La Perla, sal y Mezcal

Aquí se irán publicando las escenas de rol tanto de trama principal, como las que querais publicar los jugadores. Debido a la naturaleza de este foro, si se admite contenido NSFW.
Indira
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Registrado: Vie Oct 04, 2024 11:44 pm

Re: La Perla, sal y Mezcal

Mensaje por Indira »

La llamada que no debía escucharse

Punto de vista: Olivia.

La noche había caído sobre Madrid con una calma espesa, de esas que no apagaban la ciudad, pero sí la volvían más íntima.
Desde el departamento de Olivia, la calle se escuchaba como una respiración lejana: coches pasando con rumor húmedo sobre el asfalto, alguna risa subiendo desde la acera, una moto perdiéndose hacia una avenida más grande, el zumbido bajo de los edificios habitados. La luz de las farolas entraba por las ventanas en franjas amarillentas, tocando los muebles del salón, la mesa baja, las sillas de comedor y una bolsa de tela del restaurante que Olivia había dejado junto a la puerta.
El departamento olía a cena ligera, a jabón de manos, a café de la tarde y a ese perfume tenue de especias que parecía no abandonarla nunca desde que Sabores de México había empezado a funcionar bajo su mando. Había una calma doméstica en el lugar, pero no una paz completa. En la cocina quedaban un plato lavado escurriendo boca abajo, un paño húmedo junto al fregadero y una libreta abierta donde Olivia había escrito números, nombres de proveedores, reservas del fin de semana y una nota breve sobre cambiar el punto de acidez de una salsa.
Olivia estaba en el salón, descalza, sentada de lado sobre el sofá.
Llevaba un pantalón cómodo de lino oscuro y una blusa suelta color crema, con el cabello recogido en una trenza floja que le caía sobre un hombro. Tenía el teléfono en la mano desde hacía varios minutos, mirándolo sin decidirse. La pantalla se apagaba, ella la encendía otra vez, volvía a leer el nombre de Sol García en sus contactos y luego se quedaba quieta, como si llamar fuera admitir algo que todavía podía fingir que no existía.
En el otro extremo del departamento, la puerta de la habitación de Aime estaba entornada.
Aime llevaba un rato ahí dentro. O eso parecía. Había puesto música baja, una canción lenta, casi ambiental, y de vez en cuando se escuchaba el sonido de un cajón abriéndose, una percha moviéndose, el roce de tela. Olivia no sabía si estaba arreglándose para salir o simplemente probándose ropa por costumbre. Tampoco preguntó.
Volvió a mirar el teléfono.
Suspiró.
Marcó.
Sol contestó al tercer tono, con ruido de cafetería al fondo, cucharillas golpeando tazas y una máquina de espresso soltando vapor.
Sol dice con acento español, "Olivia, reina. ¿Sigues viva o ya te tragó la Gran Vía?"
Olivia soltó una risa cansada, agradecida por la naturalidad de su amiga.
Olivia dice con acento sonorense, "Sigo viva, pero apenas. Siento que traigo encima todos los turnos de la semana juntos."
Sol dice con acento español, "Normal. Inauguraste un restaurante, sobreviviste a prensa, proveedores, invitados, familia y seguramente a medio Madrid queriendo opinar de los tacos. Eso no lo cura ni el café."
Olivia se recargó mejor contra el respaldo.
Olivia dice con acento sonorense, "No me hables de café. Hoy tomé como cuatro y siento que ninguno me despertó."
Sol dice con acento español, "Eso es porque lo que tienes no es sueño."
Olivia se quedó callada.
Del otro lado, Sol pareció sonreír sin verla.
Sol dice con acento español, "Ajá. Ese silencio me interesa."
Olivia cerró los ojos un momento y se llevó una mano a la frente.
Olivia dice con acento sonorense, "No empieces."
Sol dice con acento español, "No he empezado. Solo estoy escuchando cómo respiras raro."
Olivia abrió los ojos y miró hacia la ventana. Afuera, una pareja cruzaba la acera despacio, compartiendo un cigarro. Ella los siguió con la mirada sin verlos realmente.
Olivia dice con acento sonorense, más bajo, "No he dejado de pensar en él."
Hubo una pausa al otro lado.
