Ferrari, La mafia o el amor.

Aquí se irán publicando las escenas de rol tanto de trama principal, como las que querais publicar los jugadores. Debido a la naturaleza de este foro, si se admite contenido NSFW.
Larabelle Evans
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Re: Ferrari, La mafia o el amor.

Mensaje por Larabelle Evans »

Cara a cara con la traición.

Punto de vista: Leila

El aire nocturno de Catania estaba impregnado del aroma salino del mar y de una tensión eléctrica que solo Leila podía sentir en sus venas. La mansión Ferrari había sido un hervidero de preparativos toda la tarde. Los hombres de confianza de Leila, armados hasta los dientes, estaban listos para la guerra. Pero esta batalla no se libraría a campo abierto… todavía.
Leila se ajustó la chaqueta negra de cuero, ocultando su Glock 19 bajo el forro. A su lado, Karlo, Giovanni y Pietro la flanqueaban como sombras.
—¿Lista? —susurró Karlo, con los ojos clavados en la entrada trasera del edificio.
Pietro con mirada afilada, se mantenía serio y firme en su postura, seguro de que una vez mas, protejería a leila de lo que sea
Leila asiente, su expresión impenetrable.
Dices con acento Siciliano, "Más que nunca."
al Escuchar esas palabras. Provenientes de Leila, Pietro no pudo evitar voltear la mirada un segundo para observarla. Miraba con admiración, con respeto, con suma atención, pero también con algo más; algo que ni Leila ni nadie más debía saber.
Leila lo sintió, pero se obligó a ignorarlo. Ahora no había espacio para ellos.
Los 4 entraron al edificio en busca del comisario Sergio Moretti. CyberLife te desea que no te caigas.
Dices con acento Siciliano, "Vamos. —ordenó en voz baja, dirigiéndose hacia la entrada trasera del departamento de policía."
El sonido de sus pasos resonaba en el suelo de mármol mientras avanzaban por el estrecho pasillo del sótano. Pietro iba delante, con la pistola lista. Carlo cubría la retaguardia, vigilando cualquier movimiento sospechoso.
Leila caminaba al centro, sus sentidos agudos, cada músculo de su cuerpo tenso.
Pietro caminaba delante, con postura firme, y mirada inperturbable
Giovanni camina junto a leila, prtegiéndola desde su costado izquierdo.
—Segundo piso. —susurró Karlo, señalando hacia las escaleras—. La sala de interrogatorios está ahí.
Pietro murmura con acento siciliano, "será muy bien usada..."
Giovanni sonríe.
Giovanni prepara un cuchillo mientras camina.
El ascenso fue rápido, silencioso. Sus movimientos eran precisos, entrenados. No había margen para errores.
Giovanni camina junto a leila, cubriéndola con su arma lista para disparar.
Leila sacó su pistola, lista para cualquier eventualidad.
Giovanni sonríe.
Pietro camina por delante, con los sentidos agudos, no podía permitirse ni el mas mínimo error, savía que en cualquier momento, las cosas podían tomar un jiro inesperado
Leila susurra para todos, ¿Listos?
Giovanni asiente afirmativamente.
Pietro asiente afirmativamente.
Giovanni corta cartucho.
Pietro hace lo mismo
Pietro abrió la puerta de una patada.
El estruendo resonó por todo el sótano, haciendo eco en las paredes de concreto.
Giovanni apunta con el arma dentro del lugar.
Leila entra rápidamente sorprendiendo al comisario que estaba distraído.
Pietro encañona al comisario sin darle tiempo a reaxionar
Giovanni entra junto a leila apuntando con su arma a la cabeza de la persona.
El Comisario Sergio Moretti estaba sentado en una silla, distraído, con un vaso de whisky a medio terminar sobre la mesa.
Pietro lo encañonó antes de que pudiera siquiera levantarse.
Giovanni apunta desde la puerta vigilante.
Leila cerró la puerta detrás de ellos, su mirada fija en Moretti.
Dices con acento Siciliano, "Comisario Moretti. —dijo con suavidad, pero su tono destilaba peligro."
Leila se acercó lentamente, su pistola aún en mano.
—¿Listo para hablar? —susurró, inclinándose ligeramente hacia él.
Giovanni sonríe sádicamente.
Pietro se mantiene serio
Moretti no respondió.
—Hablaremos… pero a mi manera. —susurró Leila, una sonrisa fría cruzando sus labios.
Pietro se movió con rapidez, colocándose al lado de Leila, su mirada clavada en Moretti.
Giovanni se coloca al otro lado con un pequeño instrumento en la mano.
El comisario estaba rodeado.
Leila mira a giovanni para que accione.
Giovanni activa el instrumento, produciendo un sonido mecánico para que se caliente, y lo coloca en la parte tracera del cuello del hombre.
Giovanni murmura con acento napolitano, "por ahora no es nada. si no hablas se irá calentando cada vez más."
Pietro sonríe con aprobación
el instrumento se va calentando cada vez más.
Giovanni sonríe.
El comisario dice, "Ferrari… escupió con desprecio—. ¿Qué te hace pensar que saldrás viva de esto?"
Giovanni le golpea la voca con un puño.
Leila sonrió con frialdad.
Giovanni murmura con acento napolitano, "si nosotros caemos, usted cae con nosotros."
Dices con acento Siciliano, "Porque, querido… yo nunca pierdo."
Pietro golp´éa en el estómago del hombre con fuerza
Leila se agachó frente a Moretti, sujetando su barbilla con fuerza y obligándolo a mirarla a los ojos.
—¿Quién ordenó el ataque al carnaval? —susurró, su tono gélido.
Moretti escupió sangre al suelo.
Moretti dice, "Vete al infierno. "
Leila suspiró, decepcionada.
Giovanni acciona un botón y el instrumento alcanza 100 grados.
Dices con acento Siciliano, "Pensé que dirías eso."
El comisario se retuerse en el suelo del dolor.
Giovanni sonríe de una forma perversa y le da una patada.
Leila se gira a giovanni.
Dices con acento Siciliano, "hazlo hablar."
Giovanni dice con acento napolitano, "a la órden."
Giovanni lo inmoviliza contra el suelo y le pone un brazo en el cuello, cortándole la respiración.
Giovanni lo golpea en el pecho una vez, lo suelta y le amarra las muñecas para sacar un cuchillo y se lo muestra.
