Trapani: Muralla de Honor y fuego.

Aquí se irán publicando las escenas de rol tanto de trama principal, como las que querais publicar los jugadores. Debido a la naturaleza de este foro, si se admite contenido NSFW.
Larabelle Evans
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Re: Trapani: Muralla de Honor y fuego.

Mensaje por Larabelle Evans »

La primera pérdida irreparable.

Punto de vista: Michele.


Un despacho confortable. de color Crema Suave
El aire se siente saturado de pólvora, salitre y el olor dulzón de la sangre fresca. El cielo de marzo sobre Sicilia se ha teñido de un violeta fúnebre mientras el humo negro de una explosión desfigura el horizonte de la costa. En el despacho, la tensión es una cuerda de piano a punto de romperse bajo el peso de una guerra que ya no es fría.
Michele está en el despacho. Su rostro refleja cansancio y una preocupación por lo que Karlo le dijo ayer.
Dalila entra al despacho sin tocar y cierra la puerta tras de sí.
Dalila dice con acento milanés: "querías hablarme, consigliere."
Michele la mira con una chisspa de duda y molestia en los ojos.
Dalila le sostiene la mirada.
Dices con acento Trapanés: "Sí. ¿Quiero saber, y que me expliques, porqué mandaste hombres a Trapani?. Qué se supone que estás haciendo? "
Dices con acento Trapanés: "Y sobre todo. Porqué no me consultaste antes?"
Dalila contrae todo su cuerpo. Impone la disciplina y se traga la réplica mordaz. Antes de que pueda articular la respuesta técnica que tiene preparada, un golpe rítmico en la puerta corta el aire. Es un patrón que Dalila reconoce: Rocco. Sus músculos se tensan al instante. El hombre entra con el rostro encendido por la urgencia.
Dices con acento Trapanés: "Te recuerdo que a pesar de ser consigliere de Leila. Sigo siendo quien lidera los negocios en Trapani."
Dalila tarda un minuto en responderle. La mirada de ´Rocco es elocuente.
Michele mira al hombre.
Dalila dice con acento milanés: "no he olvidado eso, consigliere."
Rocco dice con acento milanés: Signorina Dalila, perdón por la interrupción. Tenemos un informe importante. ¿puede acompañarme un momento, per favore?
Dalila asiente.
Dalila mira a Michele.
Michele se molesta.
Dices con acento Trapanés: "Dalila. No emos terminado."
Dalila dice con acento milanés: "estaré contigo enseguida para que conversemos."
Dices con acento Trapanés: "Necesito explicaciones, Dalila."
Dalila camina ignorando la mirada gélida de Michele. Sale al pasillo a toda prisa.
Michele asiente, sin cambiar su expresión de furia contenida.
Dalila cierra la puerta rápidamente y se acerca al hombre.
Dalila murmura con acento milanés: "parla presto, Rocco."
Rocco murmura con acento milanés: "al parecer hay movimiento inusual en la cadena de restaurantes del Signore Venturi. Flavio ya está en camino con cinco hombres. Dice que Santoro ha perdido el honor y la cabeza.
Dalila abre los ojos y su mente va a toda prisa. Gira sobre sí misma y choca con karlo.
Karlo la mira.
Karlo dice con acento siciliano, "Qué ocurre, estai bene? "
Dalila dice con acento milanés: "Karlo, quédate con el Consigliere. Dile que he partido a Trapani a resolver un asunto de vida o muerte. No dejes que salga de la Villa. Vai"
Dalila dice con acento milanés: "Rocco, prepara el helicóptero e informa a Giorgio. Bajo en cinco minutos."
Karlo se tensa.
Dalila sube las escaleras hacia su habitación, se despoja del traje arquitectónico y se enfunda en su pantalón de cuero y la nueva chaqueta reforzada con kevlar en menos de tres minutos. El helicóptero ya ruge en el helipuerto.

el ataque al legado Venturi Cobra su primera víctima



Cincuenta minutos después, el restaurante principal de Trapani, el lugar donde Michele creció entre fogones y promesas, es una zona de guerra. Seis hombres de acento napolitano han irrumpido sembrando el terror. El gerente, el mejor amigo de Michele, intenta mediar con las manos en alto, buscando una salida pacífica.
El hombre dice con acento napolitano : ¡Este es un mensaje para Michele Venturi! ¡La traición se paga con sangre, pezzo di merda!
Un disparo seco atraviesa la mano del gerente cuando intenta alcanzar su móvil. Su mujer, con seis meses de embarazo, se ovilla en un rincón protegiendo a su hija de tres años con el cuerpo.
El helicóptero de los Ferrari sobrevuela la zona, pero no hay espacio para aterrizar. Dalila mira a Rocco y asiente. Cuando la nave desciende al punto crítico, ambos saltan al asfalto caliente. Flavio emerge de las sombras de un callejón, con el arma lista y el rostro cubierto de sudor.
Flavio dice con acento milanés: ¡Dalila! Los otros locales están seguros, mis hombres han llegado a tiempo. Pero aquí dentro... bastardo Santoro... acaba de estallar una ventana.
Una explosión en la cocina hace vibrar el suelo. Dalila no espera. Corre hacia el interior entre el humo y los cristales rotos. Flavio la sigue cubriéndole la espalda en un tiroteo brutal que silencia a los sicarios de Santoro en segundos.
Dalila llega al centro del salón. Ve al gerente herido, desplomado sobre su mujer y su hija. Lo gira con cuidado para que pueda respirar, notando el rastro de sangre que sale de su costado.
Dalila dice con acento milanés: "¡Flavio, saca a la mujer y a la niña de aquí! ¡Ahora!"
El hombre abre los ojos con dificultad. La luz del incendio se refleja en las pupilas de Dalila. Él sonríe con una lucidez agonizante, creyendo que la mujer que lo sostiene es un ángel bajado del cielo ahumado.
Giacomo dice: ¿Estoy... ya estoy muerto? Eres muy hermosa para este infierno...
Dalila dice con acento milanés: "No, quédate conmigo. Te voy a sacar de aquí. Respiri, per favore."
Dalila traga saliva y humo al mismo tiempo.
El hombre niega con la cabeza, apretando la mano de Dalila con la fuerza de los que se van.
Giacomo dice: Escucha... busca a Michele Venturi.... dile ... dile que su primo tiene sed de sangre. Que se cuide. Dile que ha sido el mejor amigo que un hombre puede tener... y que sea feliz. Solo eso, bella... que sea feliz por los dos. Promételo.
Dalila susurra en el oído del hombre. te lo prometo, bambino.
Un último estertor y sus ojos se fijan en el vacío. Dalila aprieta los dientes y como puede arrastra el cuerpo del hombre. Un estruendo hace vibrar las paredes. Dalila apenas tiene tiempo de esquivar el concreto que se les viene encima. Rocco acude en su auxilio y salen del edificio justo antes de que una tercera explosión convierta el restaurante en una pira de recuerdos.

El luto alcanza al consigliere.

Punto de vista: Michele.


Una hora más tarde.
El helicóptero aterriza en la Villa Ferrari bajo una lluvia fina que no logra limpiar el hollín. Dalila desciende con el rostro manchado de ceniza, el pelo revuelto y la ropa empapada en sangre ajena.
Ve a Karlo que la observa desde la distancia, con el respeto mezclado con el temor de ver a una mujer que ha cruzado el límite.
Karlo se acerca a ella.
Karlo dice con acento siciliano, "Dalila, estai bene?. De que infierno saliste. "
rocco da algunas instrucciones antes de aproximarse a Dalila.
Dalila suspira.
Karlo la abraza sin importarle la ropa sucia.
Dalila murmura con acento milanés: "ven conmigo al despacho, así lo explico una sola vez, por favor."
Dalila camina directamente al despacho de Michele, seguida de Karlo. Entra sin llamar. Michele se levanta, pero se queda mudo ante la imagen de su Jefa de Seguridad.
Rocco los sigue de cerca.
Dalila no espera a que le pregunten, levanta la cara dispuesta a asumir las consecuencias.
Michele la mira horrorizado y temiendo lo peor.
Dices con acento Trapanés: "Dalila. Qué pasó en Trapani, dime. "
Dalila dice con acento milanés: "He enviado hombres a Trapani para proteger a tu famiglia, tu vida, porque intuí que Santoro actuaría al verse con las manos vacías y no me equivoqué. Está dispuesto a verte arder, Michele; a cobrar con sangre lo que él considera deslealtad. Tus padres y tu casa bien, pero ha lanzado a una jauría contra tu cadena de negocios. Tu restaurante principal ha volado por los aires. Los napolitanos que actuaron allí querían enviarte un mensaje: la deslealtad se paga con sangre."
Dalila se apoya en el borde del escritorio, su mirada es un reflejo del Etna despertando: una furia roja bajo una capa de hielo.
Dalila dice con acento milanés: "Tu amico ha muerto en mis brazos. Antes de irse, me pidió que te advirtiera: tu primo tiene sed de sangre. Y me dejó un encargo personal para ti... que seas feliz."
Michele palidece al escuchar el informe.
El silencio que sigue es tan pesado como el plomo. Dalila no se limpia el hollín de la cara. Se queda allí, desafiando a Michele con la verdad de una pérdida que ella no pudo evitar, pero que ha traído de vuelta sobre sus hombros. Un recordatorio de que la vida es un suspiro y la ineficiencia un error imperdonable.
Dices con acento Trapanés: "Dime que la gente que estaba en el restaurante sobrevivió. Dímelo dalila."
Dalila dice con acento milanés: "La mujer y la niña están a salvo. Pero el resto... el resto es ceniza. ¿Vas a seguir pidiéndome explicaciones o vamos a terminar de centrarnos en lo que importa de una vez?"
El rostro de michele se contrae en una mueca de dolor. No por las cosas materiales, sino por su amigo.
Dalila lo ve romperse y, aunque quisiera ofrecerle consuelo, el deber de ponerlo todo en orden pesa más en su conciencia.
Dalila dice con acento milanés: ""Dejé hombres allá, tus padres estarán bien, aunque te sugiero que los traigas aquí mientras se minimizan los riesgos. el resto de restaurantes y activos están bien custodiados. Ahora, me ocuparé de la mujer y la cría de tu amico. he dado la orden de que cremen el cuerpo y te traigan las cenizas. He consultado a la mujer si estaba de acuerdo y ha dado su consentimiento. No quiero arriesgarme a que Santoro profane la tumba del hombre. a saber con esa mujer que tiene ahora, si le da por venerar a la Santa Muerte."
Michele la mira mientras habla.
Dices con acento Trapanés: "Ordenaré, que traigan a mi, familia..."
Dalila abandona el despacho con la mente trabajando a demasiada velocidad. Santoro estaba llevando la confrontación como el puto culo y ella averiguaría porqué la Cosa Nostra aún no había frenado al figlio di putana.
Larabelle Evans
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Re: Trapani: Muralla de Honor y fuego.

