La resiliencia de la reina Ferrari

Aquí se irán publicando las escenas de rol tanto de trama principal, como las que querais publicar los jugadores. Debido a la naturaleza de este foro, si se admite contenido NSFW.
Larabelle Evans
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Re: La resiliencia de la reina Ferrari

Mensaje por Larabelle Evans »

La pérdida de la Sorellina.

Punto de vista: Leila.


La luz de la mañana siciliana intentaba, sin éxito, romper la densa neblina emocional que se había instalado en la Villa Ferrari. En la espaciosa suite de Leila, el ambiente era una mezcla discordante de lujo y tensión. Leila estaba sentada frente a un juego de té que no tocaba, vestida con seda negra, su postura rígida. Cada tic-tac del reloj de pared era un golpe sordo que marcaba el tiempo perdido entre la partida de Karlo y Dalila y el silencio insoportable del rastreo.
Junto a ella, Zoe, ajena a la compleja telaraña de poder y traición, intentaba infundir un poco de alegría con su energía natural y americana.
Leila no tocaba su desayuno. No tenía ambre, estaba ansiosa, ya deberían haber llegado y darle noticias sobre Chiara.
Zoe la mira con una sonrisa discreta. si bien, es ajena a lo que susede, sí persibe la tención y la postura tan ríjida y ermetica de la italiana
Leila dice con acento siciliano, "No tengo ambre. "
Leila dice con acento siciliano, "mejor dime cómo sigue Maurizio?. "
Zoe dice con acento estadounidense: "leila, pleaase. solo es té, solo bebe un poco."
Zoe le pone carita tierna.
Leila agarra la taza con la mano temblorosa, la acercaa a sus labios y bebe un poco.
Zoe la acompaña, repitiendo exactamente el mismo movimiento, solo que ella si bebió un trago algo mas prolongado.
Zoe dice con acento estadounidense: "mauri está bien, pero me dio el susto de may life."
Leila deja la taza sobre el plato y mira a Zoe.
Leila dice con acento siciliano, "Te tocará acostumbrarte, es difícil pero así es la vida de nosotros en este negocio. "
Zoe suelta un suspiro largo y algo adolorido. si bien, ya lo medio savía y se lo imajinava, no es lo mismo que vivirlo. por una fraxión de segundo, una expreción de tristeza cruzó su rostro, pero cambió rápidamiente de tema
Zoe dice con acento estadounidense: "como te sientes por la boda? no todo es blanco y black"
Leila dice con acento siciliano, "Estai segura de que quieres este tipo de vida para tí?. "
Leila sonríe un poco con el tema de su boda.
Leila dice con acento siciliano, "En estos días vendrá la organizadora de eventos. Será en el Etna. Me hace ilusión, no lo niego."
Leila cambia a una expresión nostálgica cuando nombra el Etna, acordándose de chiara.
Leila murmura con acento siciliano, "Ya han tardado demaciado... "
Zoe suspira y se sienta frente a ella, adoptando un rostro algo mas serio de lo havitual.
Zoe dice con acento estadounidense: "pues, ya estóy aquí no?. O me darías oportunidad de pensarlo y retroceder?. Además, aquí tengo a mi boyfrien, y tampoco quiero estár lejos de tí"
Zoe sonríe un poco al escuchar las palabras de su amiga
Zoe dice con acento estadounidense: "es lindo que estés ilucionada"
Leila dice con asento siciliano, "Solo ten en cuenta que estár aquí es un cambio radical. Estás entrenando sí, Pero no es solo tu físico el que debes entrenar, es tu mente para ver todo lo que vas a seguir viendo y no perder la cabeza ni dejar que el miedo te domine. "
