[Trama El despertar de Themis]: Negocios Y Alianzas

Aquí se irán publicando las escenas de rol tanto de trama principal, como las que querais publicar los jugadores. Debido a la naturaleza de este foro, si se admite contenido NSFW.
Aletheia
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[Trama El Despertar de Themis]: El Informe de Medianoche

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Salón Principal
La estancia está sumergida en una luz ámbar. Armand se quita la chaqueta del traje, mostrándose algo cansado tras la jornada en el juzgado y la comisaría. Orestes acaba de regresar de su visita a la jueza, su semblante es sereno.

Armand dice con acento parisino: "He hablado con el Dr. Arcas. Uriel ha hecho de las suyas; el evaluador está tan fascinado como aterrorizado. Ha pospuesto las conclusiones. Ganamos tiempo, pero el chico sigue siendo una bomba de relojería en esa unidad.

Orestes asiente mientras se sirve una copa de agua mineral.
Orestes dice con acento cretense: "El tiempo es lo que necesitamos. Marielba Montenegro tiene ahora una botella de vino que no podrá beber sin pensar en lo que le dije. Su sospecha se ha transformado en curiosidad.

Dante aparece desde la biblioteca, sosteniendo una tableta con los datos que Jeanpaul ha estado recopilando.
Dante dice con acento veneciano: "Aquí está el resto de la historia de la jueza. Perdió a una hermana en un piso de acogida estatal hace veinte años. El sistema lo llamó "accidente", pero ella sabe que hubo negligencia. Jeanpaul ha conectado los puntos: la empresa que gestionaba aquel piso fue absorbida años después por una filial de la IDO. Si se lo mostramos, no solo será nuestra jueza, será nuestra aliada más feroz.

Armand mira a Orestes, arqueando una ceja inquisitiva.
Armand dice con acento parisino: "¿Crees que será un problema su integridad? Si descubre que estamos manipulando las sombras...

Orestes sonríe, terminándose el agua.
Orestes dice con acento cretense: "Marielba ama la justicia más que a las reglas. Mañana, cuando vea a las víctimas de Ferrer, las reglas serán lo último que le importe. La visita de cortesía ha terminado, Armand. Ahora, es el momento de que la jueza vea el verdadero rostro del monstruo que estamos intentando cazar.
Aletheia
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[Trama El Despertar de Themis]: El Juicio de la Memoria

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La Terraza de Cristal
El sol de la tarde se filtra con una pesadez anaranjada a través de los ventanales de vidrio, creando un juego de sombras largas sobre el suelo de piedra rústica. El ambiente es una burbuja de silencio, interrumpido solo por el goteo rítmico de una fuente de pared. Aymara y Eloy aguardan; son dos figuras que parecen frágiles pero cuya presencia ocupa todo el espacio emocional de la estancia.

Orestes camina con paso comedido, indicando a la magistrada el asiento frente a ambos. Su postura es de un respeto calculado, reconociendo la autoridad que ella representa.

Orestes dice con acento cretense: "Señoría, le agradezco que haya accedido a venir. Sé que su tiempo es valioso y que este procedimiento es inusual, pero hay verdades que no caben en un folio judicial."

Marielba Montenegro se sienta con la rigidez de quien teme ser seducida por la elocuencia de un hombre poderoso. Abre su maletín y extrae un bolígrafo, observando a los presentes con una agudeza que parece querer diseccionarlos.

Marielba dice con acento granadino: "No se equivoque, Orestes. Estoy aquí porque las irregularidades en el reparto de este caso me inquietan, no por cortesía. Y ustedes... quiero que sean muy precisos. No me sirven las metáforas. Necesito hechos."

Media hora después.

Aymara ha comenzado a hablar. Su voz, con ese deje venezolano que arrastra las palabras con una cadencia melancólica, llena la estancia. Sus manos, pequeñas y pálidas, se cierran sobre la tela de su falda.