Mensaje por Larabelle Evans »

Escuchando verdades.

Punto de vista: Michele.


rocco va a seguir a Dalila y se topa con la mole de Karlo.
Karlo Dice con acento siciliano: "Qué está pasando. "
Rocco traga saliva, manteniendo la lealtad que le debe a la mujer que lo reclutó, pero sabiendo que Karlo no es hombre de medias tintas.
Karlo mira a rocco interrogante.
Rocco se rasca la frente antes de hablar.
Rocco lo mira y luego mira al consigliere.
Rocco dice con acento milanés: Si se entera que lo dije todo me va a dejar eunuco.
Karlo Dice con acento siciliano: "No se va enterar."
Rocco suspira.
Rocco dice con acento milanés: Fue una carnicería, Karlo. Los napolitanos no iban a dejar a nadie vivo. Dalila entró cuando el techo ya estaba cediendo. Sacó a la mujer y a la niña, pero regresó por el gerente. Casi no sale.
Rocco omite, por orden directa, la intervención de Flavio y los hombres de Olimpia, manteniendo esa alianza en las sombras.
Rocco dice con acento milanés: La explosión de la cocina la lanzó contra la pared. Estuvo a punto de quedar sepultada y quemada viva por traerle ese cadáver al Consigliere. Si hubiera tardado diez segundos más, hoy estaríamos cavando su tumba junto a la de su amigo.
Karlo escucha sin dar crédito.
Karlo Dice con acento siciliano: "Ese cabrón. Es un infeliz. "
Rocco dice con acento milanés: Ella, ella sabía lo importante del hombre. Es todo lo que puedo decir.
Roco asiente y mira de reojo al consigliere.
Michele escucha, aturdido por todo lo ocurrido.
Rocco habla casi en susurros.
Rocco murmura con acento milanés: No ... no debería ser tratada como una simple empleada, creo yo, Karlo. No había tiempo de explicaciones, de autorizaciones.
Michele murmura con acento trapanés, "Dalila, dios Dalila. ¿Qué, hiciste?t... "
Rocco dice con acento milanés: Si no me necesitan más, me marcho, queda mucho por organizar.
Rocco aguarda la respuesta de karlo antes de abandonar el despacho.
Karlo asiente a rocco.
Rocco sale y cierra la puerta tras de sí. Luego avanza a zancadas por el pasillo.
Karlo se acerca a Michele con empatía genuina.
Karlo Dice con acento siciliano: "Lo siento, Consigliere. Yo sé mejor que nadie lo que es perder un amigo. Pero."
Karlo Dice con acento siciliano: "esa donna que acaba de salir por esta puerta. Prácticamente, estaba dispuesta a dar su vida por tí, tus negocios y tu familia. Y no deberías ser tan duro con ella, sino te dijo antes lo de Trapanni, tenía un solo motivo y era protegerte. Tú no eres un cabrón como Alessio, eres honorable y sincero. No dejes que el corazón se te marchite con el poder y la guerra, desquitándote con la única persona que desde que llegó a esta villa, a hecho todo para salvar a la Famiglia, pero sobretodo a tí. "
Karlo se acerca y espontáneo como es él, le palmea el hombro y se aleja en dirección a la puerta.
Karlo Dice con acento siciliano: "Ahí te lo dejo que lo pienses."
Karlo sale del despacho cerrando la puerta suavemente.
El Consigliere se dejó caer en su sillón de cuero, el sonido de la piel crujiendo resonando en el silencio. El rostro de su amigo, Giacomo, pidiéndole que fuera feliz por los dos, se superponía con la imagen de Dalila, sucia de ceniza y sangre, desafiándolo con los ojos cian.
El dolor por Giacomo era una punzada fría, una confirmación de que la guerra ya no distinguía entre lealtades ni inocentes. Pero la rabia contra Alessio, ese fuego que Michele había cultivado, ahora se mezclaba con algo más corrosivo: el terror a perder lo que no sabía que poseía.
Dalila.
Ella era el caos en su orden, el volcán bajo su hielo. No se lo había pedido, no la había contratado para que lo salvara a él, sino para proteger a la Regina. Sin embargo, en Trapani, ella había puesto su vida en juego para traerle la verdad envuelta en las cenizas de su amigo.
Michele se pasó las manos por la cara. La idea de que ese aroma a sándalo y pólvora pudiera desaparecer, de que Alessio pudiera tocarla, usarla o, peor aún, eliminarla en su búsqueda por desmantelar a los Ferrari, le oprimía el pecho con una fuerza que le cortaba la respiración.
¿Cómo me voy a encargar de la Famiglia si no puedo respirar sin que ella esté aquí?
El miedo no era a la derrota, era a la ausencia de esa Donna que lo estaba volviendo loco. Se levantó de golpe, la silla cayendo detrás de él sin que le importara. Se acercó a la ventana, mirando la lluvia fina que caía sobre la villa, sintiéndose tan expuesto y vulnerable como nunca antes. La lealtad que ella le profesaba no era por el cargo, era por la persona, y eso lo desarmaba.
Su honor, ese estandarte que siempre había defendido, le exigía ir tras ella, disculparse por su tono, por su ceguera, y agradecerle con la reverencia que su valentía merecía. Pero su deseo, ese instinto primario que había intentado aplacar con una sustituta, le gritaba que fuera a su habitación, la tomara en esa misma mierda de ropa sucia y la marcara como suya.
Michele Se dirigió al pasillo para pedirle a uno de los hombres que fueran a buscar a Dalila para hablar con ella.

La necesidad gana esta vez.

Punto de vista: Michele.


Es una noche de pactos de sangre y pulsiones eléctricas. En Palermo, el aire es pesado, oliendo a sal gorda y a decisiones que cambian el curso de la historia. En la Villa, el ambiente es una olla a presión donde el dolor del luto y la adrenalina de la supervivencia han erosionado las últimas defensas de la razón.
Dalila camina con la espalda recta. No hay rastro de su picardía ni de su refrescante irreverencia. Quien entra en el despacho no es la mujer, es un activo que cumple su deber por encima del cansancio físico y el torbellino emocional que mantiene su corazón como una bomba de relojería.
Dalila hace una señas al par de hombres apostados en el pasillo antes de cerrar la puerta.
Dalila Cierra la puerta con un clic metálico que suena como un disparo en el silencio de la estancia.
el despacho es un campo de batalla silencioso.
Dalila dice con acento milanés: "Me mandaste llamar, consigliere."
Dalila permanece de pie, todavía con el rastro de hollín en las sienes y la sangre seca de su amigo en la chaqueta. Sus ojos azul cian desafían a Michele, brillando con la intensidad del Etna.
Dices con acento Trapanés: "Dalila..."
Dalila dice con acento milanés: "consigliere..."
Michele la mira a los ojos.
Dalila reprime el nombre que estuvo a punto de escapársele.
Dalila le sostiene la mirada.
Michele se levanta de su silla, rodeando el escritorio para acercarse a ella.
Dalila contiene la respiración un momento, tiene que recomponerse y mantener la actitud que se espera de ella.
Michele sin quitarle la mirada de esos iris electrizantes, le toma el rostro entre las manos con suavidad.
Sin mediar palabra, Michele acorta los últimos centímetros y la besa. Es un beso arrasador, una explosión de necesidad contenida durante días. Dalila responde con la misma intensidad, enredando sus dedos en el cabello de Michele, dejando que el sabor a ceniza y la urgencia del deseo lo inunden todo. El despacho parece desvanecerse; solo existen sus respiraciones entrecortadas y el roce desesperado de sus cuerpos.
Se separan de manera abrupta, jadeantes, con los labios hinchados y los corazones martilleando contra las costillas. Dalila da un paso atrás, recomponiéndose con una rapidez dolorosa, ajustando su chaqueta con manos temblorosas.
Dalila desvía la mirada y la clava en el escritorio.
Murmuras con acento Trapanés: "Dalila..."
Dalila dice con acento milanés: "no... no podemos distraernos ahora, Michele. Santoro sigue allí afuera esperando para destrozarte y a la Regina también."
Michele se recompone, o eso intenta ante las palabras lógicas de ella.
Dalila murmura con acento milanés: "si ... si no me necesitas, me marcho. Tengo detalles que ultimar, consigliere."
Dices con acento Trapanés: "Solo, quería. Agradecerte por lo que hiciste por mí... "
Dalila murmura con acento milanés: "hago, hago mi trabajo. Mi trabajo es cuidar de la famiglia."
Dalila siente que la voz le tiembla. No puede permitirse romperse frente a él. Frente a nadie.
Michele asiente conteniendo el deseo de volver a besarla.
Dalila sale del despacho sin mirar atrás. Michele se queda solo, apoyado contra el escritorio, con el corazón desbocado y el sabor de ella todavía en los labios, sabiendo que, a partir de este beso, la guerra contra Santoro ha dejado de ser una cuestión de negocios para convertirse en algo mucho más peligroso: una cuestión de supervivencia personal.

descubrimiento que desconcierta.

Punto de vista: Dalila.


Dalila sale del baño envuelta en una toalla. Ya no tiene hollín ni sangre en la piel, pero sigue con el desasosiego en el cuerpo. Se roza los labios con los dedos. Todavía puede sentir la boca de Michele sobre la suya.
Dalila niega con suavidad para sí y se viste. Está decidida a asegurarse de que eso no ocurra de nuevo.
Dalila se calza las botas y sale. Cierra los ojos y camina en dirección a la habitación de Michele. Toca, pero nadie responde. Baja las escaleras y repite el proceso en el despacho.
Uno de los hombres dice con acento siciliano: Il consigliere no está en el despacho, signiorina.
Dalila piensa que Michele ha podido irse al ala de la Regina. el pensamiento de buscarlo ahí se le cruza por la mente y lo desecha. No es momento de irrumpir sin necesidad en un momento tan delicado.
Dalila se pregunta donde estará Karlo. Camina rumbo al salón.
Michele camina hacia la salida, desanimado, pero decidido a borrar el beso de Dalila.
Dalila se sorprende al ver que se dirige a la salida.
Michele está tan metido en sus pensamientos que no mira a nadie realmente.
Dalila mira a Giorgio que, permanece a metros del consigliere.
La mirada de ambos se cruza. Ella asiente y él hace un gesto.
Giorgio sale de la villa poco después que Michele.
Michele va en su auto con rumbo al cluv.
Dalila vuelve a su habitación. Está inapetente. Camina de un lado a otro a la espera de una confirmación que puede marcar un antes y un después.
Michele conduce pensativo, hoy más que follar, quiere la calma y un ancla más tranquila que le haga centrarse antes de erupcionar junto con Dalila.
Giorgio lo sigue con discreción obedeciendo las órdenes de Dalila.
Diez minutos después el móvil de Dalila vibra.
La notificación parpadea en la pantalla bloqueada: L'Eclipssi D'Oro.
Dalila cierra los ojos y deja el móvil en la mesita.
Dalila se tumba en la cama y casi se ovilla como cuando era adolescente.
Dalila murmura con acento milanés: "tú no.... tú no puedes ser así, no tú."
Larabelle Evans
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Re: Trapani: Muralla de Honor y fuego.