El ruido de la cafetería siguió, pero Sol bajó la voz.
Sol dice con acento español, "En Romero."
Olivia no contestó enseguida.
Olivia dice con acento sonorense, "Sí."
En la habitación de Aime, la música seguía sonando. Un cajón dejó de moverse.
Olivia no lo notó.
Sol dice con acento español, "Lo imaginé."
Olivia soltó una risa mínima, sin alegría.
Olivia dice con acento sonorense, "¿Tanto se me notó?"
Sol dice con acento español, "A ti no se te nota cualquier cosa, Olivia. Ese es el problema. Cuando algo se te nota, es porque te movió de verdad."
Olivia bajó la mirada a sus manos. Las tenía entrelazadas sobre las piernas. Recordó los labios de Romero sobre sus yemas, la manera en que le dijo que esas manos transportaban. La frase volvió con una claridad casi física.
Olivia dice con acento sonorense, "No lo he vuelto a ver."
Sol no respondió de inmediato, como si estuviera eligiendo bien las palabras.
Sol dice con acento español, "¿Y quieres verlo?"
Olivia tragó saliva.
Olivia dice con acento sonorense, "Sí."
La palabra salió sencilla. Sin defensa. Y por eso mismo la dejó más expuesta.
Olivia se inclinó hacia delante y apoyó los codos en las rodillas.
Olivia dice con acento sonorense, "Me da coraje decirlo así, porque no tiene sentido. Lo vi una noche. Una noche, Sol. Y ni siquiera fue una noche limpia. Estaba Aime, estaba todo lo que él me dijo, estaba la inauguración, estaba yo con la cabeza partida en mil cosas."
Sol dice con acento español, "A veces una noche basta para dejar una pregunta."
Olivia sonrió apenas.
Olivia dice con acento sonorense, "Ay, no te me pongas poética, por favor."
Sol dice con acento español, "No estoy poética. Estoy siendo práctica. La pregunta es si esa sensación viene de él o de todo lo que pasó alrededor."
Olivia se quedó mirando sus manos.
Olivia dice con acento sonorense, "Viene de él."
Lo dijo con más seguridad de la que esperaba.
En el pasillo, la puerta de Aime se abrió apenas un poco más. La música bajó de volumen hasta quedar como un murmullo casi imperceptible.
Aime apareció en el umbral de su habitación sin hacer ruido. Llevaba una bata de satén sobre el cuerpo y el cabello rojo suelto, recién cepillado. No salió al salón. Se quedó a medio resguardo, en una zona donde la sombra del pasillo la mantenía fuera del campo visual de Olivia.
Olivia seguía de espaldas a ella, con el teléfono pegado a la oreja.
Sol dice con acento español, "Cuéntame."
Olivia respiró hondo.
Olivia dice con acento sonorense, "No sé. Me miraba como si... como si entendiera algo sin que yo tuviera que explicarlo. No solo el restaurante. No solo la comida. Algo de mí. Y eso me dio miedo."
Sol dice con acento español, "¿Miedo por Aime?"
Olivia se tensó un poco.
Olivia dice con acento sonorense, "También."
Aime no se movió.
Solo bajó los ojos hacia sus propias manos. Tenía las uñas impecables, pintadas en un tono claro. Con el pulgar, acarició despacio el borde de una de ellas, como si revisara una imperfección inexistente.
Olivia dice con acento sonorense, "Aime lo invitó. O algo así. Él dice que no le confirmó nada, que vino porque conocía el lugar y le dio curiosidad verlo cambiado. Pero igual. Ella estaba interesada en él."
Sol dice con acento español, "¿Y él en ella?"
Olivia cerró los ojos.
Olivia dice con acento sonorense, "No."
La respuesta fue demasiado rápida.
Sol no necesitó señalarlo.
Olivia abrió los ojos de nuevo.
Olivia dice con acento sonorense, "Eso es lo que lo complica todo. Que no."
En el pasillo, Aime levantó lentamente la mirada.
Olivia dice con acento sonorense, "Él fue claro. Brutalmente claro. Me dijo lo que pasó entre ellos, sin adornarlo. Me dijo que no tenía compromiso con ella, que no iba a disculparse por eso, pero que tuviera cuidado. Que Aime no le inspiraba confianza."