Leila dice con acento siciliano, "Y sobre todo... "
Leila la mira con más seriedad.
Leila dice con acento siciliano, "Tu lealtad. Por lo ocurrido con Chiara, ya vas sabiendo que la traisión es inperdonable. "
Zoe asiente afirmativamente.
Zoe dice con acento estadounidense: "por eso mi pregunta anteriór."
Leila dice con acento siciliano, "No, ya no puedes irte, ya viste cosas que no debías. "
Zoe sonríe haciendo un jesto de aceptación.
Zoe dice con acento estadounidense: "entiendo"
Leila la miró, sus ojos esmeralda se oscurecieron con una mezcla de cansancio, tristeza y resentimiento.
Leila dice con acento siciliano, "Si no me preocupara por la Famiglia, Zoe, ya estarías muerta en una cuneta en el puerto. Mi preocupación es lo único que nos mantiene vivos. "
Zoe se levánta de inmediato, colocándose a su lado, y rodeándola con sus brazos. un jesto que no era el intenso de siempre, era algo mas serio, mas profundo. un jesto que tratába de demostrar lealtad, compromiso, pero sobretodo, amistad.
Leila se deja abrazar un momento.
Un golpe suave y medido en la puerta interrumpió el momento.
Leila se tensó bajo el tacto de Zoe.
Leila dice con acento siciliano, "Adelante. "
ordenó Leila, su voz recuperando la autoridad.
Zoe se sepára de prisa, pero sin apartarse del todo, tratándo de darle algo de serenidad entre tanta tención
Michele entró. Se veía inusualmente pálido, y su traje, normalmente impoluto, parecía arrugado. Su rostro, por lo general una máscara de calma metódica, estaba cargado de una preocupación que no se atrevía a expresar.
Zoe vió el jesto y se tenzó de inmediato, adoptando una posición mas herguida.
Michele dice con acento trapanés, "Regina. Lo siento. Necesito hablar contigo. "
Leila miró a Michele. La ausencia de Karlo y Dalila la golpeó. Se puso de pie, la rigidez de su cuerpo era la única armadura que le quedaba.
Leila dice con acento siciliano, "Dime la verdad, Consigliere. ¿Qué pasó con Karlo y Dalila? ¿Dónde está Chiara? No me hagas perder el tiempo."
Michele se acercó lentamente a ella, sin atreverse a mirarla directamente a los ojos. Las palabras se le atoraban en la garganta.
Michele dice con acento trapanés, su voz era un susurro ronco, "Ya han regresado regina, pero... La misión... la misión no salió como esperábamos. Hay bajas."
Leila sintió un frío helado en el pecho, pero la Regina tomó el control.
Leila dice con acento siciliano, "¿Bajas? ¿De quién?, ¿guardias? ¿Dalila está herida? Habla claro, Michele. No des más rodeos... "
Michele alzó la vista, finalmente forzándose a encontrar los ojos de ella. La pena en su mirada era un espejo de la noticia.
Michele luchaba por encontrar las palabras precisas para explicarle sin causarle el dolor de que su Etna, la había traicionado por segunda vez, apunto de entregarse a los hombres de Alessio.
Michele dice con acento trapanés, "Fueron a Nápoles. Alessio les había tendido una emboscada. Sus hombres estaban esperando. Karlo y Dalila se enfrentaron a ellos. Fue una carnicería. Lograron ubicar el refugio donde Gianluca había llevado a Chiara."
Hizo una pausa, y en ese silencio, el mundo de Leila, se detuvo.
Michele dice con acento trapanés, "Chiara estaba ahí. Un mercenario la había acorralado. No quería ser llevada. Luchó. Karlo y Dalila intentaron contener el fuego cruzado, pero..."
Michele tomó aire, la última parte era la que le rompería el alma.