Aymara dice con acento venezolano: "Humberto no solo me robó la luz que me quedaba, doctora. Él me convenció de que mi cuerpo era una basura inservible. Yo amaba a Fabián con toda mi alma, y Ferrer usó ese amor para chantajearme. Me obligaba a grabar esas... bajezas... diciéndome que si no lo hacía, le quitaría la licencia a Fabián, que lo denunciaría por abusar de una ciega bajo tutela estatal. ¿Sabe lo que es estar en una mesa de operaciones, sintiendo que tu cuerpo se muere porque ya no puede más? Tuve dos rechazos de órganos, Jueza. Mi riñón y mi páncreas fallaron dos veces porque mi sistema estaba colapsado por el pánico, por los fármacos que él me obligaba a tomar para mantenerme dócil, por la deshidratación, la mala alimentación. Usó la insulina como herramienta de tortura. Me subía las dosis, las bajaba a su conveniencia. Casi muero porque mi voluntad estaba tan rota que mis órganos ya no querían vivir en mí."

Una hora después.

Eloy ha tomado el relevo. Su lucha con la oralización es evidente; su garganta emite sonidos profundos, vibraciones que parecen venir desde el fondo de un pozo. Marielba lo observa, y por primera vez, su expresión de granito muestra una pequeña fisura.

Eloy dice con voz varonil y dificultosa: "Él... me... grababa. Yo no... oigo. Él decía que... nadie me... querría. Que Eloy era... para vender. En ordenador. Luz roja siempre... luz roja. Yo lloraba y él... reía. Decía que... sordo no grita."

Eloy rompe en un llanto silencioso, sus hombros se sacuden violentamente mientras se señala el implante coclear, como si la capacidad de oír ahora solo sirviera para recordar los gritos internos de su pasado. Marielba Montenegro baja la vista a su libreta. Ya no escribe. Su mano tiembla levemente al recordar el expediente de su propia hermana, un eco lejano que hoy ruge con fuerza en esta sala.

Orestes dice con acento cretense: "Señoría, mire esas cicatrices. No son de un accidente. Son de un sistema que permite que un depredador use la discapacidad como una jaula. Usted tiene el poder de abrirla."

Marielba se levanta bruscamente, cerrando su maletín con un golpe seco. Sus ojos verdes están encendidos con una furia fría que ya no oculta tras la toga imaginaria.

Marielba dice con acento granadino: "Ya he visto bastante. No me hace falta que me diga cuál es mi poder, Orestes. Lo que me hace falta es que mi juzgado se llene de estas pruebas de una forma que ni la IDO ni nadie pueda recusar. Me marcho. Tengo mucho que ordenar y poco tiempo antes de que los abogados de la organización empiecen a tejer sus hilos."

La jueza sale con paso rápido escoltada por Orestes.

Orestes regresa a la sala, observándolos con una mezcla de orgullo y melancolía.

Aymara tiembla violentamente, el esfuerzo de mantener la calma frente a la mujer que tiene su destino en las manos le pasa factura.

Aymara murmura con acento venezolano: "Orestes... ¿nos creyó? La sentí tan fría, tan... distante. Tengo miedo de que solo vea leyes y no personas. Si ella nos falla, Ferrer ganará incluso desde la cama del hospital."

Eloy se acerca a ella de inmediato. La rodea con sus brazos fuertes, pegando su frente a la de ella en un gesto de consuelo absoluto. Él no necesita palabras para transmitirle que están juntos en esto.

Orestes dice con acento cretense: "No te preocupes, Aymara. Marielba Montenegro no se ha ido por indiferencia, sino porque la verdad le ha quemado las manos. Ahora no solo tiene pruebas; tiene una razón personal. Y en Neo-Madrid, no hay nada más peligroso para un criminal que una jueza con una misión."
Aletheia
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[Trama el Despertar de Themis]: El Laberinto de una Mente fascinante

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Unidad Psiquiátrica Forense - Sala de Observación B
La habitación es de un blanco clínico, sin esquinas donde la vista pueda descansar. Dulce, una psicóloga de renombre con voz suave y una mirada que parece abrazar antes de interrogar, se sienta frente a Uriel. El joven mantiene su actitud desafiante, recostado en la silla como si estuviera en un trono de plástico.

Dulce observa a Uriel durante un largo silencio, buscando el tic, la microexpresión que delate al criminal.

