[Cenizas de un Invierno Ruso - Crónicas de una Traición]: Volviendo de la muerte

Aquí se irán publicando las escenas de rol tanto de trama principal, como las que querais publicar los jugadores. Debido a la naturaleza de este foro, si se admite contenido NSFW.
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Aletheia
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[Cenizas de un Invierno Ruso - Crónicas de una Traición]: Volviendo de la muerte

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El aire en el salón de la Finca pesa más de lo habitual. El aroma a madera vieja y el calor de la chimenea, que antes le resultaban acogedores, hoy se sienten como las paredes de una celda. Kalef Mira a Aletheia, y por un momento, el rostro de la mujer que ha sido su refugio le parece el de una extraña que custodia tu libertad.

Dices con acento ruso: "¿Seguridad? No hables de seguridad, Aletheia. Hablas de comodidad. Hablas de no querer soltar la mano de Deveraux. Los niños necesitan un padre, no un instructor de sombras que vive en el ala oeste. En Fresnedillas estaríamos solos. Seríamos una familia, no un proyecto de la Agencia."
Las palabras de Kalev están marcadas por la ira.

Aletheia dice con acento catalán: "Kalev, por favor, razona. Zarek e Iliana han pasado por demasiado. Aquí tienen espacio, tienen protección. Moverlos ahora a un pueblo donde cada vecino es un par de ojos extraños es una imprudencia. No es por Jeanpaul, es por su estabilidad."
Kalev tuerce el gesto al oír la compasión filtrándose una vez más en las palabras de Aletheia.
La mandíbula de Kalev se tensa. El nombre de Jeanpaul en su boca es la chispa que faltaba. Siente el tatuaje del triskel en su brazo arder, como si la sangre circulara con demasiada presión.

Gritas con acento ruso: "¡Ty nichego ne ponimayesh'! (¡No entiendes nada!) ¡Ya ne vtorosortnyy chelovek v svoyem domuy! (¡No soy un hombre de segunda clase en mi propia casa!)"
Kalev pierde el control y da un paso hacia Aletheia.
El sonido del ruso, rudo y gutural, corta el aire como un cuchillo. Sin esperar respuesta, da media vuelta y sale del salón. El portazo resuena en toda la estructura de la Serranía de Guadalajara, un estallido que pretende poner fin a una discusión que sabe que nunca ganará.
Al salir al porche, el frío de la sierra le golpea la cara, pero no es suficiente para apagar el incendio interno. A lo lejos, cerca del linde del bosque, ve la escena que confirma su veneno: Jeanpaul Deveraux está agachado junto a Zarek, ajustando la posición de sus hombros mientras el chaval sostiene un arco. Iliana ríe a su lado, señalando algo en el horizonte.

La estampa es perfecta. Demasiado perfecta. Parecen un cuadro familiar del que Kalev ha sido borrado con Photoshop. Jeanpaul levanta la vista y, aunque la distancia es grande, siente su mirada analítica, esa superioridad silenciosa del que sabe que tiene el control de la situación.

No puede soportarlo más. Sube al coche, arranca el motor con un rugido violento y sale de la Finca dejando una nube de polvo y resentimiento tras de si.

El Fantasma de Fresnedillas

El trayecto hacia Fresnedillas de la Oliva es un borrón de pinos y curvas. Su mente viaja más rápido que el vehículo, volviendo a los inviernos de San Petersburgo, al humo de los cigarrillos compartidos en portales helados y a la pérdida que nunca lloró porque la Agencia le ordenó ser de acero. Le obligaron a creer que todo lo que dejó atrás era ceniza.

Kalev llega al pueblo y se dirige mecánicamente a una pequeña cafetería de techos bajos, un punto de encuentro discreto para agentes fuera de servicio. Se sienta frente al ventanal, pide un café que no va a beber y observa la calle con el vacío en el pecho.
El miedo que había visto reflejado en los ojos de Aletheia es como un hierro ardiente que le quema por dentro.
De pronto, el mundo se detiene.

Al otro lado del cristal, una mujer camina por la acera opuesta. Su paso es ligero, casi etéreo. Viste una chaqueta de punto sobre un vestido fluido que baila con la brisa. El sol de la tarde arranca destellos dorados de su cabello castaño ondulado. Kalev se queda paralizado. Ese perfil... esa forma de inclinar la cabeza mientras ajusta un medallón en su cuello.

Kalev deja un billete arrugado sobre la mesa, ignorando el cambio, y sale a la calle con el corazón martilleando contra las costillas. La sigue a una distancia prudente, temiendo que se desvanezca como un espejismo de nieve. Ella dobla una esquina y se detiene frente a una casa de piedra. Cuando saca las llaves, Se adelanta, impulsado por una fuerza que no puede controlar, y le sujeta el brazo con firmeza.