Mensaje por Larabelle Evans »

refugio a medias.

Disclaimer.


Escena con alto contenido sexual, apta para mayores de 18 años.

Punto de vista: Michele.


Sicilia; L'Eclissi d'Oro — El Atrio de Ópalo
Salidas visibles: puerta y longe
Sara sonríe al Consigliere.
Sara dice con acento siciliano: Signiore Venturi, buona note.
Sara dice con acento siciliano: Su ragazza lo espera en la suite.
Dices con acento Trapanés: "Gracias. "
Sara adopta un gesto más serio y preocupado.
Michele entra.

Sicilia; L'Eclissi d'Oro — Sala Principal y Lounge
Ves barra de ónice aquí.
Salidas visibles: atrio, escalera, y reservados
Subes por la escalera de caracol hacia el corredor de los espejos
Sicilia; L'Eclissi d'Oro — El Corredor de los Espejos (Planta Alta)
Salidas visibles: escalera, suite, y puerta
Pasas la llave magnética por la ranura del sensor. La luz cambia a verde y la puerta se desbloquea para que puedas entrar.
Sicilia; L'Eclissi d'Oro — Suite Regale
Ves una cama kingsize con dosel de seda y sábanas de hilo egipcio y un diván de diseño italiano aquí.
Te encuentras con Concettina.
Michele entra y mira a su chica.
Dices con acento Trapanés: "Ciao..."
Concettina está de pie aguardando por Michele. Viste tal como él ha pedido, pero lleva el collar y el perfume que le obsequió.
Concettina lo mira.
Concettina dice con acento milanés: "ciao, Michele."
Concettina se preocupa de inmediato al verle la cara.
Concettina se acerca a él y le acaricia el rostro.
Michele le mira un momento el collar que lleba.
Concettina murmura con acento milanés: "va todo bien?"
Dices con acento Trapanés: "¿Te ha gustado?"
Concettina asiente y sonríe.
Concettina dice con acento milanés: "Es hermoso. Gracias."
Concettina lo toma de la mano y lo lleva hasta el diván.
Michele asiente y se sienta derrotado en el diván.
Concettina se desviste despacio, solo se deja el collar.
Concettina se hinca frente a él entre sus piernas y lo mira.
Dices con acento Trapanés: "En cuanto a tu pregunta. No, nada está bien, pero no quiero hablar de eso. Pero gracias por preocuparte."
Concettina murmura con acento milanés: "va benne."
Concettina murmura con acento milanés: "sin palabras hoy, solo caricias, o lo que tú necesites."
Michele la mira a los ojos y niega, haciendo un gesto para que se levante.
Concettina lo mira desde su posición sumisa y le toma ambas manos.
Concettina le besa una palma y luego la otra.
Concettina lo ayuda a desvestirse, despacio, sin hablar.
Dices con acento Trapanés: "Ven aquí."
Concettina obedece.
Michele medio desvestido, la abraza inalando profundamente su aroma. La acaricia apasionado.
Concettina responde a sus caricias y busca su boca para besarlo.
Michele suspira ttriste dejándose besar. El recuerdo del beso ardiente con Dalila, amenaza con descontrolarlo y se obliga a calmarse.
Michele la aparta suave de sus labios y la sigue acariciando.
Dices con acento Trapanés: "eres, tan bella..."
Concettina murmura con acento milanés: "Michele..."
Concettina lo acaricia.
Michele le acaricia los pechos, haciendo que ella lo disfrute.
Concettina gime flojito dejándose hacer.
Michele desliza sus manos por su cuerpo hasta su vagina, roza su clítoris despacio haciendo pequeños círculos.
Concettina gime entregada a las caricias de Michele.
Michele se levanta con ella en brazos y la lleba a la cama, acostándose a su lado.
Concettina acaricia A michele con deseo.
Concettina murmura con acento milanés: "Michele... déjame cuidar de ti esta noche."
Dices con acento Trapanés: "esta noche, quiero que lo hagas. "
Concettina le acaricia el rostro y asiente. Con suavidad se coloca sobre Michele.
Michele suspira triste .
Concettina llena su rostro de besos delicados evitando su boca.
Michele la sostiene de la cintura acariciando despacio.
Concettina desciende por su cuello, su torso.
Concettina alcanza su ingle y se dedica a acariciarlo con la lengua, sus labios, sus manos.
la erección de Michele va creciendo lentamente.
Michele jadea cediendo a sus besos y a su calor.
Concettina se esfuerza para ponerlo duro.
Concettina chupa dedicada acariciándole los testículos.
Concettina gime al sentirlo duro en su boca.
Los jadeos masculinos son música para sus oídos.
Dices con acento Trapanés: "Así. Hazlo, Más. "
Michele le acaricia los rizos.
sigue mamando con fruición, la excitan las reacciones de Michele.
Concettina acompasa las succiones con su mano que sube y baja para ordeñarlo.
Concettina fija la mirada en Michele.
los músculos de michele se tensan por el placer de su boca.
Michele la mira con deseo.
Concettina ahueca las mejillas para darle intensidad a la mamada.
Concettina disfruta de ver el deseo en sus ojos
Concettina respira aceleradamente.
Dices con acento Trapanés: "Debórame. Hazme olvidar todo."
Concettina saca el miembro solo un instante de su boca sin dejar de masturbarlo.
Concettina murmura con acento milanés: "voy a devorarte como necesitas, dámelo todo, todo, Michele."
Concettina lleva de nuevo el miembro a su boca y reanuda la mamada.
Michele se deja arrastrar por su sensual voz y su mano en él.
Michele empuja las caderas follándole la boca.
Concettina sube y baja devorándolo hasta que el glande de Michele le roza la campanilla.
Concettina aprieta sus huevos con suavidad en un masaje que se une a las succiones cada vez más intensas.
Dices con acento Trapanés: "Conce, así. Más..."
A concettina le da un vuelco el corazón al escuchar que no la llama Dalila.
Concettina se siente entusiasmada y se esfuerza en complacerlo porque quiere que se corra en su boca.
Los jadeos del consigliere aumentan el ritmo. Sus caderas toman vida propia.
Concettina chupa, mordisquea, acaricia. aprieta.
Michele se dedica a disfrutar la boca de su chica. No, esta vez no va a permitir que el beso de Dalila lo atormente.
Concettina siente como se endurece más y gime de placer.
Concettina está segura de que Michele esta vez sí se va a correr en cualquier momento.
Michele la sostiene firme mientras le folla la boca marcando el ritmo.
Concettina está eufórica al ver cómo responde Michele a sus atenciones y se deja hacer.
Dices con acento Trapanés: "Conce... "
al oír su nombre ella gime y lo chupa con más ahínco
Michele sigue hasta que siente como el orgasmo lo invade. Se deja ir en la boca de su chica, jadeando su nombre.
Michele la mira a los ojos, esos azules que terminan por hacerlo pensar en Dalila.
Concettina suspira, satisfecha.
Concettina se dedica a lamerlo mientras el orgasmo va dando paso al letargo.
Concettina lo mira detenidamente.
Concettina siente una punzada de inseguridad porque no encuentra el gesto de plena satisfacción en su rostro.
Michele siente como el placer momentáneo da paso a un vacío doloroso. Y de nuevo la certeza de que no es Dalila.
Michele parpadea y la mira.
Concettina ignora su propia insatisfacción. y sonríe.
Dices con acento Trapanés: "Mia ragazza. "
Concettina murmura con acento milanés: "tuya, siempre, Michele."
Concettina se levanta y como otras veces, va a por lo necesario para asearlo.
Suspiras profundamente.
Concettina limpia con mimo a Michele, alternando la toalla tibia con caricias.
Tras terminar, busca los condones y los deja sobre la cama. Luego se tumba a su lado y lo llena de besos, caricias y mimos.
Murmuras con acento Trapanés: "Sei molto dolche, Conce."
Concettina le sonríe.
Concettina murmura con acento milanés: "solo per te, Michele."
Michele sonríe ligeramente aunque ese gesto no ilumina su rostro.
Dices con acento Trapanés: "eso me gusta, sentirte mia."
Concettina está decidida a que esa noche, Michele disfrute.
Concettina se sienta a horcajadas sobre Michele. Sus manos lo recorren con entrega.
Concettina dice con acento milanés: "siempre seré tuya, nadie más que tú me tendrá, Michele."
Michele le acaricia los pechos masajeando con maestría
Concettina siente que la erección de Michele va creciendo, despacio, como si la pasión se cociera a fuego lento.
Michele recorre su cuerpo deleitándose con sus curvas.
Concettina lo mira coqueta, mientras frota su sexo con el de Michele, provocándolo, incitando a que su deseo despierte.
Concettina lo toma de las manos y las va guiando por todo su cuerpo.
Concettina murmura con acento milanés: "tócame, Michele. Así como solo tú sabes hacerlo."
Michele la toca comenzando a excitarse al sentir su humedad.
Las caricias del consigliere le arrancan gemidos y estremecimientos.
Concettina murmura con acento milanés: "hazme tuya, Michele. quiero sentirte dentro de mí..."
Concettina gime.
Concettina rompe el empaque y le pone el condón.
Michele se pierde en sus gemidos, la levanta lo suficiente para que ella baje sobre él.
Concettina murmura con acento milanés: "oh, Michele, es delicioso sentirte dentro de mí. Así, tan duro."
Concettina baja lentamente para sentir como la invade hasta clavarse en su interior por completo.
Dices con acento Trapanés: "Muéstrame cuanto te gusta, conce. "
Michele la mira con un destello de deseo.
Concettina asiente, perdida por el deseo.
Concettina ccomienza a cabalgarlo despacio.
Los pechos se balancean al ritmo de esa cadencia sensual.
Michele le acaricia las nalgas mientras ella se mueve.
Concettina murmura con acento milanés: "adoro tus manos en mi cuerpo, Michele. Adoro sentirte dentro de mí."
Concettina aumenta el vaivén progresivamente.
Concettina contrae sus músculos alrededor del sexo de Michele y gime con cada penetración.
La pasión se enciende con lentitud. Como si el deseo fuese víctima de un agotamiento brutal.
Michele jadea por sus movimientos. comienza a moverse al ritmo de ella.
Concettina no se rinde, quiere complacerlo al máximo.
Michele la sostiene de las caderas y comienza envestirla un poco más rápido.
Concettina se mueve un poco más rápido. sus labios se entreabren y un gemido surge de improviso.
Concettina murmura con acento milanés: "así, Michele, hazme tuya, dáme lo que tienes para mí. Dámelo."
Dices con acento Trapanés: "Así, gime para mí Conce, así. "
Concettina gime un poco más fuerte y más entregada.
Para Concettina el pensar que esta vez él está con ella, la ve a ella y no a la otra, la emociona.
Michele la incita a moverse más rápido sobre él.
las paredes internas de la vagina de Concettina se aprietan, su clítoris ruega por un desahogo, por una caricia que lo haga explotar de placer.
Concettina aumentta el ritmo y se toca el clítoris.
Concettina gime más alto mientras imita la manera que tiene Michele de tocarla aí.
Michele le retira la mano y es él quien la toca ahora.
Concettina mueve la cabeza hacia atrás, mientras cabalga a Michele ahora perdida por el placer que él le proporciona.
Concettina se agarra los pechos mientras él le acaricia el clítoris.
Concettina gime y sus caderas intensifican la cabalgata.
Michele la mira tocarse los pechos y aumenta sus caricias en su punto débil.
Concettina murmura con acento milanés: "así, así, Michele. quiero arder contigo, soy tuya, tuya..."
Murmuras con acento Trapanés: "Mójate para mí, así Conce. Muévete más."
las palabras de Michele son una cerilla para su deseo. Concettina siente como se moja.
La joven está tan mojada que empapa la pelvis de Michele.
Dices con acento Trapanés: "eres tan deliciosa mojada. ¿Quieres correrte? "
Michele la mira a los ojos.
La respiración de concettina empieza a ser desordenada. Cada vez que Michele llega a ese punto tan profundo, se le escapa un gemido.
Concettina asiente, perdida en él, en sus embestidas, en como le toca el clítoris.
Michele alterna entre sus dedos y sus envestidas, buscando que ella se corra.
Concettina murmura con acento milanés: "haz que me corra, Michele. quiero correrme en tu polla, que me sientas tuya."
Concettina murmura con acento milanés: "así, así, por favor... dio mio, así."
Concettina está subyugada por el placer.
Michele da toques en su clítoris y envíste hasta su límite.
Concettina gime muy fuerte, está cada vez más cerca.
Concettina murmura con acento milanés: "no pares, por favor... no pares, Michele... así, así."
Michele con una mano estimula sus pechos y la otra sigue en su clítoris.
Concettina arqueala espalda y grita su nombre mientras que el orgasmo la arrasa.
Los músculos vaginales ordeñan a Michele. aprietan en un ritmo enloquecedor, si Michele estuviera verdaderamente implicado.
Michele gruñe al sentirse tan atrapado en su vagina. Pero sigue duro aún mientras la siente temlar.
Concettina cae sobre su torso, estremecida por el orgasmo.
Concettina suspira su nombre.
Michele la hace girar para quedar de bajo de él.
el aire en la suite se impregna del aroma a sándalo y vainilla con trazas del sexo compartido.
Michele le levanta las piernas ha sus hombros y la penetra ritmicamente.
Sentir el peso de Michele sobre ella la excita.
Concettina murmura con acento milanés: "así, así, Michele. soy tuya, toda tuya."
Concettina gime y se entrega a sus embates.
Concettina aprieta sus músculos internos, quiere que él goce, que se descargue en ella y vacíe todo lo malo que lo agobia.
Ese aroma tan similar a dalila y los rizos de su chica lo hacen cerrar los ojos, y la imagen de Dalila en lencería lo excitan, haciendo que envista más rápido.
Concettina murmura con acento milanés: "así, dámelo todo, dame más, Michele."
Concettina coge una de sus manos y le mordisquea un dedo, luego lo succiona como si fuera una felación.
Mientras lo hace, gime, apasionada.
Michele se enttrega a la imagen de Dalila cuando le hizo lo mismo. Michele entra y sale de su chica con intensidad para correrse, jadeando: Dalila.
Murmuras con acento Trapanés: "así. Dalila... Dalila..."
Concettina siente una punzada de dolor y decepción, pero se la traga y se obliga a gemir mientras él se corre, ahora sí, entregado al placer.
Michele Sale de ella y se desploma a su lado.
ella se coloca de lado y lo llena de caricias.
Concettina apoya la palma en su pecho y siente los latidos frenéticos de su corazón.
Concettina se descubre anhelando tener un espacio ahí, así como esa tal Dalila.
Michele regulariza su respiración, cerrando los ojos mientras ella lo toca.
Las caricias de concettina lo aletargan. El sueño poscoital se va haciendo espacio en él.
Concettina murmura con acento milanés: "descansa, Michele. Yo seré hoy el refugio de tus tormentos."
Varias horas más tarde.
en la villa Ferrari el amanecer llega sin pedir permiso. La luz del alba se filtra por los cristales de la habitación de Dalila.
Dalila permanece de pie frente a la ventana.
la noche ha sido larga. las ojeras se asoman bajo sus ojos cian, que no dejan de mirar al mismo punto por donde debería verlo llegar. Pero no llega.
Dalila mira el reloj.
Un sabor amargo le inunda las papilas. Cierra los ojos y respira.
Respira.
No puede hacer otra cosa. Y lo sabe.
Dalila se cambia despacio y se aplica el maquillaje. Tiene que reconstruir la máscara que le permitirá no romperse frente a Michele.
Dalila se cambia despacio y se aplica el maquillaje. Tiene que reconstruir la máscara que le permitirá no romperse frente a Michele.
Larabelle Evans
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Re: Trapani: Muralla de Honor y fuego.