Sol dice con acento español, "¿Y tú qué sentiste cuando te dijo eso?"
Olivia se pasó una mano por la nuca.
Olivia dice con acento sonorense, "Me dolió. Me dio pena por Aime. Me dio culpa. Y al mismo tiempo... me dio miedo que tuviera razón."
Aime apretó la mandíbula.
No lo suficiente para hacer ruido. Solo lo necesario para que la línea de su rostro cambiara por un instante.
Sol dice con acento español, "Olivia, cariño, tú conoces a tu hermana mejor que Romero."
Olivia abrió los ojos con cierta tristeza.
Olivia dice con acento sonorense, "No sé si eso me tranquiliza."
La frase quedó en el aire.
Aime se apartó un poco de la puerta, como si hubiera recibido un golpe muy limpio. No se fue. Solo apoyó la espalda contra la pared del pasillo y respiró despacio, sin permitir que el cuerpo delatara nada.
Sol dice con acento español, "¿Ella sabe que estás pensando en él?"
Olivia soltó una risa amarga.
Olivia dice con acento sonorense, "No. Y no pienso decírselo."
Sol dice con acento español, "Pero vives con ella ahora mismo."
Olivia dice con acento sonorense, "Temporalmente."
Sol dice con acento español, "Temporalmente puede bastar para incendiar una casa si hay cerillos cerca."
Olivia se quedó callada.
Aime miró hacia la sala con los ojos muy quietos.
Olivia dice con acento sonorense, "Por eso no he hecho nada."
Sol dice con acento español, "Pero quieres."
Olivia bajó la cabeza.
Olivia dice con acento sonorense, "Sí."
La palabra volvió a salir sin fuerza para negarla.
Olivia dice con acento sonorense, "Tengo ganas de llamar a Stella Hazel."
Sol se quedó en silencio un segundo.
Sol dice con acento español, "¿La cantante?"
Olivia dice con acento sonorense, "Sí. Romero trabaja para ella. Es su guardaespaldas."
Sol dice con acento español, "¿Y tú conoces a Stella?"
Olivia dice con acento sonorense, "No de amistad, pero sí la he visto varias veces en el restaurante cuando todavía venía antes del cambio. Romero venía con ella. Por eso lo reconocí."
Sol dice con acento español, "¿Y qué vas a decirle? Hola, soy Olivia, la chef que inauguró el restaurante. ¿Me pasas el número de tu guardaespaldas porque me besó las manos y ahora no puedo dormir?"
Olivia soltó una risa, tapándose el rostro con una mano.
Olivia dice con acento sonorense, "No seas cruel."
Sol dice con acento español, "No soy cruel. Estoy ensayando para que no hagas una locura sin guion."
Olivia se recostó contra el sofá, más relajada a pesar de todo.
Olivia dice con acento sonorense, "No la voy a llamar así."
Sol dice con acento español, "¿Pero sí has pensado en llamarla?"
Olivia miró hacia el techo.
Olivia dice con acento sonorense, "Sí. He pensado en preguntarle por él. Como quien no quiere la cosa."
Sol dice con acento español, "Olivia."
Olivia dice con acento sonorense, "Ya sé. Suena fatal."
Sol dice con acento español, "Suena humano. Fatal sería que te mintieras diciendo que no te interesa."
Olivia guardó silencio.
Aime, desde el pasillo, se apartó de la pared y caminó sin ruido hacia la pequeña mesa que había junto al mueble de la entrada. Allí estaba el bolso de Olivia, abierto, con algunas cosas del restaurante dentro: llaves, recibos doblados, un labial, una libreta pequeña, tarjetas de presentación que le habían entregado durante la inauguración.
Aime no tocó nada todavía.
Solo miró.
Olivia dice con acento sonorense, "Me siento ridícula."
Sol dice con acento español, "No lo eres."
Olivia dice con acento sonorense, "Sol, estoy dirigiendo un restaurante que apenas empieza conmigo. Tengo mil pendientes. Estoy cansada. Aime está en mi casa. Y yo aquí, pensando en un hombre que se fue diciéndome que no me fiara de mi propia hermana."
Sol dice con acento español, "Eso no te hace ridícula. Te hace una mujer que también siente cosas fuera de la cocina."
