Rosa de escarcha: Todo sueño posee una pesadilla

Aquí se irán publicando las escenas de rol tanto de trama principal, como las que querais publicar los jugadores. Debido a la naturaleza de este foro, si se admite contenido NSFW.
Enma
Mensajes: 30
Registrado: Mar Abr 23, 2024 10:04 am

Rosa de escarcha: Todo sueño posee una pesadilla

Mensaje por Enma »

Witshtable, dos años atrás

El mar.
Aquella presencia que cautiva a tanta gente y consume a tantos otros.
Hoy es, tal y como ha sido durante toda mi vida un guardián de secretos, un compañero de aventuras.
Veo a Iris, está sentada a mi lado con el cabello cobrizo, herencia de familia irlandesa, sujeto en un moño rígido.
Dices: "Y he comprado el vuelo hace tres meses"
Iris me clava sus ojos verdes como bosques, duelen más que cualquier palabra que pueda pronunciar; agacha la cabeza, sonríe de forma a penas perceptible y me tiende la enguantada mano que ha sido mi refugio en estos 24 años.
iris dice: "No debí apoyarte con las clases de español, constructora de sueños".
Niego despacio.
Dices: "Es algo que llevo planeando mucho, bruja de los libros".
Ella sonríe de tal forma que llega a sus ojos y me abraza, su aroma a bergamota y limón me consuela.
Iris dice: "Si es lo que sueñas ve a ese maldito país y conquístalo".
Le devuelvo el abrazo, nos ponemos en pie.
Caminamos hasta su auto, herencia de su padre, y nos subimos.
Eso es algo que me abruma mucho, aquí todo es herencia de todo.
Incluso parece que los rasgos son algo prestado.
Nos quedamos en silencio durante todo el viaje, tan solo nos acompaña una vieja canción que no escucho muy bien y el run run del auto.
Al llegar ante mi casa, el lugar en el que he vivido toda mi vida, en el que he aprendido tanto y ver sus ventanas siempre empañadas por la brisa marina y sentir el aroma del té recién hecho, de pronto soy consciente de que voy a abandonar el nido.
Bajo del auto de mi mejor amiga y le lanzo un beso.
Me encamino hasta la vieja puerta marrón y saco las llaves, hay una sirena como llavero.
Al abrir la puerta, el viejo sofá cubierto de mantas se hace visible, mi padre está sobre él, con su cabeza rapada y las toscas y grandes manos acariciando a Nimbus.
Dices: Vaya, se ha dejado acariciar, qué sorpresa".
Mi padre levanta la mirada, veo mis ojos en su rostro, un par de ojos cansados e hinchados por llorar.
Les he dado la noticia la noche anterior en la cena, verlo tan devastado me hace retroceder un paso de forma inconsciente.
Arthur dice: "Sirenita, ven, he pedido el día libre para despedirme de la reina del mar".
Lloro, no puedo evitarlo, papá me abraza de forma torpe y me da golpecitos en el hombro que me hacen reír.
Dices: "Papá, ¿Mamá vendrá a despedirse?"
Mi padre me mira, mira al techo y luego agacha la cabeza, mi corazón se encoge, empiezo a temerme lo peor.
Los pasos de mi madre bajando las escaleras de forma acelerada me disparan el pulso.
Suelto a papá y miro a mi madre, es raro verla con ropa de diario, siempre está lista para ir al hospital, su abrigo rojo y su cabello largo y rubio me hacen sentir segura, al menos hasta que recuerdo que abandonaré esta seguridad en unas horas.
Salimos de casa, mis padres abrazados y yo con un gran equipaje en las manos.
Subimos a nuestro auto e inicia el viaje, observo Wishstable hacerse más y más pequeño.
Nos quedan cincuenta kilómetros hasta el aeropuerto más cercano.
¿Cómo puede caber el adiós en 50 kilómetros?
¿Cómo la esperanza?
¿Cómo el amor?
Llegamos al aeropuerto, la gente sale, se mueve, unos van, otros vuelven.
Y es en ese momento en el que abrazo a mis padres por última vez, en el que la Marina de aquel momento siente el aroma a pino de papá, o la dulce fragancia de medicinas mezcladas con rosas de mamá.
Sé que es la última vez que los abrazo porque yo, Marina Stone, no volveré a ser la misma.
Saco mis llaves y las pongo en manos de papá.
Dices: "Cuídalas, sí, son un regalo de mí para ti".
Mamá llora y me besa la frente.
Helen dice: "Si algo anda mal puedes volver siempre".