La mujer se gira bruscamente, el miedo inicial transformándose en una sorpresa absoluta que refleja la suya. Sus ojos verde intenso, profundos como bosques antiguos, se clavan en los suyos. Es ella. Es su piel pálida, sus pómulos altos, su esencia.

Dices con acento ruso: "Tú... tú estás muerta..."
A kalev se le quiebra la voz. Está temblando de pies a cabeza
De ella surge con voz melodiosa: "Mi dulce Kiev... No deberías haberme encontrado."
Aletheia
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[Cenizas de un invierno ruso - Crónicas de una traición]: El Deshielo del Pasado

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Salón de una casa de estilo clásico, Fresnedillas de la Oliva (Hace 10 meses)

La penumbra de la estancia solo está rota por una lámpara de pie que proyecta sombras alargadas sobre las paredes de piedra. El aire huele a té de tilo y a la humedad de los muros antiguos. Kalev permanece de pie, incapaz de sentarse, sintiendo que sus casi dos metros de estatura son demasiados para esa habitación que resguarda duros recuerdos. Veruschka lo observa desde el sofá, sosteniendo su propia fragilidad con una elegancia dolorosa.

Veruschka dice con acento eslavo: "La Bratva no solo rompió mis huesos, Kalev. Rompieron el tiempo. Cuando mi cobertura cayó en aquel puerto de Odessa, la Agencia simplemente... nos borró. Fui un daño colateral. Me mantuvieron en un sótano donde el sol no era más que un recuerdo, preguntando por ti, esperando que el gran 'Kiev' derribara la puerta."

Ella baja la vista, acariciando inconscientemente su vientre plano. Sus ojos verdes se empañan, reflejando una pérdida que no tiene nombre.

Veruschka dice con acento eslavo: "Estaba embarazada, Kalev. Perdimos a nuestro hijo en esa oscuridad, entre interrogatorios y frío. Mi padre... lo dio todo. Vendió hasta el último rublo de su honor para encontrarme, y solo recibió una cicatriz que le cruza la cara y le impide olvidar, y la ruina absoluta. Él intentó decírtelo."

Un sacudón de realidad golpea a Kalev en el pecho. Recuerda con una punzada de culpa las llamadas perdidas y las veces que Mijail apareció en el cuartel general. Él, ciego por la lealtad a la misión, dio la orden de que lo escoltaran fuera, creyendo que eran delirios de un viejo que no aceptaba la muerte de su hija.

Dices con acento ruso: "Mne tak zhal'... (Lo siento tanto...) ¡Te busqué en los informes de bajas! Dijeron que el edificio explotó contigo dentro. ¿Por qué no me buscaste cuando saliste? He vivido años cargando un ataúd vacío."

Veruschka dice con acento eslavo: "Porque ya no sabía quién eras. si habías rehecho tu vida."
Kalev niega con la cabeza.
Veruschka inspira hondo y prosigue.
Veruschka dice con acento eslavo: " Vine a España porque mi padre solicitó reagrupación familiar y todavía no sé cómo lo logró. Investigué y llegué hasta aquí. Te vi una vez con esa mujer... Aletheia..."

Murmuras con acento ruso: "No la menciones, ella no ..."
Veruschka dice con acento eslavo:"Ella no tiene un marido, tiene el fantasma de un hombre que legalmente aún me pertenece. Por eso nunca pudiste casarte con ella, ¿verdad?"
Dices con acento ruso: "Eres mi esposa."
Veruschka asiente con tristeza en la mirada.
Veruschka dice con acento eslavo:"Y ella ha sido tu refugio."
Dices con acento ruso: "Perdóname, por favor. Perdóname."
Kalev se desploma de rodillas ante ella, ocultando el rostro en su regazo. La verdad es un ancla que finalmente toca fondo: su matrimonio con Veruschka es el único vínculo real que no ha podido ser destruido por la Agencia.
Aletheia
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[Cenizas de un invierno ruso - Crónicas de una traición]: El Refugio de la Traición

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Dormitorio matrimonial, Fresnedillas de la Oliva (Presente)

Kalev entra en la habitación como un animal herido, con la respiración entrecortada tras la discusión en la Finca. Veruschka se acerca a él y nota de inmediato la mancha de sangre que empapa la manga de su camisa. Con delicadeza, le retira la prenda para descubrir un corte irregular en el antebrazo.

Veruschka dice con acento eslavo: "Estás temblando, milostyy. ¿Qué ha pasado? Esta herida no es de un entrenamiento."

Dices con acento ruso: "Ha sido Aletheia. Hemos vuelto a discutir y perdí los estribos."

Veruschka se lleva la mano a los labios, ver a su esposo destrozado de esa manera le rompe el corazón.

Dices con acento ruso: "En medio de la discusión, perdió el control y se activó su mecanismo de defensa. Me clavó una de sus varillas... me he hecho esto quitándomela. no la culpo, la culpa es de este ambiente asfixiante." De mi cobardía, de mi insuficiencia."

