[Arquitectura de un anhelo]: Descubrimientos que abruman

Aquí se irán publicando las escenas de rol tanto de trama principal, como las que querais publicar los jugadores. Debido a la naturaleza de este foro, si se admite contenido NSFW.
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Aletheia
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Registrado: Mar Abr 23, 2024 6:10 pm

[Arquitectura de un anhelo]: Descubrimientos que abruman

Mensaje por Aletheia »

Cuarto de Revelado

El aire en el cuarto oscuro es denso, saturado del olor acre y metálico de los químicos de revelado que, para Jeanpaul, suelen ser un sedante. Pero hoy, el ácido acético parece quemarle los pulmones. Bajo la tenue luz roja, que baña la estancia con un matiz de urgencia y pecado, las imágenes de Aletheia emergen lentamente en las cubetas. No son simples fotos; son los planos de su propia condena.

Jeanpaul observa una captura de ella riendo con los niños. En el papel, esos niños llevan el apellido Deveraux. Legalmente, son suyos; ante el mundo, él es el pilar, el nombre en el acta de nacimiento, el escudo burocrático. Pero el eco de un "Tío Jean" rebota en las paredes de su cráneo como una burla cruel. La tinta negra de las fotos parece la misma oscuridad que se le instala en el pecho.

Minutos antes, Olivia, la nueva agente, se ha quedado desnuda en la cama con el cuerpo dolorido y una mirada de desconcierto. Jeanpaul se mira las manos, las mismas que han recorrido el cuerpo de la recluta buscando un alivio que nunca llega. Nada. Su cuerpo es un templo cerrado bajo llave, una máquina que solo responde a una frecuencia que no es la de Olivia. La frustración sexual no es un deseo insatisfecho, es una lealtad física que lo asfixia; su propia biología le prohíbe la salida de emergencia.

Incapaz de soportar el encierro, Jeanpaul abandona el cuarto oscuro y camina hacia los viñedos. La noche en La Finca es fresca, pero él siente que se incendia. Se detiene frente a las vides, observando el horizonte, intentando que el orden de los surcos de tierra calme el caos de su arquitectura interna.

Entonces, el crujir de la grava lo pone en alerta. Sabe quién es antes de verla. Su cuerpo, ese que se ha negado a responder hace una hora, vibra con una nota sorda y dolorosa.

Aletheia aparece entre las sombras de las vides, con los hombros ligeramente caídos y esa mirada que Jeanpaul solo le ve cuando Kalev ha vuelto a dejar un vacío donde debería haber presencia.

Aletheia dice con acento catalán, "¿Ni en la oscuridad descansas, Jean?"

Jeanpaul aprieta los puños dentro de los bolsillos, forzando a su rostro a adoptar la máscara de hierro del protector inquebrantable, aunque por dentro siente que la estructura se agrieta.

Jeanpaul se carcajea de forma seca, casi carente de humor.

Dices: "El descanso es un lujo que los cimientos no podemos permitirnos, mocosa. ¿Y tú? Se supone que deberías estar en la cena de la fundación."

Aletheia dice con acento catalán, "No ha vuelto... todavía."

Él nota el leve rastro de rímel corrido, la señal inequívoca de una batalla silenciosa con Kalev. El impulso de cruzar la distancia, de tomarla por los hombros y gritarle que deje de buscar agua en un pozo seco, es casi insoportable. Quiere reclamar el lugar que sus papeles dicen que ya tiene, pero su voz se mantiene peligrosamente estable.

La mandíbula de Jeanpaul se tensa tanto que el dolor le sube por los oídos. La presencia de Aletheia, con ese aroma a jazmín y derrota, es un insulto a su autocontrol. Cada vez que ella sufre por Kalev, la arquitectura de su anhelo se tambalea, amenazando con sepultarlos a ambos.

Dices: "Parece que el aire de la noche te sienta mejor que la compañía en el salón. ¿Ha vuelto a ocurrir?"