Michele dice con acento trapanés, "Gianluca intentó protegerla. Un acto estúpido. Pero lleno de la lealtad que no mostró contigo. Los hombres de Alessio no dudaron. Una bala perdida... y... y Chiara fue abatida, Regina. Murió al instante. Y Gianluca intentó vengarse, y también fue... neutralizado. Ambos. Están muertos."
Michele dice con acento trapanés, "Karlo y Dalila no tuvieron más que acabar con ellos. No quedó nadie de los hombres de Alessio. "
La noticia no fue un impacto. Fue una aniquilación.
Leila no gritó. No lloró. No se movió. Se quedó de pie, la sangre drenando de su rostro, dejando una palidez cadavérica. Sus ojos esmeralda se quedaron fijos en Michele, pero no lo veían. Veían a Chiara en el balcón de la villa Martini, Chiara riendo, Chiara cubriéndola con su cuerpo.
Leila dice con acento siciliano, su voz es un susurro incrédulo, roto, "¿Abatida? No. No, Michele. Chiara no muere así. Ella es mi sorellina. Ella no... no se rendiría."
Zoe de inmediato por impulso quiso cubrirse el rostro. pero en vez de eso, tomó la mano de la regina con firmeza. no le inportaba si la sentía o no. pero zoe sentía que darle lo mas sercano a un ancla al perderse en su mente. era loque devía hacer
El control de la Regina se desintegró. La otra mano de Leila voló a su boca, el sonido de su propio jadeo era el único ruido en la Suite. El aire se hizo delgado. Su respiración se volvió superficial y rápida.
Leila dice con acento siciliano, su voz subiendo a un tono histérico, "¡Mientes\! ¡Traes un informe falso\! ¡Gianluca no la dejaría morir sin pelear así\! ¡Chiara no... Chiara no estaba sola\!"
Michele se acercó, la compasión en su rostro era casi dolorosa.
Michele dice con acento trapanés, "Regina, lo siento. Dalila lo vio. No había nada que hacer. Se resistió a ser capturada, incluso por nosotros. Se interpuso. Y Alessio ganó, pero no se la llevó. "
Zoe no soltó su mano en ningún momento
Leila dio un paso hacia atrás, el impacto físico la hacía temblar.
Leila grita, su voz finalmente se rompe en un lamento ahogado que revienta la calma de la Suite, "¡No\! ¡Mi sorellina\! ¡Etna! ¡Yo la quería de vuelta! "
Leila Se desplomó de rodillas en el mármol frío, el traje de seda arrugándose. Era un colapso total, la Reina despojada de su corona, reducida a una amiga que había perdido a su hermana de elección. Las lágrimas brotaron, lágrimas de rabia, de traición, de amor perdido y de recuerdo eterno.
Michele se arrodilló a su lado, impotente.
Michele dice con acento trapanés, "Lo siento, Leila. Lo siento mucho."
Leila no lo escuchó. Solo podía sentir el vacío, la ausencia brutal de la única persona que había estado a su lado antes de Mássimo, antes de la corona.
Zoe se dejó caer junto con su amiga, solo que de forma mas suabe aún sin soltarla. no hablaba, no demostraba, zoe, estába rompiendo toda espectatiba de simisma, por que no actuaba. solo, acompañaba, escuchaba, estába.
Leila grita, con el rostro en el suelo, su voz un murmullo roto de dolor, "¡Se fue! ¡Me dejó! ¡Gianluca me la quitó! ¡Alessio me la quitó!
El silencio regresó, pero esta vez, era un silencio de luto, un sudario pesado que envolvía a la Regina rota en el suelo de su propio palacio. La lealtad había costado un precio demasiado alto. Y por primera vez desde Montenegro, Leila sentía que estaba verdaderamente, absolutamente, sola.
Larabelle Evans
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Re: La resiliencia de la reina Ferrari