Veruschka comienza a limpiar la herida con manos expertas. El contacto de sus dedos fríos sobre su piel ardiendo hace que Kalev cierre los ojos.

Veruschka dice con acento eslavo: "Debemos decirle la verdad. No es justo para ella. La he visto en el pueblo, nos hemos cruzado un par de veces y su mirada es la de alguien que confía y arrastra una tristeza muy honda. La culpa me quema la piel cada vez que me tocas."

Dices con acento ruso: "No. Yo hablaré con ella. Pero no hoy. Hoy solo quiero olvidar que el resto del mundo existe."

Él la atrae hacia sí con una urgencia desesperada. Sus labios se encuentran en un beso que sabe a perdón y a pecado. Kalev la tumba sobre el colchón de lino, despojándola de su vestido bohemio con dedos torpes por el deseo. En la penumbra, sus cuerpos se entrelazan con una familiaridad antigua. Él busca refugio en su calidez, hundiéndose en ella como si quisiera desaparecer de su propia vida. Los gemidos de Veruschka, suaves y melódicos, ahogan los gritos que Kalev guarda en su garganta. El sexo es frenético, una lucha contra el tiempo y la realidad, un desahogo donde el dolor del antebrazo se mezcla con el placer de sentirse, por fin, en casa.
Aletheia
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[Cenizas de un invierno ruso - Crónicas de una traición]: Nada está oculto para quien busca la verdad

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El Vestíbulo de la Finca, Serranía de Guadalajara (Una hora después)

Kalev cruza el umbral de la casona , envuelto en el aroma del perfume floral de Veruschka que aún se aferra a su piel. El silencio es sepulcral, pero la presencia bajo el arco que conduce al salón lo pone en alerta. Zarek está allí sentado, con una tableta en las manos.

Zarek dice: "Llegas tarde, Kalev. Aunque supongo que el tráfico entre Fresnedillas y aquí es complicado cuando uno tiene que despedirse de su 'pasatiempo' y no le apetece."

Kalev se detiene, sintiendo un escalofrío. El joven se levanta del banco con una parsimonia insultante.

Zarek dice: "He estado vigilando tus registros de ubicación desde hace meses. Instalé un rastreador en tu coche mientras creías que yo solo jugaba a los espías. Cada vez que 'necesitas aire', terminas en la misma casa. ¿Quién es, Kalev? ¿Alguna furcia que te hace sentir más hombre que mi madre?"

La sangre sube a la cabeza de Kalev. La humillación de ser descubierto, sumada a la mención despectiva hacia su esposa, rompe su último dique.

Dices con acento ruso: "¡Zatknis'! (¡Cállate!) No tienes ni idea de lo que estás hablando. ¡Lárgate a tu cuarto!"

Zarek acorta la distancia entre ambos y olisquea un par de veces.

Zarek dice: "Ni siquiera pudiste darte una ducha antes de venir a casa? Vas a meterte en la cama de mi madre oliendo a zorra?

Gritas con acento ruso: "¡Cállate esa puta boca!, ¡no te atrevas a hablarme así y lárgate a tu cuarto!"

Zarek dice: " me atrevo, vaya si me atrevo, porque ya no mereces mi respeto. No me voy a ninguna parte. Esta es la casa de mi madre, y tú eres solo un parásito que miente en su cara. Vete de aquí. Vete con ella y no vuelvas."

La mano de Kalev vuela antes de que pueda pensar. El impacto de su palma contra la mejilla de Zarek resuena en todo el vestíbulo. El chico retrocede por el golpe, pero antes de que Kalev pueda reaccionar, una mano enguantada le sujeta el hombro con fuerza bruta. Jeanpaul Deveraux emerge de las sombras, interponiéndose entre ambos con una mirada gélida.

Jeanpaul dice: "Has cruzado una línea que no tiene retorno, Vasiliev. Ponle una mano encima otra vez y te sacaré de aquí en una bolsa."

Zarek se levanta, limpiándose un hilo de sangre de la comisura de los labios. Sus ojos brillan con una victoria amarga.

Zarek dice: "Déjalo, tio Jean. Al menos ahora sé la diferencia. Tú siempre has estado aquí para nosotros. Tú eres un padre de verdad. Él... él no es nada. Nunca llegará a serlo."