Pietro dice con acento siciliano, "despacio gio, que este tiene mucho de donde cortar"
Leila sonríe.
Giovanni dice con acento napolitano, "ves esto? tengo todo el día. empesaremos por tus dedos. primero las manos, luego los pies. luego las muñecas, y al final, si sobrevives, no tendrás desendencia para continuar con tu asqueroso linage familiar."
El lugar olía a sudor, sangre y miedo.
Moretti ya no tenía fuerzas para desafiarla. Su rostro estaba desfigurado, sus costillas probablemente rotas, y la desesperación había reemplazado su arrogancia.
—Basta… —jadeó, apenas capaz de sostener su cabeza.
Giovanni le da un golpecito que pretende ser amistoso y se aleja de él lentamente.
Leila se acercó una vez más, esta vez con una mirada implacable.
Dices con acento Siciliano, "Parla!"
Moretti cerró los ojos un segundo, derrotado.
La orden vino desde Messina… murmuró. Rocco di Benedetto.
Leila se enderezó de golpe, sus ojos destilaban rabia.
¿Rocco? susurró, incrédula.
—Sí… tosió Moretti—. El hijo de puta quería asegurarse de que Bruno muriera esa noche. Era una advertencia para la familia Benedetto y… para ti.
—Rocco… —susurró para sí misma, recordando su cara durante el carnaval. Ese cabrón había estado allí.
Karlo se enderezó, maldiciendo por lo bajo.
—¿Qué hacemos con él? —preguntó Karlo, señalando a Moretti.
Giovanni murmura con acento napolitano, "MATÉMOSLE..."
Pietro niega con la cabeza.
Pietro dice con acento siciliano, "no vale la pena"
Leila no dudó.
Dices con acento Siciliano, "Que desaparezca."
Dices con acento Siciliano, "ya saben que hacer, y no es negociable. "
Giovanni dice con acento napolitano, "VAMOS AMIGUITO, NOS DIVERTIREMOS MUCHO."
Pietro suspira profundamente.
Giovanni RETIRA EL INSTRUMENTO, LO APAGA Y LO LIMPIA.
Dices con acento Siciliano, "quédate con éll gio, te lo encargo."
Leila se dirigió a la salida.
Giovanni asiente afirmativamente.
Giovanni LE DA SU ARMA A PIETRO.
Pietro niega con la cabeza.
Giovanni dice con acento napolitano, "UN PAR DE DISPAROS EXTRA NO VIENEN MAL EN CASO DE CUALQUIER COSA, CUÍDALA."
Giovanni SEÑALA A LEILA CON LA MIRADA.
Pietro dice con acento siciliano, "has los onores, gio"
Giovanni sonríe.
Pietro le entrega el arma y luego sigue a leila
Giovanni corta un dedo del hombre, empesando su juego macabro. para él, estos eran momentos felices, le hacían recordar buenos momentos en madrid.
los gritos de dolor y sorpresa del hombre inundan todo el lugar, resonando por las paredes.
Giovanni murmura con acento napolitano, "grita, que nadie podrá salbarte."
Giovanni despacio, casi con delicadeza y con una presición quirúrgica va cortando cada dedo de cada extremidad del hombre, hasta dejarlo en estado de shoc.
el hombre murmuraba incoerencias, ya inconciente de su entorno.
Giovanni secciona la cabeza del hombre conun corte limpio, haciendo salpicar todo alrededor de sangre.
Giovanni sonríe.
Giovanni limpia todos los restos del suelo, dejando todo como estaba y se marcha hablando por su radio diciendo dos palabras.
está muerto.
Afuera del edificio.
La brisa nocturna le acarició el rostro cuando Leila salió del edificio, pero no logró calmar el torbellino dentro de ella.
Pietro la siguió de cerca, pero esta vez no dijo nada.
Giovanni sale del edificio con una bolsa negra y se marcha a toda velocidad en un vehículo.
por el radio suena. tengan cuidado. suerte.
Leila escucha el radio y sonríe tenuemente.
Karlo se quedó unos pasos atrás, dándoles espacio.
todo estaba en silencio Hasta que Pietro no aguantó más y le habló.
Pietro dice con acento siciliano, "Leila…"
Ella se detuvo en seco, sin girarse.
Dices con acento Siciliano, "No ahora, Pietro."
Pietro dice con acento siciliano, "Sí, ahora. Su voz fue firme, pero cargada de preocupación."
Leila cerró los ojos.
Dices con acento Siciliano, "Estoy bien."
No, no lo estás. —Pietro dio un paso hacia ella, su tono suave pero lleno de tensión contenida—. ¿Hasta cuándo vas a seguir así? ¿Hasta que no quede nada de ti?
Pietro dice con acento siciliano, "no, no lo estás leila"
Suspiras profundamente.
Pietro dice con acento siciliano, "no te mientas a tí misma"
Leila giró lentamente, sus ojos encontrándose con los de él.
Dices con acento Siciliano, "Esto es lo que soy, Pietro."
Pietro niega con la cabeza.
Pietro dice con acento siciliano, "que cosa, leila? una mujer que intenta autodestruírse como si no tuviera suficiente con los que sí lo quieren hacer? no, leila. tu eres mas que eso"
Leila sintió que su caparasón comenzaba a resquebrajarse.
Pietro levantó una mano y le rozó suavemente la mejilla.
—No te estoy pidiendo que cambies, principessa. —susurró—. Solo quiero que dejes de destruirte.
El silencio entre ellos era abrumador. Leila sintió el peso de su mirada… y por primera vez, tuvo miedo. Miedo de lo que él veía en ella. Miedo de que… quizás tenía razón.
Dices con acento Siciliano, "Ya No puedo parar esto, Pietro. "
Leila susurró finalmente, su voz apenas un hilo.
Pietro cerró los ojos, como si esas palabras lo rompieran por dentro.
Entonces… —susurró con voz áspera—. No sé cuánto tiempo más podré verte destruirte.
Pietro se alejó, dejándola allí, sola bajo la fría noche siciliana. Y por primera vez en mucho tiempo…. Leila sintió miedo de perder algo que realmente le importaba.
Leila no hizo nada para detenerlo.
El eco de sus pasos alejándose fue lo único que quedó en la fría noche siciliana.
Leila subió al auto en silencio.
Pietro se alejó, sin voltear atrás, pero le dolía, ver como se acia daño
Karlo ya estaba al volante, esperándola, pero no dijo nada.
—A la mansión. —murmuró Leila, su voz apenas audible.
Karlo arrancó el motor, pero no apartó la mirada del retrovisor. Observó a Leila de reojo.