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La ira de la Regina.

Punto de vista: Michele & Leila.

El sol del nuevo día se filtraba con una luz cruel en el despacho de Leila, la Regina, iluminando el polvo suspendido en el aire y la pesada atmósfera. Michele la encontró en el mismo lugar de siempre, la depresión por la muerte de Chiara la mantenía anclada a su escritorio, pero su postura, a pesar del dolor, seguía siendo la de una reina.
Michele carraspeó, la garganta seca. El hollín y la sangre ajena que vió en Dalila seguían grabados a fuego en su mente, y ahora tenía que traducirlos en palabras para su prima.
Dices con acento Trapanés: "Leila, necesito informarte sobre lo ocurrido en Trapani."
Leila levantó la mirada, sus ojos, normalmente fríos como el hielo, estaban inyectados en una fatiga profunda.
Leila dice con acento siciliano, "¿Más problemas, Michele? ¿Qué más puede quitarme ese bastardo de Alessio?"
Michele se acercó al escritorio, plantándose frente a ella. Mantuvo un tono profesional, pero la tristeza por su amigo filtraba su voz.
Dices con acento Trapanés: "Santoro ha cruzado una línea que no tiene vuelta atrás. Anoche, atacó. No nuestros activos principales, sino algo mucho más personal... atacó la cadena de restaurantes. El principal, el de Trapani, ha sido volado por los aires. Fue un mensaje, Leila. Una advertencia sangrienta."
Leila parpadeó, procesando la información. La mano que sostenía un bolígrafo se apretó con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos.
Leila dice con acento siciliano, "Destrozó la trattoria... el lugar que construyeron mis tíos con esfuerzo... ¿Hubo víctimas, Michele?"
Leila ni siquiera esperó la respuesta, su mirada se clavó en su primo.
Dices con acento Trapanés: "Giacomo, mi amigo, el gerente... murió protegiendo a su familia. Dalila y sus hombres consiguieron sacar a su mujer y a la niña antes de que el edificio colapsara."
La Regina se levantó de golpe, golpeando la madera del escritorio con ambas manos. Su rostro palideció, pero no era por miedo, sino por una furia fría y controlada. El dolor por Chiara se convirtió en combustible para la guerra.
Leila dice con acento siciliano, "¡Ese figlio di putana! Atacar a la familia y a los inocentes... ha perdido todo sentido del honor. ¡Cree que Pondrá de rodillas a la Cosa Nostra.
Se acercó a Michele, su expresión tornándose severa, la empatía con su primo evidente en la determinación de sus ojos.
Leila dice con acento siciliano, "Quiero a mis tíos aquí, Michele. Inmediatamente. Trasládalos a la Villa Ferrari, aquí estarán seguros. Que vivan aquí el tiempo que sea necesario. Alessio no los volverá a tocar."
Asientes afirmativamente.
Leila dice con acento siciliano, "En cuanto a Trapani, quiero una respuesta inmediata, pero no sangrienta. No vamos a darle el placer de convertir esto en una masacre pública. Vamos a responder donde más le duele. En el dinero."
Leila señaló un mapa estratégico de Sicilia extendido sobre una mesa lateral.
Leila dice con acento siciliano, "Dalila tiene una buena intuición. Los hombres que envió a Trapani, que se queden. Duplica la seguridad en todos nuestros activos, especialmente en los que limitan con sus rutas de suministro. Y más importante aún..."
Se inclinó sobre el mapa, su dedo golpeando con precisión un punto en la costa oeste.
Leila dice con acento siciliano, "Vamos a buscar sus puntos débiles. Quiero un informe detallado de las rutas de contrabando de blancas y sus negocios legales. Si ataca con fuego, nosotros responderemos con hielo. Congela sus rutas, paraliza sus cuentas, arruina sus contratos. Quiero que se ahogue en su propio dinero."
Dices con acento Trapanés: "Entendido, Leila. Actuaré de inmediato. Dalila ya está movilizando hombres en Trapani, pero intensificaré la búsqueda de sus puntos débiles."
Leila asintió, su rabia se transformaba en una estrategia letal.
Leila dice con acento siciliano, "Que se prepare Alessio. Ha atacado a mi sangre y a mis amigos. Ya no es solo la guerra por Catania, ahora es una vendetta. Vete, Michele. Ocúpate de esto. Y... asegúrate de que mis tíos se sientan seguros aquí. Han perdido mucho."
Michele asintió, el profesionalismo luchando por ocultar el torrente de dolor y rabia que sentía. El luto por Giacomo había sido oficialmente aplazado. La guerra de Catania acababa de volverse personal, y en el corazón de un Ferrari, eso era la promesa de una tormenta de venganza.
Larabelle Evans
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Re: Trapani: Muralla de Honor y fuego.

Mensaje por Larabelle Evans »

Invitación del consejo.

Punto de vista: Michele & Dalila.