Esa frase se clava en el centro de Kalev. La imagen de su hijo no nato, perdido en el frío ´sótano de aquel edificio ruso, regresa para atormentarlo. En ese momento, Kalev entiende que no solo ha perdido a su familia actual, sino que el pasado ha venido a reclamar lo poco que quedaba de su alma.
Aletheia
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[Cenizas de un Invierno Ruso - Crónicas de una Traición]: Dos alternativas, una sola posibilidad

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Punto de vista: Kalev

El ambiente en el salón de la casa de Veruschka es sofocante, cargado de una electricidad estática que parece hacer vibrar el aire entre las paredes de piedra vista. El aroma habitual a lavanda y libros viejos ha sido reemplazado por el olor metálico de la angustia. Kalev camina de un lado a otro sobre la alfombra de lana gruesa, sus pasos pesados hacen crujir la madera mientras el resplandor de una lámpara de hierro forjado proyecta su sombra agigantada contra las estanterías llenas de literatura eslava.

Kalev se detiene en seco, girándose hacia ella con el rostro congestionado por la rabia. Aletheia acaba de alejarse a toda prisa, dejándolo con la palabra en la boca y la vida hecha jirones tras el encuentro fortuito que Veruschka ha provocado.

Dices con acento ruso: "¿En qué estabas pensando? ¡Te dije que yo me encargaría! Has ido a buscarla, Veruschka, le has arrojado nuestra historia a la cara como si fuera un arma de asalto. ¡La has destrozado!"

Veruschka permanece de pie junto a la chimenea apagada, con las manos entrelazadas con tanta fuerza que sus nudillos están blancos. Su vestido bohemio, de un azul desvaído, parece demasiado frágil para la tormenta que se está desatando en el salón.

Veruschka dice con acento eslavo: "Alguien tenía que tener el valor de ser honesto, Kalev. Tú no lo hacías. Te limitabas a deslizarte entre dos mundos, robando horas aquí y fingiendo una vida allí. Ella merecía saber la verdad, el porqué no es tu esposa y que nunca has sido suyo en realidad porque la mujer a la que lloraste en silencio está viva y que nunca has dejado de ser mío ni ante la ley ni en tu corazón."

Dices con acento ruso: "¡Chtoby ty sginula! (¡Que te lleven los demonios!) No era el momento ni la manera, Veruschka. No entiendes que de esta forma lo pierdo todo en esa finca. Zarek me odia, y ahora le has dado más motivos. Y Aletheia... me ha mirado como si fuera un monstruo y todo porque tú decidiste jugar a ser la vocera de una verdad que me correspondía a mí decir."

Él se acerca a ella, invadiendo su espacio personal con su imponente físico. La frustración emana de sus poros, una mezcla de miedo por el futuro incierto y rabia por haber perdido el control de su propia narrativa. Veruschka, lejos de amedrentarse, da un paso al frente, clavando sus ojos verdes, empañados por una tristeza feroz, en los de él.

Veruschka dice con acento eslavo: "No, Kalev. Estás enfadado porque te he quitado la red de seguridad. Te habías rendido una vez más. Te conformaste con las migajas de una vida que tú mismo reconoces que no te satisface, pero estabas dispuesto a resignarte igual que lo hiciste cuando la Agencia decidió que yo era un recurso prescindible;aceptaste una identidad de reemplazo y te olvidaste de quién eras. Te convertiste en un perro faldero de sus intereses mientras yo me pudría en un sótano pensando en ti."

Dices con acento ruso: "¡Ya sdelal vse, chto mog! (¡Hice todo lo que pude!) ¡Sobreviví! ¡Te lloré cada maldita noche hasta que no me quedaron más lágrimas!"

Veruschka dice con acento eslavo: "¡Pues ahora deja de lamentarte y decide! Ya no soy la sombra de tu pasado, soy una mujer de carne y hueso que quiere una vida, no un escondite en Fresnedillas. O reconstruimos lo que somos sobre la verdad, sin sombras de la Agencia ni de Aletheia, o me dejas marchar ahora mismo. No voy a ser tu secreto otra década más."

La respiración de ambos es lo único que se escucha en la habitación, un compás errático de pura rabia y cansancio emocional. Veruschka tiembla, pero su determinación es absoluta. Kalev la mira, y por un segundo, el peso de sus decisiones lo abruma; el rostro de la mujer que ama parece una montaña imposible de escalar.

Veruschka dice con acento eslavo: "Mne nuzhen muzh, a ne privideniye. (Necesito un marido, no un fantasma). Si no puedes elegirme a plena luz del día, vete. Vuelve a la finca, a tu vida vacía."

Sin esperar una respuesta que él no parece capaz de articular, ella se da la vuelta, con los hombros caídos pero el paso firme. Cruza el pasillo y entra en su habitación, cerrando la puerta tras de sí con un clic seco que suena definitivo en el silencio del salón.

Kalev se queda solo en medio de la estancia. Se lleva ambas manos a la cabeza, mesándose el pelo con desesperación mientras exhala un suspiro quebrado. Mira hacia la ventana, donde la oscuridad de la noche española parece tragarse cualquier rastro de su identidad como agente. El futuro es un abismo de incertidumbre, y por primera vez en su vida, el gran "Kiev" no sabe hacia dónde disparar.
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