—¿Estás bien? —preguntó en voz baja, aunque ya conocía la respuesta.
Leila no respondió. Solo miró por la ventana, viendo cómo las luces de Catania se desvanecían en la distancia.
El silencio dentro del auto era sofocante.
Leila mantuvo la mirada perdida en la oscuridad exterior. Sus pensamientos eran un torbellino caótico, pero uno en particular la atormentaba más que los demás: Pietro alejándose. Pietro diciéndole que ya no podía verla destruirse.
Su orgullo le decía que lo dejara ir. Pero otra parte de ella… la parte más humana, más vulnerable… sabía que perderlo era perder algo irremplazable.
Pero ahora no podía pensar en eso. Había algo más importante que hacer.
Dices con acento Siciliano, "Llévame al hospital. —dijo con voz firme."
Karlo arqueó una ceja, sorprendido.
—¿Ahora? —preguntó, lanzándole una mirada de reojo.
Leila asintió sin vacilar.
Dices con acento Siciliano, "Sí. Quiero ver a Martina. No me importa la hora."
Karlo frunció los labios, pensando en todas las complicaciones de esa idea.
La policía aún rondaba la ciudad después del ataque en el carnaval.
Los hospitales estaban vigilados.
Moverse en este momento no era seguro.
Pero… era Leila Ferrari.
Y cuando tomaba una decisión, no había poder en el mundo que la hiciera cambiar de opinión.
—Como ordenes. —murmuró Karlo, girando el volante bruscamente para tomar la desviación hacia el hospital.
Minutos después.
El hospital estaba tranquilo, pero en la entrada aún quedaban algunos policías patrullando los pasillos.
Karlo redujo la velocidad a medida que se acercaban al edificio.
Va a ser complicado entrar sin levantar sospechas. —susurró.
Leila se acomodó un abrigo extra que llevava y se miró en el espejo retrovisor.
Se veía pálida. Ojerosa. Con el cabello desordenado y el labio aún con rastros de sangre seca.
Murmuras con acento Siciliano, "Déjame a mí. —murmuró con determinación."
Karlo estacionó en una zona discreta, apagó el motor y suspiró.
—No me gusta esto, Leila.
Dices con acento Siciliano, "A mí tampoco me gusta ver a mis amigos heridos. —respondió ella sin mirarlo."
Leila Salió del auto antes de que Karlo pudiera seguir protestando.
Él maldijo por lo bajo y la siguió, asegurándose de que nadie los observara demasiado.
Leila entró calmadamente al hospital.
Leila caminó con confianza por los pasillos, como si tuviera derecho a estar allí.
El truco era simple:
Si actuabas como si pertenecieras al lugar, nadie te cuestionaba.
Leila Cuando llegó a la recepción del área de pacientes graves, se detuvo ante la enfermera de guardia.
Dices con acento Siciliano, "Buenas noches. —dijo con una sonrisa forzada—. "
Dices con acento Siciliano, "Estoy aquí para ver a Martina Russo."
La enfermera levantó la mirada con escepticismo.
Dice, "Las visitas no están permitidas a esta hora."
Leila mantuvo su expresión relajada, pero sus ojos brillaron con un dejo de autoridad peligrosa.
Dices con acento Siciliano, "—¿De verdad me vas a hacer esperar hasta la mañana? —susurró, inclinándose levemente sobre el mostrador—. Soy su hermana."
Karlo rodó los ojos en silencio, pero no intervino.
La enfermera dudó por un segundo.
—Cinco minutos. —dijo finalmente.
El cuarto estaba en penumbra, iluminado solo por la tenue luz del monitor cardíaco.
Martina estaba en la cama, con el brazo vendado y un hematoma en la frente.
Su respiración era estable, pero su expresión revelaba el dolor de lo que había vivido.
Leila se acercó lentamente, tomando su mano con cuidado.
Leila susurra, Martina... "
Los ojos de Martina se abrieron lentamente.
Cuando la reconoció, una sonrisa cansada apareció en su rostro.
—Siempre tan dramática, Leila. —murmuró con una débil risa—. Pareces un fantasma.
Leila exhaló suavemente, aliviada de verla consciente.
Dices con acento Siciliano, "Si vieras lo que nos costó llegar hasta aquí, me lo agradecerías. "
Martina intentó incorporarse, pero gimió de dolor.
—Bruno… —susurró.
Leila apretó su mano con más fuerza.
Dices con acento Siciliano, "No te preocupes, estará bien."
Leila sabía que le estaba mintiendo, pero no podía alterarla por nada
Martina cerró los ojos, dejando escapar un suspiro.
Martina dice con acento siciliano, "Sabía que vendrías…"
Leila sonrió levemente.
Dices con acento Siciliano, "yo estaré contigo —Siempre. "
El monitor cardíaco marcó un ritmo constante.
Martina parpadeó, intentando mantenerse despierta.
Martina dice con acento siciliano, "Ellos… ¿los atrapaste?"
Leila sintió cómo la rabia se reavivaba dentro de ella.
Dices con acento Siciliano, "—No a todos."
Dices con acento Siciliano, "Pero estoy en eso."
Martina asintió lentamente, sus ojos volviéndose pesados de nuevo.
Martina dice con acento siciliano, "Mátalos por mí."
Leila le acarició el cabello con ternura.
Dices con acento Siciliano, "Puedes apostarlo."
Martina cerró los ojos otra vez, rendida por el cansancio.
Leila se quedó un momento más a su lado, en silencio.
Leila salió de la habitación, con el rostro más sereno, pero su mirada aún cargada de sombras. Karlo la esperaba en la puerta, con los brazos cruzados.
Karlo dice con acento siciliano, "¿Todo bien?"
—Está estable. —susurró ella—. Pero esto no ha terminado.
giovanni habla por los radios. leila, están bien? qué pasó? donde están?
Leila saca su radio y habla.
Dices con acento Siciliano, "sí, gio estamos en el hospital viendo a martina pero todo bien..."
Leila se acomodó el cabello y empezó a caminar de vuelta al auto.
Giovanni dice con acento napolitano, "está bien, cualquier cosa quedo atento."
¿Qué sigue? —preguntó Karlo, con su voz más baja.
Dices con acento Siciliano, "Ahora… voy por los que nos hicieron esto."
Dices con acento Siciliano, "Y esta vez, no dejaré a nadie con vida."
Larabelle Evans
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Re: Ferrari, La mafia o el amor.