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La Memoria del Etna.

Punto de vista: Leila.


El día amaneció sobre la Villa Ferrari con una crueldad indiferente. La luz del sol, que debería haber sido un bálsamo, se sentía como una agresión. En la Suite de Leila, las cortinas estaban corridas, dejando la habitación en una penumbra artificial y pesada. El aire era denso, impregnado con el olor a antiséptico suave, seda húmeda por las lágrimas secas y la quietud absoluta de una mente paralizada.

Leila yacía en la vasta cama, una figura diminuta y frágil en el centro de un edredón de seda negra que parecía absorber toda la luz. Dos días de luto total habían cobrado un peaje físico brutal. Su piel tenía una palidez cerúlea, su boca estaba seca y agrietada por la falta de hidratación, y las profundas ojeras bajo sus ojos esmeralda atestiguaban el insomnio impulsado por el dolor. Una aguja diminuta de un suero intravenoso brillaba en la parte posterior de su mano, el único signo de que su cuerpo seguía luchando por vivir.

Desde que Michele le había dado la noticia, la Regina había desaparecido. Solo quedaba Leila, la mujer que había perdido a la única persona que había visto su alma sin el filtro de la corona.
El primer día fue un descenso al abismo. Leila se negó a levantarse, a hablar, a mirar el mundo exterior. El llanto fue un tormento constante, un lamento ahogado que saturó el silencio de la Suite. Cada ola de dolor traía consigo un recuerdo, nítido y cruel, que la obligaba a revivir la vida que Gianluca y Alessio le habían arrebatado.
Flashback: La Promesa de la Bodega.

Una noche fría en una vieja bodega portuaria de Catania. Ellas dos, con el pelo recogido y la ropa sucia, habían terminado un entrenamiento brutal de defensa personal. Chiara, agotada, se había desplomado sobre unas cajas. Leila, con un labio partido, se había arrodillado a su lado.

Chiara dice con acento siciliano, con un jadeo, "Dios, si no nos convertimos en las jefas, al menos seremos las mejores matonas. El negocio se lava, pero la sangre es la sangre."

Leila se había reído, un sonido áspero. "La sangre es la sangre. Pero la mente es el arma. Siempre."

Chiara había asentido, pero luego se había puesto seria. Había tomado la mano de Leila, sus dedos cubiertos de polvo y sudor. "Prométeme una cosa, Leila. Si alguna vez… si alguna vez una de las dos cae, la otra la recoge. O la venga. Sin preguntas. Somos un equipo. Sin sentimentalismos, solo negocio y yo, tú Consigliere, te lo juro."

Leila había apretado su mano. "Juramento hecho, sorellina."

El recuerdo se rompió con un gemido. Ahora, Leila no podía recogerla, y la venganza se sentía vacía y distante.

Zoe, con su paciencia inusual, era su guardiana silenciosa. Estaba sentada en un sillón, leyendo una revista que no entendía, pero su presencia era un ancla suave. A veces, solo se acercaba, mojaba un paño con agua fresca y lo pasaba por la frente febril de Leila, sin hablar.

Maurizio entró dos veces, con la discreción de un fantasma. Se limitó a revisar el equipo de suero y asegurar que la puerta estuviera cerrada con doble llave. Su presencia era la de la lealtad silenciosa de la Famiglia.

Karlo, fue más contundente. Se acercó a la cama, su sombra cayendo sobre ella.

Karlo dice con acento siciliano, "Leila. La Famiglia está firme. El puerto se mueve. Levántate."
Karlo dice con acento siciliano, “Te necesitamos todos, Leila.
Leila no respondió. Solo giró el rostro hacia la almohada, su silencio era una pared infranqueable. Karlo, sin obtener respuesta, suspiró y se retiró.
Michele también había ido a verla, se acercó a la cama con preocupación. Él veía a Leila como una pequeña que había tenido que tomar el mando de Catania sin tener más opciones. Pero a la que la vida la estaba castigando demasiado. Le parecía injusto el dolor de Leila, no se merecía sufrir por una donna que se olvidó de ella a la primer oportunidad.
Michele se sentó en la cama acariciando el cabello revuelto de su prima, buscando darle consuelo, pero todo era envano.
El segundo día, el llanto cesó, reemplazado por un vacío peligroso. Leila estaba semi-inconsciente, a la deriva entre la realidad y el recuerdo. Los médicos de la Villa, alertados por Zoe y Maurizio, monitoreaban sus signos vitales con preocupación. Su negativa a comer o beber convertía el luto en una amenaza médica.
Flashback: La Curación en Turín.
Turín. Días después de su rescate. Leila, aún con la mente quebrada por el trauma de Montenegro, se había despertado gritando. Chiara había estado allí. No Mássimo, no los médicos. Solo Chiara.

