberme dado cuenta antes de qué pie cojeaba".
Eliana dice con acento venezolano: "Tampoco así, Xime. No fuiste la única esa noche. Pudo ser más responsable."
Ximena dice con acento jalisciense: "Y yo también. Seamos honestas, Eli. El primer fallo lo cometí yo por dejarme arrastrar. he debido ser profesional y parar el avance de él desde el principio y no lo hice. No tenía que dejarme llevar."
Eliana dice con acento venezolano: "Bueno, no tiene sentido volver a quién fue primero, el huevo o la gallina. tú lo que tienes que hacer es darle una patada por ese culo y a otra cosa mariposa."
Ximena dice con acento jalisciense: "Tengo un contrato firmado, Eli. Ya sabes cómo funciona esto. No puedo comprometer mi profesionalidad. La flauta es lo único que verdaderamente tengo."
Eliana dice con acento venezolano: "Xime, no me parece que sigas trabajando con ese hombre. si es por el dinero..."
Ximena niega con la cabeza.
Ximena murmura con acento jalisciense: "Objetivamente, Eli no es que me hiciera muchas promesas más allá de lo que te dije. Simplemente al ver lo que iba diciendo, puse las cartas sobre la mesa y él quedó conforme con que le diera tiempo. claro, tú y yo sabemos que eso del tiempo no es más que una forma elegante de decirte hasta aquí llego yo, chata. Yo tendría que haberme dado cuenta que lo que dijo ese día era más producto de la culeada y no otra cosa."
Eliana murmura con acento venezolano: "Xime, no puedes caer de nuevo en las garras de una fotocopia de Ernesto, no lo vale, cariño. Puedes alcanzar tus sueños con alguien más..."
Ximena levanta una mano y la interrumpe.
Ximena murmura con acento jalisciense: "James no es , exactamente como Ernesto, Eli. Por tener las cosas bien claritas es que puse las cartas sobre la mesa."
Eliana abre mucho los ojos, Ximena niega ligeramente.
Ximena dice con acento jalisciense: "No creo que James sea un mal hombre, Eli, simplemente es un tipo que ha tomado malas decisiones y que vive una parte de su vida en ayer y otra en hoy, como si no hubiera mañana."
Eliana se cruza de brazos.
Eliana dice con acento venezolano: "No lo defiendas, Xime. La cagó. Tampoco fue que le pediste matrimonio, solo le dijiste lo que tú necesitabas, carajo, si no es capaz de decir hagámoslo, me cuesta pensar que no sea como Ernesto, de hecho creo que se parecen igualito: piensan en sí mismos, solo con la cabeza entre las piernas y cero riesgo ni esfuerzo. Te mereces a alguien mejor."
Ximena la mira con los ojos tristes.
Eliana se pone de pie y le hace una señal para que recoja sus cosas, enviando un mensaje rápido al padre de la joven para calmar las aguas mientras toma el control de la situación.
Eliana dice con acento venezolano: "Vámonos de aquí. No vas a pasar ni un minuto más en este hotel que huele a mentiras. Te vienes a casa de mi primo Armando, allí estarás segura".
Eliana abre la maleta del coche y guarda el equipaje de Ximena. Ambas suben al vehículo sin percatarse de la persona que las observa del otro lado de la acera.
Vestíbulo de la casa de Armando y Eliana
Al llegar a la residencia, el silencio sofisticado del vestíbulo las recibe como un bálsamo. Armando aparece desde el pasillo, su figura imponente y su mirada analítica captando inmediatamente el estado de Ximena.
Armando dice con acento venezolano: "Bienvenida a casa, Ximena. No preguntes nada ahora, solo deja tus maletas en el cuarto de huéspedes y descansa".
Ximena asiente con la cabeza gacha y se retira hacia la recámara, dejando a los dos primos solos bajo la luz tenue del recibidor.
Eliana se acerca a Armando y le habla en voz muy baja, con una urgencia que denota su angustia por la joven flautista.
Eliana susurra con acento venezolano: "James De los Santos la usó, Armando. Se acostaron sin protección y el tipo ya le sacó el culo. Ximena no va a romper el contrato y yo no quiero que se quede trabajando con ese... con ese... Sé que puede terminar en la calle con todo ese asunto de los términos de contrato y que ese infeliz la hunda. coño, pero es que se le parece igualitico al Ernesto y me caga que se repita la historia."
Armando cruza los brazos sobre su pecho sólido, su rostro se vuelve una máscara de frialdad decidida mientras observa la puerta por donde desapareció la joven.
Armando dice con acento venezolano: "No te preocupes por el dinero ni por el trabajo. Mañana mismo muevo mis contactos para buscarle algo digno. Yo pago las indemnizaciones que hagan falta para mandarlo al carajo. No vamos a permitir que la rompan otra vez, Eliana. Con nosotros a su lado, no".
Ximena cierra la puerta de su habitación al final del pasillo, el sonido sordo del pestillo parece ser el preludio que marca el fin de su carrera con James de los Santos, mientras el eco de la promesa de Armando queda flotando en el aire como una red de seguridad que ella aún no sabe que tiene.