Olivia respiró, tocada por la frase.
Sol dice con acento español, "Llevas mucho tiempo viviendo como si todo tuviera que ganarse con cansancio. Tal vez por eso te movió tanto que alguien te mirara con cuidado."
Olivia no respondió.
La garganta se le cerró apenas.
Sol bajó más la voz.
Sol dice con acento español, "¿Te gusta?"
Olivia cerró los ojos.
Olivia dice con acento sonorense, "Sí."
Aime tomó una tarjeta de presentación del bolso de Olivia, lentamente, solo con dos dedos.
Era de una periodista. La leyó, la volvió a dejar exactamente donde estaba.
Olivia dice con acento sonorense, "Me atrae. Mucho. Y no solo físicamente. O sea, sí, claro que me parece atractivo. Muchísimo. Pero no es solo eso. Es su forma de estar. Como si todo lo viera. Como si no regalara nada. Como si cuando dice algo, aunque suene brusco, no estuviera actuando."
Sol dice con acento español, "Te gustan los hombres peligrosamente honestos."
Olivia sonrió sin abrir los ojos.
Olivia dice con acento sonorense, "Me gustan los hombres que no me hacen sentir tonta por ser intensa."
Sol guardó silencio un momento.
Sol dice con acento español, "Eso sí es serio."
Aime deslizó la mirada hacia la libreta de Olivia. La tapa estaba gastada en una esquina. Tenía una cinta elástica cerrándola. Aime apoyó un dedo sobre ella, pero no la abrió. Miró de nuevo hacia el salón. Olivia seguía dándole la espalda.
Olivia dice con acento sonorense, "Cuando probó los tacos, Sol... no sé cómo explicarte. Se le cambió la cara. Como si algo le hubiera pegado en el pecho. Y yo sentí que todo el trabajo, todas las desveladas, todo ese miedo de no estar haciendo suficiente, valía la pena solo por esa reacción."
Sol dice con acento español, "Entonces no estás pensando solo en Romero. También estás pensando en lo que Romero te devolvió de ti."
Olivia abrió los ojos.
La frase le llegó con demasiada precisión.
Olivia dice con acento sonorense, "Sí."
Aime tomó el teléfono de la mesa donde Olivia lo había dejado cargando antes de usar el móvil principal. Era un teléfono viejo, secundario, que Olivia a veces usaba para revisar mensajes del restaurante cuando el otro se descargaba. La pantalla se encendió sin pedir código; solo mostraba notificaciones antiguas y un par de accesos a redes.
Aime lo miró unos segundos.
Luego lo dejó otra vez.
Exactamente igual.
Sol dice con acento español, "¿Y qué vas a hacer?"
Olivia se quedó mirando el reflejo de una lámpara en el cristal de la ventana.
Olivia dice con acento sonorense, "No sé."
Sol dice con acento español, "Eso no es una respuesta."
Olivia dice con acento sonorense, "Es la única que tengo."
Sol suspiró con cariño.
Sol dice con acento español, "Mira, yo no te voy a decir que lo busques ni que no lo busques. Pero sí te voy a decir algo: no conviertas la culpa por Aime en una cárcel. Si Romero no le prometió nada, si tú no sabías nada y si él se fue precisamente para no hacerte daño, entonces lo que queda no es una traición. Es un conflicto."
Olivia se quedó muy quieta.
Sol dice con acento español, "Y los conflictos se miran. No se entierran."
Olivia dice con acento sonorense, "Tú lo haces sonar muy fácil."
Sol dice con acento español, "No. Fácil sería decirte que lo llames y ya. Yo te estoy diciendo que pienses bien desde dónde lo llamarías."
Olivia bajó la mirada.
Olivia dice con acento sonorense, "Desde las ganas."
Sol soltó una risa suave.
Sol dice con acento español, "Eso ya lo sabemos."
Olivia también sonrió.
Olivia dice con acento sonorense, "Y desde la curiosidad. Y desde... no sé. Desde una parte de mí que no quiere dejar pasar algo que se sintió bonito solo porque apareció en mal momento."
Aime volvió hacia el pasillo. Antes de entrar a su habitación, se detuvo frente al espejo pequeño de la entrada. Se miró.
El reflejo le devolvió un rostro sereno, hermoso, cuidadosamente vacío.