Aletheia da un paso al frente, rodeándose el cuerpo con los brazos, y lo mira con una curiosidad que muerde.

Aletheia dice con acento catalán, "Vi que te marchaste finalmente con la chica nueva, delta sirena. Pensé que te habrías quedado en Siracusa con ella... para pernoctar, ya sabes. Parecía muy dispuesta."

Jeanpaul cierra los ojos un segundo. De inmediato, el recuerdo de Siracusa lo golpea como una náusea. Se ve a sí mismo sobre Olivia en aquella cama del refugio, la piel de la agente bajo sus dedos, el esfuerzo casi mecánico de sus embestidas. Recuerda la desesperación de cerrar los ojos para imaginar que era el cabello de Aletheia el que se enredaba en sus manos, y cómo, al abrirlos y ver la realidad, su cuerpo simplemente se desconectaba. La humillación de la piel fría, del orgasmo inalcanzable porque su sangre le pertenece a otra.

Jeanpaul se carcajea, un sonido bronco y hostil que corta el aire.

Dices: "No sabía que mi agenda de alcoba fuera ahora parte de tus preocupaciones, mocosa. ¿O es que Kalev no te da suficiente conversación por las noches?"

Aletheia se tensa, sus facciones se endurecen en una mueca de desagrado que no logra ocultar. Hay una chispa de posesividad inconsciente en sus ojos, una molestia que ni ella misma sabe nombrar.

Aletheia dice con acento catalán, "¿Te acostaste con ella, entonces? ¿Es por eso que estás tan... irritable? ¿La sirenita no supo cantar como te gusta?"

Jeanpaul la mira fijamente. Sus ojos cambian de tono y se oscurecen. La verdad es que no pudo terminar, que Olivia fue un fracaso (como tantos otros) porque el fantasma de Aletheia se interpuso entre sus cuerpos. Pero su orgullo y su rabia necesitan una salida.

Dices: "Sí. Me acosté con ella. Es una mujer joven, eficiente y, sobre todo, no está llena de dudas. ¿Alguna otra pregunta sobre mi desempeño o podemos volver a lo que realmente te importa, que es lamerte las heridas por tu marido?"

El silencio que sigue es pesado como el plomo. Aletheia retrocede un paso, parpadeando con rapidez, como si acabara de recibir una bofetada física. Sus dedos tiemblan levemente. No sabe por qué le duele la confirmación, por qué siente ese vacío en el estómago al imaginarlo con otra, si se supone que él es su roca, su amigo... su "hermano" de vida.

Jeanpaul no le da tiempo a procesarlo. No puede. Si se queda un segundo más, la tomará por el cuello para besarla y romper toda la farsa que han construido.

Dices: "Si me disculpas, tengo trabajo en la bodega. No todo el mundo tiene el privilegio de perder el tiempo en la oscuridad."

Él da media vuelta, sus pasos son pesados y decididos sobre la grava, perdiéndose en el arco de piedra que conduce al interior de la bodega. No mira atrás.

Aletheia se queda sola entre las vides, respirando con dificultad. El desconcierto la invade. No reconoce a este Jeanpaul, pero lo que más la aterra es que no reconoce la punzada de celos amargos que le está subiendo por la garganta.
Aletheia
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[Arquitectura de un Anhelo]: Grietas en el Jardín de Invierno

Mensaje por Aletheia »

Medio día había pasado ya y el aire en la casona de la Finca todavía vibraba con el eco de los gritos del desayuno. Jeanpaul bajaba las escaleras de madera con paso pesado, sintiendo en el pecho el peso de Aletheia, a quien acababa de dejar destrozada en la planta superior. Cada peldaño era un recordatorio de su propia impotencia: había contenido el deseo de golpear a Kalev, pero no había podido evitar que el veneno de la discusión se filtrara por las paredes.