Un despacho confortable. de color Crema Suave
Dalila abre la puerta y entra sin llamar.
Dalila cierra la puerta tras de sí con suavidad.
Michele la mira y reprime un suspiro.
Dalila se acerca al escritorio.
Dices con acento Trapanés: "Ciao, Dalila. ¿Novedades?"
pese al maquillaje, bajo sus ojos se notan las ojeras, producto del insomnio.
Dalila dice con acento milanés: "Ha llegado un comunicado, consigliere."
Dalila dice con acento milanés: "es importante."
Dices con acento Trapanés: "sobre qué?"
Dalila saca el comunicado y se lo da a Michele
Dalila dice con acento milanés: "Creo que es mejor que lo lea."
Michele lee el documento.
Leyendo detenidamente comunicado.
COMUNICADO DE LA GRAN FAMIGLIA — CONSEJO DE LA CÚPULA
MARZO, 2026
A las Familias de Honor, Consiglieri y Capos de la Isla:
Por la presente, y bajo el amparo de la tradición que sostiene los pilares de nuestra organización, se hace saber que, tras el consenso unánime de los miembros del Consejo y la ratificación de Don Calogero, se ha formalizado el ingreso de la Famiglia Bragantti Benedetto como miembros de pleno derecho de la Cosa Nostra.
Su lealtad, demostrada en tiempos de turbulencia, y su compromiso con la erradicación de los elementos que deshonran nuestro código, les han otorgado un asiento a la derecha de la justicia que nos rige. A partir de este momento, su palabra es ley en su territorio y su protección es nuestra causa común.
Respecto a la Famiglia Venturi Ferrari:
Este Consejo, consciente del profundo pesar que embarga a la Famiglia Venturi Ferrari tras los recientes y deplorables acontecimientos en Trapani, desea manifestar su respeto absoluto ante el luto de sus miembros. La silla de los Ferrari permanecerá presente y honrada en cada reunión, como símbolo de su estatus inamovible.
Se informa a la Signora Leila Ferrari y al Consigliere Michele Venturi que su presencia en el acto formal de aceptación de los Bragantti Benedetto es deseada, mas no constituye una obligación de protocolo. Esta Gran Famiglia prioriza el respeto al duelo de nuestros hermanos por encima de cualquier formalidad administrativa. Aquellos que deseen presentar sus respetos en la intimidad de su refugio cuentan con la venia del Consejo.
Acto de Confraternidad:
La reunión de ratificación tendrá lugar en el Monasterio de San Benedetto. Se ruega a los asistentes observar el silencio y el decoro que la santidad del lugar y la gravedad de los tiempos exigen.
Que la sangre derramada sirva para fertilizar el nuevo orden y que la traición encuentre su final en el fuego que hoy encendemos juntos.
Sello de la Cúpula
Sicilia Prohibida, 2026.
Dalila te mira.
Dalila permanece de pie aguardando a que Michele finalice la lectura.
Dalila mira a Michele y reprime las ganas de sentarse en su regazo como otras veces, como haría si no guardara en sus labios el recuerdo del beso de hace dos días.
Dalila dice con acento milanés: "No has pedido mi opinión, pero creo que la Regina y su consigliere deberían acudir. Es un acto importante y serviría para enviar un mensaje claro: los Ferrari permanecen unidos y fuertes."
Dalila dice con acento milanés: "Y nada de luto cerrado. No es una fiesta, pero la sobriedad y la etiqueta no implican el dramatismo del negro."
Asientes afirmativamente.
Michele termina de leer mientras escucha a Dalila.
Dices con acento Trapanés: "Yo pienso lo mismo. Leila debe reafirmar su autoridad y presencia. "
Dalila dice con acento milanés: "Efectivamente."
Dices con acento Trapanés: "Y, en cuanto a mi amico. él no tenía nada ¿que ver en esto, así qué. "
Michele suspira triste.
Dices con acento Trapanés: "Le diré a Leila. "
Dalila se rinde a sus impulsos, le parte algo por dentro ver su tristeza.
Dalila rodea el escritorio
Dalila duda un momento en si sentarse en su regazo como otras veces.
el recuerdo de donde estuvo la otra noche la frena.
Michele la mira tan cerca y el corazón se le acelera.
Dalila murmura con acento milanés: "Lamento la muerte de tu amico, Michele."
Dalila apoya la mano en su rostro. es una caricia que busca darle consuelo.
Murmuras con acento Trapanés: "Gracias. Sé que pudo ser una trajedia peor, y tú lo evitaste... "
Dalila murmura con acento milanés: "su mujer y su figlia están bien, las hemos hubicado y estarán seguras."
Michele se pierde en sus azules. Esos que tanto le gustan.
Dalila niega suavemente.
Dalila dice con acento milanés: "solo hice lo que creí correcto."
Dalila dice con acento milanés: "Tú eres..."
Murmuras con acento Trapanés: "Gracias, otra vez. estás haciendo más de lo que io merezco... "
Dalila cierra los ojos un momento y luego lo mira fijamente.
Dalila dice con acento milanés: "un hombre de honor, y yo respeto eso por encima de cualquier cosa. Para mí un hombre de honor lo merece todo."
Michele debate entre las ganas de abrazarla y de alejarse.
Dalila le mira la boca. Su cuerpo amenaza con traicionarla.
Dalila retira la mano y enseguida echa en falta el contacto.
Dices con acento Trapanés: "Solo soy lo que meenseñaron mis padres... Aún así, a pesar de no conocerme bien, estuviste a punto de dar tu vida por mí..."
Michele le mira los labios.
Dalila suspira.
Dalila dice con acento milanés: "soy tu jefa de seguridad y mi trabajo es...."
Dices con acento Trapanés: "Dalila. Tú eres para mí..."
Dalila lo mira y da un paso más hacia él, como si una fuerza invisible la atrajera irremediablemente.
Dalila se da cuenta que el guarda silencio.
Michele la atrae hacia él, busca sus labios sin dejar de mirarla a los ojos.
Dalila se estremece ante su contacto.
Michele debóra sus labios con ansiedad y algo más que no se atrebe a nombrar, pero ya no puede detener.
Dalila se deja besar y responde en la misma medida.
Michele la abraza sin dejar de besarla.
Dalila hunde los dedos entre su pelo.
Una seguidilla de golpes resuenan en la puerta.
Dalila se tensa, reconoce esa manera de tocar. Es rocco.
Dalila da un paso atrás.
Rocco vuelve a tocar.
Michele la suelta dolorosamente y suspira.
Dices con acento Trapanés: "qué pasa?"
Rocco abre la puerta.
Michele se preocupa.
Michele mira al guardia.
Dices con acento Trapanés: "sucede algo?"
Rocco dice con acento siciliano: Signiorina, perdone la interrupción, pero hemos de coordinar algunas cosas por si la regina decide acudir al acto de la cúpula.
Dalila dice con acento milanés: "Tienes razón, Rocco. Espérame fuera un momento, finalizo con el consigliere y estoy contigo."
rocco asiente y cierra la puerta.
Dalila mira a Michele.
Michele suspira alibiado que no fuera otra noticia mala de Trapani.
Michele la mira a los ojos.
Dalila murmura con acento milanés: "esto no puede ocurrir de nuevo. No debemos...."
Dices con acento Trapanés: "Dalila..."
Michele se levanta acercándose a ella.
Dalila baja la mirada.
Michele le toma suavemente del rostro para que lo mire.
Dalila lo mira y desvía la mirada, luego cierra los ojos.
Dalila murmura con acento milanés: "Michele, por favor... no debemos..."
Murmuras con acento Trapanés: "Dalila... No podemos seguir así, y yo no puedo... No puedo seguirlo ocultando. Y tú tampoco..."
Dalila niega con la cabeza.
Dalila murmura con acento milanés: "por favor..."
Dalila se va apartando de él dolorosamente.
Dalila murmura con acento milanés: "no puedo... y tú, tú no debes. Tú estás con alguien más. Y la Regina... no podemos."
Dalila sale casi corriendo del despacho.
Michele le intenta explicar, pero la mira alejarse.
Dalila apenas se recompone delante de Rocco.
Suspiras profundamente.
El hombre cierra la puerta suavemente y la sigue de cerca.

La confusión y el deber.

Punto de vista: Michele.


Michele permaneció inmóvil en el centro del despacho, el aire todavía vibrando con la negación de Dalila. La frustración y el dolor eran un nudo en su pecho. Quiso gritar, agarrarla y obligarla a escuchar la verdad que él mismo apenas se atrevía a pronunciar.

"Tú no debes. Tú estás con alguien más."

Las palabras de ella resonaban con la fuerza de una bofetada. ¿Alguien más? ¿A qué se refería? Había pasado los últimos días consumido por la rabia y el deseo, incapaz de pensar en otra cosa que no fuera su boca, su insolencia, su coraje. El breve, brutal consuelo que había buscado en Concettina no era alguien, era una distracción patética y vacía que no había hecho más que avivar el incendio.

Se acercó a la puerta, el impulso de salir tras ella y confesarle todo era casi irresistible. Quería decirle que no solo no podía dejar de pensar en ella, sino que ya no quería pensar en nada más. Que la forma en que ella había estado dispuesta a dar su vida en Trapani, sin pedirle permiso, sin esperar una orden, solo por una lealtad que él no merecía, había destrozado sus defensas. Quería que supiera que no era solo su cuerpo lo que ansiaba, sino su caos, su risa, su presencia. Quería darle todo.

Pero Dalila se había esfumado, y él se quedó solo con su confusión. No entendía su rechazo, no entendía esa referencia a otro compromiso.

Se pasó una mano por el rostro, agotado. No había tiempo para dramas personales. El Consejo de la Cúpula había enviado una invitación. La Famiglia estaba en duelo, pero la Cosa Nostra no. Tenía que recomponerse.

Se enderezó, respirando hondo, y abandonó el despacho para dirigirse al ala privada de la Regina.
Encontró a Leila sentada, rodeada de informes, con una manta sobre las piernas a pesar de que la tarde era suave. El dolor por Chiara era visible, una sombra constante en su expresión.

Dices con acento Trapanés: "Leila, lamento interrumpirte , pero ha llegado un comunicado del Consejo."

Michele le tendió el documento del Consejo, observando cómo su prima lo leía lentamente.

Leila dice con acento siciliano: "Los Bragantti Benedetto. Se formaliza su ingreso. Bien. Una pieza más contra Alessio." Dejó el comunicado sobre el escritorio. "Nos dan la opción de ausentarnos por el luto, ¿verdad?"

Dices con acento Trapanés: "Sí, pero creo que Dalila y yo estamos de acuerdo. Debes ir, Leila. Es el momento de reafirmar nuestra presencia. Mostrar luto con la sobriedad, no con la ausencia. Que vean que los Ferrari siguen en pie, inquebrantables, a pesar de las pérdidas."

Leila cerró los ojos por un instante, asintiendo con un cansancio que le arrugaba la frente.