Mensaje por Larabelle Evans »

reunión de capos.

Punto de vista: Leila.

El salón era majestuoso, cargado de historia, humo de cigarro y una tensión latente que se podía cortar con cuchillo. Los jefes más poderosos de la Cosa Nostra Siciliana ya estaban sentados alrededor de la mesa de roble pulido. La luz tenue de la lámpara de araña caía suavemente, iluminando las miradas inquisitivas de los presentes.
Pero todo se detuvo cuando ella entró.
Leila Ferrari.
Una mujer joven, sí, pero su sola presencia desbordaba autoridad. Su piel oliva dorado captaba la luz como el mármol pulido. Impecable. Inquebrantable. Inolvidable. Caminaba con paso firme, pero sensual, dominando cada centímetro del salón como si el mundo fuera suyo. Vestía un top sin mangas color crema de la marca Sunset Chic, que dejaba ver sutilmente el contorno perfecto de sus hombros y brazos tonificados. Sobre sus caderas caía una falda midi en mezclilla clara, también Sunset Chic, que abrazaba con gracia sus curvas y dejaba ver sus piernas largas y firmes a través de la abertura lateral. Sandalias de plataforma color beige le daban el porte felino, casi desafiante, a cada paso que daba. Su cabello, recogido de un lado con un broche floral plateado, caía en ondas suaves y naturales sobre sus hombros. Sin maquillaje, con los labios al natural, su rostro era una obra de arte en su estado más puro. Gafas aviador doradas de Sunset Chic cubrían sus ojos, pero todos sabían que, detrás de esos cristales, había un par de esmeraldas que podían derretir el hielo o partir el alma. Al pasar, el aroma de Indecent from Piccolo Eabanne flotaba en el aire, embriagador, envolvente, una advertencia y una promesa al mismo tiempo. Todos los capos la observaron. Nadie dijo una palabra.
Leila se acercó a la cabecera y se sentó sin pedir permiso. El silencio se transformó en respeto.
Dices con acento Siciliano, "Y bien signores."
Giovanni asiente afirmativamente.
Giovanni está de pie mirándola fijamente.
Dices con acento Siciliano, "lo ocurrido recientemente con landrangueta."
Dices con acento Siciliano, "No es solo un ataque. —su voz sonó con un tono calmo, pero afilado como un bisturí—. Es una declaración de guerra."
Don Alfredo Romano se inclinó ligeramente, sus manos cruzadas frente al pecho.
dice con acento siciliano, "La ‘Ndrangheta no tiene permiso para respirar aquí. Si lo hacen, es porque alguien se los permitió."
Rocco se llevó un puro a los labios y murmuró entre dientes.
Si ya cruzaron la línea, es porque buscan tumbar a uno de nosotros.
Leila cruzó una pierna sobre otra, su falda dejando ver parte de su muslo.
No lo hacía para seducir. Lo hacía porque podía.
Dices con acento Siciliano, "Entonces asegúrense de que no puedan ni siquiera parpadear."
Dices con acento Siciliano, "Vamos a romperles los huesos antes de que den el siguiente paso."
Giovanni sonríe.
Giovanni dice con acento napolitano, "eso será un plaser."
Pietro, de pie tras ella, la observaba con mezcla de orgullo y tensión.
A pesar de su temple, podía ver cómo por dentro ella ardía como lava bajo roca volcánica.
Rocco asintió lentamente.
Roco dice con acento siciliano, "los calabreses nunca se mueven sin un plan sólido. —sus ojos oscuros reflejaban desconfianza—. Esto no es un simple ajuste de cuentas."
Leila entrecerró los ojos.
Dices con acento Siciliano, "Es un intento por desestabilizar todo lo que hemos construido. "
¿Qué propones, Leila? —preguntó finalmente Don Alfredo, su tono expectante.
Dices con acento Siciliano, "Quiero que enviemos un mensaje claro. —sus ojos brillaban con frialdad—. Que entiendan que Sicilia no está en venta."
Dices con acento Siciliano, "Los cazaremos antes de que puedan hacer su próximo movimiento."
Leila mira a giovanni.
Dices con acento Siciliano, "tienes algo en mente?"
Giovanni sonríe.
Giovanni dice con acento napolitano, "mis balas, esa es la solución a todo. ordéname ha quien hay que masacrar y los dejaremos echos polbo."
Leila sonríe.
Dices con acento Siciliano, "primero es inportante intersectar todos su movimientos antes de hacer algo más."
Dices con acento siciliano, "Paciencia, Giovanni. Masacrar sin estrategia es un lujo que no nos podemos permitir... todavía."
Sonríes.
Don Alfredo Romano entrelazó los dedos sobre la mesa.
—Dice con acento siciliano, "Si vamos a responder, debe ser quirúrgico. Preciso. Letal. No podemos permitir que este conflicto se extienda. Si Sicilia arde, todos perdemos."
Dices con acento Siciliano, "ahy algo que ya se ha hecho."
Dices con acento siciliano, "Ya tenemos a dos soplones localizados. Uno en Palermo, otro en Nápoles. Necesito que los atrapen vivos. Quiero saber todo antes de que sus huesos toquen el fondo del mar."
Dices con acento Siciliano, "Giovanni, Nápoles es tu territorio, así que te sugiero que empieces por ese."
Rocco soltó una bocanada de humo y murmuró:
Giovanni asiente afirmativamente.
Dice con acento siciliano, "Eso se puede arreglar. ¿Y qué hay del rumor de Milazzo? Que la ‘Ndrangheta ya tiene hombres infiltrados en la policía local..."
Giovanni apunta en un papel.
Giovanni dice con acento napolitano, "a la órden."
Dejas de usar gafas de sol estilo aviador en dorado marca Sunset Chic.
Leila se quitó lentamente las gafas de sol, revelando sus ojos esmeralda que centelleaban como cuchillas bajo la luz.
Dices con acento siciliano, "Si eso es cierto, entonces tenemos más ratas de las que creíamos. Y a las ratas... se las envenena, no se las enfrenta de frente."
Sonríes.
Pietro habló por primera vez, su tono firme y lleno de ese temple que solo los hombres que han estado en guerras saben usar.
Pietro Dice con acento siciliano, "¿Tienes los nombres, Leila? Si hay un topo, alguien aquí dentro también podría estar comprometido."
Giovanni dice con acento napolitano, "eso es cierto"
Dices con acento siciliano, "Confío en mis hombres. Pero no en sus entornos. Los calabreses son como serpientes: saben cuándo esperar, cuándo morder. "
Leila lo miró. Largo. Intenso.
El aire entre ellos estaba cargado de electricidad, una tensión que solo ellos comprendían.
Karlo finalmente habló, su voz grave y cortante.
Karlo Dice con acento siciliano, "Interceptamos una conversación hace dos noches. Alguien mencionó el nombre de "Luciano Vescari". Ex miembro de la Guardia de Finanzas. Ahora está bajo la nómina de Landrangueta."
El murmullo entre los capos comenzó. Ese nombre no era menor.
Dices con acento Siciliano, "ven lo que les digo. "
Dices con acento siciliano, "Luciano era nuestro aliado hace años. Si se pasó de bando... vamos a tener que reescribir muchas alianzas."
Rocco golpeó la mesa con la palma abierta.
Dice con acento siciliano, "¡No hay tiempo para diplomacia! ¡Estos bastardos quieren nuestra tierra! ¡Nuestra sangre! ¿Qué estás esperando, Leila?"
Leila se puso de pie lentamente. Cada capo la observó con respeto —y temor.
Su falda se deslizaba con elegancia sobre sus piernas tonificadas.
El collar dorado mate brilló con la luz de la lámpara.
gritas: ""Estoy esperando que ustedes dejen de hablar... y empiecen a obedecer.""
Dices con acento siciliano, "Esta guerra no será de trincheras. Será de inteligencia, de precisión y de fuego calculado. Esta es la lista de objetivos prioritarios." —sacó una hoja doblada de la chaqueta de Karlo y la lanzó sobre la mesa.
Pietro la agarró primero. Al leerla, silbó entre dientes.
Pietro Dice con acento Siciliano, "Esto es un golpe a la yugular, Leila."
Dices con acento siciliano, "Exactamente. Si los decapitamos uno a uno, el resto correrá como gallinas. "
Pietro la miró desde la sombra con una mezcla de miedo y admiración.
Sabía que ella no tenía freno. Pero también sabía que nadie más podía liderar esto.
Giovanni sonríe.
Don Alfredo Romano se levantó por fin. Su voz fue solemne.
Dice con acento siciliano, "Entonces que así sea. Sicilia responde."
Dices con acento Siciliano, "Bueno ya que estamos claros. "
Dices con acento Siciliano, "Giovanni y karlo se van a nápoles a hacer lo que les dije, y nosotros haremos lo propio aquí en palermo."
Karlo dice con acento siciliano, Como digas jefa. "
Todos asintieron y fueron saliendo del salón uno a uno.