Al acercarse al ventanal del corredor que daba al jardín interno, Jeanpaul se detiene en seco. Oculto por las pesadas cortinas de terciopelo, ve a los niños y decide observarlos.

Zarek está de pie, golpeando rítmicamente la palma de su mano con un palo de entrenamiento.
Iliana está sentada en un banco de piedra, con las rodillas pegadas al pecho, balanceándose levemente.

La voz de Zarek es un susurro ronco, cargado de una furia que intenta contener.
Zarek dice: "...lo dijo Monse, Iliana. No trates de ignorarlo. Le dijo a Yordi que Kalev ya ni siquiera la mira. Que esto se acabó. Estabas ahí cuando lo dijo, deja de hacerte la atontada que no te va."
Iliana chilla en medio de un sollozo ahogado.
Iliana dice: "¡Cállate, Zarek! Monse no lo sabe todo. Solo... solo están pasando una mala racha. Si nos portamos mejor, si no hacemos ruido..."

Zarek dice: "¿Portarnos mejor? Estás majara perdía."
Zarek suelta una carcajada amarga y lanza el palo contra el césped.
Zarek dice: "¡Él no nos quiere! No se casó con ella, no nos dio su nombre. El tío Jean fue quien lo hizo. Kalev es un extraño que duerme en la habitación de mamá. Si se quiere largar, que se largue ya, pero que deje de hacerla llorar."
Iliana habla en voz muy bajita, casi un susurro.
Iliana dice: "¿No lo entiendes? Si se va, mamá se romperá."
Iliana esconde el rostro entre sus brazos.
Iliana dice: "Y nosotros nos quedaremos sin nada. Otra vez. No quiero que nos dejen, Zarek. No quiero ser una carga."
Jeanpaul traga saliva. Siente un nudo en la garganta. Ver a la pequeña Iliana intentar encogerse hasta desaparecer y a Zarek endurecerse como el acero que él mismo le había enseñado a templar le duele más que cualquier herida de combate. Decide intervenir antes de que la discusión deje cicatrices más profundas.
Jeanpaul sale al jardín. Intenta disimular, pero en su voz se advierte el cansancio y algo más que a los niños les cuesta identificar.
Dices: "Zarek. Iliana

Ambos saltan.
Iliana se limpia las lágrimas frenéticamente y Zarek recupera su postura rígida, aunque sus ojos verdes arden con un reproche que Jeanpaul sabe que no es para él.

Iliana murmura: "Tío Jean..."
Iliana trata de forzar una de sus antiguas sonrisas, pero los hoyuelos no aparecen.

Dices: "No deberíais escuchar las conversaciones de los adultos"
Jeanpaul pone una mano sobre el hombro de Zarek, mientras que con la otra acaricia los bucles rojos de la niña.
Dices: "Todo va a estar bien. Vuestra madre es fuerte, y yo estoy aquí. Nada va a cambiar en casa.

Zarek se tensa bajo su mano. Mira a Jeanpaul directamente a los ojos, con una lucidez aterradora.

Zarek dice: "Ya ha cambiado, tío. Tú lo sabes mejor que nadie. Estás mal, ella está mal... y él..."
Zarek señala hacia la parte trasera de la casa con desprecio.
Zarek dice: "ya ni siquiera está aquí aunque esté presente. No intentes arreglarlo con palabras. Ya no somos unos críos.".

Zarek se suelta del agarre de Jeanpaul con un movimiento brusco y entra en la casa sin mirar atrás.
Iliana se levanta , mira a Jeanpaul con una súplica silenciosa en los ojos, una que pide una mentira que él no puede darle y corre tras su hermano.

Jeanpaul se queda solo en el jardín. Mira sus manos, las manos de un hombre que puede desarmar un rifle en la oscuridad o revelar una foto en segundos, pero que ahora temblaban. Por primera vez, la "arquitectura" que había construido para protegerlos no tenía grietas; se estaba derrumbando desde los cimientos.
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