En el avión

Tomo asiento, el vuelo no es tan largo, pero si me da tiempo para pensar, para extrañar y para guardar las lágrimas.
Antes de que si quiera tenga tiempo a disfrutar el paisaje aéreo las bocinas nos dan la bienvenida a España.
Madrid es frío de una forma muy distinta a Inglaterra, el aire huele a ajo, a movimiento automovilístico y a estrés.
Al adentrarme por el metro me abrumo de tal forma que poco me falta para regresar a mi casa.
Una chica, que resulta ser locutora y también británica me ayuda a moverme, me doy cuenta de que mi español, estudiado desde los 14 años, no es tan bueno como pensaba.
Me guía hasta Preciados, un lugar con un hotel barato, muy barato.
Accedo a mi habitación y dejo el equipaje en la cama, me conecto a internet y envío mensajes a papá y a mamá.
Me acurruco y duermo aquella noche con mi ropa de todo el día, siento que si me desnudo perderé lo poco que me queda de mi hogar.

El primer día

Al día siguiente me despierta la luz filtrándose por la ventana.
Me levanto en automático, bajo la persiana y me dispongo a seguir durmiendo, pero mi teléfono suena con una videollamada.
Contesto sin fijarme.
La voz de Iris me despierta del todo.
Iris dice: "Marina, hay un amigo de mi padre que necesita a gente para su frutería, el trabajo es una miseria y bueno, no hay contrato por ahora, pero te vendrá bien".
Me levanto de un salto.
dices: "¿Cómo? Envíame su ubicación! ¡Dale mi número!"
Iris ríe.
Iris dice: "Primero dúchate y organízate, pareces una bruja.
Pongo en blanco los ojos y me meto al baño, me desnudo ante Iris y me ducho mientras me detalla el trabajo.
Abro una de mis maletas, saco un abrigo azul y un jean, me calzo unas deportivas y me hago una cola de caballo.
Dejo el hotel atrás aún charlando con Iris, no he desayunado y el cuerpo me empieza a pedir comida.
Compro un batido de chocolate y un par de panecillos para combatir el hambre y sigo mi camino.
Llego a una frutería muy humilde, cuelgo a Iris y accedo a la misma.
Dices con acento británico, "Buenos días".
El tendero dice: "Buenos días, chiquilla, pasa, ¿vienes por la oferta de trabajo?"
Asiento.
El tendero dice: "Pues anda tira pa entro, que hay mucho trabajo que hacer".
Al acceder al almacén me desinfecto las manos y me pongo a empaquetar fruta.
Pasan horas hasta que me dan autorización para salir, espero ver más de 30 euros, pero me dan 28, 28 malditos euros que me rompen por dentro.
Dices con acento británico: "Pero... señor?
El tendero dice: "Agradece, rubita, que en otros lugares te pagarán menos aún".
Me marcho de la frutería jurando nunca volver.
Llamo a Iris y le cuento mi día.
Dices: "Y ese hijo de puta solo me dio 28 euros!"
Iris suspira.
Iris dice: "Siempre puedes volver a casa".
Dices: "No quiero regresar, Iris Blake! Quiero vivir la experiencia, quiero buscar un trabajo mejor!".
Iris dice: "No vas a conseguir un trabajo mejor, Marina!"
Dices: "Eso está por verse".
Le cuelgo el teléfono.
Entro a la cafetería muy molesta, despeinada, y con solo 28 euros en el bolsillo.
Me siento en la mesa más alejada, una camarera se me acerca, por un momento dudo de mi español.
Dices con acento británico: "Buenas noches, ¿Podría traerme un té verde y un bocadillo por favor?"
Ella asiente y se aleja.
Jugueteo con los dedos sobre una servilleta sobre la cual puede leerse: "Volar no es tener alas, es tener metas".
Sonrío, parece que el universo me manda un mensaje.
Bebo mi té despacio, disfrutando de su sabor, intentando sentir que estoy ante el mar de Wishtstable.
Pago la cuenta y me alejo, me siento triste, no tengo a nadie en este país.
Se me ilumina la bombilla en ese instante.
¡Redes sociales!
Saco mi móvil y creo lifebook, me hago una fotografía al lado del hotel sonriendo y la subo como foto de perfil, no es mi mejor fotografía, pero es la que he conseguido.
Empiezo a unirme a grupos de ingleses en España, cuando miro la hora es casi media noche.
Entro al hotel a toda velocidad y me apresuro a dormir.
Me quito la ropa como si me alejase de un mal día y me pongo una pijama rosa de ositos.
Al entrar a la cama y cerrar los ojos siento que alcanzo algo de seguridad y que hoy, pese al caos, he alcanzado un poco de paz.
Responder