partida a nápoles.

Punto de vista: Giovanni.


Ya en el exterior de la casa de Leila.
El portón de hierro forjado se abrió con un chirrido metálico. La luna brillaba alta sobre los jardines silenciosos. Las sombras de los cipreses se alargaban sobre la grava blanca del camino.
Giovanni salió primero, ajustándose la chaqueta de cuero negro. Caminaba como quien ya huele la pólvora en el aire. Karlo lo seguía de cerca, serio, preciso, como una hoja afilada recién sacada del hielo.
ambos caminaron hasta el interior del garaje
Las luces se encendieron de golpe, revelando un espacio impecable: cuatro autos negros alineados, estantes con maletas blindadas, una mesa con armas tapada por una lona beige. Karlo caminó hasta el fondo, retiró la lona y reveló el arsenal.
Karlo (mientras abre una maleta):
Karlo dice con acento siciliano, " No vamos a Nápoles a jugar a los detectives. Esto es una cacería. Y yo no cazo con palos."
Karlo Sacó dos pistolas Beretta M9 con silenciador. Luego, dos cuchillos tácticos, un par de granadas de mano y un teléfono satelital encriptado.
Giovanni mira todo con atención con una sonrisa malbada en los labios.
Giovanni (tomando una Beretta, revisándola con experiencia)
Karlo sacó una carpeta de cuero oscuro, la colocó sobre el capó de un Alfa Romeo negro.
Karlo dice con acento siciliano, "Aquí tienes el rostro, dirección, patrón de movimientos. Lo vimos en Nápoles hace tres días. Trabaja en una tienda de autopartes, fachada. El contacto dice que se mueve de noche, por la zona de Santa Lucia."
Giovanni asiente afirmativamente.
Ambos comenzaron a colocarse los chalecos bajo la ropa, revisando cada arma, cada compartimento. Giovanni se puso guantes negros de cuero fino.
Giovanni murmura con acento napolitano, "quien conduce? el otro deve ir vigilando por las ventanas."
Karlo dice con acento siciliano, "io, así que vamos porque el viaje será largo. "
Giovanni asiente afirmativamente.
Giovanni sube al asiento del copiloto con un arma preparada por cualquier eventualidad.
karlo sube al auto y dejando su celular a un lado del aciento arranca.
El auto avanzaba a toda velocidad por la autopista, los faros cortando la oscuridad. Dentro, Giovanni miraba por la ventana, pensativo, mientras Karlo manejaba con precisión militar.
Giovanni mira su reloj pensativo.
Karlo lo mira de reojo.
Giovanni dice con acento napolitano, "en qué piensas cuando vamos a este tipo de misiones?"
Karlo dice con acento siciliano, "En que para Leila cuando le traicionan no hay donde esconderse. "
Giovanni sonríe.
Giovanni dice con acento napolitano, "eso es cierto."
Karlo dice con acento siciliano, "De hecho me sorprende que aún quiera ayudar al amigos de ambos. "
Giovanni mira por la ventana a los autos que pasan a gran velocidad.
Karlo dice con acento siciliano, "nápoles es tu territorio, No te suena extraño todo esto, y que esté pasando justo allí? "
Karlo mira a giovanni con algo de descomfianza.
Giovanni dice con acento napolitano, "hace tiempo que no voy a nápoles, desde que llegué a cicilia en el avión privado no e vuelto, e pasado todo este tiempo con leila. la vida en nápoles es aburrida, detesto ser un jefe. me gusta la adrenalina. estoy yendo a mi propio territorio a quizá matar a alguien probablemente que conocí cuando era niño. crees que traicionaría a leila aún con todo eso?"
Karlo dice con acento siciliano, "no sé, dímelo tú, no te conocíamos hasta hace unas semanas. "
Giovanni dice con acento napolitano, "ustedes no, pero pasé tiempo con leila en madrid. yo no soy un traicionero, yo le soy leal. elejí quedarme para pelear junto a ella en vez de ir a ser jefe a nápoles. la primera vez que maté a alguien fue bajo su mando. yo no la traicionaría. "
Karlo asiente afirmativamente mientras conduce.

ajustando cuentas en palermo.