Dulce dice con acento madrileño: "Uriel, no estoy aquí para juzgar si lo que hiciste fue correcto. Estoy aquí para entender si podrías volver a hacerlo. Me sorprende tu falta de ansiedad. Según los monitores, tus pulsaciones son las de alguien que está leyendo un libro de texto, no las de alguien acusado de homicidio."

Uriel se ajusta las gafas polarizadas, esbozando una sonrisa cargada de un cinismo brillante.

Uriel dice con acento argentino: "¿Ansiedad? Eso es para la gente que no tiene un plan, Dulce. ¿Puedo llamarte Dulce, no? Es un nombre muy... táctico para una sicóloga. Yo sé exactamente dónde estoy y por qué lo hice. Si un virus entra en tu sistema, corrés un programa de limpieza. Yo soy el programa de limpieza. Gabo era un bug, Humberto era el malware. ¿Te parece que un algoritmo tiene que sentir ansiedad?"

Dulce inclina la cabeza, fascinada por la estructura lógica y gélida del muchacho.

Dulce dice con acento madrileño: "Hablas de seres humanos como si fueran líneas de código, Uriel. Eso es un rasgo de desconexión empática muy severo. ¿No sientes nada por el vacío que dejaste en la familia de ese chico, o por el estado del doctor?"

Uriel dice con acento argentino: "Sentiría algo si las reglas fueran iguales para todos. Pero la IDO usa a pibes como Gabo o Costanza para procesar sus traumas y sacar guita. Si querés empatía, buscá en los servidores que hackeé. Ahí vas a encontrar el llanto de todos los que Ferrer rompió. Yo solo devolví el golpe con la misma frialdad que ellos aplican. Si eso me hace un psicópata para tu librito, anotálo. Pero soy el psicópata que detuvo el motor. Deberían agradecérmelo, ¿no te parece?"
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[Trama El Despertar de Themis]: El Alfil en el Tablero Judicial

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Despacho de la Jueza Montenegro - Palacio de Justicia
El despacho está sumido en una luz de atardecer. Armand Bonheur entra con la elegancia de un depredador que sabe que el terreno ha sido abonado. Su presencia de casi dos metros y su traje a medida imponen un respeto inmediato.

Armand coloca una carpeta azul sobre el escritorio de Marielba. Sus ojos verdes brillan con una determinación aristocrática.

Armand dice con acento parisino: "Señoría, asumo que tras su... visita de ayer, comprenderá que mantener a Uriel en una unidad forense es un riesgo innecesario. El chico no es un peligro para la sociedad; es el testigo principal de la mayor red de corrupción y abuso que ha visto esta ciudad."

Marielba lo mira desde su silla, todavía procesando la carga emocional del día anterior.

Marielba dice con acento granadino: "El informe de la sicóloga, la doctora Dulce, dice que Uriel es un individuo de alta capacidad con rasgos de desconexión, pero no es un asesino en serie. Sin embargo, Armand, el procedimiento es el procedimiento. Mató a un hombre y envenenó a un médico prestigioso."

Armand se inclina, apoyando sus manos de manicura perfecta sobre la mesa. Su voz es un susurro de autoridad.

Armand dice con acento parisino: "Mató a un agresor en defensa de una joven indefensa. Si usted lo mantiene encerrado, la IDO tendrá tiempo de fabricar una coartada. Necesito que firme la libertad bajo fianza y la protección de testigo para Uriel ahora mismo. Orestes Kirgyakos se hará responsable de su custodia. No deje que el formalismo proteja a los monstruos, Señoría."

Marielba toma la pluma, duda un segundo y finalmente firma con un trazo enérgico.

Marielba dice con acento granadino: "Lléveselo. Pero si ese chico desaparece o comete una sola imprudencia, su cabeza y la de Kirgyakos serán las próximas que ruede en este estrado. Dígale a su jefe que espero los servidores originales de Uriel en mi mesa mañana a primera hora."

Armand sonríe, una expresión de dientes blancos y éxito.

Armand dice con acento parisino: "Tendrá todo lo que necesita, Jueza. No se arrepentirá de esta decisión."

Marielba le hace un gesto para que abandone su despacho.

Armand inclina la cabeza sutilmente y sale sin mirar atrás.

Marielba murmura con acento granadino: "Eso espero... eso espero."
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