Leila dice con acento siciliano: "Tienes razón, Michele. La debilidad solo invita a más ataques. Iremos. Necesito que vengas conmigo. Y dile a Karlo que también nos acompañe. Prepara la logística con la jefa de seguridad. Que no haya margen para el error, quiero un despliegue de seguridad impecable.
Michele asintió, su propio dolor reflejado en la mirada de su prima.
Salió del despacho de Leila con la orden clara.
Larabelle Evans
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Re: Trapani: Muralla de Honor y fuego.

Mensaje por Larabelle Evans »

El Eco del error.

Punto de vista: Michele.

Michele se desplomó de nuevo en su sillón de cuero, sintiendo el aire pesado y el silencio cómplice del despacho. El portazo suave de Rocco había sido más ensordecedor que cualquier grito. La carpeta con el plan de seguridad para Concettina (su "donna", según el error obstinado de todos) seguía en el escritorio, una burla cruel a la verdad.
Las palabras de Dalila: "tú estás con alguien más"... las de Rocco: "esa donna es demasiado parecida y además... huele como ella"... se mezclaban en su mente, formando una imagen tan clara y dolorosa que lo obligó a cerrar los ojos.
Cometió un error. No un error de cálculo en las finanzas de la Famiglia o en la logística de un envío. Había cometido un error emocional, estúpido, primario, que ahora amenazaba con devorarlo.
¿Qué hice?
El recuerdo de Concettina, sumisa, temblorosa bajo la rabia que él le había impuesto, ya no le provocaba lujuria, sino una punzada de vergüenza. Había buscado en ella el alivio, la tabla para ahogar el incendio de Dalila, y lo único que había conseguido era amplificar el fuego. Cada embestida, cada mordida, cada vez que la había llamado Dalila, había sido un acto de violencia contra sí mismo, un patético intento de poseer un fantasma porque no se atrevía a tocar a la mujer real.
Pero lo peor no era la culpa por Concettina. Lo peor era el riesgo.
Michele se levantó de nuevo, caminando hasta el ventanal. La luna se ocultaba tras las nubes, dejando la Villa a oscuras.
Dalila. Su Dalila. La original, la dueña de su alma.
Al disfrazar a Concettina, al pedir que vistiera la misma ropa, que usara el mismo perfume de sándalo y vainilla que tanto lo volvía loco, no solo había fallado en olvidarla; la había puesto en peligro de muerte.
Si Santoro o uno de sus hombres, en su desesperación por atacar a los Ferrari, veía el parecido, si confundía a la jefa de seguridad de la Regina con una ragazza en L'Eclissi d'Oro... Concettina pasaría de ser un capricho a ser un objetivo. Y él sería el responsable de haber creado la carnada.
Pero la sombra de ese peligro se extendía más allá de la sustituta. ¿Y si Santoro, al ver el "parecido", decidía que la jefa de seguridad era prescindible? ¿Y si la tomaba, no por ser Dalila, sino por parecerse a la mujer que Michele había estado utilizando como un ancla emocional?
La idea de que Concettina pudiera caer en manos de Alessio, maltratada y utilizada por una semejanza que él había fomentado, le revolvió el estómago.
Maldita sea, lo único que conseguí fue crear un puto blanco.
Y el rechazo de Dalila... El golpe en su mejilla, la palma roja que él mismo había visto, era una prueba muda de que la jefa de seguridad ya había sacado sus propias conclusiones. Dalila creía que él, el hombre de honor, el Consigliere que ella admiraba y defendía con su vida, estaba comprometido con otra, buscando la compañía que él le negaba a ella.
El peso de la lealtad, la estrategia y el honor se desmoronaba. Lo había perdido todo: su amigo, el control y, ahora, la confianza de la única mujer que lo hacía sentir vivo.
Se giró hacia el escritorio. La carpeta de Concettina. Tenía que llamar a Sara, tenía que alejarse de esa ragazza.
Pero, ¿cómo le diría a Dalila que la mujer a la que había follado con rabia y celos era solo un reflejo patético de lo que sentía en verdad por ella?
El honor, por primera vez, no era una armadura, sino un cuchillo clavado en su propio pecho. Ya no era suficiente con ser un hombre de honor para la Famiglia. Ahora, para Dalila, él era un hombre que se entregaba a otra mientras le besaba la boca con la ceniza de la mentira.
Michele deslizó el dedo sobre la pantalla de su teléfono. No llamó a Rocco. No llamó a Sara. Abrió el chat de Dalila. Escribió y borró.
"No es lo que piensas." Demasiado incoherente.
"Yo te Quiero a ti." Demasiado peligroso.
"Fui al club a buscar en otra castigarte cuando te ví con Karlo." Demasiado verdad.
Soy un cobarde. Y un idiota.
Al final, no envió nada. Dejó el teléfono y apoyó la frente en el escritorio frío. El dolor era insoportable. Había cruzado una línea que no podía deshacer. Había sustituido el fuego por una llama artificial, y ahora el incendio original amenazaba con consumir a todos a su alrededor. Solo quedaba la urgencia visceral de enmendar su error, aunque eso significara exponerse a la furia de Dalila y al juicio de su propia conciencia.
Larabelle Evans
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Re: Trapani: Muralla de Honor y fuego.

Mensaje por Larabelle Evans »

el precio del honor fue la inocencia y una vida en peligro.

Punto de vista: Michele.


La villa Ferrari se había convertido en un hervidero de actividad. La llegada de los padres del consigliere tras la pérdida de su casa en Trapani mantenía a todos los habitantes en una tensión que empañaba el clima.
Una serie de golpes resuennan en la puerta del despacho.
Dices con acento Trapanés: "Avanti. "
Rocco abre sin esperar la respuesta. Tras él entran Romano, con el muslo vendado y la pernera ensangrentada, Giorgio con la camiseta llena de sangre y Ciro.
Michele mira a los hombres y se levanta de un salto.
Dices con acento Trapanés: "Diomio, ¿que pasó?"
Rocco dice con acento milanés: consigliere, lamento entrar de esta manera, pero ha ocurrido un incidente con la sua... con la ragazza del club.
Dices con acento Trapanés: "Concettina... ¿donde está que pasó?. "
Michele teme lo peor.
rocco habla con dificultad, el impacto en su chaleco había dejado unos moretones considerables, pero no de gravedad.
Michele los mira desesperado.
Romano avanza un paso.
Dices con acento Trapanés: "Díganme que le pasó."
Romano dice con acento siciliano: Los hombres de Santoro nos interceptaron. La ragazza viajaba en un taxi con otra chica del club. No conseguía a Rocco y avisé a la signiorina Dalila.
Dices con acento Trapanés: "Y ¿la resscataron? ¿Donde está dalila?"
Rocco murmura con acento milanés: Estaba conPiero y Angelo trayendo a los suos padres, consigliere. No pensé que la signiorina acudiera tan pronto.
La culpa y el terror puro comienzan a apoderarse de Michele.
Romano baja la mirada. Rocco está en silencio.
Dices con acento Trapanés: "Díganme maldita sea. ¿Donde están ambas?"
Giorgio dice con acento siciliano: Hirieron a Caribay y se llevaron a Concettina. No sabemos, Yo vi que abatió a dos de los sicarios, pero había demasiada confusión.
La camiseta de Rocco muestra el agujero del disparo a quemarropa.
Michele se congela mirando a los hombres. Lo que temía ha ocurrido. Alessio se va desquitar con esa chica inocente por culpa suya.
Tocan de nuevo a la puerta con cierta insistencia.
Ciro abre y se queda perplejo.
Dices con acento Trapanés: "¡Avantti!"
Una de las mujeres que trabaja en la casa sostiene una caja de regalo de tamaño considerable.
La mujer entra.
Leila, que iva al despacho a hablar con Michele se sorprende al ver el alvoroto y entra.
La mujer dice con acento siciliano: Han traído esto para usted, consigliere. el mensajero dijo que era urgente.
Michele mira a la mujer con los ojos llenos de miedo.
La mujer deja la caja sobre el escritorio.
Michele luego mira la caja.
Todos los hombres se miran.
Leila mira la caja y luego a Michele con duda.