Punto de vista: Leila.

Mientras tanto en la casa Ferrari. Leila estaba de pie frente a la enorme chimenea apagada. Pietro cerró la puerta detrás de sí al entrar.
Pietro dice con acento siciliano, "Ya salieron. Van bien armados."
Leila (sin mirarlo):
Dices con acento Siciliano, "Van a caminar junto al peligro. Pero confío en ellos."
Leila Giró lentamente hacia Pietro. Se quitó la chaqueta de lino crema y la dejó sobre una silla. Llevaba una blusa negra ceñida, sencilla pero elegante, que contrastaba con la furia que se movía detrás de sus ojos esmeralda.
Dices con acento Siciliano, "Necesito que prepares todo en el puerto. Si algo sale mal en Nápoles, quiero que tengamos una ruta de extracción, o de venganza. Lo que llegue primero."
Pietro dice con acento siciliano, "¿Estás pensando en el infiltrado?"
Dices con acento Siciliano, "Estoy pensando en todos. Hasta que me demuestren lo contrario, cualquiera podría estar vendido."
Pietro la observó en silencio. No solo como guardaespaldas. No solo como soldado. Como alguien que conocía cada mirada de ella… y sabía que estaba a punto de estallar por dentro.
Pietro dice con acento siciliano, "Tú nunca confías. Ni siquiera en ti."
Dices con acento Siciliano, "¿Y por qué debería? La última vez que lo hice, enterramos a cuatro de los nuestros."
Leila Se acercó a la mesa central, donde un mapa de Palermo estaba desplegado. Varios puntos rojos marcaban zonas de interés. Leila colocó un nuevo marcador cerca de La Vucciria.
LEILA (señalando):
Dices con acento Siciliano, "Aquí es donde se movió el soplón. Quiero rodearlo sin que lo vea venir. Cuatro hombres, dos vehículos, uno encubierto. Lo quiero vivo, Pietro."
Pietro dice con acento siciliano, "iré contigo aun que no quieras. "
LEILA (hablando rápido, tajante):
Dices con acento Siciliano, "No. Me cubres desde la distancia. Y si me pasa algo…"
Leila Se detuvo. Respiró hondo. No solía permitir que las palabras se volvieran personales.
Dices con acento Siciliano, "…no quiero que mueras por mí."
Pietro se acercó. La tensión entre ellos era densa, magnética.
PIETRO (firme, sin dudar):
Pietro dice con acento siciliano, "Moriría por ti sin pensarlo. Pero no voy a hacerlo. No todavía. No mientras tú respires.
Ella lo sostuvo con la mirada. Un instante. Luego dio media vuelta, caminando hacia el pasillo que llevaba al garaje subterráneo.
Leila habla mientras camina.
Dices con acento Siciliano, "Entonces mueve a los hombres. Quiero los autos listos. Armamento corto. Silenciadores. Y un médico en espera. Esto puede ensuciarse."
Pietro habla por el radio y manda mensajes.
PIETRO (tras ella):
Pietro dice con acento siciliano, "Ya está hecho. ¿Algo más?"
Leila se detuvo al final del pasillo, sin volverse.
LEILA (con voz gélida):
Dices con acento Siciliano, "Sí. No me dejes sola… pero hazlo sin que lo note."
Pietro cerró los ojos un segundo. El amor que sentía por ella era un peso que llevaba como una cruz... pero jamás la dejaría cargar la guerra sola.
Leila salió del garaje y subió a su recámara.
La habitación era amplia, elegante, minimalista. Cortinas gruesas bloqueaban la luz de la luna. Una lámpara de mesa lanzaba un brillo cálido sobre las paredes crema. Sobre la cama, perfectamente hecha, reposaban dos pistolas, un cuchillo mariposa de hoja negra y una chaqueta de cuero suave color grafito.
Leila estaba frente al espejo de cuerpo entero, quitándose los pendientes pequeños de plata que había usado durante la reunión. Con movimientos pausados, metódicos, los dejó sobre una bandeja de terciopelo junto a su fragancia: Indecent from Piccolo Eabanne. La miró por un segundo… y no se perfumó.
Leila Se deshizo de su blusa negra y la dejó sobre el respaldo de un sillón de diseño moderno. Luego, con una concentración casi ritual, se puso una camiseta térmica ajustada, oscura, y encima una chaqueta táctica ligera. Acomodó su cabello en una coleta baja, meticulosa. Enfundó el cuchillo mariposa en una funda escondida en el muslo. Cargó las dos pistolas, revisando el seguro, el cargador, el equilibrio.
Leila Al final, se colocó los guantes de cuero. Sin adornos. Sin palabras.
Leila susurra, "No es venganza. Es limpieza."
Los tacones silenciosos de sus botas resonaban apenas sobre la madera encerada mientras bajaba. Pietro la esperaba abajo, apoyado contra la pared, vestido con ropa táctica negra y un auricular ya colocado. Al verla descender, algo en su pecho se apretó. No era solo su belleza. Era lo que cargaba esa noche: una determinación helada, más letal que cualquier arma que llevara.
Leila no dijo nada. No lo miró. Caminó directo hacia la puerta.
Pietro la siguió sin hablar.
La noche siciliana estaba húmeda, espesa. Dos vehículos blindados esperaban, con los motores encendidos y los vidrios oscuros. Leila se detuvo frente al primero: un SUV blindado, color azul zafiro, imponente, discreto pero sofisticado, como ella misma.
El chofer bajó de inmediato y abrió la puerta trasera.
Leila subió sin mirar a nadie. Pietro tomó asiento a su lado, el arma cruzada sobre el pecho. Cerraron la puerta.
en el auto solo había Silencio absoluto. Solo el zumbido del motor. Leila miraba al frente, sin parpadear. Su mandíbula tensa. Su espalda erguida. Sabía exactamente lo que tenía que hacer. Y no había espacio para dudas.
PIETRO (con voz baja, casi como si temiera romper algo):
Pietro dice con acento siciliano, "El contacto en La Vucciria está en movimiento. Lo rastreamos hasta un local abandonado cerca del mercado. Podemos interceptarlo en ruta o esperar a que entre."