Desde el salón, Olivia seguía hablando.
Olivia dice con acento sonorense, "No quiero lastimar a Aime."
Sol dice con acento español, "Lo sé."
Olivia dice con acento sonorense, "Pero tampoco quiero vivir tomando decisiones para que ella no se rompa, no se enoje, no se sienta fuera. A veces siento que cualquier cosa buena que me pasa tengo que esconderla para que no le duela."
Aime bajó la mirada.
Sus dedos se cerraron despacio sobre el cinturón de la bata.
Sol dice con acento español, "Eso no es vida para ti. Ni cura nada en ella."
Olivia se llevó una mano al pecho, como si la frase hubiera tocado un lugar incómodo.
Olivia dice con acento sonorense, "Me gustaría hablar con él una vez más. Solo una. Sin gente, sin Aime mirando, sin la inauguración, sin ruido. Para saber si lo que sentí fue real o nomás me agarró vulnerable."
Sol dice con acento español, "Eso sí me parece sensato."
Olivia dice con acento sonorense, "¿Sensato querer llamar a su jefa para encontrarlo?"
Sol dice con acento español, "No tanto."
Olivia rió por lo bajo.
Sol dice con acento español, "Pero puedes esperar. Tal vez él aparezca. Tal vez Stella vuelva al restaurante. Tal vez Madrid haga una de esas coincidencias suyas."
Olivia dice con acento sonorense, "O tal vez no."
Sol dice con acento español, "También."
La respuesta honesta le dolió más que una falsa esperanza.
Olivia miró la pantalla apagada de su teléfono.
Olivia dice con acento sonorense, "No sé si él quiera verme."
Sol dice con acento español, "Por cómo te miró, yo diría que sí. Otra cosa es que se permita hacerlo."
Olivia cerró los ojos.
Olivia dice con acento sonorense, "Eso es lo que me da vuelta en la cabeza."
Sol dice con acento español, "Entonces no tomes una decisión esta noche. Estás cansada. Es viernes, vienes de una semana brutal, y con cansancio una confunde intuición con urgencia."
Olivia respiró mejor.
Olivia dice con acento sonorense, "Tienes razón."
Sol dice con acento español, "Casi siempre."
Olivia sonrió.
Olivia dice con acento sonorense, "No te emociones."
Sol dice con acento español, "Imposible. Soy insoportable con fundamento."
Olivia se rió de verdad, suave, con el cansancio rompiéndose apenas.
Desde el pasillo, Aime escuchó esa risa.
La risa le molestó más que la confesión.
Porque no era una risa social. No era la risa medida de Olivia frente a invitados. Era una risa confiada, de esas que se entregaban a alguien sin pedir permiso. Aime no se movió durante unos segundos. Luego entró a su habitación y dejó la puerta abierta lo suficiente para seguir oyendo.
Olivia dice con acento sonorense, "Gracias por escucharme."
Sol dice con acento español, "Para eso estoy. Y porque si no me cuentas estas cosas, luego haces tonterías gastronómicas como ponerle demasiada sal a una salsa por frustración emocional."
Olivia dice con acento sonorense, "Jamás."
Sol dice con acento español, "Mentira. El martes pasado esa salsa estaba furiosa."
Olivia volvió a reír.
Olivia dice con acento sonorense, "Era una salsa con carácter."
Sol dice con acento español, "Era una salsa con ganas de mandar un mensaje."
Olivia se hundió un poco más en el sofá, ya menos rígida.
Olivia dice con acento sonorense, "Bueno. No voy a llamar a Stella. No hoy."
Sol dice con acento español, "Eso me gusta más."
Olivia dice con acento sonorense, "Pero si la veo en el restaurante..."
Sol dice con acento español, "Ahí improvisas con dignidad."
Olivia dice con acento sonorense, "No prometo tanta dignidad."
Sol dice con acento español, "Promete al menos no parecer desesperada."
Olivia dice con acento sonorense, "Eso sí puedo."
Sol dice con acento español, "Bien. Y duerme."
Olivia miró hacia el pasillo. No vio a Aime.
Olivia dice con acento sonorense, más baja, "Voy a intentarlo."
Sol dice con acento español, "Y Olivia..."
