[Trama principal] Relatos del Cyberverse - Deudas Pendientes

Aquí se irán publicando las escenas de rol tanto de trama principal, como las que querais publicar los jugadores. Debido a la naturaleza de este foro, si se admite contenido NSFW.
cyberlife
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[Trama principal] Relatos del Cyberverse - Deudas Pendientes

Mensaje por cyberlife »

La barra del Ancla Rota huele a cerveza barata y a desinfectante mal aplicado. Las luces fluorescentes parpadean con esa cadencia irregular que nadie ha molestado en reparar desde que cerraron la planta automatizada del muelle tres. Tres taburetes vacíos separan a Mira del hombre que lleva media hora fingiendo que lee las noticias en su terminal de muñeca.
Mira apura el último trago de su vaso. Pone el vaso boca abajo sobre la barra, despacio, como quien pone punto final a una frase.
— Sé que me estás mirando — dice, sin girarse.
El hombre levanta la vista del terminal. Treinta y tantos, corbata aflojada, el logotipo de Imperium Corporation bordado en el bolsillo de la camisa. Sonríe con esa clase de sonrisa que se aprende en los cursos de gestión de personal.
— Solo tomando algo después del turno.
— Claro. — Mira por fin lo mira. — Y yo soy la alcaldesa de Valencia.
Silencio. El televisor colgado en la esquina murmura algo sobre los nuevos índices de productividad en los distritos integrados. Nadie escucha.
El hombre del logotipo se levanta, coge su vaso y ocupa el taburete contiguo al de Mira con la naturalidad estudiada de quien ha ensayado el movimiento.
— Llevas tres semanas sin responder los mensajes de tu supervisor.
— Mi supervisor puede—
— Mira. — La voz baja un tono. No es una amenaza. Casi es peor: es preocupación corporativa. — Nadie quiere que esto se complique. Tienes talento, tienes historial, tienes... — hace una pausa breve — deudas. Imperium puede hacer que esas deudas desaparezcan.
Ella tamborilea un dedo sobre la barra. Una vez. Dos.
— Todo tiene un precio.
— Efectivamente. — El hombre da un sorbo tranquilo a su bebida. — La pregunta es si el precio que ya estás pagando te parece razonable.
Fuera, en el puerto, suena la sirena de un carguero que sale. Mira observa su propio reflejo distorsionado en el cristal de la botella vacía. El reflejo no le da ningún consejo útil.
— Deja el contrato en mi correo — dice al fin, con la voz plana de alguien que acaba de perder algo que todavía no sabe nombrar.
El hombre del logotipo asiente, se levanta, deja un billete en la barra que cubre las dos consumiciones.
— Ha sido un placer, como siempre.
Mira no contesta. Espera a escuchar la puerta cerrarse antes de pedirle al camarero otra ronda.
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