LEILA (fría, sin mirarlo):
Dices con acento Siciliano, "Esperamos. Lo quiero rodeado. Atrapado como la rata que es."
Pietro dice con acento siciliano, " ¿Y después?"
Dices con acento Siciliano, "Después… lo hacemos hablar. Y luego desaparece. Como todos los que traicionan mi nombre."
El azul zafiro del auto se deslizaba por las calles de Palermo como una sombra elegante. La cacería había comenzado.
El SUV azul zafiro se detiene en un callejón estrecho, entre edificios antiguos con balcones oxidados y ropa colgando. Luces tenues parpadean en los faroles, y el murmullo lejano del mercado nocturno se mezcla con el zumbido eléctrico de los motores en reposo.
Dos vehículos más, discretos pero blindados, ya esperaban. Al lado, cinco hombres de confianza de Leila —ropa oscura, armas cortas y largas— conversaban en voz baja junto a una furgoneta cerrada. Al verla bajar, todos se enderezaron de inmediato.
Leila salió del auto sin apuro, pero cada paso suyo retumbaba como una orden no dicha. Pietro se mantuvo a su lado, atento, observando todo.
Uno de los hombres, se adelantó. Tenía el rostro anguloso, barba de dos días y un auricular escondido bajo la capucha.
Dice con acento siciliano, "Está dentro del local abandonado de la calle del Pesce. Dos pisos. Cristales rotos. Dicen que lo usa la ‘Ndrangheta como punto de paso. Tiene un segundo acceso por la parte trasera, pero ya lo tenemos cubierto."
Asientes afirmativamente.
Dices con acento Siciliano, "¿Vigilancia?"
—Uno en la puerta, otro en el segundo piso. Ningún movimiento desde hace veinte minutos.
PIETRO (mirando un plano sobre el capó del vehículo):
Pietro dice con acento siciliano, "Es una ratonera."
LEILA (señalando el mapa):
Dices con acento Siciliano, "Y yo soy el gato."
Ella se acercó al portaequipajes del SUV y levantó la compuerta. Dentro, había un maletín negro. Lo abrió con cuidado. Sacó una Beretta 92FS personalizada, con detalles dorados, y la cargó en silencio. Luego tomó un silenciador y lo enroscó con precisión quirúrgica.
Dices con acento Siciliano, "Nadie dispara hasta que yo lo diga. Lo quiero vivo. Si lo matamos, perdemos la voz que puede delatar al resto."
Leila Volvió a mirar a todos.
LEILA (seca, precisa):
Dices con acento Siciliano, "Dos grupos. Pietro y yo entramos por la puerta frontal. Renzo, rodea por la trasera con Gino. Los otros tres cubren desde los tejados. Si se mueve alguien que no sea objetivo, no respira más."
Pietro se giró hacia ella. Su voz era más baja.
Pietro dice con acento siciliano, "¿Estás segura de entrar tú misma?"
LEILA (lo mira fijamente):
Dices con acento Siciliano, "¿Tú dejarías que otro hiciera esto por mí?"
Pietro apretó los labios. No dijo nada. Ella le tocó el pecho apenas con la yema de los dedos. Era un gesto sutil… pero para él, fue un mundo.
LEILA (suavemente):
Dices con acento Siciliano, "Tú estás aquí para cuidarme. No para detenerme."
Ella dio media vuelta y avanzó. Los hombres la siguieron como sombras. La noche siciliana se cerraba sobre ellos. El silencio pesaba.
La calle estaba desierta, húmeda, con el eco lejano de algún televisor encendido en un tercer piso olvidado por Dios. Frente al local, una antigua pescadería con el cartel corroído colgando torcido, la noche olía a sal y traición.
Leila y Pietro avanzaban a pie, sigilosos, cubriéndose entre sombras. Ella caminaba como un espectro elegante entre los escombros: implacable, bella, mortal.
A pocos metros de la puerta principal, se detuvieron. Una farola oscilaba con el viento, proyectando su silueta y la de Pietro sobre el suelo agrietado.
LEILA (casi en un susurro):
Leila susurra, "Si ese bastardo está ahí dentro y ha vendido mi nombre… quiero verlo a los ojos antes de que grite."
PIETRO (apretando la mandíbula):
Pietro susurra, "Y yo quiero que salgas de esto viva. No me obligues a escoger."
Leila lo miró. Sus ojos esmeralda brillaban con rabia contenida, pero también con algo más… una grieta diminuta en su muralla de acero.
LEILA (sin desviar la mirada):
Dices con acento Siciliano, "Ya escogiste, Pietro. Estás aquí, ¿no?"
Un segundo de silencio. Luego, ella sacó una daga curva, la misma que había usado en Milán contra un traidor. Pietro la reconoció. Supo entonces que no había vuelta atrás.
Desde un pequeño comunicador en su oído, la voz de Renzo susurró:
—Listos en la parte trasera. Esperando tu señal.
LEILA (activando el comunicador):
Dices con acento Siciliano, "En posición. Tres, dos, uno…"
Ella levantó la mano.
Dices con acento Siciliano, "Entramos."
La puerta chirrió suavemente al abrirse. Leila entró primero, apuntando con la Beretta dorada. El interior olía a óxido, humedad y miedo.
Charolas metálicas oxidadas cubrían parte del suelo. En una esquina, un viejo refrigerador industrial zumbaba débilmente. La luz del alumbrado público apenas alcanzaba a colarse por una ventana rota.
Un hombre estaba sentado en una silla junto a una mesa cubierta con papeles y restos de comida rápida. Su cabeza baja. Los nudillos blancos de tanto apretar las manos. Era joven. Demasiado joven.
LEILA (con la voz de hielo):
Dices con acento Siciliano, "Giuseppe Santoro."
El hombre levantó la vista de golpe. Sudor en la frente. Pupilas dilatadas. Los ojos de quien sabe que no va a salir caminando.
Guseppe dice: "N-no sé quién eres…"
LEILA (caminando lentamente hacia él).
Dices con acento Siciliano, "Claro que sabes quién soy. Estás respirando porque yo lo permito."
Ella le apuntó al pecho con el cañón de la pistola. Pietro se movía por detrás, revisando puertas y ventanas con mirada de halcón.