Chiara dice con acento siciliano, su voz suave y llena de lágrimas, "Estoy aquí, Leila. Estoy aquí. No te hicieron nada que no puedas superar. Eres el Etna, recuerdas. Eres fuego bajo hielo."

Chiara, débil por la tensión y el viaje, la había abrazado, susurrándole nombres de lugares que conocían, recetas antiguas, chistes internos. Se había quedado en la cama con ella, con las sábanas empapadas en sudor frío, anclándola a la vida.

El recuerdo la golpeó con la fuerza de una traición. Ella había estado allí para Leila. Pero Leila no había podido estar allí para ella. Había dado una orden de captura de activos, no de rescate de una hermana.

Zoe la sacó del recuerdo, suavemente.

Leila, sin abrir los ojos, sintió el toque de Zoe. Ella era la única que no representaba a la Famiglia ni a la Cosa Nostra. Era un hilo frágil con la humanidad.

Flashback: La Piazza del Duomo.
Hace un año. Un almuerzo rápido en catania. Chiara, Martyna y Bruno. Risas, planes inocentes. El sol brillante. Chiara se había inclinado sobre la mesa, con una sonrisa maliciosa.

Chiara dice con acento siciliano, "¿Sabes lo mejor de todo esto, Regina? Es que nadie sabe que la mujer que acaba de ordenar el movimiento de veinte millones está aquí, comiendo pasta con nosotros, riéndose como una adolescente. Eres un monstruo de belleza, Leila Ferrari."
Leila había respondido con una sonrisa helada. "Y tú, mi Sorellina, eres el único espejo que tengo para recordármelo."
El espejo se había roto.
El segundo día se consumía, y Leila, al borde de la deshidratación y el colapso mental, sintió un terror más frío que el dolor. El terror de la soledad total. Necesitaba un ancla, no de Famiglia, sino de fuerza.
Abrió los ojos por primera vez en horas, mirando a Zoe para que le pasara su teléfono.
Luego con esfuerzo, marcó el número de Mássimo.
Leila dice con acento siciliano, su voz un murmullo rasposo que rompió el silencio de la Suite, Mássimo. Chiara está muerta, Estoy en la villa, Ven por favor.
Fue la única frase que pronunció en 48 horas. La única orden que la Regina dio desde el infierno personal. Mássimo. El único hombre que había visto su debilidad y la había devuelto a la vida. El único que podía, quizás, devolverle la voluntad de pelear.
La llamada a Mássimo había sido el último acto de voluntad de Leila antes de caer en un letargo de agotamiento. El tiempo se había estirado y encogido a su antojo, pero en algún punto, la quietud de la Suite fue interrumpida.

Antesala del funeral.


Michele regresó al caer la tarde, la luz que se filtraba por las rendijas de las cortinas proyectaba sombras alargadas sobre el mármol. Había dejado la rigidez del Consigliere en la puerta, entrando con la postura más suave y familiar del primo. Llevaba una bandeja de plata con una pequeña tetera, caldo y un vaso de agua. Zoe, que había estado a su lado, lo saludó con un asentimiento de gratitud y se retiró a un rincón, permitiendo el espacio necesario para la intimidad.

Michele se acercó a la cama, sentándose con delicadeza en el borde. Con lentitud, le ofreció el vaso de agua a Leila, ayudándola a levantarse ligeramente para beber.