Olivia dice con acento sonorense, "¿Sí?"
Sol dice con acento español, "No eres mala hermana por sentir algo."
Olivia se quedó callada.
La frase le aflojó algo dentro.
Olivia dice con acento sonorense, casi en un susurro, "Gracias."
Sol dice con acento español, "Buenas noches, chef."
Olivia dice con acento sonorense, "Buenas noches, Sol."
Cortó la llamada.
El departamento quedó de nuevo en silencio, pero ya no era el mismo. Olivia mantuvo el teléfono en la mano durante unos segundos, mirando la pantalla oscura. Después lo dejó sobre el sofá y se cubrió el rostro con ambas manos.
No iba a llamar a Stella Hazel.
No esa noche.
Pero la idea seguía allí, viva, respirando bajo la piel.
En la habitación, Aime estaba sentada frente al tocador. La luz de una lámpara pequeña le iluminaba la mitad del rostro. Sobre la superficie había maquillaje, un frasco de perfume, aretes, una libreta fina y su teléfono. Con movimientos lentos, casi distraídos, abrió una aplicación y buscó las publicaciones recientes de Sabores de México.
Fotos del restaurante.
Fotos de Olivia.
Comentarios sobre la inauguración.
Una historia compartida por Sol donde Olivia aparecía sonriente junto a la barra.
Aime tocó la pantalla con la uña.
La historia pasó.
Otra publicación.
Romero no aparecía claramente en casi ninguna imagen. En una, apenas se veía de espaldas, cerca de una mesa. En otra, su perfil quedaba borroso, pero suficiente para reconocer la línea de su mandíbula y la postura vigilante.
Aime guardó esa imagen.
Después abrió sus mensajes.
El chat de Jorge seguía ahí. También el contacto de Laura, guardado desde aquella servilleta como una pequeña pieza que todavía no había decidido dónde colocar. Aime miró ambos nombres sin escribir nada.
Luego dejó el teléfono sobre el tocador.
Se levantó y salió al pasillo.
Olivia seguía en el sofá, mirando hacia la ventana, perdida en sus propios pensamientos. Aime caminó hasta la cocina y abrió el refrigerador.
Aime dice con acento jalisciense, desde la cocina, "¿Quieres agua?"
Olivia giró la cabeza, sorprendida por la voz.
Olivia dice con acento sonorense, "Sí, gracias."
Aime sirvió dos vasos. Su mano no tembló. Su rostro no mostró nada. Volvió al salón con una calma suave y le entregó uno a Olivia.
Olivia lo tomó.
Olivia dice con acento sonorense, "Gracias."
Aime se sentó en el sillón individual, cruzando una pierna sobre la otra.
Aime dice con acento jalisciense, "¿Hablabas con Sol?"
Olivia sostuvo el vaso con ambas manos.
Olivia dice con acento sonorense, "Sí."
Aime asintió despacio.
Aime dice con acento jalisciense, "Se nota que te quiere mucho."
Olivia la miró, intentando leer el tono.
Olivia dice con acento sonorense, "Sí. Es buena amiga."
Aime bebió un poco de agua.
Aime dice con acento jalisciense, "Eso es bonito. Tener gente así cerca."
Olivia sintió una pequeña punzada de culpa, aunque no supo bien por qué.
Olivia dice con acento sonorense, "Tú también puedes tenerla."
Aime sonrió apenas.
Aime dice con acento jalisciense, "No todo el mundo entra tan fácil en esos lugares."
Olivia bajó la mirada al vaso.
Olivia dice con acento sonorense, "A veces solo hay que dejarse querer."
Aime la observó.
La frase quedó entre ellas con una ternura peligrosa.
Aime dice con acento jalisciense, "Tal vez."
Olivia bebió agua. Estaba fría, limpia, demasiado simple después de todo lo que acababa de confesar por teléfono.
Aime apoyó su vaso sobre la mesa baja.
Aime dice con acento jalisciense, "Estuve pensando en lo del restaurante."
Olivia levantó la vista.
Olivia dice con acento sonorense, "¿Qué cosa?"
Aime acomodó un mechón rojo detrás de su oreja.
Aime dice con acento jalisciense, "En la pared vacía."
Olivia no respondió de inmediato.
Aime continuó con naturalidad.