La caja está forrada de papel de seda negro con una cinta roja de satén y n gran lazo sobre la tapa.
Rocco avanza hacia la entrega.
Michele agarra la caja con las manos temblorosas.
Rocco dice con acento milanés: No lo abra, signiore, puede haber explosivos
Dices con acento Trapanés: "así, y que sugieres?"
Rocco toma la caja con delicadeza y la apoya en el suelo. Los demás hombre se ubican protegiendo al consigliere y a la regina.
Michele cierra los ojos y luego...
Rocco dice con acento milanés: me encargaré de hacerlo io, signiore.
Rocco toma ciertas precauciones. Tira del lazo con cuidado y las cintas caen alrededor de la caja.
Leila mira la caja espectante.
Rocco traga saliva y levanta la tapa con sumo cuidado.
Michele contiene el aliento y vuelve a abrir los ojos
El rostro del hombre se desfigura en una mueca de miedo. La piel de la cara está blanca como un papel.
Leila se acerca.
Rocco murmura con acento milanés: madonna santísima.
Dentro de la caja se ve la cabeza de una mujer de melena rizada. El ojo derecho permanece cerrado y ennegrecido, el otro, de un gris opaco, parece mirar al infinito. ambas mejillas están cortadas con saña.
Michele se acerca y mira la caja luego palidece y se congela, horrorizado.
Leila mira la cabeza y su rostro se llena de miedo.
Ciro se presigna al ver aquella abominación.
Dices con acento Trapanés: "¡Concettina, no Concettina. No. !"
Giorgio murmura con acento siciliano: Signiorina... non e possibile.
Giorgio se percata de que aquella cara no tiene la peca en el lagrimal y suelta el aire de los pulmones.
La cara de Michele se desfigura en una mueca de dolor, miedo y culpa.
Rocco se fija en que hay una nota dentro de la caja.
Leila dice con acento Siciliano, "Diomio Michele quien es esta donna. "
Rocco coge el papel entre dos dedos y lo desdobla.
Rocco lee y su gesto cambia a una furia gélida.
en la nota puede leerse:
Imagina si esto es mi regalo para tu putana, lo que le haré a tu Dalila, querido primo.
Leila dice con acento siciliano, "Qué dice?. "
Michele se quiebra mirando lo que Alessio hizo con Concettina.
Leila lee también la nota y se llena de ravia.
Leila dice con acento siciliano, "Figlio di puttana, maldito, sei igual a Matteo, un Mounstro. Vasta. esto, ya no puede seguir así."
Karlo entra al despacho. Mira a todos y luego a rocco.
Rocco lo mira interrogante como pidiéndole que le diga que la encontró.
Karlo desvía la mirada hacia lo que está viendo Michele. Se encuentra con la cabeza y se impresiona, luego retoma lo que iva decir.
Karlo dice con acento siciliano, "La estamos buscando... "
Rocco mira a Karlo con preocupación.
Karlo dice con acento siciliano, "Ya tenemos peinada la zona, estamos rastreando el lugar donde ocurrió todo. "
Rocco se inclina con dificultad y coge la caja. Le pone la tapa y recoge también las cintas.
Rocco dice con acento milanés: Nos ocuparemos, consigliere... de todo. La encontraremos.
Leila dice con acento siciliano, "Sigan en la búsqueda. Vallan a Palermo si es necesario. "
Rocco asiente.
Michele mira a los hombres suplicante.
Rocco dice con acento milanés: Así se hará, regina. ahora, si nos permite, nos haremos cargo de esto también.
Dices con acento Trapanés: "¡Encuéntrenla. Y si él o cualquiera la tiene. Díganmelo. Yo mismo iré a buscarla y a Matar al que se haya atrevido a hacerle daño. !"
Rocco le entrega la caja a Giorgio. Ciro abre la puerta del despacho.
Rocco no dice nada, solo se limita a cabezear antes de marcharse seguido Por romano.
Karlo cerró la puerta tras Rocco y los hombres, el silencio volviendo al despacho, aunque un silencio cargado de terror. El olor a miedo y pólvora parecía flotar en el aire, mezclándose con la fragancia de luto que ya impregnaba la Villa.
Leila, petrificada, se volvió hacia Michele, su expresión una mezcla de repulsión por la barbarie y profunda confusión. La nota de Santoro, el mensaje de amenaza envuelto en un horror inimaginable, había sido una declaración de guerra. Pero había algo más, algo personal que se le escapaba.
Leila dice con acento siciliano, "Michele. ¿Qué demonios está pasando? ¿Quién es esa mujer? ¿Por qué Santoro menciona a Dalila? ¡Explícame ahora mismo!"
Michele estaba destrozado. Sus manos temblaban, la sangre drenada de su rostro. La imagen de la cabeza de Concettina, con ese ojo gris opaco, la burla de Santoro, el simple hecho de que él había sido el arquitecto involuntario de ese horror... La culpa era un veneno que le quemaba las entrañas.
Michele murmura con acento Trapanés: "Leila… yo… yo fui el culpable. Todo es mi culpa."
Se llevó las manos a la cabeza, una desesperación cruda y descontrolada apoderándose de él. Se dejó caer de rodillas en el suelo, ignorando la dignidad que un Consigliere debía mantener. El llanto que se le escapó fue un sonido seco, rasposo, el sonido de un hombre al que el honor le había costado la vida de una inocente.
Karlo se acercó de inmediato, arrodillándose junto a él, colocando una mano firme sobre su hombro.
Karlo dice con acento siciliano, "No digas eso, Consigliere. Fue Alessio. Él es el monstruo, no tú."
Leila, al ver a su primo, el hombre que era su roca, el pilar de su Famiglia, derrumbarse así, sintió que el mundo se le venía encima. Su propia tristeza por Chiara se mitigó ante la angustia palpable de Michele. Se acercó a él, la preocupación maternal superando la ira.
Leila dice con acento siciliano, "Michele, levántate. Por favor. Tienes que hablarme. Si te está pasando algo, tienes que decírmelo. Lo que sea… sea lo que sea, estoy contigo."
Karlo ayudó a Michele a levantarse y lo guio hacia el sofá más cercano. Michele se sentó, el cuerpo rígido, incapaz de mirar a Leila a los ojos.
Leila se sentó frente a él, obligándolo a confrontarla con su mirada.
Leila dice con acento siciliano, "Dime. ¿Quién era esa chica? ¿Por qué Alessio la tomó por Dalila? ¿Por qué menciona a Dalila en esa nota?"
Michele respiró hondo, un temblor recorriendo su mandíbula. El miedo a ser juzgado por Leila, la Regina de la moral estricta, era inmenso. Tenía que confesar su debilidad, su bajeza, su estúpida traición a su propio código.
Dices con acento Trapanés: "Concettina… era… era una sustituta. Una ragazza en L’Eclissi d’Oro." Hizo una pausa, la voz apenas un murmullo roto. "Yo… la hice parecerse a Dalila. Le pedí a Sara que la vistiera como Dalila, que usara el mismo perfume… la miraba… y la llamaba Dalila. Por… por mis celos, Leila. Por mi rabia y mi frustración. Porque no podía tocar a Dalila."
El silencio se hizo espeso. Karlo bajó la cabeza, incómodo pero solidario. Leila lo miró fijamente, sus ojos verdes llenos de una incomprensión dolorosa.
Leila dice con acento siciliano, "¿Celos? ¿Dalila? ¡Michele! ¿De qué estás hablando? Dalila es nuestra jefa de seguridad. La mujer que ha salvado la vida de todos aquí. ¿Qué clase de… de locura es esta?"
Dices con acento Trapanés: "La necesito, Leila. Estoy… estoy jodidamente enamorado de ella. La deseo tanto que me está volviendo loco. Y cuando… cuando la vi cerca de Karlo… la rabia me superó. Fui a buscar en Concettina el alivio, el castigo… el fantasma de Dalila." Se llevó las manos a la cara de nuevo, el peso de su confesión insoportable. "Puse esa chica inocente en peligro, Leila. La convertí en un blanco por mi culpa. Por mi debilidad, por mi… obsesión."
Leila se inclinó hacia él, su voz se suavizó ligeramente, teñida de una empatía que no esperó.
Leila dice con acento siciliano, "Michele… Mírame. Nunca te he juzgado y no lo haré ahora. Eres mi primo, mi sangre. Pero tienes que entender la gravedad de lo que has hecho. No solo te has humillado a ti mismo, has puesto la vida de Dalila en un riesgo que no podemos medir. Si Santoro cree que Dalila es una… una ‘putana’ tuya, la usará para destruirte. Y la mujer que amas… ¿por qué dices que ya no está, Michele? ¿Qué más ha pasado con Dalila?"
Michele no pudo contenerse más. Se derrumbó en un sollozo ahogado, el dolor por Concettina mezclado con el terror por Dalila.
Dices con acento Trapanés: "Dalila… Ella lo supo. Ella fue al club y vio lo que hice, la vio con las joyas y la ropa que le di. Ella cree que tengo a Concettina como… como mi amante. Ella no quiere escucharme, Leila. Cree que soy un hombre deshonroso. Y… Karlo, Rocco… nadie sabe dónde está ahora. Ella salió… salió a buscar a Concettina. Salió a rescatarla, Leila. Y ahora… ahora Alessio tiene a Dalila. O usó a Concettina para atraerla. Y yo la he perdido por mi estúpida, egoísta, obsesión."
Leila se levantó del sofá, sus ojos verdes ya no reflejaban solo el dolor, sino la fría y terrible resolución de una Regina. El espectro de Alessio, el mismo veneno que corría por las venas de su padre, Matteo, la golpeó con la fuerza de un recuerdo insoportable. Ella conocía esa maldad, esa predilección por la crueldad personal; la había vivido en Montenegro.
Leila dice con acento siciliano, "Alessio ha sellado su destino. No solo por la cabeza de esa chica, sino por mencionar a Dalila en esa nota. Ha tocado lo que es nuestro. Se giró hacia Karlo, su voz seca y autoritaria. "Karlo. Olvídate de los protocolos. Usa a todos los hombres que sean necesarios. Palermo, Catania, Messina, Trapani, cada puto rincón. Encuéntrala. Tráela de vuelta. Y si tienes que quemar la mitad de Sicilia para lograrlo, hazlo. Dalila no es solo la jefa de seguridad, Karlo. Ahora es una prioridad de la Famiglia. Una prioridad personal."
Karlo asintió con una reverencia más profunda de lo habitual, su rostro endurecido por la promesa.
Karlo dice con acento siciliano, "La encontraremos, Regina. No importa dónde se haya metido ese bastardo de Santoro, no descansaré hasta tenerla de vuelta." Karlo palmeó el hombro de Michele con firmeza, la mirada llena de genuina hermandad. "Aguanta, Consigliere. No estás solo. Dalila es mi amiga. Te la traeré."
Michele apenas escuchaba la promesa. Se puso de pie con una lentitud y una determinación sombría. El temblor había cesado, reemplazado por un fuego gélido que le helaba la sangre. Su vista se fijó en la puerta. Ya no era el Consigliere estratégico. Era un hombre roto, consumido por la culpa y un amor desesperado.
Dices con acento Trapanés: "No, Karlo. Esta vez, yo voy. Ella salió a rescatar a una inocente por mi error. Esta vez, yo soy el que va a ir por ella." Su voz era un susurro ronco, pero inquebrantable. "Alessio quiere mi castigo. Y lo tendrá. Pero solo después de que Dalila esté a salvo. Dile a los hombres que busquen en Palermo, pero yo iré por todo Catania. Yo la buscaré donde sea necesario."
Se acercó a Leila, la miró a los ojos con una intensidad que su prima nunca le había visto.
Dices con acento Trapanés: "Leila, perdóname por mi estupidez. Por mi debilidad. No hay excusa. Pero la amo. Y lo que ella hizo en Trapani por mí... yo haré lo mismo por ella. Y más. Voy a encontrarla, pedirle perdón por ponerla en peligro. Y voy a demostrarle que soy el hombre de honor que ella vió que era alguna vez. Voy a demostrarle que la amo, Regina."
Michele no esperó una respuesta. Se dirigió a la salida del despacho con la velocidad de un proyectil, sus pasos resonando en el mármol. No se puso el traje de lana ni el chaleco antibalas. Solo se enfundó en una chaqueta de cuero y tomó el arma que tenía guardada en el escritorio. Iba a buscar a su Dalila, dispuesto a pagar el precio de su honor con su propia vida.
Larabelle Evans
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Registrado: Mar Jul 02, 2024 4:52 am

Re: Trapani: Muralla de Honor y fuego.

Mensaje por Larabelle Evans »

El rescate y la derrota

Punto de vista: Michele.