Michele dice con acento trapanés, su voz era un bálsamo tranquilo: "Bebe un poco, cugina. Tienes que anclarte a la vida, por ti. Por la Famiglia."

Leila bebió, el agua fresca era un choque violento pero necesario. Su garganta rasposa por el llanto se humedeció, y el mundo dejó de girar tan rápido.

Leila dice con acento siciliano, su voz apenas audible: "Ella... ¿Se ha ido, Michele? ¿Es verdad?"

Michele la miró a los ojos, sin mentir, pero suavizando el golpe con afecto.

Michele dice con acento trapanés: "Sí, cara. Se fue. Pero no sola. Se fue con Gianluca. Juntos. Y luchando. Nunca se rindió, Leila. Murió con el orgullo de la mujer que siempre fue."

La frase de consuelo era una espada de doble filo. El orgullo que la había salvado era el mismo que la había matado.

Leila cerró los ojos, asimilando la verdad. Luego, sintió el familiar toque de la mano de Michele en su hombro.

Michele dice con acento trapanés: "La Famiglia no puede quedarse en silencio, Leila. Tienes que salir de esta cama. Tenemos que cumplir con la ceremonia. Un funeral digno. Es un protocolo que le debes a Catania y a la memoria de Chiara."
Leila no reaccionó.
Michele continuó, con firmeza suave.
Michele dice con acento trapanés, "Dalila y los demás han sido impecables. Han recuperado el cuerpo, han quemado lo que Alessio les obligaba a quemar y han limpiado toda la evidencia. Nadie sabrá la verdad.
Hizo una pausa y luego la miró con una seriedad que Leila entendió.
Michele dice con acento trapanés: "La Regina tiene que levantarse y llorar en público. Por una hora. Luego, la Regina vuelve a la vida. Es lo que Chiara hubiera querido para proteger el negocio."
Leila asintió lentamente, la lógica de la Cosa Nostra penetrando su luto. Era un teatro necesario.
Michele se puso de pie y se dirigió a una pequeña caja de madera oscura que había dejado sobre la mesita de noche. La abrió con cuidado reverente. Dentro, envuelta en un pañuelo de seda color marfil, había una urna de metal sencillo, casi rústico, del tamaño de una palma.
Michele dice con acento trapanés, su voz se quebró apenas: "Aquí está, cugina. Es lo que pudimos salvar. Dalila insistió en traerlo de inmediato. Para que tuvieras la última palabra."
Leila miró la urna, la evidencia física y brutal de la pérdida. No era un símbolo. Era el final.

Extendió sus manos temblorosas y tomó la pequeña caja. El frío del metal penetró en sus palmas, un ancla helada a la realidad. Apretó la urna contra su pecho, la tela de seda absorbiendo las lágrimas que brotaban sin control. El gemido que escapó de su garganta era más profundo y primario que cualquier otro, un lamento de dolor absoluto por la amiga, la hermana, el pilar que había sido y que ahora se había reducido a cenizas en sus manos.
Leila dice con acento siciliano, con un murmullo que se ahogaba en la tela: "Mi sorellina... Mi Etna... Te fallé."
Michele la dejó llorar en paz por un largo rato, su presencia silenciosa era el único testigo de la rendición de la Regina. Cuando el llanto se calmó, Leila se separó, sus ojos rojos e hinchados, pero con una nueva claridad. Apretó la urna por última vez contra su pecho.
Leila dice con acento siciliano, con una voz extrañamente firme a pesar de todo: "Prepara la ceremonia, Michele. Que sea sobria. Que sea un adiós silencioso y digno. La Regina llorará a su Ex Consigliere."
Se levantó de la cama, la urna todavía aferrada a su pecho. El suero intravenoso se desprendió de su mano, goteando sangre en la alfombra, un detalle que Leila ignoró.
Leila dice con acento siciliano, "Tengo que dar la cara a Catania. Y luego, me encargaré de Alessio. La venganza de Chiara será la sangre de Palermo."
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