Aime dice con acento jalisciense, "No para ahora. No quiero presionarte. Pero creo que podríamos pensarlo bien. Algo que no robe atención. Algo sobrio. Una pieza que dialogue con Guaymas, con el desierto, con tu idea de memoria."
Olivia la observó con cansancio, pero también con interés.
Olivia dice con acento sonorense, "Eso suena mejor que imponer una escultura dos horas antes de inaugurar."
Aime sonrió, aceptando el golpe pequeño.
Aime dice con acento jalisciense, "Estoy aprendiendo."
Olivia suavizó la expresión.
Olivia dice con acento sonorense, "Podemos hablarlo. Con calma."
Aime asintió.
Aime dice con acento jalisciense, "Me gustaría enseñarte unos bocetos. No ahora. Cuando tú puedas."
Olivia dio otro sorbo de agua.
Olivia dice con acento sonorense, "Está bien."
Aime miró hacia la ventana, como si la conversación hubiera terminado para ella.
Pero sus dedos, apoyados sobre el brazo del sillón, se movían apenas. Una vez. Dos. Tres. Como si llevara una cuenta silenciosa.
Olivia no lo notó.
Aime volvió la mirada hacia ella.
Aime dice con acento jalisciense, "¿Mañana irás temprano al restaurante?"
Olivia dice con acento sonorense, "Sí. Hay reservas fuertes. Y quiero revisar cocina antes del servicio."
Aime asintió.
Aime dice con acento jalisciense, "Puedo pasar en la tarde. Llevarte los bocetos. O dejarlos ahí para que los veas cuando tengas tiempo."
Olivia dudó.
Aime no insistió. Solo esperó.
Olivia dice con acento sonorense, "Pásate si quieres. Pero no prometo sentarme mucho rato."
Aime sonrió con una suavidad impecable.
Aime dice con acento jalisciense, "No necesito mucho rato."
La frase fue sencilla.
Demasiado sencilla.
Olivia no encontró motivo para desconfiar de ella en ese instante. Estaba cansada, sensible, con la cabeza todavía llena de Romero y la voz de Sol diciéndole que no era mala hermana por sentir algo. Quería creer que Aime estaba intentando acercarse de una manera menos invasiva. Quería creer que la noche anterior, con todo su desorden, no había roto lo poco que estaban empezando a construir.
Aime se levantó con su vaso.
Aime dice con acento jalisciense, "Voy a dormir. Tú deberías hacer lo mismo."
Olivia asintió.
Olivia dice con acento sonorense, "Sí. Ahorita voy."
Aime caminó hacia el pasillo. Antes de desaparecer, se detuvo.
Aime dice con acento jalisciense, "Olivia."
Olivia la miró.
Aime sonrió con una dulzura apenas visible.
Aime dice con acento jalisciense, "Me alegra que el restaurante esté funcionando."
Olivia recibió la frase como algo frágil.
Olivia dice con acento sonorense, "Gracias."
Aime entró a su habitación y cerró la puerta.
Esta vez sí.
Dentro, dejó el vaso sobre el tocador y tomó el teléfono de nuevo. Abrió la imagen borrosa donde Romero aparecía en el fondo de la inauguración. Luego abrió la foto de Olivia sonriendo con Sol.
No escribió.
Todavía no.
Solo miró las piezas disponibles, una por una, con la misma concentración con la que antes observaba el lugar exacto donde quería colocar una escultura.
En el salón, Olivia apagó una lámpara y se quedó unos segundos en la penumbra, con el teléfono en la mano.
Pensó en Stella Hazel.
Pensó en Romero.
Pensó en Aime.
Luego dejó el teléfono boca abajo sobre la mesa, como si con eso pudiera impedirse hacer algo imprudente.
En la habitación cerrada, la pantalla del móvil de Aime iluminó su rostro.
Sus ojos no tenían prisa.
La noche de viernes siguió respirando sobre Madrid, cálida, urbana, llena de ventanas encendidas y secretos pequeños. En el departamento, nada parecía haberse roto. No había gritos, ni lágrimas, ni amenazas. Solo dos hermanas separadas por una puerta, una pensando en un hombre que no había vuelto a ver, la otra ordenando en silencio los caminos por donde podía empezar a moverse.
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