Un Mercedes-AMG blindado se deslizaba por la carretera siciliana, devorando kilómetros. El aire dentro del vehículo era más espeso que la pólvora. A un lado, Michele Venturi, un hombre que había sido la encarnación del orden, ahora era una tormenta contenida. Su chaqueta de cuero, sujeta a la cintura, era su única armadura. El arma que llevaba oculta bajo ella era la promesa silenciosa de una masacre. A su lado, Karlo, con un rifle de asalto apoyado entre las piernas, era el mapa viviente de la lealtad. Detrás, en una camioneta negra idéntica, Maurizio y el resto de la guardia por parte de Turín conformaban un muro de acero.
Sicilia; Autovía A18: Messina - Catania
Conocida como la Autostrada Jónica, es una cinta de asfalto que serpentea entre las faldas del Etna y el Mar Jónico. El trayecto entre Messina y Catania es una sucesión de túneles y viaductos espectaculares que ofrecen destellos del mar a gran altura. Al pasar por Taormina, el paisaje se vuelve exuberante con vegetación mediterránea.
Una vez superada Catania en dirección sur, la autovía se vuelve más recta y atraviesa la Llanura de Catania, una zona agrícola famosa por sus naranjales rojos. Finalmente, la carretera desciende suavemente hacia Siracusa, con el paisaje volviéndose más árido y rocoso, típico del sur siciliano.
La villa de Fabrizio Fratinelli, en San Gregorio, no era solo un refugio; era una jaula de oro levantada en una colina con vista al mar, un santuario de la tecnología y el lujo.
Karlo dice con acento siciliano: "Estamos a menos de diez minutos, Consigliere. Flavio envió las coordenadas de la barrera perimetral. Hay sensores de calor y cámaras por todas partes. La entrada principal es un puto nido de hormigas."
Michele miraba por la ventana, pero lo que veía no eran los olivares ni el cielo oscuro, sino el recuerdo de Dalila. que chocaba con el eco de su rechazo.
Dices con acento Trapanés: "Yo voy a ir por ella, Karlo. No voy a permitir que ese hombre la retenga un minuto más."
Karlo dice con acento siciliano, "Fabrizio no es Alessio, Michele. Es un hombre de negocios, que le sirve a la Cúpula. No quiere un tiroteo, seguro quiere una negociación. Pero él no te la dará si cree que eres una amenaza."
Michele se giró hacia Karlo, sus ojos verdes ardiendo con una determinación que helaba.
Dices con acento Trapanés: ""Una negociación. ¿Crees que después de lo de Concettina y la nota, yo estoy para negociar?, ahora él la tiene. Y si la toca, Karlo, si siquiera la mira de más... juro por la sangre de mis padres que quemaré esta villa hasta los cimientos, sin importar a qué puto bando pertenezca.""
Karlo asintió, entendiendo que la lealtad de Michele a Dalila había superado cualquier espectatiba.
Sicilia; San Gregorio — Urbanización Le Terrazze di Pietra
Tras cruzar una garita de seguridad blindada camuflada bajo una pérgola de buganvillas, se despliega un trazado de calles sinuosas pavimentadas con piedra de lava pulida. La urbanización se asienta sobre una serie de terrazas naturales que descienden hacia el mar, protegidas por muros de contención de piedra seca y setos de laurel de tres metros de altura. Aquí no hay farolas estridentes, sino balizas de luz cálida a ras de suelo que iluminan los jardines de cactus, olivos centenarios y palmeras datileras. El aire es notablemente más fresco que en el centro de la ciudad, cargado con el aroma de la resina de los pinos y la tierra húmeda. Es un enclave diseñado para la invisibilidad; las villas están estratégicamente separadas para que ninguna ventana tenga línea de visión sobre la propiedad vecina.
La atmósfera a las puertas de la fortaleza de Fabrizio Fratinelli es una olla a presión a punto de estallar bajo el cielo plomizo de Sicilia. El aire, saturado de partículas de ceniza y el olor metálico de los fusiles de asalto, vibra con el ralentí de los motores diesel de los todoterrenos blindados. El silencio de la urbanización de lujo ha sido profanado por una formación de guerra: de un lado, Flavio Vescovi y sus hombres de confianza, manteniendo una guardia tensa y estratégica; del otro, la llegada estrepitosa de la columna de los Ferrari, liderada por un Michele Venturi cuya palidez cadavérica y ojos febriles dictan una sentencia de muerte inminente. El conflicto emocional es un choque de trenes entre la protección obsesiva de Fabrizio, la furia fraternal de Flavio y el deseo oscuro y posesivo de Michele. Cada hombre en ese perímetro sabe que un solo dedo nervioso en un gatillo convertirá la falda del Etna en un osario.
Flavio permanece apoyado en el capó de su vehículo, con la mirada fija en la cámara de seguridad de la verja. Al escuchar el chirrido de neumáticos, ve aparecer el convoy de la Regina. Massimo Martini baja del primer coche, coordinando a los tiradores con gestos secos, pero es la figura de Michele la que magnetiza la tensión. El Consigliere camina hacia la entrada con una elegancia depredadora, ignorando el protocolo de seguridad.
Flavio habla con un tono de advertencia que corta el aire.
Flavio dice con acento milanés: "Fermati lì, Venturi. Non rendere le cose più complicate di quanto non siano già. Fabrizio è blindato e ha i nervi a fior di pelle." (Detente ahí, Venturi. No hagas las cosas más complicadas de lo que ya son. Fabrizio está blindado y tiene los nervios a flor de piel).
Michele mira a Flabio.
Flavio le sostiene la mirada.
Dices con acento Trapanés: "Alessio ya se ha largado. ¿Porqué mierda no la quiere dejar ir?"
Flavio aprieta los dientes. Va a darle una respuesta mordaz y lo interrumpe un sonido próximo a la verja.
Desde el interfon de la columna de entrada, la voz de Fabrizio resuena con una distorsión electrónica que la hace sonar inhumana.
Fabrizio dice con acento napolitano: "No me moveré hasta que mi informante en el puerto confirme que el ferry de Santoro ha cruzado las aguas territoriales. Dalila está bajo mi custodia porque vosotros fuisteis incapaces de mantenerla a salvo."
Flavio hace un gesto irónico hacia el aparato.
flavio dice con acento milanés: Ahí tienes tu respuesta, Venturi.
Michele da unos pazos inpotente.
Un minuto de silencio sepulcral transcurre mientras los hombres de Martini apuntan a las aspilleras de la villa. De pronto, el zumbido de un mensaje llega al terminal de Fabrizio. El reporte es positivo: Alessio está en mar abierto, rumbo a Nápoles.
La pesada verja comienza a deslizarse con un gemido hidráulico. Fabrizio sale al atrio, vestido con una camisa negra impecable, flanqueado por su primo Constantino. A su lado, Dalila camina con paso firme, ya equipada con sus armas, pero su rostro refleja una confusión violenta al ver el despliegue de fuerzas fuera. Al ver a Michele, la expresión de Fabrizio se transforma en una mueca de furia gélida.
Michele mira a Dalila con preocupasión y algo más. La recorre asegurándose que no esté herida.
Fabrizio señala a Michele con un desprecio infinito
Michele vuelve la mirada a Fabrizio.
Michele lo mira furioso.
Fabrizio dice con acento napolitano: "Míralo bien. Ahí tienes al hombre que casi te hace matar, Dalila. El fetiche viviente que prefiere jugar a las muñecas con una puta de club antes que proteger a su jefa de seguridad. Eres un peligro para ella, Venturi. Tu obsesión por su doble es lo que le dio a Santoro la llave de su garganta."
Dices con acento Trapanés: ""Cállate, Fratinelli. No tienes derecho a hablar de lo que no sabes." "
Michele avanzó dos pasos más, desafiando la distancia que lo separaba de Fabrizio.
Dalila dice con acento milanés: "¡Basta ya, Fabrizio! No soy una pieza de tu colección de tecnología ni el juguete de nadie. Me largo de aquí ahora mismo."
Fabrizio la sujeta por el antebrazo con una fuerza repentina, recordándole con la mirada la advertencia que le hizo en la cocina: que nadie la tocaría mientras él respirara. Dalila tiembla de rabia contenida, sus ojos centelleando como brasas volcánicas. Michele da un paso hacia ellos, desenfundando su arma con una lentitud letal, y los hombres de ambos bandos encaran sus fusiles. El aire se llena del sonido metálico de los cerrojos siendo amartillados.
Flavio se interpone entre los dos grupos, gritando para evitar la masacre.
Flavio dice con acento milanés: "¡Basta! Fabrizio, la Cúpula ha hablado y tienes que dejarla ir. Olimpia y Leila han sellado el pacto. Tienes que soltarla. No fuerces una guerra que no puedes ganar solo con ordenadores."
Dices con acento Trapanés: "Si hay un peligro en esta isla, no soy yo, eres tú, un puto mercader de la tecnología que se esconde detrás de los negocios de la Cúpula.""
Fabrizio dice con acento napolitano: Tú mejor que nadie, Flavio, sabe que no solo tengo ordenadores y es bueno que lo recuerdes.
Michele mira a Fabrizio.
Fabrizio sostiene la mirada de Michele, el dedo de este último acariciando el gatillo. La tensión es insoportable hasta que el teléfono personal de Fabrizio suena. Es un código rojo. Al contestar, la voz de Don Calogero retumba al otro lado de la línea, dándole una orden directa e inapelable. Fabrizio cierra los ojos un instante, exhala con fuerza y suelta el brazo de Dalila.
Fabrizio habla en voz baja, solo para que ella lo oiga
Fabricio dice con acento napolitano: "Vete. Pero recuerda lo que te dije. Esto no ha terminado."
Dalila cruza la verja, caminando por la "tierra de nadie" entre las dos facciones. Michele intenta acercarse para rodearla con el brazo, pero Flavio se adelanta con una rapidez eléctrica, interceptándola y poniéndose entre ella y el Consigliere. Flavio clava una mirada de acero en Venturi, marcando un límite territorial infranqueable.
Michele le sostiene la mirada a Flabio.
Flavio habla con una autoridad que no admite réplica
Flavio dice con acento milanés: "Ella viene conmigo. Yo la llevaré de vuelta a la Villa Ferrari para que se limpie y reporte. Si quieres escoltarnos con tus hombres, hazlo, pero no voy a dejar a mi hermana en manos de un fetichista que confunde la realidad con sus delirios de club nocturno."
Michele abre la boca para replicar, pero la mirada de Dalila, cargada de una desconfianza nueva y dolorosa hacia él, lo detiene en seco. Massimo Martini hace un gesto a sus hombres para que bajen las armas, comprendiendo que la prioridad es la seguridad de la jefa.
Mássimo se acerca a Michele.
Mássimo dice con acento turinés, "Vamos, no lo compliques, luego intentas hablarle. "
Flavio toma a Dalila por el hombro, guiándola con firmeza hacia su todoterreno blindado. Suben al vehículo y, antes de cerrar la puerta, observa por última vez a Fabrizio, quien permanece inmóvil frente a su villa de hormigón, y a Michele, que se queda solo en mitad de la carretera como un espectro derrotado.
El motor del todoterreno ruge y salen a toda velocidad, dejando tras de sí una estela de polvo y ceniza, mientras el Etna observa en silencio cómo la alianza de las familias comienza a fraguarse sobre las cenizas de una confianza rota.
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