Guseppe dice: "¡No les dije nada! ¡No vendí a nadie! ¡Lo juro por mi madre!"
LEILA (con una calma brutal):
Dices con acento Siciliano, "Tu madre no está aquí para salvarte. Y tu juramento… me vale una mierda."
Ella bajó lentamente la pistola… y sacó la daga. La hizo girar entre los dedos como si fuera una bailarina de acero.
Dices con acento Siciliano, "Tienes dos opciones, Giuseppe. Me cuentas todo. Todo. Nombres, lugares, códigos, teléfonos… o…"
LEILA (susurrando):
Leila susurra, " …serás alimento para los tiburones esta misma noche."
PIETRO (desde el fondo del cuarto):
Pietro dice con acento siciliano, "¡Movimiento en la planta alta!"
Leila levantó la mirada, girando con precisión. Pietro ya estaba corriendo hacia la escalera, su arma lista.
LEILA (sin dejar de apuntar al soplón):
gritas: "¡Renzo, planta dos, ya!"
Desde arriba se escucharon pasos rápidos. Un disparo. Otro. Gritos. Vidrios rotos.
Leila no se inmutó. Seguía mirando a Giuseppe como si fuera un insecto atrapado entre sus dedos.
gritas: "Última oportunidad."
Guseppe dice: " Está bien… está bien… ¡Te lo diré todo! Fue Luciano Vescari. ¡Él me pagó! ¡Me dijo que ya tenían a un poli dentro en Milazzo! ¡Y que tú eras el próximo objetivo!"
Leila alzó una ceja, sus labios apretados.
gritas: "Eso no lo sabías tú solo. Dame los nombres. Ahora."
Las lágrimas le caían por las mejillas a Giuseppe, mientras trataba de hablar, de respirar, de vivir un segundo más.
GIUSEPPE (temblando):
—Luciano me contactó hace tres semanas… me ofreció dinero, protección, un pasaje a Marsella…
—Yo no sabía que esto era tan grande, Leila, te lo juro… solo era un mensaje, una dirección, luego otra. Él me dijo que querían saber tus movimientos, tus rutas…
Guseppe dice: "Luego se presentó la oportunidad para que ellos ajustaran cuentas con la familia de bruno, por eso lo mataron en el carnaval. "
Leila lo observaba con una mirada completamente vacía de compasión. Como si ya no lo viera como un ser humano.
Dices con acento Siciliano, "¿Y qué más? ¿Quién lo respalda aquí en Palermo?"
GIUSEPPE (murmura): —Alguien dentro del cuerpo de Carabinieri… no sé su nombre… solo su apodo: "Il Corvo". Él entrega las rutas. Luciano las vende a la ‘Ndrangheta. Y ellos… ellos planean un ataque.
Dices con acento Siciliano, "¿Cuándo?"
Guseppe dice: "El miércoles. A medianoche. Van por ti… por la casa Ferrari. Dicen que vas a caer igual que los otros…"
Leila asintió lentamente. Guardó su pistola. Giuseppe respiró aliviado por un breve segundo.
Entonces ella deslizó la daga desde su mano hasta la garganta del traidor con un solo movimiento rápido y elegante. Apenas un suspiro. Un corte limpio.
Giuseppe se aferró a su cuello, desangrándose, mirándola como si no pudiera creer que la muerte tuviera rostro de mujer.
Leila lo sostuvo con la mirada hasta que se desplomó al suelo, inerte.
Leila susurra, " Nadie vende mi nombre y vive para contarlo."
PIETRO (por el COMUNICADOR)
—¡Leila! ¡Tenemos dos en el segundo piso, armados! ¡Uno ya disparó contra Renzo!
Leila se giró con elegancia letal y comenzó a subir las escaleras, sin apuro, como si la guerra le perteneciera.
El lugar era más oscuro, estrecho. Una antigua oficina con ventanas rotas, muebles volteados, papeles y armas en el suelo. Pietro se cubría tras un pilar, disparando de forma precisa. Renzo sangraba del brazo, parapetado en un rincón.
Dos hombres de la ‘Ndrangheta, con chalecos antibalas y fusiles automáticos, ocupaban el extremo opuesto. Gritaban en calabrés, coordinándose con brutalidad.
uno de ellos dice: "Avanza por la derecha, ¡coprilo!"
Leila apareció en el umbral como un espectro. No hizo ruido. Disparó primero a las luces, dejando la escena en penumbra azulada.
PIETRO (gritando):
—¡Izquierda, Leila, uno se mueve!
Ella giró y disparó dos veces. Uno de los calabreses cayó, el impacto atravesándole la mandíbula.
El segundo se lanzó hacia una ventana. Pietro corrió tras él, lo embistió y lo derribó contra una mesa, partiéndola en dos.
Leila se acercó con la pistola aún humeante.
El calabrés capturado escupía sangre. Pietro le torció el brazo hacia atrás.
Dices con acento Siciliano, "¿Dónde está Luciano?"
El calabrés dice: "Ya es tarde, puttana. Para cuando lo encuentres, ya será tu funeral."
Dices con acento Siciliano, "No. No todavía."
Leila Sacó su teléfono, marcó.
LEILA (al teléfono):
Dices con acento Siciliano, "Karlo, Giovanni… escuchen esto."
Leila Puso el altavoz frente al calabrés. Le apuntó a la pierna.
Dices con acento Siciliano, "Una vez más. ¿Dónde está Luciano?"
El hombre no respondió.
LEILA (fría):
Dices con acento Siciliano, "vamos, Pietro."
Pietro giró su puño como una prensa hidráulica. Un crujido. Grito de dolor.
El calabrés gritando de dolor dice: "¡Está en Nápoles! ¡En el puerto industrial! Tiene una base oculta… vieja bodega número 7… ¡pero se mueve cada noche!"
Karlo (por el altavoz): "Recibido. Vamos para allá."
Leila bajó el teléfono y miró al calabrés con una sonrisa peligrosa.
Dices con acento Siciliano, "Gracias por tu colaboración."
Leila apunta con el arma nuevamente vaciando su arma sobre él.
Dices con acento Siciliano, "Uno menos."
Pietro dice con acento siciliano, "¿Estás bien?"
Leila simplemente asintió.
Dices con acento Siciliano, "Uno por uno, Pietro. Hasta que todos sepan que Sicilia no se toca. "
Ella bajó las escaleras con pasos firmes, dejando atrás sangre, fuego… y una advertencia.
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